La Ley de Dios cumple varias funciones importantes como enseñarnos a temer a Dios, testificar contra nosotros, y darnos prosperidad. Aunque guardar la Ley no garantiza prosperidad material siempre, Jesús modeló perfecta obediencia a la Ley y nos llamó a imitarlo. La Ley es fundamental para nuestra educación cristiana y nos conduce a Cristo.