El documento discute la importancia de conocer la identidad del estudiante para enseñarle de manera efectiva. Señala que para enseñarle a alguien hay que conocerlo y entender su perspectiva única. También explora cómo las palabras pueden ser usadas para visibilizar e invisibilizar identidades y cómo los adultos a menudo imponen identidades sobre los niños. Finalmente, resalta que las palabras son ventanas al mundo que pueden usarse de diferentes maneras, ya sea como barreras o como herramientas para crear e intervenir.