GESTOS Y SÍMBOLOS EN LA CELEBRACIÓN        Nuestra liturgia está tachada de verbalista, centrada en exceso en el Libro y l...
SIGNO Y SÍMBOLO       Las celebraciones sacramentales no habría que verlas sólo de la perspectivade “signos”, por muy efic...
contenido, de misterio, de Espíritu cualquier símbolo en el que apoyemos nuestraactitud orante.         Siempre tendremos ...
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GESTOS Y SIMBOLOS EN LAS CELEBRACIONES

  1. 1. GESTOS Y SÍMBOLOS EN LA CELEBRACIÓN Nuestra liturgia está tachada de verbalista, centrada en exceso en el Libro y laPalabra. Lo racional y lo discursivo tienen gran importancia en nuestro culto, pero lovisual y la expresión corporal, bastante menos. Claro que la palabra es el primer signoque empleamos para expresar nuestras ideas, pero eso no basta para una celebraciónque debería afectar a todo el ser humano. La reforma conciliar ha revalorizado la Palabra, con lo que todavía ha adquiridomás relieve. Pero a la vez, y seguramente sin pretenderlo, se ha empobrecido losimbólico, el lenguaje del movimiento y de los signos. Es interesante oír las voces quese han levantado del Tercer mundo protestando contra la excesiva simplificación deelementos simbólicos por parte de la nueva liturgia. Desde África, por ejemplo se hanhecho ver los inconvenientes que para aquella cultura tiene esta liturgia tan fría yesquemática, sin pausas, sin tiempos “perdidos”, sin fiesta, sin movimiento nisímbolos. Y han citado el famoso dicho de Leopoldo Senghor: “los occidentales dicen:pienso, luego existo; nosotros los africanos decimos: danzo, luego existo”. Losjóvenes, por una parte, y la religiosidad popular por otra, son otros factores quemueven a un repensamiento de la dinámica interior de la liturgia; también ellos buscanuna mayor expresividad de los signos y del lenguaje simbólico.EL POR QUÉ DE LOS GESTOS Y SÍMBOLOS EN LA CELEBRACIÓN a) Razón antropológica: El ser humano está hecho de tal manera de todo lorealiza desde su espíritu interior y desde su corporeidad: no sólo alimenta sentimientose ideas en su interior, sino que los expresa exteriormente con palabras, gestos yactitudes. Y no es que el ser humano tenga sentimientos, y luego los expresapedagógicamente, para que los demás se enteren. Sino que se puede decir que esosmismos sentimientos no son del todo humanos, ni completos, hasta que no seexpresan. Hasta que la idea no se hace palabra, no es plenamente realidad humana.Y es que en el fondo del ser humano no es una dualidad “cuerpo y espíritu”, sino unaunidad: es “cuerpo-espíritu” y desde su totalidad se expresa y realiza, con palabras ygestos. Así, en la celebración litúrgica, la alabanza no es plenamente ni humana nicristiana hasta que suena en la voz el canto. b) El simbolismo es una categoría religiosa universal: El ser humano, no sólopara su propia expresión, o para su actividad social, sino también y sobre todo para surelación con la divinidad, se sirve del lenguaje simbólico, expresando y realizando consignos y gestos corporales la comunión religiosa con lo Invisible. La dinámica de lossignos religiosos funciona de muchas maneras: sacrificios, palabras, cantos, objetossagrados, acciones, reverencias, comidas, fiestas, templos... c) Para los cristianos el motivo fundamental de estos signos es el teológico: elmejor modelo de actuación simbólica lo tenemos en el mismo Cristo Jesús. En sumisma persona. El es el lenguaje más expresivo de Dios, que nos quiere mostrar suAlianza, su cercanía y su perdón. Y también es Cristo el lenguaje mejor de lahumanidad en su respuesta a Dios: nuestra alabanza y nuestra fe han quedadoplasmadas en Cristo, cabeza de la nueva humanidad. O como dijo Pablo en susegunda carta a los corintios: Cristo es el “sí” más claro de Dios a los hombres y el “sí”también más concreto de los hombres a Dios. Además Cristo utilizó continuamente el lenguaje de los gestos simbólicos en suactuación salvadora: palabras, acciones, contacto con sus manos, la incisividad de sumirar, los milagros....
