EDUCAR ES UNA FUNCIÓN VITAL ESTRATÉGICA
Luz María Esperanza Gómez Acevedo
Ensayo Final Revisado del Diplomado de Transformación Educativa
Multiversidad Mundo Real Edgar Morin A.C
Cuando ha ocurrido o debe ocurrir algo muy importante para la tribu, nuestros indígenas
de la Amazonía realizan lo que denominan una minga de pensamiento, se reúnen en la
maloka para pensar y conversar acerca del asunto. Durante la minga mambean la
palabra, es decir hacen con la palabra lo que hacen en la boca con la pasta de coca,
pasarla de un lado para otro hasta que obtienen lo que requieren de ella, su esencia, en
el caso de la coca, lo que reducirá la fatiga y el hambre producida por el duro trabajo
reconociendo, además, que están lejos de casa.
La analogía sirve para mostrar como la palabra compartida alimenta, nutre y reduce el
gasto energético, asunto de economía vital, sin embargo, ésta puede evaporarse,
perderse y es por eso que, una vez terminada la minga, se recoge la palabra compartida
en un canasto y se cierra para que conserve lo fundamental, guarde para siempre la
palabra dura y emocional que pudiera haber herido u ofendido y mantenga presente lo
no comprendido. La palabra construye y conserva las tramas relacionales que los
mantienen unidos para protegerse y proteger la vida, concretar el bien común, el suyo y
el de la selva.
El canasto es un artículo indígena de paja tejida, de boca ancha, que permite contener
diferentes cosas según la característica de la trama del tejido que le es propia. Hay
tramas más compactas que otras, lo cual define lo que puede ser contenido, por ejemplo,
la cosecha. La conversación ha producido sus propios frutos, se ha cultivado, hay que
cuidar la cosecha, el origen latino de la palabra cultura es colere, cultivar, se cultiva con
la palabra. Los frutos de la cosecha se pueden dejar desperdigados por donde cayeron,
sucederán muchas cosas, seguramente, volverán a nacer nuevas plantas, las condiciones
climáticas pueden secarlos antes de que logren su cometido, también se pueden recoger,
¡Oh que delicia, un mango! Con la palabra pasa lo mismo, sobrevivir en la selva
requiere el arte de aprender o ¿Será el del enseñar, o será mejor no usar la o sino la y?
Tal vez mejor un -?
Desde el comienzo del proceso educativo quise aprender de memoria los siete saberes
necesarios para la educación del futuro que el doctor Morin nos enseña. Para mis
sesenta y dos años es un reto interesante, cada cierto tiempo vuelvo y pienso en ellos y
los escribo, evocando su significado, lo que les es esencial, a veces, la memoria
traiciona las palabras o ¿Será a la inversa? ¿Podré confiar que en un determinado tiempo
aún recordaré los siete saberes y, sobre todo, sabré por qué, cómo y para qué aprendí lo
que me fue mostrado? ¿Cumplirán la misión de alimentar al cultivador?
Una vez hecha la recolección dentro del canasto, la boca ancha del mismo que permitió
guardar muchas cosas, debe cerrarse para evitar que el contenido no cumpla su función
y la incertidumbre lo desparrame, es más, simbólicamente debe ser enterrado, debe
volver a la tierra y así garantizar nuevos frutos. Cerrar el canasto es un rito, una
ceremonia, la experiencia y el conocimiento adquirido deben ser conservados como
parte de la memoria colectiva en la otra forma del ADN humano, la cultura. ¿Hoy en día
hacen parte, por lo menos de mi cultura, esos siete saberes?
¿Habré superado las cegueras del conocimiento? Leí y conservé cada módulo, las
respuestas que provocó el intercambio de información, pensé y repensé en la cantidad
de profesionales altamente calificados que tenían interés en la educación y en los que
tan generosamente compartieron sin preocuparse si eran o no leídos y contestados. Debe
ser un asunto serio eso de la educación. Me planteé interrogantes una y otra vez acerca
de la ceguera de la educación ¿Somos ciegos guiando a otros ciegos? Me pregunté ¿Qué
es eso acerca de lo que todos conversamos? Noté que los aportes tomaban diferentes y
estupendas direcciones, el azar jugaba a su favor, percibí las muchas ventajas de la
comunicación virtual, tantos conectados a través de una magnífica herramienta, la
internet, compartiendo saberes y experiencias a través de la palabra, sin embargo, algo
hacía falta, no conseguía la iluminación, la sinergia que provocaba un conocimiento que
ninguno poseía, no se daba ¿Tendría que buscarla al interior de mi misma y construir yo
el nuevo conocimiento?
Mejoré, resignifiqué algunas palabras, metacognición, bucles, valle, por ejemplo.
¿Conllevó esto a la resignificación de mis espacios de relación, lenguaje y
comportamientos, cómo saberlo?
"Una vivencia es una interacción conel entorno, donde, porcierto, suceden
las vivencias de los demás en cuyos entornos, sea dicho,vivoyo".
Jorge Wagensberg
Empecé a aclarar mi visión acerca del concepto de educación, diría más bien mi
cosmosensión. Comprendí por qué siendo que el sentido de la vista no es el único, sin
embargo, en nuestra cultura es el sentido de referencia lo cual hace ciertamente
riesgosa la existencia en lugar de favorecerla. Dos ojos colocados en la parte superior de
la cara, parte de un cuerpo soportado en dos pies, miran y amplían el horizonte, sin
embargo, dejan la espalda al descubierto ¿Qué sería de nosotros entonces sin el oído, sin
el olfato, sin la piel, sin el gusto? Las cegueras deben resolverse, la sordera, la anosmia,
la ageusia, también, y sin tacto, no hay vida.
¿Educar será, entonces, algo así como exaltar la potencialidad de todos y cada uno de
los sentidos para construir con la información que obtienen de las tramas relacionales
establecidas, y las que se establecen, una cosmosensión que oriente la acción hacia el
logro del bienser, del bienhacer, del bienestar y el bientener individual y colectivo?
Importante recordar aquí que no es sólo del bienestar, palabra culturalmente mejor
posicionada, tan lo está que el corrector ortográfico de mi computadora, avisa que hay
un error en las otras.
La cosmosención le da sentido a la vida, orienta nuevas búsquedas y acciones, renueva
permanentemente el bucle que mantiene la vida y su calidad, tanto desde lo individual
como desde lo colectivo, permite la auto-eco-organización. Esta fue mi primera
construcción de conocimiento y pensé ¿Qué tan conscientes somos de lo que orienta
nuestras búsquedas y acciones? ¿Navegamos sólo con el mapa genético, creamos mapas
alternos? ¿Nos hacemos dueños de nuestro propio destino o navegamos sólo con los
mapas que se nos proveen? ¿Siente la educación que una de sus funciones debe ser
enseñarnos a crear nuestros propios mapas con la ayuda solidaria de los demás y lo
demás?
¿Qué es lo educado, quién aprende-enseña? Un ser vivo ¿Qué significa ser un ser vivo?
Una de mis maestras de primaria decía que había preguntas tontas por lo obvias;
siempre se les contesta así a los niños y a las niñas, tal vez, por lo obvias casi nunca
tenemos respuesta y no por ello son tontas, deberíamos reconocer, más bien, nuestra
ignorancia, nuestra impotencia para reconocer lo obvio. Deberíamos aprender de ellos a
preguntarnos por lo fundamental. No debe sorprender que la respuesta más frecuente a
la pregunta anterior sea la de que los seres vivos son los que nacen, crecen, se
reproducen y mueren. ¡Ah fuerza que tiene la escuela para imponer algunos conceptos
por encima de nuestra condición natural! Los mencionados son procesos que realiza un
ser vivo, pero el concepto mismo de ser vivo ¿cuál es?
A mi me gusta la ayuda de Jorge Wagensberg. Para él cualquier objeto real divide el
mundo en dos partes: él mismo y el resto del mundo. Ambas porciones del mundo
pueden influirse mutuamente a través de una superficie común real o imaginaria: la
frontera. Cambios en uno inducen cambios en el otro. Algunos objetos, muy pocos,
exhiben una rarísima propiedad, tienden a independizarse de las incertidumbres del
entorno, son los seres vivos.
Para Wagensberg, un ser vivo es un rincón del universo empeñado en distinguirse de
sus alrededores. Estar vivo es evitar que el resto del mundo devore las diferencias.
¿Cómo explicar, entonces, que la primera tarea en la cual la escuela parece haberse
concentrado es en eliminarlas? Evocando ahora las palabras de John Taylor Gatto, en
su discurso de aceptación del galardón de Maestro del Año de Nueva York, el 30 de
enero de 1990 “Por qué la escuela no educa” dice el maestro que “Es absurdo y anti-
vital ser parte de un sistema que te obliga a sentarte en lugares recluidos para gente de la
misma edad y clase social que tú. Ese sistema te aparta radicalmente de la inmensa
diversidad de la vida y de las sinergias de la variedad, de hecho te castra tu propio ser y
futuro, acoplándote a un presente continuo de igual forma a como lo hace la televisión”.
La escuela actual refuerza fundamentalmente este concepto, la universidad, para nuestra
desgracia como especie, también. Una y otra vez se repitió esto mismo en el foro de mil
maneras.
El maestro Wagensberg, también, me enseñó, contrario a lo que había aprendido, que un
ser vivo no se adapta, las piedras si. Ellas se calientan mansamente cuando en su
entorno inmediato aumenta la temperatura, el ser vivo se auto-re-organiza para que su
temperatura se mantenga como si en el entorno no hubiera ocurrido nada. “El ser vivo
cambia para que nada cambie”, se reinventa para permanecer, se recrea a si
mismo una y otra vez. Un ser vivo se inventó las glándulas sudoríparas y empezó a
sudar para refrescarse cuando hacía calor, significativa diferencia con lo que hace una
piedra. Aceptar la palabra adaptarse es aceptar lo que debería ser inaceptable, renunciar
a la condición de ser un ser vivo. Voy ahora al maestro Morin, es necesario enseñar-
aprender en bucle permanente la condición humana, ir a bucear, escalar, escarbar, lo
que condiciona y define nuestra naturaleza, la de ser seres vivos.
