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Etapas de RENE SPITZ. 
Elaboró un sistema del desarrollo sobre la observación directa en los niños con sus madres. 
Explica el desarrollo en términos de relación objetal. Considera la relación entre madre e hijo 
porque es el catalizador que permite a la libido ser fijada en las distintas zonas erógenas. 
Pre-objetal (o – 3 meses): 
ETAPA SIN OBJETO 
Spitz ha llamado esta etapa, la primera etapa pre-objetal o sin objeto. Comienza desde el 
nacimiento y termina cuando aparece el primer organizador que es la sonrisa. La etapa sin 
objeto coincide más o menos con la del narcicismo primario, ya que la percepción, la actividad y las 
funciones de un recién nacido no están lo suficientemente organizadas, sino sólo estas zonas que 
son indispensables para la supervivencia, como el metabolismo, la absorción de lo nutricio, las 
funciones respiratorias, etc. Son funciones esenciales en el niño. 
En este etapa el recién nacido no sabe distinguir una “cosa” de otra; no puede distinguir una cosa 
(externa) de su propio cuerpo y no experimenta algo separado de él. Por ello también percibe el 
pecho para satisfacer sus necesidades y proveer sus alimentos que los percibe, como una parte de 
sí mismo. 
Una multitud de observaciones, las nuestras entre ellas, confirman que el aparato perceptor del 
recién nacido se halla escudado del mundo exterior mediante una barrera contra los estímulos. 
Esta barrera protege al infante durante las primeras semanas de la percepción de los estímulos del 
medio ambiente. Durante este período, toda percepción marcha a través de los sistemas 
interoceptivo y propioceptivo. 
Ahora bien, la excitación negativa del recién nacido es una respuesta a una estimulación excesiva, 
debe ser considerada como un proceso de descarga. Siendo así un proceso puramente fisiológico. 
Por ejemplo la ley de nirvana, que dice que la excitación se mantiene a un nivel constante y 
cualquier tensión que exceda este nivel ha de ser descargado sin demora. Pasando el tiempo este 
proceso fisiológico se desarrollará con el tiempo. Y una vez establecido esto, la función psicológica 
se regirá por la ley del principio del placer y el displacer, hasta que este será reemplazado por el 
principio de realidad. 
Objeto precursor (3 – 7 meses): 
PRECURSOR DEL OBJETO 
Es el comienzo de la segunda etapa, esta comienza con la sonrisa, este objeto precursor es el 
rostro humano, se le llama precursor por que el niño no reconoce el rostro determinado de 
una persona, si no le llama la atención las figuras, contornos que resaltan del rostro, como lo es la 
nariz, boca, ojos, etc. ahora la sonrisa es la primera manifestación activa, dirigida e intencional, y 
esta desde ahora tiene un papel muy importante en la vida del niño. 
En el tercer mes de vida el niño responde al rostro sonriendo, si se cumplen algunas condiciones, 
estas serían que el rostro se mueva de frente, de modo que resalten las cosas que le llamen la 
atención (ojos, boca, etc.) y que este cuente con una movilidad. 
Contando con 2 meses de edad, los niños no sonríen con certeza a nadie ni a nada, pueden 
incluso alcanzar el 6to. Mes, y seguirán reservándose su respuesta sonriente sólo para la madre y 
conocidos, en pocas palabras para los objetos de amor, para el niño, y no suelen sonreír a los 
desconocidos. 
Ahora, en el 3er.mes de vida, su reconocimiento para los demás, no indica una verdadera 
relación de objeto. Quiere decir que no perciben a ninguna persona o un objeto (lo libidinal), sino 
sólo un signo. Lo que forma este signo, es una parte privilegiada de él. Lo que se reconoce durante 
esta etapa preobjetal, son puros atributos secundarios, externos y no esenciales. 
La Gestalt signo, que el niño reconoce a la edad de 3 meses, lo indica para surgir esta respuesta 
sonriente, es una transición desde la percepción de “cosas” y también de preobjeto, por haber sido 
dotado de cualidades esenciales en el intercambio mutuo entre la madre y el hijo. En este 
intercambio, el objeto es investido con catexia libidinal, esto quiere decir que al objeto libidinal lo 
distingue de otras “cosas”. 
Objeto real ( 8 – 12 meses): 
ETAPA DEL OBJETO REAL
El llanto ante extraños indica que el niño ya distingue a la madre de otras personas. Sabe que la 
madre es quien lo cuida, lo protege de los demás, le da alimento, y lo ama. Y es por eso que 
cuando está la madre surge el temor de la angustia, de perderla. El segundo organizador sería la 
angustia y este es la diferencia entre libidinal y actividad agresiva. 
La actividad agresiva seria una función psíquica recién adquirida a consecuencia de la maduración 
nerviosa progresiva. El bebe, empieza a darse cuenta que esa persona que lo cuida y lo protege, 
se ausenta por períodos, y provoca que el niño se angustie y cree el niño que esa angustia que 
sintió la madre la percibe como una agresión que le causó daño. En este segundo organizador, 
el niño no solo percibe y reconoce personas sino que también objetos inanimados. 
El logro más grande que se produce aquí, es la capacidad de la comunicación. La transmisión 
directa de mensajes corporales que se convierten en palabras. 
Y con el habla culmina la relación objetal, que termina por los 9 meses, cuando inicia el 3er. 
Organizador, que es, el NO. con el fin de proteger al niño, la madre debe de acceder a poner 
límites hacia el niño, y diciendo verbalmente un no el niño debe de obedecer, aunque en un 
principio le sea sumamente difícil. Esta negación viene significando la capacidad de juicio. 
Logra la aceptación de este NO, cuando aprende la imitación. 
El autor considera tres Organizadores: 
Sonrisa (a partir del 3er. Mes) 
Angustia ( a partir del 8vo. Mes) 
El no (en el habla) a partir del 8vo o 9no mes
El papel del afecto en la relación madre e hijo 
El hecho de tener un hijo, hace que la mujer cree un clima emocional , en la relación madre e hijo, 
favorable en todos los aspectos al desarrollo del niño. Lo que crea ese clima son los 
sentimientos de la madre hacia el hijo, y el niño responde a este afecto afectivamente. Esto 
es esencial en la infancia, pues a esa edad los afectos son de una importancia muchísimo mayor 
que en cualquier otra época de la vida. Durante estos primeros meses, la percepción afectiva y los 
afectos predominan en la experiencia infantil. El sensorium, el aparato perceptivo, sensorialmente 
discriminativo, aún no está desarrollado. Por eso la actitud emocional de la madre , su afecto 
servirá de orientación a los afectos del infante y conferirá a la experiencia de ésta la calidad de 
vida. 
La personalidad del infante absorbe los patrones cambiantes en la personalidad de la madre en un 
proceso en circuito, influyendo la gama de los afectos maternales con su conductas y sus 
actitudes. De acuerdo con la personalidad de la madre, puede haber una diferencia, respecto a que 
el niño sea precoz o retrasado, etc. 
Un ejemplo de esto es la respuesta sonriente, que aparece como promedio en el tercer mes de 
vida. En las variaciones influirá decisivamente el clima emocional de la relación madre e hijo. 
Las diferencias en la actitud del bebé modelarán las relaciones diádicas. Así también los 
problemas de la madre repercutirán en la conducta del niño, llevando en determinadas 
condiciones, un conflicto creciente. 
Por otro lado, la madre no es el único ser humano que se encuentra en el medio circundante al 
infante, ya que ese medio circundante comprende al padre, a los hermanos de otros partos, a los 
parientes y demás, y todos pueden tener una significación activa para en infante. Hasta el marco 
cultural con sus costumbres ejerce una influencia sobre el pequeño. Estas influencias son 
transmitidas al infante por conducto de la madre. 
En la relación madre e hijo, la madre es la que representa el medio para el infante. 
En esta relación, los factores de importancia son: la madre, con su individualidad estructurada y 
madura; y el hijo, cuya individualidad va a irse desplegando progresivamente, desarrollando y 
estableciéndose; los dos factores están entre sí en una relación mutua y circular de conducta. 
Consecuencias y significación del establecimiento del preobjeto. 
a) Esta es la etapa en que el niño se vuelve desde la recepción del estímulo venido desde dentro, 
hacia la percepción del estímulo venido desde fuera. 
b) Se establece la capacidad de suspender incondicionalmente el funcionamiento del principio de 
placer, empezando a funcionar el principio de la realidad. 
c) En el aparato psíquico se ha producido una división. 
d) El reconocimiento de la Gestalt signo implica un cambio catéxico desde la representación 
sensorial del precepto al rastro mnémico comparable de dicho precepto. 
e) La capacidad de desviar las catexias de un rastro mnémico u otro. Comparando: “lo que se ha 
depositado dentro, como una imagen, con lo que es percibido afuera”. 
f) Se puede decir que se ha producido una estructuración dentro de la somatopsique. El yo y el 
ello se han separado el uno del otro y dicho yo rudimentario comienza a funcionar. 
El surgimiento del organizador primero y sus consecuencias. 
Existen ciertos períodos críticos durante los cuales las corrientes del desarrollo se integrarán unas 
con otras en varios sectores de la personalidad, así como con las funciones y capacidades 
emergentes que resultan de los procesos de maduración. El producto de esta acción integradora 
es una reestructuración del sistema psíquico en un nivel de complejidad superior. Dicha integración 
es un proceso delicado y vulnerable, que, de tener éxito, lleva a un “organizador” de la psique . 
Se han descripto, los signos visibles del establecimiento de uno de los organizadores; su indicador 
es la aparición de la respuesta sonriente de reciprocidad. La respuesta sonriente es el síntoma 
visible de la convergencia de diversas corrientes del desarrollo dentro del aparato psíquico. El 
establecimiento de la respuesta sonriente indica que esas tendencias han quedado ahora
integradas, organizadas y de que ahora en adelante actuarán como una unidad separada dent ro 
del sistema psíquico. El surgir de la respuesta sonriente una nueva era en el modo de vida del 
infante. Este punto crítico se hace visible con toda claridad en la conducta del infante. 
Estos puntos críticos, estos organizadores de la psique tienen una importancia extraordinaria 
para el progreso ordenado y sin obstáculos del desarrollo infantil. Si el niño establece y 
consolida con éxito un organizador, en el nivel apropiado, puede proseguir su desarrollo en la 
dirección del organizador siguiente. 
No obstante, cuando la consolidación del organizador se desvía, el desarrollo se detiene. Los 
sistemas psíquicos que deberían haberse integrado, mediante interacciones con el medio, 
permanecerán en el nivel inicial, menos diferenciados del desarrollo, previo al establecimiento del 
organizador. 
Por eso una perturbación en el despliegue de la personalidad del infante será seguido de una 
alteración en el equilibrio entre las fuerzas del desarrollo y aquellas que han suscitado la 
maduración. Este tipo de desequilibrio está, en gran medida, limitado a los primeros años de vida y 
se suscita frecuentemente en ellos. Con los avances de la edad, decrece su ocurrencia, 
desapareciendo por completo tras la pubertad. 
El papel del yo. 
Otra razón para la plasticidad de la personalidad del infante, durante el primer año de vida, es la 
falta de una estructura psíquica bien establecida y diferenciada. La teoría psicoanalítica afirma 
que el yo es esa esfera de la psique que media entre las relaciones con el interior y el 
exterior. 
El recién nacido, sin embargo, no tiene yo. No puede contender con los estímulos que llegan. 
Pero cuando los estímulos que vienen son lo suficientemente fuertes, se produce una irrupción de 
ellos, que puede modificar la personalidad del infante. 
En el transcurso del desarrollo ulterior, los estímulos que vienen de fuera empiezan ahora a 
modificar esta organización rudimentaria de la personalidad. El yo contenderá con los estímulos 
que lleguen y los dominará. 
Intercambios activos en la diada hijo y madre. 
Se producen en el infante acciones y respuestas suscitadas por la madre, considerando a la madre 
como un estímulo siempre cambiante. La existencia de la madre, actúa como un estímulo para las 
respuestas del infante, su acción más pequeña, hasta aquellas que no estén relacionadas con el 
pequeño, actúa como estímulo. Durante el primer año de vida, las experiencias y las acciones 
intencionales ejercen una influencia más importante en el desarrollo de los diversos sectores de la 
personalidad del infante. 
Aquellos actos del infante que agradan a la madre son favorecidos por ella; y de eso se sigue que 
sus preferencias tendrán una influencia directa sobre el desarrollo. Las facilidades en más amplia 
medida para las acciones del infante no se las proporcionan los actos conscientes de la madre, 
sino más bien las actitudes inconscientes de ella. 
Estas actitudes provienen de dos orígenes diferentes. Uno de estos es “el sector de controles”. 
Este sector muestra una estrecha afinidad con las demandas del superyo de la madre. El 
otro sector expresa ampliamente las aspiraciones del ideal del yo de la madre. El sector de los 
controles, como su nombre los indica, es una influencia restringente; en tanto que el sector de las 
facilidades es liberación, aliento, fuerza progresiva. Los controles, así como las facilidades, 
proporcionadas al niño desde el exterior, le capacitarán para desarrollar y establecer sus propios 
controles, algunos de los cuales llevan a mecanismos de defensa. Los controles y los mecanismos 
de defensa desarrollados por el niño son indispensables para que el niño se convierta en un ser 
social. 
A su vez, para la madre el ser testigo y el excusar la conducta infantil es una reactivación de todas 
las fantasías culpables y al mismo tiempo deleitables que ella tuvo que domeñar. 
La comunicación en el interior de la diada madre e infante.
Los afectos, la percepción y la comunicación. 
Las señales afectivas generadas por la disposición de ánimo maternal se convierten en una forma 
de comunicación con el infante. Esos intercambios entre la madre y el niño prosiguen 
ininterrumpidamente, sin que la madre necesariamente se percate de ellos. Tal modo de 
comunicación entre madre e hijo ejerce una presión constante que conforma la psique infantil. 
El papel de los hechos traumáticos en el desarrollo de la personalidad es en realidad pequeño. Lo 
que vemos son los resultados acumulativos de experiencias y los estímulos reiterados, de las 
secuencias de respuestas repetidas sin cesar. El mismo principio de acumulación es válido para la 
etiología de una neurosis posible después. Los eventos traumáticos aislados rara vez desempeñan 
un papel decisivo en la provocación de la neurosis. En la neurosis es el efecto de las experiencias 
acumulativas el causante del resultado patológico. 
Consciente o inconscientemente, cada uno de los miembros de la pareja madre e hijo, perciben en 
afecto del otro y a su vez responde con afecto, en un intercambio constante afectivo y recíproco. 
Es de un interés especial que el despliegue de la percepción afectiva y los intercambios afectivos 
preceden a todas las demás funciones psíquicas; estas se irán desarrollando subsecuentemente 
sobre los cimientos proporcionados por los intercambios afectivos. Los afectos parecen seguir 
sirviendo de guía al resto del desarrollo, al menos hasta el resto del primer año de vida. 
El establecimiento del precursor del objeto libidinal inicia también el comienzo de la relacionalidad 
de las “cosas”. Después de que el infante se halla vuelto capaz de percibir y de responder al rostro 
humano, necesitará todavía otros dos meses para lograr reconocer el biberón, que sin duda es ña 
“cosa” más familiar. 
La historia natural de los afectos no placenteros y su dinámica. 
Los afectos placenteros surgen en el transcurso de los primeros tres meses de vida, siendo la 
respuesta sonriente su manifestación más notable. Las manifestaciones de displacer siguen un 
rumbo estrechamente paralelo; se vuelven más y más específicas en el curso de los primeros tres 
meses de vida. Al comienzo del cuarto, el niño expresa su desagrado al abandonarle su pareja 
humana. Pero así como el infante de esa edad no sonreirá a nada que no sea un rostro humano, 
tampoco mostrará desagrado cuando le quitemos un juguete suyo; llora solo cuando su compañero 
de juego interrumpe este y lo abandona. 
Alrededor del ,sexto mes, la especificación de la respuesta sonriente y de la respuesta de 
desagrado de hacen más señaladas y se extienden a un número creciente de estímulos, 
incluyendo aquellos conectados con “cosas”. 
La respuesta sonriente es el indicador afectivo de la satisfacción que se espera de la necesidad; el 
indicador de una descarga de tensión. El lloro cuando su pareja se va es el indicador afectivo de 
una elevación de tensión en la expectativa. Estas dos experiencias, la del placer y la del displacer, 
son las dos experiencias afectivas principales de la primera infancia. Estas representan la aparición 
del preobjeto, que precede a la satisfacción y a la respuesta sonriente que le sigue; la otra es la 
separación de su pareja, iniciando frustraciones expresadas por el llanto. 
El papel de la frustración en la educación y el desarrollo. 
El hecho de privar al infante del afecto de dispalcer, durante el transcurso del primer año de vida, 
es tan dañino como privarle del afecto de placer. El papel de ambos es de igual importancia en la 
formación del aparato psíquico y de la personalidad. Dejar inactivo a cualquiera de estos afectos 
trastornará el equilibrio del desarrollo. Esta es la razón de que lleve a resultados tan deplorables 
educar a los niños de acuerdo con la doctrina de un consentimiento incondicional. La importancia 
de la frustración para el progreso del desarrollo no puede ser sobrestimada. 
La frustración es el catalizador más potente de la evolución con que cuenta la naturaleza. En la 
crianza de los niños en la actualidad se evitan al infante esas frustraciones que hacen que los 
padres se sientan culpables. En realidad lo que les preocupa no es tanto la conducta del pequeño 
como su deseo de evitar sentimientos de culpabilidad, conscientes o inconscientes.
El establecimiento del objeto libidinal. 
La angustia del octavo mes. 
Entre el sexto y el octavo mes se produce un cambio decisivo en la conducta del niño hacia los 
otros. Ya no responderá el bebé con una sonrisa cuando un visitante casual se detenga junto a su 
camita y le sonría moviendo la cabeza. Para esa edad la capacidad para la diferenciación 
perceptiva diacrítica está ya bien desarrollada. Ahora el infante distingue claramente entre el amigo 
y el extraño. 
En la etapa de la ansiedad del octavo mes, si el niño reacciona al enfrentarse con un desconocido, 
es porque este no es su madre: su madre “le ha dejado”. 
Esto contrasta con el niño de tres meses, para el cual el rostro humano es lo mismo que otro, pues 
representa la satisfacción de la necesidad. No obstante, cuando el desconocido se acerca al niño 
de ocho meses, este se siente burlado, en su deseo de tener a su madre con él. La angustia que 
manifiesta no es la respuesta al recuerdo de una experiencia desagradable con el desconocido; es 
en respuesta a su percepción de que el rostro del desconocido no coincide con las huellas 
mnémicas del rostro de la madre. 
Como la respuesta sonriente a la edad de tres meses, la angustia del octavo mes, señala una 
etapa diferente en el desarrollo de la organización psíquica. 
En el octavo mes se ha establecido el objeto libidinal. Antes de esto, apenas se podía hablar de 
amor, pues este no existe hasta que el amado puede ser distinguido de los demás. 
El segundo organizador. 
La angustia del octavo mes, indica la emergencia en la psique de un segundo organizador. 
Esto significa también que uno de los períodos críticos queda situado aproximadamente en el 
octavo mes de vida. Lo que señala una nueva etapa en el desarrollo infantil, en el curso del cual, 
tanto la personalidad del niño como su conducta, sufrirán un cambio radical. 
Ahora, tanto la forma en que se expresa el desagrado, como la percepción y reconocimiento del 
estímulo que provoca el displacer se hacen aún más específicos. El displacer adopta la forma de la 
angustia específica, cuando se acerca al pequeño un desconocido. Este desagrado específico es 
originado por el temor del niño a haber perdido a su madre (el objeto libidinal). 
Dos pasos principales que llevan a la constitución del objeto libidinal: 
1. El establecimiento de la representación del rostro humano en el sistema mnémico como un 
incentivo, nos informa del surgimiento del precursor del objeto; 
2. Tres o cuatro meses después, en el octavo mes aparece la angustia. Esta indica que el niño 
diferencia el semblante de la madre y le adjudica un lugar único entre todos los demás rostros 
humanos. 
Esto es lo que indica el establecimiento del “objeto” libidinal propiamente dicho. 
El papel y la evolución de los impulsos instintuales. 
