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CRITERIOS TEOLOGICOS PARA UNA CORRECTA
ORGANIZACIÓN DE PASTORAL DE LA SALUD
Desde al amor originario de Dios Padre (criterio teocéntrico), con la acción del
Espíritu Santo (criterio pneumatológico) en la centralidad del misterio y de la única
mediación salvífica de Jesucristo – encarnación y hechos pascuales – (criterio
cristocéntrico), que la Iglesia (criterio eclesial) puede encontrar las líneas
inspiradas, unitarias y fundantes de la propia acción pastoral sanitaria. Es Cristo,
en efecto, que revela y comunica a los hombres el amor trinitario. En El se
manifiesta la Iglesia, su cuerpo místico y pueblo de Dios, signo e instrumento de
salvación (criterio histórico salvífico), al ser humano en su aquí y ahora donde
adquiere sentido su vida y su historia (criterio antropológico), historia que se abre
a una experiencia salvífica y llena de esperanza en la plenitud (criterio
escatológico).
CRITERIO TRINITARIO
Es Cristo quien ha permitido a la teología ser completamente verdadera: Antes
que Él, Dios Padre había comenzado a revelarse a los hombres, como se ve en el
desarrollo del Antiguo Testamento, en este modo la verdad sobre Dios llegaba a la
inteligencia humana, y el amor divino tocaba el corazón humano, más se trataba
sólo de una revelación incompleta, la revelación completa se da solo con Cristo, el
cual ha manifestado a la humanidad las profundidades divinas de verdad y de
amor, es sólo por medio de él que se ha elaborado la “verdadera” teología, aquella
que está destinada a satisfacer y colmar las aspiraciones del espíritu y del corazón
del hombre,1
En Cristo se realiza así la verdadera teología, por lo que si se quiere
conocer a Cristo, se necesita entrar en el misterio de Dios.
+ TEOCENTRICO
Es fundamental para cada acción pastoral, la referencia primaria a Dios. En el
ejercicio eclesial de la diaconía de la salud, no se debe olvidar que la mediación
pastoral tiene siempre origen en la libre y gratuita decisión de Dios y en su
designio de salvación2
.
Un auténtico encuentro con Jesús debe ser establecido sobre todo en el sólido
fundamento de la Trinidad–Amor. La experiencia de un Dios Uno y Trino nos
permite superar el egoísmo para encontrarnos plenamente en el servicio al otro
(cfr. DA 240).
El Padre ha querido revelar su amor paterno, principalmente en dos momentos de
la historia de la salvación:
1º Cuando crea al hombre y mujer a su imagen y semejanza (cfr. Gn.1,26-27).
1
Cfr. GALOT J., Al centro dell’amore. Il mistero del cuore di Gesú, AdP, Roma 2003, p. 23.
2
Cfr. BRUSCO A. y PINTOR S. Sulle orme di Cristo médico. Manuale di teología pastorale sanitaria, EDB,
Bologna 20082ª, p. 70 – 71.
1
2º Cuando en la profundidad de ese amor permite que el Hijo asuma nuestra
condición humana.
Es necesario retornar al Padre para descubrir toda la intención reveladora de la
vida terrena de Cristo, y es por medio del Espíritu Santo que es invitado a penetrar
en el corazón del Salvador y a examinar la prolongación de su acción saludable y
salvífica en la vida de la Iglesia,3
descubrir a Jesús en esa máxima expresión de
amor, descubre el gran amor que nos tiene el Padre y al mismo tiempo nos hace
capaces de descubrirlo en ese amor trinitario.
Cristo, emerge del ambiente humano e impone sus palabras y sus acciones con
una autoridad idéntica a aquella de Dios. Por lo que para conocer a Cristo no
basta conocer al hombre, sino que es necesario aprender a conocer a Dios.4
De
donde surge un proyecto originario de salud integral el ser humano se desprende
el proyecto saludable de salud de cada ser humano.
Si del punto de vista de “estar bien” quiere decir que el cuerpo en cuanto tal
funciona, del punto de vista personal ser sano, significa que la persona “funciona”
(se realiza, proyecta, crea, decide) en todo aquello que la constituye como tal, vale
a decir: la voluntad / libertad, la capacidad de amar, la apertura al trascendente, la
capacidad / búsqueda de sentido, la dimensión espiritual, la subsistencia y la auto
trascendencia5
.
Somos en efecto, constituidos en la y de la tensión entre el nada y el infinito. No es
fácil formar en la unidad el hecho de “ser cuerpo”, de “tener cuerpo”, de ser
“cuerpo espiritual” y “espíritu encarnado”, salud física y salud espiritual,
enfermedad y salud. Lo que explica, al menos en parte, los excesos de la
medicina biológicista, de la espiritualidad que mete el cuerpo bajo sospecha, del
salutismo que busca la salud por sí misma y no como parte integrante de un
proyecto, del dolorismo que canoniza el sufrimiento y penaliza el placer, etc.
La iniciativa es de Dios, por otro lado, estamos llamados a portar una imagen de
Dios evangelio, a ser un rostro auténtico de Dios en la pastoral.
La salud es parte de un proceso de interiorización y de socialización, de
apropiación y autodonación, de intimidad y de comunión, de realización y
trascendencia, que reclama libertad y sentido como respuesta al llamado de Dios
Padre a vivir esta vida saludable y abierta a la salvación6
.
La pastoral de la salud desde este principio está llamada a ser un signo de un
amor incondicionado a la vida y a la dignidad de cada uno, de la misericordia y de
la ternura, de la compasión y de la solidaridad, de la esperanza y de la liberación
integral, de la gratuidad y del amor. En una palabra, a la luz de este criterio
teocéntrico, la pastoral sanitaria deberá cualificarse como una pastoral
fundamentalmente “mistérica”.
+ CRITERIO CRISTOCENTRICO
3
Cfr. GALOT J., Al centro dell’amore..., ob. cit., pp. 36 - 37.
4
Cfr. Ibidem, p. 22.
5
Cfr. SANNA I., Persona. Approccio storico-teologico, in: CINÀ G. – LOCCI E. – ROCHETTA C. –
SANDRIN L. (a cura di), Dizionario di Teologia Pastorale Sanitaria, ob. cit., pp. 889 – 890.
6
Cfr. BRUSCO A. y PINTOR S. Sulle orme di Cristo médico…, p. 70 – 71
2
Cristo es el único mediador de salvación. Cristo, en efecto, es el prototipo de cada
medicación cristiana. “Su humanidad, en la unidad de la persona del Verbo, fue
instrumento de nuestra salvación” 7
.
La ley fundamental de cada acción pastoral es la ley de la encarnación. Nunca se
debe olvidar que “Jesucristo es la vía principal de la Iglesia. El mismo, es nuestra
vía a la casa del Padre y es también la vía del hombre”. El hacer salvífico de
Jesús, su praxis evangelizadora, deben convertirse constantemente en, referencia
– discernimiento, para la pastoral sanitaria.
En Cristo, la condición humana, herida y siempre amenazada, no es solo cubierta
por un simple bálsamo, sino, que en el momento culminante de la autodonación de
Dios en Cristo, la creación es recreada y el hombre es renovado en la
profundidad.8
No por un curador atípico sino como Salvador único (cfr. Hb. 4, 12), salvador único
que instaura un proceso de transformación total, que llega a lo último de las plagas
del alma y del corazón, nada queda excluido, todo es ordenado a la salvación.
Ahora el nuevo escenario se abre en el fondo de la resurrección,9
significada y de
algún modo adelantada por Cristo en la actividad terapéutica y saludable. Así, se
trata de acoger y profundizar una visión del misterio de Cristo y su prolongación en
la Iglesia en la que ellos aparecen como causa / naciente de salud.
Así, desde Cristo se da un nuevo diagnóstico.
El hombre es un ser que tiene necesidad de ser diagnosticado, necesita de un
diagnóstico que escruta y profundiza y al mismo tiempo dignifica, siendo la
finalidad de ésta la salvación, porque el horizonte es siempre la salvación.