Un ser vivo no hace todo lo que hace sólo para atender y responder a fluctuaciones
concretas, determinadas y predecibles del entorno, sería un desperdicio de energía vital
y la vida tiene un principio fundamental, la pereza: Entre hacer y no hacer, mejor no
hacer. Sugiere Wagensberg ¿Por qué abandonar la confortable cueva para salir a un
mundo incierto a buscar comida, bebida, remedios para la salud o incluso una pareja a la
cual convencer para una vida en común? ¿Por qué ahora y no luego? ¿Por qué
desvivirnos por los descendientes en lugar de comérnoslos, con lo caro que son el
estudio, la ropa, buscarles comida? ¿Por qué no todo de una vez, en lugar de esperar
mejores opciones aunque menos seguras? Algo debe haber ahí que justifica el precio.
¿Qué tiene la incertidumbre que termina soportando el concepto de ser un ser vivo y
ayuda en la búsqueda de la economía vital, ser, hacer, estar y tener más con menos,
el bienser, bienhacer, bienestar y bientener del que hablamos antes? El maestro Morin
otra vez “enfrentar la incertidumbre” ciertamente, no es enfrentarla, digo yo.
La incertidumbre es la falta de certidumbre, certeza, conocimiento cierto. Un ser vivo
tiende a independizarse de la falta de conocimiento cierto, algo puede pasar o no pasar,
un adagio popular dice que “lo importante no es lo que nos pasa sino lo que hacemos
con lo que nos pasa”. Es asunto de vida la respuesta a lo que acontece en el aquí y
ahora, pasado y futuro en un mismo presente. Cada respuesta es, a su vez, hecho, causa,
efecto y consecuencia de la trama que se teje con cada respuesta. Así se mide la
condición de vivo, por la calidad de las respuestas ante las incertidumbres, por el ahorro
de energía vital que consiga hacer, manteniendo en consecuencia su independencia de
las mismas, aflorar la inteligencia. Nótese que no digo “independencia” de todo lo
demás, no sobra recordar aquí los cuatro principios fundamentales de la ecología:
Todo en el universo está conectado con todo.
Todo va a alguna parte.
Ninguna opción para mejorar puede resultar gratuita. No hay desayuno gratis.
La naturaleza sabe lo que hace.
Los cuatro principios anteriores hacen posible que a cada momento ocurran cosas que
cambian la dirección de los acontecimientos, pensamientos, emociones y acciones, lo
cual, a su vez, provoca respuestas que se transforman en nuevas incertidumbres, todo
esto en incesante flujo de complejidades que exigen estar atentos para no sucumbir a
aquello que ponga en riesgo la propia capacidad de respuesta, nuestra condición, la vida
misma. Cada día trae su propio afán, bonita forma de interpretar la incertidumbre. Pocas
veces somos conscientes de que es en el aquí y ahora, en el presente, donde se construye
el futuro, el cual a su vez bien pronto será pasado.
Para nadie es hoy extraño reconocer que la incertidumbre es un aspecto relevante del
entorno, no es tanto el entorno en sí mismo como lo que ocurre en, con y por él.
Aprender - enseñar a mantenerse independiente de la incertidumbre es cuestión de vida
o muerte, es cuestión de inteligencia, cuestión de economía, por tanto debería ser razón
y objeto de “la educación”
Es curioso como la educación ha estado orientada fundamentalmente a hacer pensar que
es posible eliminar las incertidumbres, haciendo creer, además, que éste es el camino
correcto, enseñando a esperar, desde siempre, que se nos provea de certidumbre, de
certezas, aceptando con ello negar lo que nos es propio, restando capacidad de
independencia de la incertidumbre, capacidad de respuesta ante la misma, inteligencia,
vida.
Negar la incertidumbre, catalogarla como enemigo que debe ser enfrentado, disponer el
cuerpo y el alma, no para el juego, la magia y la danza, si no para la lucha, el ataque y
la defensa, es una de las razones fundamentales, sino la más importante, para eliminar el
riesgo, la aventura, el ensayo, el error, la creatividad y transformar la vida humana,
porque con la naturaleza es más difícil hacerlo, en escenarios artificiales, donde todos
somos actores, con guiones preestablecidos “no se sabe por quién”; todo debe ser
programado; todo es deber, derecho, obligación y norma, de esto sólo deberíamos
acordar los mínimos máximos.
Haber confundido escuela con educación tiene mucho que ver con la negación de la
vida, con la falta de respeto por la misma, con la negación de la ética que religa al
individuo, la sociedad, la especie y las demás especies, donde cada cual es fin y
medio y ninguno absoluto, de donde surge la conciencia que nos hace humanos, como
dice el Dr. Morin. Recordemos nuevamente al profesor Taylor Gatto “Es absurdo y anti-
vital ser parte de un sistema que te obliga a escuchar a un extraño leyendo poesía
cuando lo que realmente quieres es construir casas, o sentarte a discutir con extraños
sobre la construcción de casas cuando lo que realmente quieres es leer poesía. Es
absurdo y anti-vital moverte de aula en aula al sonido de una sirena durante todos los
días de tu infancia natural en una institución que no te permite ninguna privacidad y que
incluso te la quita en el santuario de tu propia casa pidiéndote que hagas tus "deberes".
"¿Cómo aprenderán a leer?" dirán algunos y mi respuesta es "Recuerda la lección de
Massachussets". Cuando los niños reciben experiencias completas en vez de las
graduadas en aularios, entonces aprenden a leer, a escribir y calcular con total facilidad
si esas cosas tienen sentido en el ambiente vital que les rodea”
La cultura del control, soportado en el miedo y la culpa conlleva, necesariamente, a
excluir las incertidumbres de la conciencia, eliminando el contexto. Sólo guardamos
experiencias descontextualizadas. Más de un trastorno emocional es el resultado de una
memoria que ha sido entrenada para vivir en el pasado y que no deja tiempo para el
presente, para religar pasado, presente y futuro con el ser que está viviendo el aquí y
ahora, ignorando con ello que son precisamente las incertidumbres las que llevan a la
evolución de la vida; son sus requerimientos los que hacen posible la condición que nos
define, la de evolucionar, la de encontrar respuestas creativas, ricas en diversidad,
humor y complejidad, para saber qué, por qué, para qué, cuándo, cómo y dónde
modificarse y modificar el entorno y no quedarse con los paralizantes “quizás”, como
dice la canción o con los pesados bultos de culpas, a veces, imposibles de ser reparadas
y que nos impiden ser “vivos”
Si al ser vivo el ensayo le fracasa, hay varias posibilidades: que muera, se enferme, le
duela, sufra, tenga una pérdida, un daño, sea infeliz y aprenda algo nuevo. Si bien, no
siempre logra mantener la independencia del acontecimiento, si es posible que haya
alguna lección para aprender ahí, la cual debe ser descubierta; para ello hay que dejar de
lado la pereza y recomenzar claro, si no se muere, en cuyo caso, es posible que si otros
observan el error, aprendan de la experiencia “En la naturaleza no hay mal que por bien
no venga”.
El ser vivo ensaya respuestas ante lo incierto, si la consecuencia le permite mantener su
independencia de la incertidumbre, es decir seguir vivo, más aún, mejorar la calidad de
su existencia, aprende, incluso aunque falle y se equivoque. Cada experiencia vivida se
va guardando y pasa a hacer parte del patrimonio existencial, si se me permite el símil.
Siempre se requerirá del tiempo y la fuerza de la experiencia para que este patrimonio
adquiera, como pasa con el patrimonio cultural, ambiental o financiero, valor y, por
tanto sea digno de ser transmitido a través de la información genética o la cultural, sea
digno de ser utilizado como fuente de información, bases de datos, como se dice ahora,
para elaborar nuevas, mejores y más creativas respuestas ante la incertidumbre, es algo
así como un mapa de alternativas que nos apoya en la intención de seguir vivos el
mayor tiempo posible.
Este patrimonio existencial podrá reutilizarse una y otra vez, siempre y cuando se den
las mismas circunstancias que lo generaron, curiosamente, a diferencia del dinero, si se
usa no se gasta sino que se incrementa su valor. Cada nueva utilización dejará marcas en
el ser sujeto de la acción las cuales, muchas veces, serán transmitidas a sus
descendientes. El valor del patrimonio existencial sólo está sujeto a la bolsa de valores
de la vida marcada por la incertidumbre, la cual lo mantendrá o incrementará en la
medida que permita responder y mantenerse independiente de las mismas, seguir la vida
con calidad, no sólo la suya propia, sino la de los demás y la de todo lo demás, incluido
el planeta. Hace aquí aparición el otro saber indispensable si se habla de educación “La
identidad terrenal” yo cambiaría lo de terrenal por planetaria, este planeta es más que
tierra, de hecho, es más agua, fuego y atmósfera.
Es función de la educación enseñar-aprender para saber participar activamente en la
creación del patrimonio existencial individual y colectivo, no sólo debe mostrar como
participar de la construcción del patrimonio financiero o político, razón que motiva más
de una inversión en escuelas, colegios y universidades. Es su función dejar improntas
particulares en cada ser vivo, haciéndolo único e irrepetible, por tanto, legítimo. Si éstas
experiencias han sido, también, repetidas por sus congéneres en un número significativo
de ellos, se crea masa crítica, la impronta se puede hacer colectiva, diferenciar y
permitir la co-evolución de la especie, como sugiere Rupert Sheldrake en su principio
de la Causación Formativa: “Las forma físicas y químicas no se repiten porque estén
determinadas por leyes inmutables o formas eternas, sino a causa de una influencia
causal de formas similares anteriores. Esta influencia, a diferencia de cualquier otro tipo
de acción física conocida, actuaría a través del espacio- tiempo”.
