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Sumario
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Sumario
1 Del crepúsculo de la filosofía al amanecer de la ciencia . . . . . . . . . . 3
1.1 El período metafísico de la filosofía . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 4
1.2 El período posmetafísico de la filosofía . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 4
1.2.1 Subperíodo crítico . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 4
1.2.2 Subperíodo lingüístico . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 5
2 Necesidad apremiante de la filosofía como crítica lúcida . . . . . . . . . 5
2.1 Más allá de la ciencia empírica . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 6
2.2 Diversas formas de acceso a la realidad . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 6
2.2.1 El acceso instrumental . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 6
2.2.2 El acceso pseudo-racional de las ideologías . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 7
2.2.3 El acceso filosófico . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 7
3 Las tareas de la filosofía . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 8
Del crepúsculo de la filosofía al amanecer de la ciencia
1
El término «filosofía» se usa frecuentemente en tono coloquial para indicar las ideas generales que inspiran una determinada actividad: "la filosofía de
este proyecto es...". También puede significar una actitud ante la vida: "tomar las cosas con filosofía". En cierta ocasión, el peluquero de un pueblo le
preguntó a un cliente qué hacía en París. La respuesta de éste fue que era profesor de filosofía. Entonces el peluquero exclamó asombrado: ¡cómo!; ¿pero
es que hay profesores de eso? Yo creía que la filosofía era cuando a alguien le importaba todo un rábano.
– 3 –
Los
Los
Los
Los hombres
hombres
hombres
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actuales
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una
una habitación
habitación
habitación
habitación durante
durante
durante
durante unos
unos
unos
unos minutos.
minutos.
minutos.
minutos.
Pascal
A
llá por el siglo XVIII el filósofo Manuel KANT decía que había dos
cosas que cautivaban toda su atención: el cielo estrellado encima
de nuestra cabeza y la ley moral en el interior de nuestro corazón.
Esta preocupación netamente filosófica quedó plasmada en sus
tres famosas preguntas y que siguen constituyendo todavía hoy el meollo
de toda la filosofía: ¿qué puedo saber?; ¿cómo debo actuar?; ¿qué nos cabe
esperar? En definitiva: ¿qué significado y sentido guarda la vida humana?
La filosofía comienza con la desorientación y la curiosidad congéni-
ta que los hombres sentimos ante las cosas y los fenómenos que nos rodean.
Sentimos admiración por todo lo que nos rodea y nos admiramos de nosotros
mismos con una implacable cascada de interrogantes. La reflexión filosófica surge de los problemas
que plantea nuestra vida cotidiana: la ciencia, la vida social y política, nuestro comportamiento
moral, el lenguaje, etc1
. Toda experiencia humana lúcida supone una toma de conciencia de la
situación. Esta toma de conciencia no se dirige a las cosas para atacarlas o transformarlas, con
arreglo a las necesidades humanas, sino para aceptarlas y desvelarlas en su explicación racional.
El hombre filosofa en cuanto persona que quiere conocer y explicar la realidad y el sentido
de su experiencia, con el fin de hallar compresión a sus vivencias y poder afirmarse como un ser
libre y responsable. Advertimos que venimos de un pasado y que nos hallamos puestos en un
presente desde el cual proyectamos nuestro futuro. La experiencia filosófica se sitúa precisamente
en esta tensión entre el ser y el deber-ser: las cosas son como son, pero podrían ser de otra manera.
Trazamos nuestros proyectos culturales en el espacio y en el tiempo. En este sentido, la experiencia
filosófica constituye el ensayo de la libertad humana encaminada hacia la utopía a partir de unas
coordenadas dadas.
1 Del crepúsculo de la filosofía al amanecer de
la ciencia
H
ay muchas y distintas maneras de hacer filosofía. No existe la filosofía. Lo único que existe es
la actividad investigadora del hombre. Esto significa que sólo la historia de la filosofía podrá
decirnos lo que ésta es. Tomemos como ejemplo uno de los términos más antiguos y utilizados en
la filosofía: "logos". Para los primeros filósofos, este término significaba muchas cosas, quizás dema-
siadas: 1) el orden o ley de la realidad (cosmos); 2) la capacidad racional de la especie humana; 3)
el lenguaje o capacidad de comunicarse. Pensaron que estas tres cosas coincidían entre sí: realidad,
razón y palabra son una misma cosa designada con un mismo término. Los antiguos griegos fueron,
pues, demasiado confiados: creyeron que el orden del universo podía ser descubierto por la razón
y expresado en el lenguaje.
Del crepúsculo de la filosofía al amanecer de la ciencia
2
La metáfora galileana es expresiva a este respecto: "ya no buscamos el saber en los libros de los filósofos; nuestro nuevo libro, el único que tenemos
que consultar, es la naturaleza; y para leerlo nos bastan las matemáticas. Las matemáticas son, pues, el lenguaje del mundo, lo cual basta para asegurar la
racionalidad de la investigación científica".
El periodo posmetafisico de la filosofia
El periodo posmetafisico de la filosofia
El periodo posmetafisico de la filosofia
El periodo posmetafisico de la filosofia
– 4 –
1.1 El período metafísico de la filosofía
Este período abarca desde el siglo VI a.C. hasta el siglo XVII de nuestra era. Los griegos inician la
marcha: insatisfechos con las explicaciones míticas, dan el paso a las explicaciones racionales.
Distinguieron muy claramente entre «simple opinión» (dóxa) y «verdadero saber» (epistêmê). Con
ello querían decir que la investigación debía ir más allá y más al fondo de las simples apariencias o
fenómenos. Se trataba de conocer la esencia (eîdos) de las cosas; es decir, algo así como la estruc-
tura íntima que hacía que las cosas sean tal y como son. Querían de este modo conocer también las
causas últimas que lo producen todo.
Aunque con diversas matizaciones, el concepto aristotélico de filosofía se mantiene vigente
durante todo este período:
" la filosofía es el saber más general y elevado, ya que versa sobre las esencias y causas últi-
mas de todas las cosas, aunque no se ciñe a cosas o hechos particulares, sino al conjunto
(la especie humana, el universo, el Ser...);
" la filosofía es un saber que va más allá de las apariencias físicas sensibles, puesto que las
esencias y las causas últimas de las cosas no son perceptibles, sino sólo inteligibles;
" la filosofía es el fundamento último de cualquier otro conocimiento;
" el presupuesto general del saber filosófico es la racionalidad de lo real.
