Los regímenes totalitarios se caracterizan por el control absoluto del Estado sobre los individuos y la sociedad, la existencia de un único partido político, el uso de la violencia y el terror para mantener el control, y la dirección centralizada de la economía. Los regímenes fascistas en Italia y Alemania en las primeras décadas del siglo XX se establecieron en respuesta a crisis económicas y políticas, exaltando el nacionalismo y culto a los líderes Mussolini y Hitler.