El documento aborda la confusión histórica sobre la residencia y los últimos años de vida del pintor Bartolomé Esteban Murillo, desmintiendo afirmaciones de que vivió frente al convento de las Teresas en Sevilla. Se presentan evidencias documentales que indican que Murillo realmente residió en una casa del barrio de Santa Cruz, cercana a la catedral, donde falleció en 1682, y se critica la falta de investigación rigurosa sobre su vida. El autor sostiene que las afirmaciones incorrectas han prevalecido a lo largo del tiempo, especialmente en placas conmemorativas y en la literatura histórica.