El ensayo explora la importancia de la educación como un proceso que nutre y preserva la memoria colectiva, utilizando la analogía de la 'minga de pensamiento' de los indígenas amazonenses para enfatizar cómo la palabra y el diálogo construyen relaciones y conocimiento. Se cuestiona el enfoque tradicional de la educación que busca eliminar incertidumbres en vez de enseñar a enfrentarlas, y se propone que la educación debería fomentar una auto-eco-organización que permita a los individuos cultivar su propia sabiduría. Finalmente, se reflexiona sobre la naturaleza de ser un 'ser vivo', destacando la necesidad de adaptarse y responder creativamente a las complejidades de la vida y el aprendizaje.