MATERIAL DIDACTICO 
ANTOLOGÍA 
MODULO DE ECOLOGÍA 
HUMANA 
2012 
PROFESORES QUE PARTICIPARON EN LA 
SELECCIÓN DE LOS MATERIALES 
GUADALUPE MARCELA TORRES ESCUTIA 
LUIS ANTONIO REY NOELLER SANDOVAL 
PROFESORA ENCARGADA DE LA CORRECCIÓN DE ESTILO 
CRISTINA GODINEZ CONTRERAS 
ANTOLOGÍA APROBADA EN LA SESIÓN ORDINARIA DEL COMITÉ 
ACADÉMICO DE LA CARRERA DE ENFERMERÍA EL 31 DE AGOSTO DEL 
2011 COMO UN MATERIAL QUE APORTA LAS HERRAMIENTAS QUE 
FACILITAN Y FORTALECEN EL ESTUDIO DE LAS CIENCIAS SOCIALES 
EN LAS Y LOS ALUMNOS DE LA LICENCIATURA DE ENFERMERÍA 
1
INDICE 
INTRODUCCIÓN………………………………………………………………………………….. 
CONSIDERACIONES GENERALES................................................................................... 
1. LAS CIENCIAS SOCIALES………………………………………………………………... 
1.2 SOCIOLOGIA……………………………………………………………………………… 
1.3 ANTROPOLOGÍA…………………………………………………………………………. 
1.4 ECONOMÍA…………………...…………………………………………………............... 
1.5 PSICOLOGÍA SOCIAL…………………………………………………………………… 
1.6 CIENCIA POLÍTICA……...…………………………………………………................... 
1.7 HISTORIA…………………………………………………………………………………. 
ACTIVIDADES………………………………………………………………………………… 
BIBLOGRAFÍA………………………………………………………………………………… 
2. TEORÍAS SOCIOLÓGICAS……………………………………………………………. 
2.1 ANTECEDENTES HISTÓRICOS……………………………………………………… 
2.1.1 AGUSTO COMTE……………………………………………………………………... 
2.1. 2 EMILIO DURKHEIM…………………………………………………........................ 
2.1.3 MAX WEBER………………………………………………………………………….. 
2.2 SOCIOLOGÍA MODERNA……….……………………………………………………... 
2.2.1 LA TEORÍA DEL INTERCAMBIO: HOMANS, MEAD, GOFFMAN…………….… 
2.2.2 LA SOCIOLOGÍA CULTURAL………………..……………………………………… 
2.2.3 LA SOCIOLOGÍA CRÍTICA……………….………………………………………..... 
ACTIVIDADES………………………………………………………………………………. 
BIBLOGRAFÍA………………………………………………………………………………. 
3.1 SOCIEDAD………………………………………………………………………………. 
3.1.1 CONCEPTO……………………………………………………………………………. 
3.1.2 DINÁMICA………………………………………………………………………………. 
3.1.3 ESTRUCTURA………………………………………………………………………….. 
3.1.4. CLASES SOCIALES…………………………………………………………………… 
3.1.5. ORGANIZACIÓN…………………………………………………………..…………… 
ACTIVIDADES………………………………………………………………………... ………. 
BIBLIOGRAFÍA………………………………………………………………………………… 
3.2 FAMILIA…………………………………………………………………………………….. 
ACTIVIDADES………………………………………………………………………................ 
BIBLIOGRAFÍA…………………………………………………………………………………. 
4 EDUCACIÓN…………………………………..………………………………………….. 
ACTIVIDADES……………………………………………………………………….. ………. 
BIBLIOGRAFÍA…………………………………………………………………………………. 
4.1 ECONOMÍA……...…………………………………………………………………………. 
ACTIVIDADES………………………………………………………………………………….. 
BIBLIOGRAFÍA…………………………………………………………………………………. 
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INTRODUCCIÓN 
Esta Antología de Ecología Humana está dirigido a las y los estudiantes de la 
carrera de enfermería de la Facultad de Estudios Superiores de la Universidad 
Nacional Autónoma México; la cual intenta ser una herramienta que permita fortalecer 
el estudio de las Ciencias Sociales. 
El objetivo específico de la asignatura es analizar los aspectos sociales, 
históricos, culturales y antropológicos a través de los conceptos y teorías que 
caracterizan al individuo, familia y comunidad, así como su impacto en la salud; 
dentro de las competencias profesionales se quiere que los estudiantes logren 
detectar e interpretar las necesidades sociales de mujeres y hombres desde 
diferentes enfoques teóricos y su aplicación en el campo de la atención de 
enfermería, aspectos que serán abordados en esta antología de forma didáctica. 
El fundamento de la materia es que en ecología humana se analiza a la 
población adaptada por la cultura y el espacio en donde se observa la organización 
social y el desarrollo de la tecnología en el medio ambiente, estos aspectos generan 
inestabilidad y conflicto entre los seres humanos y en ese proceso se manifiesta la 
adaptación o la enfermedad. 
En relación a lo anterior, la Organización Mundial de la Salud ha definido a la 
salud como un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la 
ausencia de afecciones o enfermedades; esta percepción es importante porque 
creemos que el ser humano esta involucrado en diversos ámbito, que precisamente 
están vinculados a un concepto integral y ecológico que se tienen que considerar 
para lograr un equilibrio y es donde intervienen las diversas disciplinas para 
comprender el proceso salud-enfermedad en el individuo, como son: espiritual 
(humanismo), mental (psicología), cultural (antropología), social (sociología), laboral 
(economía), entre otros. 
Hemos procurado no poner capítulos completos de libros o artículos extensos 
porque queremos que este documento sea los más accesible y didáctico para las y 
los estudiantes que cursan la carrera de enfermería en las 32 horas que dura la teoría 
puedan comprender las aportaciones que se hace desde las Ciencias Sociales a la 
Licenciatura de Enfermería. 
3
En este sentido señalamos cinco aspectos que se deben de considerar en la 
lectura del documento: en algunos casos se presentarán breves fragmentos de 
algunos estudiosos del tema; en otros son breves definiciones que creemos 
permitirán que las alumnas logren alcanzar una idea clara acerca de cada una de las 
disciplinas, en otros momentos se observaran algunas aportaciones que realiza en el 
documento la Maestra Guadalupe Marcela Torres Escutia quien tiene estudios de 
posgrado en Estudios Políticos y Sociales por la Facultad de Ciencias Políticas y 
Sociales en la UNAM, esto con la intensión de lograr una mejor comprensión de los 
apartados desarrollados y finalmente se plantean una serie de actividades que son 
importantes que el estudiante desarrolle para reforzar lo que esta leyendo. 
Es relevante señalar que la Maestra desde hace tiempo ha tenido la gran 
inquietud de elaborar un documento con estas características pero ha sido hasta 
estos últimos meses cuando se ha podido concretar este proyecto. 
Cabe señalar que este documento, como muchos otros, es un documento 
inacabado y nuestra intensión es ir mejorando la presentación y contenidos año con 
año. 
Queremos que este trabajo contribuya a despertar el interés de nuestras 
estudiantes y los conduzca a consulta otras obras que enriquezcan sus 
conocimientos para beneficios de la carrera de Enfermería. 
El documento lo hemos organizado de la siguiente manera: en el primer 
apartado titulado Las Ciencias Sociales se presentan definiciones sobre diversos 
conceptos como son: Ciencias Sociales, Sociología Antropología, Lingüística, 
Economía, Psicología Social, Ciencia Política, Historia y Derecho. 
En este primer capítulo utilizamos un fragmento de Anthony Giddens quien es un 
teórico moderno, que en entre sus principales logros se encuentra haber obtenido el 
Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales en 2002; y de una manera muy 
sencilla define a la sociología y nos interesa que en un primer momento las 
estudiantes tengan una idea básica de lo qué es la sociología y cuál es su campo de 
estudio. 
Hemos utilizado un fragmento de Richard J. Gelles; Ann Levine, esta aportación 
es muy interesante porque describe el campo de acción de las principales ciencias 
sociales como son psicología, antropología, economía, ciencia política y parte de la 
historia. 
4
También utilizamos un fragmento de Levi-Strauss titulado El análisis estructural, 
en lingüística que es documento más complejo y que implica que las estudiantes 
presten más atención y reflexión en la disertación del autor y seleccionamos este 
trabajo por que nos pareció apropiado que las alumnas conocieran a uno de los 
teóricos básicos que se deben de leer desde la Antropología. 
También utilizamos un breve fragmento de libro Introducción a la psicología de 
Wolff Werner, quien describe las diversas vertientes en las que se divide la 
psicología, aspecto que creemos permitirá que nuestras estudiantes establezcan un 
vínculos entre los contenidos que se imparten en las asignaturas de enfermería, salud 
mental y ciencias sociales. 
En el apartado correspondiente ha la Ciencia Política rescatamos un fragmento 
de la obra La política como ciencia de Rosendo Bolivar Meza, este autor describe en 
forma muy sencilla el objeto de estudio de esta disciplina y permite al estudiante de 
enfermería tener claridad del lugar que ocupa como un ente organizado en los 
elementos que conforman al Estado. 
Hemos creído conveniente colocar en el apartado de historia a Martín Heidegger 
con un documento que se llama el Concepto del Tiempo que permitirá al estudiante 
de enfermería reflexionar en términos de la importancia del pasado histórico tanto en 
la carrera como en la vida cotidiana. 
Finalmente en este capítulo rescatamos una definición de Efrain Moto Salazar 
sobre qué es el Derecho, la cual nos parece relevante retomar porque precisamente 
las estudiantes de enfermería tendrán que conocer y analizar a los largo de la carrera 
los instrumentos legales que utilizarán en su vida profesional. 
En el segundo capítulo que lleva por nombre Teorías Sociológicas se inicia con 
una breve presentación que desarrolla la Maestra Marcela Torres y como parte de los 
antecedentes se presentan las aportaciones de tres teóricos de la sociología: Agusto 
Comte, Emilio Durkheim y Max Weber. 
De Agusto Comte se incluye un fragmento de la obra Sociedad a través de los 
Clásicos de Alfredo Careño resaltado el concepto de progreso y la Ley de los tres 
estados para alcanzar la satisfacción del ser humano; Más adelante se presenta una 
obra de Emilio Durkheim en donde se relaciona el trabajo, la felicidad y la salud; en el 
caso de Max Weber es analizado por Gina Zabludovsky haciendo énfasis en los tres 
“tipos ideales” de dominación legitima y reflexionado sobre el poder. 
5
No hemos incluido fragmentos de lectura de Talcott Parsons, en este capitulo 
porque queremos que las estudiantes investiguen sus aportaciones y realicen una 
actividad que les permita precisar las características de la corriente Estructural 
Funcionalista, con miras a resaltar que la sociedad esta en equilibrio y que todos los 
seres cumplen una acción social en el sistema. 
En este mismo capítulo la Maestra Marcela Torres desarrolla las principales 
aportaciones de Homans, Mead y Goffman; los dos primeros dan importantes 
aportaciones a la teoría del Intercambio, y Goffman sostiene que todos los seres 
humanos viven una gran obra teatral y que en cada momento se representa un papel. 
En el apartado de la Sociología Cultural se presenta una obra de Michel Foucault 
que lleva por nombre El Ojo del Poder, quien reflexiona sobre la arquitectura 
hospitalaria, las clínicas, los médicos y los espacios de poder; otro autor importante 
es Louis Althusser quien retoma las teorías marxistas para hacer análisis sobre su 
realidad en donde resalta la industrialización, el trabajo y su impacto en el 
proletariado aspectos que permite comprende el proceso de industrialización en el 
proceso salud-enfermedad de los individuos; Gilberto Gimenéz un importante 
investigador del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM aborda las Teorías 
de Pierre Bourdie, resaltando el concepto de Habitus, el campo social y los diversos 
tipos de capitales con los que cuenta el ser humano 
En el apartado la Sociología Crítica se presenta a Regina Jimenez-Ottalengo 
quien describe el surgimiento de esta teoría y sus principales exponentes como son 
Theodor Adorno, Max Horkheimer y Herbert Marcurse, quienes en la década de los 
treinta y cuarenta se cuestionaban el imperio de la violencia, la dureza del estalinismo 
y los holocaustos judíos y japonés; y un poco más tarde, Jurgens Habermas, quien ha 
ejercido gran influencia con los estudios sobre la comunicación y la cultura, aspectos 
que impactan de diferente forma a los seres humanos y permitirán que las 
estudiantes de enfermería desarrollen elementos críticos al realizar sus propios 
En el apartado tres se presenta un ensayo de la Maestra Guadalupe Marcela 
Torres Escutia en donde se presentan varios aspectos de la sociedad desde diversos 
teóricos, así como su estructura, las clases sociales y formas de organización: 
histórico, institucional y jurídico, en relación a este último se énfasis al Estado 
Mexicano, esto con la finalidad de que las estudiantes tenga un panorama general de 
la forma en como se ha organizado la sociedad desde el pasado hasta el día de hoy y 
6
finalmente se recomendarán una serie de actividades que permitirán a la estudiante 
de la salud refuerce lo leído en este capítulo. 
En el apartado concerniente a la Familia se presentarán algunos enfoques que 
abordan el tema, la Maestra Torres rescata la diversas funciones que tiene la familia 
según el punto de vista de Cuahutémoc de Anda, también se presenta un breve 
fragmento de Anthony Giddens quien nos describe a la familia y sus efectos en la 
globalización y finalmente se presenta un fragmento de Levis Stauss porque 
queremos que las alumnas de enfermería conozcan las reflexiones que hace un 
teórico clásico de la antropología al tema del parentesco, finalmente se presenta un 
apartado de actividades a realizar para fortalecer la comprensión de las lecturas del 
capítulo y también se amplían las actividades encaminadas a promover el espíritu de 
investigación por parte de las alumnas al solicitar la indagación del concepto de 
cultura, tanto popular como tradicional, normas y valores, así mismo se les solicita la 
búsqueda de los antecedentes de la religión y su influencia en el campo de la salud. 
En este apartado relacionado a la Educación se aborda el concepto de 
educación y lo que implica la educación formal e informal, desde un breve fragmento 
de Jesús Carlos Reza Trosino y se pide la realización de un ensayo para vincular la 
lectura con las experiencias de vida de las alumnas 
Finalmente en el apartado asignado a Economía que es desarrollado por la 
Maestra Torres se presenta la definición del concepto y sus dos principales campos 
para después vincular a la economía al área de la salud; de tal forma que la alumna 
de enfermería puedan tener una idea clara de la relación que existe y pueda realizar 
las actividades didácticas con más facilidad. 
Como se observa este es el contenido de la antología que hoy presentamos y 
que esperamos que contribuya a la mejor comprensión de las Ciencias Sociales en la 
Carrera de Enfermería de la Facultad de Estudios Superiores Zaragoza 
7 
Marce y Toño
8
9 
CONSIDERACIONES GENERALES 
En este apartado se presentarán definiciones sobre diversos conceptos como 
son: Ciencias Sociales, Sociología Antropología, Lingüística, Economía, Psicología 
Social, Ciencia Política, Historia y Derecho; en algunos casos se presentarán breves 
fragmentos de algunos estudiosos del tema, en otros son breves definiciones que 
creemos permitirán que el alumno logre alcanzar una idea clara acerca de cada una 
de las disciplinas y finalmente se plantean una serie de actividades que son 
importantes que el estudiante desarrolle para reforzar lo que está leyendo. 
1. LAS CIENCIAS SOCIALES 
Guadalupe Marcela Torres Escutia 
Las Ciencias Sociales son aquellas disciplinas científicas que se encargan de 
estudiar el comportamiento y las actividades de los seres humanos, entre las cuales 
se encuentran la Sociología, la Psicología Social, la Historia, la Geografía, la Ciencia 
Política, la Demografía, la Economía, entre otras. 
Son consideradas como ciencias porque cada una tiene un objeto de estudio 
como se podrá observar más adelante. 
1.2 SOCIOLOGIA 
Fragmento de ¿Qué es la sociología? 
Giddens Antony, 
“La sociología es el estudio de la vida social humana, de los grupos y 
sociedades. Es una empresa cautivadora y atrayente, al tener como objeto nuestro 
propio comportamiento como seres sociales. El ámbito de la sociología es 
extremadamente amplio y va desde el análisis de los encuentros efímeros entre 
individuos en la calle hasta la investigación de los procesos globales”1 
Giddens Antony, ¿Qué es la sociología? en Sociología, 4ta ed. Ed. Alianza. Madrid 2002. 
p. 27
Fragmento de ¿Qué es la sociología? 
10 
Richard J. Gelles; Ann Levine 
“La sociología es parte de la familia de las ciencias sociales, que incluye a la 
psicología, antropología, economía, ciencia política y parte de la historia. Todas las 
ciencias sociales tienen que ver con el comportamiento humano. Sin embargo, 
comparten los mismos temas básicos, cada ciencia social se enfoca en diferentes 
aspectos del comportamiento. Los psicólogos están más interesados en las fuentes 
internas; los sociólogos en las fuentes externas. Los psicólogos estudian las 
funciones del sistema nervioso y los efectos de los neurotransmisores, hormonas o la 
tensión de los individuos. Los sociólogos estudian los trabajos de la sociedad y los 
efectos que la clase social, roles de género, edad, nuevas tecnologías, cambios de 
actitud frente a la religión o revoluciones políticas tienen sobre la gente. Los 
psicólogos se enfocan en la personalidad, la conducta y actitudes que son 
características de una persona de acuerdo con la situación. Los psicólogos se dirigen 
a los roles en el comportamiento y actitudes que son características de los individuos 
en una posición social o situación dada en relación con la personalidad de los 
individuos. 
La psicología social, que une ambos campos, estudia el impacto de los grupos y 
el comportamiento individual y de los individuos en el comportamiento del grupo. Los 
sociólogos estudian dinámicas, no sólo de grupo, sino también a gran escala, o en 
organizaciones “formales” en las que individuos particulares tienen relativamente 
poca influencia. La antropología comparte el interés de la sociología en el impacto de 
la estructura social y la cultura en el comportamiento; pero los antropólogos estudian 
sociedades no occidentales, sociedades sin escritura, comunidades locales o grupos 
pequeños. Los sociólogos, también, estudian comunidades de grupos pequeños, pero 
también examinan sociedades industriales modernas y organizaciones en gran 
escala. Los economistas y científicos políticos señalan tiempos particulares de 
actividad social; los sociólogos estudian la naturaleza de la acción social en sí misma, 
la manera en que los diferentes tipos de actividades encajan para crear el gran patrón 
de la sociedad.” 1 
1 Richard J. Gelles; Ann Levine, 1¿Qué es la sociología? en Sociología con aplicación en 
países de habla hispana, 6ta. ed. Ed. Mc. Graw Hill. México. 2000. P. 11-13
11 
1.3 ANTROPOLOGÍA 
Guadalupe Marcela Torres Escutia 
La Antropología es la ciencia social que estudia al ser humano de una forma 
integral; la Antropología hace uso de herramientas y conocimientos producidos por 
las ciencias naturales y las ciencias sociales. Lo que intenta esta disciplina es 
producir conocimiento sobre el ser humano en diversos ámbitos, pero siempre como 
parte de una sociedad. De tal forma que intenta abarcar tanto la evolución biológica 
de nuestra especie, el desarrollo y los modos de vida de pueblos que han 
desaparecido, las estructuras sociales de la actualidad y la diversidad de expresiones 
culturales y lingüísticas que caracterizan a la humanidad; la antropología se divide en 
diversas vertientes como son: la Antropología Física, la Antropología Cultural, en la 
cual se encuentran la Etnología, Etnografía y la lingüística. 
La Antropología Física estudia las razas, es decir la anatomía y fisiología de los 
diversos pueblos y su evolución desde la época prehistórica. 
La Antropología Cultural investiga las diversas etapas de cada civilización; al 
interior de ella encontramos a la Etnografía y la Etnología; 
La Etnografía tiene por objeto la descripción histórica de las sociedades tomando 
en cuenta la alimentación, la división del trabajo, la vestimenta, las leyes, las 
creencias, etc. 
La Etnología realiza estudios comparativos y la clasificación analítica de las 
diversas culturas; es parte de su campo de investigación la división de la humanidad 
en diversas razas, el origen de los pueblos y naciones, la distribución y característica 
de cada sociedad, tales como el idioma, la religión, los productos materiales, las 
artes, los oficios, las formas de organización y las costumbres; esta disciplina intenta 
descifrar los factores de crecimiento y difusión de cada civilización.
12 
LA LINGÜíSTICA 
Fragmento El análisis estructural, en lingüística y en antropología 1 
C. LEVI-STRAUSS 
En el conjunto de las ciencias sociales, del cual indiscutiblemente forma parte, la 
lingüística ocupa sin embargo un lugar excepcional: no es una ciencia social como las 
otras, sino la que, con mucho, ha realizado los mayores progresos; sin duda la única 
que puede reivindicar el nombre de ciencia y que, al mismo tiempo, ha logrado 
formular un método positivo y conocer la naturaleza de los hechos sometidos a su 
análisis. Esta situación privilegiada entraña algunas obligaciones: el lingüista verá 
que, a menudo, investigadores de disciplinas vecinas pero diferentes se inspiran en 
su ejemplo e intentan seguir su camino. “Nobleza obliga”: una revista de lingüística 
como Word no puede limitarse a ilustrar tesis y puntos de vista estrictamente 
lingüísticos, se obliga también a recibir a psicólogos, sociólogos y etnógrafos 
ansiosos de aprender de la lingüística moderna la ruta que se luce al conocimiento 
positivo de los hechos sociales. (Como hace ya veinte años escribía Marcel Mauss: 
“La sociología habría avanzado mucho más por cierto, de haber procedido en todos 
los casos imitando a los lingüistas”.2 La estrecha analogía de método que existe entre 
ambas disciplinas les impone un particular deber de colaboración. Después de 
Schrader 3 es inútil demostrar cuál es la asistencia que la lingüística puede aportar al 
sociólogo en el estudio de los problemas de parentesco. Son lingüistas y filólogos 
(Schrader, Rose) 4 quienes han mostrado que la hipótesis de vestigios matrilineales 
1 Publicado con igual título en Word, Journal of the Linguistic Circle of New York, vol.1, 
n°2, ag. 1945, pp. 1-21. 
2 “Rapports récls et pratiques ...”, en Sociologic et Anthropologie, París, 1951. 
3 O. Schrader, Prehistoric Antiquites of the Aryan Peoples, trad. De F. B. Jevons, 
Londres, 1890, cap. XII, 4° parte. 
4 O. Schrader, loc. cit.; H. J. Rose, “On the Alleged Evidence for Mother-Right in Early 
Greece”, Folklore, 22, 1911. Sobre este problema, véanse también las obras más 
recientes de G. Thomson, partidario de la hipótesis de supervivencias matrilineales. 
www.philosophia.cl / Escuela de Filosofía Universidad ARCIS.
en la familia antigua -hipótesis a la que se aferraban aún entonces tantos sociólogos-era 
improbable. 
El lingüista proporciona al sociólogo etimologías que permiten establecer, entre 
ciertos términos de parentesco, lazos no perceptibles de manera inmediata. 