Una hermenéutica cristiana de la salud no debe prescindir del evento Cristo, en
todos sus momentos, constituye el punto culminante de la antropología de Dios. A
la luz de este evento, el hombre y sus realidades se descubren en sus verdaderas
dimensiones. La mirada de Dios en Cristo realiza un profundo diagnóstico de la
condición humana y también de cada hombre. Es una mirada que penetra,
diagnostica, restituye la dignidad, cura10
abriendo a la salvación. Quien se deja
diagnosticar descubre al mismo tiempo su radical indigencia junto a sus
enfermedades y su vocación de plenitud.
Diagnóstico que se convierte en nuevo y diferente:
Lo nuevo: Consiste fundamentalmente en el “bien ser” y esta novedad funda sus
raíces en la Encarnación11
.
7
Cfr. BRUSCO A. y PINTOR S. Sulle orme di Cristo médico…, p. 71 – 72.
8
Cfr. ALVAREZ F., Dispense ad uso degli studenti di Teología della Salute del Camillianum, Roma 2008, p.
86.
9
Cfr. GESTEIRA M., “Christus Medicus”. Jesús ante el problema del mal, en “Revista Española de
Teología”, 51, p. 253 – 300.
10
Cfr. ALVAREZ F., El Evangelio de la salud, San Pablo, Madrid 1999, pp. 108 – 140.
11
Cfr. ALVAREZ F., Dispense ad uso degli studenti di Teología della Salute del Camillianum, Roma 2008,
p. 152.
3
El diagnóstico, como ha enseñado Jesús, no tiene como finalidad prioritaria /
fundamental la curación / salud sino la salvación.
Lo diferente: El ministerio terapéutico y saludable de la Iglesia pide, más que un
buen conocimiento de las patologías (y de las posibles causas), un proyecto de
salud - salvación. El diagnóstico tiene presente el dato fundamental del Evangelio
saludable de Cristo: el cual no ha venido a canonizar la condición humana del
sufrimiento sino a transformarlo, hacerlo nuevo y llevarlo a la plenitud. Por lo que,
el diagnóstico hecho a la luz de la fe debe ser especialmente sensible a aquel
“novum” radical del cual, al menos cuando la enfermedad, atraviesa y condiciona o
dinamiza el interior del hombre.
El diagnóstico del cual hace objeto la teología de la salud no se limita, ni a la
enfermedad ni a los lugares donde ésta se institucionaliza o es tratada, sino que,
se debe convertir en una pastoral renovada, inspirada en el Evangelio de la salud
y de la vida, debe superar, de una parte, el corte “asistencial” (otros dirían
“sacramentalista”) y de otro lado, debería alargar la lectura saludable del
Evangelio a toda la actividad de la Iglesia.
+ CRITERIO PNEUMATOLOGICO
Otro punto de referencia de la pastoral sanitaria es el Espíritu Santo como
protagonista de toda la obra salvífica. “La evangelización, en efecto, no será
posible sin la acción del Espíritu Santo”. Es el Espíritu Santo, en efecto, quien
comunica la acción pascual del Señor para la salvación de todos los hombres. Una
comunidad cristiana está llamada a manifestar la presencia del Espíritu Santo12
.
La pastoral de la salud debe manifestar, en sus elecciones, al Espíritu Santo como
“Espíritu de vida”, como “dador de vida” en la historia concreta de las personas;
Expresar y testimoniar la acción del Espíritu Santo como “Persona – amor”,
“Persona – don”; Manifestar el Espíritu como fuerza vivificante, como esperanza
en el sufrimiento y como victoria en la experiencia del límite humano que es la
muerte.
Una diaconía de la salud debe de estar atenta al corazón del hombre “porque es
ese el lugar recóndito del encuentro salvífico con el Espíritu Santo”.
Acoger la vida
En Cristo, por el Espíritu, se ha revelado el itinerario de la salud humana,
contemplada desde la perspectiva del sujeto. A partir de la Encarnación, Cristo se
convierte en el gran símbolo del recorrido saludable de nuestro ser en este
mundo, motivado por la acción del Espíritu Santo. A la luz de este misterio se
puede afirmar que el primer acto de la salud consiste en la acogida de la vida, que
viene de otro, recibida como don y como misión. Acoger la vida significa hacer
activo el verbo “nacer”, inicialmente sólo pasivo: una tarea larga como la
existencia13
.
12
Cfr. BRUSCO A. y PINTOR S. Sulle orme di Cristo médico…, p. 72 – 73.
13
Cfr. ALVAREZ F., Vita e vita in abbondanza nel Vangelo di Giovanni, in “Camillianum n.s.” n.14 (2005),
pp. 219 – 248.
4
Este itinerario tiene su referencia vital y constante en la Encarnación. Sólo lo que
es asumido por el Espíritu viene sanado y salvado: la voluntad de ser la fuerza de
ser hombre, la posibilidad de actuar las propias potencialidades de la condición
humana, el camino hacia la plenitud, todo inicia el camino de aquel primer acto, la
Encarnación de Jesucristo.
Del ser al saber ser: el ejercicio de la lucidez
La propuesta saludable y salvífica brota de un hombre que, en su obediencia filial
asumida en libertad, guiado por el Espíritu Santo sabe ser el sujeto activo y pasivo
de los verbos fundamentales de su vida, acogida, vivida en primera persona y
donada en plena lucidez.
La lucidez es necesaria para tomar posesión de sí, para apropiarse de aquello que
verdaderamente se es. Es necesaria la lucidez para la “interiorización”, lo que se
podrá vivir solo desde el Espíritu mismo.
De la tensión a la unificación
Vivir sanamente significa normalmente la capacidad de integrar. Integrar significa
reunir / agregar, mantenerse integro / no dividido o fragmentado, construye en la
unidad aquello que es suelto y diferente, encontrar el sujeto de los tiempos de la
vida, aceptar lo inevitable, hacerse uno consigo mismo.
A este punto, se puede decir que Cristo, humanidad del Padre en el Espíritu
Santo, es el verdadero símbolo de esta tensión. Ninguno como él ha vivido, en tan
alta tensión la condición humana, porque ninguno como él se ha abierto a Dios
por el Espíritu hasta el punto de poder decir que en El “habita corporalmente la
plenitud de la divinidad” (Col. 2,9).
CRITERIO ECLESIOLÓGICO
La Iglesia, – pueblo de Dios, cuerpo de Cristo y templo del Espíritu Santo –, es
fundamentalmente “don de comunicación salvífica” de Dios con todos los
hombres. Es “universal sacramento de salvación” porque es “signo e instrumento
de la íntima unión con Dios y de la unidad de todo el género humano” 14
.
En la Iglesia se hace históricamente visible y real la salvación de la humanidad
querida de Dios, su cura amorosa hacia cada hombre. Cada comunidad cristiana
está llamada a edificarse y actuar como “sacramento de Cristo”, Verbo que asume
nuestra carne y hace propio nuestro sufrimiento.
En cuanto a la pastoral de la salud, la Iglesia está llamada a manifestarse
inseparablemente “sierva de Dios” y “sierva de la humanidad”. Participa con una
medicación “ministerial” a la mediación ontológica de Cristo: Está toda relacionada
a Cristo y a su obra de salvación.
La Iglesia está llamada a responder al deseo de salud, en la variedad de sus
expresiones y en la diversidad de los problemas que plantea, como comunidad
sanadora, signo eficaz (sacramento) de una salvación integral.
14
Cfr. BRUSCO A. y PINTOR S. Sulle orme di Cristo médico…, p. 73 – 75.
5
La pastoral de la salud pertenece de manera inseparable a la misión salvífica de la
Iglesia y los sacramentos manifiestan en concreto esta misión.15
“El corazón enfermo de la humanidad es alcanzado por el poder sanador del
Resucitado y de este modo puede comenzar la curación de la criatura humana,
sometida por el pecado y traicionada por su presunción. El médico divino derrama
el vino y el aceite del Espíritu Santo en las heridas visibles e invisibles del hombre
y lo que se verifica es mucho más que una cicatrización superficial, porque es la
generación de la nueva humanidad en Cristo, una verdadera transformación o
recreación de la forma viviente del hombre para que sea realmente hijo del Hijo. El
Señor Jesús realiza todo esto en la Iglesia mediante el poder de su Espíritu de
curación. Porque en la Iglesia todo está orientado a la sanación del hombre: la
palabra, los sacramentos y los ministerios. El Espíritu suscita a la Iglesia como
lugar de restauración; es como la túnica de Cristo que la hemorroisa puede tocar,
como el barro que hace Jesús con su saliva y pone en los ojos del ciego de
nacimiento. Es la mano que levanta al caído, el alimento que restaura las fuerzas
para el camino. La Iglesia es la gran medicina del hombre por medio de la cual
Cristo el Señor sigue curando a los leprosos, sanando a los enfermos, haciendo
oír a los sordos y ver a los ciegos. La curación de Jesús mediante los sacramentos
sigue fluyendo abundantemente y restaura al hombre. Desde el bautismo hasta la
eucaristía y los sacramentos específicos de la curación y la realización última en la
Pascua eterna. De ahí que el corazón mismo de la Iglesia se encuentre en el
corazón de Jesús, el pastor y médico del hombre, el que se compadece del
hombre y se inclina sobre él para sostenerlo, animarlo, levantarle y enjugar sus
lágrimas”16
.
