Análisis de la danza
El sentido de las danzas, así como el del ritual en general, no puede
ser completamente entendido, porque existen varios significados
estratificados, los cuales son percibidos apenas por los iniciados y personas
conectadas a la esfera de afectividad y de la memoria del grupo.
Como nos explica Turner (1967), los símbolos en general y los de las
danzas, en particular, pueden "condensar" varios significados de los grupos
sociales contemporáneamente, sean ellos corpóreos analógicos, sean
arbitrarios. Por eso, las danzas sagradas expresan y manifiestan varios
sentidos en una única danza. En esos, cuerpo y espíritu, contenido y forma
se conectan en una síntesis única y transcendental. La propia forma se
vuelve el contenido y el mito vivo. Esas danzas, por lo tanto, no pueden ser
llamadas simbólicas, porque en el transe asistimos a la manifestación en sí
de lo sagrado; es la transcendencia que está danzando, una vez que las
personas del candomblé acreditan ser el orixá manifestado que danza. El
cuerpo se transforma miméticamente en el objeto o en el animal que
materializa la energía de aquella divinidad que está siendo homenajeada.
Oiá-Iansã, siendo el orixá del viento y de la tempestad, manifiesta el
elemento aire que, en movimiento, genera el fuego, dentro del cual existen
partículas de agua; pero también es el propio búfalo, es la propia mariposa,
es también la propia espada, es una corriente de transformaciones al
infinito. Así, Oxum es una onda del río, es una hechicera potente, es una
madre dulce, es la seducción de ser mujer, es un pez que nada, es una
sirena que atrae. Iemanjá es la madre, es también una sirena, es aquella
que orienta a todos sus hijos y se vuelve una espada para protegerlos.
Cada danza de orixá puede ser encarada como una parte de la historia
de la divinidad que abarca una gran época histórica. Y, como dice Augras
(1983: 153), por ejemplo:
"(…) se puede observar muchos detalles que sugieren la fusión, en la
figura de Oiá-Iansã, de varias divinidades, de orígenes diversos (...).
Oiá relacionada con Oxóssi (...) fue probablemente una diosa agraria,
ligada a los cultos de la fecundidad y del buey".
Oiá-Iansã
Oiá vivió en varias épocas. El hecho de ser una mujer-búfalo deja bien
en claro su contactos con los cazadores y los nómades que seguían el
movimiento de los animales. Como muestra su relación con Oxóssi, el rey del
bosque, y con Ogum, de la misma estirpe de Odé, ambos cazadores. Ya en
cuanto a su relación con Xangô, ella tiene origen en el descubrimiento del
fuego, que la diosa transmite a los hombres. Todavía al respecto de su
ligación con Ogum, esa se da por causa de su trabajo: junto con él, en el
taller, para forjar el hierro. Y, finalmente, con Omulu, ella recibe de él el
poder sobre los eguns, que, en algunas leyendas, serian los propios hijos de
Oiá-Iansã. Todos esos aspectos, y otros más, son expresados en sus danzas,
las cuales poseen los siguientes aspectos generales:
1) un movimiento circular en el comienzo, a fin de delimitar el espacio
"mágico" en el cual ella concentra las energías de la naturaleza: el aire, el
agua y el fuego. Esa rotación es hecha también con el movimiento de los
brazos, que giran con todo el cuerpo y simbolizan el aire que, cuando en
movimiento, se vuelve viento y, siempre más rápidamente, el huracán y la
tempestad (agua);
2) un movimiento con líneas quebradas y, continuamente, cambiando de
dirección, que simboliza la energía del aire. Como explicó una hija-de-santo,
"el aire está en todo lugar, encima, debajo, de lado." Por seguir el
movimiento del aire, Oiá encuentra siempre nuevas direcciones, posee y
ocupa el espacio agresivamente;
3) un impulso interno nervioso, con movimientos súbitos y rápidos, que
describe la electricidad y la impaciencia de esa diosa;
4) un movimiento fluido y ligero, que expresa el aire leve y la dulzura del
orixá, llevando los espíritus de los muertos al orum.
El primer movimiento puede ser entendido a partir de la discusión
anterior sobre la roda sagrada. Él apunta a la construcción de un espacio
mágico, donde se concentran y se concentran las fuerzas de la naturaleza.
También el continuo remolino que Iansã hace sobre si misma, simboliza el
elemento "aire en movimiento", que da origen al fuego. Ella ocupa mucho
espacio, tanto horizontal como verticalmente. A veces, abre los brazos,
inclina la cabeza para atrás y rueda sobre si misma, diseñando un espiral
con el propio cuerpo y moviéndose en el espacio. Deja claro, a través de su
postura firme, que necesita de mucho espacio y que es dueña de él. Iansã
actúa con un movimiento que, del interior, se abre hacia el exterior, ella está
más ligada a la acción que a la intimidad.