Doy un ejemplo, entre más habilidad tengamos para montar bicicleta y además lo
hagamos por un buen tiempo los humanos, más probable es que otros humanos, puedan
hacerlo con mayor facilidad y, en algún tiempo, nacerán niños y niñas con disposición
innata a montar bicicleta, igual que pasa con el manejo de las computadores, donde
muestran mayor naturalidad y destreza que los adultos, quienes fuimos sus inventores,
bueno, los que lo hicieron.
Esta teoría ejerce mucho encanto sobre mi porque hace menos dura la experiencia de
aprender habilidades nuevas cada día, competencias, como se dice actualmente, porque
incrementan el valor de aprender dado que el esfuerzo, también, va a favor de la especie
y el planeta, reduciendo con ello los costos vitales para las generaciones futuras. La
edad se vuelve irrelevante a la hora de aprender-enseñar. Las habilidades adquiridas
configuran masa crítica, se enseña sin enseñar, se aprende sin aprender. Otro nuevo
aprendizaje.
Aprender a valorar la potencialidad que hay en nuestro interior, en el de cada uno de los
seres humanos y en las otras especies que hacen parte del planeta, permite ampliar las
opciones de responder a lo incierto, al riesgo, la aventura, lo inesperado, lo desconocido,
lo crítico, evaluar que tan efectivos, eficaces y oportunos podemos ser o pueden ser los
demás y todo lo demás, para responder ante la incertidumbre y, con ello, valorar y
aprovechar lo que el entorno nos brinda, función que debería ser, digo yo, de la
“Educación”: Aprender-enseñar a responder con eficacia, efectividad y
oportunidad ante lo inesperado, de tal manera que aumenten las opciones
individuales y colectivas de mantener la calidad de la vida en el planeta.
Ciertamente, nuestra misión como humanos con conciencia, capaces de metacognición.
La educación no debe ser sólo un aporte de datos es, también y muy especialmente,
construcción individual y colectiva de conocimiento, información, energía estructurada,
la cual al volverse parte del ser en el intercambio relacional, permite autoconstruirse,
darse forma, la autopoiesis, como la llama Humberto Maturana. Formas siempre nuevas
cada vez más capaces de conservar lo fundamental, la identidad del ser, esas
características particulares que, si se mantienen, todo lo hacen único e irrepetible, como
es cada uno, como lo es el planeta, contribuyendo así entre todos y todo a hacer parte de
la identidad planetaria.
¿No será hora de agradecer a las bacterias el haber sabido qué hacer con el venenoso
CO2 que provocaron en abundancia con el oxígeno, cuando inventaron los procesos
respiratorios. Agradecer a las plantas su invento de la clorofila para producir y
conservar la energía solar, sus dulces y seductores frutos, el valor de los que son
amargos, venenosos, con espinas. Igualmente, hacerlo con aquellos seres humanos que
al inventarse la melanina que pinta la piel de oscuro, hoy nos permite defendernos de la
perpendicularidad de los rayos solares en las zonas tropicales del planeta, ahora que el
calentamiento global es innegable?
Resignificar el concepto de educación es fundamental para aprovechar el 98.27% de
disponibilidad de nuestros genes, de los cuales se dice que sólo viene activo cuando
nacemos, el resto, (1,73%). Tal vez con ello la vida en su sabiduría, quiso tener a su
favor una amplia gama de posibles y por qué no "probables" respuestas ante la
incertidumbre, buscando con ello, formas de integrar las generaciones en contextos de
formación, con la aceptación de lo legítimo de todos, todas y de todo, para compartir
información y construir el conocimiento que finalmente permita comprender lo que
significa “Lo humano de la vida” la educación puede ser la más creativa y económica de
las estrategias para garantizar nuestra permanencia en el planeta.
Es muy importante reconocer, una y otra vez, que estamos hechos para este mundo de
magia donde la incertidumbre es reina absoluta, ese mundo donde retarla en juego y
danza, cuerpo a cuerpo, es lo fundamental; sabemos que siempre termina ganando, sin
embargo, nuestro valor radica en hacer posible que se demore en conseguirlo, en
prolongar el juego y la danza ¿Hasta cuando? Hasta siempre, si es posible, hasta cuando
vencidos miremos alrededor y observemos el resultado: niños y niñas a los que se les
permite dar rienda suelta a lo que realmente son; hombres y mujeres que reconozcan lo
que de único, de legítimo hay en cada ser, en cada momento, en cada territorio, en cada
alegría, en cada lágrima, en cada idea; artistas, sacerdotes, políticos y científicos
orientando decisiones tales como que, iremos a Marte sólo después de saber como ir y
haber ido, realmente, al interior de si mismo. Este es el gran reto de la educación
enseñarnos-aprender la comprensión, asunto bien diferente a la compresión, como
nos han hecho creer.
Hemos ignorado por mucho tiempo que la posible mutación que nos dio origen como
humanos nos ha permitido conservar la condición del neonato, el que aprende todo el
tiempo, que las improntas en los animales duran escasamente los primeros minutos
luego del nacimiento en el pato, 20 minutos, según Lorenz, el etólogo, mientras que en
nosotros los humanos parecen durar toda la existencia. Hemos ignorado que nuestra
naturaleza es creativa, que los niños y las niñas aprenden el lenguaje usándolo para su
beneficio, éste no es una imitación o tonta reproducción y que la tarea de aprender el
lenguaje soporta el aprendizaje cognitivo y, tal vez, no sea al revés. Y, sobre todo,
hemos ignorado que la compleja tarea de aprender, implica que primero debemos
comprendernos, co – aprehendernos, a nosotros mismos, asumirnos conscientemente,
reconocer lo que ocurre en nuestro interior, “algo pasa conmigo” ¡Ah ya se!
Hambre…leche…mamá.
Justo en ese momento reconocemos el mundo de las interacciones y la acción
consecuente para que se den las retroacciones. Al comienzo lloramos, mamá llega y con
ella la leche y saciamos el hambre. Las sensaciones que movieron a la acción han
desaparecido, el estado del ser ha sido cambiado por el hacer de “la otra” que llegó con
un tener que le es propio. La interacción produce nuevos códigos, curioso, casi el
mismo para todas las lenguas. Hemos comprendido, co-aprehendido, que mamá sabe
responder a nuestro requerimiento, “mamá, tete” la comprensión se hace mutua, hay
coordinación de coordinaciones como dice Maturana. El lenguaje se construye en la
conversación con mamá, el cerebro de ambos, también, igual que pasó hace miles de
años.
En el mundo actual las relaciones maternales se han ido progresivamente haciendo
operantes, dejaron de ser funcionales, respondientes a las necesidades que nos definen,
Max Neef y sus compañeros de equipo en el Modelo de Desarrollo a Escala Humana
nos proponen como necesidades humanas fundamentales las de: subsistencia,
protección afecto, entendimiento, participación, ocio, creación, identidad, libertad
y trascendencia.
Mamá ya no tiene tiempo para “la conversa”, la leche queda envasada en la nevera y
mamá desaparece. Se delegan las funciones enseñantes-aprendentes para ir a la oficina,
al trabajo, a la universidad. Se nos olvida, a veces, que la responsabilidad inherente a la
función enseñar-aprender no puede ser delegada porque esta debe ser co-aprendida, co-
enseñada. Cuando la conversación se interrumpe pasamos de comprender a no
comprender, la construcción e integración de lo verdaderamente humano, también, se
interrumpe. Y ni qué decir de las dificultades para comprender lo no humano.
Todo conocimiento a ser compartido, para ser comprendido, debe ser conversado cara a
cara, sintiendo complejo, no sólo mirando, también, pensando, escuchando, oliendo,
gustando, actuando. Nótese como en la escuela la forma de colocar los pupitres, impide
la comprensión, eso si, exalta “la autoridad”. Los niños y las niñas se dan la espalda,
sólo ven al profesor y no al maestro, para verlo como tal éste debe ponerse a su altura e
integrarse en mesa redonda sentados juntos alrededor del saber que se quiere compartir,
el de un árbol, por ejemplo.
Mi experiencia dice que a pocas cosas le temen más los humanos que a conversar,
justamente, “porque en juego largo hay desquite” y nada dice más de nosotros mismos
que una larga conversa, eso lo he descubierto en mis largos años como profesional de la
psicología. No hay test más duro que un tiempo largo de conversa, las barreras se
diluyen en la palabra y surgimos tal como somos, a veces ave fenix, a veces minotauros,
a veces, madejas enredadas y confundidas, lástima, pocas veces humanos, realmente,
humanos.
Hoy en día hay pocos procesos formativos que permitan el error, la equivocación,
menos aún que los promuevan. Todo debe ser certeza o mejor no hable, “en boca
cerrada no entra mosco”. La palabra se volvió peligrosa, quien la pronuncia aún más, a
pesar de saber que hablando se comprende, entiende, aprende y enseña, que el cerebro,
el territorio, la vida humana, la vida misma, se construyen en la conversación,
pregúnteles a los pájaros por la razón de sus trinos. Esto no significa que el error, la
equivocación, la falla, el accidente, el engaño, dejen por fuera la responsabilidad que a
cada uno le compete por las consecuencias que sus palabras, decisiones y actos
provocan. Hay que poner al lado de la vergüenza de haber dañado u ocasionado
sufrimiento, el espíritu que está dispuesto a no ignorar el acto de reparación que le debe
ser consecuente. Esta reflexión me lleva y religa con los principios de un
conocimiento pertinente.