Evangelizar el mundo de la salud por parte de la comunidad eclesial no es algo
que se añade a la acción terapéutica de sus miembros, sino que debe integrarse
en los gestos de atención y curación, hasta el punto de que estos mismos gestos
deban y sean evangelio, anuncio gozoso de que Dios es un Dios presente, que
ama, cura, consuela e invita a acoger la salvación.
En cuanto a la atención a los enfermos la actitud de cuidar debe convertirse en un
signo “palpable” de esperanza y los agentes de pastoral de la salud deben ser
considerados como “puentes” hacia Dios.
Los agentes de pastoral de la salud estamos llamados a ser la imagen viva de
Cristo y de su Iglesia con el amor a los enfermos y los que sufren, son ellos los
que de algún modo actualizan, revelan y comunican al enfermo no sólo “el amor
de curación y de consuelo de Jesucristo” (Christifideles laici 53), sino que
expresan, de forma continua y con frecuencia silenciosa, los milagros de curación
que la Iglesia tiene el poder de realizar, recibido de Cristo.
Los cristianos que trabajamos en el mundo de la salud, lo hacemos en el nombre
de la Iglesia. De tal manera que, estamos llamados a escribir día a día la parábola
del buen samaritano que se acerca a quien sufre y actualizar continuamente en su
15
Cfr. CASTELLANO J., I sacramenti di guarigione: la dimensione sanante della penitenza e dell’unzione
degli infermi alla luce del Catechismo della Chiesa Cattolica, in Camillianum 12 (1995), pp. 209 – 229.
16
PETRA B., La Chiesa del Padri. Breve introduzione all’Ortodossia, Dehoniane, Bolonia, pp. 69 – 70.
6
relación la “caridad terapéutica de Cristo”, en favor del mismo Cristo presente en el
enfermo.
La pastoral de la salud, no es sólo un lugar donde Dios nos hace invitaciones
apremiantes a leer su presencia, sino también el lugar donde los cristianos
debemos crear nuevos signos a través de una praxis que hable de Dios.
En la comunión con Cristo muerto y resucitado, que vivió significativamente el
dolor y la muerte, la Iglesia se convierte en posada hospitalaria, seno acogedor,
donde la vida en su totalidad es respetada, defendida, amada y servida, lugar de
esperanza, donde todo peregrino cansado o enfermo, que busca sentido a todo lo
que está viviendo, puede vivir de manera saludable y salvífica su sufrimiento y su
muerte y escribir un capítulo significativo de la historia de la alianza con los demás
y con Dios. Es la comunidad parroquial el sujeto eclesial más concreto.
Una serie de actitudes son importantes para quien hace pastoral junto a los que
sufren en el amplio mundo de la salud.
1ª Una mirada contemplativa sobre la vida y una tarea profética. El agente de
pastoral de la salud está llamado a hacer suya esta actitud de contemplación y
respeto a la vida y la salud, pero como miembro de la comunidad de los que creen
que la experiencia – salud se encuentra dentro del proyecto de salvación del
hombre y de la humanidad.
2ª Ser signo de la cercanía del Padre y de su corazón “materno”. En su
acompañamiento del enfermo, el agente de pastoral puede ser “huella” y “signo”
de la cercanía del Padre. Es sanadora la pastoral que es teo – logia porque sabe
hablar de Dios “a partir del sufrimiento del inocente” sin “ofender su sufrimiento”,
haciéndole incluso sentir que su grito no cae en el vacío y que Dios recoge sus
lágrimas en su odre como el bien más hermoso (Cfr. Sal. 56,9).
3ª Que sepa ayudar. Ayudar quiere decir, no detener el crecimiento del otro,
reconocer la iniciativa que tiene sobre su vida y saberse retirar en el momento
oportuno. Significa para quien hace pastoral en el campo de la salud promover un
estilo de relación basada en el servicio y no en el poder.
4ª Que de compasión. Se debe desplegar una com-pasión que dé al otro
gradualmente dignidad, iniciativa y palabra..
5ª Ser “liturgos” dentro de la experiencia – salud. Toda teología sacramental es
teología de la caridad y remite a la caridad (y por tanto al servicio y al cuidador)
como a su forma propia de manifestación y realización.
La vida eclesial, es la historia de amor que cotidianamente vivimos y debemos
manifestar con opciones de justicia y de servicio como respuesta a la llamada de
Dios. Y es la eucaristía la que nos prepara para esta misión, en ella, se pasa del
encuentro con Cristo en el signo del pan, al encuentro con Cristo en el signo de
cada hombre que sufre.
CRITERIO ANTROPOLOGICO
7
Cristo, revela plenamente el hombre al hombre, por lo que la pastoral de la salud
debe estar siempre “atenta” al hombre; debe poner al centro la persona humana
en su plena identidad, en su inviolable dignidad, en su unidad; debe de ser atenta
a la persona humana en sus relaciones concretas y múltiples; se debe de tener en
cuenta que el hombre es lo que es, no lo que se quiera que sea. Para conocer a
Dios, se necesita conocer al hombre17
.
Y lo primero que debemos de tener en cuenta es que el hombre es un animal
vulnerable18
.
La salud humana, de cualquier ángulo que sea considerada, deberá afirmarse
siempre en el espacio y en el tiempo de donde le viene su fragilidad. La fragilidad
es un ámbito que no se puede suprimir.
La fragilidad:
+ Ontológica:
Lo que significa que el ser humano es contingente, de consecuencia metafísica,
por lo que también es finito y mortal. Esta radical vulnerabilidad (que evoca la
imagen del rostro / voltus herido), remite a sus múltiples epifanías o expresiones,
sobre todo a aquella somática19
.
La salud, debe ser acogida como “voluntad de vivir a partir del límite”, un dato
antropológico que asume en el tiempo tantos nombres.
+ Espiritual: Se da sobre todo en el así dicho “vacío existencial”, derivación
inmediata de la crisis / falta de sentido. Corriendo el riesgo de llenar sus vacíos del
yo con la fuga del yo hacia las cosas (de poseer y consumir), o hacia la
satisfacción de las necesidades más inmediatas.
+ Moral: La experiencia de la salud debe afirmarse en una sociedad en la
cual el cuadro de los valores (éticos y cristianos) se han transformado. La salud es
especialmente vinculada a la carátula moral de su sujeto y de la sociedad. Un
diagnóstico afirma que parte de la sociedad está enferma de una especie de
disociación moral20
. El criterio de utilidad y del “buen funcionamiento” se emplea
como hermenéutica de la bondad y de la cualidad de la salud, se es sano en la
medida en la cual se “funciona bien” y se es competente y eficaz; capaz de tener
el tiempo y el ritmo de una sociedad siempre más agitada.
Otra expresión consiste en la “patología de la abundancia”, en realidad: una
relación insana y patógena con las cosas, con el mundo y sus bienes y en último
consigo mismo, ésta expresión hace depender de la capacidad de tener / poseer y
de consumir.
17
Cfr. BRUSCO A. y PINTOR S. Sulle orme di Cristo médico…, p. 75 – 76.
18
Cfr. CLAVEL J.M., El animal vulnerable. Invitación a una filosofía de lo humano, Universidad Pontificia
de Comillas, Madrid 1997, pp. 256s.
