El gobierno ha aprobado una ley para garantizar el poder adquisitivo y la sostenibilidad del sistema público de pensiones, en respuesta a compromisos con la UE y tras negociaciones con patronales y sindicatos. La reforma establece un mecanismo de revalorización de pensiones según la inflación, pero no aborda adecuadamente el déficit estructural del sistema, que se verá agravado por las jubilaciones masivas de los 'baby boomers'. A pesar de las medidas anunciadas, se teme que la carga financiera recaiga en impuestos, sin resolver los problemas subyacentes del sistema de pensiones.