El artículo de Marta Burguet Arfelis aboga por una educación que fomente la paz y que forme personas más humanas, desafiando la apología de la educación formal a la luz de experiencias traumáticas históricas. Propone que el conflicto es inherente al ser humano y la aceptación de la realidad es esencial para la resolución de conflictos y la reconcilicación. Además, destaca la importancia de educar en la diversidad y la convivencia armónica como herramientas para construir una paz duradera.