El documento critica el proceso de secesión en Cataluña, argumentando que no es progresista. Señala que priva de derechos políticos a parte de la ciudadanía y va en contra de los ideales democráticos. También sugiere que abandonar el racionalismo para apoyar al nacionalismo es contrario a los valores ilustrados de la izquierda. Concluye diciendo que el proceso independentista bucea en un nacionalismo excluyente y es un retroceso anti-ilustrado.