  2. 2. SIGNO Y SÍMBOLO Las celebraciones sacramentales no habría que verlas sólo de la perspectivade “signos”, por muy eficaces que se quiera, sino de la “símbolos” o “accionessimbólicas”. El signo, de por sí, apunta a una cosa exterior a sí mismo: el humo indica laexistencia de fuego, y el semáforo verde nos hace saber que ya podemos pasar... Elsigno no “es” lo que significa, sino que nos orienta, de un modo más o menosinformativo, hacia la cosa significada. Es una especie de “mensaje” que designa orepresenta otra realidad. El símbolo es un lenguaje mucho más cargado de connotaciones. No sólo nosinforma, sino que nos hace entrar ya en la dinámica propia. Para felicitar a unapersona en su cumpleaños o en su aniversario de bodas, podríamos emplear sólopalabras. Pero normalmente recurrimos a un lenguaje simbólico: regalos, felicitacionespoéticas, un pastel con velas encendidas, una buena comida. El gesto simbólico dedos novios que se entregan el anillo de bodas no sólo quiere “informar” del amor: esun lenguaje que vale por muchos discursos, y que seguramente contiene más realidadque las palabras y que la vida misma. Los símbolos litúrgicos no sólo informan, catequéticamente, de lo que quierenrepresentar, sino que tienen un papel mediador, comunicante, unificador,transformador, productor. Las palabras y el gesto de la absolución levan a su realidadel encuentro reconciliador entre Dios y el pecador. El comer y beber de la Eucaristía esel lenguaje simbólico y eficaz, de la comunicación que Cristo nos hace de su Cuerpo ysu Sangre, y de la fe con que nosotros le acogemos...DEJEMOS HABLAR A LOS SÍMBOLOS Es lo primero a tener en cuenta. Si el agente de tráfico que yo tuerza a laderecha o izquierda; que me pare o ande de nuevo, lo primero que deberá hacer esdejarse ver. Lograr que sus gestos de brazos, manos y silbato sean vistos -¡bienvistos!- por la gente. Dejemos hablar a nuestros símbolos orantes. Que la luz, luzca en abundancia,en precario o que sea una simple mecha humeante, dependerá de lo que nosotrosqueremos simbolizar; no de nuestro raquitismo o mezquindad. Dejemos hablar a nuestros símbolos. ¡No hablemos nosotros por ellos!. Elsímbolo en la realidad, no habría que explicarse nunca. ¡Ya está bien de esasmoniciones que insisten: “El celebrante hace esto porque...”; “nos vamos a dar elabrazo de paz en señal de que...”; “hemos puesto delante de nosotros este pan pararepresentar que...”. Hacer todo esto es la mejor prueba de que utilizamos símbolosque no significan nada apenas o nada. Cuando damos un beso a un amigo osaludamos estrechando la mano del otro, a nadie se le ocurre explicar: te doy un besoen señal de amistad, etc. Es preciso recordar lo de siempre: que la palabra, el símbolo, el rito, etc., noson sino medios de preparar la llegada o la acción del Espíritu. Sin fe en esa fuerzaque viene de lo alto y que es quien en realidad ora en nosotros, todo puede reducirsea simple decoración teatral. Podemos salir de un encuentro de oración en el que nohaya habido más que simbolismo y ritualismo. Esto es, puro teatro. En nuestro convivirsocial estamos cansados de saludos hueros, sonrisitas ficticias, invitaciones y visitasde puro compromiso, duelos con lágrimas de cocodrilo... Total: urge llenar de 2
  3. 3. contenido, de misterio, de Espíritu cualquier símbolo en el que apoyemos nuestraactitud orante. Siempre tendremos que partir de esta pregunta: ¿Qué pretendemos con lautilización de éste o aquél símbolo o conjunto de símbolos dentro del marco de nuestromomento orante?. ¿Orar única y exclusivamente a partir del símbolo?. Utilicemos los símbolos con sentido de adaptación: a la verdad celebrada; a laspersonas concurrentes; al conjunto o al momento de querer potenciar; al espacio enque uno se desenvuelve y al estado emocional de las personas. Tengamos también un notable sentido de cercanía respecto del símbolo. No hade estar ni lejano ni confuso. Al contrario, muy cercano y libre de toda interferencia. Y,si es posible, pegado a la empatía personal de los orantes. El sentido coyuntural lo ha tener en cuenta siempre todo símbolo. Cadamomento, cada circunstancia parece que está siempre exigiendo unas apoyaturasmuy concretas. Los símbolos son una de ellas. tener tacto para elegir uno u otro espotenciar o interferir la oración que pretendemos. 3

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