La ley 30/1992 establece el marco legal para el procedimiento administrativo en España. Introdujo cambios significativos respecto a la ley anterior de 1958 para adaptarla a las necesidades sociales. Establece los principios básicos del procedimiento como la contradicción, economía procesal, imparcialidad y publicidad. Define las fases del procedimiento como iniciación, ordenación, instrucción y terminación. Regula aspectos como las solicitudes, subsanación de errores, medidas provisionales y declaraciones responsables para agilizar trámites.