El documento describe los requisitos generales para que un acto administrativo sea válido. Estos incluyen que (1) el órgano tenga competencia sobre la materia, cuantía, grado y territorio del asunto; (2) una norma expresa autorice la actuación y el funcionario la interprete adecuadamente; y (3) se constate la existencia de hechos del caso concreto que concuerden con la norma. De esta forma, se asegura que la actuación administrativa no sea arbitraria y se ajuste a la legalidad.