PSICOLOGÍA DESDE LA RELIGIOSIDAD PREADOLESCENCIA YADOLESCENCIA
Se inicia con la pubertad (11 años para las niñas y 12 para los varones) se extiende hasta los  30 años.  Deriva de  adolescere, ( crecer o desarrollarse hacia la madurez). De  Alere , ( nutrir, alimentar, hacer crecer), y  Altus ( que terminó de crecer o agrandar).  Período de transición entre la niñez dependiente y la edad adulta autónoma. Psicológicamente, situación marginal de adaptaciones; que distinguen la conducta infantil del comportamiento adulto. Françoise Dolto: «El adolescente,  pasa por una muda respecto de la cual nada puede decir, y es, para los adultos, objeto de cuestionamiento que, según los padres, está cargado de angustia o pleno de indulgencia.
Cambios Físicos En las mujeres : (vello axilar, vello púbico, desarrollo de los pechos, etc.). Primera menstruación. Se pone “panzona” , los órganos empiezan a dilatarse. Engrosamiento abdominal. Caracteres sexuales secundarios: aumento de la cadera, comienzo del desarrollo de las mamas, aparición del vello pubiano, menstruación.  El sistema endocrino relación con aspectos sobre todo neurológicos. La somatrofina actúa sobre el crecimiento en general. Secreción de hormonas estimulantes de las glándulas sexuales:  gonadotrofinas, luteinizante . En los varones : (crecimiento óseo, agrandamiento de los testículos, pelo pubiano, mutación de la voz, eyaculación, barba, vello pectoral y axilar). No hay función reproductora. Los brazos, pies y manos crecen desmesuradamente. Desarrollo de los órganos sexuales primarios antes de la aparición de los caracteres sexuales secundarios (barba, vello axilar, etc.).  Voz grave. El cabello en la cabeza adquiere forma definitiva con sus entradas.
EL MUNDO ADOLESCENTE   Período de contradicciones, confuso, ambivalente, doloroso.  Busca solucionar los problemas trascendentes. Planteo de los valores éticos, intelectuales y afectivos: nacimiento de nuevos ideales y la capacidad de lucha para conseguirlos. Período de crisis, se refugia en la fantasía.  Se siente amenazado, molestado por el mundo adulto. Desea entrar en el mundo de los adultos, pero al mismo tiempo teme incorporarse al mismo.
EL SÍNDROME ADOLESCENTE   1. Búsqueda de la identidad y de sí mismo:  es un proceso que lleva al conocimiento del sí mismo. Aparecen identidades transitorias. 2. Tendencia grupal: E ncontrarse con sus iguales, oponerse al mundo adulto. Busca la uniformidad y la estima personal.  3. Necesidad de fantasear e intelectualizar:  Mecanismos de defensa para compensar las pérdidas que no pueden evitarse. Elabora ideas, teorías y prácticas filosóficas, políticas, de salvación de la humanidad. Escriben diarios, cuentos, novelas, poesías, hacen actividades artísticas. 4.  Crisis religiosa:  Es intento de solución de la angustia que vive frente al fenómeno de la muerte definitiva de su yo corporal. Hace un revisionismo de todas las religiones.  5. Desubicación temporal:  Pueden unir el pasado y el futuro en el presente.  6.  Evolución sexual: I nicia la búsqueda de la pareja.
EL SÍNDROME ADOLESCENTE 7.  Actitud social reivindicatoria:  tienen el sentimiento místico de la necesidad del cambio social. 8. Contradicciones en la conducta:  No puede mantener una línea de conducta rígida, permanente y absoluta. Facilitan la elaboración de los duelos (del cuerpo infantil, los padres de la infancia, la identidad infantil). 9. Separación de los padres: N ecesita separarse de sus padres para asumir el crecimiento, pero teme ante el mundo adulto.  10. Fluctuaciones del humor y del ánimo:  El yo intenta una conexión placentera con el mundo y la sensación de fracaso obliga a refugiarse en si mismo. En algunos momentos, percibe todo como muy a su favor, y en otros se sumerge en un negativismo extremo.
EL DESARROLLO COGNOSClTIVO Pasa de la lógica concreta al uso progresivo de la lógica formal. Se capacita para el análisis, la síntesis, la inducción, etc. Aprende a generalizar, abstraer y percibir adecuadamente el concepto de tiempo. Se trata de una maduración progresiva y lenta. Todo esto influye en el desarrollo de su religiosidad. El DESARROLLO MOTIVACIONAL Es posible identificar y clasificar las principales necesidades de esta etapa: Psico- fisiológicas: relacionadas con la pubertad. Psico-sociales: necesidad de independencia, seguridad, experiencias nuevas, etc. Psico- existenciales: búsqueda de valores estéticos, religiosos, filosóficos, morales, etc. Estas necesidades dependen aún del modelo familiar y ambiental en que ha vivido y vive. Cuando se acentúe la desatelización, aparecerán los conflictos con los modelos. Se da una progresiva especificación y ampliación de los intereses. Debido al proceso de identificación Y de socialización crecientes. El sistema de valores inicia un proceso de interiorización estable la del  «yo ideal».  Este proyecto sobre sí mismo recibe influjos de las personalidades admiradas y conocidas. Ellas estimulan y motivan.  A medida que se emancipa de los modelos concretos, puede actuar un proyecto de sí que corresponda a las propias aspiraciones ideales.
