El documento analiza la evolución y características del presidencialismo en México a través de sus constituciones, comenzando con la de 1824 hasta la de 1917, resaltando la figura del presidente como poder ejecutivo unipersonal. Examina la transición democrática y los desafíos actuales del sistema político, incluidos problemas de gobernabilidad y corrupción, así como la necesidad de reformas constitucionales para fortalecer los derechos humanos. Se postula la pregunta sobre la pertinencia de replantear el modelo presidencialista ante la pluralidad y exigencias de la ciudadanía.