ME GUSTAHACERLO CADAJUEVESpor José Luis Alcaide Verdés
ME GUSTA HACERLO CADA JUEVES.Supongo que en la elección del día influye que el jueves es ese día de lasemana en el que est...
forma que todo contribuya a hacer más atractivo mi regalo anónimo. Aveces pongo el mío bocabajo, para que el observador co...
dirigirá luego a la biblioteca a buscar uno de los libros de la mesilla, oque a lo mejor viene al igual que yo de deposita...
asignatura?¿Le gustó el libro o simplemente lo tuvo que “sufrir” paraaprobar? Estos últimos son los libros más inútiles qu...
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Me gusta hacerlo cada jueves

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Me gusta hacerlo cada jueves

  1. 1. ME GUSTAHACERLO CADAJUEVESpor José Luis Alcaide Verdés
  2. 2. ME GUSTA HACERLO CADA JUEVES.Supongo que en la elección del día influye que el jueves es ese día de lasemana en el que estás algo cansado del trabajo, en el que la rutinadiaria empieza a pesar demasiado, pero en el cual se preludia ya eldescanso del fin de semana. Sin duda este hecho te proporciona ráfagasde buen humor y te predispone a imaginar, a idear maneras derecuperar el tiempo perdido de lunes a viernes; por eso me levanto ydesayuno, acompaño a los niños al colegio y luego inicio mi particularritual.Regreso a casa, entro en el despacho y me dirijo a la librería con unabolsa en la mano; agarro un libro de los de la segunda fila, de ese estantedonde están en espera los libros que he seleccionado antes, como en unpeculiar “corredor de la muerte”.Luego salgo a grandes pasos y me dirijo por el camino más corto a lacalle de la Reina, tan llena de vida, con esos edificios tan alegres ypopulares. Paso por la puerta de la papelería, el bar, la notaría con susgeniales forjados de hierro, por enfrente del Ateneo Marítimo (benditosbingos, ¡qué habría sido de muchos de los ateneos y casinos culturales sino se hubiese inventado los bingos…!), por enfrente de la parroquia deCristo Redentor, y finalmente llego a mi destino.La Casa de la Reina te impacta cuando la ves, es sobria, elegante, ysobre todo muy diferente. Entras y te encuentras en un ancho pasilloempedrado, cubierto hasta media altura por un zócalo de azulejos y allí,en un lado, se encuentra una pequeña mesa rectangular con un cartelque reza: “biblioteca libre”, y sobre ella unos diez o doce libros y un cartelque indica que puedes coger uno si quieres.Al entrar me fijo si hay alguna persona en el vestíbulo, o miro con detallea quienes entran delante de mí o a quienes me cruzo cuando salen.Espero con disimulo mirando el tablón de anuncios hasta que nadie meobserva y entonces me acerco a la mesa. Normalmente es un momentodel que me gusta gozar con cierta intimidad: observo los títulos y elaspecto de las obras y finalmente cojo uno, abro mi bolsa y lo guardo,sacando al tiempo mi ejemplar, que coloco en el centro de la mesa peroun poco hacia la izquierda y hacia la parte de arriba: no sé por qué, perosiempre me fijo primero en los libros que están colocados en ese lugar, asíque imagino que es el sitio más visible para el mío, el que lo hace másapetecible. Suelo entretenerme en reorganizar los libros de la mesa conun criterio estético, porque no es lo mismo poner un libro con tapas decolorines junto a uno marrón que junto a uno rojo, y suelo hacerlo de
  3. 3. forma que todo contribuya a hacer más atractivo mi regalo anónimo. Aveces pongo el mío bocabajo, para que el observador compulsivo nopueda evitar cogerlo para colocarlo correctamente y que así se veatentado de leer su título y ojear su contenido.Al principio llevaba esos libros que me resultaban muy malos, los que nopude terminar de leer o los que acabé más por amor propio que porplacer. Pero poco a poco fui añadiendo algún libro al que le tenía uncariño especial, o algún libro que esté de acuerdo con mi estado deánimo, o simplemente como un juego: hoy una novela policiaca, hoyteatro clásico, hoy un libro de pedagogía, uno de poesía… Así, poco apoco voy reduciendo mi biblioteca, se van quedando los libros másescogidos, mis libros más amados, y aún éstos también los voy llevando,como ofrendas a un dios peculiar. Son libros que ya han cumplido sufunción: unos ser leídos, otros ser regalados, otros apagar la curiosidad olas ganas de aprender. Los que cojo nunca me los quedo más de un parde semanas, rara vez los leo, para mí son objetos que han atrapadomomentos de la vida de otras personas y son esos momentos prisioneroslos que me interesan, no el libro en si.Me gusta volver a casa con el libro en la mano, pero sin abrirlo. Cruzo elmercadillo del Cabañal repleto de gente, y me entretengo mirando lasparadas sin excesivo interés, más pendiente de las personas que de lasmercancías; me gusta pensar que alguna de esas personas a lo mejor se