1.2 El período posmetafísico de la filosofía
Esta nueva etapa se inicia en el siglo XVIII y llega hasta nuestros días, pero sus raíces se encuentran
en un acontecimiento singular ocurrido un siglo antes: la revolución científica. Esta revolución
condujo a la independencia de las ciencias empíricas respecto a la filosofía. La ciencia comienza un
proceso por el cual se va autoafirmando como algo claramente distinto de la filosofía. Ahora posee
su propio ámbito de investigación: los fenómenos naturales y sus leyes (¡ya no sus causas!). La
ciencia deja de buscar sus fundamentos últimos en la filosofía y se apoya decididamente en las
matemáticas2
. Sin embargo, la ciencia moderna no carece de algunos presupuestos no-científicos.
El mismo postulado de matematización de la naturaleza es un presupuesto meta-científico (de
inspiración pitagórica). Tal postulado se apoya además en principios metodológicos como la simpli-
cidad de la naturaleza (la explicación más simple es la mejor, ya que la naturaleza no multiplica las
causas sin necesidad) o la regularidad del orden del mundo (las mismas causas producen siempre
y en todas partes los mismos efectos), que también son presupuestos meta-científicos, tal y como
reconocería HUME.
Sin embargo, en nuestra sociedad moderna la ciencia parece triunfar donde la filosofía
había fracasado. La pregunta es saber por qué. Plantear esta cuestión supone reconocer el fracaso
de la metafísica tal y como se había venido planteando en su enfoque clásico.
1.2.1 Subperíodo crítico
El filósofo inglés LOCKE intuyó en el siglo XVIII que la filosofía había andado siempre por un cami-
no equivocado al haber escogido un mal punto de partida: suponer que la realidad y la razón
coinciden, es decir, que la razón puede conocerlo todo. Había que empezar, por tanto, por aquí:
examinar las posibilidades y límites de la razón. En una línea similar, KANT llega a la conclusión de
Necesidad apremiante de la filosofía como crítica lúcida
3
WITTGENSTEIN, principal impulsor de la corriente neopositivista, se dio cuenta pronto de que los términos lingüísticos que en principio parecían
carecer de significado, por ser empíricamente inverificables (como la expresión "sentido de la vida"), sin embargo seguían siendo usados por el lenguaje
cotidiano. Si el hombre sólo pudiera hablar con sentido de aquello que puede ser empíricamente verificable, entonces tendría que callar sobre aquello que
es lo más vital en su vida y constituye el mayor porcentaje: la ética, la utopía, el sentido de la vida... El significado del lenguaje no viene dado por el contenido
empírico de sus proposiciones, sino por su uso.
El periodo posmetafisico de la filosofia
El periodo posmetafisico de la filosofia
El periodo posmetafisico de la filosofia
El periodo posmetafisico de la filosofia
– 5 –
que la razón no se identifica con la realidad, pues es incapaz de conocer las cosas tal y como son
en sí mismas. Por otro lado, la razón se encuentra encerrada en unos límites muy estrechos: sólo
puede conocer aquello que puede experimentar. Ir más allá de la experiencia, es decir, de lo que
percibimos sensorialmente, es imposible. La reflexión metafísica está vedada (Hume había llegado
poco antes que kant a idéntica conclusión).
De este modo, poco a poco la filosofía vio reducido su campo de investigación a causa del
avance de la investigación científica y, negada la posibilidad de un conocimiento metafísico, se
convirtió en crítica del conocimiento y de la sociedad, es decir, en análisis de los modos de conoci-
miento y de los fundamentos de la sociedad, la moral, la religión, la política y la educación. Esta
transformación es importante: la filosofía ya no versa sobre esencias, causas y cosas del mundo,
sino que se dedica a analizar y criticar lo que el hombre hace y construye. Una especie de concien-
cia lúcida y despierta que se dedica a acompañar críticamente a los hombres en su historia.
1.2.2 Subperíodo lingüístico
En el subperíodo crítico la filosofía había abandonado tanto el estudio de la
realidad metafísica, por considerarlo incognoscible, como el estudio de la
realidad física, por ser ya campo exclusivo de las ciencias naturales, para con-
centrarse en la crítica del conocimiento y de la sociedad. Pero avanzado el siglo
XX, la filosofía desplaza de nuevo su campo de investigación y realiza un giro
lingüístico, es decir, se consagra al estudio del lenguaje. Con esta nueva etapa
se completa el ciclo: de la realidad a la razón, y de ésta a la palabra.
KANT había situado unos límites del conocimiento muy estrechos: sólo
podemos conocer aquello que podemos experimentar o percibir de algún mo-
do. Pero había admitido que era posible pensar y, por tanto, también hablar,
acerca de temas no experimentables, como Dios, el alma, el destino del hombre, el sentido de la
vida, los valores morales, etc. Sobre tales cuestiones no podía haber, por supuesto, ciencia; pero sí
creencias razonables. Sin embargo, a principios del siglo XX el neopositivismo afirmó que también
el lenguaje tiene sus límites. Y estableció estos límites en el mismo lugar donde los había puesto
KANT para el conocimiento: sólo tienen significado los términos que son empíricamente verificables.
Todos los demás términos, aunque los empleemos, carecen por completo de sentido. En conse-
cuencia, las cuestiones metafísicas no sólo son impensables, sino también inexpresables. Sobre tales
cuestiones, que sin duda son importantes, nada se puede decir significativamente y, por tanto, lo
mejor es guardar silencio. El único lenguaje significativo es el de la ciencia natural3
.
2 Necesidad apremiante de la reflexión filosó-
fíca como crítica lúcida
L
a muerte de la filosofía fue anunciada por COMTE y el positivismo del siglo XIX. Tal pronóstico
fue reforzado por el neopositivismo del siglo XX. Pero curiosamente esos anuncios se han
hecho desde posturas filosóficas, dando así la razón a lo que dijo el viejo ARISTÓTELES: hasta para
dejar de filosofar es necesaria la filosofía. Examinemos, pues, qué fundamento tiene el anuncio de
la muerte de los filósofos y si cabe algún tipo de réplica.
Necesidad apremiante de la filosofía como crítica lúcida
Diversas formas de acceso a la realidad
Diversas formas de acceso a la realidad
Diversas formas de acceso a la realidad
Diversas formas de acceso a la realidad
– 6 –
2.1 Más allá de la ciencia empírica
El positivismo decimonónico recogía una idea clave del filósofo HUME: el conocimiento de la reali-
dad sólo puede ser conocimiento de hechos. Los neopositivistas radicales del siglo XX van incluso
más lejos: no hay sino sólo acontecimientos físicos (Carnap). Por tanto, el lema de esta corriente
filosófica es: ¡atengámonos a los hechos!; ¡sólo la ciencia! La reflexión metafísica corresponde sólo
a una etapa adolescente de la humanidad. Pero a comienzos de nuestro siglo la concepción positi-
vista de la ciencia entró en crisis. Ya a finales del siglo XIX, científicos como MACH y HERTZ recono-
cieron expresamente los límites de la ciencia. Ello significaba abrirle terreno a la filosofía de nuevo.
