El reinado de Fernando VII estuvo marcado por la lucha entre el absolutismo y el liberalismo. Tras su regreso en 1814 derogó la Constitución de 1812 e impuso un régimen absolutista, pero la rebelión de Riego en 1820 forzó al rey a jurar la Constitución, dando inicio al Trienio Liberal. La intervención francesa en 1823 restauró el absolutismo, pero las tensiones sobre la sucesión al trono llevaron a su muerte en 1833 y el comienzo de la Primera Guerra Carlista.