La insulina es una hormona clave que regula el metabolismo de la glucosa, grasa y proteínas. La deficiencia de insulina provoca que los tejidos no puedan absorber glucosa de la sangre, causando glucosuria, hiperglucemia, deshidratación y la pérdida de electrolitos. Esto induce una sed intensa, aumento del apetito y pérdida de peso a pesar de comer más, formando los tres síntomas clásicos de la diabetes: poliuria, polidipsia y polifagia.