Flusser compara la fotografía a la cacería, donde el fotógrafo es el cazador y su sujeto la presa. Sin embargo, la libertad del fotógrafo está limitada por la programación de la cámara, la cual puede determinar la fotografía y reducir al fotógrafo a un mero catalizador. Para crear fotografías nuevas, el fotógrafo debe imponer su voluntad sobre la cámara y doblegarla a su imaginación y visión del mundo.