Las nuevas revoluciones científicas aportadas por autores de la talla de PLANCK, BÖHR, EINSTEIN,
etc., hicieron más modestos a los propios científicos e hicieron temblar los aparentemente sólidos
cimientos de la ciencia newtoniana. Uno de los ataques más decisivos contra el positivismo está
protagonizado por HUSSERL: el positivismo, dice, nos roba el mundo de la vida y el mundo real de
nuestra experiencia personal, sustituyéndolo por el mundo abstracto de las teorías científicas. Peor
aún, al no tener en cuenta sino los hechos físicos, la ciencia ignora lo que más importa al hombre:
las cuestiones relativas al sentido o sinsentido de la existencia humana. Tales cuestiones, en su
necesidad y universalidad para todos los hombres, requieren reflexiones generales y respuestas
convincentes. Son cuestiones que afectan, en definitiva, al hombre en cuanto ser libre en sus posibi-
lidades de configurarse a sí mismo de manera razonable y de conformar no menos razonablemente
su entorno cultural. ¿Qué tiene la ciencia que decirnos en cuanto sujetos de esa libertad responsa-
ble?
Superada la ideología positivista, los científicos actuales ya no pretenden poseer la verdad
total. Quedan fuera de su competencia aquellas cuestiones que desbordan el mundo en cuanto
universo de los meros hechos fácticos, es decir, las cuestiones supremas y últimas. Tales cuestiones,
como por ejemplo el sentido de la vida, no son cuestiones carentes de significado; son sólo cuestio-
nes que carecen de sentido para la ciencia, pero no para el hombre. La propia ciencia exige, pues,
una reflexión que vaya más allá de ella misma. Pero esto no quiere decir que la filosofía actual
pueda volver, sin más, a sus orígenes o reconstruir ingenuamente la metafísica clásica. Las reflexio-
nes críticas de autores como HUME o KANT no pueden ser ignoradas alegremente.
2.2 Diversas formas de acceso a la realidad
En nuestro acceso a la realidad, ¿por qué no puede bastar la ciencia? ¿Por qué es necesaria la
filosofía? Porque sin filosofía la ciencia caería precisamente en la irracionalidad, es decir, se pon-
dría en manos de la racionalidad instrumental de la técnica operativa y al servicio de la pseudo-
racionalidad de las ideologías. Desgraciadamente, en vísperas del siglo XXI, algo de esto último
viene sucediendo desde el siglo XIX.
2.2.1 El acceso instrumental
El proceso de modernización aparece como un proceso de racionalización creciente que va unido
a otro proceso: el desencantamiento, es decir, la pérdida de vigencia de las grandes cosmovisio-
nes religiosas o metafísicas que aportaban un sentido y significado globales a la existencia situando
al hombre en el cosmos.
La racionalidad que triunfa en la época moderna es la razón instrumental, es decir, una
razón operativa que sólo se ocupa de elegir los medios más adecuados para fines ya dados, esto es,
fines no examinados ni criticados. La sociedad pasa entonces a estar dominada por tecnócratas
expertos en aplicar los medios sin discutirlos y evaluar sus consecuencias operativas. Surge así
nuestra actual sociedad burocratizada y administrada en la que el perfeccionamiento de los medios
e instrumentos no se ve acompañada por una discusión lúcida de los fines deseables. Todo, incluido
Necesidad apremiante de la filosofía como crítica lúcida
4
Un claro ejemplo de este peligro es el riesgo que hoy padece la ciencia a ponerse al servicio de metas inconfesables, es decir, fines meramente operativos
o técnicos nocivos para la especie humana y que nadie se ocupa de examinar críticamente. El horrible mundo cibernético que visionaba HUXLEY en su
novela ha dejado de ser una fantasía imposible.
5
La ideología es, desde un análisis social, un conjunto más o menos estructurado de ideas, imágenes y valoraciones, condicionada histórica y cultural-
mente, que utiliza una sociedad determinada para interpretar y situarse en su propio mundo. Representa, pues, una especie de cosmovisión o forma de ver
el mundo.
Diversas formas de acceso a la realidad
Diversas formas de acceso a la realidad
Diversas formas de acceso a la realidad
Diversas formas de acceso a la realidad
– 7 –
el propio hombre, termina por ser un medio o instrumento al servicio de unos intereses que no han
sido previamente discutidos. La consecuencia trágica es que la razón, propuesta en el siglo de las
luces como medio de liberación, se ha ido convirtiendo paulatinamente en instrumento de someti-
miento y cosificación de los hombres, es decir, en su mayor enemigo4
. Nuestra sociedad moderna
ha puesto en marcha un patoso mecanismo de explotación y destrucción irracional que ahora no
acierta a controlar.
2.2.2 El acceso pseudo-racional de las ideologías
Junto al saber científico existe también un saber que podemos llamar
cotidiano socialmente adquirido, el cual incluye no solamente conoci-
mientos, sino también valoraciones y prejuicios de todo tipo. Pues bien,
este saber cotidiano apoyado en juicios de valor y prejuicios es frecuen-
temente admitido sin más como verdadero, sin ser sometido a un previo
examen crítico. Su parte más sólida y estructurada suele recibir el nom-
bre de «ideología», que no es otra cosa sino racionalidad falsa o pseudo-
racionalidad. La ideología es, pues, como una especie de presupuesto
general que empapa toda nuestra mentalidad y actividad sin ser puesto
en entredicho5
. Por ejemplo, las ciencias de la naturaleza caen en la
ideología irracional cuando se dedican por entero a dominar técnicamente la sociedad sin pregun-
tarse si la calidad de vida que promueven es o no digna de ser vivida. Es ya un pregón público el
hecho de que vivimos en una sociedad moralmente desorientada y que los rápidos avances científi-
cos y técnicos no se ven acompañados de avances similares en la calidad de la convivencia huma-
na. Ultimamente se oye con frecuencia la afirmación de que vivimos en una sociedad del post-
deber, donde la frontera entre el bien y el mal parece ser que se ha difuminado, cayendo por la
pendiente de un relativismo grosero y mediocre que recuerda la ley de la selva que pregonaban
algunos sofistas radicales de la antigua Grecia.