EL DESARROLLO AFECTIVO-EMOTIVO La emotividad se hace más rica y original. Está afrontando su crisis de identidad. Necesita un mínimo equilibrio afectivo-emotivo. Aún no lo tiene, y experimenta inseguridad y ansiedad  Las tensiones emotivas (problemáticas familiares, escolares, puberales, temperamentales. etc.) llevan a los adolescentes a encerrarse en sí mismos, originando escaso interés por los grandes problemas del mundo y del ambiente. Los sentimientos y las emociones varían. Esta inestabilidad repercute en lo religioso. EL DESARROLLO SOCIAL Es fuerte el impulso de emancipación de los padres, la inserción en un grupo de personas de la misma edad, un conocimiento de la sociedad y una conciencia de la pertenencia a una clase social. Aparecen ambivalencias: tiende a la independencia, y busca protección y aprobación por otra; se desatelitiza de sus padres y busca adultos como amigos o modelos. Desea que no lo molesten y busca siempre al grupo, a los coetáneos. El grupo ofrece: status social, identifica; reconocimiento de las capacidades y prestaciones de cada uno; aceptación y exigencia de igualdad; amistades menos numerosas pero más exclusivas. Todo esto es sumamente importante para la madurez de la religiosidad.
CONCEPCIÓN DE DIOS A la pregunta ¿Quién es Dios para ti?,  muchos dan respuestas doctrinales según la catequesis recibida. Hablan de un Dios lejano, abstracto. Lo caracterizan como omnipotente, creador, Señor del universo, eterno perfecto, invisible, etc. Dan respuestas exactas, pero no entendidas ni internalizadas. Las preguntas que formulan los adolescentes a los catequistas son estereotipadas, filosóficas. Pero va  «personalizando»  a Dios.  En cuanto a la noción de Dios, evoluciona del  «algo»  a  «alguien» . Del Dios grandeza, fuerza, bondad, al Dios Señor, Padre, Redentor. Supera el animismo del niño y afirma la trascendencia. Disminuye el magismo y desaparece el antropomorfismo material. La cualidad moral que más atribuye a Dios es la lealtad. Proyecta en Dios los absolutos morales que descubre y juzga esencial en una persona madura. Las actitudes interiores con Dios están impregnadas de ambivalencia. Confía en Dios pero siente miedo. Piensa que Dios es bueno con todos, pero no entiende como esto pueda ser conciliable con su justicia en la retribución del bien y del mal. Aparición de primeras dudas religiosas.
Un Dios poder Las expresiones para hablar de Dios provienen todavía de su infancia. Dios es igual a  «poder». «Es todopoderoso y dueño del mundo. Intenta hacer el bien en la tierra»  (Mario, 12 años). «Es una fuerza que necesitamos y de la que no podemos prescindir»  (Pancho, 13 años). Dios aparece como una fuerza más que como una persona. Un   Dios que da confianza Una idea es que Dios es justiciero. Pero proporciona confianza, ya que es bueno. Se le reza antes de un examen o para evitar un peligro. Este concepto de Dios-que-protege permanece esporádico y relativo.  Nos encontramos lejos del concepto de un Dios-Amor, que no cesa de llamarnos a la alianza.  «Dios es perfecto y puede ayudarnos en nuestras dificultades  (Luis, 13 años). «Es un poco inalcanzable. Le hablo, pero no estoy convencido de que me escuche»  (Patricio, 14 años). Un Dios centrado en el yo El concepto de Dios es egocéntrico. «Jesús es mi amigo, mi hermano, a quien yo puedo contarle todos mis problemas, mis deseos, mis alegrías y saber que siempre voy a tener en quien confiar»  (Luisa, 12 años). «No me gusta el mundo de hoy, porque le falta amistad. Quiero que Dios sea mi amigo: no tengo a nadie más que desee estar conmigo»  (Cecilia, 13 años). Un Dios infantil presto a perder toda realidad Ve en Dios a alguien en quien descansa, no aquel hacia quien uno se dirige. Dios es un medio, no la meta, el fin o el sentido de su vida. El fin, consiste en  «vivir»  y  «superar»  las propias dificultades. Dios es el medio para lograr estas finalidades. Esta concepción de Dios es frágil, perderá valor cuando no aparezca omnipotente, cuando no consiga de Dios lo que quiere. También cuando obtenga éxitos: cuando tenga experiencia de la fuerza y capacidad del propio  yo»,  Dios no será necesario.
LA AFILIACION RELIGIOSA El adolescente buscará pertenecer a los grupos que le ofrecen una satisfacción más inmediata a su necesidad de inclusión, reconocimiento y autorrealización. Se une a un organismo religioso específico que posee base estructural históricamente definida.  El proceso de socialización facilita la comprensión de la comunidad y pone los fundamentos para el sentido de solidaridad.  En el grupo juega un rol importante la presencia de testigos que viven lo que dicen. Más que en su familia, el adolescente busca sus modelos en otras partes.  Son los grupos los que pueden entusiasmar y comprometer. Ellos ofrecen un ideal de vida cristiana y un lugar donde se pueden superar las falsas atracciones de otras instancias. En el grupo, el adolescente encuentra al  «héroe»  concreto que puede ejercer atracción cristiana en la medida en que vive valores que presenta. EL RITUALISMO El adolescente participa fácilmente de las  «prácticas religiosas»,  pero se observa una dimensión ritualista. El magismo se expresa en la concepción de sacramentos. Buscan efectos inmediatos. La eficacia de los sacramentos, mal explicada en la catequesis, favorece o explica este ritualismo. El rito se puede convertir en un fin, antes que en un medio para el encuentro personal con Dios. Estos elementos mágicos están presentes también en la oración. Es juzgada por  sus  resultados materiales e inmediatos. El adolescente repite mecánicamente fórmulas y gestos  sin  preocuparse de su significado. Cuando no es progresivamente superado, causa y explica el derrumbamiento de la práctica religiosa.
LAS CRISIS RELIGIOSAS DEL ADOLESCENTE   Los adolescentes vivencian: una crisis de la fe: una crisis moral; una crisis de las prácticas religiosas; la aparición de nuevos valores. LA CRISIS DE LA FE Las transformaciones repercuten profundamente sobre el acto de fe. El adolescente va descubriendo su capacidad de razonamiento. Esto lo lleva a razonar por razonar, discutir por discutir. Aprende a razonar y a usar la lógica formal. En lo religioso surgen las primeras objeciones. Son intentos por razonar la fe. Se contentan con   respuestas precisas y puntuales. Cuando las objeciones son serias y profundas, son un reflejo del medio ambiente más que el fruto de cuestionamientos personales. Desea comprender todo y tiende a rechazar lo que no encaja en un marco de pensamiento formal. Rechaza la idea de que  «es un misterio»  y lo encuentra como un recurso  «demasiado cómodo».  A veces rechaza al catequista porque no da explicaciones comprensibles, o se niega a explicar. Los adolescentes de ambientes evangelizados no  quieren dudar;  y cuando surgen las dudas, la s sufren como faltas, como pecados.  Por eso necesitan respuestas tranquilizadoras.