Bonfante ilustraba este punto de vista recordando la etimología del nombre del 
dios en ciertas lenguas romances el griego o£;0C da en italiano, español y portugués 
El sociólogo inversamente, puede hacer conocer al lingüista costumbres, reglas 
positivas y prohibiciones que permiten comprender la persistencia de ciertos rasgos 
del lenguaje o la inestabilidad de términos o de grupos de términos. En el transcurso 
de una reciente sesión del Círculo Lingüístico de Nueva York, Julien zio y tío: 
Bonfante añadía que en ciertas regiones de Italia, el tío se llama barba, la “barba” el 
“divino” tío ¡Cuántas sugestiones aportan estos términos al sociólogo! Vienen a la 
memoria de inmediato las investigaciones del deplorado Hocart sobre el carácter 
religioso de la relación avuncular y el robo del sacrificio por los parientes maternos 5. 
Sea cual fuere la interpretación que convenga dar a los hechos recogidos por Hocart 
(la suya no es, por cierto, enteramen- te satisfactoria), es indudable que el lingüista 
colabora en la solución del problema al revelar, en el vocabulario contemporáneo, la 
persistencia tenaz de relaciones desaparecidas. Al mismo tiempo, el sociólogo explica 
al lingüista las razones de su etimología y confirma su validez. Hace menos tiempo 
encarando el problema como lingüista, Paul K.Benediet ha podido hacer una 
contribución importante a la sociología familiar de los sistemas de parentesco del Asia 
del Sur 6. Al proceder de esta manera, no obstante, lingüistas y sociólogos siguen 
adelante independientemente por sus respectivas vías. Sin duda hacen un alto de 
tanto en tanto con el fin de comunicarse ciertos resultados, pero éstos provienen de 
itinerarios diferentes, y no se hace ningún esfuerzo por conseguir que un grupo 
aproveche los progresos técnicos y metodológicos alcanzados por el otro. Esta 
actitud podía explicarse en una época en que la investigación lingüística se apoyaba 
sobre todo en el análisis histórico. Con respecto a la investigación etnológica tal como 
se practicaba durante ese mismo período, la diferencia no era de naturaleza sino más 
bien de grado. 
5 A. M. Hocart, “Chieftainship and the sister's son in the Pacific”. Amer. Anthrop., n. s., 
vol. 17, 1915; “The Uterine Nephew”, Man, 23, 1923, n° 4; “The Cousin in Vedic Ritual”, Indian 
Anticuary, vol. 54, 1925, etc. 
13
Los lingüistas tenían un método más riguroso; sus resultados estaban mejor 
establecidos; los sociólogos podían inspirarse en su ejemplo “renunciando a tomar 
como base de sus clasificaciones la consideración en el espacio de las especies 
actuales” 7. Pero, después de todo, la antropología y la sociología sólo esperaban 
lecciones de la lingüística; nada permitía adivinar una revelación 8. 
El nacimiento de la fonología ha trastornado violentamente esta situación. Ella 
no solamente ha renovado las perspectivas lingüísticas: una transformación de esta 
magnitud no se limita a una disciplina particular. 
La fonología no puede dejar de cumplir, respecto de las ciencias sociales, el 
mismo papel que la física nuclear, por ejemplo, ha desempeñado para el conjunto de 
las ciencias exactas. En qué consiste esta revolución, cuando tratamos de analizarla 
en sus consecuencias más generales? N. Trubetzkoy, el ilustre maestro de la 
fonología, nos proporcionará la respuesta a esta pregunta. En un artículo-programa9, 
Trubetzkoy reduce en suma el método fonológico a cuatro pasos fundamentales: en 
primer lugar, la fonología pasa del estudio de los fenómenos lingüísticos “conscientes” 
al de su estructura “inconsciente” 
6 P. K. Benedict, “Tibetan and Chinese Kinship Terms”, Harvard Jnl. o Asialtic 
Studies,6,, 1942; “Studies in Thai Kinship Terminology”, Jnl. of th Amer. Oriental 
Society, 63, 1943. 
7 Blunschvieg, Le progres de la conscience dans la philosophic accidentale, II, París, 
1927, p. 562. 
8 Entre 1900 y 1920, los fundadores de la lingüística moderna, Ferdinand de Saussure 
y Antoine Meillet, se colocan decididamente bajo el patrocinio de los sociólogos. Sólo 
después de 1920, Marcel Mauss comienza, como dicen los economistas, a invertir la 
tendencia. 
9 Trubetzkoy, “La phonologie actuelle”, en Psychologie du la langage Paris, 1933 [trad. 
esp. en: Psicología del lenguaje, Buenos Aires, Ed. Paidós, 1952 cap. III, pp. 145-160 
(N. de R). 
14
15 
1.4. ECONOMÍA 
Guadalupe Marcela Torres Escutia 
La Economía es la ciencia social que se encarga de estudiar la producción, 
distribución, consumo e intercambio de bienes y servicios; su objeto de estudio esta 
dirigido a estudiar la correcta distribución de los recursos escasos para satisfacer las 
necesidades del ser humano. 
Esto quiere decir que analiza la relación entre los recursos de los que se 
dispone, que se presentan de carácter limitado y las necesidades, que son de 
carácter ilimitado, aunque jerarquizadas. 
La economía aborda temas como son: los precios de los bienes, los factores 
productivos como el trabajo, el capital, la tierra, como se asignan los recursos; el 
comportamiento de los mercados financieros, la intervención del Estado en la 
sociedad y en el mercado entre otros. 
Algunos Economistas importantes son: Adam Smith, David Ricardo, Karl Marx, 
John Maynard Keynes, Ludwig von Mises, Milton Friedman, Friedrich Hayek, Léon 
Walras, Alfred Marshall 
1.5 PSICOLOGÍA SOCIAL 
La Psicología Social explica la influencia del medio ambiente en la conducta 
humana; estudia los sentimientos las emociones, las actitudes y hábitos del ser 
humano en conjunto; además de las conductas colectivas en los fenómenos sociales. 
Fragmento Introducción a la psicología 
Wolff Werner 
Los autores más modernos no han intentado aún una definición. Existen 
varias razones para tal dificultad, razones que comprendemos mejor después de un 
estudio general de los problemas y métodos de la psicología y del distinto modo de 
abordarlos en psicología y en ciencias naturales. 
En realidad, todas las actividades humanas pueden justificar la investigación 
psicológica, pero hay ciertos puntos que emergen del cúmulo de fenómenos:
La psicología biológica trata de las funciones del sistema nervioso, las 
glándulas, los órganos de los sentidos y las reacciones psicológicas. 
La psicología de la personalidad, de los rasgos caracterológicos y su 
configuración de los métodos de diagnóstico de la personalidad y de las teorías sobre 
la estructura y desarrollo de la misma. 
La psicología diferencial, de las diferencias entre las acciones y reacciones 
de un individuo comparado con otro, utilizando frecuentemente pruebas para medir el 
grado de estas diferencias. 
La psicología anormal, de los fenómenos psicológicos marcadamente 
desviados de la media. Abarca el estudio de las pequeñas inadaptaciones, neurosis, 
enfermedades mentales, delincuencia, hipnosis, sugestión, sueños, visiones, ideas de 
los pueblos primitivos, manifestaciones del inconsciente en la vida cotidiana y en el 
arte, percepción extrasensorial, métodos psicoterapéuticos y psicoanálisis. 
La psicología social, de los fenómenos psicológicos de la interacción social, de 
los grupos normales y neuróticos, de la conducta social, de la psicología del liderismo, 
de la psicología de la moral y de la propaganda, de la de las razas y naciones, de la 
psicología de las actividades sociales, estereotipias, prejuicios y opinión pública. 
La psicología del niño, de la edad preescolar, escolar y preadolescencia, con 
sus fenómenos de crecimiento, el desarrollo, las condiciones ambientales (hogar, 
escuela, comunidad), las características emocionales específicas, la imaginación, los 
procesos del pensamiento, el lenguaje, las relaciones sociales, el desarrollo sexual, 
etc. 
La psicología comparada, preponderantemente de la conducta de los 
animales comparándolas con las del ser humano. 
La psicología aplicada, de los problemas industriales, los vocacionales y los 
educativos, de la psicología del personal, del anuncio y de los problemas de la vida 
diaria. 
Todos los aspectos en cada uno de estos campos de la psicología se tratan 
16 
extensamente con muchas subdivisiones.
17 
1.6 CIENCIA POLÍTICA 
Fragmento La política como ciencia 
Rosendo Bolívar Meza 
Toda Ciencia tiene su propio objeto de estudio. En este caso, el objeto de 
estudio de la ciencia política son los hechos políticos, y como éstos son siempre un 
producto humano, podría hablarse con mayor propiedad de actos políticos. La política 
es ciencia porque tiene un método científico que conduce al conocimiento objetivo de 
los hechos políticos. No trata de valor o legitimar ciertas formas de organización 
política, sino también de describir la realidad social que las rodea. 
La política es una ciencia por ser una disciplina autónoma e independiente, con 
una estructura sistemática y teórica propia. Uno de los factores que más ha 
contribuido a esto es la aceptación e interacción de los métodos científicos dentro de 
la disciplina. 
La autonomía de la ciencia política se refiere a una reflexión particular sobre la 
política. Tiene el Status científico porque ha alcanzado un nivel especializado sobre lo 
político, con un objeto de conocimiento autónomo respecto de otras disciplinas 
sociales como la historia, la sociología, la antropología o la propia filosofía. El status 
científico se refiere al espacio o la investigación de los diferentes aspectos de la 
realidad política con una metodología propia.( 6) 
6 Antonio Carro Martínez, Introducción a la ciencia política, Madrid. Instituto de Estudios 
Políticos, 1957, pp.257 y 263; David Easton, “Ciencia política” en Lecturas de sociología y 
ciencia política, México, UNAM, 1980, pp. 27; así como César Cansino Ortiz, “La ciencia 
política Hoy: nuevos desarrollos, problemas teóricos y desafíos”, en Estudios Políticos, núm. 
9, México Facultad de Ciencias Políticas y Sociales-UNAM, cuarta época, octubre-diciembre 
de 1995, p.72 
7 Enrique Suárez-Iñiguez, “La ciencia política academia mexicana” en Revista Mexicana 
de Ciencias Políticas y Sociales, núm. 147, México, Facultad de Ciencias Políticas y Sociales- 
UNAM, enero-marzo de 1992, p.213
A lo largo del tiempo han variado las definiciones sobre la ciencia política y su 
objeto de estudio. Algunas de las más importantes la han caracterizado como el 
análisis de: 
Las condiciones para ser más virtuosos y mejores ciudadanos; El monopolio del 
18 
uso de la violencia física legítima. 
De acuerdo con Arnaldo Córdova,(8) la expresión “ciencia política es 
relativamente reciente. Aparece y se difunde como tal en Alemania y Francia ya 
avanzada la segunda mitad del siglo XIX; después se usa en Italia e Inglaterra y 
posteriormente en los Estados Unidos y el resto del mundo. Durante mucho tiempo su 
significado fue fundamentalmente restringido, como conocimiento especial de ciertos 
fenómenos políticos y del Estado. Sólo después de la Segunda Guerra Mundial se 
utilizó el concepto de ciencia política como ciencia del Estado y de la vida política en 
general. 
8. Arnaldo Córdova, “Consideraciones en torno al método de la ciencia política”, en 
Arnaldo Córdova et. Al., Ciencia política, democracia y elecciones, México. Facultad de 
Ciencias Políticas y Sociales-UNAM, 1989, p.23. 
Guadalupe Marcela Torres Escutia 
La Geografía es la disciplina que se encarga de la descripción de la tierra desde 
el punto de vista del suelo, el clima, etc. 
1.7 HISTORIA 
Guadalupe Marcela Torres Escutia 
La Historia se encarga de estudiar diversos aspectos como son: el desarrollo de 
las sociedades a través del tiempo, la forma cómo los seres humanos han resuelto 
sus problemas y limitaciones, las ideas que mujeres y hombres han llevado a la 
práctica para organizarse en sociedad, y cómo han transformado el medio ambiente 
para aprovechar las experiencias y aplicarlas al presente.
Fragmentos de la obra EL CONCEPTO DE TIEMPO 
19 
Martin Heidegger 
“Hagamos ante todo una referencia provisional al tiempo que encontramos en la 
vida cotidiana, al tiempo de la naturaleza y al tiempo del mundo. El interés por la 
cuestión de qué es el tiempo se ha despertado nuevamente en la actualidad por el 
desarrollo de la investigación física, concretamente en su reflexión sobre los 
principios fundamentales acerca de lo que ella tiene que comprender y definir a este 
respecto: la medición de la naturaleza en el marco de un sistema de relaciones 
espacio-temporales. El estado actual de esta investigación está recogido en la teoría 
de la relatividad de Einstein. Veamos entonces algunas proposiciones de la misma: el 
espacio no es nada en sí mismo; no existe ningún espacio absoluto. Sólo existe a 
través de los cuerpos y de las energías contenidos en él. Coincidiendo con una 
antigua afirmación aristotélica, tampoco el tiempo es nada en sí. Sólo existe como 
consecuencia de los acontecimientos que tienen lugar en el mismo. No hay un tiempo 
absoluto, ni una simultaneidad absoluta. Más allá de lo destructivo de esta teoría, 
fácilmente pasa desapercibido el aspecto positivo que demuestra la equivalencia de 
aquellas ecuaciones que describen los procesos naturales en cualquier 
transformación”. 
“…El tiempo es aquello en lo que se producen acontecimientos. Esto ya lo vio 
Aristóteles en relación con el modo fundamental de ser de las cosas naturales: el 
cambio, el cambio de posición, el movimiento: epei oun ou kínesis, anágken tes 
kinéseos ti einai autón. Puesto que el tiempo no es un movimiento, tendrá que ser 
algo relacionado con el movimiento. Ante todo encontramos e tiempo en los entes 
mutables; el cambio se produce en el tiempo. ¿Como qué se nos presenta el tiempo 
en esta forma de encontrarnos con él, quizá como el “en-qué” donde las cosas 
cambian? ¿Se muestra aquí el tiempo como él mismo, en lo que él es? ¿Puede una 
explicación del tiempo como la que está en juego garantizar que él muestre los 
fenómenos fundamentales que lo determinan en su propio ser? ¿O bien en la 
búsqueda de los fundamentos de los fenómenos nos veremos remitidos a otra cosa?
¿Cómo se le muestra el tiempo al físico? La aprehensión que determina el 
tiempo tiene el carácter de una medición. La medición indica el “cuánto-tiempo” y el 
“cuando”, el “desde-cuándo-hasta-cuándo”. Un reloj indica el tiempo. Un reloj es un 
sistema físico en el que se repite constantemente la misma secuencia temporal, con 
la condición de que este sistema físico no esté sujeto a cambio por ningún influjo 
externo. La repetición es cíclica. Cada período tiene la misma duración temporal. El 
reloj ofrece una duración idéntica que se repite constantemente, una duración a la 
que uno siempre puede recurrir. La distribución de esta duración es arbitraria. El reloj 
mide el tiempo en la medida en que la extensión de la duración de un acontecimiento 
se compara con las secuencias idénticas del reloj y, a partir de ahí, es determinada 
en su cantidad numérica 
Incluso en el presente del ocuparse con las cosas, el ser-ahí es el tiempo 
completo, de tal manera que no se deshace del futuro. El futuro es ahora aquello de 
lo que está pendiente el cuidado, no es el futuro propio del haber sido, sino aquel que 
el presente mismo se configura como el suyo, pues el haber sido, en tanto que futuro 
propio, nunca puede hacerse presente. Si fuera presente, entonces sería la nada. El 
futuro del que está pendiente el cuidado es tal forma el presente. y el ser-ahí , 
disipándose en el ahora del mundo presente, no está dispuesto a admitir que se ha 
deslizado del futuro propio, y esto es así hasta el punto de que él afirma que ha 
aprehendido el futuro en la preocupación por el desarrollo de la humanidad y la 
cultura, etcétera.”. 
“El ser-ahí, en cuanto el presente del procurarse, se mantiene en aquello de lo 
que se ocupa. Cansado de llenar el día, se harta del “qué”. Pronto al ser-ahí se le 
hace largo el tiempo, a ese ser-ahí descrito como ser-presente, que nunca tiene 
tiempo. El tiempo se vuelve vacío porque de antemano el ser-ahí ha hecho largo el 
tiempo en la pregunta por el cuánto. En cambio, el constante volver en la anticipación 
al haber sido nunca provoca aburrimiento. El ser-ahí desearía que cosas 
constantemente nuevas le salieran al paso en su presente. A tenor de la cotidianidad 
el acontecer del mundo se produce en el tiempo, en el presente. El mundo cotidiano 
vive pendiente del reloj, es decir, el cuidado vuelve incesantemente sobre el ahora; 
dice: de ahora hasta entonces, hasta el siguiente ahora. 
20
El ser-ahí, determinado como un ser con otros, significa a la vez: estar guiado 
por la interpretación dominante que el ser-ahí ofrece de sí mismo, por aquello que se 
opina, por la moda, por las corrientes, por lo que sucede: por lo que corrientemente 
no es nadie, por la moda, o sea, por nadie. En la cotidianidad el ser-ahí no es el ser 
que yo soy; más bien, la cotidianidad del ser-ahí es aquel ser que uno es. Y de 
acuerdo con ello el ser-ahí es el tiempo en el que se está con los otros: el tiempo del 
“uno”. El reloj que uno tiene, cualquier reloj, muestra el tiempo del ser-uno-con-otros-en- 
21 
el-mundo. 
En la investigación histórica encontramos fenómenos relevantes, aunque todavía 
sigan sin clarificar por completo, como el hecho de las generaciones y de la conexión 
entre ellas, que guarda relación con tales fenómenos. El reloj nos muestra el ahora, 
pero jamás reloj alguno muestra el futuro o ha mostrado el pasado. Toda medición del 
tiempo comporta reducir el tiempo a “cuanto”. Si determino con el reloj el momento en 
el que ocurrirá un evento futuro, entonces no me refiero el verdad al futuro, sino que 
determino el “cuanto” del esperar ahora hasta el ahora indicado. El tiempo que un 
reloj hace accesible es visto como presente. Si se intenta deducir qué es el tiempo a 
partir del tiempo de la naturaleza, entonces el ahora (nun) es la medida (métron) de 
pasado y futuro. De esta manera, el tiempo ya es interpretado como presente, el 
pasado es interpretado como ya-no-más-presente y el futuro como un indeterminado 
todavía-no-presente: el pasado es irreversible, el futuro indeterminado. 
De ahí que la cotidianidad hable de sí misma como algo en lo que la naturaleza 
sale constantemente al encuentro. El hecho de que los acontecimientos se produzcan 
en el tiempo no significa que tengan tiempo: significa más bien que ellos, 
produciéndose y estando ahí, nos salen al encuentro como si transcurrieran a través 
de un presente. Este tiempo del presente es explicitado como un decurso que 
constantemente pasa por el ahora; secuencia acerca de la cual se afirma que su 
dirección es única e irreversible. Todo lo acontecido se desliza desde un futuro sin fin 
hacia un pasado irreversible.
Dos son las características de esta interpretación: 1) la irreversibilidad; 2) la 
22 
homogeneización en puntos del ahora. 
La irreversibilidad comprende en sí aquello que esta explicación todavía acierta 
a retener del tiempo propio. Eso es lo que queda del futuro en cuanto fenómeno 
fundamental del tiempo como ser-ahí. Este modo de considerar las cosas aparta la 
vista del futuro y se concentra en el presente, y a partir de él la consideración del 
tiempo que fluye sigue hacia el pasado. La definición del tiempo según su 
irreversibilidad se fundamenta en el hecho de que el tiempo ha sido invertido 
previamente. 
La homogeneización es una asimilación del tiempo al espacio, a la presencia por 
antonomasia; es la tendencia a repeler de sí todo tiempo llevándolo a un presente. El 
tiempo queda completamente matematizado en términos de la coordenada t junto a 
las coordenadas espaciales x, y, z. El tiempo es irreversible. Esta irreversibilidad es el 
único factor por el que el tiempo se anuncia todavía, por el que se resiste a una 
matematización definitiva. Antes y después no son necesariamente más temprano y 
más tarde, no son modos de la temporalidad. En la secuencia aritmética, por ejemplo, 
el 3 se da antes que el 4, el 8 después del 7. Sin embargo, no por ello es el 3 
temporalmente anterior al 4. Los números no se dan más temprano o más tarde, 
porque ni siquiera están en el tiempo. Más temprano y más tarde son un antes y un 
después totalmente determinados. Una vez que se define el tiempo como tiempo del 
reloj, desaparece toda esperanza de alcanzar jamás su sentido originario. 
Pero el hecho de que el tiempo se defina primera y mayormente así, radica en el 
propio ser-ahí. El carácter respectivo es constitutivo del mismo. El ser-ahí es el mío 
en su propiedad sólo en cuanto posible. Nos encontramos al ser-ahí mayormente en 
la cotidianidad. Ahora bien, la cotidianidad sólo puede entenderse como la 
temporalidad determinada que huye del futuro genuino, si se confronta con el tiempo 
propio del ser futuro del haber sido. Lo que el ser-ahí dice del tiempo, lo dice desde la 
cotidianidad. El ser-ahí, anclado en su presente, dice: el pasado es lo que fue, es 
irrecuperable. Éste es el pasado del presente de la vida cotidiana, que se demora en
el presente de sus trajines. Por ello el ser-ahí, como presente así determinado, no ve 
lo pasado. 
La consideración de la historia que crece en el presente, sólo ve en ella un trajín 
irrecuperable: lo que pasó. La consideración de lo que pasó es inagotable. Se pierde 
en la materia. Porque esa historia y temporalidad del presente no logra penetrar en lo 
que es el pasado, éste tiene solamente otro presente. El carácter de pasado 
permanece cerrado a un presente mientras éste, que en el fondo es el ser-ahí, no es 
él mismo histórico. Pero el ser-ahí es en sí mismo histórico en tanto es su posibilidad. 
En su ser futuro el ser-ahí es su pasado; vuelve a él a el “cómo”. La manera de tal 
volver es, entre otras cosas, la conciencia. Sólo el “cómo” puede reiterarse. El 
pasado, experimentado como historicidad propia, es todo menos lo que se fue. Más 
bien, es algo a lo que puedo volver una y otra vez. 
La generación actual cree estar en la historia, cree incluso estar sobrecargada 
de historia. Y se lamenta del historicismo, que es lucus a non lucendo (bosque sin 
luz). Pero se da el nombre de historia a algo que no lo es en absoluto. Dado que todo 
se disuelve en historia, dicen los hombres del presente, hay que conquistar de nuevo 
lo suprahistórico. Por si fuera poco que el actual ser-ahí se ha perdido en la pseudo-historia 
presente, tiene que utilizar además el último resto de su temporalidad (es 
decir, del ser-ahí) para apartarse por completo del tiempo, del ser-ahí. Y en este 
camino fantástico hacia lo suprahistórico se pretende encontrar una concepción del 
mundo. (Ahí está lo inhóspito que constituye el tiempo presente.) 
La interpretación ordinaria del ser-ahí nos amenaza con el peligro del 
relativismo. Sin embargo, la angustia ante el relativismo es la angustia ante el ser-ahí. 
El pasado como historia propia se puede repetir en el “cómo”. La posibilidad de 
acceder a la historia se funda en la posibilidad según la cual un presente sabe en 
cada caso ser futuro. Este es el primer principio de toda hermenéutica. Es un principio 
que dice algo sobre el ser del ser-ahí, que es la historicidad misma. La filosofía nunca 
averiguará qué es la historia mientras la desmembre como un objeto analizado a 
través del método. El enigma de la historia reside en lo que significa ser histórico. 
