Este ensayo busca aclarar ideas erróneas comunes sobre la función de los psicólogos. Discute que los psicólogos no son psiquiatras frustrados, no tienen una fórmula mágica para la felicidad, y no solo escuchan a los pacientes como podrían los amigos. Explica que los psicólogos analizan lo que dicen los pacientes más allá de lo evidente y que los consejos deben darse con cuidado después de un análisis profundo de la situación.