Los impulsos libidinal y agresivos participan en igual medida en la formación de las relaciones de 
objeto. Al nacer, los impulsos no están todavía diferenciados entre sí; se diferencian a través de un 
proceso de desarrollo gradual. 
Los impulsos libidinales y agresivos se diferencian entre sí en el transcurso de los tres primeros 
meses de vida como resultado de los intercambios que se efectúan entre la madre y el hijo. 
En los meses siguientes, el desarrollo avanza paso a paso, desde la etapa preobjetual a la etapa 
de las verdaderas relaciones de objeto. 
El tercer organizador de la psique
Unas de las más importantes transformaciones que se inician con el advenimiento del segundo 
organizador es la comprensión progresiva por el niño de las prohibiciones y la emergencia de los 
primeros indicios de los fenómenos de identificación. 
El dominio del “no” es un logro de consecuencias trascendentales para el desarrollo mental y 
emocional del niño; presupone haber adquirido la capacidad primera para el juicio y la negación. La 
adquisición del signo de negación y de la palabra “no” debe ser considerada como el indicador 
tangible de la formación del tercer organizador. 
El “no”, con el gesto y la palabra, es la expresión semántica de la negación y del juicio; al mismo 
tiempo es la primera abstracción realizada por el niño, el primer concepto abstracto en el sentido 
de la mentalidad adulta. 
Poco después del comienzo del segundo año, el niño expresa la negación moviendo la cabeza. Así 
comunica al medio el rechazo mediante un signo semántico.
El primer año de vida del niño. 
Da cuenta del intercambio emocional y vivencial entre madre e hijo. Reflexiona acerca de la forma 
en que esta relación, desde sus inicios, garantiza la supervivencia del infante y el desarrollo 
somático y psíquico de su personalidad. 
La principal cuestión planteada, es el desarrollo de esta relación tan fundamental para el ser 
humaño. El niño, durante el primer año de vida se esfuerza en sobrevivir y en elaborar 
formas de adaptación al medio. Todo aquello de lo que carece de pequeño, lo proporciona la 
madre quien atiende de manera complementaria todas sus necesidades, y el resultado de este 
cuidado y esta relación es una diada, principal herramienta para la supervivencia y la adaptación al 
medio. 
Enfatiza la necesidad de determinar y definir aquello por lo cual la relación se hace posible: objeto 
libidinal, al que Freud se refirió como “El objeto de un instinto, es aquello en relación a lo cual o a 
través de lo cuál el instinto es capaz de lograr su finalidad...” (1915, citado en Spitz, pág. 24). 
El objeto libidinal no permanece en las mismas coordenadas de tiempo y espacio, sino que es 
cambiante, no es nunca constante ni idéntico a sí mismo. La característica principal que lo hace ser 
tan importante consiste en que puede ser descrito en términos de estructura y dirección de los 
impulsos instintivos que van hacia él. Las relaciones de objeto son entre sujeto y objeto. Neonato, 
quien se haya (durante los primeros meses de vida) en un estado de indiferenciación por lo que no 
existe en él el funcionamiento psíquico esperado en todo ser humaño. Esta idea desemboca en 
que el neonato es incapaz de definir al objeto y mucho menos establecer una relación de objeto 
con el mismo. Ambas cosas lograrán un desarrollo progresivo, en el transcurso del primer 
año de vida. Es por esto que SPITZ, distingue tres etapas para este desarrollo: 
La etapa sin objeto (etapa preobjetal o anobjetal) 
El precursor del objeto 
El establecimiento del objeto libidinal 
La etapa sin objeto (etapa preobjetal o anobjetal). 
Menciona, como primera etapa de desarrollo de esta vital relación, la etapa sin objeto (etapa 
preobjetal o añobjetal), que coincide con la etapa del narcisismo primario del infante. Se 
refiere a ella como una etapa de no diferenciación, ya que la percepción, las actividades y las 
funciones del recién nacido no están del todo organizadas en unidades, salvo aquellas actividades 
y zonas relacionadas con la tarea de nutrición, la circulación, la función respiratoria y otras 
funciones vitales. 
La base para el entendimiento de esta fase es el hecho de que el infante es incapaz de distinguir 
una cosa de otra, ni de distinguir los aspectos externos de su propio cuerpo y no vivencia el mundo 
que lo rodea como algo que se encuentra separado de él. Incluso el recién nacido en sí no se 
encuentra diferenciado ni organizado. 
Durante los primeros días de nacido, incluso el primer mes, no existe para el infante el mundo 
exterior, es como si su aparato perceptor se protegiera con una barrera sumamente fuerte que le 
impidiera todo contacto con la realidad circundante. Durante este periodo, las experiencias 
infantiles se determinan por medio del sistema interoceptivo o propioceptivo, las respuestas que 
logra demostrar se refieren únicamente a la satisfacción de sus necesidades. En este punto 
quisiera hacer mención de la discrepancia que refiere el autor acerca de las teorías que pretenden 
una idea de percepción del bebé in útero, al igual que durante el parto. Para Spitz no existe 
tal cosa del “trauma del parto” ya que al nacer el bebé no tiene conciencia por lo que el 
momento del nacer no tiene en el infante un contenido psíquico. 
El autor enfatiza el hecho de que un estado de displacer que puede llegar a observarse en el 
niño al nacer dura prácticamente segundos; si se le deja en paz, todo esto desaparece solo, sin 
ayuda. La excitación negativa del recién nacido, debe considerarse únicamente a modo de 
descarga, este proceso es fisiológico y se rige por el principio de Nirvana según el cual la
excitación corporal se mantiene en un nivel constante, cualquier estímulo que exceda esta 
excitación buscará la descarga sin demora. Sin embargo no se hablará en esta etapa de una 
función psicológica que permita al infante la conciencia de lo que está pasando. Esta función 
psicológica se desarrollará a su debido tiempo y se regirá por la ley del principio del placer y 
displacer, que será, a su vez, sustituido (aunque nunca por completo) por el principio de realidad. 
Plantea una pregunta referente al modo en que el neonato percibe los estímulos del exterior que 
se requieren para que capte algo. El neonato no tiene imagen alguna del mundo exterior, ni 
estímulos de ninguna modalidad sensorial que le permitan reconocer señales, por lo tanto, se 
afirma que los estímulos que llegan a “chocar” con el aparato sensorial del infante son totalmente 
ajenos en todas las modalidades de sensación, cada estímulo para ser percibido como tal, debe 
ser transformado primeramente en una experiencia significativa, y solo entonces se podrán 
convertir en una señal que creará a futuro el mundo externo para el bebé. 
Qué condiciones capacitan al infante para lograr esta señal? 
1) Barrera contra los estímulos que lo protegerá de todos aquellos a los que estamos expuestos a 
diario. Esta barrera, por una parte hace referencia a que las funciones receptoras del infante no 
están desarrolladas al nacer, y por otra parte el estado de vigilia del recién nacido se encuentra 
totalmente reducido a los momentos en que este se despierta en demanda de su alimento 
únicamente (La mayor parte del tiempo lo pasa durmiendo o adormilado). Para que comience a 
detectar todos los estímulos que le llegan, deberá pasar por un desarrollo de esta función. 
2) El proceso de dar significado a los estímulos también es resultado de un desarrollo. 
3) También hay que tomar en cuenta la protección de la madre contra el exceso de estímulos de 
cualquier clase (la cama protegida por los lados, la tibieza que procura al ambiente del niño, etc.). 
4) Por otro lado es importante mencionar la tarea de la madre que también ayuda al niño a tratar 
con los estímulos internos, proporcionándole las herramientas necesarias para aliviar la tensión 
que estos le provocan, satisfaciendo sus necesidades en el momento en que estas se presentan. 
5) Como otro punto, de gran importancia para el autor, menciona la relación de reciprocidad 
establecida entre madre e hijo, que se basa en un “diálogo” de secuencia acción-reacción-acción. 
Esta relación tan especial que logra establecerse es el fundamento para que el bebé logre 
transformar los estímulos que llegan del exterior en señales significativas. 
El neonato no puede percibir los estímulos de su entorno, sin embargo esto no quiere decir que no 
guarde huellas mnémicas de sus primeros contactos con lo externo. Esto a través de un desarrollo 
lleva al neonato a formar el tan esperado vínculo con lo externo y las deseadas señales que lo 
lleven a conocer su entorno. 
Ahora bien, desde los primeros días de vida el bebé muestra acciones y reacciones bastante 
complejas, una de estas es la acción de mamar que efectúa el bebé y que implica varios 
movimientos organizados y estructurados que llevan a tal respuesta. Pero, cómo percibe el 
pequeño, el estímulo que ha de mostrarle que debe realizar tal acción de mamar? Spitz habla de 
ciertos estímulos pertenecientes a un sistema de “captación” (que es distinto al sistema de 
percepción que aparece únicamente en edades posteriores). Este sistema está a su vez 
conformado por un sistema de “Organización cenestésica” que básicamente es visceral y se 
manifiesta a través de emociones, perteneciendo, así, al sistema nervioso autónomo. Las 
percepciones dadas en este sistema son distintas a las que alcanza en etapas posteriores, por lo 
que el autor llama a este tipo de percepción “recepción”. Posteriormente el sistema presentado es 
el de la “Organización diacrítica”, donde la percepción pertenece a órgaños periféricos localizados, 
y las manifestaciones aquí se deben a procesos cognitivos más elaborados, como los procesos 
conscientes del pensamiento. De esta manera menciona que tal acción de mamar pertenece al 
primer tipo de organización, es únicamente visceral y responde a emociones principalmente, es tá 
alejada de la conciencia y por lo tanto no puede pertenecer al sistema de organización diacrítica. 
No son solo las percepciones las que se encuentran indiferenciadas en el neonato, sino también 
los afectos, ya que, como se ha dicho hasta el momento la organización diacrítica no se encuentra 
presente todavía y mucho menos la capacidad de distinguir entre una cosa y otra y de singularizar 
el objeto libidinal, por lo que responde únicamente a estímulos internos. 
cómo se da entonces la modificación en la conducta del infante, haciendo referencia específica a la 
experiencia y aprendizaje que son los principales puentes para su relación con el mundo. Una de 
las acciones primeramente sugeridas a través de la experiencia como una conducta dirigida hacia 
un fin es el acto de mamar del pecho materno, a lo que refiere que si un bebé, que ha sido
amamantado desde su nacimiento, es sacado de su cuna alrededor del octavo día y se le coloca 
en postura de mamar, el infante volverá su cabeza hacia el pecho de la persona que lo alza ya sea 
hombre o mujer. 
En un principio, el infante solo reconoce las gestiones del alimento solo cuando tiene 
hambre, en realidad no identifica la leche como tal, ni el biberón, ni siquiera el pecho 
materno, es solo que responde a este estímulo como a cualquier otro. 
Es importante hacer referencia de las dos secuencias que menciona el autor que ayudan a 
explicar lo anterior: una hace referencia al estímulo externo de la presencia del pezón que insita al 
niño a succionar, el otro es su necesidad de satisfacer el hambre. El hecho de que se presente el 
pezón, no es condición suficiente para que se lleve a cabo la succión, solo se percibirá el pezón en 
la boca si se cumplen las siguientes condiciones: 
1) que la tensión interna o el aparato propioceptivo del niño (el hambre) no esté nulificado por 
alguna tensión externa desagradable. 
2) Otra cuestión de vital importancia es que el infante tenga hambre, de otra manera no succionará 
el pezón. 
Enfatiza el hecho de que si el infante se encuentra molesto o tenso, su única manera de eliminar 
esto es descargándolo, de otra manera no se podrá percibir el estímulo externo. Para percibir 
deberá de cesar el displacer y la descarga, solo cuando esto ocurre podrá reanudarse la 
percepción del estímulo externo satisfactor de la necesidad. 
Ahora bien, para pasar a la siguiente etapa ocurre un nuevo progreso en el niño, la 
percepción el rostro humano. Durante las primeras seis semanas de vida, las huellas mnémicas 
del rostro humano quedan fijadas en la memoria infantil, como la primera señal de la presencia del 
satisfactor de la necesidad, y se observa en el infante la acción de seguir con la vista todos los 
movimientos de esta primera señal. 
El precursor del objeto: 
La segunda etapa a la que Spitz llama El precursor del objeto, enfatiza el hecho de que el 
rostro humano se convierte en un estímulo visual privilegiado y distinguido de todos los 
demás estímulos circundantes. En el transcurso del tercer mes, la madurez física y psicológica 
del infante le permitirán realizar su primera respuesta psicológica ante el estímulo externo: la 
sonrisa ante el rostro humano. 
A esta edad, no hay ninguna otra cosa, ni siquiera el alimento del niño, que provoque tal 
respuesta. Sin embargo cabe mencionar que esta sonrisa es indiferenciada, así el niño 
responderá a cualquier rostro que se presente frente a él, sin embargo es hasta los seis 
meses de edad que comienza a reservar tal respuesta únicamente al rostro de mamá, 
amigos y personas conocidas, es decir, la respuesta se torna hacia los objetos de amor. 
Es importante aclarar que la reacción sonriente de los primeros tres meses de vida no indica, de 
ninguna forma una verdadera relación de objeto. En realidad el infante no sonríe a una persona en 
especial, ni a un objeto libidinal, simplemente sonríe a un signo. Este signo es proporcionado por 
“partes” del rostro humano, como son los ojos, nariz y frente, todo esto en movimiento (esto 
constituye lo que el autor denomina una Gestalt privilegiada). 
El reconocimiento de esto pertenece a un desarrollo posterior, se necesitan otros 4 o 6 meses 
para que el bebé distinga un rostro entre muchos, y sea capaz de dotar este rostro con las 
características del objeto. Este es el indicador visual externo del proceso intrapsíquico de la 
formación de objeto. 
Lo que distingue el objeto de las demás “cosas” es que las cualidades esenciales del objeto son 
constantes, sus atributos externos no son esenciales y por lo tanto pueden modificarse sin correr el 
riesgo de no ser reconocido por el infante, por el contrario, en las “cosas” las cualidades externas 
son las únicas que pueden ser percibidas, por lo que cualquier modificación de los atributos
externos hará difícil o casi imposible su reconocimiento. 
Al exponer lo anterior surge en el propio autor la disyuntiva acerca de si lo que se necesita para 
establecer esta primera señal del rostro humano es la percepción de la nariz, ojos y frente en 
movimiento, será posible presentar a una muñeca mecánica ante el infante y observar la misma 
respuesta de sonrisa? Esto no será posible porque un aspecto importante es el establecimiento de 
una relación recíproca entre el bebé y otro ser humano. Con una muñeca, la relación sería solo 
unilateral. La retroalimentación recíproca dentro de la díada madre hijo, es un flujo continuo y es de 
vital importancia, aunque ésta no sea del todo simétrica. 
Es de vital importancia para el autor que esta relación con la madre este basada en el afecto. La 
madre deberá crear un “clima emocional” favorable en todos los aspectos de desarrollo del niño. El 
afecto que la madre logre transmitir al pequeño servirá de orientación a los afectos del infante y 
conferirá a su experiencia una buena calidad de vida. Las respuestas de la madre pueden ser 
variantes, de día a día, entre horas o entre minutos y estos patrones cambiantes son absorbidos 
por el niño como un proceso de circuito que influye en su conducta y en sus actitudes. Es evidente 
que los conflictos de la madre también repercutirán en el infante llevando en varias ocasiones a un 
conflicto creciente. 
En la relación madre- hijo lo dado por la madre representa lo dado del medio, es más, ella es la 
que representa al medio; por parte del niño, lo dado comprende su equipo congénito que le 
permitirá madurar. 
Las relaciones de objeto llevan desde el surgimiento del preobjeto hasta dotar a la madre de las 
cualidades del objeto libidinal. Ahora bien, cual es la consecuencia y la significación del 
establecimiento de este preobjeto? 
1) Es en esta etapa en que ocurre la transición entre la recepción y la percepción propiamente 
dicha. 
2) Transición del principio del placer - displacer, que exige su atención del estímulo que viene de 
adentro, ahora se puede demorar esta demanda de manera que comienza a funcionar el principio 
de realidad. 
3) El hecho de que el niño pueda reconocer el rostro humano y sonreír ante él, demuestra que hay 
rastros de recuerdos, lo que implica que en el aparato psíquico ha habido una división (consciente, 
preconciente e inconsciente). 
4) También demuestra que el niño es capaz de desplazar cargas catéxicas de una función 
psicológica a otra, y de un rastro mnémico hacia otro. 
5) Esto también representa una estructuración en la somatopsique, el ello y el yo se separan el uno 
del otro y una vez establecido el yo rudimentario, comienza a funcionar observándose en los actos 
dirigidos e intencionados que el niño empieza a realizar. Este yo estará siempre al principio del 
dominio y la defensa. 
Desarrolla lo que llama Spitz una función “integradora” que lleva a la transición de lo 
somático y lo psicológico. 
6) La función protectora de la barrera contra los estímulos ahora es consecuencia y 
responsabilidad directa de este nuevo yo que surge. 
7) También se va a observar un cambio en el infante de la pasividad hacia una actividad dirigida en 
la etapa en que aparece la respuesta de sonrisa. 
8) Por último establece que esta respuesta sonriente es la base y premisa para todas las 
relaciones sociales que se establecerán posteriormente. 
Como se ha podido observar hasta este momento, Spitz enfatiza la importancia de las 
experiencias del niño en su primer año de vida y la capacidad plástica que tiene la psique del 
mismo durante este mismo periodo de desarrollo. El niño busca adaptarse de manera firme y 
rápida a su medio. Mediante esta adaptación el infante es capaz de transformar las presiones 
ejercidas por los impulsos agresivos y libidinales a conductas dirigidas y esto es gracias a la 
plasticidad antes mencionada. Una de las principales razones de la existencia de dicha plasticidad 
es que durante el primer año de vida hay una falta de estructura psíquica bien establecida y 
diferenciada. El recién nacido no tiene yo, este es producto de la adaptación y desarrollo a lo largo 
de las primeras etapas, sin embargo ante esta adaptación el yo del infante cumple con su papel en 
tres situaciones características: 
1)A la edad de tres meses el yo del niño solo responde a la gestalt signo del exterior . Esta 
respuesta es una sonrisa que se da de manera indiscriminada, aún siendo amigo o extraño. Es un
yo característicamente rudimentario que a pesar de contar con muchas limitaciones es capaz de 
actuar adecuadamente, por que cuenta con el yo auxiliar que la madre le proporciona. 
2) A los siete meses y medio el yo deja de ser rudimentario y comienza a ser capaz de lograr una 
percepción con algunos rastros mnémicos y de responder con expresiones de afecto positivo. Las 
estructuras del yo comienzan a responder de una manera central y comienza a controlar los 
accesos de la movilidad 
3) Se hacen evidentes los procesos mentales que se esfuerzan en ser cumplidos. 
Antes de adentrarnos en la tercera etapa propuesta por Spitz para el establecimiento del objeto 
libidinal, quisiera enfatizar la importancia que representa la relación madre- hijo, sobre todo en este 
primer año de vida. 
El autor hace mención de que la existencia de la madre, incluso su propia presencia, actúa como 
un estímulo para las respuestas del infante. Las acciones intencionales del mismo son las que 
ejercen mayor influencia sobre el desarrollo de su personalidad. 
La madre es la que proporciona las facilidades y controles de esta conducta dirigida, de esta 
manera el niño tenderá a repetir las conductas reforzadas, evitando, por el contrario toda acción 
que haya representado un fracaso en la aceptación de la madre. A pesar de esto, tanto los 
controles como las facilidades son indispensables para el desarrollo aunque la proporción en la 
que ambas se aplican son determinantes para la vida posterior. 
Otra situación importante es la comunicación que se establece con la madre. El bebe está 
acostumbrado a expresarse por medio de descargas afectivas que surgen en resultado de los 
estímulos originados en su interior, que el niño percibe como displacenteros o desagradables. La 
madre deberá desarrollar la capacidad para la empatía con su bebé para poder así percibir y 
atender sus necesidades cuando estas aparezcan en forma de llanto o alguna otra descarga 
emocional. Para Spitz las señales afectivas generadas por el ánimo maternal se convierten, 
por su parte, en una forma de comunicación con su bebé. Estos intercambios afectivos entre 
madre e hijo se dan de manera ininterrumpida sin que necesariamente la madre se percate de su 
existencia. 