LA CRISIS DE LA MORAL El adolescente se forma la idea de que la santidad es de un orden distinto a la inteligencia; las realidades humanas no tienen nada que ver con la religión. Se desplaza a Dios de la vida y se vive una dicotomía entre fe y vida. Si la vida religiosa del grupo, de la comunidad o de la familia aparece como falseada, nacen nuevos conflictos y frustraciones Los adolescentes sacan conclusiones: la religión no sirve para nada. Esto se puede acentuar más adelante. Los diferentes medios en que se mueve el adolescente ejercen sobre él atracciones: unas profanas, otras religiosas.  Son los grupos bien estructurados y coherentes los que ofrecen un ideal de vida cristiana y un lugar donde se pueden superar las falsas atracciones de otras instancias. En el grupo, el adolescente encuentra al  «héroe»  concreto que puede ejercer atracción cristiana en la medida en que vive los valores que presenta. Una moral centrada en el yo Se encuentra en la necesidad de escoger y elegir personalmente. Crece el deseo de ser  «autónomo», «libre».  Su moral está centrada en su yo. La moral poco a poco, se vuelve intrínseca y se apoya sobre los valores descubiertos personalmente. Necesita pocas normas, pero claras, que le den seguridad.  El adolescente no se impone espontáneamente esfuerzo alguno, salvo para evitar un castigo o para obtener una ventaja. La idea de sacrificio le resulta negativa e infantil. Es calculador, busca la eficacia, el provecho personal; quiere triunfar. Siente la tentación de salir con engaños de un apuro. Aprende a decidir por sí mismo y no por la autoridad ajena.
Conciencia y sexualidad Es una experiencia nueva que nace a esta edad y que puede producirle angustias si está poco preparado. No conoce normas morales claras. No se atreve a hablar y la   situación puede convertirse en un auténtico drama que se traduce en auto acusaciones de malos pensamientos o malas acciones.  Dispone de muy poca autonomía para juzgar; sus normas de apreciación continúan siendo infantiles. Aparece la angustia de la incertidumbre, especialmente cuando se plantea la relación con Dios y su comportamiento; y la relación mundo moral y responsabilidad personal. Conciencia Alternante Ante los problemas y las situaciones morales puede reaccionar con un repliegue en la actitud infantil: el legalismo y la obediencia pasiva. Esta actitud se convierte en una negativa a crecer y desarrollarse. Otras veces, el adolescente se siente llevado a la rebeldía. Discutir la autoridad representa atacar a Dios, que aparece como el fiador de la autoridad de los mayores. Conciencia y pecado En cuanto al pecado, es desobedecer a Dios, sus leyes y mandamientos. Sigue teniendo el concepto infantil de la moral de la norma. Sabe distinguir entre pecados graves y menos graves. Ej: es más grave el pecado que produce vergüenza; es más grave el pecado conocido por los adultos; es más grave el pecado realizado  «solo»,  etc. La categorías teológicas  «mortal-venial»,  no coinciden con lo que siente y piensa el adolescente. Se dan confusiones.
LA CRISIS DE LA PRÁCTICA RELIGIOSA El adolescente ya no se siente cercano a Dios. Se le ha alejado, como se le han alejado los adultos. Se hace la pregunta: «¿   Para qué sirve esto?». El adolescente comulga si tiene ganas. A menudo no lo emociona el recibir a Cristo, porque lo siente un huésped lejano. Generalmente comulga porque todos lo hacen. El sacramento de la reconciliación A   menudo lo celebra para sentirse tranquilo y seguro. Conserva la idea de mancha moral;  se siente sucio moralmente por el pecado. Siente necesidad de  «limpiarse»  con el sacramento de la reconciliación. Esta idea está ligada también con el concepto de pecado, como transgresión de una ley, que había adquirido en la infancia. Acude al sacramento para  «borrar la mancha»  de una manera ritual y mágica. No llega a hacer un juicio de valor sobre la propia conducta. Solo relata sus transgresiones. Necesita ser ayudado a comprender el sacramento como un acercarse a Dios, un empeño por ser mejor, un  compromiso para crecer. De pronto el adolescente parece volver a las prácticas religiosas que había dejado por algún tiempo.
NUEVOS VALORES El adolescente toma conciencia de sus debilidades y necesita que se le presente a Dios como el Salvador. Afloran en él nuevos valores: a) Aparece cierta agresividad:  Dios es aquel que invita a la lucha, a la creatividad, a la audacia. El mismo Dios que me ama y me ofrece paz y tranquilidad, me invita a ser fuerte y creativo para crecer y hacer cosas maravillosas. b) El crecimiento de la subjetividad:  El «yo»  es el núcleo alrededor del cual se construye la personalidad.  Aparece la tendencia a encerrarse en sí mismo y a rechazar a los demás. El mundo y los otros solamente tienen valor cuando sirven, apoyan, defienden al  «propio yo».  Así el mundo religioso es válido si cede el lugar al  «yo». c) La valoración más sentida de la sinceridad. El adolescente pasa del culto a «la verdad» al culto de «su verdad». Lo válido es lo razonable. Se rechaza al otro  «por sus ideas»  y se acomoda según  «las propias ideas». La  fe es confianza en el  Otro y  «apertura a la verdad».  Es deseable hacerle descubrir que Dios es alguien verdadero que debemos descubrir y redescubrir juntos y sin  fin. d) Preocupación por la autenticidad y la autonomía El adolescente quiere autonomía. Pero la libertad es fruto de un aprendizaje largo y acompañado.  Libertad y obediencia son dos valores que el adolescente debe armonizar para crecer serenamente.
