El documento detalla la evolución del arte prehistórico desde el paleolítico hasta la cultura celtibérica, destacando obras como las Venus de Willendorf y de Lespugue, así como representaciones rupestres en cuevas como Lascaux y Altamira. Además, se exploran herramientas y figuras del mesolítico y neolítico, incluyendo menhires y dólmenes de diversas regiones como Anatolia y Gran Bretaña. También se menciona el arte ibérico y tartésico, con elementos significativos como la dama de Elche y el tesoro del Carambolo.