19
Cfr. TORRALBA F., La cura di sé. Prospettiva etica, in: SANDRIN L. – CALDUCH-BENAGE N. –
TORRALBA F., Aver cura di sé, EDB, Bologna 2009, pp. 67 – 76.
20
Cfr. MARCHESI G., Il dramma dell’occidente: la libertà contro la vita, in “Civiltà Cattolica”, 3325, gen.
1989, p. 56.
8
+ Psico-emotiva: “La guerra contra los microbios ha sido vencida, pero,
estamos perdiendo, la batalla de la serenidad”21
. La lucha por la salud debe partir
desde dentro. Los jóvenes de hoy no son más maduros, tienen solo más noticias;
las posibilidades de ir al encuentro de patologías son siempre mayores
(alcoholismo, toxicodependencias, dependencias de sexo, de trabajo, a la comida,
etc.) a vivir en estrés.
+ Relacional: Síntomas evidentes de la fragilidad se reencuentran en la
experiencia de la “soledad impuesta”, en la tendencia a vivir “relacionados al
mundo” (a las cosas) es más, a los otros, y en las variadas formas de violencia y
destrucción.
Más la fragilidad no es una condena, por eso la reflexión teológica debe distinguir
entre aquellas que necesita asumir / integrar y aquellas de evitar / superar.
El realismo y la fragilidad hunden sus raíces en la revelación, “antropología de
Dios”. La condición humana compadece a veces en sus miserias o es elevada en
su grandeza.
Algunas de las luces que la Teología de la salud trae de la pedagogía del
realismo. ¿Cómo puede ser saludable la experiencia de la fragilidad?
+ Hay que poner la atención en el misterio de la Encarnación, misterio
fundamental de pedagogía y epifanía de aquella doble condición humana,
asumida del Verbo. El Dios que se hace encontrar22
, bajando al hombre.
+ Apropiándose la fragilidad Jesús ha elegido un modo muy especial de ser
hombre. Ser frágil no se debe vivir ni como condena ni como valor del pecado. La
fragilidad desde el punto de vista teológico, es inevitable y, al mismo tiempo,
necesaria. Los inevitables necesarios se convierten en ocasión de crecimiento,
espacio de libertad, cuestión abierta.
+ Asumiendo la condición humana hasta las últimas consecuencias, Cristo
confirma que la fragilidad debe de ser vivida como sed que se debe colmar, como
hambre que hay que saciar, pregunta que responder, como vacío de ser lleno.
El realismo lleva al hombre a buscar dentro de sí el potencial sanante y en la
adversidad, a no dejar de ser hombre; a afirmar la voluntad de vivir aún en los
límites y a partir de los límites, a liberarse de la resignación pasiva, del sentido de
la inutilidad, de la resistencia al cambio. Así la salud en Cristo es posibilidad,
proyecto, futuro.
CRITERIO HISTORICO SALVÍFICO
En la historia humana nada es a la deriva, porque cada acontecimiento entra en el
diseño divino y sirve a la realización del significado último de la misma historia:
hace posible y actual para todos los hombres el encuentro de salvación con Dios
en Cristo. Así, la historia de la salvación se inserta en la historia humana23
.
21
COUSINS N., La volontà di Guatire, Armando Ed., Roma 1982, p. 45.
22
Cfr. BALTHASAR H.U., Esperienza di Dio nella Bibbia dei Padri, in “Communio” 30 (1977), pp. 4 – 15.
23
Cfr. BRUSCO A. y PINTOR S. Sulle orme di Cristo médico…, p. 76 – 78.
9
Es en Cristo, centro y fin de la historia humana, y en el plan de la salvación de El
ofrecida, que los hombres realizan la propia vocación y la propia historia humana.
Dos elementos que nos hablan de este criterio histórico salvífico son la salvación
salvífica y la salud saludable.
La salvación saludable
Tiene siempre su origen en Dios y se realiza aquí y ahora. La salvación en la
medida en que desciende y penetra en el tejido social, en los acontecimientos de
los hombres, en la ambigüedad de los eventos, es más verdadera y eficaz.
Con esta pedagogía centrada en el hombre, esta conciencia adquiere quizá su
nivel máximo en la conexión entre salud y Alianza: solamente aquel que elige vivir
según los deseos de Dios estará sano y será salvo, por su apertura a la Gracia de
Dios en el aquí y ahora que es donde se vive la salvación de Dios.
Así el hombre sano está abierto a la Gracia de Dios y hace de su vida y de su
salud una experiencia salvífica y la salvación la hace viva en su realidad humana.
A partir de esta conciencia incluso, el hombre, cuando sufre, puede entender que
es absurdo exigirle a Dios las razones últimas del mal que le aflige; puede superar
la tentación de abandonar a Dios y da la decisión de abandonarse en Él. La
salvación toma cuerpo en el cuerpo del sano y del enfermo que se adhiere al plan
de amor redentor y salvífico.
La salud aún en sus dimensiones más biográficas, no está garantizada nunca, ni
por la adhesión existencial a Dios. Su valor, tal y como se revela en el ministerio
de salud de Cristo, está relacionado siempre con su apertura a la salvación, es
salud para la misión, para la adhesión incondicional al Reino, por lo que su
momento culminante tiene lugar en el sacrificio de la cruz, cuando el hombre,
liberado y sanado en profundidad, es capaz de disponer de sí mismo y de
abandonarse a Dios y de darse a sus hermanos (cfr. Jn, 3,14).
La salud salvífica
Es cuando el ser humano sano o enfermo viviendo su realidad en primer lugar la
acepta, la asume y se abre a la experiencia de Dios. De tal manera que la
experiencia humana es saludable y salvífica en la medida en que se sacia de su
manantial que es la Gracia.
Se toca aquí con mano un punto culminante de la reflexión: Porque Dios ha
asumido y transformado radicalmente las realidades y eventos humanos
fundamentales (la vida y la muerte; la salud y la enfermedad; el sufrimiento y los
límites radicales en la naturaleza humana) haciendo también posible que estas
realidades puedan ser vividas y experimentadas como radicalmente nuevas y
renovadas por la adhesión a la Gracia.
Así, el hombre que sufre con amor y con dócil abandono a la voluntad divina,
unido misteriosamente a Cristo, con la fuerza del Espíritu Santo se transforma en
10
ofrenda viva para la salvación del mundo (cfr. SS Benedicto XVI, Mensaje, (4)
08.01.08) en la Iglesia de tal manera que su sufrimiento, se convierte en una
fuente inagotable de amor.
CRITERIO ESCATOLÓGICO
La esperanza cristiana promueve la fiesta, para contemplar y celebrar el
significado supremo de la vida. Confiere valor a la acción, más también al
sufrimiento, en el cual la persona no solo mantiene su dignidad, sino que puede
crecer humanamente y hace don de sí mismo a Dios y a los hermanos24
.
De esta meta final derivan a la pastoral sanitaria luz y renovadas energías para el
empeño en la cotidianidad de la vida. Tal meta debe de ser siempre orientada a
Jesucristo, luz y vida definitiva del mundo.
El valor de la salud no está solo en la felicidad, el bienestar y armonía, que son
siempre relativas, sino que está sobre todo, en el hecho de lograr en la aventura,
ser hombre (persona humana), es decir, de ser quien se es.
En el ser aquello que se es va siempre incluida la posibilidad del devenir, la
libertad creadora, la vocación a ser lo que todavía no se es25
. Para que la
fragilidad pueda ser vivida en modo saludable se necesita, hacer uso de la
necesidad de los “dobles pensamientos” que ayudan a superar la tentación
recalcitrante de la dualidad: límite y plenitud. La plenitud (salvación, salud, etc.) se
afirma en el límite (indigencia, sufrimiento, adversidad). Se abre en este modo la
vía del realismo saludable / salvífico.
En el itinerario cristológico el horizonte último de la salud no es ciertamente la
muerte. El ideal ofrecido por Cristo, vale decir la armonía (siempre en tensión)
entre lo biológico y lo biográfico significa, entre otro, que el cuerpo asumido y
vivido, educado y potencializado, ofrecido y sacrificado, es siempre el aliado
indispensable del sujeto, por lo que también el cuerpo participa de la vocación del
sujeto a la plenitud, es decir, la resurrección.
