Introducción
El libro del profeta llorón
J
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de se...
6 • El Dios de Jeremías
mis ojos en lágrimas, porque el rebaño de Jehová fue hecho cautivo» (13: 17).
Y por la misma razón...
Introducción: El libro del profeta llorón • 7
mensajes. Jeremías fue testigo ocular de la destrucción final de su amada ci...
8 • El Dios de Jeremías
La cuestión central en la gran controversia cósmica, que ruge en el libro de
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Libro complementario | Introducción | El libro del profeta llorón | Escuela Sabática | Jeremías

  1. 1. Introducción El libro del profeta llorón J eremías ha sido tradidonalmente calificado como «el profeta llorón». Pue­ de ser que alguien piense que el dicho profeta no merece tal calificativo; sin embargo, veremos que el mismo profeta nos provee razones que lo justifican. «El profeta llorón» Jeremías era tierno de corazón, sensible por naturaleza y de un tempera­ mento profundamente emotivo. Es conocido como «el profeta llorón» porque repetidamente lloró por causa de los pecados del pueblo de Israel, por causa de la amenaza de condenación que se cernía sobre su amada nación, y debido al duro trato recibido por él de parte de sus líderes; todo esto sumado a la incom­ prensión de parte de sus propios parientes. El conflicto entre sus sentimientos personales y los severos mensajes de reprensión y de advertencia que se le man­ dó transmitir, le causaron gran angustia personal; tanta, que quiso librarse de la tarea. Pero no pudo (Jer. 20: 7-9). Lloró al anticipar la triste suerte que le esperaba a su querido pueblo, y ex­ clamó: «¡Mis entrañas, mis entrañas! Me duelen las fibras de mi corazón» (Jer. 4: 19). Y en otro momento de solemne importancia expresó el lamento, «¡Ay, si mi cabeza se hiciera agua y mis ojos fuentes de lágrimas, para llorar día y noche a los muertos de la hija de mi pueblo!» (9: 1). Profundamente dolido porque su pueblo no quería oír el mensaje de Dios, se decía: «En secreto llora­ rá mi alma a causa de vuestra soberbia; y llorando amargamente, se desharán
  2. 2. 6 • El Dios de Jeremías mis ojos en lágrimas, porque el rebaño de Jehová fue hecho cautivo» (13: 17). Y por la misma razón este fiel mensajero divino añade, «derramen mis ojos lágrimas noche y día, y no cesen» (14: 17). Patéticamente le clama al Señor: «Tú comprendes, Señor; ¡acuérdate de mí y cuídame! . . . No he formado parte de grupos libertinos, ni me he divertido con ellos; he vivido solo porque tú estás conmigo . . . ¿Por qué no cesa mi do­ lor? ¿Por qué es incurable mi herida? ¿Por qué se resiste a sanar?» (Jer. 15: 15- 18, NVI). En Jeremías tenemos a un profeta muy humano. Podríamos decir que el mensaje de su libro fue predicado con sollozos y escrito con lágrimas. Jeremías lloró la muerte de Josías, último buen rey de Judá, y compuso en honor a él un canto fúnebre al que todos los cantores de la nación aludían en sus interpretaciones luctuosas. Estos cantos, que se hicieron populares en Is­ rael, forman parte de su otro libro, Lamentaciones (2 Crón. 35: 25). Pero no debemos confundir una cosa con otra, porque a pesar de sus sentimientos sen­ sibles y tiernos, Jeremías, fortalecido por su Dios, cuyo carácter él reflejaba, era fuerte cuando de ser fiel a su misión se trataba. Autoridades tanto civiles como religiosas trataron, sin éxito, de intimidarlo en muchas ocasiones, e intentaron matarlo. Por ejemplo, el rey Joacim fue un gobernante duro y malvado que trató de deshacerse del profeta, y al no poder lograrlo intentó comprar su silen­ cio. No lo logró, porque Jeremías era insobornable. Jeremías se opuso a este monarca de voluntad fuerte durante todo su reinado y, finalmente, le predijo una muerte violenta (Jer. 22: 13-19). El hombre y su tiempo A Jeremías, uno de los más grandes profetas de Israel, le correspondió vivir el que fue tal vez el período más crítico del pueblo de Dios en los tiempos del Antiguo Testamento, el del sitio y destrucción de Jemsalén, la ciudad amada, y del exilio subsiguiente. Debido al énfasis autobiográfico de su profería escrita, rica en alusiones a su propia vida, es posible entender mucho más acerca de las características personales, fortalezas y debilidades de su autor, que de cualquier otro profeta hebreo. La de Jeremías fue una época muy agitada durante la cual Judá fue invadida y Jemsalén fue sitiada en repetidas ocasiones; algunos de sus reyes fueron des­ tronados y ejecutados; la ciudad santa fue saqueada y quemada; el Templo fue destruido; la monarquía fue finalmente abolida; la mayoría de la población fue llevada cautiva a Babilonia, y Gedalías, un hijo del pueblo, fue puesto por go­ bernador de los pocos judíos que quedaron en la tierra hasta que fanáticos ju­ díos lo asesinaron y luego, temiendo represalias de los Caldeos, huyeron a Egipto. Tales fueron los tiempos turbulentos en los que Jeremías entregó sus