23
Resumiendo podríamos decir: el tiempo es equiparable al ser-ahí. El ser-ahí es 
lo respectivamente mío, que puede presentar la modalidad del respectivo ser futuro 
en la anticipación del seguro, pero indeterminado haber sido. El ser-ahí siempre se 
encuentra en un modo de su posible ser temporal. El ser-ahí es el tiempo, el tiempo 
es temporal. El ser-ahí no es el tiempo, sino la temporalidad. Por ello, la afirmación 
fundamental de que el tiempo es temporal es la definición más propia, sin constituir 
ninguna tautología, pues el ser de la temporalidad significa una realidad desigual. El 
ser-ahí es su haber sido, es su posibilidad en el encaminarse a este pasado. En ese 
encaminarse soy propiamente el tiempo, tengo tiempo. En tanto el tiempo es en cada 
caso mío, existen muchos tiempos. El tiempo carece de sentido; el tiempo es 
temporal. 
Si el tiempo se comprende en la forma expuesta, entonces se esclarece 
debidamente aquella afirmación tradicional sobre el tiempo que dice: el tiempo es el 
genuino principium individuationis. Esto se entiende generalmente como una sucesión 
irreversible, como tiempo del presente y tiempo de la naturaleza. ¿Pero hasta qué 
punto es el tiempo, en cuanto propio, el principio de individuación, o sea, aquello a 
partir de lo cual el ser-ahí está en lo respectivamente suyo? El ser-ahí, que vive en el 
modo del término medio, se hace él mismo en el ser futuro de la anticipación. En 
dicha anticipación el ser-ahí se manifiesta como la única vez en su destino único en la 
posibilidad de un pasado peculiarmente suyo. Esta individuación tiene la peculiaridad 
de que no permite alcanzar una individuación como formación fantástica de 
existencias excepcionales; derriba todo dárselas de algo. Individualiza de tal manera 
que nivela a todos. En relación con la muerte cada uno es conducido al “cómo” que 
cada cual puede ser en igual medida, a una posibilidad respecto de la cual nadie goza 
de preeminencia, al “cómo” en el que todo “qué” se pulveriza. 
Para terminar intentemos volver a la historicidad y la posibilidad. Aristóteles solía 
resaltar en sus escritos que lo más importante es la recta “paideia”, la seguridad 
originaria en una cosa, la que nace de la familiaridad con la cosa misma, la seguridad 
del manejo adecuado de la cosa. Para corresponder al carácter ontológico del tema 
aquí tratado, tenemos que hablar temporalmente del tiempo. Queremos repetir 
temporalmente la cuestión de qué es el tiempo. El tiempo es el “cómo”. Si seguimos 
indagando qué es el tiempo, hemos de evitar quedar prendidos prematuramente de 
24
una respuesta (al estilo: el tiempo es esto o aquello), lo cual implicaría siempre un 
“qué”. 
No miremos la respuesta, sino repitamos la pregunta. ¿Qué sucedió con la 
pregunta? Se ha transformado. La cuestión de ¿Qué es el tiempo?, se ha convertido 
en la pregunta: ¿Quién es el tiempo? Más en concreto: ¿Somos nosotros mismos el 
tiempo? Y con mayor precisión todavía: ¿Soy yo mi tiempo? Esta formulación es la 
que más se acerca a él. Y si comprendo debidamente la pregunta, con ello todo 
adquiere un todo de seriedad. Por tanto, ese tipo de pregunta es la forma adecuada 
de acceso al tiempo y de comportamiento con él, con el tiempo como el que es en 
cada caso el mío. Desde un enfoque así planteado, el ser-ahí sería el blanco del 
preguntar.” 
25 
Fragmento Elementos de Derecho 
Efraín Moto Salazar 
ETIMOLOGÍA DE LA PALABRA DERECHO.-La palabra derecho viene de 
“directum”, vocablo latino que en su sentido figurado, significa lo que está conforme a 
la regla, a la ley; es decir, lo que no desvía a un lado ni otro, lo que es recto. 
En las diversas lenguas modernas, germánicas y latinas, se usa 
indistintamente la palabra derecho y la palabra recto, para significar el Derecho. Así 
en inglés, se dice righ, en alemán, recht; en holandés, reght; en francés droit; en 
italiano dirito; en rumano; dreptu, etc. 
SUS DOS SENTIDOS FUNDAMENTALES.-La palabra derecho se usa en dos 
sentidos. Significa; una facultad reconocida al individuo por la ley para llevar a cabo 
determinados actos, o un conjunto de leyes, o normas jurídicas, aplicables a la 
conducta social de los individuos. En el primer caso hemos dado a la palabra un 
sentido fundamental. Cuando decimos, por ejemplo, que una persona tiene un 
derecho de propiedad sobre un bien, estamos afirmando que el propietario tiene la 
facultad o poder (el derecho) de usar y disponer el dicho para su propio provecho con 
exclusión de los demás, y que esta facultad le está protegida y reconocida por la ley. 
Lo mismo ocurre cuando hablamos de la patria protestad o del derecho de
arrendamiento, o de hipoteca, etc.; en estos últimos casos, el titular del derecho, es 
decir, la persona que está en posesión del mismo, tiene la facultad de ejercer el poder 
sobre el menor (patria protestad), o usar el bien (arrendamiento), o hacer suyo el bien 
hipotecado, en caso de que la obligación garantizada con dicho bien no se cumpla 
(derecho hipotecario), etc. La ley reconoce y protege dichos derechos a quien es 
titular de ellos. 
El Derecho en su segunda acepción, significa el conjunto de reglas o 
disposiciones que rigen la conducta de los hombres en sus relaciones sociales. Por 
tanto, al conjunto de normas jurídicas, vigentes en un lugar y época determinada, se 
le llama el Derecho, según la época o lugar, se agrega a la palabra un calificativo; por 
ejemplo: El Derecho Mexicano, El Derecho Francés, El Derecho Romano, El Derecho 
de la Edad Media o Medieval. 
ACTIVIDADES 
1.- Investigue cuál es el objeto de estudio de la enfermería 
2.-Elabore un esquema resaltando el objeto de estudio de las ramas de las 
26 
ciencias y la sociología 
3.- Desarrolle un cuadro donde señale en forma esquemática las semejanzas y 
las diferencias de las diversas disciplinas incluyendo a la enfermería. 
4.-Elabore un ensayo a manera de conclusión en donde resalte la importancia de 
las Ciencias Sociales y su aplicación en las Ciencias de la Salud.
BIBLOGRAFÍA 
 Bolívar Meza, Rosendo, La política como ciencia en Revista de Ciencia 
27 
Política 
 Sexta é poca, septiembre-diciembre, 2001 No.28, p. 52-53 
 Giddens Antony, ¿Qué es la sociología? En Sociología 4ta ed. Ed. 
Alianza. Madrid 2002. p. 27 
 Heidegger Martin El concepto de tiempo Conferencia pronunciada ante la 
Sociedad Teológica de Marburgo, julio de 1924 Traducción y notas de 
Raúl Gabás Pallás y Jesús Adrián Escudero. Editorial Trotta S.A. Madrid, 
1999. 
 Levi-strauss, C. El análisis estructural, en lingüística y en antropología 
 Moto Salazar, Efraín, Elementos de Derecho. Ed. Porrúa, México 1966. P 
9-10 
 -Richard J. Gelles; Ann Levine ¿Qué es la sociología? en Sociología con 
 aplicación en países de habla hispana, 6ta. ed. Ed. Mc. Graw Hill. México. 
2000. 
 P. 11-13 
 Wolff, Werner, Introducción a la psicología, 26 ed. Ed. FCE, México 2005, 
p. 328-329
28 
2. TEORÍAS SOCIOLÓGICAS 
Guadalupe Marcela Torres Escutia 
En las Teorías Sociológicas se utilizan varias técnicas de investigación para 
analizar e interpretar, esto implica hacer uso de diversas perspectivas teóricas para 
poder documentar significados e influencias culturales que motivan la aparición de 
diversas tendencias de comportamiento en los seres humanos especialmente cuando 
se encuentra en convivencia social. 
Son muchos los teóricos que han aportado importantes reflexiones como son: de 
Henri de Saint-Simon, Auguste Comte, Karl Marx, Herbert Spencer, Émile Durkheim, 
George Simmel, Ferdinand Tönnies, Vilfredo Pareto, Max Weber, Talcott Parsons, 
Alfred Schütz, entre otros 
Entre los sociólogos más destacados del siglo XX han sido Robert K. Merton, 
Erving Goffman, Peter Blau, Herbert Marcuse, Wright Mills, Pierre Bourdieu o Niklas 
Luhmann; en la actualidad, los análisis y estudios más innovadores de los 
comportamientos sociales corren a cargo de autores como George Ritzer, Anthony 
Giddens, Zygmunt Bauman, Ulrich Beck, Alain Touraine, Manuel Castells, entre otros. 
Existen teorías como: el Interaccionismo Simbólico, la Fenomenología, el 
Funcionalismo, el Estructuralismo, la de Sistemas, las de Opresión y Subordinación, 
las de Poder, las de Conflicto, etc. 
2.1 ANTECEDENTES HISTÓRICOS 
2.1.1 AGUSTO COMTE 
Fragmento de la Obra la Sociedad a través de los Clásicos 
Alfredo Andrade Carreño 
El progreso, el objetivo último de la sociedad humana, es considerado por 
Comte, como una creciente especialización de funciones y una tendencia hacia la 
adaptación y perfeccionamiento de los órganos. El resultado en que se mide ese 
progreso es el perfeccionamiento de la condición y naturaleza humana, es decir,
“hacer prevalecer la inteligencia y la sociabilidad, facultad solidarias que distingue la 
naturaleza humana de la animalidad” 10 
El orden es la garantía del progreso y ambos, a su vez, están garantizados, 
por la distribución de funciones. El Estado es la forma intermediaria de asociación 
entre la ciudad y el desarrollo pleno del gran ser. La organización política, el gobierno 
establece las relaciones sociales permanentes que requiere el progres. Sin gobierno 
es imposible la existencia de la sociedad, pues su ausencia consumiría a la sociedad en la 
anarquía. 
29 
La Ley de los tres estados 
El progreso, el objetivo de la sociedad, se rige por la ley de los tres estados 
según la cual tanto los individuos como todas las formas de asociación atraviesan por 
tres estados de evolución intelectual. El teológico, el metafísico y el positivo. 
El primer estado, el teológico, correspondiente a “la infancia” de la 
humanidad, se caracteriza por la pretensión de explicar la realidad a partir de la 
identificación de las causas mediante la atribución de la influencia de agentes 
sobrenaturales en el fetichismo, el politeísmo y el monoteísmo. Esta primera etapa se 
constituye en una etapa provisional y preparatoria cuyo principal significado es el de 
desplegar la inteligencia humana, aunque de manera, aunque de manera 
asistemática y dispersa, a consecuencia de la dominación que ejerce la imaginación 
sobre los sentidos. 
A este estado le sucede, el metafísico, como una etapa exclusivamente 
transitoria en la que la explicación de la naturaleza, el origen y destino de todas las 
cosas es efectuado por la atribución a “entidades o abstracciones personificadas”. 
Las especulaciones filosóficas aquí desarrolladas someten a una crítica radical a las 
construcciones del estado teológico, mediante la interacción de la imaginación y la 
observación, aunque esta última continúa predominando. Su importancia radica en 
que mediante la crítica con la que descompone el sistema teológico prepara el 
camino para el desarrollo del espíritu científico. Sin embargo, por su carácter critico y 
negativo resulta incapaz de constituir algo propio, por lo que constituye una etapa 
retardatoria. 
10 Comte. A. Discurso sobre…op. Cit. 78
El tercer estado, el positivo científico, es el último de esta cadena evolutiva. 
Se caracteriza por que en él la inteligencia abandona la pretensión de buscar 
explicaciones absolutas y sobre la esencia de los fenómenos naturales. Se 
preocupan, en cambio, por conocimientos accesibles que derivan de las necesidades 
reales. En este estado. Las investigaciones descansan en la observación y se admite 
como única regla fundamental la subordinación de toda especulación a los hechos 
observados. Sólo así es posible descubrir las leyes naturales, universales e 
inmutables que rigen el comportamiento de los fenómenos. 
Gracias al descubrimiento de las leyes naturales que permiten el espíritu 
positivo es posible proveer los fenómenos naturales y, mediante la guía inteligente de 
la acción humana, contribuir al progreso de la sociedad y al bienestar colectivo. 
En la ley de los tres estados Comte plantea una teoría de la evolución de la 
sociedad en la que se considera que los cambios al nivel del intelecto los que 
determinan el surgimiento, desarrollo y decadencia de las instituciones sociales y, con 
ello, el cambio de la sociedad. 
Paralelo a esta evolución intelectual se produce una evolución social: el 
estado teológico produjo la familia o sociedad primaria, la ciudad el desarrollo de la 
propiedad, la concepción de patria, la supresión del sistema de castas la moral y la 
solidaridad humanas; por tanto las bases de la organización social. Sin embargo, la 
pretensión del estado teológico por fundar la iglesia antes que la vida cívica 
imposibilita un desarrollo más ordenado. 
El estado metafísico, por su parte, gracias a la crítica teológica que le 
caracteriza hizo posible la revolución occidental, sentó las condiciones para el 
desarrollo científico, la industria moderna y el arte; separó la iglesia y el estado 
desarrollando a este último sobre la base de la decadencia de la corporación 
eclesiástica; contribuyó a la participación de las mujeres, de los civilistas y las 
contribuciones negativas de los metafísicos. 
El estado positivo con las contribuciones científicas de Condocet, De 
Maistre, Lamarck, Bichat, Broussals, Cabants, Gall, entreo otros posibilitó los 
descubrimientos de las leyes formuladas en su sociología. 
Así el avance hacia formas de interpretación de los fenómenos naturales 
desde una actitud más sistemática y concentrada en los problemas reales y la 
30
aceptación de sólo aquellos razonamientos fundados en la experiencia, con los 
rasgos del espíritu positivo. 
Para Comte el desarrollo del espíritu positivo es acompañado a su vez, por 
tres estados de desarrollo del sentimiento o la emoción, como base de la moralidad, 
para alcanzar la satisfacción de la naturaleza social del hombre. 
El altruismo en la sociedad antigua era doméstico para ejercerse hacia la 
familia; en la Edad Media colectivo dirigido al estado; en el período positivista es 
universal por dirigirse a la especie. Así mismo la sociedad, según su forma de 
gobierno pasa de sur una “teocracia” a una “sociocracia”, en la cual los poderes 
espiritual y temporal se encuentran separados y adecuadamente coordinados 
31 
2.1.2 EMILIO DURKHEIM 
Fragmento del libro La División Del Trabajo Social 
Emilio Durkheim 
Los Progresos de la División del Trabajo y los de la Felicidad 
Según los economistas, la división del trabajo tiene como causa la necesidad de 
aumentar nuestro bienestar. Esto supone que de hecho vamos siendo más felices. 
Nada menos cierto. 
En cada momento de la historia, la felicidad que somos capaces de disfrutar es 
limitada. Si la división del trabajo no tuviera otras causas, pronto se hubiera detenido, 
una vez alcanzado el límite de la felicidad. Este límite retrocede, es cierto, a medida 
que el hombre se transforma. Pero esas transformaciones, suponiendo que nos 
hagan más felices, no se han producido en vista de ese resultado, pues, durante 
mucho tiempo, son dolorosas y no tienen compensación. 
¿Producen, además, ese resultado? La felicidad es el estado de salud; ahora 
bien, la salud no aumenta a medida que las especies se elevan. Comparación entre el 
salvaje y el civilizado. Satisfacción del primero. Multiplicación de los suicidios con la 
civilización; qué prueba esto. Consecuencias importantes desde el punto de vista del 
método en sociología..
¿Procederá el progreso del hastío que ocasionan los placeres que se han hecho 
habituales? No confundir la variedad, que es un elemento esencial del placer, con la 
novedad, que es secundario. Carácter patológico de la necesidad de novedad, 
cuando es muy viva. 
CAPITULO II LAS CAUSAS 
Los progresos de la división del trabajo tienen las siguientes causas: La 
progresiva desaparición del tipo segmentario, es decir, el aumento de la densidad 
moral de la sociedad, simbolizado por el aumento de la densidad material; principales 
formas de esta última; el aumento de volumen de las sociedades, siempre que vaya 
acompañado de un aumento de densidad. 
La Teoría de Spencer, según la cual el aumento de volumen no actuará sino 
multiplicando las diferencias individuales. Refutación. 
El aumento de volumen y de densidad determina mecánicamente los progresos 
de la división del trabajo, reforzando la intensidad de la lucha por la vida. Cómo se 
forma la necesidad de productos más abundantes y de mejor calidad; es un resultado 
de la causa que necesita la especialización, no la causa de esta última. 
La división del trabajo no se produce, pues, más que dentro de sociedades 
constituidas. Error de los que hacen de la división del trabajo y de la cooperación el 
hecho fundamental de la vida social. Aplicación de esta proposición a la división 
internacional del trabajo. Casos de mutualismo. 
CAPITULO III 
LOS FACTORES SECUNDARIOS 
INDETERMINACION PROGRESIVA DE LA CONCIENCIA COLECTIVA 
La división del trabajo no puede progresar como no aumente la variabilidad 
individual, y ésta no aumenta como la conciencia común no retroceda. La realidad de 
este retroceso ha sido comprobada. ¿Cuáles son sus causas? 
Como el medio social se extiende, la conciencia colectiva se aleja cada vez más 
de las cosas concretas y, por consiguiente, se hace más abstracta. Hechos que 
32
apoyan esto: transcendencia de la idea de Dios; carácter más racional del derecho, 
de la moral, de la civilización en general. Esta indeterminación deja cada vez mayor 
lugar a la variabilidad individual 
II. La desaparición progresiva del tipo segmentario, desligando al individuo de su 
medio natal, lo sustrae a la acción de los antepasados y disminuye así la autoridad de 
la tradición. 
I. A consecuencia de la progresiva desaparición del tipo segmentario, la 
sociedad, rodeando de menos cerca al individuo, no puede contener con tanta 
facilidad las tendencias divergentes. 
IV. Por qué el órgano social no puede, desde ese punto de vista, desempeñar la 
33 
función del segmento. 
CAPITULO IV 
LOS FACTORES SECUNDARIOS (continuación) LA HERENCIA 
La herencia es un obstáculo a los progresos de la división del trabajo; hechos 
que demuestran cómo deviene un factor menor de la distribución de las funciones. 
¿De dónde procede esto? 
La herencia pierde su imperio porque se constituyen maneras de actividad cada 
vez más importantes que no son hereditariamente transmisibles. Pruebas: I.a no se 
forman razas nuevas; 2.a, la herencia no transmite bien más que aptitudes generales 
y simples; ahora bien, las actividades se hacen más complejas al hacerse más 
especiales. El legado hereditario se hace también un factor menor de nuestro 
desenvolvimiento porque es preciso añadirle algo más. 
El legado hereditario se hace más indeterminado. Pruebas: 1ª. El instinto 
retrocede de las especies animales inferiores a las especies más elevadas, del animal 
al nombre. Hay, pues, motivo para creer que el retroceso continúa en el reino 
humano. Así lo prueban los progresos ininterrumpidos de la inteligencia, la cual varía 
en razón inversa al instinto; 2.a, no sólo no se forman razas nuevas, sino que van 
desapareciendo razas antiguas; 3.a, investigaciones de Galton. Lo que se transmite 
de modo regular es el tipo medio. Ahora bien, el tipo medio se hace cada vez más 
indeterminado, a consecuencia del desenvolvimiento de las diferencias individuales.
CAPITULO V 
CONSECUENCIAS DE LO QUE PRECEDE 
Carácter más flexible de la división del trabajo social, comparada con la división 
del trabajo fisiológico. La causa está en que la función se hace más independiente del 
órgano. En qué sentido esta independencia es una señal de superioridad. 
La teoría mecanicista de la división del trabajo implica que la civilización es 
producto de causas necesarias, y no un fin que por sí mismo atrae la actividad. Pero, 
aun siendo un efecto, deviene un fin, un ideal. De qué manera. No hay siquiera razón 
para suponer que este ideal adquiera nunca una forma inmutable, que el progreso 
tenga un término. Discusión de la teoría contraria de Spencer. 
El aumento del volumen y de la densidad, al cambiar las sociedades, cambia 
también a los individuos. El hombre está más libre del organismo; por consecuencia, 
la vida psíquica se desenvuelve. Bajo la influencia de las mismas causas, la 
personalidad individual se desliga de la personalidad colectiva. Puesto que esas 
transformaciones dependen de causas sociales, la psicofisiología no puede explicar 
más que las formas inferiores de nuestra vida psíquica. Es la sociedad la que en gran 
parte explica al individuo. Importancia de esta proposición desde el punto de vista del 
método. 
LIBRO TERCERO 
LAS FORMAS ANORMALES 
CAPITULO PRIMERO 
LA DIVISION DEL TRABAJO ANOMICO 
Formas anormales en las que la división del trabajo no produce la solidaridad. 
34 
Necesidad de estudiarlas. 
Casos anormales en la vida económica; crisis industriales más frecuentes a 
medida que el trabajo se divide; antagonismo del trabajo y del capital. De igual
manera, la unidad de la ciencia se pierde a medida que el trabajo científico se 
especializa. 
Teoría según la cual esos efectos serían inherentes a la división del trabajo. 
Según Comte, el remedio consiste en un gran desenvolvimiento del órgano de 
gobierno y en la institución de una filosofía de las ciencias. Impotencia del órgano de 
gobierno para regular los detalles de la vida económica; impotencia de la filosofía de 
las ciencias para asegurar la unidad de la ciencia. 
Si, en todos los casos, las funciones no concurren, es que sus relaciones no 
están reguladas; la división del trabajo es anómica. Necesidad de una 
reglamentación. Cómo, normalmente, deriva de la división del trabajo. Cómo falta en 
los ejemplos citados. 
Esta anomia procede de que los órganos solidarios no están en contacto 
suficiente o suficientemente prolongado. Ese contacto es el estado normal. 
La división del trabajo, cuando es normal, no encierra, pues, al individuo en una 
tarea determinada, impidiéndole ver nada fuera de ella. 
CAPITULO II 
LA DIVISIÓN COACTIVA DEL TRABAJO 
La guerra de clases. Procede de que el individuo no se halla en armonía con su 
función, porque ésta le ha sido impuesta por la fuerza. Qué es lo que constituye la 
coacción: toda especie de desigualdad en las condiciones exteriores de la lucha. Es 
verdad que no existe sociedad en la que esas desigualdades no se encuentren. Pero 
disminuyen cada vez más. La sustitución de la solidaridad mecánica por la solidaridad 
orgánica, hace esta disminución necesaria. 
Otra razón que hace necesario ese progreso en el camino de la igualdad. La 
solidaridad contractual deviene un factor cada vez más importante del consensus 
social. Ahora bien, el contrato no liga de una manera verdadera como los valores 
cambiados no sean realmente equivalentes, y, para que así ocurra, es preciso que los 
que cambian sean colocados en condiciones exteriores iguales. Razones que hacen 
esas injusticias más intolerables a medida que la solidaridad orgánica deviene 
35
preponderante. De hecho, el derecho contractual y la moral contractual se hacen 
cada día más exigentes desde ese punto de vista. 
La verdadera libertad individual no consiste, pues, en la supresión de toda 
reglamentación, sino que es el producto de una reglamentación, porque esta igualdad 
no emana de la naturaleza. Esta obra de justicia es la tarea que se impone a las 
sociedades superiores; no pueden mantenerse sin esta condición. 