En cuanto al tercer aspecto, Oiá se mueve en diagonal, anda por el
barracão sin una meta precisa: cualquier cosa nueva la seduce y provoca un
repentino cambio de dirección. Una hija-de-santo explicó ese cambio
continuo, apuntando hacia la ligación de Iansã con el elemento aire en
continuo movimiento: "el aire está en cualquier lugar y se mueve sin una
dirección precisa". Ella, por lo tanto, transmite el frémito y la curiosidad del
aire, que está siempre a la demanda de algo o de alguien. Oiá, en ese
sentido, puede parecer casi desesperada, en su andar sin meta y con tanta
energía. Oiá es un orixá con características joviales y guerreras, que abre los
caminos, luchando y limpiando las energías de los eguns, en cualquier lugar.
El último aspecto relevante es la ligereza que ella expresa cuando
aparta a los muertos, transporta algo, o abre el camino de sus devotos. En
esa cualidad, ella parece más dócil y flexible, demostrando su generosidad al
transportar las almas al orum, hacia una nueva vida.
Los niveles de su cuerpo en el espacio — que pasan de lo bajo hacia lo
alto — expresan, sensualmente, el elemento aire. El cuerpo entero es como
que está suspendido en el aire, el punto de los pies no están puestos
completamente en el suelo. Oiá está más ligada a lo externo, a la aventura, a
la acción libre.
Analizando los niveles espaciales, podemos reconstruir toda la historia
mitológica de Oiá:
— cuando ella se dobla hacia el suelo, es la guerrera que se prepara para
luchar o, entonces, expresa su transformación como búfalo. En esa fase, las
leyendas cuentan su vida afectiva con Ogum y Oxóssi;
— cuando ella asciende su nivel, eso representa su relación con Xangô, el
fuego;
— cuando su nivel es alto, representa el aire; y las leyendas cuentan su
relación con los espíritus de los muertos, que ella transporta al orum.
Es interesante observar la dinámica en el espacio de Oiá: ella toma
consciencia de ella, al andar en todas las direcciones, inclusive en las
diagonales, que simbolizan una salida del orden, llenando el espacio con una
dinámica agresiva. En cuanto a Iemanjá tiene una dinámica más tranquila,
ella construye a su alredor círculos concéntricos que van desapareciendo de
sus límites. Ese uso diferente de la dinámica en el espacio, probablemente,
se origina de la diferencia de cultura de los pueblo que cultaban a las dos
divinidades. Segun Leroi-Gourhan (1977: 130):
"La mitología de los cazadores se organiza alredor de un espacio
itinerante, como el camino de los astros o de los héroes, en cuanto a
la mitología de los agricultores sedentarios se organiza alredor de un
espacio radiante, como el paraíso sobre una montaña, con el árbol de
la sabiduría al centro y cuatro ríos que van a los limites del mundo".
Oiá es acción pura, construye su espacio a través de la acción directa
del cuerpo en el espacio.
Oxum
La mitología de Oxum (Verger, 1981; Prandi, 2000) es rica en mostrar
cuanto ese orixá sabe hacer uso de la inteligencia. Los cuentos nos hablan
de su famosa belleza y de su determinación a la hora de obtener las cosas,
sea amor, dinero, fama o belleza. Ella muestra en su movimiento una
suavidad que realmente solo puede ser alcanzada por la armonía interior.
Sus objetos sagrados son el abebê — un espejo de oro que comparte con
Iemanjá — y una espada que solo un tipo de Oxum posee, siendo esa, por lo
tanto, una guerrera. Todavía, se adornan sus polleras con peces, ellos
recuerdan la fertilidad de las mujeres y la procreación. Ella es una de las
primeras brujas, porque puede transformarse en pájaro — ella es la
propietaria de la calabaza que contiene un pájaro, símbolo de las primeras
madres antiguas, las Iámi —; pero ella es también un pez y, por causa de eso,
puede jugar en el agua y desaparecer. Oxum es irreal, es mágica, ella puede
desaparecer y la gente no sabe donde y como reaparecerá.
En algunas danzas ella es acompañada por Oxóssi, el marido mítico, y
Logum Edé, el hijo que ella tubo con el cazador, a danzar juntos el ijexá.