Las experiencias investidas de afectividad por las que pasa el infante facilitan el almacenamiento 
de rastros mnémicos de las situaciones externas dadas, y esto está muy de acuerdo con lo 
propuesto por el autor acerca de los dos tipos de percepciones que caracterizan al infante: la 
organización cenestésica y diacrítica. Donde si la primera se da de manera afectiva, será el único 
puente que tenga el recién nacido para avanzar hacia la percepción diacrítica intensiva y lograrla. 
No obstante el papel del afecto en el desarrollo de la personalidad, el autor enfatiza la importancia 
de las frustraciones reiterativas e insistentes que se presentan en este desarrollo y que obligarán 
al infante a volverse más activo y responsivo ante su medio. Las frustraciones van implícitas en el 
desarrollo, sin embargo en la actualidad, se tratan de evitar estas frustraciones al niño por parte de 
los padres, educadores y psicólogos. En realidad lo que les preocupa no es tanto la conducta del 
pequeño sino su deseo de evitar sentimientos de culpabilidad conscientes o inconscientes. Para 
lograr el bienestar del infante son necesarias las frustraciones ya que tienen el papel de comprobar 
la realidad al infante y esta comprobación es vital importancia para el desarrollo satisfactorio de su 
yo. 
Establecimiento del objeto libidinal. 
La tercera y última etapa es la llamada “el establecimiento del objeto libidinal”: 
Para comenzar a hablar de esta etapa Spitz introduce la idea fundamental de la angustia del 
octavo mes que caracteriza un cambio decisivo en la respuesta del infante hacia los otros. 
Ahora el infante distingue claramente entre el amigo y el extraño y se produce en él una negativa 
de entrar en contacto con el desconocido; negativa que el autor califica como un matiz más o 
menos pronunciado de angustia: “La angustia del octavo mes” que es considerada como la primera 
manifestación de angustia propiamente dicha. 
Ante esto el autor se ve en la necesidad de distinguir en el primer año de vida tres etapas de la 
angustia como tal: 
1) La primera entra dentro de la reacción del infante ante el proceso del parto. Freud habla de esta 
reacción como un prototipo psicológico de toda angustia que se desarrolle posteriormente. Una 
semana después de nacido el pequeño muestra manifestaciones de desagrado, sin embargo estas
no son catalogadas como angustia, ya que, aunque tengan las características de los estados de 
tensión psicológica, carecen de significado psicológico. 
Alrededor de la octava semana de nacido las manifestaciones de desagrado se hacen cada vez 
más estructuradas e inteligibles y comienzan a aparecer los primeros matices de angustia. 
A medida que las manifestaciones del niño se hacen más inteligibles, las respuestas del medio se 
hacen más adaptadas a las necesidades que este expresa, y así, en el tercer mes de vida, las 
huellas mnémicas de ciertas señales dirigidas por el niño hacia el medio queda de una forma 
codificadas en su aparato psíquico. 
2) Estos rastros mnémicos estarán cada vez más relacionados con matices de afectos agradables 
y a veces desagradables. Los afectos desagradables, están estructurados de tal manera que su 
reactivación se enfoca en una conducta específica que podría ser de retraimiento que son 
representados como “miedo” en relación a una respuesta desagradable por parte del medio. Este 
es el segundo paso para el establecimiento de la angustia propiamente dicha. Esta reacción de 
temor es provocada por la asociación del niño con una experiencia desagradable previa. Cuando 
el niño vuelve a presenciar la situación que le provoca dichos sentimientos de desagrado, 
responde con la huida. 
3) La angustia del octavo mes, descripta con anterioridad es enteramente diferente a esta actitud 
de miedo y huida que caracterizan la segunda fase para el establecimiento de la angustia 
propiamente dicha. En la reacción ante el desconocido, el niño responde a algo con lo que nunca 
tuvo antes una experiencia desagradable. Entonces, porqué tal reacción? Spitz asegura que el 
niño realmente esta respondiendo a la ausencia de la madre. Si reacciona ante un desconocido es 
porque realmente este no es su madre: su madre “lo ha dejado”. Esta respuesta se da porque el 
rostro del desconocido no coincide con las huellas mnémicas del rostro de la madre. El infante 
descubre que este nuevo rostro es diferente y por lo tanto lo rechaza. Este desplazamiento de la 
catexia a las huellas mnémicas que el niño ha logrado hasta el octavo mes de vida refleja con 
seguridad el hecho de que ha logrado establecer una relación de objeto verdadera y que la madre 
se ha convertido en el “objeto libidinal”, en su objeto amoroso. 
Al mismo tiempo se observa en el niño un cambio al tratar a su medio, ya utiliza defensas no tan 
arcaicas y adquiere la capacidad de enjuiciamiento y de decisión. Esto representa un desarrollo del 
yo en un nivel intelectual superior. 
Esta angustia del octavo mes, como la ha llegado a denominar el autor, representa también el 
hecho de que uno de los periodos críticos ha quedado situado en esta etapa. Ahora la forma de 
reconocimiento y percepción de estímulos negativos externos, y el desagrado mostrado ante estos 
se vuelve más específico. Esta cristalización de los afectos, junto con la integración del yo y la 
consolidación de las relaciones objetales son tres procesos que se desarrollan paralelamente 
y son partes interdependientes para el desarrollo total de la personalidad en el individuo. 
Quisiera hacer otro paréntesis ante esta afirmación del autor, ya que en un principio, surgió en mi 
la pregunta de por qué el autor únicamente se enfocaba en el primer año de vida del niño, 
habiendo experiencias tan significativas y determinantes para la personalidad en los años 
subsiguientes? Solo hasta este momento esta duda ha quedado resuelta, ya que puedo percibir 
cómo el autor, sin minimizar ni subestimar la importancia de las siguientes etapas del desarrollo 
expone los logros que se esperan que una persona alcance en el primer año de vida; logros, que si 
son manifestados por el infante, serán el puente directo para la obtención del éxito en la etapas 
posteriores del desarrollo. Incluso marcarán al individuo durante el resto de su vida ya que abarcan 
esferas de funcionamiento vitales para la estabilidad psicológica y la adaptación del individuo al 
medio; estas esferas son, como ya las mencionamos, las reacciones afectivas ante el medio (la 
capacidad de cristalizar los afectos), la integración de las funciones yoicas y el adecuado 
establecimiento de las relaciones de objeto. 
La angustia manifestada como tal ante un desconocido indica el hecho de que el niño 
diferencia el semblante materno y le adjudica un lugar único entre todos los demás rostros 
humanos. Desde entonces y unos meses más adelante, el niño preferirá el rostro de su madre y 
rechazará todos los otros que difieran de él. Esto es, para el autor, lo que indica el establecimiento 
del objeto libidinal propiamente dicho. Una vez que el objeto queda establecido, el niño ya no 
confunde nada con él. Esta exclusividad permite al niño crear vínculos estrechos que otorgan al 
objeto propiedades únicas e individuales. La angustia del octavo mes es la prueba de que el niño 
ha encontrado “la pareja con la cual puede formar relaciones de objeto en el verdadero sentido de
la palabra” (pág.126). 
Por otro lado, en esta misma etapa se encuentra una mayor maduración y desarrollo en la 
organización psíquica de la persona. De este modo se observa un enriquecimiento del yo en 
diversas fuentes, se establecerán los límites entre el yo y el ello, y el yo y el mundo exterior. En 
esta integración y estructuración del yo se observará la diferenciación progresiva de la agresión y 
la libido para luego fusionarse en el mismo objeto. 
Cabe mencionar en este punto que el establecimiento del objeto libidinal y la resultante 
relación de entre sujeto y objeto, estarán también determinadas por el medio cultural y 
social que rodean a la díada. Las instituciones culturales desempeñan un papel significativo en la 
formación de la personalidad. Una de las principales instituciones culturales, la familia, garantiza 
al infante el establecimiento de una relación entre él y “una sola persona maternante” 
durante el primer año de vida. Situaciones culturales diferentes tendrán influencias significativas 
en la edad, fuerza y forma en que se establece el objeto y las relaciones con el mismo. 
Por otro lado el desarrollo y evolución de los impulsos de instintos (libidinal y agresivo), participan 
también en la formación de relaciones de objeto. Al nacer y durante la etapa de narcisismo 
primario, dichos impulsos no están diferenciados, esto se logrará a través de un proceso gradual. 
Logran diferenciarse a lo largo de los tres primeros meses de vida como resultado del intercambio 
entre madre e hijo. Al principio estas experiencias e intercambios se producen en el sector 
específico de cada uno de los impulsos, no se funden o conectan unos con otros. Esto resulta en la 
etapa de preobjeto. A medida que estas etapas avanzan de la fase sin objeto al establecimiento del 
objeto libidinal el desarrollo avanza y los impulsos se detienen en la satisfacción de las 
necesidades orales del infante. Como la madre es la que satisface estos deseos del infante, se 
convierte en el “blanco” de los impulsos agresivos y libidinales, sin embargo, este blanco no es 
percibido como una persona unificada y permanente, o como “objeto libidinal”. 
En esta etapa de no diferenciación el infante tiene dos objet os: el objeto “bueno” hacia el cual se 
vuelve la libido y el objeto “malo” contra el cual se vuelca la agresión. Abraham denomina este 
periodo como la etapa preambivalente. Al principio de esta etapa surge un yo rudimentario que 
actúa centralmente y que permite descargar el impulso en forma de una acción dirigida que 
producirá posteriormente la diferenciación entre los impulsos. El niño comienza a diferenciar entre 
el objeto malo (que no satisface sus necesidades) y el objeto bueno (que si satisface sus 
necesidades). 
Alrededor de los 6 meses de edad se produce una síntesis, la influencia del yo y sus tendencias 
integrativas se sienten en la integración de la huellas mnémicas de experiencias repetidas y por los 
intercambios del hijo con la madre. Finalmente surge una sola madre (que integra a la madre mala 
y buena), surge el objeto libidinal propiamente dicho. Llega un momento en que la madre deja de 
ser percibida como un elemento bueno o malo de acuerdo a la situación específica en que es 
experimentada y de esta manera atraerá hacia sí los impulsos agresivos del infante y los impulsos 
libidinales. Es importante aclarar, sin embargo que los aspectos buenos de la madre sobrepasan el 
peso de los aspectos “malos”, del mismo modo el impulso libidinal del niño, sobrepasa el impulso 
agresivo. Es así como Spitz percibe el papel que juegan los impulsos en el establecimiento 
del objeto libidinal y la relación con el mismo. 
Finalmente el autor menciona el acto de la alimentación como un factor de importancia en la 
relación establecida entre madre e hijo. El se basa en los horarios de alimentación, que 
representan para el niño las facilidades o limitaciones que le otorga la madre. La madre al otorgar 
más facilidades, favorece el desarrollo del objeto “bueno”, por el cont rario, al limitar en demasía al 
niño, está favoreciendo el desarrollo del objeto “malo”. 
A lo largo de todo el desarrollo el niño debe estar familiarizado con ambos tipos de relación con su 
exterior: la relación que facilita (que se vive como recompensa del objeto bueno) y la relación que 
limita y reprime (que es experiencia da como las fechorías del objeto malo). El hecho de que el 
infante se enfrente a las limitaciones es inevitable, sin embargo, la compensaciones que da el 
objeto bueno capacitan al infante a resistir las frustraciones mayores. Esta capacidad de tolerar 
dichas frustraciones es el origen del principio de realidad y esto es un paso importante para la 
humanización del individuo, para poder aplazar la satisfacción del impulso y esperar resultados 
más benéficos debido a este aplazamiento y a esta espera.
DESARROLLO PRECOZ, APEGO Y CONTEXTO FAMILIAR 
Consuelo Rollán García 
1. Introducción 
La formación de los apegos constituye uno de los pilares básicos del desarrollo de las 
personas por garantizar la supervivencia física, la elaboración de las primeras emociones y la 
construcción de la realidad, gracias a la proximidad con los semejantes y a las necesidades que 
satisfacen. El apego es un vínculo afectivo de primer orden que garantiza la protección y seguridad 
que el niño necesita a través de las interacciones que se establecen con los padres o sustitutos en 
los primeros años de vida; la posibilidad de interactuar posibilita que el niño adquiera una noción 
de la disponibilidad y accesibilidad de las figuras de apego y sobre la propia eficacia para 
conseguir el acercamiento con la misma.(Bowlby 1969). 
Los apegos constituyen una de las grandes necesidades primarias no 
aprendidas siendo las otras la necesidad de relacionarse socialmente y la 
necesidad de mantener contacto físico .El denominador común es la búsqueda 
de proximidad para satisfacer las necesidades físicas, emocionales, sociales. 
y garantizan la supervivencia, la defensa y la reproducción. 
Cuando alguna de estas necesidades no encuentra satisfacción peligra 
la salud física y psíquica de los individuos. 
Las primeras vinculaciones afectivas se elaboran entre los cuidadores 
primarios, generalmente los padres, y el niño durante los primeros años de 
vida. 
Los apegos, como vinculaciones afectivas de primer orden, se generan en un contexto 
concreto, la familia tradicionalmente, y como parte del desarrollo precoz de los seres humanos 
durante el primer año de vida por situarse en éste el establecimiento del objeto. (Spitz, 1979). 
2. DESARROLLO PRECOZ según R. Spitz 
René Spitz (1887-1974) nació en Viena y estudió 
medicina en Budapest graduándose en 1910. Trabajó el 
análisis con Freud resaltando la importancia de util izar el 
procedimiento en la formación de los analistas. En 1938 se 
trasladó a Estados Unidos y desempeñó diferentes 
actividades como médico, psicoanalista, investigador y 
docente. Su interés investigador se centró en el desarrollo de 
los primeros años de vida del niño produciendo numerosas 
publicaciones sobre el tema. Utilizó técnicas innovadoras 
para la observación directa (películas, tests, etc.) de niños 
realizando diversos estudios en instituciones como 
horfanatos, guarderías, centros de adopción, etc. 
Spitz elaboró su propia teoría acerca del desarrollo precoz del niño. Sus 
antecedentes psicoanalíticos le permitieron ahondar en los conceptos 
freudianos sobre el funcionamiento psíquico y la teoría de la libido. 
Su interés se centra en las etapas sobre el origen de la relación objetal y de la 
comunicación humana ofreciendo un enfoque nuevo de las mismas. Realiza 
para ello una clasificación de los acontecimientos más relevante en la relación 
entre madre e hijo durante el primer año de vida del mismo diferenciando los 
siguientes momentos: 
2. 1. Estadio pre-objetal o sin objeto. 
2. 2. Estadio del precursor del objeto 
2. 3. Estadio del objeto libidinal 
El interés de estos estadios radica en la descripción que hace el autor de 
comportamientos específicos en el niño que son “indicadores” de la 
organización del psiquismo en el primer año de vida, y que evolucionan gracias
a los procesos de maduración y desarrollo teniendo como fin fundamental la 
integración de la personalidad y son, en definitiva, la expresión de cambios 
sustanciales. 
2.1. Estadio no objetal 
Spitz lo denomina estadio de la no–diferenciación porque todavía no hay 
organización perceptiva y de la actividad ya que lo psíquico y lo somático son lo 
mismo. No hay separación entre pulsiones y objeto y s e produce en los días 
posteriores al nacimiento. 
El mundo cobra interés ante estímulos internos (hambre, sed) o externos 
(ruidos, frío) porque alteran al niño, le excitan y provocan el llanto que sirve de 
descarga y de llamada de auxilio: la madre acude, calma al bebé, y se recupera 
el estado de placer. 
Spitz afirma que en los primeros días de vida el niño vive en una recepción que 
se corresponde con la organización cinestésica, primaria, hasta que más tarde, 
es posible la percepción diacrítica, cognitiva. 
La actividad se concreta en la zona oral gracias a las pautas alimenticias y a 
través del pezón materno o de la tetina del biberón. 
Cobra también protagonismo el rostro materno que constituye la primera 
experiencia perceptiva para el niño. 
Existen, por tanto, dos variables relevantes: el tacto oral discontínuo del pezón 
o de de la tetina y la percepción visual del rostro que inician la constancia 
objetal y la formación del objeto. 
2. 2. Estadio del precursor del objeto 
A partir de los dos meses una mayor madurez física y psíquica permitirá 
respuestas expresadas en sonrisas ante la aparición del rostro, de cualquier 
rostro. Spitz se refiere a esta etapa como precursora del objeto y supone el 
paso de la recepción de estímulos interiores a la percepción de estímulos 
exteriores. 
Por otro lado, la sonrisa como respuesta, es la base de relaciones sociales 
posteriores; sin embargo, no sólo es un indicador afectivo sino una 
manifestación de uno de los procesos primeros del pensamiento. 
Spitz sitúa hacia el sexto mes las relaciones objetales como tales gracias a la 
integración de las trazas mnemónicas establecidas en los meses anteriores 
como fruto de las interacciones madre-hijo. 
2. 3. Estadio del objeto libidinal 
Aproximadamente a partir del octavo mes la percepción diacrítica se halla 
adecuadamente desarrollada y el niño diferencia el rostro conocido del 
extraño. Solicitará el primero y rechazará el segundo expresando este rechazo 
en lo que Spitz denomina “angustia del octavo mes” o “angustia de pérdida del 
objeto”. Puede decirse que es el momento en el que la madre se evidencia 
como objeto libidinal. 
Para que todo esto sea posible, además de las interacciones constantes y 
satisfactorias con la madre, se han producido los siguientes cambios: 
• El aparato sensorial se ha desarrollado suficientemente para lograr la 
percepción diacrítica (mielinización de los fascículos nerviosos). 
• El desarrollo cognitivo preciso para la realización de las operaciones 
mentales y las acciones dirigidas (multiplicación de las trazas 
mnemónicas) 
• La organización psíquica necesaria para posibilitar descargas de tensión 
afectiva. 
En definitiva, el niño madura y al terminar el primer año, cuando ya es posible 
la locomoción, incrementan las posibilidades de exploración y autonomía. 
Descubrirá el “no” y sus efectos sociales, el gesto y sus posibilidades de 
rechazo o de aceptación y tendrá multitud de posibilidades para poner a 
prueba su relación con su primer objeto.
Los descubrimientos de Spitz no sólo interesan por sus aportaciones al 
conocimiento del desarrollo de los primeros años de vida de las personas sino 
por su proyección en la intervención de diversas patologías en él, 
especialmente centradas en las vinculaciones entre madre e hijo. 
3. El APEGO: VÍNCULO AFECTIVO PRIMARIO 
El apego es un tipo de vinculación que consiste en la búsqueda de proximidad 
física de un individuo hacia otro específico que se manifiesta en conductas 
como estas: 
• Mantenimiento de contacto sensorial privilegiado. 
• Exploración del entorno desde la figura de apego como base segura. 
• Búsqueda de la figura de apego en situaciones de malestar, tristeza, 
miedo, etc. 
• Ansiedad ante la separación 
3.1. Investigaciones 
La hipótesis del impulso secundario de sociabilidad supone que la atracción y 
el interés por los semejantes aparecen en el niño por la necesidad de conseguir 
alimento. La idea básica de esta afirmación es que el ser humano viene al 
mundo dotado con unos impulsos somáticos primarios que le aseguran la 
posibilidad de cubrir necesidades como la alimentación y el bienestar corporal. 
La dependencia emocional es, según esta teoría, consecuencia de la 
dependencia física y ésta conlleva el reconocimiento de los otros hasta que 
aparece el impulso social y entonces se manifiesta la necesidad de estar con 
otras personas. 
Críticas hacia esta hipótesis 
Harlow (1959) investigó el apego con macacos de la india. Crió macacos con 
madres sustitutas, unas de felpa y otras de alambre observando que la mayor 
parte del tiempo lo dedicaban a estar junto a la de felpa.* 
Schaffer y Enmerson (1964) afirman que se los niños elaboran apegos fuertes 
hacia personas que no son fuente de almentación. 
*Harlow y Zimmerman (1959) demostraron que la satisfacción de la necesidad 
de alimentarse, no explica, por sí sola, la formación de los vínculos afect ivos 
entre los niños y sus padres o cuidadores. En su conocido experimento, 
separaron a varias crías de monos de sus madres al nacer procurándoles 
madres sustitutas, una de felpa y una de alambre. Las dos tenían el mismo 
sistema de alimentación a través de un biberón incorporado. 
El vínculo se produjo con la madre de felpa, incluso en el caso de los monos 
alimentados por la de alambre con la que pasaban quince horas en contacto y 
una, la correspondiente a la ingestión de alimentos, con la de alambre. 