CAPITULO III 
OTRA FORMA ANORMAL 
Casos en los que la división del trabajo no produce la solidaridad porque la 
actividad funcional de cada trabajador es insuficiente. Cómo la solidaridad orgánica 
aumenta con la actividad funcional en los organismos, —en la sociedad. De hecho, la 
actividad funcional aumenta al mismo tiempo que la división del trabajo, si es normal. 
Motivo secundario que hace que ésta produzca la solidaridad. 
CONCLUSION 
Solución del problema práctico planteado al comienzo. La regla que nos manda 
realizar los rasgos del tipo colectivo tiene por función asegurar la cohesión social; por 
otra parte, es moral y no puede cumplir su función sino por tener un carácter moral. 
Ahora bien, la regla que nos exige especializarnos tiene la misma función; tiene 
igualmente, pues, un valor moral. 
Otra forma de demostrar esta proposición. Conjetura sobre el carácter esencial 
de la moralidad que se induce de las clasificaciones precedentes. La moral es el 
conjunto de las condiciones de la solidaridad social. La división del trabajo presenta 
ese criterio. 
La división del trabajo no disminuye la personalidad individual: ¿Por qué ha de 
ser conforme a la lógica de nuestra naturaleza el desenvolvernos superficialmente y 
no en el sentido de la profundidad? Es más, la personalidad individual no progresa 
sino bajo la influencia de las causas que determinan la división del trabajo. 
El ideal de la fraternidad humana no puede realizarse como la división del 
trabajo no progrese al mismo tiempo. Hállase, pues, ligada a toda nuestra vida moral 
36
III. Pero la división del trabajo no da origen a la solidaridad como no produzca, al 
mismo tiempo, un derecho y una moral. Error de los economistas en este punto. 
Carácter de esta moral: más humana, menos transcendente. Más justicia. 
Consideraciones sobre la crisis actual de la moral. 
37 
2.1.3 MAX WEBER 
Fragmento de la obra Sociedad a través de los Clásicos 
Gina Zabludovsky 
En sus escritos políticos, Weber insiste constantemente en la necesidad de 
abordar sin ilusiones las realidades del mundo moderno y nos presenta una colección 
“cruda” del poder que descansa fundamentalmente en la fuerza. A diferencia de 
Durheim que considera que el Estado es primordialmente una institución moral, 
Weber lo concibe como aquél que tiene la capacidad de reivindicar por medio de la 
fuerza, una área territorial concreta mediante el monopolio de la coerción física 
ejercida legítimamente (Giddens, p. 53). 
El poder debe entenderse como la probabilidad de que una persona o un 
número de personas realicen su propia voluntad en una acción comunal e incluso 
contra la resistencia de otros”. 
En este sentido, Weber diferencia entre el poder y dominación. Esta última 
depende de la “probabilidad de encontrar obediencia en un mandató” y, 
consecuentemente tiene que ver con la legitimidad de un orden social: toda 
dominación implica el ejercicio del poder pero no a la inversa. 
De acuerdo con esta definición y con base en su metodología especifica 
Weber distingue tres “tipos ideales” de dominación legítima que no se dan en la 
realidad en forma pura pero que constituyen construcciones útiles para que el 
sociólogo pueda estudiar la diversidad histórica. Se trata de las formas clásicas de 
dominio que son una de las herencias más importante de Weber al pensamiento 
socio-político y que a continuación describimos brevemente:
Dominación racional: descansa en la creencia de la legalidad de ordenaciones 
estatuidas. Es ejercida por una autoridad legal-burocrática 
Dominación tradicional: su sustento es la creencia cotidiana en la santidad de las 
tradiciones que rigen desde tiempo lejanos. A su vez ésta autoridad se subdivide en 
feudal (desarrollo de Occidente) y patrimonial (desarrollo del Oriente). 3 
Autoridad carismática: se obedece en razón de una entrega extraordinaria en la 
santidad, heroísmo o ejemplaridad de una persona y a las ordenaciones que ella crea 
o revela. 
Weber Observa que hay un proceso imposible de frenar que tiene a concentrar 
el poder en unas cuantas manos y a separar el ejercicio del poder de aquellos que 
trabajan para él –los burócratas. Se trata de un desarrollo similar a lo que ocurre 
cuando el proletariado deja de ser propietario de los medios de producción y los 
científicos de los instrumentos de investigación. 
3 Sobre dominación patrimonial en la obra de Max Weber consulte mis textos, 
así titulados publicados por la Facultad de Ciencias Políticas en 1983, 1986 
Obras de Max Weber: Sobre la teoría de las ciencias sociales, Historia 
económica general, La ética protestante y el espíritu del capitalismo, la sociología de 
la religión, Economía y Sociedad, El político y el científico, Escritos políticos, Ensayos 
sobre metodología sociológica 
38 
2.2 SOCIOLOGÍA MODERNA 
2.2.2 LA TEORÍA DEL INTERCAMBIO: HOMANS, MEAD, GOFFMAN 
Guadalupe Marcela Torres Escutia 
George Homans y Peter Blau intentan poner a los individuos en el primer plano 
de la sociología, en su obra tienen por objetivo: desarrollar una teoría de las formas 
elementales de la vida social. 
Para Homans, la conducta social es un intercambio de actividad, tangible o 
intangible, más o menos gratificante o costosa entre al menos dos personas:
Las Proposiciones de Homans son seis y consisten en: 
Proposición I: del éxito Cuanto más recompensada sea la acción de una 
persona, tanto más probable es que esta lleve a cabo esa acción 
Proposición II: del estímulo Si un estímulo/s ha ocasionado en el pasado que la 
acción de una persona fuera recompensada, entonces cuanto más semejantes sean 
los actuales estímulos a los pasados, más probable es que tal persona realice ahora 
esa acción u otra semejante. 
Implica la generalización (del estímulo) es decir, la tendencia a ampliar la 
39 
conducta a circunstancias similares. 
Y la discriminación (distinguir): actor distingue si actuar en circunstancias 
específicas eficaces en el pasado 
Proposición III: del valor 
Cuanto más valioso sea el resultado de una acción para una persona, más 
probable es que realice esa acción. El castigo es un medio ineficaz para conseguir 
que las personas cambien su conducta pues las personas pueden reaccionar de 
maneras indeseadas/inesperadas al castigo. Homans prefiere no recompensar la 
conducta indeseada (castigo negativo). Es preferible la recompensa, la clave: su 
administración inmediata 
Proposición IV: de la privación saciedad 
Cuanto más de cantidad de una recompensa recientemente, menos valiosa le 
resultará. Solemos saciarnos si recibimos una recompensa durante largos periodos 
de tiempo. Dos conceptos aclaratorios: 
Coste: (de toda conducta) se define como las recompensas que se pierden 
cuando se realizan líneas alternativas de acción. 
Beneficio: la proporción en la que las recompensas superan a los costes en los 
que se incurre. 
Proposición V: de la agresión – aprobación de la agresión – aprobación 
Versión A: Si una persona no recibe por su actividad la recompensa que 
esperaba o recibe un castigo que no esperaba, sentirá indignación y al sentirse 
indignada, los efectos de una conducta agresiva le servirán de recompensa. 
Versión B: Cuando la acción de una persona recibe la recompensa que espera, 
especialmente una recompensa mayor que la esperada, o no recibe el castigo
previsto, se sentirá complacida; lo más probable es que realice la conducta aprobada, 
y los resultados de esa conducta se convierten en más valiosos para ella. 
Proposición VI: de la racionalidad 
Los actores maximizan la utilidad de su conducta: 
Al optar entre alternativas de acción, una persona elige aquella para la que sea 
mayor el producto del valor V, del resultado, multiplicado por la probabilidad, p, de 
obtenerlo. 
40 
A= (v*p) 
George H. Mead 
George H. Mead nace el 27 de febrero de 1863 y muere el 26 de abril de 1931, 
es considerado filósofo pragmático, sociólogo y psicólogo social estadounidense. 
Nació en South Hadley, Massachusetts. Cursó estudios en varias universidades 
de Estados Unidos y Europa e impartió clases en la Universidad de Chicago desde 
1894 hasta su muerte. 
Con influencias de la teoría evolutiva y la naturaleza social de la experiencia y de 
la conducta, recalcó la emersión del yo y de la mente dentro del orden social y en el 
marco del simbolismo lingüístico que usan las personas para comunicarse 
(interaccionismo simbólico). A partir de realizar una crítica al conductismo de J. B. 
Watson denominó su propia corriente como conductismo social. Pensaba que el yo 
surge por un proceso social en el que el organismo se cohíbe. Esta timidez es el 
resultado de la interacción del organismo con su ambiente, incluyendo la 
comunicación con otros organismos. 
El gesto verbal es el mecanismo a través del cual se verifica esta evolución. 
Pero para él también la mente es un producto social. La mente, o la inteligencia, es 
un instrumento desarrollado por el individuo para "hacer posible la solución racional 
de los problemas". Mead hizo por ello hincapié en la aplicación del método científico 
en la acción y reforma social. 
Durante su vida sólo publicó artículos. Sus libros fueron editados póstumamente 
a partir de manuscritos y de los apuntes de sus alumnos. Sus principales obras son 
La filosofía del presente (1932), Mente, yo y sociedad desde el punto de vista de un 
conductista social (1934) y La filosofía del acto (1938).
Erving Goffman 
Es considerado el padre de la microsociología, porque estudió las unidades 
mínimas de interacción entre las personas, centrándose siempre en grupos 
reducidos, Goffman es uno de los más importantes sociólogos del siglo XX. 
El interés de este teórico de interaccionismo simbólico era estudiar la influencia 
de los significados y los símbolos sobre la acción y la interacción humana. Trató de 
profundizar en los procesos micro-sociales de interacción. 
En su obra utiliza la metáfora teatral, para denominar el comportamiento de las 
personas en una realidad determinada. Considera a las personas con un enfoque de 
actores dramaturgos, y definir así las actuaciones de los individuos en sus 
interacciones. Crea así una distinción básica en la interacción de los individuos, entre 
la escena y la trasescena en el escenario existen todas las interacciones que la 
gente hace delante de los demás, mientras que la parte trasera domina toda las que 
se mantienen ocultas o se guardan. 
En Estigma, Goffman trabaja a partir de las interacciones en un grupo en el que 
se encuentra un sujeto "estigmatizado" (social o históricamente). El peligro de ruptura 
de la interacción es mitigado, o incluso eliminado, mediante una serie de recursos e 
informaciones. 
41 
2.2.3 La Sociología Cultural 
El ojo del poder 
Michel Foucault 
“El ojo del poder”, Entrevista con Michel Foucault, en Bentham, Jeremías: “El 
Panóptico”,Ed. La Piqueta, Barcelona, 1980. Traducción de Julia Varela y Fernando Alvarez - 
Uría. 
Jean-Pierre Barou: El Panóptico de Jeremías Bentham es una obra editada a 
finales del siglo XVIII que ha permanecido desconocida. Sin embargo, tú has escrito 
una serie de frases sobre ella tan sorprendentes como éstas: “Un acontecimiento en 
la historia del espíritu humano”, “Una especie de huevo de Colón en el campo de la
política”. Por lo que se refiere a su autor, el jurista inglés Jeremías Bentham, lo has 
presentado como el “Fourier de una sociedad policial”.(1) Para nosotros es un 
misterio. Pero, explícanos, cómo has descubierto El Panóptico. 
Michel Foucault: Estudiando los orígenes de la medicina clínica; había pensado 
hacer un estudio sobre la arquitectura hospitalaria de la segunda mitad del siglo XVIII, 
en la época en la que se desarrolla el gran movimiento de reforma de las instituciones 
médicas. Quería saber cómo se había institucionalizado la mirada médica; cómo se 
había inscrito realmente en el espacio social; cómo la nueva forma hospitalaria era a 
la vez el efecto y el soporte de un nuevo tipo de mirada. Y examinando los diferentes 
proyectos arquitectónicos posteriores al segundo incendio del Hotel-Dieu en 1972 me 
di cuenta hasta qué punto el problema de la total visibilidad de los cuerpos, de los 
individuos, de las cosas, bajo una mirada centralizada, había sido uno de los 
principios básicos más constantes. En el caso de los hospitales este problema 
presentaba una dificultad suplementaria: era necesario evitar los contactos, los 
contagios, la proximidad y los amontonamientos, asegurando al mismo tiempo la 
aireación y la circulación del aire; se trataba a la vez de dividir el espacio y de dejarlo 
abierto, de asegurar una vigilancia que fuese global e individualizante al mismo 
tiempo, separando cuidadosamente a los individuos que debían ser vigilados. Había 
pensado durante mucho tiempo que estos eran problemas propios de la medicina del 
siglo XVIII y de sus concepciones teóricas. 
Después, estudiando los problemas de la penalidad, he visto que todos los 
grandes proyectos de remozamiento de las prisiones (que dicho sea de paso 
aparecen un poco más tarde, en la primera mitad del siglo XIX), retornaban al mismo 
tema, pero ahora refiriéndose casi siempre a Bentham. Casi no existían textos ni 
proyectos acerca de las prisiones en los que no se encontrase el “invento” de 
Bentham, es decir, el “panóptico”. 
El principio era: en la periferia un edificio circular; en el centro una torre; ésta 
aparece atravesada por amplias ventanas que se abren sobre la cara interior del 
círculo. El edificio periférico está dividido en celdas, cada una de las cuales ocupa 
todo el espesor del edificio. Estas celdas tienen dos ventanas: una abierta hacia el 
42
interior que se corresponde con las ventanas de la torre; y otra hacia el exterior que 
deja pasar la luz de un lado al otro de la celda. Basta pues situar un vigilante en la 
torre central y encerrar en cada celda un loco, un enfermo, un condenado, un obrero 
o un alumno. Mediante el efecto de contra-luz se pueden captar desde la torre las 
siluetas prisioneras en las celdas de la periferia proyectadas y recortadas en la luz. 
En suma, se invierte el principio de la mazmorra. La plena luz y la mirada de un 
vigilante captan mejor que la sombra que en último término cumplía una función 
protectora. 
Sorprende constatar que mucho antes que Bentham esta preocupación existía 
ya. Parece que uno de los primeros modelos de esta visibilidad aislante había sido 
puesto en práctica en la Escuela militar de París en 1755 en lo referente a los 
dormitorios. Cada uno de los alumnos debía disponer de una celda con cristalera a 
través de la cual podía ser visto toda la noche sin tener ningún contacto con sus 
condiscípulos, ni siquiera con los criados. Existía además un mecanismo muy 
complicado con el único fin de que el peluquero pudiese peinar a cada uno de los 
pensionistas sin tocarlo físicamente: la cabeza del alumno pasaba a través de un 
tragaluz, quedando el cuerpo del otro lado de un tabique de cristales que permitía ver 
todo lo que ocurría. Bentham ha contado que fue su hermano el que visitando la 
Escuela militar tuvo la idea del panóptico. El tema de todas formas estaba presente. 
Las realizaciones de Claude-Nicolas Ledoux, concretamente la salina que construye 
en Arc-et-Senans, se dirigen al mismo efecto de visibilidad, pero con un elemento 
suplementario: que exista un punto central que sea el lugar del ejercicio y, al mismo 
tiempo, el lugar de registro del saber. De todos modos si bien la idea del panóptico es 
anterior a Bentham, será él quien realmente la formule, y la bautice. El mismo nombre 
de “panóptico” parece fundamental. Designa un principio global. Bentham no ha pues 
simplemente imaginado una figura arquitectónica destinada a resolver un problema 
concreto, como el de la prisión, la escuela o el hospital. Proclama una verdadera 
invención que él mismo denomina “huevo de Colón”. Y, en efecto, lo que buscaban 
los médicos, los industriales, los educadores y los penalistas, Bentham se lo facilita: 
ha encontrado una tecnología de poder específica para resolver los problemas de 
vigilancia. Conviene destacar una cosa importante: Bentham ha pensado y dicho que 
su procedimiento óptico era la gran innovación para ejercer bien y fácilmente el poder. 
De hecho, dicha innovación ha sido ampliamente utilizada desde finales del siglo 
XVIII. Sin embargo los procedimientos de poder puestos en práctica en las 
43
sociedades modernas son mucho más numerosos, diversos y ricos. Sería falso decir 
que el principio de visibilidad dirige toda la tecnología de poder desde el siglo XIX. 
Michelle Perrot: ¡Pasando por la arquitectura! ¿Qué pensar por otra parte de la 
arquitectura como modo de organización política? Porque en último término todo es 
espacial, no solo mentalmente, sino materialmente en este pensamiento del siglo 
XVIII. 
Foucault: Desde finales del siglo XVIII la arquitectura comienza a estar ligada a 
los problemas de población, de salud, de urbanismo. Antes, el arte de construir 
respondía sobre todo a la necesidad de manifestar el poder, la divinidad, la fuerza. El 
palacio y la iglesia constituían las grandes formas a las que hay que añadir las plazas 
fuertes: se manifestaba el poderío, se manifestaba el soberano, se manifestaba Dios. 
La arquitectura se ha desarrollado durante mucho tiempo alrededor de estas 
exigencias. Pero, a finales del siglo XVIII, aparecen nuevos problemas: se trata de 
servirse de la organización del espacio para fines económico-políticos. 
Surge una arquitectura específica. Philippe Aries ha escrito cosas que me 
parecen importantes sobre el hecho de que la casa, hasta el siglo XVIII, es un 
espacio indiferenciado. En este espacio hay habitaciones en las que se duerme, se 
come, se recibe..., en fin poco importa. Después, poco a poco, el espacio se 
especifica y se hace funcional. Un ejemplo es el de la construcción de las ciudades 
obreras en los años 1830-1870. Se fijará a la familia obrera; se le va a prescribir un 
tipo de moralidad asignándole un espacio de vida con una habitación que es el lugar 
de la cocina y del comedor, otra habitación para los padres, que es el lugar de la 
procreación, y la habitación de los hijos. Algunas veces, en el mejor de los casos, 
habrá una habitación para las niñas y otra para los niños. Podría escribirse toda una 
“historia de los espacios” -que sería al mismo tiempo una “historia de los poderes”- 
que comprendería desde las grandes estrategias de la geopolítica hasta las pequeñas 
tácticas del habitat, de la arquitectura institucional, de la sala de clase o de la 
organización hospitalaria, pasando por las implantaciones económico-políticas. 
Sorprende ver cuánto tiempo ha hecho falta para que el problema de los espacios 
aparezca como un problema histórico-político, ya que o bien el espacio se reenviaba 
a la “naturaleza” -a lo dado, a las determinaciones primeras, a la “geografía física”- es 
decir a una especie de capa “prehistórica”, o bien se lo concebía como lugar de 
residencia o de expansión de un pueblo, de una cultura, de una lengua, o de un 
Estado. En suma, se lo analizaba o bien como suelo, o bien como aire; lo que 
44
importaba era el sustrato o las fronteras. Han sido necesarios Marc Bloch y Fernand 
Braudel para que se desarrolle una historia de los espacios rurales o de los espacios 
marítimos. Es preciso continuarla sin decirse simplemente que el espacio 
predetermina una historia que a su vez lo remodela y se sedimenta en él. El anclaje 
espacial es una forma económico-política que hay que estudiar en detalle. Entre 
todas las razones que han inducido durante tanto tiempo a una cierta negligencia 
respecto a los espacios, citaré solamente una que concierne al discurso de los 
filósofos. En el momento en el que comenzaba a desarrollarse una política reflexiva 
de los espacios (finales del siglo XVIII), las nuevas adquisiciones de la física teórica y 
experimental desalojaron a la filosofía de su viejo derecho de hablar del mundo, del 
cosmos, del espacio finito e infinito. Esta doble ocupación del espacio por una 
tecnología política y por una práctica científica ha circunscrito la filosofía a una 
problemática del tiempo. Desde Kant, lo que el filósofo tiene que pensar es el tiempo - 
Hegel, Bergson, Heidegger-, con una descalificación correlativa del espacio que 
aparece del lado del entendimiento, de lo analítico, de lo conceptual, de lo muerto, de 
lo fijo, de lo inerte. Recuerdo haber hablado, hace una docena de años de estos 
problemas de una política de los espacios, y se me respondió que era bien 
reaccionario insistir tanto sobre el espacio, que el tiempo, el proyecto, era la vida y el 
progreso. Conviene decir que este reproche venía de un psicólogo -verdad y 
vergüenza de la filosofía del siglo XIX-. 
M. P.: De paso, me parece que la noción de sexualidad es muy importante tal 
como señaló Ud. a propósito de la vigilancia en el caso de los militares; de nuevo 
aparece este problema con la familia obrera; es sin duda fundamental. 
Foucault: Totalmente de acuerdo. En estos temas de vigilancia, y en particular 
de la vigilancia escolar, los controles de la sexualidad se inscriben en la arquitectura. 
En el caso de la Escuela militar las paredes hablan de la lucha contra la 
homosexualidad y la masturbación. 
M. P.: Siguiendo con la arquitectura, ¿no le parece que individuos como los 
médicos, cuya participación social es considerable a finales del siglo XVIII, han 
desempeñado de algún modo un papel de organizadores del espacio? La higiene 
social nace entonces; en nombre de la limpieza, la salud, se controlan los lugares que 
ocupan unos y otros. Y los médicos, con el renacimiento de la medicina hipocrática, 
se sitúan ente los más sensibilizados al problema del entorno, del lugar, de la 
45
temperatura, datos que encontramos en la encuesta de Howard sobre las 
prisiones.(2) 
Foucault: Los médicos eran entonces en cierta medida especialistas del 
espacio. Planteaban cuatro problemas fundamentales: el de los emplazamientos 
(climas regionales, naturaleza de los suelos, humedad y sequedad: bajo el nombre de 
“constitución”, estudiaban la combinación de los determinantes locales y de las 
variaciones de estación que favorecen en un momento dado un determinado tipo de 
enfermedad); el de las coexistencias (ya sea de los hombres entre sí: densidad y 
proximidad; ya sea de los hombres y las cosas: aguas, alcantarillado, ventilación; ya 
sea de los hombres entre sí: densidad y proximidad; ya sea de los hombres y los 
animales: mataderos, establos; ya sea de los hombres y los muertos: cementerios); el 
de las residencias (habitat, urbanismo); el de los desplazamientos (emigración de los 
hombres, propagación de las enfermedades). Los médicos han sido con los militares, 
los primeros gestores del espacio colectivo. Pero los militares pensaban sobre todo el 
espacio de las “campañas” (y por lo tanto el de los “pasos”) y el de las fortalezas. Los 
médicos han pensado sobre todo el espacio de las residencias y el de las ciudades. 
No recuerdo quién ha buscado en Montesquieu y en Augusto Comte las grandes 
etapas del pensamiento sociológico. Es ser bien ignorante. El saber sociológico se 
forma más bien en prácticas tales como las de los médicos. Guepin ha escrito en los 
mismos comienzos del siglo XIX un maravilloso análisis de la ciudad de Nantes. 
De hecho, si la intervención de los médicos ha sido tan capital en esta época, se 
debe a que estaba exigida por todo un conjunto de problemas políticos y económicos 
nuevos: la importancia de los hechos de población. 
M. P.: Es chocante además la gran cantidad de personas que se ven 
concernidas por la reflexión de Bentham. En distintos sitios dice haber resuelto los 
problemas de disciplina planteados por un gran número de individuos a cargo de unos 
pocos. 