Podemos sintetizar las danzas de Oxum en los siguientes aspectos:
— una forma circular en el comienzo y, sobre todo, en la roda que construye
el espacio sagrado en el cual acontecerá la incorporación. Ese movimiento
circular también es hecho con los brazos y con la postura del cuerpo, que es
ligero y muestra toda su coquetería;
— una ocupación del espació durante el transe tranquila y circular. Ella no se
deja llevar hacia otras partes diferentes de sus círculos en el agua, se acerca
a las personas, pero siempre con ligereza, con gentileza, porque ella
simboliza el agua dulce, el agua de los ríos que desciende y lleva consigo las
cosas del mundo;
— un movimiento continuo, sin paradas, a semejanza del agua que
desciende y tiene una andanza constante. Ella es muy paciente, porque un
de los elementos de la magia es la paciencia de saber esperar que el
encanto lanzado haga efecto;
— una característica de seducción en todas las danzas, pero sobre todo en
la de tomar baño: ella se prepara con movimientos tranquilos, como se la
única cosa importante fuese prepararse para su papel, el de la mujer bonita
y que sabe usar su valor.
El punto fundamental del cuerpo en la danza de Oxum es la pelvis,
porque todo el movimiento del ijexá proviene de esa área, que está ligada a
los órganos de la sexualidad y de la reproducción. De esa región parte un
movimiento que toma posesión del cuerpo entero en una ondulación
tranquila: une lo alto (la cabeza) con lo bajo (los pies).
En cuanto al uso del espacio, sobre todo con los movimientos de los
brazos, ella lo hace horizontalmente y con eso demuestra su lado social. Ella
es una reina bonita y también la jefa de la sociedad secreta de las mujeres,
por lo tanto, debe saber comportarse entre la personas.
Su movimiento vertical parece que se abre, pero todo siempre vuelve
hacia ella. Tiene una expansión del busto hacia el frente que vuelve a
cerrarse otra vez sobre si misma, siguiendo la respiración. En la danza de
tomar baño, su cuerpo baja hasta el suelo, utilizando entonces toda su
verticalidad, porque, siendo agua, está en cima y debajo.
Ella anda en una trayectoria continua, sin movimientos bruscos y sin
paradas. Y muestra todos los encantos de su cuerpo y las posibilidades que
tiene para ofrecer dones y oro. Su movimiento sugiere, sobre todo cuando lo
comparamos al de Oiá, una capacidad diferente de utilizar el tiempo. Oxum
vive el tiempo como continuo y, en ese ritmo eterno, vive su respiración como
se quisiese atraer a todo el mundo con su movimiento de hombros. Ella sabe
esperar, en cuanto Oiá camina bruscamente, se detiene, va y deja la idea de
ser una conquistadora fuerte y feroz.
De acuerdo con aquello que dicen en el candomblé, ella es la otra
mitad de Iemanjá. Las dos nos muestran el lado femenino: una, de oro, más
visible, la otra, de plata, más escondida, más sensible. Tanto es así que,
cuando es ofrecido algo a Iemanjá, también debe ser hecho lo mismo para
Oxum y viceversa.
Iemanjá
Iemanjá es la más misteriosa de los orixás: "Nadie sabe lo que ella
tiene por debajo!". Su casa está siempre cerrada, se abre apenas en el ossé,
una vez por mes, y en la fiesta de ella, porque "a ella no le gusta el ruido ni la
confusión. Ella es la expresión de la femineidad en su entereza.
Podemos sintetizar algunas características de los movimientos de
Iemanjá de ese modo:
— una trayectoria circular que construye el espacio sagrado en el cual, luego
del comienzo, acontecerá la incorporación. Ese movimiento circular es hecho
también con el cuerpo entero, como si ella misma originase esa forma;
— durante la incorporación ella se detiene y entonces se mueve despacito
con pequeños movimientos circulares o como si el cuerpo se vuelve una
onda;
— en algunas danzas, como el jincá, su movimiento es continuo como el
agua que sigue su curso constantemente. En otras, en tanto, en su andar
ella se detiene, retoma fuerza y vuelve a andar, así como las ondas cuando
golpean en la playa;
— movimientos que describen su sensibilidad, su encanto que es como el de
la luna llena, algo a lo que todos quieren acercarse, pero solo pocos lo
consiguen;
— el uso del espacio es diferente de aquel observado para Oiá. Iemanjá, en
su andar, es más tranquila que el de Oiá y más pausada que el de Oxum. Ella
ocupa mucho espacio, porque es una onda del mar. Así, es la primera de dar
rum, ella anda en los laterales, moviendo los brazos horizontalmente y
empujando montañas de agua y sus hijos. Ella danza dos pasos para un lado
y dos para el otro, pero también se mueve asimétricamente y, despues de
dos pasos, ella hace tres y se detiene a fin de retomar la danza.