3.2. Fenómeno de la impronta 
Heinroth (1910) y Lorenz (1971), describieron el fenómeno 
de la impronta entendiendo por tal búsqueda de proximidad física 
que procura la madre hacia el hijo y la identificación de la madre 
por reconocimiento de sus características; además de esto 
observaron en diferentes especies de aves y mamíferos cómo la 
madre satisface las necesidades de sus crías con respuestas 
específicas. 
Estos estudios han influido notablemente en investigaciones posteriores acerca 
de los vínculos en los seres humanos que, aunque no siempre han podido 
obtener resultados contundentes, han abierto nuevos horizontes en la 
comprensión del desarrollo de las personas. Entre los datos de mayor interés 
podemos resaltar los siguientes: 
• Existen mecanismos innatos en las crías de diferentes especies que 
posibilitan la identificación de las madres improntándose a ellas. 
• Las madres de diferentes especies tienen mecanismos innatos gracias a los
cuales satisfacen las necesidades específicas de sus crías. 
• El fenómeno de la impronta favorece la supervivencia de la especie. 
• La impronta está sujeta a un período crítico asociado generalmente a logros 
importantes del desarrollo (locomoción, vuelo). 
• Improntarse conlleva una preferencia definida y precoz y permenente. 
JOHN BOWLBY (1907) 
John Bowlby estudió psiquiatría y se especializó en 
psicoanálisis en la Tavistock Clinic de Londres. Años antes de la 
segunda guerra mundial se interesó por las consecuencias de las 
separaciones tempranas entre madres e hijos. Ejerció como 
psiquiatra en el ejército y una vez concluido su servicio creó el 
“Departamento para Niños y Padres” poniendo en práctica la 
metodología que había practicado en su ejercicio militar. Fue 
Secretario del Instituto de Psicoanálisis Británico y colaboró con la 
OMS (Organización Mundial de la Salud) en Ginebra, en un 
proyecto que pretendía paliar los efectos de las separaciones 
entre padres e hijos como consecuencia de la guerra 
Bolwlby fue el primer estudioso del desarrollo humano que abandonó la teoría 
de las pulsiones de Freud y sustentándose de las teorías etiológicas y de la 
cibernética 
Aportaciones esenciales 
• Existen, tanto en personas como en animales, constantes referidas al 
acoplamiento, a los cuidados con las crías e hijos y a la vinculación de los 
hijos hacia los padres. 
• El comportamiento instintivo tiene carácter evolutivo durante los primeros 
períodos de la vida. (Ej: cambios en la alimentación: chupar, morder) 
• El comportamiento instintivo no se hereda: se hereda el potencial que 
permite, gracias a los sentidos, desarrollar estrategias, comportamientos, y 
son diferentes en función del entorno. 
• Toda separación tiene consecuencias más o menos relevantes. 
• La conciencia es un estado particular de nuestro psiquismo que permite 
ciertos procedimientos: 
. Clasificación, categorización, elaboración y transformación de la 
información antes de almacenarse. 
. Recogida de informaciones almacenadas. 
. El pensamiento reflexivo 
. La reorganización de ciertos aprendizajes 
3.3. Evolución de los apegos 
La elaboración de los apegos, necesita tiempo y cuidados especiales; el tiempo 
lo ofrecen los primeros años de vida y los cuidados los adultos que atienden al 
niño siendo relevante la calidad y cantidad de esas atenciones, para que sea 
posible el reconocimiento, diferenciación y preferencia de unas personas 
respecto a otras, por constituirse como figuras significativas para el niño. 
Durante los primeros años de vida los apegos se elaboran, consolidan y 
evolucionan, gracias a las posibilidades y necesidades tanto biológicas como 
sociales de los seres humanos. 
La percepción, a través del olfato, es la primera opción para el lactante de 
conseguir bienestar: oler a la madre, a la persona que lo acoge en sus brazos 
para alimentarle, calmarle y limpiarle es la garantía de sentirse a salvo. Para 
lograr esto dispone del llanto, que desde las primeras semanas es asociado a 
la, que lo regula deteniéndolo o acentuándolo en función de su proximidad, 
tonalidad y volumen. 
El rostro también actúa como mediador en el desasosiego del niño desde el 
segundo mes de vida, aproximadamente. 
Sin embargo, todavía no puede afirmarse que no sea más que percepción
acerca de algo previamente experimentado, sin existir nociones de los atributos 
de la figura materna. 
La capacidad perceptiva para discriminar el rostro, el olor y la voz que se 
desarrolla durante el primer trimestre de vida, permite el reconocimiento de las 
primeras figuras de apego expresándose en las siguientes conductas: 
* Llanto diferencial 
* Sonrisa 
* Vocalización diferencial 
Esto es posible gracias al diálogo que se establece en las situaciones 
cotidianas; 
La captación recíproca de atención entre ellos inicia y mantiene interacciones 
expresadas en palabras, risas, caricias, etc. que deben ajustarse en 
intensidad y duración, ya que el exceso de estimulación produce desasosiego y 
nerviosismo que el niño mostrará llorando, desviando la mirada, etc. 
La sincronía, afirma Stern (1977), es un elemento fundamental en la 
formación del apego recíproco. 
Superado el primer trimestre de vida los niños reconocen a su principal figura 
de apego y son capaces de diferenciar su comportamiento. 
Existen datos que permiten asegurar que cuando la madre cambia algún 
comportamiento habitual hacia su hijo (no sonriendo, no hablando) éste llora y 
se muestra nervioso como si no estuviera de acuerdo con la actitud materna y 
protestara por ello. Sin embargo, cuando se ausenta responde análogamente a 
diferentes personas. 
Hacia el final del segundo trimestre de vida, aproximadamente, la figura de 
apego principal se hace intransferible apareciendo la ansiedad de separación. 
La proximidad de la figura de apego ofrece seguridad para explorar, mientras 
que el alejamiento desencadena inhibición y búsqueda ansiosa a través de 
quejas, llamadas y signos de desorientación. 
• seguridad--------actividad, exploración 
• inseguridad------inhibición, exploración ansiosa. 
En este aspecto, nuestro comportamiento es similar al de otros animales como 
los perros, los monos, algunas aves,etc . 
Hacia el séptimo mes las figuras de apego se convierten para el niño, en fuente 
de seguridad motivadora para las actividades físicas y sociales y, 
simultáneamente, aparece el miedo a los extraños como contrapunto a la 
seguridad. Hasta este momento, el niño discrimina entre conocidos y 
desconocidos pero no ha aparecido el rechazo específico. Sin embargo, una 
vez consolidados los apegos específicos (al padre, a la madre) se modifica la actitud ante figuras 
desconocidas que puede manifestarse en reacciones de 
nerviosismo, rechazo, temor. Este comportamiento es lo que Spitz (1950) 
denominó “miedo de separación”, que evidencia el establecimiento del vínculo 
significativo. 
Desde orientaciones cognitivas (Kagan,1984) la explicación es atribuida a la 
discrepancia entre lo nuevo y lo familar, es decir, en el desconocimiento, por 
parte del niño de las características del desconocido, y la diferencia con el 
esquema interno que ya tiene de las figuras de apego. No se explica desde 
esta corriente, por qué se expresa menos temor ante el extraño cuando la 
madre o el cuidador están presentes. 
Por otro lado, si acudimos a descripciones etológicas, el argumento básico se 
halla en una tendencia filogenéticamente heredada y útil para la supervivencia, 
de carácter universal y constante cronológicamente. 
En estudios recientes se afirma que el miedo a los extraños no aparece en 
todos los niños; parece existir una relación importante entre la actitud del 
extraño y la reacción de los niños ante ellos. Si el desconocido invade el 
espacio del niño de manera brusca, intempestiva, es más probable que 
manifieste temor, rechazo; por el contrario, si el adulto no se acerca brusca y
prematuramente y deja que el niño tome la iniciativa, la reacción de temor 
disminuye o no aparece, incluso es más probable que desarrollen conductas 
de aproximación al desconocido. 
El segundo año de vida aporta importantes avances en el desarrollo de los 
niños: caminan, hablan, expresan emociones, comprenden pequeñas nociones 
de sus experiencias, es decir se abren paso en un mundo desconocido e 
interesante para explorar. 
Las relaciones afectivas también evolucionan. Marca sus necesidades pero 
también aprecia que sus figuras de apego tienen también las propias, como, 
por ejemplo, tienen una cama para ellos, un tiempo y un espacio en el que él 
no tiene cabida; esto puede causar ambivalencia emocional, incertidumbre que 
no será más que una fase más del desarrollo si no existe rivalidad con ninguno 
de los progenitores y si los límites se elaboran y practican de común acuerdo. 
Por otro lado, las relaciones externas al núcleo familiar se incrementan y se 
generan nuevas posibilidades de separaciones y reencuentros. Es entonces 
cuando se requieren nuevas adaptaciones que rozarán la ambivalencia en 
muchas ocasiones, manifestándolas en protestas ante la separación de las 
figuras de apego. 
El grado de adaptación y el tiempo necesario para alcanzarla dependen de 
circunstancias diversas: tipo de apego, edad, actitudes de los padres, de los 
educadores, etc. Sin embargo, de manera general, puede describirse este 
proceso a través de las fases siguientes: 
a) fase de protesta, cuando se constata la ausencia de los padres, 
expresada en llanto, ansiedad, alteraciones en los periodos de sueño, 
dificultades en la alimentación, etc. 
b) fase de ambivalencia. Si la separación es larga (más de diez días), 
la fase de protesta se atenúa y aparecen reacciones de ambivalencia hacia los 
cuidadores. Se trata de un estado de índole depresiva que con el paso del 
tiempo conducirá a la aceptación de los nuevos cuidadores pero pudiendo 
mantener reacciones fluctuantes de rechazo, que también podrían manifestarse 
hacia la madre, o cuidador primario en su regreso. 
c) fase de adaptación, cuando la separación entre el niño y sus figuras 
de apego es de larga duración se logra la adaptación a los nuevos cuidadores, 
desaparece la ansiedad elaborándose un nuevo vínculo. 
Análogamente a este proceso puede describirse el que todos los niños 
experimentan cuando son escolarizados. Sin exceso de dramatismo, es 
relevante “cuidar” el periodo de adaptación a la escuela por parte de padres y 
educadores. La escuela es un nuevo contexto físico, con unas actividades, 
espacio y tiempo concretos, con personas desconocidas, normas diferentes, 
hábitos compartidos que muchos niños no han aprendido todavía. 
A partir del tercer año de vida podemos hablar de logros significativos en unos 
aspectos fundamentales tales como la comunicación verbal, el conocimiento 
social y el control emocional. Si la evolución ha sido satisfactoria los vínculos 
afectivos se encuentran consolidados. 
Los primeros años de los niños, en un sistema familiar con relaciones 
satisfactorias, son quizá los más propicios para disfrutar de actividades 
compartidas, para sembrar la confianza tan necesaria cuando llega la 
adolescencia y para elaborar las pautas educativas que favorezcan el 
autocontrol, la disciplina, la responsabilidad, los valores, etc., que pretendan 
transmitirse a los hijos. 
3.4. Funciones del apego 
La función básica del apego es la adaptación al medio de manera que se 
garantice la supervivencia de la especie. 
La proximidad con los congéneres, durante los primeros años de vida de las 
personas, satisfacen las necesidades y solventan los peligros gracias a las 
conductas de crianza, además de elaboran los primeros vínculos afectivos en
la familia como primer entorno social. 
El apego hacia la madre, el padre o hacia el sustituto de cualquiera de ellos, 
permite al hijo calmarse cuando tiene miedo, se siente triste, y estimula la 
exploración del mundo especialmente cuando es posible la locomoción. 
• Regular la estimulación lingüística necesaria para la cognición y 
comunicación. 
• Elaborar la confianza , seguridad y bienestar 
• Manifestar emociones a través de la expresión de las mismas. 
• Satisfacer necesidades lúdicas a través de los juegos afectivos 
propios de las interacciones entre padres e hijos. 
3.5. Tipos de apego 
El apego no tiene carácter positivo por sí mismo. No existe un único tipo de 
apego afectivo y constructivo sino que es posible la elaboración de apegos 
negativos e incluso destructivos en el peor de los casos. Sin embargo, la 
vinculación afectiva en las personas, constructiva o destructiva, es 
prácticamente indispensable. 
Si hablamos en términos de calidad podemos hacer referencia a la 
investigación que Ainsworth (1975, p, 58), quien desarrolló el denominado 
procedimiento de la ¨situación extraña¨ que consiste en la observación de la 
siguiente secuencia de situaciones entre madres e hijos: 
a) madre e hijo solos en una situación de juego 
b) aparición de un extraño 
c) la madre se ausenta y el extraño trata de consolar al niño. 
d) la madre regresa y calma a su hijo. 
e) el extraño se ausenta 
f) la madre deja al niño solo 
g) el extraño entra y trata de calmar al niño 
h) la madre regresa 
Las reacciones de los niños son evaluadas a través del siguiente paradigma:
¿Cómo podemos interpretar esto? 
Aunque no podemos hacer interpretaciones definitivas, si podemos reflexionar 
acerca de la importancia de la calidad y cantidad de las interacciones entre 
padres e hijos, y entre cuidadores primarios y niños. Esto no es algo baladí. 
Las características de las experiencias de vinculación tienen una gran 
repercusión en el desarrollo de la capacidad de elaborar apegos en los 
primeros años, y no puede descartarse su efecto a largo plazo, a lo largo de 
toda la vida. 
Esto no significa que no sea posible el efecto reparador bien a través de 
intervención especializada o bien gracias a nuevos vínculos más satisfactorios 
cuando los primeros no lo fueron, pero obviamente no es lo ideal. 
Por otro lado, existen otros factores que influyen en el modo en que se 
desarrollan las interacciones tales como la personalidad del niño, el contexto de 
convivencia, el acoplamiento, etc. 
Las características del niño no son inocuas en el proceso de elaboración de 
los vínculos afectivos. El temperamento, la facilidad o dificultad para calmarse, 
el modo de respuesta a los estímulos, influye en la elaboración de un apego 
más o menos seguro. 
Unos padres sanos emocional y físicamente sentirán atracción hacia su bebé: 
deseo de olerlo, abrazarlo, mecerlo, etc. El niño responderá con sonrisas, 
miradas, tocando a quien le sostiene en brazos, etc. 
La relación más importante en la vida de un niño es el apego a su cuidador 
primario, en el mejor de los casos, la madre. Un apego saludable, construido 
con experiencias de vínculo repetitivas durante la infancia, sustenta una base 
sólida para futuras relaciones saludables. Por el contrario, problemas en la
vinculación y el apego pueden originar un desarrollo emocional frágil, 
inestable. Cualquier factor que interfiera con las experiencias de vinculación, 
puede interferir con el desarrollo de las competencias para desarrollar apegos. 
Cuando las interacciones entre madre, padre e hijos se interrumpe o dificulta, 
es difícil mantener las experiencias de vinculación. Las interrupciones pueden 
ocurrir debido a problemas primarios con el niño, los adultos, el acoplamiento 
entre ambos, el ambiente, etc. 
El temperamento del niño influye en la vinculación. Un niño difícil de calmar, 
irritable o que no responda a los estímulos con facilidad, puede dificultar el 
acercamiento tranquilo de sus cuidadores, si estos no tiene buenas 
competencias para responder. 
Las conductas de los padres o cuidadores pueden afectar negativamente la 
vinculación. Padres que critican, rechazan, evitan la intimidad, o se muestran 
excesivamente punitivos, no crean contextos seguros para sus hijos. 
Los factores externos también influyen en el desarrollo emocional, social, 
cognitivo, etc. Situaciones de riesgo social permanente en las que la seguridad 
física es precaria dificultan el desarrollo de los niños 
Por último, el acoplamiento entre padres, madres e hijos es un factor relevante 
en los primeros días de vida del niño, poniendo a prueba las capacidades y 
recursos de los adultos para atender al lactante y las de este para responder a 
los estímulos; la atención, y la respuesta a las señales de manera adecuada, 
es esencial para mantener experiencias de vinculación que y el inicio de 
apegos seguros. 
4. El contexto familiar 
La familia es contexto natural en que crecemos y nos educamos además de 
constituirse como la primera escuela para la socialización en nuevos contextos. 
En la familia nos formamos como personas a todos los niveles: físico, cognitivo, 
afectivo, etc. 
Los padres son agentes educativos primarios y su principal instrumento es su 
propio comportamiento, sus actitudes desde el inicio con las funciones 
nutritivas, inmediatas al nacimiento y simultáneas a las funciones afectivas y 
cognitivas. Lo que los padres dicen y hacen y el modo en que son percibidos 
por sus hijos tendrá como resultado un estilo educativo que se proyectará, en 
gran medida, en un tipo de personas. 
El desarrollo afectivo y social forma parte fundamental de la evolución como 
seres humanos y en la incorporación a la sociedad en la que tendrán que vivir. 
Las personas venimos al mundo con un programa genético y una identidad 
sexual. Para sobrevivir necesitamos al grupo y el grupo necesita a los 
individuos para mantenerse. El primer grupo de referencia lo constituye la 
familia, generalmente, en el que se elabora la urdimbre afectiva a través de 
tres variables fundamentales: 
*La expresión emocional, con estilo propio en cada familia 
*Los apegos con las primeras personas significativas en la vida del niño 
*La educación de las emociones, a través del tipo de reacciones ante la 
expresión emocional entre padres e hijos. 
Mary Ainsworth(1979) afirma que la calidad del apego del niño hacia su 
madre (o cuidador más cercano)se relaciona especialmente con el tipo de 
atención que haya recibido el niño; De Wolff y van Ijzendoorn(1997) describen 
una serie de características que consideran estimuladoras del apego seguro 
son: sensibilidad, respuestas adecuadas a las señales del niño; actitud positiva, 
expresando emociones positivas hacia el niño; sincronía, elaboración de interacciones 
recíprocas con el niño; mutualidad, interacciones en las que el 
niño y la madre atienden a lo mismo; apoyo, proporcionar apoyo emocional a 
las actividades del niño y estimulación, dirigir con frecuencia acciones hacia el
niño. 
La vinculación afectiva entre los miembros de la familia se elabora de modo 
natural en la vida cotidiana a través de las rutinas familiares que favorecen la 
regulación del “reloj interno”, facilitan las transiciones de una etapa a otra, 
posibilitan la comprensión del mundo e inician la disciplina y el establecimiento 
de límites basados en el afecto incondicional. 
El contexto familiar, o el sustituto del mismo en su defecto, tiene una posición 
privilegiada para favorecer el crecimiento personal de sus miembros, gracias a 
las posibilidades de interacción entre los mismos. 
4.1. FAMILIA Y CREMIMIENTO PERSONAL 
El crecimiento personal de las personas se produce de manera natural en el 
contexto familiar y se compone de aspectos como estos: 
Autoconciencia: que adquirimos cuando descubrimos nuestra independencia 
corporal (18 meses), y que logramos a través de la exploración y el manejo de 
objetos que nos ofrecen datos de nuestras capacidades. 
Autonomía: definida escuetamente como la capacidad de pensar y actuar por 
uno mismo, y que comienza con nuestras primeras acciones en solitario. Para 
favorecerla es importante la delimitación del propio espacio. 
Responsabilidad: ser capaces de responder por lo que hacemos. Se aprende 
imitando modelos de nuestro entorno más cercano y por el trato que recibimos 
ante nuestras acciones. 
Valores: que aprendemos experimentando emociones asociadas a nuestra 
conducta y que proyectamos en nuestras interacciones cotidianas. 
Autocontrol y disciplina: comienza desde los primeros meses de vida cuando 
las emociones del lactante son reguladas por las primeras rutinas y debe 
superar situaciones de frustración. 
La familia como contexto de interacción con vinculaciones afectivas de primer 
orden elabora su estilo educativo y establece límites entre sus componentes. 
Para favorecer su eficacia podemos realizar las siguientes sugerencias. 
Para que los límites sean eficaces y “saludables” deben, sin caer en meras 
recetas imposibles, incorporar aspectos como estos: 
* Basados en criterios que los justifiquen * Ser fundamentales y permanentes, no basados en 
modas. 
* Coherentes con el comportamiento de los modelos primarios. 
* Su objetivo es la estabilidad emocional, la comprensión del mundo y la 
adaptación social. 