El conocimiento pertinente debe educar para la libertad, el poder de decidir
autónomamente qué ser, hacer, estar y tener, con la previsión, medida y aceptación de
las consecuencias en si mismo, los demás y todo lo demás. Ineludiblemente, esto
significa, la comprensión y aceptación del contexto, de su compleja unidiversidad, es
por eso mismo, tal vez, que a nada le tiene más miedo el ser humano que a la libertad,
como dice Erich Fromm, porque la libertad implica la aceptación del libre albedrío, la
responsabilidad individual y colectiva, la aceptación consciente de lo que se es, ser vivo
humano, además, de aceptar que se es uno con el contexto del que se hace parte en un
momento dado, lo cual a su vez puede ser el origen de nuevos contextos que a su vez
podrán modificarnos y modificar la especie, las otras especies, el planeta. Educar debe
ser el acto de liberar la libertad en aras de enseñar-aprender para ofrecer lo que
de único tenemos para responder ante la incertidumbre. Educar es función vital
estratégica.
La libertad y, por tanto, la responsabilidad consecuente están ligadas a tomar del
entorno lo que se necesita de él, a la vez, retornar al entorno lo que éste necesita de cada
uno. Cuando tomamos y no damos en generosa reciprocidad, robamos. Robar es no dar
nada de si, decía un indígena colombiano y, agrego yo, robar es romper la trama
relacional con el contexto y consigo mismo, sin ser capaz de rehacerla, es romper el
entramado relacional que a todos, a todas y a todo une, sostiene, cuida y conserva hasta
cuando se acabe la danza, el juego; es más, robar es no reconocer que hay mucho para
dar de si, es parecer pobre sin serlo. Robar empobrece, rompe la armonía que solidariza,
hace fuerte y enriquece.
Es función de la educación ayudar a recuperar la sabiduría universal que subyace en
cada una de nuestras células, en cada principio que nos configura y configura el planeta.
La educación no roba porque sabe que todos y todo cuenta como fuente de armonía,
sabe, reconoce y acepta que cada ser es inmensamente rico, simple y llanamente, porque
es capaz de crear riqueza con lo que es, hace, está y tiene. Estamos hechos para eso, nos
viene por naturaleza. La necesidad lo determina.
Para Wagensberg, la necesidad es lo que favorece la probabilidad de que emerja o se
mantenga un individuo, la función es lo que filtra lo más conveniente para conservar la
independencia de la incertidumbre, es la que hace posible superar el desfase entre lo que
se es, hace, tiene o está en términos de lo que se requiere ser, hacer, estar y tener en
términos de la incertidumbre y en relación con un contexto determinado. Toda función
vital es estratégica en términos de posibilitar la permanencia de la vida.
La necesidad es fuerza generadora, la función es fuerza conservadora. La necesidad
motiva y moviliza, para Manfred Max Neef, Antonio Elizalde, Martín Hopenhayn y sus
colaboradores, la necesidad en relación con los humanos, no es una sola sino varias
“Las necesidades revelan de la manera más apremiante el ser de las personas, ya que
aquel se hace palpable a través de éstas en su doble condición existencial: como
carencia y potencialidad.
Al ser concebidas como carencia y potencialidad, simultáneamente, según ellos, no
puede decirse “que se satisfacen o se colman”, más bien, deben vivir y realizarse de
manera continua y renovada, de manera individual y colectiva. Lo que se satisfacen son
los deseos, las expectativas, no las necesidades. Las necesidades, están inmersas en el
código genético, no están determinadas por la cultura, no son muchas y mucho menos
infinitas.
Para los autores anteriores las necesidades son múltiples e interdependientes, son un
sistema, y pueden clasificarse como existenciales y axiológicas o fundamentales. Las
primeras son Ser, Hacer, Estar y Tener, las segundas son sólo nueve y habría una
décima en proceso de codificación genética: Subsistencia, Protección, Afecto,
Entendimiento, Participación, Ocio, Creación, Identidad y Libertad, en
codificación, Trascendencia. Cuando las primeras, ser, hacer, estar y tener, adquieren
forma específica se convierten en satisfactores o medios para vivir y realizar las
necesidades fundamentales. Estos últimos sí están influidos por la cultura, igual que los
bienes: artefactos, conocimientos y tecnologías que afectan la eficiencia de los
satisfactores.
Resulta particularmente inquietante que algo tan obvio como identificar las necesidades
humanas fundamentales, no sea una actividad cotidiana de personas, grupos, empresas,
sociedades, instituciones educativas, gobiernos y Estados, dado su significado e
importancia para definir la calidad de vida individual y colectiva y darle sentido a la
misma. Más inquietante aún, es que la educación cuya función es apoyar, promover,
favorecer, adelantarse y controlar, las formas de ser, hacer, estar y tener que aumenten
la probabilidad de independencia de la incertidumbre, haya estado tan ciega, sorda,
muda, atáxica, agéusica e insensible a la comprensión de las mismas y dejar de
considerarlas como principio de conocimiento pertinente.
¿Tendrá algún sentido esta inconsistencia e inconsciencia? ¿Control social?
¿Supervivencia de algunos genes que se consideran de mejor calidad que los de otros y
quieren ser preservados conservando, sus poseedores, el control de este conocimiento y
los recursos, para hacer efectivas las riquezas de la diversidad para provecho propio y
no el de todos y todo, como debería ser? ¡No sería extraño! los leones matan los
cachorritos que no son suyos para que la leona se vuelva a aparear con él y puedan
conservarse sus genes, no los genes.
Cultura y Educación son casi hermanas siamesas ¿Debe la cultura también revisar su
función? Interpretada ésta por mi como el sistema social de interpretaciones cuyo
significados valorados y compartidos por una comunidad humana específica,
determinan la manera predominante, por tanto aceptadas, de ser, hacer, estar y tener,
con el objeto que cada individuo en particular, así como el colectivo en general, puedan
vivir y realizar sus necesidades fundamentales, adelantándose y controlando formas de
ser, hacer, estar y tener aumentando de esa manera la capacidad de independencia de la
incertidumbre de los individuos vivos que la componen, humanos y no humanos,
favoreciendo su permanencia, la permanencia de su entorno, la del planeta en general y
¿por qué no, de lo que ignoramos?
¿Será tarde para replantear la función de la educación y la cultura? ¿Será que aún hay
tiempo para comprender que, además, de reconocer las posibilidades que el entorno
pone a disposición de los grupos o personas para realizar estas necesidades, es necesario
examinar en qué medida la cultura y la educación se adelantan, estimulan, permiten,
toleran, controlan o reprimen que las posibilidades disponibles sean ensanchadas y
recreadas por los propios individuos o grupos que la componen, como dicen Max Neef,
Elizalde y sus otros colaboradores, para ampliar con sus formas de ser hacer, estar y
tener las posibilidades de permanencia de la vida? Podemos jugar entre todos y todas a
hacer una lista de bienseres, bienhaceres, bienestares y bienteneres?
Recordemos nuevamente lo que estos autores nos dicen, tanto más rica una cultura y su
contexto cuantas más oportunidades ofrezcan de satisfactores y bienes que permitan
vivir y realizar todas y cada una de las necesidades fundamentales de aquellos y de
aquello que hacen parte. Tanto más pobre, cuantos menos satisfactores y bienes pueda
ofrecer, disponer y aprovechar para vivirlas y realizarlas. La calidad de vida dependerá
de las posibilidades que nos demos y nos de el entorno de aumentar nuestras verdaderas
riquezas y reducir las pobrezas. Un buen indicador será, precisamente, el grado de
igualdad de oportunidades que se tenga al respecto, la educación y la cultura tienen
aquí su máximo reto.
Si la educación superior se encontrara con la media y la primaria y éstas con la madurez
y la ancianidad, tal vez, podríamos dar un salto significativo y valioso al futuro para el
cual estamos diseñados. Los jóvenes, mayores y ancianos podrían recuperar la
capacidad de atención de los pequeños y su sentido de multienfoque persistente, los más
pequeños podrían comprender lo que de bueno se puede hacer con la curiosidad, el
invenio, la investigación y la aventura; los mayores podrían mostrar las ventajas del
conocimiento ligado a la experiencia, el pensamiento complejo, el trabajo solidario y el
análisis de potencialidades y riesgos. Si en sinérgica relación la biodiversidad, el
intergénero, la integeneracionalidad, la multidiversidad de razas, culturas,
pensamientos, trabajaran en equipo, las tramas relacionales emergentes y los saberes
consecuentes tal vez pudieran terminar por sugerir un nuevo grado de co-
responsabilidad y por tanto un nuevo salto co-evolutivo para bien individual, colectivo y
del planeta y nuestras angustias y sufrimientos podrían ser, al menos, diferentemente
nuevos.
BIBLIOGRAFÍA
FROMM, Erich. Tener o ser. Fondo de Cultura E, México, 1987.
MATURANA R., Humberto. La realidad: ¿objetiva o construida? México.
Universidad Iberoamericana, 1996.
MAX NEEF, Manfred; ELIZALDE, Antonio; HOPENHAYN, Martín. Desarrollo a
Escala Humana una Opción para le futuro. Suecia, Cepaur, Fundación Dag
HammarskjÖld. Upsala, 1986.
MORIN, Edgar. Introducción al Pensamiento Complejo, Barcelona, Gedisa, 1996.
MORIN, Edgar. Los siete saberes necesarios para la Educación del Futuro,
Cooperativa editorial Magisterio, UNESCO, 2001.
SHELDRAKE, Rupert. Una Nueva Ciencia de la Vida, La hipótesis de la causación
formativa. Editorial Kairós S.A, Barcelona, 1990.
WAGENSBERG, Jorge, Complejidad e Incertidumbre Nuevas ideas para la
inteligibilidad de las formas. Mundo Científico Dossier Formas vivas.