2.2.3 El acceso filosófico
Frente a una racionalidad meramente operativa de medios sin discutir es
necesaria y urgente una racionalidad de valores humanos y fines apre-
ciados, es decir, una racionalidad crítica apoyada en un atento examen
que desvele los verdaderos presupuestos de las creencias cotidianas que
empapan la convivencia de los individuos.
Una sociedad dominada por la razón instrumental y por la ideolo-
gía consumista del progreso material a cualquier precio termina por olvidar
las cuestiones más importantes: si tales o cuales medidas respetarán mejor
la dignidad humana, si se hará a los hombres más libres y más felices, si
mejorarán el medio ambiente, etc. Si la humanidad llegara un día a olvi-
dar la reflexión filosófica, ese mismo día perdería su libertad responsable
y quedaría encerrada en el universo opaco y mostrenco de la ciencia, sometido a la dominación
tecnócrata y desalmada.
Las tareas de la filosofía
– 8 –
3 Las tareas de la filosofía
N
o existe una filosofía ya hecha y terminada de una vez por todas. La única norma constante
de la filosofía es el ejercicio de crítica de la propia razón, es decir, examinar sus principios y sus
fuentes para refrendarlos o rechazarlos. Pero si la filosofía es necesaria es porque debe responder
a necesidades concretas de la humanidad en cada momento histórico. De hecho, cada filosofía nace
dentro de un contexto y se identifica con su época; no para aceptarla pasivamente, sino para criti-
carla y abrirle caminos de progresión humanizadora. Su función es, pues, fundamentalmente tera-
péutica.
El filósofo KANT acertó muy bien a delimitar el campo de la reflexión
filosófica con las tres preguntas a las que hacíamos alusión al principio: ¿qué
podemos saber?; ¿cómo debemos actuar?; ¿qué nos cabe esperar? Tres pre-
guntas cruciales que el propio KANT resumió en una pregunta clave: ¿qué es el
hombre? De la primera pregunta se ocupa la metafísica; de la segunda se ocupa
la ética; de la tercera se ocupa la religión; y de la cuarta se ocupa la antropolo-
gía. En esta misma línea, la filosofía actual debe poder delimitar: 1) las fuentes
del saber humano; 2) los límites del uso legítimo de toda ciencia; 3) los límites de
la propia razón.
El estudio directo de la realidad física ya no compete a la filosofía. El campo empírico es el
terreno propio de la investigación científica. Por otra parte, la cuestión de las esencias y las causas
últimas de la realidad fue objeto de la antigua investigación metafísica. Para nuestro presente que-
dan la razón y el lenguaje, que no es pequeña tarea, pues se trata de examinar el discurso racional
de la realidad humana y sus relaciones con el mundo. Algunas de las tareas o funciones más apre-
miantes de la filosofía actual serían las siguientes:
T Cuestiones meta-científicas y similares. El lenguaje de la ciencia no es objeto de
estudio de la propia ciencia, sino de la filosofía, que entonces se convierte en meta-ciencia
o filosofía de la ciencia. La filosofía no se basa en los resultados de la ciencia, sino que pone
en cuestión todos sus presupuestos. Esta disciplina requiere un alto grado de especialización
y una estrecha colaboración interdisciplinar entre científicos y filósofos.
T Cuestiones últimas de la humanidad. Se trata de cuestiones que escapan al dominio
de la ciencia, como por ejemplo los problemas referidos al origen y finalidad del universo,
la trascendencia y la religión, el sentido de la vida, la libertad, la mente humana, el proble-
ma de la verdad y de la objetividad, los valores morales, la estructuración social y política,
etc... En este ámbito de las últimas preguntas la filosofía ya no puede aspirar como antaño
a suministrar conclusiones definitivamente establecidas. Sólo puede pensar los problemas,
determinar las posibles respuestas y examinar los fundamentos racionales de las mismas,
proponiendo, en todo caso, alguna de ellas como preferible. Es por este motivo que en este
ámbito la filosofía no puede tratar propiamente con realidades, sino con opiniones argu-
mentadas acerca de la realidad última.
T Crítica de las ideologías y los dogmatismos. La crítica de los prejuicios dogmáticos y
de las ideologías encubiertas será siempre una función irrenunciable de toda filosofía que
quiera liberar el pensamiento y, en último término, a la sociedad y al hombre mismo.
T Interpretación lúcida de la historia. La filosofía debe tratar de responder a una de las
más imperiosas necesidades de la especie humana: la necesidad de comprender el mundo
que vivimos. Pero este mundo es sobre todo su historia, que resulta como un texto que
necesita interpretación. Esta labor hermenéutica nos abre el significado de las cosas y de los
acontecimientos, ayudándonos a comprender nuestro pasado y nuestro presente. Sin esta
ayuda los seres humanos viviríamos como ciegos en un mundo absurdo. Pero interpretar
el pasado no significa aceptarlo sin más o justificar lo que hay, sino aprender de él para
criticar el presente y abrirlo hacia un futuro mejorado.
Las tareas de la filosofía
– 9 –
T Problemas prácticos. La filosofía práctica trata de las relaciones tensas entre ética y políti-
ca. Aquí el discurso no versa sobre el ser, sino sobre el deber-ser. Se trata de encontrar los
principios y procedimientos que permitan fundamentar un discurso normativo acerca de
nuestra convivencia social. La filosofía se muestra aquí como un quehacer utópico, orienta-
dor y terapéutico de las afecciones que paralizan la acción teórica y práctica de los hombres
en la historia. En palabras de T.W.ADORNO: ?...La dialéctica negativa hace hincapié en que
cuando la realidad social que tenemos puede ser modificada, entonces lo que tenemos
dado delante de nosotros no es toda la realidad. La imaginación utópica, como caja de
proyectos, forma también parte de la realidad, hasta el punto de que la realidad dada que
de hecho vivimos puede constituir lo inauténtico. Los seres humanos constituimos un pro-
yecto situado entre lo que somos y lo que estamos llamados a ser. Esta tensión significa que
la identidad dinámica del ser humano y sus raíces pertenecen más al futuro potencial de la
utopía que al presente o al pasado acaecido. El principio de la acción humana no son los
hechos, sino la esperanza de que las cosas pueden cambiar a mejor”.
Pienso...,
luego estorbo.