La perfección no es posible sin la entrega del propio cuerpo, sin la donación de la
propia vida, sin el sacrificio de la propia salud física en el servicio cotidiano. La
perfección no se alcanza jamás sin la integración de lo inevitable.
24
Cfr. BRUSCO A. y PINTOR S. Sulle orme di Cristo médico…, p. 78 – 80.
25
Cfr. GEVAERT J., El problema del hombre. Introducción a la antropología filosófica, Sígueme, Salamanca
1976, pp. 92s.
11

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7 criterios teologicos para una correcta organización de pastoral de la salud

  • 1. CRITERIOS TEOLOGICOS PARA UNA CORRECTA ORGANIZACIÓN DE PASTORAL DE LA SALUD Desde al amor originario de Dios Padre (criterio teocéntrico), con la acción del Espíritu Santo (criterio pneumatológico) en la centralidad del misterio y de la única mediación salvífica de Jesucristo – encarnación y hechos pascuales – (criterio cristocéntrico), que la Iglesia (criterio eclesial) puede encontrar las líneas inspiradas, unitarias y fundantes de la propia acción pastoral sanitaria. Es Cristo, en efecto, que revela y comunica a los hombres el amor trinitario. En El se manifiesta la Iglesia, su cuerpo místico y pueblo de Dios, signo e instrumento de salvación (criterio histórico salvífico), al ser humano en su aquí y ahora donde adquiere sentido su vida y su historia (criterio antropológico), historia que se abre a una experiencia salvífica y llena de esperanza en la plenitud (criterio escatológico). CRITERIO TRINITARIO Es Cristo quien ha permitido a la teología ser completamente verdadera: Antes que Él, Dios Padre había comenzado a revelarse a los hombres, como se ve en el desarrollo del Antiguo Testamento, en este modo la verdad sobre Dios llegaba a la inteligencia humana, y el amor divino tocaba el corazón humano, más se trataba sólo de una revelación incompleta, la revelación completa se da solo con Cristo, el cual ha manifestado a la humanidad las profundidades divinas de verdad y de amor, es sólo por medio de él que se ha elaborado la “verdadera” teología, aquella que está destinada a satisfacer y colmar las aspiraciones del espíritu y del corazón del hombre,1 En Cristo se realiza así la verdadera teología, por lo que si se quiere conocer a Cristo, se necesita entrar en el misterio de Dios. + TEOCENTRICO Es fundamental para cada acción pastoral, la referencia primaria a Dios. En el ejercicio eclesial de la diaconía de la salud, no se debe olvidar que la mediación pastoral tiene siempre origen en la libre y gratuita decisión de Dios y en su designio de salvación2 . Un auténtico encuentro con Jesús debe ser establecido sobre todo en el sólido fundamento de la Trinidad–Amor. La experiencia de un Dios Uno y Trino nos permite superar el egoísmo para encontrarnos plenamente en el servicio al otro (cfr. DA 240). El Padre ha querido revelar su amor paterno, principalmente en dos momentos de la historia de la salvación: 1º Cuando crea al hombre y mujer a su imagen y semejanza (cfr. Gn.1,26-27). 1 Cfr. GALOT J., Al centro dell’amore. Il mistero del cuore di Gesú, AdP, Roma 2003, p. 23. 2 Cfr. BRUSCO A. y PINTOR S. Sulle orme di Cristo médico. Manuale di teología pastorale sanitaria, EDB, Bologna 20082ª, p. 70 – 71. 1
  • 2. 2º Cuando en la profundidad de ese amor permite que el Hijo asuma nuestra condición humana. Es necesario retornar al Padre para descubrir toda la intención reveladora de la vida terrena de Cristo, y es por medio del Espíritu Santo que es invitado a penetrar en el corazón del Salvador y a examinar la prolongación de su acción saludable y salvífica en la vida de la Iglesia,3 descubrir a Jesús en esa máxima expresión de amor, descubre el gran amor que nos tiene el Padre y al mismo tiempo nos hace capaces de descubrirlo en ese amor trinitario. Cristo, emerge del ambiente humano e impone sus palabras y sus acciones con una autoridad idéntica a aquella de Dios. Por lo que para conocer a Cristo no basta conocer al hombre, sino que es necesario aprender a conocer a Dios.4 De donde surge un proyecto originario de salud integral el ser humano se desprende el proyecto saludable de salud de cada ser humano. Si del punto de vista de “estar bien” quiere decir que el cuerpo en cuanto tal funciona, del punto de vista personal ser sano, significa que la persona “funciona” (se realiza, proyecta, crea, decide) en todo aquello que la constituye como tal, vale a decir: la voluntad / libertad, la capacidad de amar, la apertura al trascendente, la capacidad / búsqueda de sentido, la dimensión espiritual, la subsistencia y la auto trascendencia5 . Somos en efecto, constituidos en la y de la tensión entre el nada y el infinito. No es fácil formar en la unidad el hecho de “ser cuerpo”, de “tener cuerpo”, de ser “cuerpo espiritual” y “espíritu encarnado”, salud física y salud espiritual, enfermedad y salud. Lo que explica, al menos en parte, los excesos de la medicina biológicista, de la espiritualidad que mete el cuerpo bajo sospecha, del salutismo que busca la salud por sí misma y no como parte integrante de un proyecto, del dolorismo que canoniza el sufrimiento y penaliza el placer, etc. La iniciativa es de Dios, por otro lado, estamos llamados a portar una imagen de Dios evangelio, a ser un rostro auténtico de Dios en la pastoral. La salud es parte de un proceso de interiorización y de socialización, de apropiación y autodonación, de intimidad y de comunión, de realización y trascendencia, que reclama libertad y sentido como respuesta al llamado de Dios Padre a vivir esta vida saludable y abierta a la salvación6 . La pastoral de la salud desde este principio está llamada a ser un signo de un amor incondicionado a la vida y a la dignidad de cada uno, de la misericordia y de la ternura, de la compasión y de la solidaridad, de la esperanza y de la liberación integral, de la gratuidad y del amor. En una palabra, a la luz de este criterio teocéntrico, la pastoral sanitaria deberá cualificarse como una pastoral fundamentalmente “mistérica”. + CRITERIO CRISTOCENTRICO 3 Cfr. GALOT J., Al centro dell’amore..., ob. cit., pp. 36 - 37. 4 Cfr. Ibidem, p. 22. 5 Cfr. SANNA I., Persona. Approccio storico-teologico, in: CINÀ G. – LOCCI E. – ROCHETTA C. – SANDRIN L. (a cura di), Dizionario di Teologia Pastorale Sanitaria, ob. cit., pp. 889 – 890. 6 Cfr. BRUSCO A. y PINTOR S. Sulle orme di Cristo médico…, p. 70 – 71 2
  • 3. Cristo es el único mediador de salvación. Cristo, en efecto, es el prototipo de cada medicación cristiana. “Su humanidad, en la unidad de la persona del Verbo, fue instrumento de nuestra salvación” 7 . La ley fundamental de cada acción pastoral es la ley de la encarnación. Nunca se debe olvidar que “Jesucristo es la vía principal de la Iglesia. El mismo, es nuestra vía a la casa del Padre y es también la vía del hombre”. El hacer salvífico de Jesús, su praxis evangelizadora, deben convertirse constantemente en, referencia – discernimiento, para la pastoral sanitaria. En Cristo, la condición humana, herida y siempre amenazada, no es solo cubierta por un simple bálsamo, sino, que en el momento culminante de la autodonación de Dios en Cristo, la creación es recreada y el hombre es renovado en la profundidad.8 No por un curador atípico sino como Salvador único (cfr. Hb. 4, 12), salvador único que instaura un proceso de transformación total, que llega a lo último de las plagas del alma y del corazón, nada queda excluido, todo es ordenado a la salvación. Ahora el nuevo escenario se abre en el fondo de la resurrección,9 significada y de algún modo adelantada por Cristo en la actividad terapéutica y saludable. Así, se trata de acoger y profundizar una visión del misterio de Cristo y su prolongación en la Iglesia en la que ellos aparecen como causa / naciente de salud. Así, desde Cristo se da un nuevo diagnóstico. El hombre es un ser que tiene necesidad de ser diagnosticado, necesita de un diagnóstico que escruta y profundiza y al mismo tiempo dignifica, siendo la finalidad de ésta la salvación, porque el horizonte es siempre la salvación. Una hermenéutica cristiana de la salud no debe prescindir del evento Cristo, en todos sus momentos, constituye el punto culminante de la antropología de Dios. A la luz de este evento, el hombre y sus realidades se descubren en sus verdaderas dimensiones. La mirada de Dios en Cristo realiza un profundo diagnóstico de la condición humana y también de cada hombre. Es una mirada que penetra, diagnostica, restituye la dignidad, cura10 abriendo a la salvación. Quien se deja diagnosticar descubre al mismo tiempo su radical indigencia junto a sus enfermedades y su vocación de plenitud. Diagnóstico que se convierte en nuevo y diferente: Lo nuevo: Consiste fundamentalmente en el “bien ser” y esta novedad funda sus raíces en la Encarnación11 . 