Este poema escrito por una niña con cáncer terminal en un hospital de Nueva York nos insta a vivir nuestras vidas más lentamente y a apreciar cada momento, ya que el tiempo es corto. Nos advierte de no correr tan rápido a través de la vida que perdemos de disfrutar el viaje y las pequeñas cosas. Su último deseo es que compartamos este mensaje para vivir sin odio, enfados u hacer daño a otros, especialmente a aquellos cercanos que nos aman incondicionalmente.