METODOLOGÍA PARA UNA CATEQUESIS CON ADOLESCENTES Las situaciones de crisis que experimenta el adolescente le sirven para desarraigarlo del mundo infantil. Con una orientación oportuna podrá superar las imágenes infantiles de Dios, el legalismo de una moral de la norma, el ritualismo vacío y podrá alcanzar una fe personal, basada en motivos personales y en el encuentro con el Señor. El catequista actuará como facilitador de este encuentro más personal con el Señor. Le toca orientarlos en la búsqueda de esas motivaciones personales para creer y vivir esa fe en Cristo. Una catequesis de estímulos Hacer deseable la verdad, aún antes de presentarla o aceptarla como verdad. Hablar antes al corazón que a la mente, estimulando con la presentación de personajes modelos, en los cuales el adolescente puede proyectarse y reconocerse (héroes, santos, personajes bíblicos...). Completar el encuentro catequístico con momentos celebrativos (liturgias) y momentos de compromisos apostólicos. Espiritualidad orientada hacia el   futuro Hay que revisar y remotivar la adhesión a Cristo, que lanza a una aventura espiritual que compromete todo el ser del adolescente. En el campo moral, el adolescente necesita que se le despierte su generosidad y canalizarla para que sea abierta, universal, oblativa y desinteresada.
Una catequesis desde la vida Al adolescente lo rodea un cúmulo de circunstancias y situaciones de cada día. Aunque usan conceptos y hacen gala de su incipiente capacidad de razonar en abstracto, necesitan aprender partiendo de los hechos. Partiendo desde los hechos de la vida, él puede lograr la comprensión y la motivación suficiente para crecer en la fe. Para la catequesis con adolescentes son importantes: Los hechos y personajes de la Historia Bíblica Proporcionaremos algunos datos históricos y geográficos que den vida y contexto a los personajes bíblicos. Procuremos ir más allá de lo anecdótico, guiando a los jóvenes en la búsqueda de las motivaciones que conducen a estos héroes a la acción. Centremos nuestra catequesis en Jesús y su vida: los encuentros que él protagonizó con tantas personas, su palabra, sus gestos salvadores. Todo ello debe ser fuente viva para nuestra catequesis. Jesús es el amigo ideal; el modelo absoluto; el camino, la verdad y la vida. Hechos y personajes bíblicos y de la Iglesia Los acontecimientos que forman la vida de la comunidad cristiana son interesantes para el adolescente, sobre todo si él o su familia participan en alguna. Es importante, porque en la historia concreta de la Iglesia, Dios sigue actuando y comprometiéndonos al servicio del mundo. En la vida de los testigos de la fe, el adolescente puede encontrar estímulo. Lo cotidiano Las realidades y vivencias de cada día, la naturaleza, los nuevos intereses y sentimientos, sus necesidades de amor, de pertenencia, de valoración, de autonomía, su desarrollo corporal, su creciente necesidad del grupo de amigos y el horizonte social cada vez más amplio; son oportunidades que debemos valorar, transformándolas en experiencias de fe.
Pedagogía del héroe El súper héroe encarna los sentimientos, deseos y valores que el adolescente vive en forma inconsciente. Identificándose con el personaje puede experimentarlo y ser como su héroe. A los adolescentes los impactan los personajes heroicos, aquellos que se destacan, porque encarnan un valor amado y deseado por el joven.  Los héroes son decididos y valientes; viven situaciones difíciles y superan lo ordinario, el conformismo, la dependencia. El héroe es más fuerte que el mal, alcanza la meta, es feliz. Al presentar los testigos de la fe. El joven necesita comprender el camino de crecimiento del héroe; saber que se trata de una persona real, humana. No debemos presentar al personaje como  «santo»  desde el principio. Así, el adolescente descubre que puede identificarse con el personaje y sentirse impulsado a actuar Debemos evitar: hablar de los sentimientos del personajes sin unirlos a una acción realizada por éste; Quedarse en las acciones brillantes, atractivas, sin profundizar en las convicciones, la fe, las decisiones del héroe; quedándose sólo en lo externo. Es importante: dar viveza, actualidad a la acción. Partir de la acción misma; evocar la realidad dando detalles de la escena; destacar al personaje mostrándolo vivo: su físico, su ambiente, qué piensa, qué dice... escoger las escenas que más impactan; seleccionar elementos para que la narración sea sencilla y plástica; asumir el punto de vista del personaje; mirar la realidad con sus ojos, acoger sus decisiones de fe.
Catequesis de esperanza El adolescente se siente inseguro, inquieto, inconstante.  Experimenta su debilidad con la misma intensidad con la que admira la fuerza de sus héroes.  Necesita encontrar a Jesús como el Amigo, que lo invita a realizar sus mejores sueños de felicidad y realización personal. El Amigo que cuenta con su colaboración para realizar un magnífico proyecto en bien de las personas y de la sociedad. Necesita sentirlo como aquel que lo acoge, tal como es: lo levanta de sus caídas, le muestra el camino, lo apoya en su crecimiento, lo llama a una misión. Es importante iniciarlo en la oración personal, más realista, más comprometida. En el mensaje que le anunciamos con la vida y con palabras, el grupo de adolescentes debe poder captar la fuerza y la belleza de este  «mundo de Dios»,  maravilloso y plenificante. Un mensaje realista, porque Dios nos ama tal como somos; un mensaje dinámico, porque Dios nos invita siempre a convertirnos y a mejorar. Por otra parte, es importante la experiencia del grupo, en el que viva la alegría del compañerismo y de la amistad. Es necesario que el adolescente se sienta acompañado, trabajando con otros, sintiendo el apoyo de los demás; redescubriendo el NOSOTROS de la comunidad de creyentes en la que desarrolla su personalidad.