Foucault: Al igual que sus contemporáneos Bentham se encuentra con el 
problema de la acumulación de hombres. Pero mientras que los economistas 
planteaban el problema en términos de riqueza (población-riqueza ya que mano de 
obra, fuente de actividad económica, consumo; y población-pobreza ya que 
excedente u ociosa), Bentham plantea la cuestión en términos de poder: la población 
como blanco de las relaciones de dominación. Se puede decir, creo, que los 
mecanismos de poder, que intervenían incluso en una monarquía administrativa tan 
46
desarrollada como la francesa, dejaban aparecer huecos bastante amplios: sistema 
lacunar, aleatorio, global, que no entra en detalles, que se ejerce sobre grupos 
solidarios o practica el método del ejemplo (como puede verse claramente en el 
sistema fiscal o en la justicia criminal); el poder tenía pues una débil capacidad de 
“resolución” como se diría en términos de fotografía, no era capaz de practicar un 
análisis individualizante y exhaustivo del cuerpo social. Ahora bien, las mutaciones 
económicas del siglo XVIII han hecho necesaria una circulación de los efectos de 
poder a través de canales cada vez más finos, hasta alcanzar a los propios 
individuos, su cuerpo, sus gestos, cada una de sus habilidades cotidianas. Que el 
poder, incluso teniendo que dirigir a una multiplicidad de hombres, sea tan eficaz 
como si se ejerciese sobre uno solo. 
M. P.: Los crecimientos demográficos del siglo XVIII han contribuido sin duda al 
47 
desarrollo de un poder semejante. 
J.-P. B.: ¿No es sorprendente entonces saber que la Revolución francesa a 
través de personas como La Fayette, ha acogido favorablemente el proyecto del 
panóptico? Se sabe que Bentham, como premio a sus desvelos, ha sido hecho 
“Ciudadano francés” en 1791. 
Foucault: Yo diría que Bentham es el complemento de Rousseau. ¿Cuál es, en 
efecto, el sueño rousseauniano que ha animado a tantos revolucionarios?: el de una 
sociedad transparente, visible y legible a la vez en cada una de sus partes; que no 
existan zonas oscuras, zonas ordenadas por los privilegios del poder real o por las 
prerrogativas de tal o tal cuerpo, o incluso por el desorden; que cada uno, desde el 
lugar que ocupa, pueda ver el conjunto de la sociedad; que los corazones se 
comuniquen unos con otros, que las miradas no encuentren ya obstáculos, que la 
opinión reine, la de cada uno sobre cada uno. Starobinski ha escrito páginas muy 
interesantes respecto a este tema en La Transparencia y el obstáculo y en La 
invención de la libertad. 
Bentham es a la vez esto y todo lo contrario. Plantea el problema de la 
visibilidad, pero pensando en una visibilidad totalmente organizada alrededor de una 
mirada dominadora y vigilante. Hace funcionar el proyecto de una visibilidad 
universal, que actuaría en provecho de un poder riguroso y meticuloso. Así, sobre el 
gran tema rousseauniano -que es en alguna medida el lirismo de la Revolución- se 
articula la idea técnica del ejercicio de un poder “omnicontemplativo” que es la
obsesión de Bentham. Los dos se unen y el todo funciona: el lirismo de Rousseau y la 
obsesión de Bentham. 
M. P.: Hay una frase en el Panóptico: “Cada camarada se convierte en un 
48 
vigilante”. 
Foucault: Rousseau habría dicho justamente lo inverso: que cada vigilante sea 
un camarada. Véase El Emilio: el preceptor de Emilio es un vigilante, es necesario 
que sea también un camarada. 
J.-P. B.: La Revolución francesa no sólo no hace una lectura próxima a la que 
hacemos ahora sino que incluso encuentra en el proyecto de Bentham miras 
humanitarias. 
Foucault: Justamente, cuando la Revolución se pregunta por una nueva justicia 
el resorte para ella será la opinión. Su problema, de nuevo, no ha sido hacer que las 
gentes fuesen castigadas; sino hacer que ni siquiera puedan actuar mal en la medida 
en que se sentirían sumergidas, inmersas, en un campo de visi-bilidad total en el cual 
la opinión de los otros, la mi-rada de los otros, el discurso de los otros, les impidan 
obrar mal o hacer lo que es nocivo. Esto está presente constantemente en los textos 
de la Revolución. 
M. P.: El contexto inmediato ha jugado también su papel en la adopción del 
panóptico por la Revolución: en este momento el problema de las cárceles está a la 
orden del día. A partir de 1770 tanto en Inglaterra como en Francia existe una fuerte 
inquietud respecto a este tema como puede constatarse a través de la encuesta de 
Howard sobre las prisiones traducida al francés en 1788. Hospitales y cárceles son 
dos grandes temas de discusión en los salones parisinos, en los círculos ilustrados. 
Se ha convertido en algo escandaloso el que las prisiones sean lo que son: una 
escuela del vicio y del crimen; y lugares tan desprovistos de higiene que en ellos se 
muere uno. Los médicos comienzan a decir cómo se deteriora el cuerpo, cómo se 
dilapida en semejantes sitios. Llegada la Revolución francesa, emprende a su vez 
una encuesta de alcance europeo. Un tal Duquesnoy es el encargado de hacer un 
informe sobre los establecimientos llamados “de humanidad”, vocablo que comprende 
hospitales y prisiones. 
Foucault: Un miedo obsesivo ha recorrido la segunda mitad del siglo XVIII: el 
espacio oscuro, la pantalla de oscuridad que impide la entera visibilidad de las cosas, 
las gentes, las verdades. Disolver los fragmentos de noche que se oponen a la luz,
hacer que no existan más espacios oscuros en la sociedad, demoler esas cámaras 
negras en las que se fomenta la arbitrariedad política, los caprichos del monarca, las 
supersticiones religiosas, los complots de los tiranos y los frailes, las ilusiones de 
ignorancia, las epidemias. Los castillos, los hospitales, los depósitos de cadáveres, 
las casas de corrección, los conventos, desde antes de la Revolución han suscitado 
una desconfianza o un odio que no fueron subestimados; el nuevo orden político y 
moral no puede instaurarse sin su desaparición. Las novelas de terror en la época de 
la Revolución, desarrollan todo un mundo fantástico de la muralla, de la sombra, de lo 
oculto, de la mazmorra, de todo aquello que protege en una complicidad significativa, 
a los truhanes y a los aristócratas, a los monjes y a los traidores: los paisajes de Ann 
Radcliffe son montañas, bosques, cuevas, castillos en ruinas, conventos en los que la 
oscuridad y el silencio dan miedo. Ahora bien, estos espacios imaginarios son como 
la “contra-figura” de las transparencias y de las visibilidades que se intentan 
establecer entonces. Este reino de “la opinión” que se invoca con tanta frecuencia en 
esta época, es un modo de funcionamiento en el que el poder podría ejercerse por el 
solo hecho de que las cosas se sabrán y las gentes serán observadas por una 
especie de mirada inmediata, colectiva y anónima. Un poder cuyo recorte principal 
fuese la opinión no podría tolerar regiones de sombra. Si se han interesado por el 
proyecto de Bentham se debe a que, siendo aplicable a tantos campos diferentes, 
proporcionaba la fórmula de un “poder por transparencia”, de un sometimiento por 
“proyección de claridad”. El panóptico es un poco la utili zación de la forma “castillo: 
(torreón rodeado de murallas) para paradójicamente crear un espacio de legibilidad 
detallada. 
J.-P. B.: Son en definitiva los rincones ocultos del hombre lo que el Siglo de las 
49 
Luces quiere hacer desaparecer. 
Foucault: Indudablemente. 
M. P.: Sorprenden también las técnicas de poder que funcionan en el interior del 
panóptico. La mirada fundamentalmente, y también la palabra puesto que existen 
esos famosos tubos de acero -extraordinaria invención- que unen el inspector central 
con cada una de las celdas en las que se encuentran, nos dice Bentham, no un 
prisionero sino pequeños grupos de prisioneros. En último término, la importancia de 
la disuasión está muy presente en el texto de Bentham: “Ës preciso -dice- estar 
incesantemente bajo la mirada de un inspector; perder la facultad de hacer el mal y 
casi el pensamiento de quererlo”. Nos encontramos de lleno con las preocupaciones
de la Revolución: impedir a las gentes obrar mal, quitarles las ganas de desearlo, en 
resumen: no poder y no querer. 
Foucault: Estamos hablando de dos cosas: de la mirada y de la interiorización. 
Y, en el fondo, ¿no se trata del problema del precio del poder? El poder, de hecho, no 
se ejerce sin gastos. Existe evidentemente el coste económico, y Bentham lo dice. 
¿Cuántos vigilantes hacen falta? ¿Cuánto, en definitiva, costará la máquina? Pero 
está además el coste propiamente político. Si se es muy violento se corre el riesgo de 
suscitar insurrecciones; si se interviene de forma discontinua se arriesga uno a dejar 
que se produzcan, en los intervalos, fenómenos de resistencia de un coste político 
elevado. Así funcionaba el poder monárquico. Por ejemplo, la justicia que detenía una 
proporción irrisoria de criminales, argumentaba diciendo: conviene que el castigo sea 
espectacular para que los demás tengan miedo. Poder violento por tanto que debía, 
mediante el ejemplo, asegurar las funciones de continuidad. A esto contestan los 
nuevos teóricos del siglo XVIII: es un poder demasiado costoso y con muy pocos 
resultados. Se hacen grandes gastos de violencia que en realidad no tienen valor de 
ejemplo, se ve uno incluso obligado a multiplicar las violencias, de forma tal, que se 
multiplican las rebeliones. 
M. P.: Esto es lo que sucedió con las insurrecciones contra el patíbulo. 
Foucault: Por el contrario, se cuenta con la mirada que va a exigir pocos gastos. 
No hay necesidad de armas, de violencias físicas, de coacciones materiales. Basta 
una mirada. Una mirada que vigile, y que cada uno, sintiéndola pesar sobre sí, 
termine por interiorizarla hasta el punto de vigilarse a sí mismo; cada uno ejercerá 
esta vigilancia sobre y contra sí mismo. ¡Fórmula maravillosa: un poder continuo y de 
un coste, en último término, ridículo! Cuando Bentham considera que él lo ha 
conseguido, cree que es el huevo de Colón en el orden de la política, una fórmula 
exactamente inversa a la del poder monárquico. De hecho, en las técnicas de poder 
desarrolladas en la época moderna, la mirada ha tenido una importancia enorme, 
pero como ya he dicho, está lejos de ser la única ni siquiera la principal 
instrumentación puesta en práctica. 
M. P.: Parece que, respecto a esto, Bentham se plantea el problema del poder 
en función sobre todo de grupos pequeños. ¿Por qué? ¿Por qué piensa que la parte 
es el todo, y que si se logra el éxito a nivel de grupos puede luego extenderse al todo 
social? ¿O bien es que el conjunto social, el poder a nivel de todo social es algo que 
entonces no se concebía realmente? ¿Por qué? 
50
Foucault: El problema consiste en evitar los obstáculos, las interrupciones; al 
igual que ocurría en el Antiguo Régimen, con las barreras que presentaban a las 
decisiones de poder los cuerpos constituidos, los privilegios de determinadas 
categorías, desde el clero, hasta las corporaciones, pasando por los magistrados. Del 
mismo modo que las barreras que, en el Antiguo Régimen presentaban los cuerpos 
constituidos, los privilegios de determinadas categorías a las decisiones de poder. La 
burguesía comprende perfectamente que una nueva legislación o una nueva 
Constitución no son garantía suficiente para mantener su hegemonía. Se da cuenta 
de que debe inventar una tecnología nueva que asegure la irrigación de todo el 
cuerpo social de los efectos de poder llegando hasta sus más ínfimos resquicios. Y en 
esto precisamente la burguesía ha hecho no sólo una revolución política sino que 
también ha sabido implantar una hegemonía social que desde entonces conserva. 
Esta es la razón por la que todas estas invenciones han sido tan importantes y han 
hecho de Bentham uno de los inventores más ejemplares de la tecnología de poder. 
J.-P. B.: No obstante, no se sabe a quién beneficia el espacio organizado tal 
como Bentham preconiza, si a los que habitan la torre central o a los que vienen a 
visitarla. Se tiene la sensación de estar ante un mundo infernal del que no escapa 
nadie, ni los que son observados ni los que observan. 
Foucault: Esto es sin duda lo que hay de diabólico en esta idea como en todas 
las aplicaciones a que ha dado lugar. No existe en ella un poder que radicaría 
totalmente en alguien y que ese alguien ejercería él solo y de forma absoluta sobre 
los demás; es una máquina en la que todo el mundo está aprisionado, tanto los que 
ejercen el poder como aquellos sobre los que el poder se ejerce. Pienso que esto es 
lo característico de las sociedades que se instauran en el siglo XIX. El poder ya no se 
identifica sustancialmente con un individuo que lo ejercería o lo poseería en virtud de 
su nacimiento, se convierte en una maquinaria de la que nadie es titular. Sin duda, en 
esta máquina nadie ocupa el mismo puesto, sin duda ciertos puestos son 
preponderantes y permiten la producción de efectos de supremacía. De esta forma, 
estos puestos pueden asegurar una dominación de clase en la misma medida en que 
disocian el poder de la potestad individual. 
M. P.: El funcionamiento del panóptico es, desde este punto de vista, un tanto 
contradictorio. Está el inspector principal que desde la torre central vigila a los 
prisioneros. Pero, al mismo tiempo, vigila a sus subalternos, es decir, al personal; 
este inspector central no tiene ninguna confianza en los vigilantes, e incluso se refiere 
51
a ellos de un modo un tanto despectivo pese a que, en principio, están destinados a 
serle próximos. ¡Pensamiento, pues, aristocrático! 
Pero, al mismo tiempo, quisiera hacer esta observación en lo que se refiere al 
personal subalterno: ha constituido un problema para la sociedad industrial. No ha 
sido cómodo para los patronos encontrar capataces, ingenieros capaces de dirigir y 
de vigilar las fábricas. 
Foucault: Es un problema considerable que se plantea en el siglo XVIII. Se 
puede constatar claramente en el caso del ejército, cuando fue necesario fabricar 
“suboficiales” que tuviesen conocimientos auténticos para organizar eficazmente las 
tropas en caso de maniobras tácticas, con frecuencia difíciles, tanto más difíciles 
cuanto que el fusil acababa de ser perfeccionado. Los movimientos, los 
desplazamientos, las filas, las marchas exigían este personal disciplinario. Más tarde 
los talleres vuelven a plantear a su modo el mismo problema; también la escuela con 
sus maestros, sus ayudantes, sus vigilantes. La iglesia era entonces uno de los raros 
cuerpos sociales en el que existían pequeños cuadros competentes. El religioso, ni 
muy alfabetizado ni totalmente ignorante, el cura, el vicario entraron en lid cuando se 
necesitó escolarizar a centenas de millares de niños. El Estado no se dotó con 
pequeños cuadros similares hasta mucho más tarde. Igual sucedió con los hospitales. 
No hace aún mucho que el personal subalterno hospitalario continuaba estando 
constituido en su mayoría por religiosas. 
M. P.: Estas mismas religiosas han desempeñado un papel considerable en la 
aplicación de las mujeres al trabajo: aquí se sitúan los famosos internados del siglo 
XIX en los que vivía y trabajaba un personal femenino bajo el control de religiosas 
formadas especialmente para ejercer la disciplina de las fábricas. 
El Panóptico está lejos de estar exento de estas preocupaciones ya que se 
puede constatar la existencia de esta vigilancia del inspector principal sobre el 
personal subalterno, y esta vigilancia sobre todos, a través de las ventanas de la 
torre, sucesión ininterrumpida de miradas que hace pensar en “cada camarada se 
convierte en un vigilante”, hasta el punto de que se tiene la impresión, un poco 
vertiginosa, de estar en presencia de una invención que en alguna medida se va de 
las manos de su creador. Bentham, en un principio, quiere confiar en un poder único: 
el poder central. Pero, leyéndolo uno se pregunta, ¿a quién mete Bentham en la 
torre? ¿Al ojo de Dios? Sin embargo Dios está poco presente en su texto; la religión 
52
no desempeña sino un papel de utilidad. Entonces, ¿a quién? En definitiva es preciso 
decir que el mismo Bentham no ve muy claro a quien confiar el poder. 
Foucault: Bentham no puede confiar en nadie en la medida en que nadie debe 
ser lo que era el rey en el antiguo sistema, es decir, la fuente del poder y de la 
justicia. La teoría de la monarquía lo suponía. Era preciso confiar en el rey. Por su 
propia existencia, querida por Dios, él era la fuente de la justicia, de la ley, del 
poder.El poder que radicaba en su persona no podía sino ser bueno; un mal rey 
equivalía a un accidente de la historia o a un castigo del soberano absolutamente 
perfecto, Dios. Por el contrario, no se puede confiar en nadie cuando el poder está 
organizado como una máquina que funciona según engranajes complejos, en la que 
lo que es determinante es el puesto de cada uno, no su naturaleza. Si la máquina 
fuese tal que alguien estuviese fuera de ella, o que tuviese él solo la responsabilidad 
de su gestión, el poder se identificaría a un hombre y estaríamos de nuevo en un 
poder de tipo monárquico. En el Panóptico, cada uno, según su puesto, está vigilado 
por todos lo demás, o al menos por alguno de ellos; se está en presencia de un 
aparato de desconfianza total y circulante porque carece de un punto absoluto. La 
perfección de la vigilancia es una suma de insidias. 
J.-P. B.: Una maquinaria diabólica, como has dicho, que no perdona a nadie. La 
imagen quizá del poder de hoy. Pero, ¿cómo crees que se ha llegado hasta aquí? 
¿Por voluntad de quién y con qué objeto? 
Foucault: La cuestión del poder se simplifica cuando se plantea únicamente en 
términos de legislación o de Constitución; o en términos de Estado o de aparato de 
Estado. El poder es sin duda más complicado, o de otro modo, más espeso y difuso 
que un conjunto de leyes o un aparato de Estado. No se puede comprender el 
desarrollo de las fuerzas productivas propias del capitalismo, ni imaginar su desarrollo 
tecnológico, si no se conocen al mismo tiempo los aparatos de poder. En el caso, por 
ejemplo, de la división de trabajo en los grandes talleres del siglo XVIII, ¿cómo se 
habría llegado a este reparto de tareas si no hubiese existido una nueva di stribución 
del poder al propio nivel del remodelamiento de las fuerzas productivas? Lo mismo 
sucede con el ejército moderno: no basta con que exista otro tipo de armamento, ni 
otra forma de reclutamiento, fue necesario que se produjera a la vez esta nueva 
distribución de poder que se llama disciplina, con sus jerarquías, sus cuadros, sus 
inspecciones, sus ejercicios, sus condicionamientos y domes-ticaciones. Sin esto, el 
ejército tal como ha funcionado desde el siglo XVIII no hubiera sido posible. 
53
J.-P. B.: De todos modos, ¿existe alguien o algunos que impulsan el todo? 
Foucault: Se impone una distinción. Está claro que en un dispositivo como el 
ejército, el taller o cualquier tipo de institución, la red del poder adopta una forma 
piramidal. Existe pues una cúspide. Sin embargo incluso en un caso así de simple, 
esta “cúspide” no es la “fuente” o el “principio” de donde se derivaría todo el poder 
como de un centro luminoso (esta es la imagen según la cual se representa a la 
monarquía). La cúspide y los elementos inferiores de la jerarquía están en una 
relación de sostén y de condicionamiento recíprocos; se “sostienen” (el poder como 
“chantaje” mutuo e indefinido). Pero si lo que me preguntas es si esta nueva 
tecnología de poder tiene históricamente su origen en un individuo o en un grupo de 
individuos determinados, que habrían decidido aplicarla para servir sus propios 
intereses y utilizar así, en su beneficio, el cuerpo social, te responderé: no. Estas 
tácticas han sido inventadas, organizadas, a partir de condiciones locales y de 
urgencias concretas. Se han perfilado palmo a palmo antes de que una estrategia de 
clase las solidifique en amplios conjuntos coherentes. Hay que señalar además que 
estos conjuntos no consisten en una homoge-neización sino más bien en un juego 
complejo de apoyos que adoptan los diferentes mecanismos de poder unos sobre 
otros permaneciendo sin embargo en su especificidad. Así, actualmente, la 
interrelación entre medicina, psiquiatría, psicoanálisis, escuela, justicia, familia, en lo 
que se refiere a los niños, no homogeneiza estas distintas instancias sino que 
establece entre ellas conexiones, reenvíos, complementariedades, delimitaciones, lo 
que supone que cada una conserva hasta cierto punto las modalidades que le son 
propias. 
M. P.: Ud. rechaza la idea de un poder que sería una super-estructura, pero no 
la idea de un poder que es, en cierto modo, consustancial al desarrollo de las fuerzas 
productivas, que forma parte de él. 
Foucault: Por supuesto. Y el poder se transforma continuamente con estas 
fuerzas. El Panóptico era una utopía-programa. Pero ya en la época de Bentham el 
tema de un poder espacializante, vigilante, inmovilizante, en una palabra, 
disciplinario, estaba desbordado por mecanismos mucho más sutiles que permitían la 
regulación de los fenómenos de población, el control de sus oscilaciones, la 
compensación de sus irregularidades. Bentham es “arcaizante” por la importancia que 
da a la mirada, es muy actual por la importancia que concede a las técnicas de poder 
en general. 
54
M. P.: No existe un Estado global, existen micro-sociedades, microcosmos que 
55 
se instauran. 
J.-P. B.: ¿Es preciso entonces, frente al despliegue del panóptico, poner en 
cuestión la sociedad industrial? ¿O conviene hacer responsable a la sociedad 
capitalista? 
Foucault: ¿Sociedad industrial o sociedad capitalista? No sabría responder si no 
es diciendo que estas formas de poder se encuentran también en las sociedades 
socialistas: la transferencia ha sido inmediata. Pero, sobre este punto, preferiría que 
intervenga la historiadora. 
M. P.: Es cierto que la acumulación de capital surge por una tecnología industrial 
y por la puesta en marcha de todo un aparato de poder. Pero no es menos cierto que 
un proceso semejante aparece de nuevo en la sociedad socialista soviética. El 
estalinismo, en cierto modo, corresponde también a un período de acumulación de 
capital y de instauración de un poder fuerte. 
J.-P. B.: De nuevo encontramos, como de pasada, la noción de beneficio; en 
este sentido, la máquina inhumana de Bentham se muestra como algo muy valioso, al 
menos para algunos. 
Foucault: ¡Evidentemente! Habría que tener el optimismo un poco ingenuo de 
los “dandys” del siglo XIX para imaginarse que la burguesía es tonta. Por el contrario, 
conviene tener en cuenta sus golpes de genio. Y, entre ellos justamente, está el 
hecho de que ha sido capaz de construir máquinas de poder que posibilitan circuitos 
de beneficios los cuales, a su vez, refuerzan y modifican los dispositivos de poder, y 
esto de forma dinámica y circular. El poder feudal, funcionando por deducciones y 
gasto, se minaba a sí mismo. El de la burguesía se mantiene no por la conservación 
sino mediante transformaciones sucesivas. De aquí se deriva que la posibilidad de su 
caída y de la Revolución formen parte de su historia prácticamente desde sus 
comienzos. 
M. P.: Se puede señalar que Bentham concede una enorme importancia al 
trabajo, al que se refiere una y otra vez. 
Foucault: Ello responde al hecho de que las técnicas de poder se han inventado 
para responder a las exigencias de la producción. Me refiero a la producción en un 
sentido amplio (puede tratarse de “producir” una destrucción, como en el caso del 
ejército).
