Este decreto supremo establece una nueva política económica en Bolivia para enfrentar la crisis hiperinflacionaria. Se establece un tipo de cambio único y flexible entre el peso boliviano y el dólar estadounidense. También se liberalizan las operaciones cambiarias y se requiere que todos los exportadores vendan sus divisas al Banco Central de Bolivia. El decreto supremo tiene como objetivo atacar las causas fundamentales de la crisis a través de medidas fiscales, monetarias, cambiarias y de ajuste administrativo.