Taller Preadoslescencia Religiosa

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    PSICOLOGÍA DESDE LARELIGIOSIDAD PREADOLESCENCIA YADOLESCENCIA
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    Se inicia conla pubertad (11 años para las niñas y 12 para los varones) se extiende hasta los 30 años. Deriva de adolescere, ( crecer o desarrollarse hacia la madurez). De Alere , ( nutrir, alimentar, hacer crecer), y Altus ( que terminó de crecer o agrandar). Período de transición entre la niñez dependiente y la edad adulta autónoma. Psicológicamente, situación marginal de adaptaciones; que distinguen la conducta infantil del comportamiento adulto. Françoise Dolto: «El adolescente, pasa por una muda respecto de la cual nada puede decir, y es, para los adultos, objeto de cuestionamiento que, según los padres, está cargado de angustia o pleno de indulgencia.
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    Cambios Físicos Enlas mujeres : (vello axilar, vello púbico, desarrollo de los pechos, etc.). Primera menstruación. Se pone “panzona” , los órganos empiezan a dilatarse. Engrosamiento abdominal. Caracteres sexuales secundarios: aumento de la cadera, comienzo del desarrollo de las mamas, aparición del vello pubiano, menstruación. El sistema endocrino relación con aspectos sobre todo neurológicos. La somatrofina actúa sobre el crecimiento en general. Secreción de hormonas estimulantes de las glándulas sexuales: gonadotrofinas, luteinizante . En los varones : (crecimiento óseo, agrandamiento de los testículos, pelo pubiano, mutación de la voz, eyaculación, barba, vello pectoral y axilar). No hay función reproductora. Los brazos, pies y manos crecen desmesuradamente. Desarrollo de los órganos sexuales primarios antes de la aparición de los caracteres sexuales secundarios (barba, vello axilar, etc.). Voz grave. El cabello en la cabeza adquiere forma definitiva con sus entradas.
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    EL MUNDO ADOLESCENTE Período de contradicciones, confuso, ambivalente, doloroso. Busca solucionar los problemas trascendentes. Planteo de los valores éticos, intelectuales y afectivos: nacimiento de nuevos ideales y la capacidad de lucha para conseguirlos. Período de crisis, se refugia en la fantasía. Se siente amenazado, molestado por el mundo adulto. Desea entrar en el mundo de los adultos, pero al mismo tiempo teme incorporarse al mismo.
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    EL SÍNDROME ADOLESCENTE 1. Búsqueda de la identidad y de sí mismo: es un proceso que lleva al conocimiento del sí mismo. Aparecen identidades transitorias. 2. Tendencia grupal: E ncontrarse con sus iguales, oponerse al mundo adulto. Busca la uniformidad y la estima personal. 3. Necesidad de fantasear e intelectualizar: Mecanismos de defensa para compensar las pérdidas que no pueden evitarse. Elabora ideas, teorías y prácticas filosóficas, políticas, de salvación de la humanidad. Escriben diarios, cuentos, novelas, poesías, hacen actividades artísticas. 4. Crisis religiosa: Es intento de solución de la angustia que vive frente al fenómeno de la muerte definitiva de su yo corporal. Hace un revisionismo de todas las religiones. 5. Desubicación temporal: Pueden unir el pasado y el futuro en el presente. 6. Evolución sexual: I nicia la búsqueda de la pareja.
  • 6.
    EL SÍNDROME ADOLESCENTE7. Actitud social reivindicatoria: tienen el sentimiento místico de la necesidad del cambio social. 8. Contradicciones en la conducta: No puede mantener una línea de conducta rígida, permanente y absoluta. Facilitan la elaboración de los duelos (del cuerpo infantil, los padres de la infancia, la identidad infantil). 9. Separación de los padres: N ecesita separarse de sus padres para asumir el crecimiento, pero teme ante el mundo adulto. 10. Fluctuaciones del humor y del ánimo: El yo intenta una conexión placentera con el mundo y la sensación de fracaso obliga a refugiarse en si mismo. En algunos momentos, percibe todo como muy a su favor, y en otros se sumerge en un negativismo extremo.
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    EL DESARROLLO COGNOSClTIVOPasa de la lógica concreta al uso progresivo de la lógica formal. Se capacita para el análisis, la síntesis, la inducción, etc. Aprende a generalizar, abstraer y percibir adecuadamente el concepto de tiempo. Se trata de una maduración progresiva y lenta. Todo esto influye en el desarrollo de su religiosidad. El DESARROLLO MOTIVACIONAL Es posible identificar y clasificar las principales necesidades de esta etapa: Psico- fisiológicas: relacionadas con la pubertad. Psico-sociales: necesidad de independencia, seguridad, experiencias nuevas, etc. Psico- existenciales: búsqueda de valores estéticos, religiosos, filosóficos, morales, etc. Estas necesidades dependen aún del modelo familiar y ambiental en que ha vivido y vive. Cuando se acentúe la desatelización, aparecerán los conflictos con los modelos. Se da una progresiva especificación y ampliación de los intereses. Debido al proceso de identificación Y de socialización crecientes. El sistema de valores inicia un proceso de interiorización estable la del «yo ideal». Este proyecto sobre sí mismo recibe influjos de las personalidades admiradas y conocidas. Ellas estimulan y motivan. A medida que se emancipa de los modelos concretos, puede actuar un proyecto de sí que corresponda a las propias aspiraciones ideales.
  • 8.