7 Cfr. BRUSCO A. y PINTOR S. Sulle orme di Cristo médico…, p. 71 – 72. 8 Cfr. ALVAREZ F., Dispense ad uso degli studenti di Teología della Salute del Camillianum, Roma 2008, p. 86. 9 Cfr. GESTEIRA M., “Christus Medicus”. Jesús ante el problema del mal, en “Revista Española de Teología”, 51, p. 253 – 300. 10 Cfr. ALVAREZ F., El Evangelio de la salud, San Pablo, Madrid 1999, pp. 108 – 140. 11 Cfr. ALVAREZ F., Dispense ad uso degli studenti di Teología della Salute del Camillianum, Roma 2008, p. 152. 3
  • 4. El diagnóstico, como ha enseñado Jesús, no tiene como finalidad prioritaria / fundamental la curación / salud sino la salvación. Lo diferente: El ministerio terapéutico y saludable de la Iglesia pide, más que un buen conocimiento de las patologías (y de las posibles causas), un proyecto de salud - salvación. El diagnóstico tiene presente el dato fundamental del Evangelio saludable de Cristo: el cual no ha venido a canonizar la condición humana del sufrimiento sino a transformarlo, hacerlo nuevo y llevarlo a la plenitud. Por lo que, el diagnóstico hecho a la luz de la fe debe ser especialmente sensible a aquel “novum” radical del cual, al menos cuando la enfermedad, atraviesa y condiciona o dinamiza el interior del hombre. El diagnóstico del cual hace objeto la teología de la salud no se limita, ni a la enfermedad ni a los lugares donde ésta se institucionaliza o es tratada, sino que, se debe convertir en una pastoral renovada, inspirada en el Evangelio de la salud y de la vida, debe superar, de una parte, el corte “asistencial” (otros dirían “sacramentalista”) y de otro lado, debería alargar la lectura saludable del Evangelio a toda la actividad de la Iglesia. + CRITERIO PNEUMATOLOGICO Otro punto de referencia de la pastoral sanitaria es el Espíritu Santo como protagonista de toda la obra salvífica. “La evangelización, en efecto, no será posible sin la acción del Espíritu Santo”. Es el Espíritu Santo, en efecto, quien comunica la acción pascual del Señor para la salvación de todos los hombres. Una comunidad cristiana está llamada a manifestar la presencia del Espíritu Santo12 . La pastoral de la salud debe manifestar, en sus elecciones, al Espíritu Santo como “Espíritu de vida”, como “dador de vida” en la historia concreta de las personas; Expresar y testimoniar la acción del Espíritu Santo como “Persona – amor”, “Persona – don”; Manifestar el Espíritu como fuerza vivificante, como esperanza en el sufrimiento y como victoria en la experiencia del límite humano que es la muerte. Una diaconía de la salud debe de estar atenta al corazón del hombre “porque es ese el lugar recóndito del encuentro salvífico con el Espíritu Santo”. Acoger la vida En Cristo, por el Espíritu, se ha revelado el itinerario de la salud humana, contemplada desde la perspectiva del sujeto. A partir de la Encarnación, Cristo se convierte en el gran símbolo del recorrido saludable de nuestro ser en este mundo, motivado por la acción del Espíritu Santo. A la luz de este misterio se puede afirmar que el primer acto de la salud consiste en la acogida de la vida, que viene de otro, recibida como don y como misión. Acoger la vida significa hacer activo el verbo “nacer”, inicialmente sólo pasivo: una tarea larga como la existencia13 . 12 Cfr. BRUSCO A. y PINTOR S. Sulle orme di Cristo médico…, p. 72 – 73. 13 Cfr. ALVAREZ F., Vita e vita in abbondanza nel Vangelo di Giovanni, in “Camillianum n.s.” n.14 (2005), pp. 219 – 248. 4
  • 5. Este itinerario tiene su referencia vital y constante en la Encarnación. Sólo lo que es asumido por el Espíritu viene sanado y salvado: la voluntad de ser la fuerza de ser hombre, la posibilidad de actuar las propias potencialidades de la condición humana, el camino hacia la plenitud, todo inicia el camino de aquel primer acto, la Encarnación de Jesucristo. Del ser al saber ser: el ejercicio de la lucidez La propuesta saludable y salvífica brota de un hombre que, en su obediencia filial asumida en libertad, guiado por el Espíritu Santo sabe ser el sujeto activo y pasivo de los verbos fundamentales de su vida, acogida, vivida en primera persona y donada en plena lucidez. La lucidez es necesaria para tomar posesión de sí, para apropiarse de aquello que verdaderamente se es. Es necesaria la lucidez para la “interiorización”, lo que se podrá vivir solo desde el Espíritu mismo. De la tensión a la unificación Vivir sanamente significa normalmente la capacidad de integrar. Integrar significa reunir / agregar, mantenerse integro / no dividido o fragmentado, construye en la unidad aquello que es suelto y diferente, encontrar el sujeto de los tiempos de la vida, aceptar lo inevitable, hacerse uno consigo mismo. A este punto, se puede decir que Cristo, humanidad del Padre en el Espíritu Santo, es el verdadero símbolo de esta tensión. Ninguno como él ha vivido, en tan alta tensión la condición humana, porque ninguno como él se ha abierto a Dios por el Espíritu hasta el punto de poder decir que en El “habita corporalmente la plenitud de la divinidad” (Col. 2,9). CRITERIO ECLESIOLÓGICO La Iglesia, – pueblo de Dios, cuerpo de Cristo y templo del Espíritu Santo –, es fundamentalmente “don de comunicación salvífica” de Dios con todos los hombres. Es “universal sacramento de salvación” porque es “signo e instrumento de la íntima unión con Dios y de la unidad de todo el género humano” 14 . En la Iglesia se hace históricamente visible y real la salvación de la humanidad querida de Dios, su cura amorosa hacia cada hombre. Cada comunidad cristiana está llamada a edificarse y actuar como “sacramento de Cristo”, Verbo que asume nuestra carne y hace propio nuestro sufrimiento. En cuanto a la pastoral de la salud, la Iglesia está llamada a manifestarse inseparablemente “sierva de Dios” y “sierva de la humanidad”. Participa con una medicación “ministerial” a la mediación ontológica de Cristo: Está toda relacionada a Cristo y a su obra de salvación. La Iglesia está llamada a responder al deseo de salud, en la variedad de sus expresiones y en la diversidad de los problemas que plantea, como comunidad sanadora, signo eficaz (sacramento) de una salvación integral. 14 Cfr. BRUSCO A. y PINTOR S. Sulle orme di Cristo médico…, p. 73 – 75. 5