J.-P. B.: Cuando, dicho sea de paso, empleas el término “trabajo” en tus libros, 
raramente lo haces en relación al trabajo productivo. 
Foucault: Porque se da el caso de que me he ocupado de gentes que estaban 
situadas fuera de los circuitos del trabajo productivo: los locos, los enfermos, los 
prisioneros, y actualmente los niños. El trabajo para ellos, tal como deben realizarlo, 
tiene un valor predominante disciplinario. 
J.-P.B.: El trabajo como forma de domesticación. ¿No se da siempre? 
Foucault: Por supuesto. Siempre se ha hablado de la triple función del trabajo: 
función productiva, función simbólica y función de domesticación o disciplinaria. La 
función productiva es sensiblemente igual a cero para las categorías de las que me 
ocupo, mientras que las funciones simbólica y disciplinaria son muy importantes. 
Pero, lo más frecuente, es que coexisten los tres componentes. 
M.P.: Bentham, en todo caso, me parece muy seguro de sí, muy confiado en el 
poder penetrante de la mirada. Se tiene incluso la sensación de que no calibra muy 
bien el grado de opacidad y de resistencia del material que ha de corregir, que ha de 
integrar en la sociedad -los famosos prisioneros-. Además, ¿no es el panóptico de 
Bentham, en cierto modo, la ilusión del poder? 
Foucault: Es la ilusión de casi todos los reformadores del siglo XVIII que han 
concedido a la opinión un poder considerable. Puesto que la opinión necesariamente 
era buena por ser la conciencia inmediata de cuerpo social entero, los reformadores 
creyeron que las gentes se harían virtuosas por el hecho de ser observadas. La 
opinión era para ellos como la reactualización espontánea del contrato. Desconocían 
las condiciones reales de la opinión, los “media”, una materialidad que está 
aprisionada en los mecanismos de la economía y del poder bajo la forma de la 
prensa, de la edición, y más tarde del cine y de la televisión. 
M. P.: Cuando dices que han desconocido los “media”, quieres decir que no se 
han dado cuenta de que les haría falta utilizarlos. 
Foucault: Y que esos media estarían necesariamente dirigidos por intereses 
económicos-políticos. No percibieron los componentes materiales y económicos de la 
opinión. Creyeron que la opinión sería justa por naturaleza, que se extendería por sí 
misma, y que sería una especie de vigilancia democrática. En el fondo, es el 
periodismo -innovación capital del siglo XIX- el que ha puesto de manifiesto el 
carácter utópico de toda esta política de la mirada. 
56
M. P.: En general los pensadores desconocen las dificultades que van a 
encontrar para hacer “prender” su sistema. Ignoran que siempre habrá escapatorias y 
que las resistencias jugarán su papel. En el terreno de las cárceles, los detenidos no 
han sido gente pasiva; es Bentham quien nos hace pensar lo contrario. El discurso 
penitenciario se despliega como si no existiese nadie frente a él, como si no existiese 
más que una “Tábula rasa”, gente que hay que reformar para arrojar luego al circuito 
de la producción. En realidad hay un material -los detenidos- que resiste de un modo 
formidable. Lo mismo se podría decir del taylorismo, sistema que constituye una 
extraordinaria invención de un ingeniero que quiere luchar contra la gandulería, contra 
todo lo que hace más lento el ritmo de producción. Pero en última instancia, se puede 
uno preguntar:¿ha funcionado realmente alguna vez el taylorismo? 
Foucault: En efecto, otro de los elementos que sitúa también a Bentham en lo 
irreal es la resistencia efectiva de las gentes. Cosas que Vd., Michelle Perrot, ha 
estudiado. ¿Cómo se ha opuesto la gente en los talleres, en las ciudades, al sistema 
de vigilancia, de pesquisas continuas? ¿Tenían conciencia del carácter coactivo, de 
sometimiento insoportable de esta vigilancia? ¿O lo aceptaban como algo natural? En 
suma, ¿han existido insurrecciones contra la mirada? 
M. P.: Sí, han existido insurrecciones contra la mirada. La repugnancia de los 
trabajadores a habitar las ciudades obreras es un hecho patente. Las ciudades 
obreras, durante mucho tiempo, han sido un fracaso. Lo mismo sucede con la 
distribución del tiempo tan presente en el Panóptico. La fábrica y sus horarios han 
suscitado durante largo tiempo una resistencia pasiva que se traducía en el hecho de 
que, simplemente, no se iba. Es la prodigiosa historia del San Lunes en el siglo XIX, 
día que los obreros habían inventado para “tomar aire” cada semana. Han existido 
múltiples formas de resistencia al sistema industrial obligando a los patrones a dar 
marcha atrás en el primer momento. Otro ejemplo: los sistemas de micro-poderes no 
se han instaurado de forma inmediata. Este tipo de vigilancia y de encuadramiento se 
ha desarrollado, en un primer tiempo, en los sectores mecanizados que contaban 
mayoritariamente con mujeres o niños, es decir, con personas habituadas a 
obedecer: la mujer a su marido, el niño a su familia. Pero en los sectores digamos 
viriles, como la metalurgia, se observa una situación muy distinta. La patronal no llega 
a implantar inmediatamente su sistema de vigilancia, y debe, durante la primera mitad 
del siglo XIX, delegar sus poderes. Establece un contrato con el equipo de obreros a 
través de su jefe que es generalmente el obrero más anciano o más cualificado. Se 
57
ejerce un verdadero contra-poder por parte de los obreros profesionales, contra-poder 
que comporta algunas veces dos facetas:una contra la patronal en defensa de la 
comunidad obrera, la otra, a veces, contra los mismos obreros ya que el jefecillo 
oprime a sus aprendices o a sus camaradas. En realidad, estas formas de contra-poder 
obrero existieron hasta el momento en que la patronal supo mecanizar las 
funciones que se le escapaban, pudiendo abolir así el poder del obrero profesional. 
Existen numerosos ejemplos: en el caso de los laminadores, el jefe de taller tuvo los 
medios para resistir al patrón hasta el momento en que entraron en escena máquinas 
casi automáticas. El golpe de ojo del laminador -de nuevo aquí la mirada- que 
juzgaba si la materia estaba a punto será sustituido por el control térmico; basta la 
lectura de un termómetro. 
Foucault: Sabido esto, hay que analizar el conjunto de las resistencias al 
panóptico en términos de táctica y de estrategia, pensando que cada ofensiva que se 
produce en un lado sirve de apoyo a una contra-ofensiva del otro. El análisis de los 
mecanismos de poder no tiene como finalidad mostrar que el poder es anónimo y a la 
vez victorioso siempre. Se trata, por el contrario, de señalar las posiciones y los 
modos de acción de cada uno, las posibilidades de resistencia y de contra-ataque de 
unos y otros. 
J.-P. B.: Batallas, acciones, reacciones, ofensivas y contraofensivas, hablas 
como un estratega. Las resistencias al poder, ¿tendrían características esencialmente 
físicas? ¿Qué pasa con el contenido de las luchas y las aspiraciones que se 
manifiestan en ellas? 
Foucault: En efecto, esa es una cuestión teórica y de método importante. Me 
sorprende una cosa: se utiliza mucho, en determinados discursos políticos el 
vocabulario de las relaciones de fuerza; el término “lucha” es uno de los que aparecen 
con más frecuencia. Ahora bien, me parece que se duda a la hora de sacar 
consecuencias, e incluso, a la de plantear el problema que subyace a este 
vocabulario. Quiero decir: ¿Hay que analizar estas “luchas” en tanto que peripecias 
de una guerra? ¿Hay que descifrarlas a partir de un código que sería el de la 
estrategia y de la táctica? ¿La relación de fuerzas en el orden de la política es una 
relación de guerra? Personalmente no me siento de momento preparado para 
responder sí o no de una forma definitiva. Pienso solamente que la pura y simple 
afirmación de una “lucha” no puede servir de explicación primera y última en los 
análisis de las relaciones de poder. Este tema de la lucha no es operativo más que si 
58
se establece concretamente, y respecto a cada caso: quién está en la lucha, en qué 
lugar, con qué instrumentos y con qué racionalidad. En otros términos, si se toma en 
serio la afirmación de que la lucha está en el corazón de las relaciones de poder, hay 
que tener presente que la brava y vieja “lógica” de la contradicción no basta, ni con 
mucho, para desembrollar los procesos reales. 
M. P.: Dicho de otro modo, y para volver al panóptico, Bentham no proyecta sólo 
una sociedad utópica, describe también una sociedad existente. 
Foucault: Describe en la utopía un sistema general de mecanismos concretos 
59 
que existen realmente. 
M. P.: Y, para los prisioneros, ¿tiene sentido tomar la torre central? 
Foucault: Sí, con la condición de que éste no sea el sentido final de la 
operación. Los prisioneros haciendo funcionar el panóptico y asentándose en la torre, 
¿cree Ud. que entonces sería mucho mejor que con los vigilantes? 
NOTAS 
(1) Michel Foucault describe así El Panóptico y a Jeremías Bentham en su obra Vigilar y 
castigar. Siglo XXI, México, 1976. 
(2) John Howard publica los resultados de su encuesta en su libro: The State of the 
Prisions in England and Wales, with Preliminary Observations and an Account of 
some Foreign Prisions and Hospitals (1777). 
Fragmento de La Ideología y aparatos ideológicos de Estado, Freud y Lacan 
Louis Althusser 
Acerca de la reproducción de las condiciones de producción 1 
En análisis anteriores nos hemos referido circunstancialmente a la necesidad de 
renovar los medios de producción para que la producción sea posible. Hoy 
centraremos nuestra exposición en este punto. 
Decía Marx que aun un niño sabe que una formación social que no reproduzca 
las condiciones de producción al mismo tiempo que produce, no sobrevivirá siquiera
un año. Por lo tanto, la condición final de la producción es la reproducción de las 
condiciones de producción. Puede ser “simple” (y se limita entonces a reproducir las 
anteriores condiciones de producción) o “ampliada” (en cuyo caso las extiende). 
Dejaremos esta última distinción a un lado. 
¿Qué es pues la reproducción de las condiciones de producción ? 
Nos internamos aquí en un campo muy familiar (desde el tomo II de El Capital ) 
pero, a la vez, singularmente ignorado. Las tenaces evidencias (evidencias 
ideológicas de tipo empirista) ofrecidas por el punto de vista de la mera producción e 
incluso de la simple práctica productiva (abstracta ella misma con respecto al proceso 
de producción) se incorporan de tal modo a nuestra conciencia cotidiana que es 
sumamente difícil, por no decir casi imposible, elevarse hasta el punto de vista de la 
reproducción. Sin embargo, cuando no se adopta tal punto de vista todo resulta 
abstracto y deformado (más que parcial), aun en el nivel de la producción y, con 
mayor razón todavía, en el de la simple práctica. 
Intentaremos examinar las cosas metódicamente. 
Para simplificar nuestra exposición, y considerando que toda formación social 
depende de un modo de producción dominante, podemos decir que el proceso de 
producción emplea las fuerzas productivas existentes en y bajo relaciones de 
producción definidas. 
De donde resulta que, para existir, toda formación social, al mismo tiempo que 
produce y para poder producir, debe reproducir las condiciones de su producción. 
Debe, pues, reproducir: 
1) las fuerzas productivas 
2) las relaciones de producción existentes. 
Reproducción de los medios de producción 
Desde que Marx lo demostró en el tomo II de El Capital, todo el mundo 
reconoce (incluso los economistas burgueses que trabajaban en la contabilidad 
60
nacional, o los modernos teóricos “macroeconomistas”) que no hay producción 
posible si no se asegura la reproducción de las condiciones materiales de la 
producción: la reproducción de los medios de producción. 
Cualquier economista (que en esto no se diferencia de cualquier capitalista) 
sabe que todos los años es necesario prever la reposición de lo que se agota o gasta 
en la producción: materia prima, instalaciones fijas (edificios), instrumentos de 
producción(máquinas), etc. Decimos: un economista cualquiera = un capitalista 
cualquiera, en cuanto ambos expresan el punto de vista de la empresa y se contentan 
con comentar lisa y llanamente los términos de la práctica contable de la empresa. 
Pero sabemos, gracias al genio de Quesnay —que fue el primero que planteó 
ese problema que “salta a la vista”— y al genio de Marx —que lo resolvió—, que la 
reproducción de las condiciones materiales de la producción no puede ser pensada a 
nivel de la empresa pues no es allí donde se da en sus condiciones reales. Lo que 
sucede en el nivel de la empresa es un efecto, que sólo da la idea de la necesidad de 
la reproducción, pero que no permite en absoluto pensar las condiciones y los 
mecanismos de la misma. 
Basta reflexionar un solo instante para convencerse: el señor X, capitalista, que 
produce telas de lana en su hilandería, debe “reproducir” su materia prima, sus 
máquinas, etc. Pero quien las produce para su producción no es él sino otros 
capitalistas: el señor Y, un gran criador de ovejas de Australia; el señor Z, gran 
industrial metalúrgico, productor de máquinas-herramienta, etc., etc., quienes, para 
producir esos productos que condicionan la reproducción de las condiciones de 
producción del señor X, deben a su vez reproducir las condiciones de su propia 
producción, y así hasta el infinito: todo ello en tales proporciones que en el mercado 
nacional (cuando no en el mercado mundial) la demanda de medios de producción 
(para la reproducción) pueda ser satisfecha por la oferta. 
Para pensar este mecanismo que desemboca en una especia de “hilo sin fin” es 
necesario seguir la trayectoria “global” de Marx, y estudiar especialmente en los 
tomos II y III de El Capital, las relaciones de circulación de capital entre el Sector I 
61
(producción de los medios de producción) y el Sector II (producción de los medios de 
consumo), y la realización de la plusvalía. 
No entraremos a analizar esta cuestión, pues nos basta con haber mencionado 
que existe la necesidad de reproducir las condiciones materiales de la producción. 
62 
Reproducción de la fuerza de trabajo 
No obstante, no habrá dejado de asombrarle al lector que nos hayamos referido 
a la reproducción de los medios de producción, pero no a la reproducción de las 
fuerzas productivas. Hemos omitido, pues,la reproducción de aquello que distingue 
las fuerzas productivas de los medios de producción, o sea la reproducción de la 
fuerza de trabajo. 
Si bien la observación de lo que sucede en la empresa, especialmente el 
examen de la práctica financiera contable de las previsiones de amortización-inversión, 
podía darnos una idea aproximada de la existencia del proceso material de 
la reproducción, entramos ahora en un terreno en el cual la observación de lo que 
pasa en la empresa es casi enteramente ineficaz, y esto por una sencilla razón: la 
reproducción de la fuerza de trabajo se opera, en lo esencial, fuera de la empresa. 
¿Cómo se asegura la reproducción de la fuerza de trabajo? Dándole a la fuerza 
de trabajo el medio material para que se reproduzca: el salario. El salario figura en la 
contabilidad de la empresa, pero no como condición de la reproducción material de la 
fuerza de trabajo, sino como “capital mano de obra”.3 
Sin embargo es así como “actúa”, ya que el salario representa solamente la 
parte del valor producido por el gasto de la fuerza de trabajo, indispensable para su 
reproducción; aclaremos, indispensable para reconstituir la fuerza de trabajo del 
asalariado (para vivienda vestimenta y alimentación, en suma, para que esté en 
condiciones de volver a presentarse a la mañana siguiente —y todas las santas 
mañanas— a la entrada de la empresa—; y agreguemos: indispensable para criar y
educar a los niños en que el proletario se reproduce (en X unidades: pudiendo ser X 
igual a 0, 1, 2, etc.) como fuerza de trabajo. 
Recordemos que el valor (el salario) necesario para la reproducción de la fuerza 
de trabajo no está determinado solamente por las necesidades de un S.M.I.G.* 
“biológico”, sino también por las necesidades de un mínimo histórico (Marx seña laba: 
los obreros ingleses necesitan cerveza y los proletarios franceses, vino) y, por lo 
tanto, históricamente variable. 
Señalemos también que este mínimo es doblemente histórico, en cuanto no está 
definido por las necesidades históricas de la clase obrera que la clase capitalista 
“reconoce” sino por las necesidades históricas impuestas por la lucha de clase 
proletaria (lucha de clase doble: contra el aumento de la jornada de trabajo y contra la 
disminución de los salarios). 
Empero, no basta con asegurar a la fuerza de trabajo las condiciones materiales 
de su reproducción para que se reproduzca como tal. Dijimos que la fuerza de trabajo 
disponible debe ser “competente”, es decir apta para ser utilizada en el complejo 
sistema del proceso de producción. El desarrollo de las fuerzas productivas y el tipo 
de unidad históricamente constitutivo de esas fuerzas productivas en un momento 
dado determinan que la fuerza de trabajo debe ser (diversamente) calificada y por lo 
tanto reproducida como tal. Diversamente, o sea según las exigencias de la división 
social-técnica del trabajo, en sus distintos “puestos” y “empleos”. 
Ahora bien, ¿cómo se asegura esta reproducción de la calificación (diversificada) 
de la fuerza de trabajo en el régimen capitalista? Contrariamente a lo que sucedía en 
las formaciones sociales esclavistas y serviles, esta reproducción de la calificación de 
la fuerza de trabajo tiende (se trata de una ley tendencial) a asegurarse no ya “en el 
lugar de trabajo” (aprendizaje en la producción misma), sino, cada vez más, fuera de 
la producción, por medio del sistema educativo capitalista y de otras instancias e 
instituciones. 
63
¿Qué se aprende en la escuela? Es posible llegar hasta un punto más o menos 
avanzado de los estudios, pero de todas maneras se aprende a leer, escribir y contar, 
o sea algunas técnicas, y también otras cosas, incluso elementos (que pueden ser 
rudimentarios o por el contrario profundizados) de “cultura científica” o “literaria” 
utilizables directamente en los distintos puestos de la producción (una instrucción 
para los obreros, una para los técnicos, una tercera para los ingenieros, otra para los 
cuadros superiores, etc.). Se aprenden “habilidades” (savoir-faire). 
Pero al mismo tiempo, y junto con esas técnicas y conocimientos, en la escuela 
se aprenden las “reglas” del buen uso, es decir de las conveniencias que debe 
observar todo agente de la división del trabajo, según el puesto que está “destinado” 
a ocupar: reglas de moral y de conciencia cívica y profesional, lo que significa en 
realidad reglas del respeto a la división social-técnica del trabajo y, en definitiva, 
reglas del orden establecido por la dominación de clase. Se aprende también a 
“hablar bien el idioma”, a “redactar” bien, lo que de hecho significa (para los futuros 
capitalistas y sus servidores) saber “dar órdenes”, es decir (solución ideal), “saber 
dirigirse” a los obreros, etcétera. 
Enunciando este hecho en un lenguaje más científico, diremos que la 
reproducción de la fuerza de trabajo no sólo exige una reproducción de su calificación 
sino, al mismo tiempo, la reproducción de su sumisión a las reglas del orden 
establecido, es decir una reproducción de su sumisión a la ideología dominante por 
parte de los agentes de la explotación y la represión, a fin de que aseguren también 
“por la palabra” el predominio de la clase dominante. 
En otros términos, la escuela (y también otras instituciones del Estado, como la 
Iglesia, y otros aparatos como el Ejército) enseña las “habilidades” bajo formas que 
aseguran el sometimiento a la ideología dominante o el dominio de su “práctica”. 
todos los agentes de la producción, la explotación y la represión, sin hablar de los 
“profesionales de la ideología” (Marx) deben estar “compenetrados” en tal o cual 
carácter con esta ideología para cumplir “concienzudamente” con sus tareas, sea de 
explotados (los proletarios), de explotadores (los capitalistas), de auxiliares de la 
64
explotación (los cuadros), de grandes sacerdotes de la ideología dominante (sus 
“funcionarios”), etcétera. 
La condición sine qua non de la reproducción de la fuerza de trabajo no sólo 
radica en la reproducción de su “calificación” sino también en la reproducción de su 
“calificación” sino también en la reproducción de su sometimiento a la ideología 
dominante, o de la “práctica” de esta ideología, debiéndose especificar que no basta 
decir: “no solamente sino también”, pues la reproducción de la calificación de la 
fuerza de trabajo se asegura en y bajo las formas de sometimiento ideológico, con lo 
que reconocemos la presencia eficaz de una nueva realidad: la ideología. 
Haremos aquí dos observaciones. 
La primera servirá para completar nuestro análisis de la reproducción. Acabamos 
de estudiar rápidamente las formas de la reproducción de las fuerzas productivas, es 
decir de los medios de producción por un lado y de la fuerza de trabajo por el otro. 
Pero no hemos abordado aún la cuestión de la reproducción de las relaciones de 
producción. Es éste un problema crucial de la teoría marxista del modo de 
producción. Si lo pasáramos por alto cometeríamos una omisión teórica y peor aún, 
una grave falta política. 
Hablaremos pues de tal cuestión, aunque para poder hacerlo debamos realizar 
nuevamente un gran desvío. Y como segunda advertencia señalaremos que para 
hacer ese desvío nos vemos obligados a replantear un viejo problema: ¿qué es una 
sociedad? 
65 
Infraestructura y superestructura 
Ya hemos tenido ocasión 4 de insistir sobre el carácter revolucionario de la 
concepción marxista de “totalidad social” en lo que la distingue de la “totalidad” 
hegeliana. Hemos dicho (y esta tesis sólo repetía célebres proposiciones del 
materialismo histórico) que según Marx la estructura de toda sociedad está
constituida por “niveles” o “instancias” articuladas por una determinación específica: la 
infraestructura o base económica (“unidad” de fuerzas productivas y relaciones de 
producción), y la superestructura, que comprende dos “niveles” o “instancias”: la 
jurídico-política (el derecho y el Estado) y la ideológica (las distintas ideologías, 
religiosa, moral, jurídica, política, etcétera). 
Además de su interés teórico-pedagógico (consistente en hacer notar la 
diferencia que separa a Marx de Hegel), esta representación ofrece una fundamental 
ventaja teórica: permite inscribir en el dispositivo teórico de sus conceptos esenciales 
lo que nosotros hemos llamado su índice de eficacia respectivo. ¿Qué quiere decir 
esto? 
Cualquiera puede convencerse fácilmente de que representar la estructura de 
toda sociedad como un edificio compuesto por una base (infraestructura) sobre la que 
se levantan los dos “pisos” de la superestructura constituye una metáfora, más 
exactamente una metáfora espacial: la de una tópica. 5 Como toda metáfora, ésta 
sugiere, hace ver alguna cosa. ¿Qué cosa? Que los pisos superiores no podrían 
“sostenerse” (en el aire) por sí solos si no se apoyaran precisamente sobre su base. 
La metáfora del edificio tiene pues por objeto representar ante todo la 
“determinación en última instancia” por medio de la base económica. Esta metáfora 
espacial tiene así por resultado afectar a la base con un índice de eficacia conocido 
por la célebre expresión: determinación en última instancia de lo que ocurre en los 
“pisos” (de la superestructura) por lo que ocurra en la base económica. 
A partir de este índice de eficacia “en última instancia”, los “pisos” de la 
superestructura se hallan evidentemente afectados por diferentes índices de eficacia. 
¿Qué clase de índices? 
Se puede decir que los pisos de la superestructura no son determinantes en 
última instancia sino que son determinados por la eficacia básica; que si son 
determinantes a su manera (no definida aún), lo son en tanto están determinados por 
la base. 
66
Su índice de eficacia (o de determinación), en tanto ésta se halla determinada 
por la determinación en última instancia de la base, es pensado en la tradición 
marxista bajo dos formas: 1) existe una “autonomía relativa” de la superestructura con 
respecto a la base; 2) existe una “reacción” de la superestructura sobre la base. 