    EL DESARROLLO AFECTIVO-EMOTIVOLa emotividad se hace más rica y original. Está afrontando su crisis de identidad. Necesita un mínimo equilibrio afectivo-emotivo. Aún no lo tiene, y experimenta inseguridad y ansiedad Las tensiones emotivas (problemáticas familiares, escolares, puberales, temperamentales. etc.) llevan a los adolescentes a encerrarse en sí mismos, originando escaso interés por los grandes problemas del mundo y del ambiente. Los sentimientos y las emociones varían. Esta inestabilidad repercute en lo religioso. EL DESARROLLO SOCIAL Es fuerte el impulso de emancipación de los padres, la inserción en un grupo de personas de la misma edad, un conocimiento de la sociedad y una conciencia de la pertenencia a una clase social. Aparecen ambivalencias: tiende a la independencia, y busca protección y aprobación por otra; se desatelitiza de sus padres y busca adultos como amigos o modelos. Desea que no lo molesten y busca siempre al grupo, a los coetáneos. El grupo ofrece: status social, identifica; reconocimiento de las capacidades y prestaciones de cada uno; aceptación y exigencia de igualdad; amistades menos numerosas pero más exclusivas. Todo esto es sumamente importante para la madurez de la religiosidad.
  • 9.
    CONCEPCIÓN DE DIOSA la pregunta ¿Quién es Dios para ti?, muchos dan respuestas doctrinales según la catequesis recibida. Hablan de un Dios lejano, abstracto. Lo caracterizan como omnipotente, creador, Señor del universo, eterno perfecto, invisible, etc. Dan respuestas exactas, pero no entendidas ni internalizadas. Las preguntas que formulan los adolescentes a los catequistas son estereotipadas, filosóficas. Pero va «personalizando» a Dios. En cuanto a la noción de Dios, evoluciona del «algo» a «alguien» . Del Dios grandeza, fuerza, bondad, al Dios Señor, Padre, Redentor. Supera el animismo del niño y afirma la trascendencia. Disminuye el magismo y desaparece el antropomorfismo material. La cualidad moral que más atribuye a Dios es la lealtad. Proyecta en Dios los absolutos morales que descubre y juzga esencial en una persona madura. Las actitudes interiores con Dios están impregnadas de ambivalencia. Confía en Dios pero siente miedo. Piensa que Dios es bueno con todos, pero no entiende como esto pueda ser conciliable con su justicia en la retribución del bien y del mal. Aparición de primeras dudas religiosas.
  • 10.
    Un Dios poderLas expresiones para hablar de Dios provienen todavía de su infancia. Dios es igual a «poder». «Es todopoderoso y dueño del mundo. Intenta hacer el bien en la tierra» (Mario, 12 años). «Es una fuerza que necesitamos y de la que no podemos prescindir» (Pancho, 13 años). Dios aparece como una fuerza más que como una persona. Un Dios que da confianza Una idea es que Dios es justiciero. Pero proporciona confianza, ya que es bueno. Se le reza antes de un examen o para evitar un peligro. Este concepto de Dios-que-protege permanece esporádico y relativo. Nos encontramos lejos del concepto de un Dios-Amor, que no cesa de llamarnos a la alianza. «Dios es perfecto y puede ayudarnos en nuestras dificultades (Luis, 13 años). «Es un poco inalcanzable. Le hablo, pero no estoy convencido de que me escuche» (Patricio, 14 años). Un Dios centrado en el yo El concepto de Dios es egocéntrico. «Jesús es mi amigo, mi hermano, a quien yo puedo contarle todos mis problemas, mis deseos, mis alegrías y saber que siempre voy a tener en quien confiar» (Luisa, 12 años). «No me gusta el mundo de hoy, porque le falta amistad. Quiero que Dios sea mi amigo: no tengo a nadie más que desee estar conmigo» (Cecilia, 13 años). Un Dios infantil presto a perder toda realidad Ve en Dios a alguien en quien descansa, no aquel hacia quien uno se dirige. Dios es un medio, no la meta, el fin o el sentido de su vida. El fin, consiste en «vivir» y «superar» las propias dificultades. Dios es el medio para lograr estas finalidades. Esta concepción de Dios es frágil, perderá valor cuando no aparezca omnipotente, cuando no consiga de Dios lo que quiere. También cuando obtenga éxitos: cuando tenga experiencia de la fuerza y capacidad del propio yo», Dios no será necesario.
  • 11.
    LA AFILIACION RELIGIOSAEl adolescente buscará pertenecer a los grupos que le ofrecen una satisfacción más inmediata a su necesidad de inclusión, reconocimiento y autorrealización. Se une a un organismo religioso específico que posee base estructural históricamente definida. El proceso de socialización facilita la comprensión de la comunidad y pone los fundamentos para el sentido de solidaridad. En el grupo juega un rol importante la presencia de testigos que viven lo que dicen. Más que en su familia, el adolescente busca sus modelos en otras partes. Son los grupos los que pueden entusiasmar y comprometer. Ellos ofrecen un ideal de vida cristiana y un lugar donde se pueden superar las falsas atracciones de otras instancias. En el grupo, el adolescente encuentra al «héroe» concreto que puede ejercer atracción cristiana en la medida en que vive valores que presenta. EL RITUALISMO El adolescente participa fácilmente de las «prácticas religiosas», pero se observa una dimensión ritualista. El magismo se expresa en la concepción de sacramentos. Buscan efectos inmediatos. La eficacia de los sacramentos, mal explicada en la catequesis, favorece o explica este ritualismo. El rito se puede convertir en un fin, antes que en un medio para el encuentro personal con Dios. Estos elementos mágicos están presentes también en la oración. Es juzgada por sus resultados materiales e inmediatos. El adolescente repite mecánicamente fórmulas y gestos sin preocuparse de su significado. Cuando no es progresivamente superado, causa y explica el derrumbamiento de la práctica religiosa.
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    LAS CRISIS RELIGIOSASDEL ADOLESCENTE Los adolescentes vivencian: una crisis de la fe: una crisis moral; una crisis de las prácticas religiosas; la aparición de nuevos valores. LA CRISIS DE LA FE Las transformaciones repercuten profundamente sobre el acto de fe. El adolescente va descubriendo su capacidad de razonamiento. Esto lo lleva a razonar por razonar, discutir por discutir. Aprende a razonar y a usar la lógica formal. En lo religioso surgen las primeras objeciones. Son intentos por razonar la fe. Se contentan con respuestas precisas y puntuales. Cuando las objeciones son serias y profundas, son un reflejo del medio ambiente más que el fruto de cuestionamientos personales. Desea comprender todo y tiende a rechazar lo que no encaja en un marco de pensamiento formal. Rechaza la idea de que «es un misterio» y lo encuentra como un recurso «demasiado cómodo». A veces rechaza al catequista porque no da explicaciones comprensibles, o se niega a explicar. Los adolescentes de ambientes evangelizados no quieren dudar; y cuando surgen las dudas, la s sufren como faltas, como pecados. Por eso necesitan respuestas tranquilizadoras.