WAGENSBERG, Jorge, Ideas para la Imaginación Impura 53 reflexiones en su propia
sustancia. Metatemas. Libros para pensar la Ciencia Colección dirigida por Jorge
Wagensberg, Barcelona, 1999.
Luz María Esperanza Gómez Acevedo
Ensayo Final Revisado del Diplomado de Transformación Educativa
Multiversidad Mundo Real Edgar Morin A.C
Psicóloga de la Universidad Nacional de Colombia
Maestra de la Escuela Normal de Bucaramanga

Educar es una función vital estratégica

  • 1.
    EDUCAR ES UNAFUNCIÓN VITAL ESTRATÉGICA Luz María Esperanza Gómez Acevedo Ensayo Final Revisado del Diplomado de Transformación Educativa Multiversidad Mundo Real Edgar Morin A.C Cuando ha ocurrido o debe ocurrir algo muy importante para la tribu, nuestros indígenas de la Amazonía realizan lo que denominan una minga de pensamiento, se reúnen en la maloka para pensar y conversar acerca del asunto. Durante la minga mambean la palabra, es decir hacen con la palabra lo que hacen en la boca con la pasta de coca, pasarla de un lado para otro hasta que obtienen lo que requieren de ella, su esencia, en el caso de la coca, lo que reducirá la fatiga y el hambre producida por el duro trabajo reconociendo, además, que están lejos de casa. La analogía sirve para mostrar como la palabra compartida alimenta, nutre y reduce el gasto energético, asunto de economía vital, sin embargo, ésta puede evaporarse, perderse y es por eso que, una vez terminada la minga, se recoge la palabra compartida en un canasto y se cierra para que conserve lo fundamental, guarde para siempre la palabra dura y emocional que pudiera haber herido u ofendido y mantenga presente lo no comprendido. La palabra construye y conserva las tramas relacionales que los mantienen unidos para protegerse y proteger la vida, concretar el bien común, el suyo y el de la selva. El canasto es un artículo indígena de paja tejida, de boca ancha, que permite contener diferentes cosas según la característica de la trama del tejido que le es propia. Hay tramas más compactas que otras, lo cual define lo que puede ser contenido, por ejemplo, la cosecha. La conversación ha producido sus propios frutos, se ha cultivado, hay que cuidar la cosecha, el origen latino de la palabra cultura es colere, cultivar, se cultiva con la palabra. Los frutos de la cosecha se pueden dejar desperdigados por donde cayeron, sucederán muchas cosas, seguramente, volverán a nacer nuevas plantas, las condiciones climáticas pueden secarlos antes de que logren su cometido, también se pueden recoger, ¡Oh que delicia, un mango! Con la palabra pasa lo mismo, sobrevivir en la selva
  • 2.
    requiere el artede aprender o ¿Será el del enseñar, o será mejor no usar la o sino la y? Tal vez mejor un -? Desde el comienzo del proceso educativo quise aprender de memoria los siete saberes necesarios para la educación del futuro que el doctor Morin nos enseña. Para mis sesenta y dos años es un reto interesante, cada cierto tiempo vuelvo y pienso en ellos y los escribo, evocando su significado, lo que les es esencial, a veces, la memoria traiciona las palabras o ¿Será a la inversa? ¿Podré confiar que en un determinado tiempo aún recordaré los siete saberes y, sobre todo, sabré por qué, cómo y para qué aprendí lo que me fue mostrado? ¿Cumplirán la misión de alimentar al cultivador? Una vez hecha la recolección dentro del canasto, la boca ancha del mismo que permitió guardar muchas cosas, debe cerrarse para evitar que el contenido no cumpla su función y la incertidumbre lo desparrame, es más, simbólicamente debe ser enterrado, debe volver a la tierra y así garantizar nuevos frutos. Cerrar el canasto es un rito, una ceremonia, la experiencia y el conocimiento adquirido deben ser conservados como parte de la memoria colectiva en la otra forma del ADN humano, la cultura. ¿Hoy en día hacen parte, por lo menos de mi cultura, esos siete saberes? ¿Habré superado las cegueras del conocimiento? Leí y conservé cada módulo, las respuestas que provocó el intercambio de información, pensé y repensé en la cantidad de profesionales altamente calificados que tenían interés en la educación y en los que tan generosamente compartieron sin preocuparse si eran o no leídos y contestados. Debe ser un asunto serio eso de la educación. Me planteé interrogantes una y otra vez acerca de la ceguera de la educación ¿Somos ciegos guiando a otros ciegos? Me pregunté ¿Qué es eso acerca de lo que todos conversamos? Noté que los aportes tomaban diferentes y estupendas direcciones, el azar jugaba a su favor, percibí las muchas ventajas de la comunicación virtual, tantos conectados a través de una magnífica herramienta, la internet, compartiendo saberes y experiencias a través de la palabra, sin embargo, algo hacía falta, no conseguía la iluminación, la sinergia que provocaba un conocimiento que ninguno poseía, no se daba ¿Tendría que buscarla al interior de mi misma y construir yo el nuevo conocimiento?
  • 3.
    Mejoré, resignifiqué algunaspalabras, metacognición, bucles, valle, por ejemplo. ¿Conllevó esto a la resignificación de mis espacios de relación, lenguaje y comportamientos, cómo saberlo? "Una vivencia es una interacción conel entorno, donde, porcierto, suceden las vivencias de los demás en cuyos entornos, sea dicho,vivoyo". Jorge Wagensberg Empecé a aclarar mi visión acerca del concepto de educación, diría más bien mi cosmosensión. Comprendí por qué siendo que el sentido de la vista no es el único, sin embargo, en nuestra cultura es el sentido de referencia lo cual hace ciertamente riesgosa la existencia en lugar de favorecerla. Dos ojos colocados en la parte superior de la cara, parte de un cuerpo soportado en dos pies, miran y amplían el horizonte, sin embargo, dejan la espalda al descubierto ¿Qué sería de nosotros entonces sin el oído, sin el olfato, sin la piel, sin el gusto? Las cegueras deben resolverse, la sordera, la anosmia, la ageusia, también, y sin tacto, no hay vida. ¿Educar será, entonces, algo así como exaltar la potencialidad de todos y cada uno de los sentidos para construir con la información que obtienen de las tramas relacionales establecidas, y las que se establecen, una cosmosensión que oriente la acción hacia el logro del bienser, del bienhacer, del bienestar y el bientener individual y colectivo? Importante recordar aquí que no es sólo del bienestar, palabra culturalmente mejor posicionada, tan lo está que el corrector ortográfico de mi computadora, avisa que hay un error en las otras. La cosmosención le da sentido a la vida, orienta nuevas búsquedas y acciones, renueva permanentemente el bucle que mantiene la vida y su calidad, tanto desde lo individual como desde lo colectivo, permite la auto-eco-organización. Esta fue mi primera construcción de conocimiento y pensé ¿Qué tan conscientes somos de lo que orienta nuestras búsquedas y acciones? ¿Navegamos sólo con el mapa genético, creamos mapas alternos? ¿Nos hacemos dueños de nuestro propio destino o navegamos sólo con los mapas que se nos proveen? ¿Siente la educación que una de sus funciones debe ser
  • 4.
    enseñarnos a crearnuestros propios mapas con la ayuda solidaria de los demás y lo demás? ¿Qué es lo educado, quién aprende-enseña? Un ser vivo ¿Qué significa ser un ser vivo? Una de mis maestras de primaria decía que había preguntas tontas por lo obvias; siempre se les contesta así a los niños y a las niñas, tal vez, por lo obvias casi nunca tenemos respuesta y no por ello son tontas, deberíamos reconocer, más bien, nuestra ignorancia, nuestra impotencia para reconocer lo obvio. Deberíamos aprender de ellos a preguntarnos por lo fundamental. No debe sorprender que la respuesta más frecuente a la pregunta anterior sea la de que los seres vivos son los que nacen, crecen, se reproducen y mueren. ¡Ah fuerza que tiene la escuela para imponer algunos conceptos por encima de nuestra condición natural! Los mencionados son procesos que realiza un ser vivo, pero el concepto mismo de ser vivo ¿cuál es? A mi me gusta la ayuda de Jorge Wagensberg. Para él cualquier objeto real divide el mundo en dos partes: él mismo y el resto del mundo. Ambas porciones del mundo pueden influirse mutuamente a través de una superficie común real o imaginaria: la frontera. Cambios en uno inducen cambios en el otro. Algunos objetos, muy pocos, exhiben una rarísima propiedad, tienden a independizarse de las incertidumbres del entorno, son los seres vivos. Para Wagensberg, un ser vivo es un rincón del universo empeñado en distinguirse de sus alrededores. Estar vivo es evitar que el resto del mundo devore las diferencias. ¿Cómo explicar, entonces, que la primera tarea en la cual la escuela parece haberse concentrado es en eliminarlas? Evocando ahora las palabras de John Taylor Gatto, en su discurso de aceptación del galardón de Maestro del Año de Nueva York, el 30 de enero de 1990 “Por qué la escuela no educa” dice el maestro que “Es absurdo y anti- vital ser parte de un sistema que te obliga a sentarte en lugares recluidos para gente de la misma edad y clase social que tú. Ese sistema te aparta radicalmente de la inmensa diversidad de la vida y de las sinergias de la variedad, de hecho te castra tu propio ser y futuro, acoplándote a un presente continuo de igual forma a como lo hace la televisión”. La escuela actual refuerza fundamentalmente este concepto, la universidad, para nuestra desgracia como especie, también. Una y otra vez se repitió esto mismo en el foro de mil maneras.
  • 5.