Cuando Iemanjá se mueve como onda, ella ocupa un espacio más en
vertical y también su movimiento es un andar, un llegar para si misma, es un
movimiento más introspectivo, más ligado a su interioridad. Ella se detiene y
se prepara para bucear en el fondo.
En las danzas — con las manos en forma de concha —, ella utiliza más
el nivel inferior del espacio, el que nos remite a las profundidades del mar y
aquello que existe allá abajo. Junto con Oxum, ella es una de las grandes
mães. Destacamos los niveles bajo y medio, porque ella también representa
la fecundidad, la reproducción y, por eso, es más llegada a las partes del
cuerpo situadas en la pelvis. Por otro lado, es muy caritativa.
Sin embargo, no podemos olvidar que uno de los símbolos de Iemanjá
es el abebê que, con su forma redonda, nos recuerda la forma de la luna
llena, eterno símbolo de lo femenino. Pero ella también tiene un lado más
agresivo, porque carga una espada, y el abebê es una terrible arma de
ofensa y defensa que la diosa usa para defender a sus hijos.
Los aspectos generales de los movimentos de Oxum pueden ser
idénticos a los de Iemanjá, sin embargo me parece que el movimiento más
sobresaliente es el horizontal porque esa coreografía nos habla del lado
social y de la preocupación de Iemanjá con todos, ya que ella es la madre
suprema. Así, la parte del cuerpo de donde surge su movimiento es cercana
al corazón. Destaco, que la hija-de-santo llora cuando Iemanjá viene; un
llanto de emoción que demuestra la sensibilidad de Iemanjá.
Su andar en círculo también señala una cierta conformidad, un cierto
orden, talvez por el hecho de representar a la mujer madura, firme, que no
necesita salirse de la norma. Iemanjá tiene muchas coreografías que
demuestran sus variadas facetas, y el color de la plata ayuda a resaltar la
magia y los sueños que ella lleva consigo. Dicen que ella es la señora de los
sueños.
Ella danza con Oxalá, de quien es esposa, y con sus hijos Oxum, Ogum,
Oxóssi e Omulu. Sino, más allá de un análisis de los pasos, que nos hablan
de las historias míticas, es importante resaltar el hecho de que en las danzas
de candomblé los fieles creen ser el propio orixá a manifestarse y, por lo
tanto, la amplitud y el flujo del movimiento relatan esto: la transformación
interior. En el cuerpo de la hija-de-santo no hay más que la personalidad de
ella, su "presencia", pero sin la de su orixá. Con eso el dios distribuye axé a la
propia hija y a la comunidad entera, contando su historia mítica. Las danzas
de transe vacían el cuerpo de la hija-de-santo para dejar que la forma, la
energía del orixá se manifieste y mueva a aquella materia como el orixá lo
desee, y, por eso, la cualidad del movimiento cambia de modo tan evidente.
Es interesante notar, todavía, que la relación entre los orixás también
es manifestada a través de los toques y de la energía que es transmitida en
el movimiento. Por ejemplo, todos los orixás viejos — como Oxalufã, Iemanjá
Sabá, Omulu y Nanã — danzan con un ritmo lento y son curvados hacia el
suelo, demostrando el cansancio de andar, porque son muy viejos. Los orixás
jóvenes (como Oxaguiã y Iemanjá Ogunté, Oiá y Ogum) danzan siempre con
una postura más erecta. Los orixás guerreros (Ogum, Oiá, etc) danzan como
si estuviesen agrediendo el espacio y utilizan las diagonales, y en cuanto a
los orixás ligados a la maternidad (Oxum y Iemanjá) danzan ocupando el
espacio de modo más redondo, más tranquilo y sin el uso de diagonales.
Xangô y Oxum, a su vez, danzan utilizando un espacio más regular,
simbolizando a la realeza. Lo mismo acontece con Oxóssi, el cazador.
Queremos evidenciar con eso cuan compleja es la comprensión de la
danza ritual que, debe ser hecha siempre como un todo. No basta una
simple descripción de los movimientos, porque ellos no pasan de una
moldura para que la energía del orixá se manifieste, llevada por la música de
los alabê.
En última instancia, esa danza es algo fuertemente encarnado y vivido.
La respiración, el ritmo de aquel elemento natural vive en el cuerpo de la
hija-de-santo. Esa es una experiencia tan fuerte y enriquecedora que merece,
verdaderamente, gran respeto.
Para finalizar, las danzas de transe son la propia expresión de la fe de
las hijas e hijos-de-santo que se dejan tomar y ser conducidos por las
divinidades, cada uno con el flujo y la cualidad del movimiento del dueño de
la cabeza al cual corresponde, a fin de reequilibrar las fuerzas cósmicas para
si mismos y para su comunidad.
