Durante el reinado de Isabel II hubo dos constituciones principales - la Constitución de 1837 y la Constitución de 1845. La Constitución de 1837 fue creada después de un pronunciamiento progresista que obligó a cambiar la constitución de 1812. La Constitución de 1845 reemplazó a la de 1837 después de que las Cortes ordinarias reformaron el texto anterior sin un proceso constituyente formal. Ambas constituciones surgieron de conflictos entre los partidos políticos liberales moderados y progresistas durante este periodo.