La rebelión de los trabajadores en Santa Cruz, Argentina, liderada por la federación obrera regional, resultó en el fusilamiento de aproximadamente 1500 obreros tras una huelga contra la explotación laboral. La huelga, inicialmente inspirada por la revolución rusa, estalló por las malas condiciones de trabajo y salarios insuficientes, y aunque se alcanzó un acuerdo temporal, la insatisfacción creció, llevando a una segunda huelga más intensa. El conflicto fue reprimido con mano dura por el teniente coronel Varela, quien, tras la intervención chilena en la huelga, cambió su enfoque de negociación a represión, culminando en una violenta conclusión de la protesta.