    El maestro Wagensberg,también, me enseñó, contrario a lo que había aprendido, que un ser vivo no se adapta, las piedras si. Ellas se calientan mansamente cuando en su entorno inmediato aumenta la temperatura, el ser vivo se auto-re-organiza para que su temperatura se mantenga como si en el entorno no hubiera ocurrido nada. “El ser vivo cambia para que nada cambie”, se reinventa para permanecer, se recrea a si mismo una y otra vez. Un ser vivo se inventó las glándulas sudoríparas y empezó a sudar para refrescarse cuando hacía calor, significativa diferencia con lo que hace una piedra. Aceptar la palabra adaptarse es aceptar lo que debería ser inaceptable, renunciar a la condición de ser un ser vivo. Voy ahora al maestro Morin, es necesario enseñar- aprender en bucle permanente la condición humana, ir a bucear, escalar, escarbar, lo que condiciona y define nuestra naturaleza, la de ser seres vivos. Un ser vivo no hace todo lo que hace sólo para atender y responder a fluctuaciones concretas, determinadas y predecibles del entorno, sería un desperdicio de energía vital y la vida tiene un principio fundamental, la pereza: Entre hacer y no hacer, mejor no hacer. Sugiere Wagensberg ¿Por qué abandonar la confortable cueva para salir a un mundo incierto a buscar comida, bebida, remedios para la salud o incluso una pareja a la cual convencer para una vida en común? ¿Por qué ahora y no luego? ¿Por qué desvivirnos por los descendientes en lugar de comérnoslos, con lo caro que son el estudio, la ropa, buscarles comida? ¿Por qué no todo de una vez, en lugar de esperar mejores opciones aunque menos seguras? Algo debe haber ahí que justifica el precio. ¿Qué tiene la incertidumbre que termina soportando el concepto de ser un ser vivo y ayuda en la búsqueda de la economía vital, ser, hacer, estar y tener más con menos, el bienser, bienhacer, bienestar y bientener del que hablamos antes? El maestro Morin otra vez “enfrentar la incertidumbre” ciertamente, no es enfrentarla, digo yo. La incertidumbre es la falta de certidumbre, certeza, conocimiento cierto. Un ser vivo tiende a independizarse de la falta de conocimiento cierto, algo puede pasar o no pasar, un adagio popular dice que “lo importante no es lo que nos pasa sino lo que hacemos con lo que nos pasa”. Es asunto de vida la respuesta a lo que acontece en el aquí y ahora, pasado y futuro en un mismo presente. Cada respuesta es, a su vez, hecho, causa, efecto y consecuencia de la trama que se teje con cada respuesta. Así se mide la condición de vivo, por la calidad de las respuestas ante las incertidumbres, por el ahorro de energía vital que consiga hacer, manteniendo en consecuencia su independencia de
  • 6.
    las mismas, aflorarla inteligencia. Nótese que no digo “independencia” de todo lo demás, no sobra recordar aquí los cuatro principios fundamentales de la ecología: Todo en el universo está conectado con todo. Todo va a alguna parte. Ninguna opción para mejorar puede resultar gratuita. No hay desayuno gratis. La naturaleza sabe lo que hace. Los cuatro principios anteriores hacen posible que a cada momento ocurran cosas que cambian la dirección de los acontecimientos, pensamientos, emociones y acciones, lo cual, a su vez, provoca respuestas que se transforman en nuevas incertidumbres, todo esto en incesante flujo de complejidades que exigen estar atentos para no sucumbir a aquello que ponga en riesgo la propia capacidad de respuesta, nuestra condición, la vida misma. Cada día trae su propio afán, bonita forma de interpretar la incertidumbre. Pocas veces somos conscientes de que es en el aquí y ahora, en el presente, donde se construye el futuro, el cual a su vez bien pronto será pasado. Para nadie es hoy extraño reconocer que la incertidumbre es un aspecto relevante del entorno, no es tanto el entorno en sí mismo como lo que ocurre en, con y por él. Aprender - enseñar a mantenerse independiente de la incertidumbre es cuestión de vida o muerte, es cuestión de inteligencia, cuestión de economía, por tanto debería ser razón y objeto de “la educación” Es curioso como la educación ha estado orientada fundamentalmente a hacer pensar que es posible eliminar las incertidumbres, haciendo creer, además, que éste es el camino correcto, enseñando a esperar, desde siempre, que se nos provea de certidumbre, de certezas, aceptando con ello negar lo que nos es propio, restando capacidad de independencia de la incertidumbre, capacidad de respuesta ante la misma, inteligencia, vida. Negar la incertidumbre, catalogarla como enemigo que debe ser enfrentado, disponer el cuerpo y el alma, no para el juego, la magia y la danza, si no para la lucha, el ataque y la defensa, es una de las razones fundamentales, sino la más importante, para eliminar el
  • 7.
    riesgo, la aventura,el ensayo, el error, la creatividad y transformar la vida humana, porque con la naturaleza es más difícil hacerlo, en escenarios artificiales, donde todos somos actores, con guiones preestablecidos “no se sabe por quién”; todo debe ser programado; todo es deber, derecho, obligación y norma, de esto sólo deberíamos acordar los mínimos máximos. Haber confundido escuela con educación tiene mucho que ver con la negación de la vida, con la falta de respeto por la misma, con la negación de la ética que religa al individuo, la sociedad, la especie y las demás especies, donde cada cual es fin y medio y ninguno absoluto, de donde surge la conciencia que nos hace humanos, como dice el Dr. Morin. Recordemos nuevamente al profesor Taylor Gatto “Es absurdo y anti- vital ser parte de un sistema que te obliga a escuchar a un extraño leyendo poesía cuando lo que realmente quieres es construir casas, o sentarte a discutir con extraños sobre la construcción de casas cuando lo que realmente quieres es leer poesía. Es absurdo y anti-vital moverte de aula en aula al sonido de una sirena durante todos los días de tu infancia natural en una institución que no te permite ninguna privacidad y que incluso te la quita en el santuario de tu propia casa pidiéndote que hagas tus "deberes". "¿Cómo aprenderán a leer?" dirán algunos y mi respuesta es "Recuerda la lección de Massachussets". Cuando los niños reciben experiencias completas en vez de las graduadas en aularios, entonces aprenden a leer, a escribir y calcular con total facilidad si esas cosas tienen sentido en el ambiente vital que les rodea” La cultura del control, soportado en el miedo y la culpa conlleva, necesariamente, a excluir las incertidumbres de la conciencia, eliminando el contexto. Sólo guardamos experiencias descontextualizadas. Más de un trastorno emocional es el resultado de una memoria que ha sido entrenada para vivir en el pasado y que no deja tiempo para el presente, para religar pasado, presente y futuro con el ser que está viviendo el aquí y ahora, ignorando con ello que son precisamente las incertidumbres las que llevan a la evolución de la vida; son sus requerimientos los que hacen posible la condición que nos define, la de evolucionar, la de encontrar respuestas creativas, ricas en diversidad, humor y complejidad, para saber qué, por qué, para qué, cuándo, cómo y dónde modificarse y modificar el entorno y no quedarse con los paralizantes “quizás”, como dice la canción o con los pesados bultos de culpas, a veces, imposibles de ser reparadas y que nos impiden ser “vivos”
  • 8.
    Si al servivo el ensayo le fracasa, hay varias posibilidades: que muera, se enferme, le duela, sufra, tenga una pérdida, un daño, sea infeliz y aprenda algo nuevo. Si bien, no siempre logra mantener la independencia del acontecimiento, si es posible que haya alguna lección para aprender ahí, la cual debe ser descubierta; para ello hay que dejar de lado la pereza y recomenzar claro, si no se muere, en cuyo caso, es posible que si otros observan el error, aprendan de la experiencia “En la naturaleza no hay mal que por bien no venga”. El ser vivo ensaya respuestas ante lo incierto, si la consecuencia le permite mantener su independencia de la incertidumbre, es decir seguir vivo, más aún, mejorar la calidad de su existencia, aprende, incluso aunque falle y se equivoque. Cada experiencia vivida se va guardando y pasa a hacer parte del patrimonio existencial, si se me permite el símil. Siempre se requerirá del tiempo y la fuerza de la experiencia para que este patrimonio adquiera, como pasa con el patrimonio cultural, ambiental o financiero, valor y, por tanto sea digno de ser transmitido a través de la información genética o la cultural, sea digno de ser utilizado como fuente de información, bases de datos, como se dice ahora, para elaborar nuevas, mejores y más creativas respuestas ante la incertidumbre, es algo así como un mapa de alternativas que nos apoya en la intención de seguir vivos el mayor tiempo posible. Este patrimonio existencial podrá reutilizarse una y otra vez, siempre y cuando se den las mismas circunstancias que lo generaron, curiosamente, a diferencia del dinero, si se usa no se gasta sino que se incrementa su valor. Cada nueva utilización dejará marcas en el ser sujeto de la acción las cuales, muchas veces, serán transmitidas a sus descendientes. El valor del patrimonio existencial sólo está sujeto a la bolsa de valores de la vida marcada por la incertidumbre, la cual lo mantendrá o incrementará en la medida que permita responder y mantenerse independiente de las mismas, seguir la vida con calidad, no sólo la suya propia, sino la de los demás y la de todo lo demás, incluido el planeta. Hace aquí aparición el otro saber indispensable si se habla de educación “La identidad terrenal” yo cambiaría lo de terrenal por planetaria, este planeta es más que tierra, de hecho, es más agua, fuego y atmósfera. Es función de la educación enseñar-aprender para saber participar activamente en la creación del patrimonio existencial individual y colectivo, no sólo debe mostrar como participar de la construcción del patrimonio financiero o político, razón que motiva más
  • 9.