  • 6. La pastoral de la salud pertenece de manera inseparable a la misión salvífica de la Iglesia y los sacramentos manifiestan en concreto esta misión.15 “El corazón enfermo de la humanidad es alcanzado por el poder sanador del Resucitado y de este modo puede comenzar la curación de la criatura humana, sometida por el pecado y traicionada por su presunción. El médico divino derrama el vino y el aceite del Espíritu Santo en las heridas visibles e invisibles del hombre y lo que se verifica es mucho más que una cicatrización superficial, porque es la generación de la nueva humanidad en Cristo, una verdadera transformación o recreación de la forma viviente del hombre para que sea realmente hijo del Hijo. El Señor Jesús realiza todo esto en la Iglesia mediante el poder de su Espíritu de curación. Porque en la Iglesia todo está orientado a la sanación del hombre: la palabra, los sacramentos y los ministerios. El Espíritu suscita a la Iglesia como lugar de restauración; es como la túnica de Cristo que la hemorroisa puede tocar, como el barro que hace Jesús con su saliva y pone en los ojos del ciego de nacimiento. Es la mano que levanta al caído, el alimento que restaura las fuerzas para el camino. La Iglesia es la gran medicina del hombre por medio de la cual Cristo el Señor sigue curando a los leprosos, sanando a los enfermos, haciendo oír a los sordos y ver a los ciegos. La curación de Jesús mediante los sacramentos sigue fluyendo abundantemente y restaura al hombre. Desde el bautismo hasta la eucaristía y los sacramentos específicos de la curación y la realización última en la Pascua eterna. De ahí que el corazón mismo de la Iglesia se encuentre en el corazón de Jesús, el pastor y médico del hombre, el que se compadece del hombre y se inclina sobre él para sostenerlo, animarlo, levantarle y enjugar sus lágrimas”16 . Evangelizar el mundo de la salud por parte de la comunidad eclesial no es algo que se añade a la acción terapéutica de sus miembros, sino que debe integrarse en los gestos de atención y curación, hasta el punto de que estos mismos gestos deban y sean evangelio, anuncio gozoso de que Dios es un Dios presente, que ama, cura, consuela e invita a acoger la salvación. En cuanto a la atención a los enfermos la actitud de cuidar debe convertirse en un signo “palpable” de esperanza y los agentes de pastoral de la salud deben ser considerados como “puentes” hacia Dios. Los agentes de pastoral de la salud estamos llamados a ser la imagen viva de Cristo y de su Iglesia con el amor a los enfermos y los que sufren, son ellos los que de algún modo actualizan, revelan y comunican al enfermo no sólo “el amor de curación y de consuelo de Jesucristo” (Christifideles laici 53), sino que expresan, de forma continua y con frecuencia silenciosa, los milagros de curación que la Iglesia tiene el poder de realizar, recibido de Cristo. Los cristianos que trabajamos en el mundo de la salud, lo hacemos en el nombre de la Iglesia. De tal manera que, estamos llamados a escribir día a día la parábola del buen samaritano que se acerca a quien sufre y actualizar continuamente en su 15 Cfr. CASTELLANO J., I sacramenti di guarigione: la dimensione sanante della penitenza e dell’unzione degli infermi alla luce del Catechismo della Chiesa Cattolica, in Camillianum 12 (1995), pp. 209 – 229. 16 PETRA B., La Chiesa del Padri. Breve introduzione all’Ortodossia, Dehoniane, Bolonia, pp. 69 – 70. 6
  • 7. relación la “caridad terapéutica de Cristo”, en favor del mismo Cristo presente en el enfermo. La pastoral de la salud, no es sólo un lugar donde Dios nos hace invitaciones apremiantes a leer su presencia, sino también el lugar donde los cristianos debemos crear nuevos signos a través de una praxis que hable de Dios. En la comunión con Cristo muerto y resucitado, que vivió significativamente el dolor y la muerte, la Iglesia se convierte en posada hospitalaria, seno acogedor, donde la vida en su totalidad es respetada, defendida, amada y servida, lugar de esperanza, donde todo peregrino cansado o enfermo, que busca sentido a todo lo que está viviendo, puede vivir de manera saludable y salvífica su sufrimiento y su muerte y escribir un capítulo significativo de la historia de la alianza con los demás y con Dios. Es la comunidad parroquial el sujeto eclesial más concreto. Una serie de actitudes son importantes para quien hace pastoral junto a los que sufren en el amplio mundo de la salud. 1ª Una mirada contemplativa sobre la vida y una tarea profética. El agente de pastoral de la salud está llamado a hacer suya esta actitud de contemplación y respeto a la vida y la salud, pero como miembro de la comunidad de los que creen que la experiencia – salud se encuentra dentro del proyecto de salvación del hombre y de la humanidad. 2ª Ser signo de la cercanía del Padre y de su corazón “materno”. En su acompañamiento del enfermo, el agente de pastoral puede ser “huella” y “signo” de la cercanía del Padre. Es sanadora la pastoral que es teo – logia porque sabe hablar de Dios “a partir del sufrimiento del inocente” sin “ofender su sufrimiento”, haciéndole incluso sentir que su grito no cae en el vacío y que Dios recoge sus lágrimas en su odre como el bien más hermoso (Cfr. Sal. 56,9). 3ª Que sepa ayudar. Ayudar quiere decir, no detener el crecimiento del otro, reconocer la iniciativa que tiene sobre su vida y saberse retirar en el momento oportuno. Significa para quien hace pastoral en el campo de la salud promover un estilo de relación basada en el servicio y no en el poder. 4ª Que de compasión. Se debe desplegar una com-pasión que dé al otro gradualmente dignidad, iniciativa y palabra.. 5ª Ser “liturgos” dentro de la experiencia – salud. Toda teología sacramental es teología de la caridad y remite a la caridad (y por tanto al servicio y al cuidador) como a su forma propia de manifestación y realización. La vida eclesial, es la historia de amor que cotidianamente vivimos y debemos manifestar con opciones de justicia y de servicio como respuesta a la llamada de Dios. Y es la eucaristía la que nos prepara para esta misión, en ella, se pasa del encuentro con Cristo en el signo del pan, al encuentro con Cristo en el signo de cada hombre que sufre. CRITERIO ANTROPOLOGICO 7
  • 8. Cristo, revela plenamente el hombre al hombre, por lo que la pastoral de la salud debe estar siempre “atenta” al hombre; debe poner al centro la persona humana en su plena identidad, en su inviolable dignidad, en su unidad; debe de ser atenta a la persona humana en sus relaciones concretas y múltiples; se debe de tener en cuenta que el hombre es lo que es, no lo que se quiera que sea. Para conocer a Dios, se necesita conocer al hombre17 . Y lo primero que debemos de tener en cuenta es que el hombre es un animal vulnerable18 . La salud humana, de cualquier ángulo que sea considerada, deberá afirmarse siempre en el espacio y en el tiempo de donde le viene su fragilidad. La fragilidad es un ámbito que no se puede suprimir. La fragilidad: + Ontológica: Lo que significa que el ser humano es contingente, de consecuencia metafísica, por lo que también es finito y mortal. Esta radical vulnerabilidad (que evoca la imagen del rostro / voltus herido), remite a sus múltiples epifanías o expresiones, sobre todo a aquella somática19 . La salud, debe ser acogida como “voluntad de vivir a partir del límite”, un dato antropológico que asume en el tiempo tantos nombres. + Espiritual: Se da sobre todo en el así dicho “vacío existencial”, derivación inmediata de la crisis / falta de sentido. Corriendo el riesgo de llenar sus vacíos del yo con la fuga del yo hacia las cosas (de poseer y consumir), o hacia la satisfacción de las necesidades más inmediatas. + Moral: La experiencia de la salud debe afirmarse en una sociedad en la cual el cuadro de los valores (éticos y cristianos) se han transformado. La salud es especialmente vinculada a la carátula moral de su sujeto y de la sociedad. Un diagnóstico afirma que parte de la sociedad está enferma de una especie de disociación moral20 . El criterio de utilidad y del “buen funcionamiento” se emplea como hermenéutica de la bondad y de la cualidad de la salud, se es sano en la medida en la cual se “funciona bien” y se es competente y eficaz; capaz de tener el tiempo y el ritmo de una sociedad siempre más agitada. Otra expresión consiste en la “patología de la abundancia”, en realidad: una relación insana y patógena con las cosas, con el mundo y sus bienes y en último consigo mismo, ésta expresión hace depender de la capacidad de tener / poseer y de consumir. 17 Cfr. BRUSCO A. y PINTOR S. Sulle orme di Cristo médico…, p. 75 – 76. 18 Cfr. CLAVEL J.M., El animal vulnerable. Invitación a una filosofía de lo humano, Universidad Pontificia de Comillas, Madrid 1997, pp. 256s. 19 Cfr. TORRALBA F., La cura di sé. Prospettiva etica, in: SANDRIN L. – CALDUCH-BENAGE N. – TORRALBA F., Aver cura di sé, EDB, Bologna 2009, pp. 67 – 76. 20 Cfr. MARCHESI G., Il dramma dell’occidente: la libertà contro la vita, in “Civiltà Cattolica”, 3325, gen. 1989, p. 56. 8