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  • 2. Sumario Sumario Sumario Sumario 1 Del crepúsculo de la filosofía al amanecer de la ciencia . . . . . . . . . . 3 1.1 El período metafísico de la filosofía . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 4 1.2 El período posmetafísico de la filosofía . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 4 1.2.1 Subperíodo crítico . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 4 1.2.2 Subperíodo lingüístico . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 5 2 Necesidad apremiante de la filosofía como crítica lúcida . . . . . . . . . 5 2.1 Más allá de la ciencia empírica . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 6 2.2 Diversas formas de acceso a la realidad . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 6 2.2.1 El acceso instrumental . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 6 2.2.2 El acceso pseudo-racional de las ideologías . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 7 2.2.3 El acceso filosófico . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 7 3 Las tareas de la filosofía . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 8
  • 3. Del crepúsculo de la filosofía al amanecer de la ciencia 1 El término «filosofía» se usa frecuentemente en tono coloquial para indicar las ideas generales que inspiran una determinada actividad: "la filosofía de este proyecto es...". También puede significar una actitud ante la vida: "tomar las cosas con filosofía". En cierta ocasión, el peluquero de un pueblo le preguntó a un cliente qué hacía en París. La respuesta de éste fue que era profesor de filosofía. Entonces el peluquero exclamó asombrado: ¡cómo!; ¿pero es que hay profesores de eso? Yo creía que la filosofía era cuando a alguien le importaba todo un rábano. – 3 – Los Los Los Los hombres hombres hombres hombres actuales actuales actuales actuales se se se se vuelcan vuelcan vuelcan vuelcan sobre sobre sobre sobre el el el el activismo activismo activismo activismo frenético frenético frenético frenético de de de de sus sus sus sus ne- ne- ne- ne- gocios gocios gocios gocios con con con con el el el el único único único único objetivo objetivo objetivo objetivo de de de de eludir eludir eludir eludir los los los los graves graves graves graves trastornos trastornos trastornos trastornos que que que que acarrea- acarrea- acarrea- acarrea- ría ría ría ría pararse pararse pararse pararse a a a a pensar pensar pensar pensar y y y y preguntarse preguntarse preguntarse preguntarse el el el el porqué porqué porqué porqué y y y y paraqué paraqué paraqué paraqué de de de de su su su su vida. vida. vida. vida. To- To- To- To- dos dos dos dos los los los los problemas problemas problemas problemas del del del del hombre hombre hombre hombre actual actual actual actual provienen provienen provienen provienen de de de de esta esta esta esta incapacidad incapacidad incapacidad incapacidad pa- pa- pa- pa- ra ra ra ra estar estar estar estar a a a a solas solas solas solas consigo consigo consigo consigo mismo mismo mismo mismo en en en en una una una una habitación habitación habitación habitación durante durante durante durante unos unos unos unos minutos. minutos. minutos. minutos. Pascal A llá por el siglo XVIII el filósofo Manuel KANT decía que había dos cosas que cautivaban toda su atención: el cielo estrellado encima de nuestra cabeza y la ley moral en el interior de nuestro corazón. Esta preocupación netamente filosófica quedó plasmada en sus tres famosas preguntas y que siguen constituyendo todavía hoy el meollo de toda la filosofía: ¿qué puedo saber?; ¿cómo debo actuar?; ¿qué nos cabe esperar? En definitiva: ¿qué significado y sentido guarda la vida humana? La filosofía comienza con la desorientación y la curiosidad congéni- ta que los hombres sentimos ante las cosas y los fenómenos que nos rodean. Sentimos admiración por todo lo que nos rodea y nos admiramos de nosotros mismos con una implacable cascada de interrogantes. La reflexión filosófica surge de los problemas que plantea nuestra vida cotidiana: la ciencia, la vida social y política, nuestro comportamiento moral, el lenguaje, etc1 . Toda experiencia humana lúcida supone una toma de conciencia de la situación. Esta toma de conciencia no se dirige a las cosas para atacarlas o transformarlas, con arreglo a las necesidades humanas, sino para aceptarlas y desvelarlas en su explicación racional. El hombre filosofa en cuanto persona que quiere conocer y explicar la realidad y el sentido de su experiencia, con el fin de hallar compresión a sus vivencias y poder afirmarse como un ser libre y responsable. Advertimos que venimos de un pasado y que nos hallamos puestos en un presente desde el cual proyectamos nuestro futuro. La experiencia filosófica se sitúa precisamente en esta tensión entre el ser y el deber-ser: las cosas son como son, pero podrían ser de otra manera. Trazamos nuestros proyectos culturales en el espacio y en el tiempo. En este sentido, la experiencia filosófica constituye el ensayo de la libertad humana encaminada hacia la utopía a partir de unas coordenadas dadas. 1 Del crepúsculo de la filosofía al amanecer de la ciencia H ay muchas y distintas maneras de hacer filosofía. No existe la filosofía. Lo único que existe es la actividad investigadora del hombre. Esto significa que sólo la historia de la filosofía podrá decirnos lo que ésta es. Tomemos como ejemplo uno de los términos más antiguos y utilizados en la filosofía: "logos". Para los primeros filósofos, este término significaba muchas cosas, quizás dema- siadas: 1) el orden o ley de la realidad (cosmos); 2) la capacidad racional de la especie humana; 3) el lenguaje o capacidad de comunicarse. Pensaron que estas tres cosas coincidían entre sí: realidad, razón y palabra son una misma cosa designada con un mismo término. Los antiguos griegos fueron, pues, demasiado confiados: creyeron que el orden del universo podía ser descubierto por la razón y expresado en el lenguaje.
