El documento describe el graffiti como una plataforma histórica para la protesta social y la demanda de derechos. Se originó en la antigua Roma y ha sido utilizado a lo largo de los siglos para expresar mensajes políticos y sociales de forma anónima. En la actualidad, el graffiti transmite denuncias sobre problemas como la vivienda, la salud y la educación, y aunque es ilegal, es tolerado por la sociedad como una forma de expresión artística y creativa.