  3. 3. Introducción: El libro del profeta llorón • 7 mensajes. Jeremías fue testigo ocular de la destrucción final de su amada ciu­ dad en el 587/586 a. C. y murió probablemente unos pocos años más tarde. Según la tradición, murió en Dafne, Egipto, apedreado por sus propios compa­ triotas. El libro El libro de Jeremías es diferente a los libros actuales que muestran un desa­ rrollo lógico, progresivo, y hasta secuencial en el tiempo, evidenciando un cu­ brimiento sistemático. Si leyéramos a Jeremías con esta expectativa quedaría­ mos desilusionados. No es un libro moderno y no debe ser evaluado con los mismos patrones. Se ha dicho que de todos los libros proféticos este es el más complejo en estructura.1Sus mensajes no están presentados en orden cronoló­ gico y no todos han sido fechados con exactitud. Su famoso Sermón del Tem­ plo (7: 1-8: 3; 26: 1-24), es el primer incidente fechable del libro.2 El libro de Jeremías es un documento muy antiguo3 al que algunos han preferido llamar una antología, o compilación, por su amplia variedad de ma­ teriales. Contiene una combinación de oráculos proféticos (proclamaciones), sermones, anuncios y apelaciones mezcladas con narraciones históricas y poe­ mas biográficos como marco de fondo. Contiene los mensajes transmitidos por el profeta antes y durante los primeros viajes Babilónicos de conquista, desde alrededor del año 626 a. C. hasta algún tiempo después del 586 a. C. El libro nos cuenta no solo la historia del pueblo de Dios en los días de Jeremías, sino también sus luchas y agonías personales a lo largo de su ministerio profé- tico. Los eventos en el libro, relacionados con el ministerio profético de su autor, abarcan los gobiernos de los últimos cinco reyes de Judá y los primeros años de su cautiverio. Y para los acontecimientos acaecidos en el reino del sur después de la destrucción de Jemsalén, dependemos casi exclusivamente de las narra­ ciones de los capítulos 40 al 45. Las palabras de cierre del capítulo 51, «Hasta aquí son las palabras de Jeremías,» implican que el capítulo final del libro (el 52), fue añadido como un apéndice y redactado por otro escritor, posiblemen­ te su secretario Baruc. El libro de Jeremías nos enseña que el conocimiento de Dios no es mera­ mente un ejercicio intelectual. Es, más bien, escuchar su palabra y obedecerla, entender su voluntad y ponerla por obra; eso es seguir «el camino de Jehová» (Jer. 4: 22; 5: 4; 8: 7). Jeremías aprendió a confiar en su Dios y fue un hombre de fe extraordinaria y, sobre todo, de oración. Pero el libro que el lector sostie­ ne actualmente en sus manos no es, primariamente, acerca de Jeremías. Es acerca del Dios de Jeremías.
  4. 4. 8 • El Dios de Jeremías La cuestión central en la gran controversia cósmica, que ruge en el libro de Jeremías con toda su fuerza, y que nos concierne a todos, tiene que ver con el carácter de Dios: ¿Quién es él? ¿Es como Satanás lo ha presentado o como dice la Biblia? Nuestra mayor necesidad es conocerlo. Tal conocimiento es vida eter­ na (Juan 17:3). Y si algún conocimiento es digno de procurarse, es ese conoci­ miento (Jer. 9:23-24). Por lo tanto, conozcamos al Dios de Jeremías. El diseño del presente libro Querido lector, este libro acompañante ha sido escrito para ayudarlo en su estudio personal de la Guía de Estudio de la Escuela Sabática. A fin de facilitar­ le su uso, cada capítulo está dividido en temas que corresponden con los temas de la lección de cada semana usando títulos muy similares a los mismos. Aun­ que le animamos a leer todo el libro, con este arreglo podrá ubicar fácilmente el tema particular acerca del cual, en un momento dado, usted quiera hallar algo de información complementaria. Que el Dios de Jeremías le guíe a cono­ cerlo mejor.*123 Referencias 1. S. K. Soderiund, «Jeremiah, Book of,» The International Standard Bible Encyclopedia [ISBE], 4 vols., fully revised (1988), 2: 987-988. 2. The Andrews University Bible [AUB] (Berrien Springs, Michigan: Andrews University Press, 2010), 943. 3. Ei texto de Jeremías ha sido preservado en dos formas diferentes: (1) La versión Jiebrea o Texto Masorético y (2) la Septuaginta (LXX) o Versión de los Setenta, que es la traducción al griego del Antiguo Testamento hebreo. Aunque existen diferencias entre las dos versiones, principalmen­ te en su extensión y arreglo, su mensaje esencial es el mismo.

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