  • 13.
    LA CRISIS DELA MORAL El adolescente se forma la idea de que la santidad es de un orden distinto a la inteligencia; las realidades humanas no tienen nada que ver con la religión. Se desplaza a Dios de la vida y se vive una dicotomía entre fe y vida. Si la vida religiosa del grupo, de la comunidad o de la familia aparece como falseada, nacen nuevos conflictos y frustraciones Los adolescentes sacan conclusiones: la religión no sirve para nada. Esto se puede acentuar más adelante. Los diferentes medios en que se mueve el adolescente ejercen sobre él atracciones: unas profanas, otras religiosas. Son los grupos bien estructurados y coherentes los que ofrecen un ideal de vida cristiana y un lugar donde se pueden superar las falsas atracciones de otras instancias. En el grupo, el adolescente encuentra al «héroe» concreto que puede ejercer atracción cristiana en la medida en que vive los valores que presenta. Una moral centrada en el yo Se encuentra en la necesidad de escoger y elegir personalmente. Crece el deseo de ser «autónomo», «libre». Su moral está centrada en su yo. La moral poco a poco, se vuelve intrínseca y se apoya sobre los valores descubiertos personalmente. Necesita pocas normas, pero claras, que le den seguridad. El adolescente no se impone espontáneamente esfuerzo alguno, salvo para evitar un castigo o para obtener una ventaja. La idea de sacrificio le resulta negativa e infantil. Es calculador, busca la eficacia, el provecho personal; quiere triunfar. Siente la tentación de salir con engaños de un apuro. Aprende a decidir por sí mismo y no por la autoridad ajena.
  • 14.
    Conciencia y sexualidadEs una experiencia nueva que nace a esta edad y que puede producirle angustias si está poco preparado. No conoce normas morales claras. No se atreve a hablar y la situación puede convertirse en un auténtico drama que se traduce en auto acusaciones de malos pensamientos o malas acciones. Dispone de muy poca autonomía para juzgar; sus normas de apreciación continúan siendo infantiles. Aparece la angustia de la incertidumbre, especialmente cuando se plantea la relación con Dios y su comportamiento; y la relación mundo moral y responsabilidad personal. Conciencia Alternante Ante los problemas y las situaciones morales puede reaccionar con un repliegue en la actitud infantil: el legalismo y la obediencia pasiva. Esta actitud se convierte en una negativa a crecer y desarrollarse. Otras veces, el adolescente se siente llevado a la rebeldía. Discutir la autoridad representa atacar a Dios, que aparece como el fiador de la autoridad de los mayores. Conciencia y pecado En cuanto al pecado, es desobedecer a Dios, sus leyes y mandamientos. Sigue teniendo el concepto infantil de la moral de la norma. Sabe distinguir entre pecados graves y menos graves. Ej: es más grave el pecado que produce vergüenza; es más grave el pecado conocido por los adultos; es más grave el pecado realizado «solo», etc. La categorías teológicas «mortal-venial», no coinciden con lo que siente y piensa el adolescente. Se dan confusiones.
  • 15.
    LA CRISIS DELA PRÁCTICA RELIGIOSA El adolescente ya no se siente cercano a Dios. Se le ha alejado, como se le han alejado los adultos. Se hace la pregunta: «¿ Para qué sirve esto?». El adolescente comulga si tiene ganas. A menudo no lo emociona el recibir a Cristo, porque lo siente un huésped lejano. Generalmente comulga porque todos lo hacen. El sacramento de la reconciliación A menudo lo celebra para sentirse tranquilo y seguro. Conserva la idea de mancha moral; se siente sucio moralmente por el pecado. Siente necesidad de «limpiarse» con el sacramento de la reconciliación. Esta idea está ligada también con el concepto de pecado, como transgresión de una ley, que había adquirido en la infancia. Acude al sacramento para «borrar la mancha» de una manera ritual y mágica. No llega a hacer un juicio de valor sobre la propia conducta. Solo relata sus transgresiones. Necesita ser ayudado a comprender el sacramento como un acercarse a Dios, un empeño por ser mejor, un compromiso para crecer. De pronto el adolescente parece volver a las prácticas religiosas que había dejado por algún tiempo.
  • 16.
    NUEVOS VALORES Eladolescente toma conciencia de sus debilidades y necesita que se le presente a Dios como el Salvador. Afloran en él nuevos valores: a) Aparece cierta agresividad: Dios es aquel que invita a la lucha, a la creatividad, a la audacia. El mismo Dios que me ama y me ofrece paz y tranquilidad, me invita a ser fuerte y creativo para crecer y hacer cosas maravillosas. b) El crecimiento de la subjetividad: El «yo» es el núcleo alrededor del cual se construye la personalidad. Aparece la tendencia a encerrarse en sí mismo y a rechazar a los demás. El mundo y los otros solamente tienen valor cuando sirven, apoyan, defienden al «propio yo». Así el mundo religioso es válido si cede el lugar al «yo». c) La valoración más sentida de la sinceridad. El adolescente pasa del culto a «la verdad» al culto de «su verdad». Lo válido es lo razonable. Se rechaza al otro «por sus ideas» y se acomoda según «las propias ideas». La fe es confianza en el Otro y «apertura a la verdad». Es deseable hacerle descubrir que Dios es alguien verdadero que debemos descubrir y redescubrir juntos y sin fin. d) Preocupación por la autenticidad y la autonomía El adolescente quiere autonomía. Pero la libertad es fruto de un aprendizaje largo y acompañado. Libertad y obediencia son dos valores que el adolescente debe armonizar para crecer serenamente.