    de una inversiónen escuelas, colegios y universidades. Es su función dejar improntas particulares en cada ser vivo, haciéndolo único e irrepetible, por tanto, legítimo. Si éstas experiencias han sido, también, repetidas por sus congéneres en un número significativo de ellos, se crea masa crítica, la impronta se puede hacer colectiva, diferenciar y permitir la co-evolución de la especie, como sugiere Rupert Sheldrake en su principio de la Causación Formativa: “Las forma físicas y químicas no se repiten porque estén determinadas por leyes inmutables o formas eternas, sino a causa de una influencia causal de formas similares anteriores. Esta influencia, a diferencia de cualquier otro tipo de acción física conocida, actuaría a través del espacio- tiempo”. Doy un ejemplo, entre más habilidad tengamos para montar bicicleta y además lo hagamos por un buen tiempo los humanos, más probable es que otros humanos, puedan hacerlo con mayor facilidad y, en algún tiempo, nacerán niños y niñas con disposición innata a montar bicicleta, igual que pasa con el manejo de las computadores, donde muestran mayor naturalidad y destreza que los adultos, quienes fuimos sus inventores, bueno, los que lo hicieron. Esta teoría ejerce mucho encanto sobre mi porque hace menos dura la experiencia de aprender habilidades nuevas cada día, competencias, como se dice actualmente, porque incrementan el valor de aprender dado que el esfuerzo, también, va a favor de la especie y el planeta, reduciendo con ello los costos vitales para las generaciones futuras. La edad se vuelve irrelevante a la hora de aprender-enseñar. Las habilidades adquiridas configuran masa crítica, se enseña sin enseñar, se aprende sin aprender. Otro nuevo aprendizaje. Aprender a valorar la potencialidad que hay en nuestro interior, en el de cada uno de los seres humanos y en las otras especies que hacen parte del planeta, permite ampliar las opciones de responder a lo incierto, al riesgo, la aventura, lo inesperado, lo desconocido, lo crítico, evaluar que tan efectivos, eficaces y oportunos podemos ser o pueden ser los demás y todo lo demás, para responder ante la incertidumbre y, con ello, valorar y aprovechar lo que el entorno nos brinda, función que debería ser, digo yo, de la “Educación”: Aprender-enseñar a responder con eficacia, efectividad y oportunidad ante lo inesperado, de tal manera que aumenten las opciones individuales y colectivas de mantener la calidad de la vida en el planeta. Ciertamente, nuestra misión como humanos con conciencia, capaces de metacognición.
  • 10.
    La educación nodebe ser sólo un aporte de datos es, también y muy especialmente, construcción individual y colectiva de conocimiento, información, energía estructurada, la cual al volverse parte del ser en el intercambio relacional, permite autoconstruirse, darse forma, la autopoiesis, como la llama Humberto Maturana. Formas siempre nuevas cada vez más capaces de conservar lo fundamental, la identidad del ser, esas características particulares que, si se mantienen, todo lo hacen único e irrepetible, como es cada uno, como lo es el planeta, contribuyendo así entre todos y todo a hacer parte de la identidad planetaria. ¿No será hora de agradecer a las bacterias el haber sabido qué hacer con el venenoso CO2 que provocaron en abundancia con el oxígeno, cuando inventaron los procesos respiratorios. Agradecer a las plantas su invento de la clorofila para producir y conservar la energía solar, sus dulces y seductores frutos, el valor de los que son amargos, venenosos, con espinas. Igualmente, hacerlo con aquellos seres humanos que al inventarse la melanina que pinta la piel de oscuro, hoy nos permite defendernos de la perpendicularidad de los rayos solares en las zonas tropicales del planeta, ahora que el calentamiento global es innegable? Resignificar el concepto de educación es fundamental para aprovechar el 98.27% de disponibilidad de nuestros genes, de los cuales se dice que sólo viene activo cuando nacemos, el resto, (1,73%). Tal vez con ello la vida en su sabiduría, quiso tener a su favor una amplia gama de posibles y por qué no "probables" respuestas ante la incertidumbre, buscando con ello, formas de integrar las generaciones en contextos de formación, con la aceptación de lo legítimo de todos, todas y de todo, para compartir información y construir el conocimiento que finalmente permita comprender lo que significa “Lo humano de la vida” la educación puede ser la más creativa y económica de las estrategias para garantizar nuestra permanencia en el planeta. Es muy importante reconocer, una y otra vez, que estamos hechos para este mundo de magia donde la incertidumbre es reina absoluta, ese mundo donde retarla en juego y danza, cuerpo a cuerpo, es lo fundamental; sabemos que siempre termina ganando, sin embargo, nuestro valor radica en hacer posible que se demore en conseguirlo, en prolongar el juego y la danza ¿Hasta cuando? Hasta siempre, si es posible, hasta cuando vencidos miremos alrededor y observemos el resultado: niños y niñas a los que se les permite dar rienda suelta a lo que realmente son; hombres y mujeres que reconozcan lo
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    que de único,de legítimo hay en cada ser, en cada momento, en cada territorio, en cada alegría, en cada lágrima, en cada idea; artistas, sacerdotes, políticos y científicos orientando decisiones tales como que, iremos a Marte sólo después de saber como ir y haber ido, realmente, al interior de si mismo. Este es el gran reto de la educación enseñarnos-aprender la comprensión, asunto bien diferente a la compresión, como nos han hecho creer. Hemos ignorado por mucho tiempo que la posible mutación que nos dio origen como humanos nos ha permitido conservar la condición del neonato, el que aprende todo el tiempo, que las improntas en los animales duran escasamente los primeros minutos luego del nacimiento en el pato, 20 minutos, según Lorenz, el etólogo, mientras que en nosotros los humanos parecen durar toda la existencia. Hemos ignorado que nuestra naturaleza es creativa, que los niños y las niñas aprenden el lenguaje usándolo para su beneficio, éste no es una imitación o tonta reproducción y que la tarea de aprender el lenguaje soporta el aprendizaje cognitivo y, tal vez, no sea al revés. Y, sobre todo, hemos ignorado que la compleja tarea de aprender, implica que primero debemos comprendernos, co – aprehendernos, a nosotros mismos, asumirnos conscientemente, reconocer lo que ocurre en nuestro interior, “algo pasa conmigo” ¡Ah ya se! Hambre…leche…mamá. Justo en ese momento reconocemos el mundo de las interacciones y la acción consecuente para que se den las retroacciones. Al comienzo lloramos, mamá llega y con ella la leche y saciamos el hambre. Las sensaciones que movieron a la acción han desaparecido, el estado del ser ha sido cambiado por el hacer de “la otra” que llegó con un tener que le es propio. La interacción produce nuevos códigos, curioso, casi el mismo para todas las lenguas. Hemos comprendido, co-aprehendido, que mamá sabe responder a nuestro requerimiento, “mamá, tete” la comprensión se hace mutua, hay coordinación de coordinaciones como dice Maturana. El lenguaje se construye en la conversación con mamá, el cerebro de ambos, también, igual que pasó hace miles de años. En el mundo actual las relaciones maternales se han ido progresivamente haciendo operantes, dejaron de ser funcionales, respondientes a las necesidades que nos definen, Max Neef y sus compañeros de equipo en el Modelo de Desarrollo a Escala Humana nos proponen como necesidades humanas fundamentales las de: subsistencia,
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    protección afecto, entendimiento,participación, ocio, creación, identidad, libertad y trascendencia. Mamá ya no tiene tiempo para “la conversa”, la leche queda envasada en la nevera y mamá desaparece. Se delegan las funciones enseñantes-aprendentes para ir a la oficina, al trabajo, a la universidad. Se nos olvida, a veces, que la responsabilidad inherente a la función enseñar-aprender no puede ser delegada porque esta debe ser co-aprendida, co- enseñada. Cuando la conversación se interrumpe pasamos de comprender a no comprender, la construcción e integración de lo verdaderamente humano, también, se interrumpe. Y ni qué decir de las dificultades para comprender lo no humano. Todo conocimiento a ser compartido, para ser comprendido, debe ser conversado cara a cara, sintiendo complejo, no sólo mirando, también, pensando, escuchando, oliendo, gustando, actuando. Nótese como en la escuela la forma de colocar los pupitres, impide la comprensión, eso si, exalta “la autoridad”. Los niños y las niñas se dan la espalda, sólo ven al profesor y no al maestro, para verlo como tal éste debe ponerse a su altura e integrarse en mesa redonda sentados juntos alrededor del saber que se quiere compartir, el de un árbol, por ejemplo. Mi experiencia dice que a pocas cosas le temen más los humanos que a conversar, justamente, “porque en juego largo hay desquite” y nada dice más de nosotros mismos que una larga conversa, eso lo he descubierto en mis largos años como profesional de la psicología. No hay test más duro que un tiempo largo de conversa, las barreras se diluyen en la palabra y surgimos tal como somos, a veces ave fenix, a veces minotauros, a veces, madejas enredadas y confundidas, lástima, pocas veces humanos, realmente, humanos. Hoy en día hay pocos procesos formativos que permitan el error, la equivocación, menos aún que los promuevan. Todo debe ser certeza o mejor no hable, “en boca cerrada no entra mosco”. La palabra se volvió peligrosa, quien la pronuncia aún más, a pesar de saber que hablando se comprende, entiende, aprende y enseña, que el cerebro, el territorio, la vida humana, la vida misma, se construyen en la conversación, pregúnteles a los pájaros por la razón de sus trinos. Esto no significa que el error, la equivocación, la falla, el accidente, el engaño, dejen por fuera la responsabilidad que a cada uno le compete por las consecuencias que sus palabras, decisiones y actos
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    provocan. Hay queponer al lado de la vergüenza de haber dañado u ocasionado sufrimiento, el espíritu que está dispuesto a no ignorar el acto de reparación que le debe ser consecuente. Esta reflexión me lleva y religa con los principios de un conocimiento pertinente. El conocimiento pertinente debe educar para la libertad, el poder de decidir autónomamente qué ser, hacer, estar y tener, con la previsión, medida y aceptación de las consecuencias en si mismo, los demás y todo lo demás. Ineludiblemente, esto significa, la comprensión y aceptación del contexto, de su compleja unidiversidad, es por eso mismo, tal vez, que a nada le tiene más miedo el ser humano que a la libertad, como dice Erich Fromm, porque la libertad implica la aceptación del libre albedrío, la responsabilidad individual y colectiva, la aceptación consciente de lo que se es, ser vivo humano, además, de aceptar que se es uno con el contexto del que se hace parte en un momento dado, lo cual a su vez puede ser el origen de nuevos contextos que a su vez podrán modificarnos y modificar la especie, las otras especies, el planeta. Educar debe ser el acto de liberar la libertad en aras de enseñar-aprender para ofrecer lo que de único tenemos para responder ante la incertidumbre. Educar es función vital estratégica. La libertad y, por tanto, la responsabilidad consecuente están ligadas a tomar del entorno lo que se necesita de él, a la vez, retornar al entorno lo que éste necesita de cada uno. Cuando tomamos y no damos en generosa reciprocidad, robamos. Robar es no dar nada de si, decía un indígena colombiano y, agrego yo, robar es romper la trama relacional con el contexto y consigo mismo, sin ser capaz de rehacerla, es romper el entramado relacional que a todos, a todas y a todo une, sostiene, cuida y conserva hasta cuando se acabe la danza, el juego; es más, robar es no reconocer que hay mucho para dar de si, es parecer pobre sin serlo. Robar empobrece, rompe la armonía que solidariza, hace fuerte y enriquece. Es función de la educación ayudar a recuperar la sabiduría universal que subyace en cada una de nuestras células, en cada principio que nos configura y configura el planeta. La educación no roba porque sabe que todos y todo cuenta como fuente de armonía, sabe, reconoce y acepta que cada ser es inmensamente rico, simple y llanamente, porque es capaz de crear riqueza con lo que es, hace, está y tiene. Estamos hechos para eso, nos viene por naturaleza. La necesidad lo determina.