Traducción: Nicolás Rodríguez.
_________
Bibliografia: - BARBARA, Rosamaria Susanna; A DANÇA DAS AIABÁS: Dança,
corpo e cotidiano das mulheres de candomblé; São Paulo; 2002.

Análisis de la danza

  • 1.
    Análisis de ladanza El sentido de las danzas, así como el del ritual en general, no puede ser completamente entendido, porque existen varios significados estratificados, los cuales son percibidos apenas por los iniciados y personas conectadas a la esfera de afectividad y de la memoria del grupo. Como nos explica Turner (1967), los símbolos en general y los de las danzas, en particular, pueden "condensar" varios significados de los grupos sociales contemporáneamente, sean ellos corpóreos analógicos, sean arbitrarios. Por eso, las danzas sagradas expresan y manifiestan varios sentidos en una única danza. En esos, cuerpo y espíritu, contenido y forma se conectan en una síntesis única y transcendental. La propia forma se vuelve el contenido y el mito vivo. Esas danzas, por lo tanto, no pueden ser llamadas simbólicas, porque en el transe asistimos a la manifestación en sí de lo sagrado; es la transcendencia que está danzando, una vez que las personas del candomblé acreditan ser el orixá manifestado que danza. El cuerpo se transforma miméticamente en el objeto o en el animal que materializa la energía de aquella divinidad que está siendo homenajeada. Oiá-Iansã, siendo el orixá del viento y de la tempestad, manifiesta el elemento aire que, en movimiento, genera el fuego, dentro del cual existen partículas de agua; pero también es el propio búfalo, es la propia mariposa, es también la propia espada, es una corriente de transformaciones al infinito. Así, Oxum es una onda del río, es una hechicera potente, es una madre dulce, es la seducción de ser mujer, es un pez que nada, es una sirena que atrae. Iemanjá es la madre, es también una sirena, es aquella que orienta a todos sus hijos y se vuelve una espada para protegerlos. Cada danza de orixá puede ser encarada como una parte de la historia de la divinidad que abarca una gran época histórica. Y, como dice Augras (1983: 153), por ejemplo: "(…) se puede observar muchos detalles que sugieren la fusión, en la figura de Oiá-Iansã, de varias divinidades, de orígenes diversos (...). Oiá relacionada con Oxóssi (...) fue probablemente una diosa agraria, ligada a los cultos de la fecundidad y del buey". Oiá-Iansã Oiá vivió en varias épocas. El hecho de ser una mujer-búfalo deja bien en claro su contactos con los cazadores y los nómades que seguían el movimiento de los animales. Como muestra su relación con Oxóssi, el rey del bosque, y con Ogum, de la misma estirpe de Odé, ambos cazadores. Ya en cuanto a su relación con Xangô, ella tiene origen en el descubrimiento del
  • 2.
    fuego, que ladiosa transmite a los hombres. Todavía al respecto de su ligación con Ogum, esa se da por causa de su trabajo: junto con él, en el taller, para forjar el hierro. Y, finalmente, con Omulu, ella recibe de él el poder sobre los eguns, que, en algunas leyendas, serian los propios hijos de Oiá-Iansã. Todos esos aspectos, y otros más, son expresados en sus danzas, las cuales poseen los siguientes aspectos generales: 1) un movimiento circular en el comienzo, a fin de delimitar el espacio "mágico" en el cual ella concentra las energías de la naturaleza: el aire, el agua y el fuego. Esa rotación es hecha también con el movimiento de los brazos, que giran con todo el cuerpo y simbolizan el aire que, cuando en movimiento, se vuelve viento y, siempre más rápidamente, el huracán y la tempestad (agua); 2) un movimiento con líneas quebradas y, continuamente, cambiando de dirección, que simboliza la energía del aire. Como explicó una hija-de-santo, "el aire está en todo lugar, encima, debajo, de lado." Por seguir el movimiento del aire, Oiá encuentra siempre nuevas direcciones, posee y ocupa el espacio agresivamente; 3) un impulso interno nervioso, con movimientos súbitos y rápidos, que describe la electricidad y la impaciencia de esa diosa; 4) un movimiento fluido y ligero, que expresa el aire leve y la dulzura del orixá, llevando los espíritus de los muertos al orum. El primer movimiento puede ser entendido a partir de la discusión anterior sobre la roda sagrada. Él apunta a la construcción de un espacio mágico, donde se concentran y se concentran las fuerzas de la naturaleza. También el continuo remolino que Iansã hace sobre si misma, simboliza el elemento "aire en movimiento", que da origen al fuego. Ella ocupa mucho espacio, tanto horizontal como verticalmente. A veces, abre los brazos, inclina la cabeza para atrás y rueda sobre si misma, diseñando un espiral con el propio cuerpo y moviéndose en el espacio. Deja claro, a través de su postura firme, que necesita de mucho espacio y que es dueña de él. Iansã actúa con un movimiento que, del interior, se abre hacia el exterior, ella está más ligada a la acción que a la intimidad. En cuanto al tercer aspecto, Oiá se mueve en diagonal, anda por el barracão sin una meta precisa: cualquier cosa nueva la seduce y provoca un repentino cambio de dirección. Una hija-de-santo explicó ese cambio continuo, apuntando hacia la ligación de Iansã con el elemento aire en continuo movimiento: "el aire está en cualquier lugar y se mueve sin una dirección precisa". Ella, por lo tanto, transmite el frémito y la curiosidad del aire, que está siempre a la demanda de algo o de alguien. Oiá, en ese sentido, puede parecer casi desesperada, en su andar sin meta y con tanta energía. Oiá es un orixá con características joviales y guerreras, que abre los caminos, luchando y limpiando las energías de los eguns, en cualquier lugar.