* Deben ser claros, justos, adecuados y sistemát icos aunque flexibles. 
4.2. EL FENÓMENO DEL HOSPITALISMO Y LA EDUCACIÓN 
COMUNITARIA 
Cuando los niños se encuentran separados de su madre y no cuentan con un 
sustituto que les atienda individualmente, manifiestan labilidad emocional, 
trastornos de la alimentación y del sueño y en general su desarrollo es más 
lento e incluso puede deteriorarse, aunque estén atendidos en su higiene y 
alimentación. 
Spitz, a quien nos hemos referimos anteriormente, describió las consecuencias 
de la ausencia materna prolongada más de cinco meses y apreció un 
acentuado deterioro en el desarrollo a todos los niveles: desaparición de la 
locomoción, regresión del lenguaje, descontrol esfinteriano. Es lo que se ha 
denominado “hospitalismo infantil” porque los niños estudiados se encont raban 
en instituciones que los cuidaban fuera del contexto familiar. 
Las consecuencias de la separación se relacionan proporcionalmente a las 
relaciones establecidas entre madre e hijo antes de la misma de manera que 
cuanto más intensas fueran mayores consecuencias negativas tendrán en el 
niño. Por otro lado, existen dos variables relevantes en los efectos a corto y 
largo plazo en la separación entre madre e hijo: la edad y la duración (López 
1983). El período crítico se encuentra entre los seis meses y los tres años.
Intervienen también variables como la vulnerabilidad de cada individuo ante 
situaciones adversa. 
Cuando existe un modelo de madre sustituta que satisface las necesidades 
afectivas del niño no aparecen graves regresiones una vez superada la 
separación. (3) 
5. RESUMEN 
El desarrollo afectivo y el contexto familiar, parte central de la temática de este capítulo, 
constituye uno de los aspectos clave para el trabajo preventivo con familias. Se ha pretendido una 
aproximación al inicio de las relaciones entre padres e hijos por su trascendencia en aspectos 
fundamentales de las personas tales como la estabilidad emocional, la responsabilidad, el respeto, 
etc. 
Se ha incluido una breve alusión a la teoría del desarrollo precoz expuesta por Spitz ya que 
parecía necesario por tratarse de un autor primordial en esta materia y que favorece la 
comprensión de las posibilidades de la interacción en los primeros meses de vida y sirven de 
introducción a estudios recientes que describen el desarrollo afectivo y social . 
Para terminar, breves referencias a la familia como contexto primario y privilegiado en la 
elaboración del afecto a través de la educación como garantía para criar hijos suficientemente 
seguros de sí mismos para adaptarse al mundo teniendo una buena referencia afectiva y social.

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Etapas de rene spitz

  • 1. Etapas de RENE SPITZ. Elaboró un sistema del desarrollo sobre la observación directa en los niños con sus madres. Explica el desarrollo en términos de relación objetal. Considera la relación entre madre e hijo porque es el catalizador que permite a la libido ser fijada en las distintas zonas erógenas. Pre-objetal (o – 3 meses): ETAPA SIN OBJETO Spitz ha llamado esta etapa, la primera etapa pre-objetal o sin objeto. Comienza desde el nacimiento y termina cuando aparece el primer organizador que es la sonrisa. La etapa sin objeto coincide más o menos con la del narcicismo primario, ya que la percepción, la actividad y las funciones de un recién nacido no están lo suficientemente organizadas, sino sólo estas zonas que son indispensables para la supervivencia, como el metabolismo, la absorción de lo nutricio, las funciones respiratorias, etc. Son funciones esenciales en el niño. En este etapa el recién nacido no sabe distinguir una “cosa” de otra; no puede distinguir una cosa (externa) de su propio cuerpo y no experimenta algo separado de él. Por ello también percibe el pecho para satisfacer sus necesidades y proveer sus alimentos que los percibe, como una parte de sí mismo. Una multitud de observaciones, las nuestras entre ellas, confirman que el aparato perceptor del recién nacido se halla escudado del mundo exterior mediante una barrera contra los estímulos. Esta barrera protege al infante durante las primeras semanas de la percepción de los estímulos del medio ambiente. Durante este período, toda percepción marcha a través de los sistemas interoceptivo y propioceptivo. Ahora bien, la excitación negativa del recién nacido es una respuesta a una estimulación excesiva, debe ser considerada como un proceso de descarga. Siendo así un proceso puramente fisiológico. Por ejemplo la ley de nirvana, que dice que la excitación se mantiene a un nivel constante y cualquier tensión que exceda este nivel ha de ser descargado sin demora. Pasando el tiempo este proceso fisiológico se desarrollará con el tiempo. Y una vez establecido esto, la función psicológica se regirá por la ley del principio del placer y el displacer, hasta que este será reemplazado por el principio de realidad. Objeto precursor (3 – 7 meses): PRECURSOR DEL OBJETO Es el comienzo de la segunda etapa, esta comienza con la sonrisa, este objeto precursor es el rostro humano, se le llama precursor por que el niño no reconoce el rostro determinado de una persona, si no le llama la atención las figuras, contornos que resaltan del rostro, como lo es la nariz, boca, ojos, etc. ahora la sonrisa es la primera manifestación activa, dirigida e intencional, y esta desde ahora tiene un papel muy importante en la vida del niño. En el tercer mes de vida el niño responde al rostro sonriendo, si se cumplen algunas condiciones, estas serían que el rostro se mueva de frente, de modo que resalten las cosas que le llamen la atención (ojos, boca, etc.) y que este cuente con una movilidad. Contando con 2 meses de edad, los niños no sonríen con certeza a nadie ni a nada, pueden incluso alcanzar el 6to. Mes, y seguirán reservándose su respuesta sonriente sólo para la madre y conocidos, en pocas palabras para los objetos de amor, para el niño, y no suelen sonreír a los desconocidos. Ahora, en el 3er.mes de vida, su reconocimiento para los demás, no indica una verdadera relación de objeto. Quiere decir que no perciben a ninguna persona o un objeto (lo libidinal), sino sólo un signo. Lo que forma este signo, es una parte privilegiada de él. Lo que se reconoce durante esta etapa preobjetal, son puros atributos secundarios, externos y no esenciales. La Gestalt signo, que el niño reconoce a la edad de 3 meses, lo indica para surgir esta respuesta sonriente, es una transición desde la percepción de “cosas” y también de preobjeto, por haber sido dotado de cualidades esenciales en el intercambio mutuo entre la madre y el hijo. En este intercambio, el objeto es investido con catexia libidinal, esto quiere decir que al objeto libidinal lo distingue de otras “cosas”. Objeto real ( 8 – 12 meses): ETAPA DEL OBJETO REAL
  • 2. El llanto ante extraños indica que el niño ya distingue a la madre de otras personas. Sabe que la madre es quien lo cuida, lo protege de los demás, le da alimento, y lo ama. Y es por eso que cuando está la madre surge el temor de la angustia, de perderla. El segundo organizador sería la angustia y este es la diferencia entre libidinal y actividad agresiva. La actividad agresiva seria una función psíquica recién adquirida a consecuencia de la maduración nerviosa progresiva. El bebe, empieza a darse cuenta que esa persona que lo cuida y lo protege, se ausenta por períodos, y provoca que el niño se angustie y cree el niño que esa angustia que sintió la madre la percibe como una agresión que le causó daño. En este segundo organizador, el niño no solo percibe y reconoce personas sino que también objetos inanimados. El logro más grande que se produce aquí, es la capacidad de la comunicación. La transmisión directa de mensajes corporales que se convierten en palabras. Y con el habla culmina la relación objetal, que termina por los 9 meses, cuando inicia el 3er. Organizador, que es, el NO. con el fin de proteger al niño, la madre debe de acceder a poner límites hacia el niño, y diciendo verbalmente un no el niño debe de obedecer, aunque en un principio le sea sumamente difícil. Esta negación viene significando la capacidad de juicio. Logra la aceptación de este NO, cuando aprende la imitación. El autor considera tres Organizadores: Sonrisa (a partir del 3er. Mes) Angustia ( a partir del 8vo. Mes) El no (en el habla) a partir del 8vo o 9no mes
  • 3. El papel del afecto en la relación madre e hijo El hecho de tener un hijo, hace que la mujer cree un clima emocional , en la relación madre e hijo, favorable en todos los aspectos al desarrollo del niño. Lo que crea ese clima son los sentimientos de la madre hacia el hijo, y el niño responde a este afecto afectivamente. Esto es esencial en la infancia, pues a esa edad los afectos son de una importancia muchísimo mayor que en cualquier otra época de la vida. Durante estos primeros meses, la percepción afectiva y los afectos predominan en la experiencia infantil. El sensorium, el aparato perceptivo, sensorialmente discriminativo, aún no está desarrollado. Por eso la actitud emocional de la madre , su afecto servirá de orientación a los afectos del infante y conferirá a la experiencia de ésta la calidad de vida. La personalidad del infante absorbe los patrones cambiantes en la personalidad de la madre en un proceso en circuito, influyendo la gama de los afectos maternales con su conductas y sus actitudes. De acuerdo con la personalidad de la madre, puede haber una diferencia, respecto a que el niño sea precoz o retrasado, etc. Un ejemplo de esto es la respuesta sonriente, que aparece como promedio en el tercer mes de vida. En las variaciones influirá decisivamente el clima emocional de la relación madre e hijo. Las diferencias en la actitud del bebé modelarán las relaciones diádicas. Así también los problemas de la madre repercutirán en la conducta del niño, llevando en determinadas condiciones, un conflicto creciente. Por otro lado, la madre no es el único ser humano que se encuentra en el medio circundante al infante, ya que ese medio circundante comprende al padre, a los hermanos de otros partos, a los parientes y demás, y todos pueden tener una significación activa para en infante. Hasta el marco cultural con sus costumbres ejerce una influencia sobre el pequeño. Estas influencias son transmitidas al infante por conducto de la madre. En la relación madre e hijo, la madre es la que representa el medio para el infante. En esta relación, los factores de importancia son: la madre, con su individualidad estructurada y madura; y el hijo, cuya individualidad va a irse desplegando progresivamente, desarrollando y estableciéndose; los dos factores están entre sí en una relación mutua y circular de conducta. Consecuencias y significación del establecimiento del preobjeto. a) Esta es la etapa en que el niño se vuelve desde la recepción del estímulo venido desde dentro, hacia la percepción del estímulo venido desde fuera. b) Se establece la capacidad de suspender incondicionalmente el funcionamiento del principio de placer, empezando a funcionar el principio de la realidad. c) En el aparato psíquico se ha producido una división. d) El reconocimiento de la Gestalt signo implica un cambio catéxico desde la representación sensorial del precepto al rastro mnémico comparable de dicho precepto. e) La capacidad de desviar las catexias de un rastro mnémico u otro. Comparando: “lo que se ha depositado dentro, como una imagen, con lo que es percibido afuera”. f) Se puede decir que se ha producido una estructuración dentro de la somatopsique. El yo y el ello se han separado el uno del otro y dicho yo rudimentario comienza a funcionar. El surgimiento del organizador primero y sus consecuencias. Existen ciertos períodos críticos durante los cuales las corrientes del desarrollo se integrarán unas con otras en varios sectores de la personalidad, así como con las funciones y capacidades emergentes que resultan de los procesos de maduración. El producto de esta acción integradora es una reestructuración del sistema psíquico en un nivel de complejidad superior. Dicha integración es un proceso delicado y vulnerable, que, de tener éxito, lleva a un “organizador” de la psique . Se han descripto, los signos visibles del establecimiento de uno de los organizadores; su indicador es la aparición de la respuesta sonriente de reciprocidad. La respuesta sonriente es el síntoma visible de la convergencia de diversas corrientes del desarrollo dentro del aparato psíquico. El establecimiento de la respuesta sonriente indica que esas tendencias han quedado ahora
  • 4. integradas, organizadas y de que ahora en adelante actuarán como una unidad separada dent ro del sistema psíquico. El surgir de la respuesta sonriente una nueva era en el modo de vida del infante. Este punto crítico se hace visible con toda claridad en la conducta del infante. Estos puntos críticos, estos organizadores de la psique tienen una importancia extraordinaria para el progreso ordenado y sin obstáculos del desarrollo infantil. Si el niño establece y consolida con éxito un organizador, en el nivel apropiado, puede proseguir su desarrollo en la dirección del organizador siguiente. No obstante, cuando la consolidación del organizador se desvía, el desarrollo se detiene. Los sistemas psíquicos que deberían haberse integrado, mediante interacciones con el medio, permanecerán en el nivel inicial, menos diferenciados del desarrollo, previo al establecimiento del organizador. Por eso una perturbación en el despliegue de la personalidad del infante será seguido de una alteración en el equilibrio entre las fuerzas del desarrollo y aquellas que han suscitado la maduración. Este tipo de desequilibrio está, en gran medida, limitado a los primeros años de vida y se suscita frecuentemente en ellos. Con los avances de la edad, decrece su ocurrencia, desapareciendo por completo tras la pubertad. El papel del yo. Otra razón para la plasticidad de la personalidad del infante, durante el primer año de vida, es la falta de una estructura psíquica bien establecida y diferenciada. La teoría psicoanalítica afirma que el yo es esa esfera de la psique que media entre las relaciones con el interior y el exterior. El recién nacido, sin embargo, no tiene yo. No puede contender con los estímulos que llegan. Pero cuando los estímulos que vienen son lo suficientemente fuertes, se produce una irrupción de ellos, que puede modificar la personalidad del infante. En el transcurso del desarrollo ulterior, los estímulos que vienen de fuera empiezan ahora a modificar esta organización rudimentaria de la personalidad. El yo contenderá con los estímulos que lleguen y los dominará. Intercambios activos en la diada hijo y madre. Se producen en el infante acciones y respuestas suscitadas por la madre, considerando a la madre como un estímulo siempre cambiante. La existencia de la madre, actúa como un estímulo para las respuestas del infante, su acción más pequeña, hasta aquellas que no estén relacionadas con el pequeño, actúa como estímulo. Durante el primer año de vida, las experiencias y las acciones intencionales ejercen una influencia más importante en el desarrollo de los diversos sectores de la personalidad del infante. Aquellos actos del infante que agradan a la madre son favorecidos por ella; y de eso se sigue que sus preferencias tendrán una influencia directa sobre el desarrollo. Las facilidades en más amplia medida para las acciones del infante no se las proporcionan los actos conscientes de la madre, sino más bien las actitudes inconscientes de ella. Estas actitudes provienen de dos orígenes diferentes. Uno de estos es “el sector de controles”. Este sector muestra una estrecha afinidad con las demandas del superyo de la madre. El otro sector expresa ampliamente las aspiraciones del ideal del yo de la madre. El sector de los controles, como su nombre los indica, es una influencia restringente; en tanto que el sector de las facilidades es liberación, aliento, fuerza progresiva. Los controles, así como las facilidades, proporcionadas al niño desde el exterior, le capacitarán para desarrollar y establecer sus propios controles, algunos de los cuales llevan a mecanismos de defensa. Los controles y los mecanismos de defensa desarrollados por el niño son indispensables para que el niño se convierta en un ser social. A su vez, para la madre el ser testigo y el excusar la conducta infantil es una reactivación de todas las fantasías culpables y al mismo tiempo deleitables que ella tuvo que domeñar. La comunicación en el interior de la diada madre e infante.
  • 5. Los afectos, la percepción y la comunicación. Las señales afectivas generadas por la disposición de ánimo maternal se convierten en una forma de comunicación con el infante. Esos intercambios entre la madre y el niño prosiguen ininterrumpidamente, sin que la madre necesariamente se percate de ellos. Tal modo de comunicación entre madre e hijo ejerce una presión constante que conforma la psique infantil. El papel de los hechos traumáticos en el desarrollo de la personalidad es en realidad pequeño. Lo que vemos son los resultados acumulativos de experiencias y los estímulos reiterados, de las secuencias de respuestas repetidas sin cesar. El mismo principio de acumulación es válido para la etiología de una neurosis posible después. Los eventos traumáticos aislados rara vez desempeñan un papel decisivo en la provocación de la neurosis. En la neurosis es el efecto de las experiencias acumulativas el causante del resultado patológico. Consciente o inconscientemente, cada uno de los miembros de la pareja madre e hijo, perciben en afecto del otro y a su vez responde con afecto, en un intercambio constante afectivo y recíproco. Es de un interés especial que el despliegue de la percepción afectiva y los intercambios afectivos preceden a todas las demás funciones psíquicas; estas se irán desarrollando subsecuentemente sobre los cimientos proporcionados por los intercambios afectivos. Los afectos parecen seguir sirviendo de guía al resto del desarrollo, al menos hasta el resto del primer año de vida. El establecimiento del precursor del objeto libidinal inicia también el comienzo de la relacionalidad de las “cosas”. Después de que el infante se halla vuelto capaz de percibir y de responder al rostro humano, necesitará todavía otros dos meses para lograr reconocer el biberón, que sin duda es ña “cosa” más familiar. La historia natural de los afectos no placenteros y su dinámica. Los afectos placenteros surgen en el transcurso de los primeros tres meses de vida, siendo la respuesta sonriente su manifestación más notable. Las manifestaciones de displacer siguen un rumbo estrechamente paralelo; se vuelven más y más específicas en el curso de los primeros tres meses de vida. Al comienzo del cuarto, el niño expresa su desagrado al abandonarle su pareja humana. Pero así como el infante de esa edad no sonreirá a nada que no sea un rostro humano, tampoco mostrará desagrado cuando le quitemos un juguete suyo; llora solo cuando su compañero de juego interrumpe este y lo abandona. Alrededor del ,sexto mes, la especificación de la respuesta sonriente y de la respuesta de desagrado de hacen más señaladas y se extienden a un número creciente de estímulos, incluyendo aquellos conectados con “cosas”. La respuesta sonriente es el indicador afectivo de la satisfacción que se espera de la necesidad; el indicador de una descarga de tensión. El lloro cuando su pareja se va es el indicador afectivo de una elevación de tensión en la expectativa. Estas dos experiencias, la del placer y la del displacer, son las dos experiencias afectivas principales de la primera infancia. Estas representan la aparición del preobjeto, que precede a la satisfacción y a la respuesta sonriente que le sigue; la otra es la separación de su pareja, iniciando frustraciones expresadas por el llanto. El papel de la frustración en la educación y el desarrollo. El hecho de privar al infante del afecto de dispalcer, durante el transcurso del primer año de vida, es tan dañino como privarle del afecto de placer. El papel de ambos es de igual importancia en la formación del aparato psíquico y de la personalidad. Dejar inactivo a cualquiera de estos afectos trastornará el equilibrio del desarrollo. Esta es la razón de que lleve a resultados tan deplorables educar a los niños de acuerdo con la doctrina de un consentimiento incondicional. La importancia de la frustración para el progreso del desarrollo no puede ser sobrestimada. La frustración es el catalizador más potente de la evolución con que cuenta la naturaleza. En la crianza de los niños en la actualidad se evitan al infante esas frustraciones que hacen que los padres se sientan culpables. En realidad lo que les preocupa no es tanto la conducta del pequeño como su deseo de evitar sentimientos de culpabilidad, conscientes o inconscientes.
