Este documento analiza la doctrina protestante de la "Sola Escritura" y argumenta que no es válida desde una perspectiva bíblica e histórica. Sostiene que la tradición apostólica y la sucesión apostólica, representadas por la Cátedra de Pedro, son la fuente de autoridad para interpretar correctamente las Escrituras. También defiende la inspiración divina de los libros deuterocanónicos y afirma que la Iglesia católica, no las diferentes denominaciones protestantes, mantiene la unidad de