  • 3.
    El último aspectorelevante es la ligereza que ella expresa cuando aparta a los muertos, transporta algo, o abre el camino de sus devotos. En esa cualidad, ella parece más dócil y flexible, demostrando su generosidad al transportar las almas al orum, hacia una nueva vida. Los niveles de su cuerpo en el espacio — que pasan de lo bajo hacia lo alto — expresan, sensualmente, el elemento aire. El cuerpo entero es como que está suspendido en el aire, el punto de los pies no están puestos completamente en el suelo. Oiá está más ligada a lo externo, a la aventura, a la acción libre. Analizando los niveles espaciales, podemos reconstruir toda la historia mitológica de Oiá: — cuando ella se dobla hacia el suelo, es la guerrera que se prepara para luchar o, entonces, expresa su transformación como búfalo. En esa fase, las leyendas cuentan su vida afectiva con Ogum y Oxóssi; — cuando ella asciende su nivel, eso representa su relación con Xangô, el fuego; — cuando su nivel es alto, representa el aire; y las leyendas cuentan su relación con los espíritus de los muertos, que ella transporta al orum. Es interesante observar la dinámica en el espacio de Oiá: ella toma consciencia de ella, al andar en todas las direcciones, inclusive en las diagonales, que simbolizan una salida del orden, llenando el espacio con una dinámica agresiva. En cuanto a Iemanjá tiene una dinámica más tranquila, ella construye a su alredor círculos concéntricos que van desapareciendo de sus límites. Ese uso diferente de la dinámica en el espacio, probablemente, se origina de la diferencia de cultura de los pueblo que cultaban a las dos divinidades. Segun Leroi-Gourhan (1977: 130): "La mitología de los cazadores se organiza alredor de un espacio itinerante, como el camino de los astros o de los héroes, en cuanto a la mitología de los agricultores sedentarios se organiza alredor de un espacio radiante, como el paraíso sobre una montaña, con el árbol de la sabiduría al centro y cuatro ríos que van a los limites del mundo". Oiá es acción pura, construye su espacio a través de la acción directa del cuerpo en el espacio. Oxum La mitología de Oxum (Verger, 1981; Prandi, 2000) es rica en mostrar cuanto ese orixá sabe hacer uso de la inteligencia. Los cuentos nos hablan de su famosa belleza y de su determinación a la hora de obtener las cosas, sea amor, dinero, fama o belleza. Ella muestra en su movimiento una suavidad que realmente solo puede ser alcanzada por la armonía interior.
  • 4.
