La gobernanza de los recursos naturales no renovables requiere gestionar su explotación de manera sostenible y gobernar las rentas que generan. Esto implica asegurar la sostenibilidad económica a través de inversiones rentables, la sostenibilidad social mediante la equidad, y la sostenibilidad ambiental protegiendo los recursos para futuras generaciones. Una buena gobernanza depende de la transparencia, regulaciones claras y la participación de múltiples actores.