  • 4. Del crepúsculo de la filosofía al amanecer de la ciencia 2 La metáfora galileana es expresiva a este respecto: "ya no buscamos el saber en los libros de los filósofos; nuestro nuevo libro, el único que tenemos que consultar, es la naturaleza; y para leerlo nos bastan las matemáticas. Las matemáticas son, pues, el lenguaje del mundo, lo cual basta para asegurar la racionalidad de la investigación científica". El periodo posmetafisico de la filosofia El periodo posmetafisico de la filosofia El periodo posmetafisico de la filosofia El periodo posmetafisico de la filosofia – 4 – 1.1 El período metafísico de la filosofía Este período abarca desde el siglo VI a.C. hasta el siglo XVII de nuestra era. Los griegos inician la marcha: insatisfechos con las explicaciones míticas, dan el paso a las explicaciones racionales. Distinguieron muy claramente entre «simple opinión» (dóxa) y «verdadero saber» (epistêmê). Con ello querían decir que la investigación debía ir más allá y más al fondo de las simples apariencias o fenómenos. Se trataba de conocer la esencia (eîdos) de las cosas; es decir, algo así como la estruc- tura íntima que hacía que las cosas sean tal y como son. Querían de este modo conocer también las causas últimas que lo producen todo. Aunque con diversas matizaciones, el concepto aristotélico de filosofía se mantiene vigente durante todo este período: " la filosofía es el saber más general y elevado, ya que versa sobre las esencias y causas últi- mas de todas las cosas, aunque no se ciñe a cosas o hechos particulares, sino al conjunto (la especie humana, el universo, el Ser...); " la filosofía es un saber que va más allá de las apariencias físicas sensibles, puesto que las esencias y las causas últimas de las cosas no son perceptibles, sino sólo inteligibles; " la filosofía es el fundamento último de cualquier otro conocimiento; " el presupuesto general del saber filosófico es la racionalidad de lo real. 1.2 El período posmetafísico de la filosofía Esta nueva etapa se inicia en el siglo XVIII y llega hasta nuestros días, pero sus raíces se encuentran en un acontecimiento singular ocurrido un siglo antes: la revolución científica. Esta revolución condujo a la independencia de las ciencias empíricas respecto a la filosofía. La ciencia comienza un proceso por el cual se va autoafirmando como algo claramente distinto de la filosofía. Ahora posee su propio ámbito de investigación: los fenómenos naturales y sus leyes (¡ya no sus causas!). La ciencia deja de buscar sus fundamentos últimos en la filosofía y se apoya decididamente en las matemáticas2 . Sin embargo, la ciencia moderna no carece de algunos presupuestos no-científicos. El mismo postulado de matematización de la naturaleza es un presupuesto meta-científico (de inspiración pitagórica). Tal postulado se apoya además en principios metodológicos como la simpli- cidad de la naturaleza (la explicación más simple es la mejor, ya que la naturaleza no multiplica las causas sin necesidad) o la regularidad del orden del mundo (las mismas causas producen siempre y en todas partes los mismos efectos), que también son presupuestos meta-científicos, tal y como reconocería HUME. Sin embargo, en nuestra sociedad moderna la ciencia parece triunfar donde la filosofía había fracasado. La pregunta es saber por qué. Plantear esta cuestión supone reconocer el fracaso de la metafísica tal y como se había venido planteando en su enfoque clásico. 1.2.1 Subperíodo crítico El filósofo inglés LOCKE intuyó en el siglo XVIII que la filosofía había andado siempre por un cami- no equivocado al haber escogido un mal punto de partida: suponer que la realidad y la razón coinciden, es decir, que la razón puede conocerlo todo. Había que empezar, por tanto, por aquí: examinar las posibilidades y límites de la razón. En una línea similar, KANT llega a la conclusión de
  • 5. Necesidad apremiante de la filosofía como crítica lúcida 3 WITTGENSTEIN, principal impulsor de la corriente neopositivista, se dio cuenta pronto de que los términos lingüísticos que en principio parecían carecer de significado, por ser empíricamente inverificables (como la expresión "sentido de la vida"), sin embargo seguían siendo usados por el lenguaje cotidiano. Si el hombre sólo pudiera hablar con sentido de aquello que puede ser empíricamente verificable, entonces tendría que callar sobre aquello que es lo más vital en su vida y constituye el mayor porcentaje: la ética, la utopía, el sentido de la vida... El significado del lenguaje no viene dado por el contenido empírico de sus proposiciones, sino por su uso. El periodo posmetafisico de la filosofia El periodo posmetafisico de la filosofia El periodo posmetafisico de la filosofia El periodo posmetafisico de la filosofia – 5 – que la razón no se identifica con la realidad, pues es incapaz de conocer las cosas tal y como son en sí mismas. Por otro lado, la razón se encuentra encerrada en unos límites muy estrechos: sólo puede conocer aquello que puede experimentar. Ir más allá de la experiencia, es decir, de lo que percibimos sensorialmente, es imposible. La reflexión metafísica está vedada (Hume había llegado poco antes que kant a idéntica conclusión). De este modo, poco a poco la filosofía vio reducido su campo de investigación a causa del avance de la investigación científica y, negada la posibilidad de un conocimiento metafísico, se convirtió en crítica del conocimiento y de la sociedad, es decir, en análisis de los modos de conoci- miento y de los fundamentos de la sociedad, la moral, la religión, la política y la educación. Esta transformación es importante: la filosofía ya no versa sobre esencias, causas y cosas del mundo, sino que se dedica a analizar y criticar lo que el hombre hace y construye. Una especie de concien- cia lúcida y despierta que se dedica a acompañar críticamente a los hombres en su historia. 1.2.2 Subperíodo lingüístico En el subperíodo crítico la filosofía había abandonado tanto el estudio de la realidad metafísica, por considerarlo incognoscible, como el estudio de la realidad física, por ser ya campo exclusivo de las ciencias naturales, para con- centrarse en la crítica del conocimiento y de la sociedad. Pero avanzado el siglo XX, la filosofía desplaza de nuevo su campo de investigación y realiza un giro lingüístico, es decir, se consagra al estudio del lenguaje. Con esta nueva etapa se completa el ciclo: de la realidad a la razón, y de ésta a la palabra. KANT había situado unos límites del conocimiento muy estrechos: sólo podemos conocer aquello que podemos experimentar o percibir de algún mo- do. Pero había admitido que era posible pensar y, por tanto, también hablar, acerca de temas no experimentables, como Dios, el alma, el destino del hombre, el sentido de la vida, los valores morales, etc. Sobre tales cuestiones no podía haber, por supuesto, ciencia; pero sí creencias razonables. Sin embargo, a principios del siglo XX el neopositivismo afirmó que también el lenguaje tiene sus límites. Y estableció estos límites en el mismo lugar donde los había puesto KANT para el conocimiento: sólo tienen significado los términos que son empíricamente verificables. Todos los demás términos, aunque los empleemos, carecen por completo de sentido. En conse- cuencia, las cuestiones metafísicas no sólo son impensables, sino también inexpresables. Sobre tales cuestiones, que sin duda son importantes, nada se puede decir significativamente y, por tanto, lo mejor es guardar silencio. El único lenguaje significativo es el de la ciencia natural3 . 2 Necesidad apremiante de la reflexión filosó- fíca como crítica lúcida L a muerte de la filosofía fue anunciada por COMTE y el positivismo del siglo XIX. Tal pronóstico fue reforzado por el neopositivismo del siglo XX. Pero curiosamente esos anuncios se han hecho desde posturas filosóficas, dando así la razón a lo que dijo el viejo ARISTÓTELES: hasta para dejar de filosofar es necesaria la filosofía. Examinemos, pues, qué fundamento tiene el anuncio de la muerte de los filósofos y si cabe algún tipo de réplica.