  • 9. + Psico-emotiva: “La guerra contra los microbios ha sido vencida, pero, estamos perdiendo, la batalla de la serenidad”21 . La lucha por la salud debe partir desde dentro. Los jóvenes de hoy no son más maduros, tienen solo más noticias; las posibilidades de ir al encuentro de patologías son siempre mayores (alcoholismo, toxicodependencias, dependencias de sexo, de trabajo, a la comida, etc.) a vivir en estrés. + Relacional: Síntomas evidentes de la fragilidad se reencuentran en la experiencia de la “soledad impuesta”, en la tendencia a vivir “relacionados al mundo” (a las cosas) es más, a los otros, y en las variadas formas de violencia y destrucción. Más la fragilidad no es una condena, por eso la reflexión teológica debe distinguir entre aquellas que necesita asumir / integrar y aquellas de evitar / superar. El realismo y la fragilidad hunden sus raíces en la revelación, “antropología de Dios”. La condición humana compadece a veces en sus miserias o es elevada en su grandeza. Algunas de las luces que la Teología de la salud trae de la pedagogía del realismo. ¿Cómo puede ser saludable la experiencia de la fragilidad? + Hay que poner la atención en el misterio de la Encarnación, misterio fundamental de pedagogía y epifanía de aquella doble condición humana, asumida del Verbo. El Dios que se hace encontrar22 , bajando al hombre. + Apropiándose la fragilidad Jesús ha elegido un modo muy especial de ser hombre. Ser frágil no se debe vivir ni como condena ni como valor del pecado. La fragilidad desde el punto de vista teológico, es inevitable y, al mismo tiempo, necesaria. Los inevitables necesarios se convierten en ocasión de crecimiento, espacio de libertad, cuestión abierta. + Asumiendo la condición humana hasta las últimas consecuencias, Cristo confirma que la fragilidad debe de ser vivida como sed que se debe colmar, como hambre que hay que saciar, pregunta que responder, como vacío de ser lleno. El realismo lleva al hombre a buscar dentro de sí el potencial sanante y en la adversidad, a no dejar de ser hombre; a afirmar la voluntad de vivir aún en los límites y a partir de los límites, a liberarse de la resignación pasiva, del sentido de la inutilidad, de la resistencia al cambio. Así la salud en Cristo es posibilidad, proyecto, futuro. CRITERIO HISTORICO SALVÍFICO En la historia humana nada es a la deriva, porque cada acontecimiento entra en el diseño divino y sirve a la realización del significado último de la misma historia: hace posible y actual para todos los hombres el encuentro de salvación con Dios en Cristo. Así, la historia de la salvación se inserta en la historia humana23 . 21 COUSINS N., La volontà di Guatire, Armando Ed., Roma 1982, p. 45. 22 Cfr. BALTHASAR H.U., Esperienza di Dio nella Bibbia dei Padri, in “Communio” 30 (1977), pp. 4 – 15. 23 Cfr. BRUSCO A. y PINTOR S. Sulle orme di Cristo médico…, p. 76 – 78. 9
  • 10. Es en Cristo, centro y fin de la historia humana, y en el plan de la salvación de El ofrecida, que los hombres realizan la propia vocación y la propia historia humana. Dos elementos que nos hablan de este criterio histórico salvífico son la salvación salvífica y la salud saludable. La salvación saludable Tiene siempre su origen en Dios y se realiza aquí y ahora. La salvación en la medida en que desciende y penetra en el tejido social, en los acontecimientos de los hombres, en la ambigüedad de los eventos, es más verdadera y eficaz. Con esta pedagogía centrada en el hombre, esta conciencia adquiere quizá su nivel máximo en la conexión entre salud y Alianza: solamente aquel que elige vivir según los deseos de Dios estará sano y será salvo, por su apertura a la Gracia de Dios en el aquí y ahora que es donde se vive la salvación de Dios. Así el hombre sano está abierto a la Gracia de Dios y hace de su vida y de su salud una experiencia salvífica y la salvación la hace viva en su realidad humana. A partir de esta conciencia incluso, el hombre, cuando sufre, puede entender que es absurdo exigirle a Dios las razones últimas del mal que le aflige; puede superar la tentación de abandonar a Dios y da la decisión de abandonarse en Él. La salvación toma cuerpo en el cuerpo del sano y del enfermo que se adhiere al plan de amor redentor y salvífico. La salud aún en sus dimensiones más biográficas, no está garantizada nunca, ni por la adhesión existencial a Dios. Su valor, tal y como se revela en el ministerio de salud de Cristo, está relacionado siempre con su apertura a la salvación, es salud para la misión, para la adhesión incondicional al Reino, por lo que su momento culminante tiene lugar en el sacrificio de la cruz, cuando el hombre, liberado y sanado en profundidad, es capaz de disponer de sí mismo y de abandonarse a Dios y de darse a sus hermanos (cfr. Jn, 3,14). La salud salvífica Es cuando el ser humano sano o enfermo viviendo su realidad en primer lugar la acepta, la asume y se abre a la experiencia de Dios. De tal manera que la experiencia humana es saludable y salvífica en la medida en que se sacia de su manantial que es la Gracia. Se toca aquí con mano un punto culminante de la reflexión: Porque Dios ha asumido y transformado radicalmente las realidades y eventos humanos fundamentales (la vida y la muerte; la salud y la enfermedad; el sufrimiento y los límites radicales en la naturaleza humana) haciendo también posible que estas realidades puedan ser vividas y experimentadas como radicalmente nuevas y renovadas por la adhesión a la Gracia. Así, el hombre que sufre con amor y con dócil abandono a la voluntad divina, unido misteriosamente a Cristo, con la fuerza del Espíritu Santo se transforma en 10
  • 11. ofrenda viva para la salvación del mundo (cfr. SS Benedicto XVI, Mensaje, (4) 08.01.08) en la Iglesia de tal manera que su sufrimiento, se convierte en una fuente inagotable de amor. CRITERIO ESCATOLÓGICO La esperanza cristiana promueve la fiesta, para contemplar y celebrar el significado supremo de la vida. Confiere valor a la acción, más también al sufrimiento, en el cual la persona no solo mantiene su dignidad, sino que puede crecer humanamente y hace don de sí mismo a Dios y a los hermanos24 . De esta meta final derivan a la pastoral sanitaria luz y renovadas energías para el empeño en la cotidianidad de la vida. Tal meta debe de ser siempre orientada a Jesucristo, luz y vida definitiva del mundo. El valor de la salud no está solo en la felicidad, el bienestar y armonía, que son siempre relativas, sino que está sobre todo, en el hecho de lograr en la aventura, ser hombre (persona humana), es decir, de ser quien se es. En el ser aquello que se es va siempre incluida la posibilidad del devenir, la libertad creadora, la vocación a ser lo que todavía no se es25 . Para que la fragilidad pueda ser vivida en modo saludable se necesita, hacer uso de la necesidad de los “dobles pensamientos” que ayudan a superar la tentación recalcitrante de la dualidad: límite y plenitud. La plenitud (salvación, salud, etc.) se afirma en el límite (indigencia, sufrimiento, adversidad). Se abre en este modo la vía del realismo saludable / salvífico. En el itinerario cristológico el horizonte último de la salud no es ciertamente la muerte. El ideal ofrecido por Cristo, vale decir la armonía (siempre en tensión) entre lo biológico y lo biográfico significa, entre otro, que el cuerpo asumido y vivido, educado y potencializado, ofrecido y sacrificado, es siempre el aliado indispensable del sujeto, por lo que también el cuerpo participa de la vocación del sujeto a la plenitud, es decir, la resurrección. La perfección no es posible sin la entrega del propio cuerpo, sin la donación de la propia vida, sin el sacrificio de la propia salud física en el servicio cotidiano. La perfección no se alcanza jamás sin la integración de lo inevitable. 24 Cfr. BRUSCO A. y PINTOR S. Sulle orme di Cristo médico…, p. 78 – 80. 25 Cfr. GEVAERT J., El problema del hombre. Introducción a la antropología filosófica, Sígueme, Salamanca 1976, pp. 92s. 11