  4. 4. dirigirá luego a la biblioteca a buscar uno de los libros de la mesilla, oque a lo mejor viene al igual que yo de depositar uno de sus librosliberados, incluso a veces fantaseo sobre si por su aspecto una persona ala que veo con una bolsa de compras podría ser la anterior propietariadel libro que he cogido: el aspecto intelectual de esa mujer tan seria lepega o no, o si le pegaría coger el libro que he dejado hoy.En casa lo dejo sobre la mesa hasta la noche, y después de cenar, con latranquilidad y el sosiego del final del día, me siento en el sofá con el libroen la mano y lo observo por fuera detenidamente, igual que un filatélicoobservaría con la lupa una nueva adquisición para su colección: si estámuy manoseado es porque se ha leído mucho, ha tenido una vidaintensa; si las tapas están bien conservadas puede que sea por todo locontrario, su utilidad es posible que haya sido pequeña o que hayatenido una función muy concreta o un uso muy limitado; si estáamarillento por el paso del tiempo me dispongo a indagar sobre su fechade edición; observo si es una edición barata o una edición buena, porquelos libros de ediciones baratas suelen ser libros que se leen, los de edicionescaras no siempre cumplen esa función.Me gusta leer la contraportada y ojear el índice para ver un poco de quéva, y si es un libro con solapas me leo la mini-biografía del autor y los“Otros libros de la Colección”. Si es un libro de estudio me gusta seguir lospárrafos subrayados para ver cómo sintetizaba su anterior dueño loscontenidos ¿realmente aprovechó la lectura de ese libro?¿Aprobó la
  5. 5. asignatura?¿Le gustó el libro o simplemente lo tuvo que “sufrir” paraaprobar? Estos últimos son los libros más inútiles que se leen, los libros queantes se olvidan, libros que luego se abandonan con desdén en unestante hasta que los años o una mudanza los van “matando”.La semana que viene ya he escogido el libro que voy a llevar. Se trata deun libro editado por el ayuntamiento de un pequeño pueblo valenciano,un libro que recoge relatos breves presentados a un certamen de unaasociación cultural local. Como podéis imaginar son relatos muy variados,sencillos, escritos la mayoría por gente que no se dedica a la literatura,pero todos tienen algo de autobiográfico, reflejan los gustos, la forma dever la vida, la forma de relacionarse de sus autores. Está casi nuevoporque se editó este mismo año, y aunque puede que alguna vez en elfuturo lo volviese a releer, prefiero que tenga otra vida menos previsible,más azarosa.Creo que esta semana, después de dejarlo en la mesa, me apostaré en lapuerta con disimulo, como si esperase, o en la sala de lectura junto a laventana del patio, y observaré durante un rato. A veces me gustaesperar con disimulo para ver si alguien coge mi libro; otras veces soy másindiscreto y me acerco cuando alguien está mirando los libros y ojeoalguno, esperando que mi vecina o vecino tome otro: muchas vecesactuamos por imitación compulsiva. Observo su elección, y si finalmentese lo lleva fantaseo acerca de las razones por las que lo hace, intentoasociar su aspecto y el contenido del libro, fantaseo sobre si lo leerácompleto o no, sobre si le gustará, si lo regalará o lo volverá a traer a lamesa al cabo de unos días.Los libros más especiales son los que llevan notas manuscritas al margen,y sobre todo los que llevan dedicatorias: ¡lo que permite fantasear unadedicatoria! Dedicatorias sencillas y escuetas, dedicatorias decompromiso, dedicatorias de amor, enigmáticas… ¿Es cierto lo que sepone en una dedicatoria o es sólo una impresión que se quiere causar?“Para Ana con todo mi amor”, firmado “Enric”.Hoy estoy juguetón y me entretengo poniendo una dedicatoria falsa enmi libro. Probablemente quien lo coja no le prestará mayor atención,pero a lo mejor se da cuenta de que el libro se editó hace apenas tresmeses y de que igual de breves que son los relatos fue el amor de Anapor Enric…Pensaréis que estoy algo trastornado, pero lo cierto es que este juegosolitario me proporciona muy buenos ratos, ratos en los que la lectura noes el medio ni es el fin, sino que es sólo un pretexto para el mayor placercon el que cuenta el ser humano, un placer para el que los libros, se leano no, pueden ser la excusa perfecta, la excusa para imaginar.

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