Podemos decir entonces que la gran ventaja teórica de la tópica marxista, y por 
lo tanto de la metáfora espacial del edificio (base y superestructura), consiste a la vez 
en hacer ver que las cuestiones de determinación (o índice de eficacia) son 
fundamentales, y en hacer ver que es la base lo que determina en última instancia 
todo el edificio; por lógica consecuencia, obliga a plantear el problema teórico del tipo 
de eficacia “derivada” propio de la superestructura, es decir, obliga a pensar en lo que 
la tradición marxista designa con los términos conjuntos de autonomía relativa de la 
superestructura y reacción de la superestructura sobre la base. 
El mayor inconveniente de esta representación de la estructura de toda sociedad 
con la metáfora espacial del edificio radica evidentemente en ser metafórica: es decir, 
en permanecer en el plano de lo descriptivo. 
Fragmento de La Sociología de Pierre Bourdieu 
67 
Gilberto Giménez 
Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM 
2. LA TEORÍA DEL HABITUS SEGÚN BOURDIEU 
La obra de Bourdieu constituye, como queda dicho, una variedad particular 
dentro de la corriente constructivista en las ciencias sociales, variedad bautizada por 
él mismo como “constructivismo estructuralista”. El autor nos advierte que la 
referencia al estructuralismo adquiere aquí un sentido muy diferente al de la tradición 
saussuriana o levi-straussiana: 
“Por estructuralismo o estructuralista entiendo la afirmación de que existen - en 
el mundo social mismo, y no sólo en los sistemas simbólicos como el lenguaje, el 
mito, etc. - estructuras objetivas independientes de la conciencia y de la voluntad de 
los agentes y capaces de orientar o de restringir sus prácticas y sus 
representaciones” (Bourdieu, 1987a: 147).
En cuanto al constructivismo, Bourdieu lo entiende así: 
“Entiendo por constructivismo la afirmación de que existe una génesis social de 
los esquemas de percepción, de pensamiento y de acción que son constitutivos de lo 
que llamo habitus, por una parte; y por otra de las estructuras sociales, 
particularmente de lo que llamo campos o grupos, así como también de lo que 
ordinariamente suelen llamarse clases sociales” (ibid.). 
Lo que Bourdieu nos ofrece bajo el rótulo de “constructivismo estructuralista” es 
una economía general de las prácticas centrada en las nociones de capital, interés, 
inversión y estrategia, y una antropología global (en el sentido kantiano del término) 
que se propone aprehender la acción social en su integralidad, superando las 
dicotomías clásicas que minan por dentro a las ciencias sociales. 
1 En este punto se retoma el conocido texto de Marx en El 18 brumario de Luis 
Bonaparte: “Los hombres hacen su propia historia, pero no arbitrariamente y en 
condiciones elegidas por ellos 4 mismos, sino en condiciones directamente dadas y 
heredadas del pasado”. 
Quizás la mejor manera de adentrarse en este complejo paradigma sea partir del 
concepto mismo de habitus, que además de ser un concepto mediador ocupa un 
“lugar geométrico” dentro del sistema conceptual bourdieusiano, y ha sido construido 
precisamente para escapar del “círculo mágico” en que nos encierran las antinomias 
clásicas: determinismo / libertad; mecanicismo / finalismo; realismo / nominalismo; 
condicionamiento / creatividad; conciencia / inconsciencia; individuo / sociedad. 
En la sociología de Bourdieu, el habitus constituye la respuesta esencial a una 
serie de cuestiones que tiene que plantearse toda teoría sociológica (Mary, 1992: 19 y 
ss.): 
- ¿Cuál es el principio que rige la lógica de las prácticas sociales? 
- ¿Qué es lo que explica la unidad, la regularidad y la homogeneidad de los 
68 
grupos sociales? 
- ¿Cómo se reproducen las formas de la existencia colectiva en las diversas 
formaciones sociales? 
Bourdieu condensa su respuesta en el siguiente texto: 
“El habitus como sistema de disposiciones en vista de la práctica, constituye el 
fundamento objetivo de conductas regulares y, por lo mismo, de la regularidad de las 
conductas. Y podemos prever las prácticas [...] precisamente porque el habitus es
aquello que hace que los agentes dotados del mismo se comporten de cierta manera 
en ciertas circunstancias” (Bourdieu, 1987b: 40). 
Por lo tanto, este concepto le permite a Bourdieu postular como principio 
generador de las prácticas una intencionalidad sin intención, una regularidad sin 
sumisión consciente a una regla, una racionalidad sin cálculo y una causalidad no 
mecanicista. Es decir, se trata de descartar, no sólo la explicación mecanicista por la 
determinación de estructuras inconscientes u objetivas, sino también el modelo 
consensual de la sumisión a reglas, normas y valores que se impondrían desde el 
exterior, o, a la inversa, el principio de agregación de decisiones individuales y 
racionales postulado por el individualismo metodológico. 
2.1.- Filiación histórica del habitus 
Bourdieu no presenta su concepto de habitus como un paradigma nuevo, sino 
como la explicitación de una idea que siempre estuvo presente en la tradición 
filosófica y sociológica, y en cuanto tal “predispuesta” a superar y a la vez conservar 
los paradigmas precedentes, incluyendo sus versiones contemporáneas. Más 
precisamente, el concepto aparece asociado a una tradición de pensamiento que 
puede calificarse como “dialéctica” por su oposición a toda lógica excluyente del tipo 
“o bien esto, o bien aquello”. Se trata de la “lógica diluida” de Bachelard, quien se 
negaba a inscribir los conceptos científicos en un solo punto de vista, apelando más 
bien a una “complementariedad de perspectivas” o a una “síntesis plural”. 
Por lo que toca a su filiación histórica, el habitus se remonta a la hexis de 
Aristóteles, entendida como una disposición moral generadora de actos. La 
escolástica retoma esta misma noción para aplicarla, a través de Santo Tomás, a las 
“virtudes” en el sentido de la teología moral católica. Hegel, a su vez, la reasume bajo 
el término de “Sittlichkeit”, entendiendo por tal el conjunto de disposiciones 
permanentes constitutivas de la “moral realizada”, esto es, de la moralidad objetiva. 
Más cerca de nosotros, es evidente que las nociones claves de la segunda filosofía 
de Wittgenstein - juego, regla, hábito, aprendizaje - constituyen un aporte masivo a la 
comprensión del juego social, y por lo mismo pueden ser comparadas fácilmente con 
los significados asociados por Bourdieu precisamente al concepto de habitus: sentido 
práctico, sentido del juego, etc. (Taylor, 1995: 554). 
En cuanto al uso sociológico del término, éste comienza con Durkheim, quien 
insiste sobre su carácter general y duradero, por lo que le asigna un anclaje 
69
institucional: los colegios de los jesuitas y la universidad medioeval. En efecto, para 
Durkheim toda educación, en tanto que proceso de socialización, “consiste en un 
esfuerzo continuo por imponer al niño maneras de ver, de sentir y de actuar a las 
cuales no hubieran podido tener acceso espontáneamente” (Durkheim, 1969: 36-37). 
A partir de aquí era inevitable la asociación del habitus con el ethos weberiano, que 
en los análisis del “ethos protestante” y del “ethos burgués” aparece como un 
conjunto de creencias morales generadoras de prácticas. Así entendido, el ethos 
weberiano se distingue de la ética y de la doctrina moral definidas como sistema 
conceptual de normas, reglas y preceptos. 
Dentro de la escuela francesa de sociología, M.Mauss recuperará la dimensión 
corporal de la hexis aristotélica, introduciendo una antropología de las “técnicas 
corporales” que no disocia las actitudes corporales de su valor simbólico ni de su 
función de distinción cultural. Las “técnicas corporales” conformarían, según la 
expresión de Mauss, una “idiosincracia social”, es decir, un conjunto de disposiciones 
corporales marcadas por la educación recibida. 
En fin, el precedente inmediato del habitus de Bourdieu se encuentra en la obra 
de E. Panofsky (1967), quien recupera de la escolástica la noción de “hábito mental” 
como principio organizador de las formas de expresión y de las creaciones de la 
cultura escolástica (desde las catedrales góticas hasta las “Summas teológicas”). 
2.2.- El habitus como ”disposición” y “esquema” 
En sus primeras definiciones (elaboradas a partir del análisis de las prácticas 
rituales de la sociedad kabil), Bourdieu recurre a dos términos claves para definir el 
habitus: el de “disposición” y el de “esquema”. 
El primer término es una herencia de de la filosofía moral: 
“El término disposición parece particularmente apropiado para expresar todo lo 
que recubre el concepto de habitus (definido como sistema de disposiciones): en 
efecto, expresa ante todo el resultado de una acción organizadora que reviste, por lo 
mismo, un sentido muy próximo al de términos como estructura; además designa una 
manera de ser, una propensión o una inclinación” (Bourdieu, 1972: 247, nota 28). 
El término esquema, más recientemente asociado con la noción de 
“competencia” de la gramática generativa de Chomsky, tiene una connotación más 
cognotivista y deriva directamente del “esquema” o “sistema simbólico” de Lévi - 
Strauss. En efecto, desde sus primeras definiciones Bourdieu caracteriza al habitus 
70
como un “sistema de esquemas interiorizados que permiten engendrar todos los 
pensamientos, percepciones y acciones característicos de una cultura, y sólo a éstos” 
(in Panofky, 1967: 152). 
Así entendido, el habitus tiene un carácter multidimensional: es a la vez eidos 
(sistema de esquemas lógicos o estructuras cognitivas), ethos (disposiciones 
morales), hexis (registro de posturas y gestos) y aisthesis (gusto, disposición 
estética). Esto quiere decir que el concepto engloba de modo indiferenciado tanto el 
plano cognoscitivo, como el axiológico y el práctico, con lo cual se está cuestionando 
las distinciones filosóficas intelectualistas entre categorías lógicas y valores éticos, 
por un lado, y entre cuerpo e intelecto por otro. O lo que es lo mismo: se está 
superando las distinciones de la psicología tradicional entre lo intelectual, lo afectivo y 
lo corporal. 
En cuanto esquema, el habitus es sistemático (lo que explicaría la relativa 
concordancia entre nuestras diferentes prácticas) y transponible, es decir, puede 
transponerse de un ámbito de la práctica a otro, de un campo a otro (lo que nos 
permitiría presentir, en cierta manera, cómo va a actuar un agente en una situación 
determinada, después de haberlo visto actuar en situaciones previas). 
Este es el momento de introducir una observación importante: el habitus 
concebido como “esquema” existe en estado práctico; por lo tanto se lo interioriza de 
modo implícito, pre-reflexivo y pre-teórico. Como dice el propio Bourdieu, “el sistema 
de esquemas clasificatorios se opone a todo sistema de clasificación fundado en 
principios explícitos y explícitamente concertados, como las disposiciones 
constitutivas del gusto y del ethos, que son sus dimensiones, se oponen a la estética 
y a la ética” (Bourdieu, 1979b: 550). 
Por lo tanto estamos ante una teoría del “sentido práctico” que no pasa 
necesariamente por la conciencia y el discurso, con lo cual se cuestiona las teorías 
que reducen la acción al punto de vista intelectual del observador externo, en 
detrimento del punto de vista práctico del agente que actúa. Aunque, por otra parte, 
no se excluye la posibilidad de que el habitus se explicite conscientemente en forma 
de “esquema metódico” por efecto de la educación formal y de la inculcación 
sistemática. Con otras palabras: no se puede ignorar el trabajo de codificación y de 
formalización que opera sobre el habitus y a partir del habitus. 
71
¿Pero qué es un “esquema” en el sentido estructuralista del término? La 
respuesta es simple: “cualquiera sea el terreno al que se aplique, el esquema produce 
términos opuestos y jerarquizados, y al mismo tiempo la relación que los une” 
(Bourdieu, 1976: 39). Así concebido, el esquema se sujeta a las leyes de 
equivalencia, de sustitución y de inversión, como nos lo enseñara Lévi -Strauss. Hasta 
aquí Bourdieu permanece fiel al principio estructuralista de la oposición distintiva 
como generadora del sentido y del “valor” (en sentido semiológico, y no axiológico), y 
concibe la función simbólica como un “poder separador, distinción, diacrisis, discretio, 
que hace surgir unidades discretas de la continuidad insecable, y la diferencia de la 
indiferencia” (Bourdieu, 1979b: 558). 
Nuestro autor, sin embargo, generaliza, amplía y distorsiona a su manera el 
esquematismo estructuralista introduciendo nuevos elementos como la jerarquización 
de las diferencias, el principio de contextualización situacional que decide el sentido y 
el valor de una posición distintiva, y la definición no sólo cognitiva sino también 
axiológica del “valor” saussuriano. Con otras palabras, la oposición distintiva funciona 
también como una jerarquía de legitimidad, y toda categorización es 
indisociablemente valorización y estigmatización, generadora de signos de distinción 
o de marcas infamantes. 
2.3.- El habitus como disposición estratégica 
Llegados a este punto podríamos preguntarnos si el concepto de habitus, 
inicialmente elaborado a partir de las prácticas rituales de una sociedad tradicional, 
puede aplicarse también a las prácticas simbólicas e ideológicas de las sociedades 
modernas caracterizadas por la diferenciación de campos y la división en clases 
sociales. Para Bourdieu la respuesta no ofrece dudas: “el análisis practicado en Sens 
pratique vale también allende las sociedades sin escritura” (Bourdieu,1987b: 41). 
Dicho de otro modo: “la «mitología social» de las sociedades modernas y las diversas 
visiones del mundo que ella contiene se rigen por la misma lógica simbólica de las 
sociedades tradicionales [...]. En efecto, todos los análisis de La distinción tienden a 
demostrar la existencia, en el seno de las sociedades modernas, de un mismo 
“organon ético”, de una misma “matriz de lugares comunes” o de una misma 
“gramática generadora”, conjunto de esquemas que desempeñan una función 
integradora capaz de garantizar un minimum de conformismo lógico y moral” (Mary, 
1992: 58). 
72
Sin embargo, es innegable que las características propias de las sociedades 
modernas - que son sociedades individualistas, liberales y clasistas fundadas en la 
economía de mercado - han exigido sucesivas correcciones y readaptaciones del 
concepto de habitus, todas ellas orientadas a atenuar sus funciones reproductivas y a 
subrayar su apertura, su creatividad y su capacidad de improvisación: 
“El habitus no es el destino, como se lo interpreta a veces. Siendo producto de la 
historia, es un sistema abierto de disposiciones que se confronta permanentemente 
con experiencias nuevas y, por lo mismo, es afectado también permanentemente por 
ellas. Es duradera, pero no inmutable” (Bourdieu, 1992: 109). 
De ahora en adelante el habitus tenderá a ser cada vez más “una creatividad 
gobernada por reglas”, una competencia capaz de engendrar una infinidad de 
respuestas a partir de un número reducido de principios. 
Una primera rectificación consistió en superponer al paradigma estructuralista 
inicial el paradigma de la estrategia (ligado al modelo del mercado), por el que el 
habitus se concebía también como “disposición estratégica”. Según el propio 
Bourdieu, la noción de estrategia le permitió romper con el punto de vista objetivista y 
con la idea de “estructura sin agente” que suponía el estructuralismo (Bourdieu, 
1987a: 79 ). Al mismo tiempo le permitió flexibilizar la noción de habitus, confiriendo al 
agente autonomía, un espacio de juego y una apertura con alternativas. 
El modelo estratégico le permitió, además, esbozar una especie de “economía 
del habitus” por la que la disposición adquirida podía ser pensada como un capital a 
ser invertido y un valor a ser colocado en un determinado “campo” que funcionara 
también como mercado de bienes simbólicos o materiales, todo ello en función de un 
interés no sólo y no siempre material y utilitario, sino también simbólico. “El capital 
cultural es un tener transmutado en ser, una propiedad hecha cuerpo, convertida en 
parte integrante de la «persona», un habitus” (Bourdieu, 1979a: 4). En esta 
perspectiva el habitus se presenta como operador de cálculo inconsciente, como 
“sentido de inversión” (“sens de placement”) que anticipa los beneficios esperados y 
sensibiliza a las tensiones del mercado, todo ello en función del lugar que ocupa el 
agente en un determinado campo, es decir, en la estructura de distribución del capital 
específico correspondiente a dicho campo. Así, por ejemplo, el patrimonio cultural y 
lingüístico transmitido por la familia es incorporado en forma de habitus por el 
“heredero” mediante un trabajo acumulado que comporta un costo social. El valor de 
este costo se mide por el tiempo, el esfuerzo y el sacrificio empeñados en la 
73
adquisición y ampliación de dicho patrimonio, que generalmente coincide con el 
tiempo dedicado a la socialización. De este modo la familia no es sólo una empresa 
de acumulación de capital cultural, sino el primer mercado donde se rentabilizan las 
primeras “inversiones”, en el sentido de que es allí donde se fija su primer precio a 
través de las sanciones parentales (reconocimiento, valorización de la persona). Este 
nuevo paradigma del “valor de cambio” se prolonga en el seno del “mercado escolar” 
y del mercado de trabajo. 
2.4.- El habitus como “sentido del juego” 
Para evitar la connotación intencional y racionalista que ha adquirido la noción 
de estrategia en la tradición intelectualista de la filosofía occidental 2, Bourdieu 
introduce un nuevo correctivo a los paradigmas precedentes, aunque sin descartarlos 
ni desecharlos del todo: la metáfora del juego, que permite reinterpretar la 
“disposición estratégica” como “sentido de juego”. 
En efecto, nada parece ilustrar mejor la estrategia sin cálculo y sin fines 
concientes del “sentido práctico” que el “sentido del juego”: 
“La acción que guía el sentido del juego tiene todas las apariencias de la acción 
racional que diseñaría un observador imparcial dotado de toda la información útil y 
capaz de manejar tal información racionalmente. Y sin embargo no tiene por principio 
la razón. Basta pensar en la decisión espontánea del jugador de tenis que se sube a 
la red a contratiempo para comprender que no tiene nada en común con la 
construcción racional que, luego de analizar dicha decisión, elabora el entrenador 
para explicarla y para desprender de allí lecciones comunicables. De hecho, las 
condiciones del cálculo racional casi nunca vienen dadas en la práctica, sea por falta 
de tiempo, sea porque la información es limitada, etc. Y sin embargo, los agentes 
hacen «la única cosa que tenían que hacer» mucho más frecuentemente que si 
actuaran al azar...” (Bourdieu, 1987a: 21). 
Con respecto a la metáfora del juego aplicada a la vida social cabe hacer las 
siguientes aclaraciones (Mary, 1992: 77): 10 
a) En un primer sentido, el juego se refiere a una actividad sometida a reglas 
generalmente escritas y explícitas. Sin embargo, según Bourdieu el “juego social” no 
siempre comporta reglas explícitas. Las normas de legitimidad son reconocidas e 
interiorizadas por los agentes y pueden estar muy alejadas de las normas escritas. 
74
b) En un segundo sentido, el juego remite al desarrollo mismo de una partida y a 
la manera de jugar. Hay juego porque las reglas abren un espacio de juego como 
sistema de alternativas a la vez limitado y abierto, regido por la “lógica inmanente” del 
juego en cuestión (piénsese, por ejemplo, en un juego de ajedrez). El conocimiento 
de esta “lógica inmanente” fundamenta el arte de jugar. Ahora bien, si nos situamos 
en esta perspectiva, el “sentido del juego” es una competencia (en el sentido de 
Chomsky) cercana a la noción de “habilidad”: 
“Este sentido del juego, como lo decimos en francés, es lo que permite hacer 
infinidad de «jugadas» adaptadas a la infinidad de situaciones posibles que ninguna 
regla, por compleja que sea, podría prever” (Bourdieu, 1987a: 19). 
Lo que aquí se afirma, bajo la metáfora del juego, es el poder de invención y de 
improvisación del habitus de cara al “espacio de los posibles”. 
En un tercer sentido, el juego implica afrontar en cada jugada las probabilidades 
abiertas por la situación del juego en un momento determinado. Es decir, la “habilidad 
de jugar” se actualiza en las diferentes “situaciones de juego” que restringen el 
espacio de las alternativas posibles a las solas alternativas probables en el momento 
considerado. Es aquí donde, según Bourdieu, interviene la “disposición estratégica” 
propiamente dicha, es decir: 
“el arte de estimar y de aprovechar las oportunidades, de ver en la configuración 
del presente de la situación el futuro «apresentado» (como dice Husserl para 
contraponerlo al futuro imaginario del proyecto), la aptitud para anticipar el porvenir 
mediante una especie de inducción práctica e incluso para apostar lo posible contra lo 
probable mediante un riesgo calculado” (Bourdieu, 1974: 11). 
Por último, la condición esencial para acceder al juego social es el poder, dado 
que la capacidad de jugar es solidaria del juego (por ejemplo, de cartas) que se 
posee. Podríamos decir que existe una diferencia capital entre el habitus en sentido 
restringido y el “sentido del juego”: todo individuo y todo agente social están en cierto 
modo “condenados” al habitus; pero el “sentido del juego” está desigualmente 
distribuido y depende del capital que se posee. Pero el capital es poder, y por lo tanto 
el poder determina la esfera de lo posible. 
“En cada momento el estado de las relaciones de fuerza entre los jugadores 
define la estructura del campo: se puede imaginar que cada jugador tiene ante sí pilas 
de fichas de diferentes colores, correspondientes a las diferentes especies de capital 
75
que detentan, de modo que su fuerza relativa en el juego, su posición en el espacio 
de juego y también sus estrategias de juego - lo que en francés se llama su «juego», 
las jugadas más o menos arriesgadas, más o menos prudentes, más o menos 
subversivas o conservadoras - dependen a la vez del volumen global de sus fichas y 
de la estructura de sus pilas de fichas, es decir, del volumen global y de la estructura 
de su capital...” (Bourdieu, 1992: 74-75). 
2.5.- La génesis del habitus 
Hasta ahora hemos centrado nuestra exposición sobre el contenido racional del 
concepto del habitus, relegando a segundo plano la problemática de su génesis, es 
decir, sus condiciones de producción y de reproducción. 
En primera instancia, Bourdieu presenta la génesis del habitus como proceso de 
inculcación de un arbitrario cultural y como incorporación de determinadas 
condiciones de existencia; lo que parece sugerir dos modos distintos de generación 
del habitus: la inculcación y la incorporación. 
La inculcación, tal como es analizada en La Reproduction, supone una acción 
pedagógica efectuada dentro de un espacio institucional (familiar o escolar) por 
agentes especializados, dotados de autoridad de delegación, que imponen normas 
arbitrarias valiéndose de técnicas disciplinarias. La incorporación, en cambio, remite a 
la idea de una interiorización por los sujetos de las regularidades inscritas en sus 
condiciones de existencia. Por lo tanto, diríase que a la “domesticación instituida” se 
opone una teoría del condicionamiento por estímulos asociados a las diversas 
situaciones encontradas en el curso de la experiencia. 
Bourdieu tiende a privilegiar una u otra de estas perspectivas en sus 
exposiciones de este proceso genético. Pero insiste siempre sobre su reciprocidad. 
De hecho, toda institución ejerce su poder de inculcación a través de la mediación de 
condiciones de existencia específicas: 
“La acción pedagógica de la familia y de la escuela [...] se ejerce por lo menos 
en igual medida a través de condiciones económicas y sociales que son la condición 
de su ejercicio, que a través de los contenidos que inculca” (Bourdieu, 1979b: 57). 