  • 6. El establecimiento del objeto libidinal. La angustia del octavo mes. Entre el sexto y el octavo mes se produce un cambio decisivo en la conducta del niño hacia los otros. Ya no responderá el bebé con una sonrisa cuando un visitante casual se detenga junto a su camita y le sonría moviendo la cabeza. Para esa edad la capacidad para la diferenciación perceptiva diacrítica está ya bien desarrollada. Ahora el infante distingue claramente entre el amigo y el extraño. En la etapa de la ansiedad del octavo mes, si el niño reacciona al enfrentarse con un desconocido, es porque este no es su madre: su madre “le ha dejado”. Esto contrasta con el niño de tres meses, para el cual el rostro humano es lo mismo que otro, pues representa la satisfacción de la necesidad. No obstante, cuando el desconocido se acerca al niño de ocho meses, este se siente burlado, en su deseo de tener a su madre con él. La angustia que manifiesta no es la respuesta al recuerdo de una experiencia desagradable con el desconocido; es en respuesta a su percepción de que el rostro del desconocido no coincide con las huellas mnémicas del rostro de la madre. Como la respuesta sonriente a la edad de tres meses, la angustia del octavo mes, señala una etapa diferente en el desarrollo de la organización psíquica. En el octavo mes se ha establecido el objeto libidinal. Antes de esto, apenas se podía hablar de amor, pues este no existe hasta que el amado puede ser distinguido de los demás. El segundo organizador. La angustia del octavo mes, indica la emergencia en la psique de un segundo organizador. Esto significa también que uno de los períodos críticos queda situado aproximadamente en el octavo mes de vida. Lo que señala una nueva etapa en el desarrollo infantil, en el curso del cual, tanto la personalidad del niño como su conducta, sufrirán un cambio radical. Ahora, tanto la forma en que se expresa el desagrado, como la percepción y reconocimiento del estímulo que provoca el displacer se hacen aún más específicos. El displacer adopta la forma de la angustia específica, cuando se acerca al pequeño un desconocido. Este desagrado específico es originado por el temor del niño a haber perdido a su madre (el objeto libidinal). Dos pasos principales que llevan a la constitución del objeto libidinal: 1. El establecimiento de la representación del rostro humano en el sistema mnémico como un incentivo, nos informa del surgimiento del precursor del objeto; 2. Tres o cuatro meses después, en el octavo mes aparece la angustia. Esta indica que el niño diferencia el semblante de la madre y le adjudica un lugar único entre todos los demás rostros humanos. Esto es lo que indica el establecimiento del “objeto” libidinal propiamente dicho. El papel y la evolución de los impulsos instintuales. Los impulsos libidinal y agresivos participan en igual medida en la formación de las relaciones de objeto. Al nacer, los impulsos no están todavía diferenciados entre sí; se diferencian a través de un proceso de desarrollo gradual. Los impulsos libidinales y agresivos se diferencian entre sí en el transcurso de los tres primeros meses de vida como resultado de los intercambios que se efectúan entre la madre y el hijo. En los meses siguientes, el desarrollo avanza paso a paso, desde la etapa preobjetual a la etapa de las verdaderas relaciones de objeto. El tercer organizador de la psique
  • 7. Unas de las más importantes transformaciones que se inician con el advenimiento del segundo organizador es la comprensión progresiva por el niño de las prohibiciones y la emergencia de los primeros indicios de los fenómenos de identificación. El dominio del “no” es un logro de consecuencias trascendentales para el desarrollo mental y emocional del niño; presupone haber adquirido la capacidad primera para el juicio y la negación. La adquisición del signo de negación y de la palabra “no” debe ser considerada como el indicador tangible de la formación del tercer organizador. El “no”, con el gesto y la palabra, es la expresión semántica de la negación y del juicio; al mismo tiempo es la primera abstracción realizada por el niño, el primer concepto abstracto en el sentido de la mentalidad adulta. Poco después del comienzo del segundo año, el niño expresa la negación moviendo la cabeza. Así comunica al medio el rechazo mediante un signo semántico.
  • 8. El primer año de vida del niño. Da cuenta del intercambio emocional y vivencial entre madre e hijo. Reflexiona acerca de la forma en que esta relación, desde sus inicios, garantiza la supervivencia del infante y el desarrollo somático y psíquico de su personalidad. La principal cuestión planteada, es el desarrollo de esta relación tan fundamental para el ser humaño. El niño, durante el primer año de vida se esfuerza en sobrevivir y en elaborar formas de adaptación al medio. Todo aquello de lo que carece de pequeño, lo proporciona la madre quien atiende de manera complementaria todas sus necesidades, y el resultado de este cuidado y esta relación es una diada, principal herramienta para la supervivencia y la adaptación al medio. Enfatiza la necesidad de determinar y definir aquello por lo cual la relación se hace posible: objeto libidinal, al que Freud se refirió como “El objeto de un instinto, es aquello en relación a lo cual o a través de lo cuál el instinto es capaz de lograr su finalidad...” (1915, citado en Spitz, pág. 24). El objeto libidinal no permanece en las mismas coordenadas de tiempo y espacio, sino que es cambiante, no es nunca constante ni idéntico a sí mismo. La característica principal que lo hace ser tan importante consiste en que puede ser descrito en términos de estructura y dirección de los impulsos instintivos que van hacia él. Las relaciones de objeto son entre sujeto y objeto. Neonato, quien se haya (durante los primeros meses de vida) en un estado de indiferenciación por lo que no existe en él el funcionamiento psíquico esperado en todo ser humaño. Esta idea desemboca en que el neonato es incapaz de definir al objeto y mucho menos establecer una relación de objeto con el mismo. Ambas cosas lograrán un desarrollo progresivo, en el transcurso del primer año de vida. Es por esto que SPITZ, distingue tres etapas para este desarrollo: La etapa sin objeto (etapa preobjetal o anobjetal) El precursor del objeto El establecimiento del objeto libidinal La etapa sin objeto (etapa preobjetal o anobjetal). Menciona, como primera etapa de desarrollo de esta vital relación, la etapa sin objeto (etapa preobjetal o añobjetal), que coincide con la etapa del narcisismo primario del infante. Se refiere a ella como una etapa de no diferenciación, ya que la percepción, las actividades y las funciones del recién nacido no están del todo organizadas en unidades, salvo aquellas actividades y zonas relacionadas con la tarea de nutrición, la circulación, la función respiratoria y otras funciones vitales. La base para el entendimiento de esta fase es el hecho de que el infante es incapaz de distinguir una cosa de otra, ni de distinguir los aspectos externos de su propio cuerpo y no vivencia el mundo que lo rodea como algo que se encuentra separado de él. Incluso el recién nacido en sí no se encuentra diferenciado ni organizado. Durante los primeros días de nacido, incluso el primer mes, no existe para el infante el mundo exterior, es como si su aparato perceptor se protegiera con una barrera sumamente fuerte que le impidiera todo contacto con la realidad circundante. Durante este periodo, las experiencias infantiles se determinan por medio del sistema interoceptivo o propioceptivo, las respuestas que logra demostrar se refieren únicamente a la satisfacción de sus necesidades. En este punto quisiera hacer mención de la discrepancia que refiere el autor acerca de las teorías que pretenden una idea de percepción del bebé in útero, al igual que durante el parto. Para Spitz no existe tal cosa del “trauma del parto” ya que al nacer el bebé no tiene conciencia por lo que el momento del nacer no tiene en el infante un contenido psíquico. El autor enfatiza el hecho de que un estado de displacer que puede llegar a observarse en el niño al nacer dura prácticamente segundos; si se le deja en paz, todo esto desaparece solo, sin ayuda. La excitación negativa del recién nacido, debe considerarse únicamente a modo de descarga, este proceso es fisiológico y se rige por el principio de Nirvana según el cual la
  • 9. excitación corporal se mantiene en un nivel constante, cualquier estímulo que exceda esta excitación buscará la descarga sin demora. Sin embargo no se hablará en esta etapa de una función psicológica que permita al infante la conciencia de lo que está pasando. Esta función psicológica se desarrollará a su debido tiempo y se regirá por la ley del principio del placer y displacer, que será, a su vez, sustituido (aunque nunca por completo) por el principio de realidad. Plantea una pregunta referente al modo en que el neonato percibe los estímulos del exterior que se requieren para que capte algo. El neonato no tiene imagen alguna del mundo exterior, ni estímulos de ninguna modalidad sensorial que le permitan reconocer señales, por lo tanto, se afirma que los estímulos que llegan a “chocar” con el aparato sensorial del infante son totalmente ajenos en todas las modalidades de sensación, cada estímulo para ser percibido como tal, debe ser transformado primeramente en una experiencia significativa, y solo entonces se podrán convertir en una señal que creará a futuro el mundo externo para el bebé. Qué condiciones capacitan al infante para lograr esta señal? 1) Barrera contra los estímulos que lo protegerá de todos aquellos a los que estamos expuestos a diario. Esta barrera, por una parte hace referencia a que las funciones receptoras del infante no están desarrolladas al nacer, y por otra parte el estado de vigilia del recién nacido se encuentra totalmente reducido a los momentos en que este se despierta en demanda de su alimento únicamente (La mayor parte del tiempo lo pasa durmiendo o adormilado). Para que comience a detectar todos los estímulos que le llegan, deberá pasar por un desarrollo de esta función. 2) El proceso de dar significado a los estímulos también es resultado de un desarrollo. 3) También hay que tomar en cuenta la protección de la madre contra el exceso de estímulos de cualquier clase (la cama protegida por los lados, la tibieza que procura al ambiente del niño, etc.). 4) Por otro lado es importante mencionar la tarea de la madre que también ayuda al niño a tratar con los estímulos internos, proporcionándole las herramientas necesarias para aliviar la tensión que estos le provocan, satisfaciendo sus necesidades en el momento en que estas se presentan. 5) Como otro punto, de gran importancia para el autor, menciona la relación de reciprocidad establecida entre madre e hijo, que se basa en un “diálogo” de secuencia acción-reacción-acción. Esta relación tan especial que logra establecerse es el fundamento para que el bebé logre transformar los estímulos que llegan del exterior en señales significativas. El neonato no puede percibir los estímulos de su entorno, sin embargo esto no quiere decir que no guarde huellas mnémicas de sus primeros contactos con lo externo. Esto a través de un desarrollo lleva al neonato a formar el tan esperado vínculo con lo externo y las deseadas señales que lo lleven a conocer su entorno. Ahora bien, desde los primeros días de vida el bebé muestra acciones y reacciones bastante complejas, una de estas es la acción de mamar que efectúa el bebé y que implica varios movimientos organizados y estructurados que llevan a tal respuesta. Pero, cómo percibe el pequeño, el estímulo que ha de mostrarle que debe realizar tal acción de mamar? Spitz habla de ciertos estímulos pertenecientes a un sistema de “captación” (que es distinto al sistema de percepción que aparece únicamente en edades posteriores). Este sistema está a su vez conformado por un sistema de “Organización cenestésica” que básicamente es visceral y se manifiesta a través de emociones, perteneciendo, así, al sistema nervioso autónomo. Las percepciones dadas en este sistema son distintas a las que alcanza en etapas posteriores, por lo que el autor llama a este tipo de percepción “recepción”. Posteriormente el sistema presentado es el de la “Organización diacrítica”, donde la percepción pertenece a órgaños periféricos localizados, y las manifestaciones aquí se deben a procesos cognitivos más elaborados, como los procesos conscientes del pensamiento. De esta manera menciona que tal acción de mamar pertenece al primer tipo de organización, es únicamente visceral y responde a emociones principalmente, es tá alejada de la conciencia y por lo tanto no puede pertenecer al sistema de organización diacrítica. No son solo las percepciones las que se encuentran indiferenciadas en el neonato, sino también los afectos, ya que, como se ha dicho hasta el momento la organización diacrítica no se encuentra presente todavía y mucho menos la capacidad de distinguir entre una cosa y otra y de singularizar el objeto libidinal, por lo que responde únicamente a estímulos internos. cómo se da entonces la modificación en la conducta del infante, haciendo referencia específica a la experiencia y aprendizaje que son los principales puentes para su relación con el mundo. Una de las acciones primeramente sugeridas a través de la experiencia como una conducta dirigida hacia un fin es el acto de mamar del pecho materno, a lo que refiere que si un bebé, que ha sido
  • 10. amamantado desde su nacimiento, es sacado de su cuna alrededor del octavo día y se le coloca en postura de mamar, el infante volverá su cabeza hacia el pecho de la persona que lo alza ya sea hombre o mujer. En un principio, el infante solo reconoce las gestiones del alimento solo cuando tiene hambre, en realidad no identifica la leche como tal, ni el biberón, ni siquiera el pecho materno, es solo que responde a este estímulo como a cualquier otro. Es importante hacer referencia de las dos secuencias que menciona el autor que ayudan a explicar lo anterior: una hace referencia al estímulo externo de la presencia del pezón que insita al niño a succionar, el otro es su necesidad de satisfacer el hambre. El hecho de que se presente el pezón, no es condición suficiente para que se lleve a cabo la succión, solo se percibirá el pezón en la boca si se cumplen las siguientes condiciones: 1) que la tensión interna o el aparato propioceptivo del niño (el hambre) no esté nulificado por alguna tensión externa desagradable. 2) Otra cuestión de vital importancia es que el infante tenga hambre, de otra manera no succionará el pezón. Enfatiza el hecho de que si el infante se encuentra molesto o tenso, su única manera de eliminar esto es descargándolo, de otra manera no se podrá percibir el estímulo externo. Para percibir deberá de cesar el displacer y la descarga, solo cuando esto ocurre podrá reanudarse la percepción del estímulo externo satisfactor de la necesidad. Ahora bien, para pasar a la siguiente etapa ocurre un nuevo progreso en el niño, la percepción el rostro humano. Durante las primeras seis semanas de vida, las huellas mnémicas del rostro humano quedan fijadas en la memoria infantil, como la primera señal de la presencia del satisfactor de la necesidad, y se observa en el infante la acción de seguir con la vista todos los movimientos de esta primera señal. El precursor del objeto: La segunda etapa a la que Spitz llama El precursor del objeto, enfatiza el hecho de que el rostro humano se convierte en un estímulo visual privilegiado y distinguido de todos los demás estímulos circundantes. En el transcurso del tercer mes, la madurez física y psicológica del infante le permitirán realizar su primera respuesta psicológica ante el estímulo externo: la sonrisa ante el rostro humano. A esta edad, no hay ninguna otra cosa, ni siquiera el alimento del niño, que provoque tal respuesta. Sin embargo cabe mencionar que esta sonrisa es indiferenciada, así el niño responderá a cualquier rostro que se presente frente a él, sin embargo es hasta los seis meses de edad que comienza a reservar tal respuesta únicamente al rostro de mamá, amigos y personas conocidas, es decir, la respuesta se torna hacia los objetos de amor. Es importante aclarar que la reacción sonriente de los primeros tres meses de vida no indica, de ninguna forma una verdadera relación de objeto. En realidad el infante no sonríe a una persona en especial, ni a un objeto libidinal, simplemente sonríe a un signo. Este signo es proporcionado por “partes” del rostro humano, como son los ojos, nariz y frente, todo esto en movimiento (esto constituye lo que el autor denomina una Gestalt privilegiada). El reconocimiento de esto pertenece a un desarrollo posterior, se necesitan otros 4 o 6 meses para que el bebé distinga un rostro entre muchos, y sea capaz de dotar este rostro con las características del objeto. Este es el indicador visual externo del proceso intrapsíquico de la formación de objeto. Lo que distingue el objeto de las demás “cosas” es que las cualidades esenciales del objeto son constantes, sus atributos externos no son esenciales y por lo tanto pueden modificarse sin correr el riesgo de no ser reconocido por el infante, por el contrario, en las “cosas” las cualidades externas son las únicas que pueden ser percibidas, por lo que cualquier modificación de los atributos
  • 11. externos hará difícil o casi imposible su reconocimiento. Al exponer lo anterior surge en el propio autor la disyuntiva acerca de si lo que se necesita para establecer esta primera señal del rostro humano es la percepción de la nariz, ojos y frente en movimiento, será posible presentar a una muñeca mecánica ante el infante y observar la misma respuesta de sonrisa? Esto no será posible porque un aspecto importante es el establecimiento de una relación recíproca entre el bebé y otro ser humano. Con una muñeca, la relación sería solo unilateral. La retroalimentación recíproca dentro de la díada madre hijo, es un flujo continuo y es de vital importancia, aunque ésta no sea del todo simétrica. Es de vital importancia para el autor que esta relación con la madre este basada en el afecto. La madre deberá crear un “clima emocional” favorable en todos los aspectos de desarrollo del niño. El afecto que la madre logre transmitir al pequeño servirá de orientación a los afectos del infante y conferirá a su experiencia una buena calidad de vida. Las respuestas de la madre pueden ser variantes, de día a día, entre horas o entre minutos y estos patrones cambiantes son absorbidos por el niño como un proceso de circuito que influye en su conducta y en sus actitudes. Es evidente que los conflictos de la madre también repercutirán en el infante llevando en varias ocasiones a un conflicto creciente. En la relación madre- hijo lo dado por la madre representa lo dado del medio, es más, ella es la que representa al medio; por parte del niño, lo dado comprende su equipo congénito que le permitirá madurar. Las relaciones de objeto llevan desde el surgimiento del preobjeto hasta dotar a la madre de las cualidades del objeto libidinal. Ahora bien, cual es la consecuencia y la significación del establecimiento de este preobjeto? 1) Es en esta etapa en que ocurre la transición entre la recepción y la percepción propiamente dicha. 2) Transición del principio del placer - displacer, que exige su atención del estímulo que viene de adentro, ahora se puede demorar esta demanda de manera que comienza a funcionar el principio de realidad. 3) El hecho de que el niño pueda reconocer el rostro humano y sonreír ante él, demuestra que hay rastros de recuerdos, lo que implica que en el aparato psíquico ha habido una división (consciente, preconciente e inconsciente). 4) También demuestra que el niño es capaz de desplazar cargas catéxicas de una función psicológica a otra, y de un rastro mnémico hacia otro. 5) Esto también representa una estructuración en la somatopsique, el ello y el yo se separan el uno del otro y una vez establecido el yo rudimentario, comienza a funcionar observándose en los actos dirigidos e intencionados que el niño empieza a realizar. Este yo estará siempre al principio del dominio y la defensa. Desarrolla lo que llama Spitz una función “integradora” que lleva a la transición de lo somático y lo psicológico. 6) La función protectora de la barrera contra los estímulos ahora es consecuencia y responsabilidad directa de este nuevo yo que surge. 7) También se va a observar un cambio en el infante de la pasividad hacia una actividad dirigida en la etapa en que aparece la respuesta de sonrisa. 8) Por último establece que esta respuesta sonriente es la base y premisa para todas las relaciones sociales que se establecerán posteriormente. Como se ha podido observar hasta este momento, Spitz enfatiza la importancia de las experiencias del niño en su primer año de vida y la capacidad plástica que tiene la psique del mismo durante este mismo periodo de desarrollo. El niño busca adaptarse de manera firme y rápida a su medio. Mediante esta adaptación el infante es capaz de transformar las presiones ejercidas por los impulsos agresivos y libidinales a conductas dirigidas y esto es gracias a la plasticidad antes mencionada. Una de las principales razones de la existencia de dicha plasticidad es que durante el primer año de vida hay una falta de estructura psíquica bien establecida y diferenciada. El recién nacido no tiene yo, este es producto de la adaptación y desarrollo a lo largo de las primeras etapas, sin embargo ante esta adaptación el yo del infante cumple con su papel en tres situaciones características: 1)A la edad de tres meses el yo del niño solo responde a la gestalt signo del exterior . Esta respuesta es una sonrisa que se da de manera indiscriminada, aún siendo amigo o extraño. Es un