    Sus objetos sagradosson el abebê — un espejo de oro que comparte con Iemanjá — y una espada que solo un tipo de Oxum posee, siendo esa, por lo tanto, una guerrera. Todavía, se adornan sus polleras con peces, ellos recuerdan la fertilidad de las mujeres y la procreación. Ella es una de las primeras brujas, porque puede transformarse en pájaro — ella es la propietaria de la calabaza que contiene un pájaro, símbolo de las primeras madres antiguas, las Iámi —; pero ella es también un pez y, por causa de eso, puede jugar en el agua y desaparecer. Oxum es irreal, es mágica, ella puede desaparecer y la gente no sabe donde y como reaparecerá. En algunas danzas ella es acompañada por Oxóssi, el marido mítico, y Logum Edé, el hijo que ella tubo con el cazador, a danzar juntos el ijexá. Podemos sintetizar las danzas de Oxum en los siguientes aspectos: — una forma circular en el comienzo y, sobre todo, en la roda que construye el espacio sagrado en el cual acontecerá la incorporación. Ese movimiento circular también es hecho con los brazos y con la postura del cuerpo, que es ligero y muestra toda su coquetería; — una ocupación del espació durante el transe tranquila y circular. Ella no se deja llevar hacia otras partes diferentes de sus círculos en el agua, se acerca a las personas, pero siempre con ligereza, con gentileza, porque ella simboliza el agua dulce, el agua de los ríos que desciende y lleva consigo las cosas del mundo; — un movimiento continuo, sin paradas, a semejanza del agua que desciende y tiene una andanza constante. Ella es muy paciente, porque un de los elementos de la magia es la paciencia de saber esperar que el encanto lanzado haga efecto; — una característica de seducción en todas las danzas, pero sobre todo en la de tomar baño: ella se prepara con movimientos tranquilos, como se la única cosa importante fuese prepararse para su papel, el de la mujer bonita y que sabe usar su valor. El punto fundamental del cuerpo en la danza de Oxum es la pelvis, porque todo el movimiento del ijexá proviene de esa área, que está ligada a los órganos de la sexualidad y de la reproducción. De esa región parte un movimiento que toma posesión del cuerpo entero en una ondulación tranquila: une lo alto (la cabeza) con lo bajo (los pies). En cuanto al uso del espacio, sobre todo con los movimientos de los brazos, ella lo hace horizontalmente y con eso demuestra su lado social. Ella es una reina bonita y también la jefa de la sociedad secreta de las mujeres, por lo tanto, debe saber comportarse entre la personas. Su movimiento vertical parece que se abre, pero todo siempre vuelve hacia ella. Tiene una expansión del busto hacia el frente que vuelve a cerrarse otra vez sobre si misma, siguiendo la respiración. En la danza de
  • 5.
    tomar baño, sucuerpo baja hasta el suelo, utilizando entonces toda su verticalidad, porque, siendo agua, está en cima y debajo. Ella anda en una trayectoria continua, sin movimientos bruscos y sin paradas. Y muestra todos los encantos de su cuerpo y las posibilidades que tiene para ofrecer dones y oro. Su movimiento sugiere, sobre todo cuando lo comparamos al de Oiá, una capacidad diferente de utilizar el tiempo. Oxum vive el tiempo como continuo y, en ese ritmo eterno, vive su respiración como se quisiese atraer a todo el mundo con su movimiento de hombros. Ella sabe esperar, en cuanto Oiá camina bruscamente, se detiene, va y deja la idea de ser una conquistadora fuerte y feroz. De acuerdo con aquello que dicen en el candomblé, ella es la otra mitad de Iemanjá. Las dos nos muestran el lado femenino: una, de oro, más visible, la otra, de plata, más escondida, más sensible. Tanto es así que, cuando es ofrecido algo a Iemanjá, también debe ser hecho lo mismo para Oxum y viceversa. Iemanjá Iemanjá es la más misteriosa de los orixás: "Nadie sabe lo que ella tiene por debajo!". Su casa está siempre cerrada, se abre apenas en el ossé, una vez por mes, y en la fiesta de ella, porque "a ella no le gusta el ruido ni la confusión. Ella es la expresión de la femineidad en su entereza. Podemos sintetizar algunas características de los movimientos de Iemanjá de ese modo: — una trayectoria circular que construye el espacio sagrado en el cual, luego del comienzo, acontecerá la incorporación. Ese movimiento circular es hecho también con el cuerpo entero, como si ella misma originase esa forma; — durante la incorporación ella se detiene y entonces se mueve despacito con pequeños movimientos circulares o como si el cuerpo se vuelve una onda; — en algunas danzas, como el jincá, su movimiento es continuo como el agua que sigue su curso constantemente. En otras, en tanto, en su andar ella se detiene, retoma fuerza y vuelve a andar, así como las ondas cuando golpean en la playa; — movimientos que describen su sensibilidad, su encanto que es como el de la luna llena, algo a lo que todos quieren acercarse, pero solo pocos lo consiguen; — el uso del espacio es diferente de aquel observado para Oiá. Iemanjá, en su andar, es más tranquila que el de Oiá y más pausada que el de Oxum. Ella ocupa mucho espacio, porque es una onda del mar. Así, es la primera de dar rum, ella anda en los laterales, moviendo los brazos horizontalmente y