  • 17.
    METODOLOGÍA PARA UNACATEQUESIS CON ADOLESCENTES Las situaciones de crisis que experimenta el adolescente le sirven para desarraigarlo del mundo infantil. Con una orientación oportuna podrá superar las imágenes infantiles de Dios, el legalismo de una moral de la norma, el ritualismo vacío y podrá alcanzar una fe personal, basada en motivos personales y en el encuentro con el Señor. El catequista actuará como facilitador de este encuentro más personal con el Señor. Le toca orientarlos en la búsqueda de esas motivaciones personales para creer y vivir esa fe en Cristo. Una catequesis de estímulos Hacer deseable la verdad, aún antes de presentarla o aceptarla como verdad. Hablar antes al corazón que a la mente, estimulando con la presentación de personajes modelos, en los cuales el adolescente puede proyectarse y reconocerse (héroes, santos, personajes bíblicos...). Completar el encuentro catequístico con momentos celebrativos (liturgias) y momentos de compromisos apostólicos. Espiritualidad orientada hacia el futuro Hay que revisar y remotivar la adhesión a Cristo, que lanza a una aventura espiritual que compromete todo el ser del adolescente. En el campo moral, el adolescente necesita que se le despierte su generosidad y canalizarla para que sea abierta, universal, oblativa y desinteresada.
  • 18.
    Una catequesis desdela vida Al adolescente lo rodea un cúmulo de circunstancias y situaciones de cada día. Aunque usan conceptos y hacen gala de su incipiente capacidad de razonar en abstracto, necesitan aprender partiendo de los hechos. Partiendo desde los hechos de la vida, él puede lograr la comprensión y la motivación suficiente para crecer en la fe. Para la catequesis con adolescentes son importantes: Los hechos y personajes de la Historia Bíblica Proporcionaremos algunos datos históricos y geográficos que den vida y contexto a los personajes bíblicos. Procuremos ir más allá de lo anecdótico, guiando a los jóvenes en la búsqueda de las motivaciones que conducen a estos héroes a la acción. Centremos nuestra catequesis en Jesús y su vida: los encuentros que él protagonizó con tantas personas, su palabra, sus gestos salvadores. Todo ello debe ser fuente viva para nuestra catequesis. Jesús es el amigo ideal; el modelo absoluto; el camino, la verdad y la vida. Hechos y personajes bíblicos y de la Iglesia Los acontecimientos que forman la vida de la comunidad cristiana son interesantes para el adolescente, sobre todo si él o su familia participan en alguna. Es importante, porque en la historia concreta de la Iglesia, Dios sigue actuando y comprometiéndonos al servicio del mundo. En la vida de los testigos de la fe, el adolescente puede encontrar estímulo. Lo cotidiano Las realidades y vivencias de cada día, la naturaleza, los nuevos intereses y sentimientos, sus necesidades de amor, de pertenencia, de valoración, de autonomía, su desarrollo corporal, su creciente necesidad del grupo de amigos y el horizonte social cada vez más amplio; son oportunidades que debemos valorar, transformándolas en experiencias de fe.
  • 19.
    Pedagogía del héroeEl súper héroe encarna los sentimientos, deseos y valores que el adolescente vive en forma inconsciente. Identificándose con el personaje puede experimentarlo y ser como su héroe. A los adolescentes los impactan los personajes heroicos, aquellos que se destacan, porque encarnan un valor amado y deseado por el joven. Los héroes son decididos y valientes; viven situaciones difíciles y superan lo ordinario, el conformismo, la dependencia. El héroe es más fuerte que el mal, alcanza la meta, es feliz. Al presentar los testigos de la fe. El joven necesita comprender el camino de crecimiento del héroe; saber que se trata de una persona real, humana. No debemos presentar al personaje como «santo» desde el principio. Así, el adolescente descubre que puede identificarse con el personaje y sentirse impulsado a actuar Debemos evitar: hablar de los sentimientos del personajes sin unirlos a una acción realizada por éste; Quedarse en las acciones brillantes, atractivas, sin profundizar en las convicciones, la fe, las decisiones del héroe; quedándose sólo en lo externo. Es importante: dar viveza, actualidad a la acción. Partir de la acción misma; evocar la realidad dando detalles de la escena; destacar al personaje mostrándolo vivo: su físico, su ambiente, qué piensa, qué dice... escoger las escenas que más impactan; seleccionar elementos para que la narración sea sencilla y plástica; asumir el punto de vista del personaje; mirar la realidad con sus ojos, acoger sus decisiones de fe.
  • 20.
    Catequesis de esperanzaEl adolescente se siente inseguro, inquieto, inconstante. Experimenta su debilidad con la misma intensidad con la que admira la fuerza de sus héroes. Necesita encontrar a Jesús como el Amigo, que lo invita a realizar sus mejores sueños de felicidad y realización personal. El Amigo que cuenta con su colaboración para realizar un magnífico proyecto en bien de las personas y de la sociedad. Necesita sentirlo como aquel que lo acoge, tal como es: lo levanta de sus caídas, le muestra el camino, lo apoya en su crecimiento, lo llama a una misión. Es importante iniciarlo en la oración personal, más realista, más comprometida. En el mensaje que le anunciamos con la vida y con palabras, el grupo de adolescentes debe poder captar la fuerza y la belleza de este «mundo de Dios», maravilloso y plenificante. Un mensaje realista, porque Dios nos ama tal como somos; un mensaje dinámico, porque Dios nos invita siempre a convertirnos y a mejorar. Por otra parte, es importante la experiencia del grupo, en el que viva la alegría del compañerismo y de la amistad. Es necesario que el adolescente se sienta acompañado, trabajando con otros, sintiendo el apoyo de los demás; redescubriendo el NOSOTROS de la comunidad de creyentes en la que desarrolla su personalidad.