El documento presenta la divina presencia como el dato intrínsecamente constitutivo de la persona humana que le da carácter personal y la pone en comunicación con el sujeto absoluto y con los demás. Según Rielo, la divina presencia consiste en que las personas divinas se "personan" en el espíritu humano creando, constituyendo así su naturaleza personal. Esto significa que el hombre es imagen y semejanza de Dios y tiene un deber de extasiar su amor hacia los demás como las personas divinas lo hacen.