El bautismo cristiano consiste en la aplicación de agua a una persona invocando a la Trinidad con el fin de hacerle participar en la muerte y resurrección de Jesucristo e integrarle a la Iglesia. La Iglesia Católica define el bautismo como un signo que perdona el pecado original y otros pecados. Aunque el Nuevo Testamento habla de inmersión en agua, con el tiempo se adoptaron también la aspersión y la infusión debido a las costumbres y circunstancias.