  • 6. Necesidad apremiante de la filosofía como crítica lúcida Diversas formas de acceso a la realidad Diversas formas de acceso a la realidad Diversas formas de acceso a la realidad Diversas formas de acceso a la realidad – 6 – 2.1 Más allá de la ciencia empírica El positivismo decimonónico recogía una idea clave del filósofo HUME: el conocimiento de la reali- dad sólo puede ser conocimiento de hechos. Los neopositivistas radicales del siglo XX van incluso más lejos: no hay sino sólo acontecimientos físicos (Carnap). Por tanto, el lema de esta corriente filosófica es: ¡atengámonos a los hechos!; ¡sólo la ciencia! La reflexión metafísica corresponde sólo a una etapa adolescente de la humanidad. Pero a comienzos de nuestro siglo la concepción positi- vista de la ciencia entró en crisis. Ya a finales del siglo XIX, científicos como MACH y HERTZ recono- cieron expresamente los límites de la ciencia. Ello significaba abrirle terreno a la filosofía de nuevo. Las nuevas revoluciones científicas aportadas por autores de la talla de PLANCK, BÖHR, EINSTEIN, etc., hicieron más modestos a los propios científicos e hicieron temblar los aparentemente sólidos cimientos de la ciencia newtoniana. Uno de los ataques más decisivos contra el positivismo está protagonizado por HUSSERL: el positivismo, dice, nos roba el mundo de la vida y el mundo real de nuestra experiencia personal, sustituyéndolo por el mundo abstracto de las teorías científicas. Peor aún, al no tener en cuenta sino los hechos físicos, la ciencia ignora lo que más importa al hombre: las cuestiones relativas al sentido o sinsentido de la existencia humana. Tales cuestiones, en su necesidad y universalidad para todos los hombres, requieren reflexiones generales y respuestas convincentes. Son cuestiones que afectan, en definitiva, al hombre en cuanto ser libre en sus posibi- lidades de configurarse a sí mismo de manera razonable y de conformar no menos razonablemente su entorno cultural. ¿Qué tiene la ciencia que decirnos en cuanto sujetos de esa libertad responsa- ble? Superada la ideología positivista, los científicos actuales ya no pretenden poseer la verdad total. Quedan fuera de su competencia aquellas cuestiones que desbordan el mundo en cuanto universo de los meros hechos fácticos, es decir, las cuestiones supremas y últimas. Tales cuestiones, como por ejemplo el sentido de la vida, no son cuestiones carentes de significado; son sólo cuestio- nes que carecen de sentido para la ciencia, pero no para el hombre. La propia ciencia exige, pues, una reflexión que vaya más allá de ella misma. Pero esto no quiere decir que la filosofía actual pueda volver, sin más, a sus orígenes o reconstruir ingenuamente la metafísica clásica. Las reflexio- nes críticas de autores como HUME o KANT no pueden ser ignoradas alegremente. 2.2 Diversas formas de acceso a la realidad En nuestro acceso a la realidad, ¿por qué no puede bastar la ciencia? ¿Por qué es necesaria la filosofía? Porque sin filosofía la ciencia caería precisamente en la irracionalidad, es decir, se pon- dría en manos de la racionalidad instrumental de la técnica operativa y al servicio de la pseudo- racionalidad de las ideologías. Desgraciadamente, en vísperas del siglo XXI, algo de esto último viene sucediendo desde el siglo XIX. 2.2.1 El acceso instrumental El proceso de modernización aparece como un proceso de racionalización creciente que va unido a otro proceso: el desencantamiento, es decir, la pérdida de vigencia de las grandes cosmovisio- nes religiosas o metafísicas que aportaban un sentido y significado globales a la existencia situando al hombre en el cosmos. La racionalidad que triunfa en la época moderna es la razón instrumental, es decir, una razón operativa que sólo se ocupa de elegir los medios más adecuados para fines ya dados, esto es, fines no examinados ni criticados. La sociedad pasa entonces a estar dominada por tecnócratas expertos en aplicar los medios sin discutirlos y evaluar sus consecuencias operativas. Surge así nuestra actual sociedad burocratizada y administrada en la que el perfeccionamiento de los medios e instrumentos no se ve acompañada por una discusión lúcida de los fines deseables. Todo, incluido
  • 7. Necesidad apremiante de la filosofía como crítica lúcida 4 Un claro ejemplo de este peligro es el riesgo que hoy padece la ciencia a ponerse al servicio de metas inconfesables, es decir, fines meramente operativos o técnicos nocivos para la especie humana y que nadie se ocupa de examinar críticamente. El horrible mundo cibernético que visionaba HUXLEY en su novela ha dejado de ser una fantasía imposible. 5 La ideología es, desde un análisis social, un conjunto más o menos estructurado de ideas, imágenes y valoraciones, condicionada histórica y cultural- mente, que utiliza una sociedad determinada para interpretar y situarse en su propio mundo. Representa, pues, una especie de cosmovisión o forma de ver el mundo. Diversas formas de acceso a la realidad Diversas formas de acceso a la realidad Diversas formas de acceso a la realidad Diversas formas de acceso a la realidad – 7 – el propio hombre, termina por ser un medio o instrumento al servicio de unos intereses que no han sido previamente discutidos. La consecuencia trágica es que la razón, propuesta en el siglo de las luces como medio de liberación, se ha ido convirtiendo paulatinamente en instrumento de someti- miento y cosificación de los hombres, es decir, en su mayor enemigo4 . Nuestra sociedad moderna ha puesto en marcha un patoso mecanismo de explotación y destrucción irracional que ahora no acierta a controlar. 2.2.2 El acceso pseudo-racional de las ideologías Junto al saber científico existe también un saber que podemos llamar cotidiano socialmente adquirido, el cual incluye no solamente conoci- mientos, sino también valoraciones y prejuicios de todo tipo. Pues bien, este saber cotidiano apoyado en juicios de valor y prejuicios es frecuen- temente admitido sin más como verdadero, sin ser sometido a un previo examen crítico. Su parte más sólida y estructurada suele recibir el nom- bre de «ideología», que no es otra cosa sino racionalidad falsa o pseudo- racionalidad. La ideología es, pues, como una especie de presupuesto general que empapa toda nuestra mentalidad y actividad sin ser puesto en entredicho5 . Por ejemplo, las ciencias de la naturaleza caen en la ideología irracional cuando se dedican por entero a dominar técnicamente la sociedad sin pregun- tarse si la calidad de vida que promueven es o no digna de ser vivida. Es ya un pregón público el hecho de que vivimos en una sociedad moralmente desorientada y que los rápidos avances científi- cos y técnicos no se ven acompañados de avances similares en la calidad de la convivencia huma- na. Ultimamente se oye con frecuencia la afirmación de que vivimos en una sociedad del post- deber, donde la frontera entre el bien y el mal parece ser que se ha difuminado, cayendo por la pendiente de un relativismo grosero y mediocre que recuerda la ley de la selva que pregonaban algunos sofistas radicales de la antigua Grecia. 2.2.3 El acceso filosófico Frente a una racionalidad meramente operativa de medios sin discutir es necesaria y urgente una racionalidad de valores humanos y fines apre- ciados, es decir, una racionalidad crítica apoyada en un atento examen que desvele los verdaderos presupuestos de las creencias cotidianas que empapan la convivencia de los individuos. Una sociedad dominada por la razón instrumental y por la ideolo- gía consumista del progreso material a cualquier precio termina por olvidar las cuestiones más importantes: si tales o cuales medidas respetarán mejor la dignidad humana, si se hará a los hombres más libres y más felices, si mejorarán el medio ambiente, etc. Si la humanidad llegara un día a olvi- dar la reflexión filosófica, ese mismo día perdería su libertad responsable y quedaría encerrada en el universo opaco y mostrenco de la ciencia, sometido a la dominación tecnócrata y desalmada.
