El Imperio Persa floreció entre los siglos VI y III a.C., construyendo grandes ciudades como Susa y Pasargada. Sin embargo, su mayor logro arquitectónico fue la ciudad de Persépolis, erigida totalmente en piedra por el rey Darío I sobre una gran plataforma. La ciudad consistía en salones y patios decorados con esculturas y relieves que representaban al rey y la religión persa, hasta que fue incendiada por Alejandro Magno durante la conquista de Persia en el siglo III a.C.