La reforma política en México tuvo la intención principal de institucionalizar la oposición en el país. Algunas de las claves de la nueva reforma política incluyen permitir candidaturas independientes sin la necesidad de afiliarse a un partido, dar más poder a los ciudadanos a través de consultas populares e iniciativas ciudadanas, y establecer que el Presidente electo puede rendir protesta ante el Congreso o la Suprema Corte de Justicia.