  • 12. yo característicamente rudimentario que a pesar de contar con muchas limitaciones es capaz de actuar adecuadamente, por que cuenta con el yo auxiliar que la madre le proporciona. 2) A los siete meses y medio el yo deja de ser rudimentario y comienza a ser capaz de lograr una percepción con algunos rastros mnémicos y de responder con expresiones de afecto positivo. Las estructuras del yo comienzan a responder de una manera central y comienza a controlar los accesos de la movilidad 3) Se hacen evidentes los procesos mentales que se esfuerzan en ser cumplidos. Antes de adentrarnos en la tercera etapa propuesta por Spitz para el establecimiento del objeto libidinal, quisiera enfatizar la importancia que representa la relación madre- hijo, sobre todo en este primer año de vida. El autor hace mención de que la existencia de la madre, incluso su propia presencia, actúa como un estímulo para las respuestas del infante. Las acciones intencionales del mismo son las que ejercen mayor influencia sobre el desarrollo de su personalidad. La madre es la que proporciona las facilidades y controles de esta conducta dirigida, de esta manera el niño tenderá a repetir las conductas reforzadas, evitando, por el contrario toda acción que haya representado un fracaso en la aceptación de la madre. A pesar de esto, tanto los controles como las facilidades son indispensables para el desarrollo aunque la proporción en la que ambas se aplican son determinantes para la vida posterior. Otra situación importante es la comunicación que se establece con la madre. El bebe está acostumbrado a expresarse por medio de descargas afectivas que surgen en resultado de los estímulos originados en su interior, que el niño percibe como displacenteros o desagradables. La madre deberá desarrollar la capacidad para la empatía con su bebé para poder así percibir y atender sus necesidades cuando estas aparezcan en forma de llanto o alguna otra descarga emocional. Para Spitz las señales afectivas generadas por el ánimo maternal se convierten, por su parte, en una forma de comunicación con su bebé. Estos intercambios afectivos entre madre e hijo se dan de manera ininterrumpida sin que necesariamente la madre se percate de su existencia. Las experiencias investidas de afectividad por las que pasa el infante facilitan el almacenamiento de rastros mnémicos de las situaciones externas dadas, y esto está muy de acuerdo con lo propuesto por el autor acerca de los dos tipos de percepciones que caracterizan al infante: la organización cenestésica y diacrítica. Donde si la primera se da de manera afectiva, será el único puente que tenga el recién nacido para avanzar hacia la percepción diacrítica intensiva y lograrla. No obstante el papel del afecto en el desarrollo de la personalidad, el autor enfatiza la importancia de las frustraciones reiterativas e insistentes que se presentan en este desarrollo y que obligarán al infante a volverse más activo y responsivo ante su medio. Las frustraciones van implícitas en el desarrollo, sin embargo en la actualidad, se tratan de evitar estas frustraciones al niño por parte de los padres, educadores y psicólogos. En realidad lo que les preocupa no es tanto la conducta del pequeño sino su deseo de evitar sentimientos de culpabilidad conscientes o inconscientes. Para lograr el bienestar del infante son necesarias las frustraciones ya que tienen el papel de comprobar la realidad al infante y esta comprobación es vital importancia para el desarrollo satisfactorio de su yo. Establecimiento del objeto libidinal. La tercera y última etapa es la llamada “el establecimiento del objeto libidinal”: Para comenzar a hablar de esta etapa Spitz introduce la idea fundamental de la angustia del octavo mes que caracteriza un cambio decisivo en la respuesta del infante hacia los otros. Ahora el infante distingue claramente entre el amigo y el extraño y se produce en él una negativa de entrar en contacto con el desconocido; negativa que el autor califica como un matiz más o menos pronunciado de angustia: “La angustia del octavo mes” que es considerada como la primera manifestación de angustia propiamente dicha. Ante esto el autor se ve en la necesidad de distinguir en el primer año de vida tres etapas de la angustia como tal: 1) La primera entra dentro de la reacción del infante ante el proceso del parto. Freud habla de esta reacción como un prototipo psicológico de toda angustia que se desarrolle posteriormente. Una semana después de nacido el pequeño muestra manifestaciones de desagrado, sin embargo estas
  • 13. no son catalogadas como angustia, ya que, aunque tengan las características de los estados de tensión psicológica, carecen de significado psicológico. Alrededor de la octava semana de nacido las manifestaciones de desagrado se hacen cada vez más estructuradas e inteligibles y comienzan a aparecer los primeros matices de angustia. A medida que las manifestaciones del niño se hacen más inteligibles, las respuestas del medio se hacen más adaptadas a las necesidades que este expresa, y así, en el tercer mes de vida, las huellas mnémicas de ciertas señales dirigidas por el niño hacia el medio queda de una forma codificadas en su aparato psíquico. 2) Estos rastros mnémicos estarán cada vez más relacionados con matices de afectos agradables y a veces desagradables. Los afectos desagradables, están estructurados de tal manera que su reactivación se enfoca en una conducta específica que podría ser de retraimiento que son representados como “miedo” en relación a una respuesta desagradable por parte del medio. Este es el segundo paso para el establecimiento de la angustia propiamente dicha. Esta reacción de temor es provocada por la asociación del niño con una experiencia desagradable previa. Cuando el niño vuelve a presenciar la situación que le provoca dichos sentimientos de desagrado, responde con la huida. 3) La angustia del octavo mes, descripta con anterioridad es enteramente diferente a esta actitud de miedo y huida que caracterizan la segunda fase para el establecimiento de la angustia propiamente dicha. En la reacción ante el desconocido, el niño responde a algo con lo que nunca tuvo antes una experiencia desagradable. Entonces, porqué tal reacción? Spitz asegura que el niño realmente esta respondiendo a la ausencia de la madre. Si reacciona ante un desconocido es porque realmente este no es su madre: su madre “lo ha dejado”. Esta respuesta se da porque el rostro del desconocido no coincide con las huellas mnémicas del rostro de la madre. El infante descubre que este nuevo rostro es diferente y por lo tanto lo rechaza. Este desplazamiento de la catexia a las huellas mnémicas que el niño ha logrado hasta el octavo mes de vida refleja con seguridad el hecho de que ha logrado establecer una relación de objeto verdadera y que la madre se ha convertido en el “objeto libidinal”, en su objeto amoroso. Al mismo tiempo se observa en el niño un cambio al tratar a su medio, ya utiliza defensas no tan arcaicas y adquiere la capacidad de enjuiciamiento y de decisión. Esto representa un desarrollo del yo en un nivel intelectual superior. Esta angustia del octavo mes, como la ha llegado a denominar el autor, representa también el hecho de que uno de los periodos críticos ha quedado situado en esta etapa. Ahora la forma de reconocimiento y percepción de estímulos negativos externos, y el desagrado mostrado ante estos se vuelve más específico. Esta cristalización de los afectos, junto con la integración del yo y la consolidación de las relaciones objetales son tres procesos que se desarrollan paralelamente y son partes interdependientes para el desarrollo total de la personalidad en el individuo. Quisiera hacer otro paréntesis ante esta afirmación del autor, ya que en un principio, surgió en mi la pregunta de por qué el autor únicamente se enfocaba en el primer año de vida del niño, habiendo experiencias tan significativas y determinantes para la personalidad en los años subsiguientes? Solo hasta este momento esta duda ha quedado resuelta, ya que puedo percibir cómo el autor, sin minimizar ni subestimar la importancia de las siguientes etapas del desarrollo expone los logros que se esperan que una persona alcance en el primer año de vida; logros, que si son manifestados por el infante, serán el puente directo para la obtención del éxito en la etapas posteriores del desarrollo. Incluso marcarán al individuo durante el resto de su vida ya que abarcan esferas de funcionamiento vitales para la estabilidad psicológica y la adaptación del individuo al medio; estas esferas son, como ya las mencionamos, las reacciones afectivas ante el medio (la capacidad de cristalizar los afectos), la integración de las funciones yoicas y el adecuado establecimiento de las relaciones de objeto. La angustia manifestada como tal ante un desconocido indica el hecho de que el niño diferencia el semblante materno y le adjudica un lugar único entre todos los demás rostros humanos. Desde entonces y unos meses más adelante, el niño preferirá el rostro de su madre y rechazará todos los otros que difieran de él. Esto es, para el autor, lo que indica el establecimiento del objeto libidinal propiamente dicho. Una vez que el objeto queda establecido, el niño ya no confunde nada con él. Esta exclusividad permite al niño crear vínculos estrechos que otorgan al objeto propiedades únicas e individuales. La angustia del octavo mes es la prueba de que el niño ha encontrado “la pareja con la cual puede formar relaciones de objeto en el verdadero sentido de
  • 14. la palabra” (pág.126). Por otro lado, en esta misma etapa se encuentra una mayor maduración y desarrollo en la organización psíquica de la persona. De este modo se observa un enriquecimiento del yo en diversas fuentes, se establecerán los límites entre el yo y el ello, y el yo y el mundo exterior. En esta integración y estructuración del yo se observará la diferenciación progresiva de la agresión y la libido para luego fusionarse en el mismo objeto. Cabe mencionar en este punto que el establecimiento del objeto libidinal y la resultante relación de entre sujeto y objeto, estarán también determinadas por el medio cultural y social que rodean a la díada. Las instituciones culturales desempeñan un papel significativo en la formación de la personalidad. Una de las principales instituciones culturales, la familia, garantiza al infante el establecimiento de una relación entre él y “una sola persona maternante” durante el primer año de vida. Situaciones culturales diferentes tendrán influencias significativas en la edad, fuerza y forma en que se establece el objeto y las relaciones con el mismo. Por otro lado el desarrollo y evolución de los impulsos de instintos (libidinal y agresivo), participan también en la formación de relaciones de objeto. Al nacer y durante la etapa de narcisismo primario, dichos impulsos no están diferenciados, esto se logrará a través de un proceso gradual. Logran diferenciarse a lo largo de los tres primeros meses de vida como resultado del intercambio entre madre e hijo. Al principio estas experiencias e intercambios se producen en el sector específico de cada uno de los impulsos, no se funden o conectan unos con otros. Esto resulta en la etapa de preobjeto. A medida que estas etapas avanzan de la fase sin objeto al establecimiento del objeto libidinal el desarrollo avanza y los impulsos se detienen en la satisfacción de las necesidades orales del infante. Como la madre es la que satisface estos deseos del infante, se convierte en el “blanco” de los impulsos agresivos y libidinales, sin embargo, este blanco no es percibido como una persona unificada y permanente, o como “objeto libidinal”. En esta etapa de no diferenciación el infante tiene dos objet os: el objeto “bueno” hacia el cual se vuelve la libido y el objeto “malo” contra el cual se vuelca la agresión. Abraham denomina este periodo como la etapa preambivalente. Al principio de esta etapa surge un yo rudimentario que actúa centralmente y que permite descargar el impulso en forma de una acción dirigida que producirá posteriormente la diferenciación entre los impulsos. El niño comienza a diferenciar entre el objeto malo (que no satisface sus necesidades) y el objeto bueno (que si satisface sus necesidades). Alrededor de los 6 meses de edad se produce una síntesis, la influencia del yo y sus tendencias integrativas se sienten en la integración de la huellas mnémicas de experiencias repetidas y por los intercambios del hijo con la madre. Finalmente surge una sola madre (que integra a la madre mala y buena), surge el objeto libidinal propiamente dicho. Llega un momento en que la madre deja de ser percibida como un elemento bueno o malo de acuerdo a la situación específica en que es experimentada y de esta manera atraerá hacia sí los impulsos agresivos del infante y los impulsos libidinales. Es importante aclarar, sin embargo que los aspectos buenos de la madre sobrepasan el peso de los aspectos “malos”, del mismo modo el impulso libidinal del niño, sobrepasa el impulso agresivo. Es así como Spitz percibe el papel que juegan los impulsos en el establecimiento del objeto libidinal y la relación con el mismo. Finalmente el autor menciona el acto de la alimentación como un factor de importancia en la relación establecida entre madre e hijo. El se basa en los horarios de alimentación, que representan para el niño las facilidades o limitaciones que le otorga la madre. La madre al otorgar más facilidades, favorece el desarrollo del objeto “bueno”, por el cont rario, al limitar en demasía al niño, está favoreciendo el desarrollo del objeto “malo”. A lo largo de todo el desarrollo el niño debe estar familiarizado con ambos tipos de relación con su exterior: la relación que facilita (que se vive como recompensa del objeto bueno) y la relación que limita y reprime (que es experiencia da como las fechorías del objeto malo). El hecho de que el infante se enfrente a las limitaciones es inevitable, sin embargo, la compensaciones que da el objeto bueno capacitan al infante a resistir las frustraciones mayores. Esta capacidad de tolerar dichas frustraciones es el origen del principio de realidad y esto es un paso importante para la humanización del individuo, para poder aplazar la satisfacción del impulso y esperar resultados más benéficos debido a este aplazamiento y a esta espera.
  • 15. DESARROLLO PRECOZ, APEGO Y CONTEXTO FAMILIAR Consuelo Rollán García 1. Introducción La formación de los apegos constituye uno de los pilares básicos del desarrollo de las personas por garantizar la supervivencia física, la elaboración de las primeras emociones y la construcción de la realidad, gracias a la proximidad con los semejantes y a las necesidades que satisfacen. El apego es un vínculo afectivo de primer orden que garantiza la protección y seguridad que el niño necesita a través de las interacciones que se establecen con los padres o sustitutos en los primeros años de vida; la posibilidad de interactuar posibilita que el niño adquiera una noción de la disponibilidad y accesibilidad de las figuras de apego y sobre la propia eficacia para conseguir el acercamiento con la misma.(Bowlby 1969). Los apegos constituyen una de las grandes necesidades primarias no aprendidas siendo las otras la necesidad de relacionarse socialmente y la necesidad de mantener contacto físico .El denominador común es la búsqueda de proximidad para satisfacer las necesidades físicas, emocionales, sociales. y garantizan la supervivencia, la defensa y la reproducción. Cuando alguna de estas necesidades no encuentra satisfacción peligra la salud física y psíquica de los individuos. Las primeras vinculaciones afectivas se elaboran entre los cuidadores primarios, generalmente los padres, y el niño durante los primeros años de vida. Los apegos, como vinculaciones afectivas de primer orden, se generan en un contexto concreto, la familia tradicionalmente, y como parte del desarrollo precoz de los seres humanos durante el primer año de vida por situarse en éste el establecimiento del objeto. (Spitz, 1979). 2. DESARROLLO PRECOZ según R. Spitz René Spitz (1887-1974) nació en Viena y estudió medicina en Budapest graduándose en 1910. Trabajó el análisis con Freud resaltando la importancia de util izar el procedimiento en la formación de los analistas. En 1938 se trasladó a Estados Unidos y desempeñó diferentes actividades como médico, psicoanalista, investigador y docente. Su interés investigador se centró en el desarrollo de los primeros años de vida del niño produciendo numerosas publicaciones sobre el tema. Utilizó técnicas innovadoras para la observación directa (películas, tests, etc.) de niños realizando diversos estudios en instituciones como horfanatos, guarderías, centros de adopción, etc. Spitz elaboró su propia teoría acerca del desarrollo precoz del niño. Sus antecedentes psicoanalíticos le permitieron ahondar en los conceptos freudianos sobre el funcionamiento psíquico y la teoría de la libido. Su interés se centra en las etapas sobre el origen de la relación objetal y de la comunicación humana ofreciendo un enfoque nuevo de las mismas. Realiza para ello una clasificación de los acontecimientos más relevante en la relación entre madre e hijo durante el primer año de vida del mismo diferenciando los siguientes momentos: 2. 1. Estadio pre-objetal o sin objeto. 2. 2. Estadio del precursor del objeto 2. 3. Estadio del objeto libidinal El interés de estos estadios radica en la descripción que hace el autor de comportamientos específicos en el niño que son “indicadores” de la organización del psiquismo en el primer año de vida, y que evolucionan gracias
  • 16. a los procesos de maduración y desarrollo teniendo como fin fundamental la integración de la personalidad y son, en definitiva, la expresión de cambios sustanciales. 2.1. Estadio no objetal Spitz lo denomina estadio de la no–diferenciación porque todavía no hay organización perceptiva y de la actividad ya que lo psíquico y lo somático son lo mismo. No hay separación entre pulsiones y objeto y s e produce en los días posteriores al nacimiento. El mundo cobra interés ante estímulos internos (hambre, sed) o externos (ruidos, frío) porque alteran al niño, le excitan y provocan el llanto que sirve de descarga y de llamada de auxilio: la madre acude, calma al bebé, y se recupera el estado de placer. Spitz afirma que en los primeros días de vida el niño vive en una recepción que se corresponde con la organización cinestésica, primaria, hasta que más tarde, es posible la percepción diacrítica, cognitiva. La actividad se concreta en la zona oral gracias a las pautas alimenticias y a través del pezón materno o de la tetina del biberón. Cobra también protagonismo el rostro materno que constituye la primera experiencia perceptiva para el niño. Existen, por tanto, dos variables relevantes: el tacto oral discontínuo del pezón o de de la tetina y la percepción visual del rostro que inician la constancia objetal y la formación del objeto. 2. 2. Estadio del precursor del objeto A partir de los dos meses una mayor madurez física y psíquica permitirá respuestas expresadas en sonrisas ante la aparición del rostro, de cualquier rostro. Spitz se refiere a esta etapa como precursora del objeto y supone el paso de la recepción de estímulos interiores a la percepción de estímulos exteriores. Por otro lado, la sonrisa como respuesta, es la base de relaciones sociales posteriores; sin embargo, no sólo es un indicador afectivo sino una manifestación de uno de los procesos primeros del pensamiento. Spitz sitúa hacia el sexto mes las relaciones objetales como tales gracias a la integración de las trazas mnemónicas establecidas en los meses anteriores como fruto de las interacciones madre-hijo. 2. 3. Estadio del objeto libidinal Aproximadamente a partir del octavo mes la percepción diacrítica se halla adecuadamente desarrollada y el niño diferencia el rostro conocido del extraño. Solicitará el primero y rechazará el segundo expresando este rechazo en lo que Spitz denomina “angustia del octavo mes” o “angustia de pérdida del objeto”. Puede decirse que es el momento en el que la madre se evidencia como objeto libidinal. Para que todo esto sea posible, además de las interacciones constantes y satisfactorias con la madre, se han producido los siguientes cambios: • El aparato sensorial se ha desarrollado suficientemente para lograr la percepción diacrítica (mielinización de los fascículos nerviosos). • El desarrollo cognitivo preciso para la realización de las operaciones mentales y las acciones dirigidas (multiplicación de las trazas mnemónicas) • La organización psíquica necesaria para posibilitar descargas de tensión afectiva. En definitiva, el niño madura y al terminar el primer año, cuando ya es posible la locomoción, incrementan las posibilidades de exploración y autonomía. Descubrirá el “no” y sus efectos sociales, el gesto y sus posibilidades de rechazo o de aceptación y tendrá multitud de posibilidades para poner a prueba su relación con su primer objeto.