  • 8. Las tareas de la filosofía – 8 – 3 Las tareas de la filosofía N o existe una filosofía ya hecha y terminada de una vez por todas. La única norma constante de la filosofía es el ejercicio de crítica de la propia razón, es decir, examinar sus principios y sus fuentes para refrendarlos o rechazarlos. Pero si la filosofía es necesaria es porque debe responder a necesidades concretas de la humanidad en cada momento histórico. De hecho, cada filosofía nace dentro de un contexto y se identifica con su época; no para aceptarla pasivamente, sino para criti- carla y abrirle caminos de progresión humanizadora. Su función es, pues, fundamentalmente tera- péutica. El filósofo KANT acertó muy bien a delimitar el campo de la reflexión filosófica con las tres preguntas a las que hacíamos alusión al principio: ¿qué podemos saber?; ¿cómo debemos actuar?; ¿qué nos cabe esperar? Tres pre- guntas cruciales que el propio KANT resumió en una pregunta clave: ¿qué es el hombre? De la primera pregunta se ocupa la metafísica; de la segunda se ocupa la ética; de la tercera se ocupa la religión; y de la cuarta se ocupa la antropolo- gía. En esta misma línea, la filosofía actual debe poder delimitar: 1) las fuentes del saber humano; 2) los límites del uso legítimo de toda ciencia; 3) los límites de la propia razón. El estudio directo de la realidad física ya no compete a la filosofía. El campo empírico es el terreno propio de la investigación científica. Por otra parte, la cuestión de las esencias y las causas últimas de la realidad fue objeto de la antigua investigación metafísica. Para nuestro presente que- dan la razón y el lenguaje, que no es pequeña tarea, pues se trata de examinar el discurso racional de la realidad humana y sus relaciones con el mundo. Algunas de las tareas o funciones más apre- miantes de la filosofía actual serían las siguientes: T Cuestiones meta-científicas y similares. El lenguaje de la ciencia no es objeto de estudio de la propia ciencia, sino de la filosofía, que entonces se convierte en meta-ciencia o filosofía de la ciencia. La filosofía no se basa en los resultados de la ciencia, sino que pone en cuestión todos sus presupuestos. Esta disciplina requiere un alto grado de especialización y una estrecha colaboración interdisciplinar entre científicos y filósofos. T Cuestiones últimas de la humanidad. Se trata de cuestiones que escapan al dominio de la ciencia, como por ejemplo los problemas referidos al origen y finalidad del universo, la trascendencia y la religión, el sentido de la vida, la libertad, la mente humana, el proble- ma de la verdad y de la objetividad, los valores morales, la estructuración social y política, etc... En este ámbito de las últimas preguntas la filosofía ya no puede aspirar como antaño a suministrar conclusiones definitivamente establecidas. Sólo puede pensar los problemas, determinar las posibles respuestas y examinar los fundamentos racionales de las mismas, proponiendo, en todo caso, alguna de ellas como preferible. Es por este motivo que en este ámbito la filosofía no puede tratar propiamente con realidades, sino con opiniones argu- mentadas acerca de la realidad última. T Crítica de las ideologías y los dogmatismos. La crítica de los prejuicios dogmáticos y de las ideologías encubiertas será siempre una función irrenunciable de toda filosofía que quiera liberar el pensamiento y, en último término, a la sociedad y al hombre mismo. T Interpretación lúcida de la historia. La filosofía debe tratar de responder a una de las más imperiosas necesidades de la especie humana: la necesidad de comprender el mundo que vivimos. Pero este mundo es sobre todo su historia, que resulta como un texto que necesita interpretación. Esta labor hermenéutica nos abre el significado de las cosas y de los acontecimientos, ayudándonos a comprender nuestro pasado y nuestro presente. Sin esta ayuda los seres humanos viviríamos como ciegos en un mundo absurdo. Pero interpretar el pasado no significa aceptarlo sin más o justificar lo que hay, sino aprender de él para criticar el presente y abrirlo hacia un futuro mejorado.
  • 9. Las tareas de la filosofía – 9 – T Problemas prácticos. La filosofía práctica trata de las relaciones tensas entre ética y políti- ca. Aquí el discurso no versa sobre el ser, sino sobre el deber-ser. Se trata de encontrar los principios y procedimientos que permitan fundamentar un discurso normativo acerca de nuestra convivencia social. La filosofía se muestra aquí como un quehacer utópico, orienta- dor y terapéutico de las afecciones que paralizan la acción teórica y práctica de los hombres en la historia. En palabras de T.W.ADORNO: ?...La dialéctica negativa hace hincapié en que cuando la realidad social que tenemos puede ser modificada, entonces lo que tenemos dado delante de nosotros no es toda la realidad. La imaginación utópica, como caja de proyectos, forma también parte de la realidad, hasta el punto de que la realidad dada que de hecho vivimos puede constituir lo inauténtico. Los seres humanos constituimos un pro- yecto situado entre lo que somos y lo que estamos llamados a ser. Esta tensión significa que la identidad dinámica del ser humano y sus raíces pertenecen más al futuro potencial de la utopía que al presente o al pasado acaecido. El principio de la acción humana no son los hechos, sino la esperanza de que las cosas pueden cambiar a mejor”. Pienso..., luego estorbo.