Este documento discute la importancia de la dimensión ético-axiológica en la configuración de sujetos sociales. Argumenta que (1) la crisis actual requiere enfatizar la formación ética; (2) el ser humano tiene una potencialidad axiológica debido a su reflexividad, reciprocidad, alteridad y complejidad; y (3) la educación debe dinamizar esta potencialidad a través de la reflexión, apertura y problematización para fortalecer la formación moral.