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    Para Wagensberg, lanecesidad es lo que favorece la probabilidad de que emerja o se mantenga un individuo, la función es lo que filtra lo más conveniente para conservar la independencia de la incertidumbre, es la que hace posible superar el desfase entre lo que se es, hace, tiene o está en términos de lo que se requiere ser, hacer, estar y tener en términos de la incertidumbre y en relación con un contexto determinado. Toda función vital es estratégica en términos de posibilitar la permanencia de la vida. La necesidad es fuerza generadora, la función es fuerza conservadora. La necesidad motiva y moviliza, para Manfred Max Neef, Antonio Elizalde, Martín Hopenhayn y sus colaboradores, la necesidad en relación con los humanos, no es una sola sino varias “Las necesidades revelan de la manera más apremiante el ser de las personas, ya que aquel se hace palpable a través de éstas en su doble condición existencial: como carencia y potencialidad. Al ser concebidas como carencia y potencialidad, simultáneamente, según ellos, no puede decirse “que se satisfacen o se colman”, más bien, deben vivir y realizarse de manera continua y renovada, de manera individual y colectiva. Lo que se satisfacen son los deseos, las expectativas, no las necesidades. Las necesidades, están inmersas en el código genético, no están determinadas por la cultura, no son muchas y mucho menos infinitas. Para los autores anteriores las necesidades son múltiples e interdependientes, son un sistema, y pueden clasificarse como existenciales y axiológicas o fundamentales. Las primeras son Ser, Hacer, Estar y Tener, las segundas son sólo nueve y habría una décima en proceso de codificación genética: Subsistencia, Protección, Afecto, Entendimiento, Participación, Ocio, Creación, Identidad y Libertad, en codificación, Trascendencia. Cuando las primeras, ser, hacer, estar y tener, adquieren forma específica se convierten en satisfactores o medios para vivir y realizar las necesidades fundamentales. Estos últimos sí están influidos por la cultura, igual que los bienes: artefactos, conocimientos y tecnologías que afectan la eficiencia de los satisfactores. Resulta particularmente inquietante que algo tan obvio como identificar las necesidades humanas fundamentales, no sea una actividad cotidiana de personas, grupos, empresas, sociedades, instituciones educativas, gobiernos y Estados, dado su significado e
  • 15.
    importancia para definirla calidad de vida individual y colectiva y darle sentido a la misma. Más inquietante aún, es que la educación cuya función es apoyar, promover, favorecer, adelantarse y controlar, las formas de ser, hacer, estar y tener que aumenten la probabilidad de independencia de la incertidumbre, haya estado tan ciega, sorda, muda, atáxica, agéusica e insensible a la comprensión de las mismas y dejar de considerarlas como principio de conocimiento pertinente. ¿Tendrá algún sentido esta inconsistencia e inconsciencia? ¿Control social? ¿Supervivencia de algunos genes que se consideran de mejor calidad que los de otros y quieren ser preservados conservando, sus poseedores, el control de este conocimiento y los recursos, para hacer efectivas las riquezas de la diversidad para provecho propio y no el de todos y todo, como debería ser? ¡No sería extraño! los leones matan los cachorritos que no son suyos para que la leona se vuelva a aparear con él y puedan conservarse sus genes, no los genes. Cultura y Educación son casi hermanas siamesas ¿Debe la cultura también revisar su función? Interpretada ésta por mi como el sistema social de interpretaciones cuyo significados valorados y compartidos por una comunidad humana específica, determinan la manera predominante, por tanto aceptadas, de ser, hacer, estar y tener, con el objeto que cada individuo en particular, así como el colectivo en general, puedan vivir y realizar sus necesidades fundamentales, adelantándose y controlando formas de ser, hacer, estar y tener aumentando de esa manera la capacidad de independencia de la incertidumbre de los individuos vivos que la componen, humanos y no humanos, favoreciendo su permanencia, la permanencia de su entorno, la del planeta en general y ¿por qué no, de lo que ignoramos? ¿Será tarde para replantear la función de la educación y la cultura? ¿Será que aún hay tiempo para comprender que, además, de reconocer las posibilidades que el entorno pone a disposición de los grupos o personas para realizar estas necesidades, es necesario examinar en qué medida la cultura y la educación se adelantan, estimulan, permiten, toleran, controlan o reprimen que las posibilidades disponibles sean ensanchadas y recreadas por los propios individuos o grupos que la componen, como dicen Max Neef, Elizalde y sus otros colaboradores, para ampliar con sus formas de ser hacer, estar y tener las posibilidades de permanencia de la vida? Podemos jugar entre todos y todas a hacer una lista de bienseres, bienhaceres, bienestares y bienteneres?
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    Recordemos nuevamente loque estos autores nos dicen, tanto más rica una cultura y su contexto cuantas más oportunidades ofrezcan de satisfactores y bienes que permitan vivir y realizar todas y cada una de las necesidades fundamentales de aquellos y de aquello que hacen parte. Tanto más pobre, cuantos menos satisfactores y bienes pueda ofrecer, disponer y aprovechar para vivirlas y realizarlas. La calidad de vida dependerá de las posibilidades que nos demos y nos de el entorno de aumentar nuestras verdaderas riquezas y reducir las pobrezas. Un buen indicador será, precisamente, el grado de igualdad de oportunidades que se tenga al respecto, la educación y la cultura tienen aquí su máximo reto. Si la educación superior se encontrara con la media y la primaria y éstas con la madurez y la ancianidad, tal vez, podríamos dar un salto significativo y valioso al futuro para el cual estamos diseñados. Los jóvenes, mayores y ancianos podrían recuperar la capacidad de atención de los pequeños y su sentido de multienfoque persistente, los más pequeños podrían comprender lo que de bueno se puede hacer con la curiosidad, el invenio, la investigación y la aventura; los mayores podrían mostrar las ventajas del conocimiento ligado a la experiencia, el pensamiento complejo, el trabajo solidario y el análisis de potencialidades y riesgos. Si en sinérgica relación la biodiversidad, el intergénero, la integeneracionalidad, la multidiversidad de razas, culturas, pensamientos, trabajaran en equipo, las tramas relacionales emergentes y los saberes consecuentes tal vez pudieran terminar por sugerir un nuevo grado de co- responsabilidad y por tanto un nuevo salto co-evolutivo para bien individual, colectivo y del planeta y nuestras angustias y sufrimientos podrían ser, al menos, diferentemente nuevos.
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    BIBLIOGRAFÍA FROMM, Erich. Tenero ser. Fondo de Cultura E, México, 1987. MATURANA R., Humberto. La realidad: ¿objetiva o construida? México. Universidad Iberoamericana, 1996. MAX NEEF, Manfred; ELIZALDE, Antonio; HOPENHAYN, Martín. Desarrollo a Escala Humana una Opción para le futuro. Suecia, Cepaur, Fundación Dag HammarskjÖld. Upsala, 1986. MORIN, Edgar. Introducción al Pensamiento Complejo, Barcelona, Gedisa, 1996. MORIN, Edgar. Los siete saberes necesarios para la Educación del Futuro, Cooperativa editorial Magisterio, UNESCO, 2001. SHELDRAKE, Rupert. Una Nueva Ciencia de la Vida, La hipótesis de la causación formativa. Editorial Kairós S.A, Barcelona, 1990. WAGENSBERG, Jorge, Complejidad e Incertidumbre Nuevas ideas para la inteligibilidad de las formas. Mundo Científico Dossier Formas vivas. WAGENSBERG, Jorge, Ideas para la Imaginación Impura 53 reflexiones en su propia sustancia. Metatemas. Libros para pensar la Ciencia Colección dirigida por Jorge Wagensberg, Barcelona, 1999. Luz María Esperanza Gómez Acevedo Ensayo Final Revisado del Diplomado de Transformación Educativa Multiversidad Mundo Real Edgar Morin A.C Psicóloga de la Universidad Nacional de Colombia Maestra de la Escuela Normal de Bucaramanga