La primera caja registradora fue inventada en 1879 por James Ritty en Ohio, Estados Unidos, para evitar que sus empleados robaran las ganancias de su saloon. Con el tiempo, las cajas registradoras evolucionaron de mecánicas a electrónicas, permitiendo imprimir recibos y facturas de venta. Hoy en día, las cajas registradoras modernas usan software para llevar controles contables y pueden conectarse a impresoras, lectores de códigos de barras y tarjetas de crédito.