  • 17. Los descubrimientos de Spitz no sólo interesan por sus aportaciones al conocimiento del desarrollo de los primeros años de vida de las personas sino por su proyección en la intervención de diversas patologías en él, especialmente centradas en las vinculaciones entre madre e hijo. 3. El APEGO: VÍNCULO AFECTIVO PRIMARIO El apego es un tipo de vinculación que consiste en la búsqueda de proximidad física de un individuo hacia otro específico que se manifiesta en conductas como estas: • Mantenimiento de contacto sensorial privilegiado. • Exploración del entorno desde la figura de apego como base segura. • Búsqueda de la figura de apego en situaciones de malestar, tristeza, miedo, etc. • Ansiedad ante la separación 3.1. Investigaciones La hipótesis del impulso secundario de sociabilidad supone que la atracción y el interés por los semejantes aparecen en el niño por la necesidad de conseguir alimento. La idea básica de esta afirmación es que el ser humano viene al mundo dotado con unos impulsos somáticos primarios que le aseguran la posibilidad de cubrir necesidades como la alimentación y el bienestar corporal. La dependencia emocional es, según esta teoría, consecuencia de la dependencia física y ésta conlleva el reconocimiento de los otros hasta que aparece el impulso social y entonces se manifiesta la necesidad de estar con otras personas. Críticas hacia esta hipótesis Harlow (1959) investigó el apego con macacos de la india. Crió macacos con madres sustitutas, unas de felpa y otras de alambre observando que la mayor parte del tiempo lo dedicaban a estar junto a la de felpa.* Schaffer y Enmerson (1964) afirman que se los niños elaboran apegos fuertes hacia personas que no son fuente de almentación. *Harlow y Zimmerman (1959) demostraron que la satisfacción de la necesidad de alimentarse, no explica, por sí sola, la formación de los vínculos afect ivos entre los niños y sus padres o cuidadores. En su conocido experimento, separaron a varias crías de monos de sus madres al nacer procurándoles madres sustitutas, una de felpa y una de alambre. Las dos tenían el mismo sistema de alimentación a través de un biberón incorporado. El vínculo se produjo con la madre de felpa, incluso en el caso de los monos alimentados por la de alambre con la que pasaban quince horas en contacto y una, la correspondiente a la ingestión de alimentos, con la de alambre. 3.2. Fenómeno de la impronta Heinroth (1910) y Lorenz (1971), describieron el fenómeno de la impronta entendiendo por tal búsqueda de proximidad física que procura la madre hacia el hijo y la identificación de la madre por reconocimiento de sus características; además de esto observaron en diferentes especies de aves y mamíferos cómo la madre satisface las necesidades de sus crías con respuestas específicas. Estos estudios han influido notablemente en investigaciones posteriores acerca de los vínculos en los seres humanos que, aunque no siempre han podido obtener resultados contundentes, han abierto nuevos horizontes en la comprensión del desarrollo de las personas. Entre los datos de mayor interés podemos resaltar los siguientes: • Existen mecanismos innatos en las crías de diferentes especies que posibilitan la identificación de las madres improntándose a ellas. • Las madres de diferentes especies tienen mecanismos innatos gracias a los
  • 18. cuales satisfacen las necesidades específicas de sus crías. • El fenómeno de la impronta favorece la supervivencia de la especie. • La impronta está sujeta a un período crítico asociado generalmente a logros importantes del desarrollo (locomoción, vuelo). • Improntarse conlleva una preferencia definida y precoz y permenente. JOHN BOWLBY (1907) John Bowlby estudió psiquiatría y se especializó en psicoanálisis en la Tavistock Clinic de Londres. Años antes de la segunda guerra mundial se interesó por las consecuencias de las separaciones tempranas entre madres e hijos. Ejerció como psiquiatra en el ejército y una vez concluido su servicio creó el “Departamento para Niños y Padres” poniendo en práctica la metodología que había practicado en su ejercicio militar. Fue Secretario del Instituto de Psicoanálisis Británico y colaboró con la OMS (Organización Mundial de la Salud) en Ginebra, en un proyecto que pretendía paliar los efectos de las separaciones entre padres e hijos como consecuencia de la guerra Bolwlby fue el primer estudioso del desarrollo humano que abandonó la teoría de las pulsiones de Freud y sustentándose de las teorías etiológicas y de la cibernética Aportaciones esenciales • Existen, tanto en personas como en animales, constantes referidas al acoplamiento, a los cuidados con las crías e hijos y a la vinculación de los hijos hacia los padres. • El comportamiento instintivo tiene carácter evolutivo durante los primeros períodos de la vida. (Ej: cambios en la alimentación: chupar, morder) • El comportamiento instintivo no se hereda: se hereda el potencial que permite, gracias a los sentidos, desarrollar estrategias, comportamientos, y son diferentes en función del entorno. • Toda separación tiene consecuencias más o menos relevantes. • La conciencia es un estado particular de nuestro psiquismo que permite ciertos procedimientos: . Clasificación, categorización, elaboración y transformación de la información antes de almacenarse. . Recogida de informaciones almacenadas. . El pensamiento reflexivo . La reorganización de ciertos aprendizajes 3.3. Evolución de los apegos La elaboración de los apegos, necesita tiempo y cuidados especiales; el tiempo lo ofrecen los primeros años de vida y los cuidados los adultos que atienden al niño siendo relevante la calidad y cantidad de esas atenciones, para que sea posible el reconocimiento, diferenciación y preferencia de unas personas respecto a otras, por constituirse como figuras significativas para el niño. Durante los primeros años de vida los apegos se elaboran, consolidan y evolucionan, gracias a las posibilidades y necesidades tanto biológicas como sociales de los seres humanos. La percepción, a través del olfato, es la primera opción para el lactante de conseguir bienestar: oler a la madre, a la persona que lo acoge en sus brazos para alimentarle, calmarle y limpiarle es la garantía de sentirse a salvo. Para lograr esto dispone del llanto, que desde las primeras semanas es asociado a la, que lo regula deteniéndolo o acentuándolo en función de su proximidad, tonalidad y volumen. El rostro también actúa como mediador en el desasosiego del niño desde el segundo mes de vida, aproximadamente. Sin embargo, todavía no puede afirmarse que no sea más que percepción
  • 19. acerca de algo previamente experimentado, sin existir nociones de los atributos de la figura materna. La capacidad perceptiva para discriminar el rostro, el olor y la voz que se desarrolla durante el primer trimestre de vida, permite el reconocimiento de las primeras figuras de apego expresándose en las siguientes conductas: * Llanto diferencial * Sonrisa * Vocalización diferencial Esto es posible gracias al diálogo que se establece en las situaciones cotidianas; La captación recíproca de atención entre ellos inicia y mantiene interacciones expresadas en palabras, risas, caricias, etc. que deben ajustarse en intensidad y duración, ya que el exceso de estimulación produce desasosiego y nerviosismo que el niño mostrará llorando, desviando la mirada, etc. La sincronía, afirma Stern (1977), es un elemento fundamental en la formación del apego recíproco. Superado el primer trimestre de vida los niños reconocen a su principal figura de apego y son capaces de diferenciar su comportamiento. Existen datos que permiten asegurar que cuando la madre cambia algún comportamiento habitual hacia su hijo (no sonriendo, no hablando) éste llora y se muestra nervioso como si no estuviera de acuerdo con la actitud materna y protestara por ello. Sin embargo, cuando se ausenta responde análogamente a diferentes personas. Hacia el final del segundo trimestre de vida, aproximadamente, la figura de apego principal se hace intransferible apareciendo la ansiedad de separación. La proximidad de la figura de apego ofrece seguridad para explorar, mientras que el alejamiento desencadena inhibición y búsqueda ansiosa a través de quejas, llamadas y signos de desorientación. • seguridad--------actividad, exploración • inseguridad------inhibición, exploración ansiosa. En este aspecto, nuestro comportamiento es similar al de otros animales como los perros, los monos, algunas aves,etc . Hacia el séptimo mes las figuras de apego se convierten para el niño, en fuente de seguridad motivadora para las actividades físicas y sociales y, simultáneamente, aparece el miedo a los extraños como contrapunto a la seguridad. Hasta este momento, el niño discrimina entre conocidos y desconocidos pero no ha aparecido el rechazo específico. Sin embargo, una vez consolidados los apegos específicos (al padre, a la madre) se modifica la actitud ante figuras desconocidas que puede manifestarse en reacciones de nerviosismo, rechazo, temor. Este comportamiento es lo que Spitz (1950) denominó “miedo de separación”, que evidencia el establecimiento del vínculo significativo. Desde orientaciones cognitivas (Kagan,1984) la explicación es atribuida a la discrepancia entre lo nuevo y lo familar, es decir, en el desconocimiento, por parte del niño de las características del desconocido, y la diferencia con el esquema interno que ya tiene de las figuras de apego. No se explica desde esta corriente, por qué se expresa menos temor ante el extraño cuando la madre o el cuidador están presentes. Por otro lado, si acudimos a descripciones etológicas, el argumento básico se halla en una tendencia filogenéticamente heredada y útil para la supervivencia, de carácter universal y constante cronológicamente. En estudios recientes se afirma que el miedo a los extraños no aparece en todos los niños; parece existir una relación importante entre la actitud del extraño y la reacción de los niños ante ellos. Si el desconocido invade el espacio del niño de manera brusca, intempestiva, es más probable que manifieste temor, rechazo; por el contrario, si el adulto no se acerca brusca y
  • 20. prematuramente y deja que el niño tome la iniciativa, la reacción de temor disminuye o no aparece, incluso es más probable que desarrollen conductas de aproximación al desconocido. El segundo año de vida aporta importantes avances en el desarrollo de los niños: caminan, hablan, expresan emociones, comprenden pequeñas nociones de sus experiencias, es decir se abren paso en un mundo desconocido e interesante para explorar. Las relaciones afectivas también evolucionan. Marca sus necesidades pero también aprecia que sus figuras de apego tienen también las propias, como, por ejemplo, tienen una cama para ellos, un tiempo y un espacio en el que él no tiene cabida; esto puede causar ambivalencia emocional, incertidumbre que no será más que una fase más del desarrollo si no existe rivalidad con ninguno de los progenitores y si los límites se elaboran y practican de común acuerdo. Por otro lado, las relaciones externas al núcleo familiar se incrementan y se generan nuevas posibilidades de separaciones y reencuentros. Es entonces cuando se requieren nuevas adaptaciones que rozarán la ambivalencia en muchas ocasiones, manifestándolas en protestas ante la separación de las figuras de apego. El grado de adaptación y el tiempo necesario para alcanzarla dependen de circunstancias diversas: tipo de apego, edad, actitudes de los padres, de los educadores, etc. Sin embargo, de manera general, puede describirse este proceso a través de las fases siguientes: a) fase de protesta, cuando se constata la ausencia de los padres, expresada en llanto, ansiedad, alteraciones en los periodos de sueño, dificultades en la alimentación, etc. b) fase de ambivalencia. Si la separación es larga (más de diez días), la fase de protesta se atenúa y aparecen reacciones de ambivalencia hacia los cuidadores. Se trata de un estado de índole depresiva que con el paso del tiempo conducirá a la aceptación de los nuevos cuidadores pero pudiendo mantener reacciones fluctuantes de rechazo, que también podrían manifestarse hacia la madre, o cuidador primario en su regreso. c) fase de adaptación, cuando la separación entre el niño y sus figuras de apego es de larga duración se logra la adaptación a los nuevos cuidadores, desaparece la ansiedad elaborándose un nuevo vínculo. Análogamente a este proceso puede describirse el que todos los niños experimentan cuando son escolarizados. Sin exceso de dramatismo, es relevante “cuidar” el periodo de adaptación a la escuela por parte de padres y educadores. La escuela es un nuevo contexto físico, con unas actividades, espacio y tiempo concretos, con personas desconocidas, normas diferentes, hábitos compartidos que muchos niños no han aprendido todavía. A partir del tercer año de vida podemos hablar de logros significativos en unos aspectos fundamentales tales como la comunicación verbal, el conocimiento social y el control emocional. Si la evolución ha sido satisfactoria los vínculos afectivos se encuentran consolidados. Los primeros años de los niños, en un sistema familiar con relaciones satisfactorias, son quizá los más propicios para disfrutar de actividades compartidas, para sembrar la confianza tan necesaria cuando llega la adolescencia y para elaborar las pautas educativas que favorezcan el autocontrol, la disciplina, la responsabilidad, los valores, etc., que pretendan transmitirse a los hijos. 3.4. Funciones del apego La función básica del apego es la adaptación al medio de manera que se garantice la supervivencia de la especie. La proximidad con los congéneres, durante los primeros años de vida de las personas, satisfacen las necesidades y solventan los peligros gracias a las conductas de crianza, además de elaboran los primeros vínculos afectivos en
  • 21. la familia como primer entorno social. El apego hacia la madre, el padre o hacia el sustituto de cualquiera de ellos, permite al hijo calmarse cuando tiene miedo, se siente triste, y estimula la exploración del mundo especialmente cuando es posible la locomoción. • Regular la estimulación lingüística necesaria para la cognición y comunicación. • Elaborar la confianza , seguridad y bienestar • Manifestar emociones a través de la expresión de las mismas. • Satisfacer necesidades lúdicas a través de los juegos afectivos propios de las interacciones entre padres e hijos. 3.5. Tipos de apego El apego no tiene carácter positivo por sí mismo. No existe un único tipo de apego afectivo y constructivo sino que es posible la elaboración de apegos negativos e incluso destructivos en el peor de los casos. Sin embargo, la vinculación afectiva en las personas, constructiva o destructiva, es prácticamente indispensable. Si hablamos en términos de calidad podemos hacer referencia a la investigación que Ainsworth (1975, p, 58), quien desarrolló el denominado procedimiento de la ¨situación extraña¨ que consiste en la observación de la siguiente secuencia de situaciones entre madres e hijos: a) madre e hijo solos en una situación de juego b) aparición de un extraño c) la madre se ausenta y el extraño trata de consolar al niño. d) la madre regresa y calma a su hijo. e) el extraño se ausenta f) la madre deja al niño solo g) el extraño entra y trata de calmar al niño h) la madre regresa Las reacciones de los niños son evaluadas a través del siguiente paradigma:
  • 22. ¿Cómo podemos interpretar esto? Aunque no podemos hacer interpretaciones definitivas, si podemos reflexionar acerca de la importancia de la calidad y cantidad de las interacciones entre padres e hijos, y entre cuidadores primarios y niños. Esto no es algo baladí. Las características de las experiencias de vinculación tienen una gran repercusión en el desarrollo de la capacidad de elaborar apegos en los primeros años, y no puede descartarse su efecto a largo plazo, a lo largo de toda la vida. Esto no significa que no sea posible el efecto reparador bien a través de intervención especializada o bien gracias a nuevos vínculos más satisfactorios cuando los primeros no lo fueron, pero obviamente no es lo ideal. Por otro lado, existen otros factores que influyen en el modo en que se desarrollan las interacciones tales como la personalidad del niño, el contexto de convivencia, el acoplamiento, etc. Las características del niño no son inocuas en el proceso de elaboración de los vínculos afectivos. El temperamento, la facilidad o dificultad para calmarse, el modo de respuesta a los estímulos, influye en la elaboración de un apego más o menos seguro. Unos padres sanos emocional y físicamente sentirán atracción hacia su bebé: deseo de olerlo, abrazarlo, mecerlo, etc. El niño responderá con sonrisas, miradas, tocando a quien le sostiene en brazos, etc. La relación más importante en la vida de un niño es el apego a su cuidador primario, en el mejor de los casos, la madre. Un apego saludable, construido con experiencias de vínculo repetitivas durante la infancia, sustenta una base sólida para futuras relaciones saludables. Por el contrario, problemas en la
  • 23. vinculación y el apego pueden originar un desarrollo emocional frágil, inestable. Cualquier factor que interfiera con las experiencias de vinculación, puede interferir con el desarrollo de las competencias para desarrollar apegos. Cuando las interacciones entre madre, padre e hijos se interrumpe o dificulta, es difícil mantener las experiencias de vinculación. Las interrupciones pueden ocurrir debido a problemas primarios con el niño, los adultos, el acoplamiento entre ambos, el ambiente, etc. El temperamento del niño influye en la vinculación. Un niño difícil de calmar, irritable o que no responda a los estímulos con facilidad, puede dificultar el acercamiento tranquilo de sus cuidadores, si estos no tiene buenas competencias para responder. Las conductas de los padres o cuidadores pueden afectar negativamente la vinculación. Padres que critican, rechazan, evitan la intimidad, o se muestran excesivamente punitivos, no crean contextos seguros para sus hijos. Los factores externos también influyen en el desarrollo emocional, social, cognitivo, etc. Situaciones de riesgo social permanente en las que la seguridad física es precaria dificultan el desarrollo de los niños Por último, el acoplamiento entre padres, madres e hijos es un factor relevante en los primeros días de vida del niño, poniendo a prueba las capacidades y recursos de los adultos para atender al lactante y las de este para responder a los estímulos; la atención, y la respuesta a las señales de manera adecuada, es esencial para mantener experiencias de vinculación que y el inicio de apegos seguros. 4. El contexto familiar La familia es contexto natural en que crecemos y nos educamos además de constituirse como la primera escuela para la socialización en nuevos contextos. En la familia nos formamos como personas a todos los niveles: físico, cognitivo, afectivo, etc. Los padres son agentes educativos primarios y su principal instrumento es su propio comportamiento, sus actitudes desde el inicio con las funciones nutritivas, inmediatas al nacimiento y simultáneas a las funciones afectivas y cognitivas. Lo que los padres dicen y hacen y el modo en que son percibidos por sus hijos tendrá como resultado un estilo educativo que se proyectará, en gran medida, en un tipo de personas. El desarrollo afectivo y social forma parte fundamental de la evolución como seres humanos y en la incorporación a la sociedad en la que tendrán que vivir. Las personas venimos al mundo con un programa genético y una identidad sexual. Para sobrevivir necesitamos al grupo y el grupo necesita a los individuos para mantenerse. El primer grupo de referencia lo constituye la familia, generalmente, en el que se elabora la urdimbre afectiva a través de tres variables fundamentales: *La expresión emocional, con estilo propio en cada familia *Los apegos con las primeras personas significativas en la vida del niño *La educación de las emociones, a través del tipo de reacciones ante la expresión emocional entre padres e hijos. Mary Ainsworth(1979) afirma que la calidad del apego del niño hacia su madre (o cuidador más cercano)se relaciona especialmente con el tipo de atención que haya recibido el niño; De Wolff y van Ijzendoorn(1997) describen una serie de características que consideran estimuladoras del apego seguro son: sensibilidad, respuestas adecuadas a las señales del niño; actitud positiva, expresando emociones positivas hacia el niño; sincronía, elaboración de interacciones recíprocas con el niño; mutualidad, interacciones en las que el niño y la madre atienden a lo mismo; apoyo, proporcionar apoyo emocional a las actividades del niño y estimulación, dirigir con frecuencia acciones hacia el
  • 24. niño. La vinculación afectiva entre los miembros de la familia se elabora de modo natural en la vida cotidiana a través de las rutinas familiares que favorecen la regulación del “reloj interno”, facilitan las transiciones de una etapa a otra, posibilitan la comprensión del mundo e inician la disciplina y el establecimiento de límites basados en el afecto incondicional. El contexto familiar, o el sustituto del mismo en su defecto, tiene una posición privilegiada para favorecer el crecimiento personal de sus miembros, gracias a las posibilidades de interacción entre los mismos. 4.1. FAMILIA Y CREMIMIENTO PERSONAL El crecimiento personal de las personas se produce de manera natural en el contexto familiar y se compone de aspectos como estos: Autoconciencia: que adquirimos cuando descubrimos nuestra independencia corporal (18 meses), y que logramos a través de la exploración y el manejo de objetos que nos ofrecen datos de nuestras capacidades. Autonomía: definida escuetamente como la capacidad de pensar y actuar por uno mismo, y que comienza con nuestras primeras acciones en solitario. Para favorecerla es importante la delimitación del propio espacio. Responsabilidad: ser capaces de responder por lo que hacemos. Se aprende imitando modelos de nuestro entorno más cercano y por el trato que recibimos ante nuestras acciones. Valores: que aprendemos experimentando emociones asociadas a nuestra conducta y que proyectamos en nuestras interacciones cotidianas. Autocontrol y disciplina: comienza desde los primeros meses de vida cuando las emociones del lactante son reguladas por las primeras rutinas y debe superar situaciones de frustración. La familia como contexto de interacción con vinculaciones afectivas de primer orden elabora su estilo educativo y establece límites entre sus componentes. Para favorecer su eficacia podemos realizar las siguientes sugerencias. Para que los límites sean eficaces y “saludables” deben, sin caer en meras recetas imposibles, incorporar aspectos como estos: * Basados en criterios que los justifiquen * Ser fundamentales y permanentes, no basados en modas. * Coherentes con el comportamiento de los modelos primarios. * Su objetivo es la estabilidad emocional, la comprensión del mundo y la adaptación social. * Deben ser claros, justos, adecuados y sistemát icos aunque flexibles. 4.2. EL FENÓMENO DEL HOSPITALISMO Y LA EDUCACIÓN COMUNITARIA Cuando los niños se encuentran separados de su madre y no cuentan con un sustituto que les atienda individualmente, manifiestan labilidad emocional, trastornos de la alimentación y del sueño y en general su desarrollo es más lento e incluso puede deteriorarse, aunque estén atendidos en su higiene y alimentación. Spitz, a quien nos hemos referimos anteriormente, describió las consecuencias de la ausencia materna prolongada más de cinco meses y apreció un acentuado deterioro en el desarrollo a todos los niveles: desaparición de la locomoción, regresión del lenguaje, descontrol esfinteriano. Es lo que se ha denominado “hospitalismo infantil” porque los niños estudiados se encont raban en instituciones que los cuidaban fuera del contexto familiar. Las consecuencias de la separación se relacionan proporcionalmente a las relaciones establecidas entre madre e hijo antes de la misma de manera que cuanto más intensas fueran mayores consecuencias negativas tendrán en el niño. Por otro lado, existen dos variables relevantes en los efectos a corto y largo plazo en la separación entre madre e hijo: la edad y la duración (López 1983). El período crítico se encuentra entre los seis meses y los tres años.
  • 25. Intervienen también variables como la vulnerabilidad de cada individuo ante situaciones adversa. Cuando existe un modelo de madre sustituta que satisface las necesidades afectivas del niño no aparecen graves regresiones una vez superada la separación. (3) 5. RESUMEN El desarrollo afectivo y el contexto familiar, parte central de la temática de este capítulo, constituye uno de los aspectos clave para el trabajo preventivo con familias. Se ha pretendido una aproximación al inicio de las relaciones entre padres e hijos por su trascendencia en aspectos fundamentales de las personas tales como la estabilidad emocional, la responsabilidad, el respeto, etc. Se ha incluido una breve alusión a la teoría del desarrollo precoz expuesta por Spitz ya que parecía necesario por tratarse de un autor primordial en esta materia y que favorece la comprensión de las posibilidades de la interacción en los primeros meses de vida y sirven de introducción a estudios recientes que describen el desarrollo afectivo y social . Para terminar, breves referencias a la familia como contexto primario y privilegiado en la elaboración del afecto a través de la educación como garantía para criar hijos suficientemente seguros de sí mismos para adaptarse al mundo teniendo una buena referencia afectiva y social.