El capítulo describe la necesidad de una Iglesia misionera que salga a los márgenes para anunciar el Evangelio. Se enfatiza la importancia de la conversión pastoral, de escuchar a todos los grupos incluyendo a los excluidos, y de centrarse en lo esencial sin tener miedo a revisar prácticas. La Iglesia debe acoger a todos con misericordia y solidaridad especial con los pobres.