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    empujando montañas deagua y sus hijos. Ella danza dos pasos para un lado y dos para el otro, pero también se mueve asimétricamente y, despues de dos pasos, ella hace tres y se detiene a fin de retomar la danza. Cuando Iemanjá se mueve como onda, ella ocupa un espacio más en vertical y también su movimiento es un andar, un llegar para si misma, es un movimiento más introspectivo, más ligado a su interioridad. Ella se detiene y se prepara para bucear en el fondo. En las danzas — con las manos en forma de concha —, ella utiliza más el nivel inferior del espacio, el que nos remite a las profundidades del mar y aquello que existe allá abajo. Junto con Oxum, ella es una de las grandes mães. Destacamos los niveles bajo y medio, porque ella también representa la fecundidad, la reproducción y, por eso, es más llegada a las partes del cuerpo situadas en la pelvis. Por otro lado, es muy caritativa. Sin embargo, no podemos olvidar que uno de los símbolos de Iemanjá es el abebê que, con su forma redonda, nos recuerda la forma de la luna llena, eterno símbolo de lo femenino. Pero ella también tiene un lado más agresivo, porque carga una espada, y el abebê es una terrible arma de ofensa y defensa que la diosa usa para defender a sus hijos. Los aspectos generales de los movimentos de Oxum pueden ser idénticos a los de Iemanjá, sin embargo me parece que el movimiento más sobresaliente es el horizontal porque esa coreografía nos habla del lado social y de la preocupación de Iemanjá con todos, ya que ella es la madre suprema. Así, la parte del cuerpo de donde surge su movimiento es cercana al corazón. Destaco, que la hija-de-santo llora cuando Iemanjá viene; un llanto de emoción que demuestra la sensibilidad de Iemanjá. Su andar en círculo también señala una cierta conformidad, un cierto orden, talvez por el hecho de representar a la mujer madura, firme, que no necesita salirse de la norma. Iemanjá tiene muchas coreografías que demuestran sus variadas facetas, y el color de la plata ayuda a resaltar la magia y los sueños que ella lleva consigo. Dicen que ella es la señora de los sueños. Ella danza con Oxalá, de quien es esposa, y con sus hijos Oxum, Ogum, Oxóssi e Omulu. Sino, más allá de un análisis de los pasos, que nos hablan de las historias míticas, es importante resaltar el hecho de que en las danzas de candomblé los fieles creen ser el propio orixá a manifestarse y, por lo tanto, la amplitud y el flujo del movimiento relatan esto: la transformación interior. En el cuerpo de la hija-de-santo no hay más que la personalidad de ella, su "presencia", pero sin la de su orixá. Con eso el dios distribuye axé a la propia hija y a la comunidad entera, contando su historia mítica. Las danzas de transe vacían el cuerpo de la hija-de-santo para dejar que la forma, la energía del orixá se manifieste y mueva a aquella materia como el orixá lo
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    desee, y, poreso, la cualidad del movimiento cambia de modo tan evidente. Es interesante notar, todavía, que la relación entre los orixás también es manifestada a través de los toques y de la energía que es transmitida en el movimiento. Por ejemplo, todos los orixás viejos — como Oxalufã, Iemanjá Sabá, Omulu y Nanã — danzan con un ritmo lento y son curvados hacia el suelo, demostrando el cansancio de andar, porque son muy viejos. Los orixás jóvenes (como Oxaguiã y Iemanjá Ogunté, Oiá y Ogum) danzan siempre con una postura más erecta. Los orixás guerreros (Ogum, Oiá, etc) danzan como si estuviesen agrediendo el espacio y utilizan las diagonales, y en cuanto a los orixás ligados a la maternidad (Oxum y Iemanjá) danzan ocupando el espacio de modo más redondo, más tranquilo y sin el uso de diagonales. Xangô y Oxum, a su vez, danzan utilizando un espacio más regular, simbolizando a la realeza. Lo mismo acontece con Oxóssi, el cazador. Queremos evidenciar con eso cuan compleja es la comprensión de la danza ritual que, debe ser hecha siempre como un todo. No basta una simple descripción de los movimientos, porque ellos no pasan de una moldura para que la energía del orixá se manifieste, llevada por la música de los alabê. En última instancia, esa danza es algo fuertemente encarnado y vivido. La respiración, el ritmo de aquel elemento natural vive en el cuerpo de la hija-de-santo. Esa es una experiencia tan fuerte y enriquecedora que merece, verdaderamente, gran respeto. Para finalizar, las danzas de transe son la propia expresión de la fe de las hijas e hijos-de-santo que se dejan tomar y ser conducidos por las divinidades, cada uno con el flujo y la cualidad del movimiento del dueño de la cabeza al cual corresponde, a fin de reequilibrar las fuerzas cósmicas para si mismos y para su comunidad. Traducción: Nicolás Rodríguez. _________ Bibliografia: - BARBARA, Rosamaria Susanna; A DANÇA DAS AIABÁS: Dança, corpo e cotidiano das mulheres de candomblé; São Paulo; 2002.