La transición a la democracia en la década de 1980 en Argentina marcó el regreso de artistas e intelectuales exiliados y la apertura de nuevas galerías. Los artistas reaccionaron de forma vitalista y eclectica a la dictadura militar, abordando temas relacionados a la memoria y subjetividad a través de obras que ponían el cuerpo humano en el centro, ya sea de forma presente o ausente.