La autora considera que los problemas sociales surgen cuando la desigualdad social se reconoce públicamente como una cuestión social legítima para la acción del estado capitalista, aunque las desigualdades no son disfunciones sino productos de la organización social. La solución de los problemas depende de las prioridades de las clases dominantes para garantizar el capital y de las luchas de las clases subalternas. El estado absorbe los problemas sociales de manera estática, tratándolos como transitorios para mantener el sistema, no como resultados de la desigualdad estructural.