Además, en la formación del habitus primario en el seno de la educación familiar, 
el efecto de inculcación actual de la educación parental integra también el de las 
condiciones precedentes de existencia que fueron incorporadas en el curso de la 
trayectoria de los padres, ya que “la pendiente de la trayectoria paternal contribuye a 
76
modelar la experiencia originaria de inserción dinámica en el universo social” 
(Bourdieu, 1979b: 124). Y a la inversa, la experiencia se adquiere en la confrontación 
con condiciones de existencia ya informadas por un sistema de significaciones 
objetivadas e institucionalizadas. En efecto, los estímulos se presentan como 
sanciones positivas o negativas, porque el mundo de la experiencia ya está 
previamente estructurado a partir de un orden simbólico. Bourdieu coincide aquí con 
la noción husserliana de un mundo “pre-donado”: 
“El mundo práctico que se constituye en la relación con el habitus como sistema 
de estructuras cognitivas y motivadoras es un mundo de fines ya realizados, de 
recetas o de senderos que deben seguirse y de objetos dotados de «carácter 
teleológico permanente», como diría Husserl, trátese de herramientas o de 
instituciones” (Bourdieu, 1980b: 90) 
Lo que Bourdieu postula es, entonces, una articulación dialéctica entre 
inculcación e incorporación, entre lo institucional y la experiencia del mundo social. 
Al referirse a la génesis del habitus, Bourdieu habla frecuentemente de 
“incorporación de las estructuras objetivas”. ¿Pero qué son estas estructuras 
objetivas? En el sentido estructuralista del término, sería el sistema de variaciones 
diferenciales o de oposiciones distintivas aprehendidas mediante la construcción del 
modelo. En sentido sociológico-estadístico, en cambio, sería el sistema de 
regularidades y de probabilidades objetivas asociadas a una posición en el espacio 
social (Mary, 1992: 97). Si la “estructura objetiva” se entiende en este último sentido 
no podría ser incorporada subjetivamente, ya que estaría fuera del orden simbólico, 
es decir, sería un universo sin sentido constituido sólo por un conjunto de estímulos 
mecánicos. En efecto, el orden simbólico como universo de sentido implica siempre 
un sistema de diferencias constituidas por unidades discretas, mientras que las 
regularidades estadísticas obedecen a distribuciones continuas constituidas por 
variaciones infinitesimales. Por consiguiente, el orden objetivo de las condiciones de 
existencia sólo puede ser un orden simbólico “pre-donado”, producto de las 
objetivaciones del habitus en una fase precedente. Por eso Bourdieu considera que 
las estructuras so0ciales de hoy no son más que las estructuras simbólicas de ayer 
producidas por la lucha de clases, que es también una lucha por las clasificaciones 
sociales. 
La aparente circularidad de esta génesis del habitus (que parece producir las 
condiciones que lo producen) se rompe afirmando, como lo hace Bourdieu, una 
77
relación dialéctica de determinación recíproca entre estructuras parcialmente 
homólogas. Dicho de otro modo: la génesis del habitus está dominada por una 
dialéctica en espiral entre “condiciones objetivas” y “disposiciones”. Debe excluirse, 
por lo tanto, el modelo mecanicista de engendramiento del habitus a partir de una 
situación definida sólo como conjunto de estímulos, porque las “estimulaciones” sólo 
podrían ejercer su poder de solicitación a partir de un universo ya dado que las 
constituyan como significantes y pertinentes. 
3. EL ESPACIO SOCIAL COMO ARTICULACIÓN DE CAMPOS 
El concepto de campo es indisociable del de habitus (y del de capital). En efecto, 
según Bourdieu “el principio de la acción histórica, - la del artista, la del científico o la 
del gobernante, como también la del obrero o la del pequeño funcionario -, no radica 
en un sujeto que enfrentaría a la sociedad como a un objeto constituido en la 
exterioridad. Dicho principio no radica ni en la conciencia ni en las cosas, sino en la 
relación entre dos estados de lo social, es decir, la historia objetivada en las cosas 
bajo forma de instituciones, y la historia encarnada en los cuerpos bajo la forma del 
sistema de disposiciones duraderas que llamo habitus” (Bourdieu, 1982: 37-38). 
Aquí se postula claramente una relación dialéctica entre habitus y campo, en el 
sentido de que el uno no puede funcionar sino en relación (recíproca) con el otro. Por 
consiguiente, es el encuentro entre habitus y campo, entre “historia hecha cuerpo” e 
“historia hecha cosa”, lo que constituye el mecanismo principal de producción del 
mundo social. Bourdieu especifica de este modo el doble movimiento constructivista 
de interiorización de la exterioridad y de exteriorización de la interioridad. El habitus 
sería el resultado de la incorporación de las estructuras sociales mediante la 
“interiorización de la exterioridad”, mientras que el campo sería el producto de la 
“exteriorización de la interioridad”, es decir, materializaciones institucionales de un 
sistema de habitus efectuadas en una fase precedente del proceso histórico-social. 
3.1.- El espacio social 
Pero ¿qué es un campo? Para entenderlo quizás convenga partir del concepto 
de espacio social. Para Bourdieu el espacio social es un sistema de posiciones 
sociales que se definen las unas en relación con las otras (v.g., autoridad / súbdito; 
jefe / subordinado; patrón / empleado; hombre / mujer; rico / pobre; distinguido / 
popular; etc.). El “valor” de una posición se mide por la distancia social que la separa 
de otras posiciones inferiores o superiores, lo que equivale a decir que el espacio 
78
social es, en definitiva, un sistema de diferencias sociales jerarquizadas (¡”la 
distinción”!) en función de un sistema de legitimidades socialmente establecidas y 
reconocidas en un momento determinado. Y lo que se llama “orden social” no sería 
más que el sistema global de espacios sociales constituido por conjuntos de 
posiciones, a la vez vinculadas y contrapuestas entre sí por las distancias que las 
separan. 
En un espacio social dado, las prácticas de los agentes tienden a ajustarse 
espontáneamente - en circunstancias normales - a las distancias sociales 
establecidas entre posiciones. Es la dosis de conformismo requerido para el 
funcionamiento del sistema social. Lo que no excluye, sin embargo, que en períodos 
de crisis, por ejemplo, se transgredan o se redefinan las distancias sociales. 
3.2.- El campo social 
En las sociedades modernas caracterizadas por un alto grado de diferenciación 
y complejidad, el espacio social se torna multidimensional y se presenta como un 
conjunto de campos relativamente autónomos, aunque articulados entre sí: campo 
económico, campo político, campo religioso, campo intelectual, etc. Un campo, por lo 
tanto, es una esfera de la vida social que se ha ido autonomizando progresivamente a 
través de la historia en torno a cierto tipo de relaciones sociales, de intereses y de 
recursos propios, diferentes a los de otros campos. 
Bourdieu recurre nuevamente a la metáfora del juego para dar una primera 
imagen intuitiva de lo que entiende por campo: éste sería un espacio de juego 
relativamente autónomo, con objetivos propios a ser logrados (enjeu), con jugadores 
compitiendo (a veces ferozmente) entre sí y empeñados en diferentes estrategias 
según su dotación de cartas y su capacidad de apuesta (capital), pero al mismo 
tiempo interesados en jugar porque “creen” en el juego y reconocen que “vale la pena 
jugar” (Bourdieu, 1992: 73). En cada momento, las relaciones de fuerza entre los 
jugadores definen la estructura del campo. Esto no es todo: 
“Los jugadores pueden jugar para aumentar o conservar su capital, sus fichas, 
es decir, en conformidad con las reglas tácitas del juego y con las necesidades de la 
reproducción del juego y de los intereses en juego; pero también pueden trabajar para 
transformar parcial o totalmente las reglas inmanentes del juego” (Bourdieu, 1992: 
75). 
79
En sentido riguroso, el campo se define - como todo espacio social - como una 
red o una configuración de relaciones objetivas entre posiciones diferenciadas, 
socialmente definidas y en gran medida independientes de la existencia física de los 
agentes que las ocupan (Bourdieu, 1992, 72). Así, el agente que ocupa la posición de 
empleado o de patrón, de sub-oficial o de oficial superior, de padre o de hijo, de 
dirigente deportivo o de simple practicante, puede muy bien desaparecer físicamente 
sin que la posición deje de existir, quedando ésta disponible para otro agente según 
el principio: ha muerto el rey, ¡viva el rey! 
3.3.- Las tres especies de capital 
La especificidad de cada campo viene dada, según Bourdieu, por el tipo de 
recursos (o la combinación particular de tipos de recursos) que se moviliza y tiene 
curso en su ámbito. A pesar de su aparente diversidad, estos recursos pueden 
reagruparse entre tres grandes categorías: 
- Recursos de naturaleza económica (entre los que el dinero ocupa un lugar 
preeminente por su papel de equivalente universal). 
- Recursos de naturaleza cultural (entre los cuales los diplomas escolares y 
universitarios han cobrado una importancia creciente). 
- Recursos sociales consistentes en la capacidad de movilizar en provecho 
propio redes de relaciones sociales más o menos extensas, derivadas de la 
pertenencia a diferentes grupos o “clientelas”. 
Estos tres grandes tipos de recursos no sólo constituyen los “intereses en juego” 
dentro de determinados campos, sino también las condiciones para “entrar en juego” 
y hacer jugadas rentables dentro de un campo, de modo que se acrecienten los 
recursos inicialmente comprometidos. Lo que implica todo un trabajo de valorización 
de los recursos invertidos para obtener beneficios. Por esta razón se da el nombre de 
capital a los recursos puestos en juego en los diferentes campos: capital económico, 
capital cultural y capital social (la red de relaciones movilizables). (Bourdieu, 1979a: 3- 
6; 1980a: 2-3). Por la misma razón, el campo se considera también como un mercado 
donde tiene curso y se negocia un capital específico. 
Bourdieu introduce una cuarta especie de capital: el capital simbólico. Éste 
consiste en ciertas propiedades impalpables, inefables y cuasi-carismáticas que 
parecen inherentes a la naturaleza misma del agente. Tales propiedades suelen 
llamarse, por ejemplo, autoridad, prestigio, reputación, crédito, fama, notoriedad, 
80
honorabilidad, talento, don, gusto, inteligencia, etc. Según Bourdieu, el capital 
simbólico así entendido “no es más que el capital económico o cultural en cuanto 
conocido y reconocido” (Bourdieu, 1987a: 160). En efecto, lejos de ser naturales o 
inherentes a la persona misma, tales propiedades sólo pueden existir en la medida en 
que sean reconocidas por los demás. Es decir, son formas de crédito otorgados a 
unos agentes por otros agentes. 
Aunque claramente distintas, las diferentes especies de capital están 
estrechamente vinculadas entre sí, y bajo ciertas condiciones pueden transformarse 
unas en otras. Bourdieu habla incluso de cierta “tasa de convertibilidad” entre las 
diferentes especies de capital. Así, el capital social puede transformarse en capital 
económico (se puede obtener un empleo bien remunerado gracias a la 
recomendación de un “padrino” influyente), del mismo modo que el capital cultural 
(v.g., los diplomas universitarios dan acceso a puestos bien remunerados de alta 
calificación). 
Por más de que resulte difícil jerarquizar las especies antes enumeradas de 
capital, Bourdieu afirma que una de ellas posee un peso preponderante y decisivo, 
como lo atestigua toda la historia: el capital económico. En efecto, es frecuentemente 
la posesión de este capital lo que decide el éxito de las luchas en todos los campos. 
Esta tesis ha sido asimilada por algunos críticos a la “determinación en última 
instancia por la economía” del marxismo tradicional, y le ha valido a Bourdieu ser 
etiquetado como “neo-marxista”. 
Por último, el capital acumulado de modo específico en un determinado campo 
se distribuye ordinariamente de modo desigual entre los agentes según la posición 
ocupada. En efecto, lo que se observa en la realidad es una estructura de distribución 
del capital específico más o menos dispersa o concentrada según la historia del 
campo considerado y, por lo mismo, según la evolución de las luchas por la 
apropiación del capital. A partir de aquí puede entenderse la relación entre capital y 
poder. La relación de fuerzas resultante de la desigual distribución del capital en 
cuestión es lo que define las posiciones dominantes y dominadas dentro de un campo 
y, por lo tanto, la capacidad de ejercer un poder y una influencia sobre otros. Con 
otras palabras: el hecho de disponer personalmente de bienes económicos y 
culturales es fuente de poder con respecto a los que los poseen en menor medida o 
simplemente carecen de ellos. 
81
En resumen: Bourdieu hace explotar la noción vacía de sociedad para sustituirla 
por las de campo y espacio social. “Un campo no es simplemente una estructura 
muerta o un sistema de «lugares vacíos» como en el marxismo althusseriano, sino un 
espacio de juego que sólo existe en cuanto tal en la medida en que existan también 
jugadores que entren en él, que crean en las recompensas que ofrece y que las 
busquen activamente. De donde se sigue que una teoría adecuada del campo implica 
por necesidad una teoría de los agentes sociales” (Wacquant in Bourdieu, 1992: 26). 
Cuadro extraído del libro Capital Cultural, Escuela y Espacio Social de Pierre Bourdieu. Ed. 
Siglo XXI, México 2003, p.31 
82
83 
2.2.4 LA SOCIOLOGÍA CRÍTICA 
Fragmento de la obra Sociología de la Educación 
Regina Jimenez-Ottalengo 
La Sociología Crítica 
Esta teoría nace en la llamada Escuela de Frankfurt, foco de pensamiento 
filosófico que no acepta mecánicamente las categorías marxistas, por lo que se 
considera como alternativa al marxismo ortodoxo (materialismo dialéctico, doctrina de 
Carlos Marx). Se trata de la búsqueda de nuevas formas de expresión sobre la base 
de la corriente marxista. Podemos decir que la teoría crítica es heterogénea y que su 
articulación es la búsqueda por la emancipación, la no represión, la no explota, así 
como la reconstrucción de una sociedad democrática y solidaria. En otras palabras, 
es la reflexión que pretende encontrar un agente que produzca los cambios. De ahí 
que los pensadores de esta escuela se inquieten por un acercamiento a movimientos 
populares como los ecologistas, los derechos humanos y los derechos de las 
minorías. 
De este modo, el acontecer histórico en el que se desarrolla esta corriente de 
pensamiento hace de la emancipación una obsesión. Hay que reconocer que en los 
años treinta en el mundo capitalista se estaban produciendo cambios en la clase 
trabajadora por lo que los socialistas pensaban que se llevaría a cabo una acción 
revolucionaria. En estos años el fenómeno de explosión de los medios de difusión – 
radio, cine, circulación masiva de periódicos, música popular- creo una nueva cultura 
popular. Esta industria de la cultura así como la comercialización de productos 
artísticos tuvieron consecuencias importantes en la conformación de la conciencia 
colectiva dada la acción masificadora que se generó a través de los medios. De ahí 
que para los seguidores de la escuela crítica sea el proceso educativo formal el único 
capaz de contrarrestar los efectos nocivos de la despersonalización producida por la 
masificación. Entre los elementos atractivos de esta teoría están la búsqueda de la 
emancipación entendida como el desarrollo de la personalidad individual y la 
búsqueda de la solidaridad frente a un mundo cada vez más burocratizado que 
oprime al individuo y le hace perder el verdadero sentido de la vida.Resultan 
sumamente complejos los análisis que hacen los seguidores de la Escuela de 
Frankfurt. Por la manera de abordar los temas culturales, lo mismo hacen un 
pronunciamiento en contra de la cultura popular que masifica, que en contra de la
idea estética de la despersonalización de la belleza que es residuo de una cultura no 
socializada. Esta escuela considera que la monotonía de la vida cotidiana busca en el 
entrenamiento una salida, para hacer más llevadera la vida de miles de consumidores 
pasivos, dando como resultado una forma conformista de utilizar el tiempo libre 
originado por la industria y la comercialización de la cultura. Representantes de estas 
corrientes son Theodor Adorno, Max Horkheimer y Herbert Marcurse, quienes en la 
década de los treinta y cuarenta se cuestionaban el imperio de la violencia, la dureza 
del estalinismo y los holocaustos judíos y japonés; y un poco más tarde, Jurgens 
Habermas, quien ha ejercido gran influencia con los estudios sobre la comunicación y 
la cultura. 
Fragmento de la obra Dialéctica del Iluminismo 
Iluminismo como mistificación de masas 
84 
Adorno, Teodoro y Horkheimer; M 
La tesis sociológica de que la pérdida de sostén en la religión objetiva, la 
disolución de los últimos residuos precapitalistas, la diferenciación técnica y social y el 
extremado especialismo han dado lugar a un caos cultural, se ve cotidianamente 
desmentida por los hechos. La civilización actual concede a todo un aire de 
semejanza. Film, radio y semanarios constituyen un sistema. Cada sector está 
armonizado en sí y todos entre ellos. Las manifestaciones estéticas, incluso de los 
opositores políticos, celebran del mismo modo el elogio del ritmo de acero. Los 
organismos decorativos de las administraciones y las muestras industriales son poco 
diversas en los países autoritarios y en los demás. Los tersos y colosales palacios 
que se alzan por todas partes representan la pura racionalidad privada de sentido de 
los grandes monopolios internacionales a los que tendía ya la libre iniciativa 
desencadenada, que tiene en cambio sus monumentos en los tétricos edificios de 
habitación o comerciales de las ciudades desoladas. Ya las casas más viejas cerca 
de los centros de cemento armado tienen aire de slums y los nuevos bungalows 
marginales a la ciudad cantan ya -como las frágiles construcciones de las ferias 
internacionales- las loas al progreso técnico, invitando a que se los liquide, tras un 
rápido uso, como cajas de conserva. Pero los proyectos urbanísticos que deberían 
perpetuar, en pequeñas habitaciones higiénicas, al individuo como ser independiente,
lo someten aun más radicalmente a su antítesis, al poder total del capital. Como los 
habitantes afluyen a los centros a fin de trabajar y divertirse, en carácter de 
productores y consumidores, las células edilicias se cristalizan sin solución de 
continuidad en complejos bien organizados. La unidad visible de macrocosmo y 
microcosmo ilustra a los hombres sobre el esquema de su civilización: la falsa 
identidad de universal y particular. Cada civilización de masas en un sistema de 
economía concentrada es idéntica y su esqueleto -la armadura conceptual fabricada 
por el sistema- comienza a delinearse. Los dirigentes no están ya tan interesados en 
esconderla; su autoridad se refuerza en la medida en que es reconocida con mayor 
brutalidad. Film y radio no tienen ya más necesidad de hacerse pasar por arte. La 
verdad de que no son más que negocios les sirve de ideología, que debería legitimar 
los rechazos que practican deliberadamente. Se autodefinen como industrias y las 
cifras publicadas de las rentas de sus directores generales quitan toda duda respecto 
a la necesidad social de sus productos. 
Quienes tienen intereses en ella gustan explicar la industria cultural en términos 
tecnológicos. La participación en tal industria de millones de personas impondría 
métodos de reproducción que a su vez conducen inevitablemente a que, en 
innumerables lugares, necesidades iguales sean satisfechas por productos standard. 
El contraste técnico entre pocos centros de producción y una recepción difusa 
exigiría, por la fuerza de las cosas, una organización y una planificación por parte de 
los detentores. Los clichés habrían surgido en un comienzo de la necesidad de los 
consumidores: sólo por ello habrían sido aceptados sin oposición. Y en realidad es en 
este círculo de manipulación y de necesidad donde la unidad del sistema se afianza 
cada vez más. Pero no se dice que el ambiente en el que la técnica conquista tanto 
poder sobre la sociedad es el poder de los económicamente más fuertes sobre la 
sociedad misma. La racionalidad técnica es hoy la racionalidad del dominio mismo. 
Es el carácter forzado de la sociedad alienada de sí misma. Automóviles y films 
mantienen unido el conjunto hasta que sus elementos niveladores repercuten sobre la 
injusticia misma a la que servían. Por el momento la técnica de la industria cultural ha 
llegado sólo a la igualación y a la producción en serie, sacrificando aquello por lo cual 
la lógica de la obra se distinguía de la del sistema social. Pero ello no es causa de 
una ley de desarrollo de la técnica en cuanto tal, sino de su función en la economía 
actual. La necesidad que podría acaso escapar al control central es reprimida ya por 
el control de la conciencia individual. El paso del teléfono a la radio ha separado 
85
claramente a las partes. El teléfono, liberal, dejaba aun al oyente la parte de sujeto. 
La radio, democrática, vuelve a todos por igual escuchas, para remitirlos 
autoritariamente a los programas por completo iguales de las diversas estaciones. No 
se ha desarrollado ningún sistema de respuesta y las transmisiones privadas son 
mantenidas en la clandestinidad. Estas se limitan al mundo excéntrico de los 
“aficionados”, que por añadidura están aun organizados desde arriba. Pero todo resto 
de espontaneidad del público en el ámbito de la radio oficial es rodeado y absorbido, 
en una selección de tipo especialista, por cazadores de talento, competencias ante el 
micrófono y manifestaciones domesticadas de todo género. Los talentos pertenecen a 
la industria incluso antes de que ésta los presente: de otro modo no se adaptarían 
con tanta rapidez. La constitución del público, que teóricamente y de hecho favorece 
al sistema de la industria cultural, forma parte del sistema y no lo disculpa. Cuando 
una branche artística procede según la misma receta de otra, muy diversa en lo que 
respecta al contenido y a los medios expresivos; cuando el nudo dramático de la 
soap-opera en la radio se convierte en una ilustración pedagógica del mundo en el 
cual hay que resolver dificultades técnicas, dominadas como jam al igual que en los 
puntos culminantes de la vida del jazz, o cuando la “adaptación” experimental de una 
frase de Beethoven se hace según el mismo esquema con el que se lleva una novela 
de Tolstoy a un film, la apelación a los deseos espontáneos del público se convierte 
en un pretexto inconsistente. Más cercana a la realidad es la explicación que se basa 
en el peso propio, en la fuerza de inercia del aparato técnico y personal, que por lo 
demás debe ser considerado en cada uno de sus detalles como parte del mecanismo 
económico de selección. A ello debe agregarse el acuerdo o por lo menos la común 
determinación de los dirigentes ejecutivos de no producir o admitir nada que no se 
asemeje a sus propias mesas, a su concepto de consumidores y sobre todo a ellos 
mismos. 
Si la tendencia social objetiva de la época se encarna en las intenciones 
subjetivas de los dirigentes supremos, éstos pertenecen por su origen a los sectores 
más poderosos de la industria. Los monopolios culturales son, en relación con ellos, 
débiles y dependientes. Deben apresurarse a satisfacer a los verdaderamente 
poderosos, para que su esfera en la sociedad de masas -cuyo particular carácter de 
mercancía tiene ya demasiada relación con el liberalismo acogedor y con los 
intelectuales judíos- no corra peligro. La dependencia de la más poderosa sociedad 
de radiofonía respecto a la industria eléctrica o la del cine respecto a la de las 
86
construcciones navales, delimita la entera esfera, cuyos sectores aislados están 
económicamente cointeresados y son interdependientes. Todo está tan 
estrechamente próximo que la concentración del espíritu alcanza un volumen que le 
permite traspasar los confines de las diversas empresas y de los diversos sectores 
técnicos. La unidad desprejuiciada de la industria cultural confirma la unidad -en 
formación- de la política. Las distinciones enfáticas, como aquellas entre films de tipo 
a y b o entre las historias de semanarios de distinto precio, no están fundadas en la 
realidad, sino que sirven más bien para clasificar y organizar a los consumidores, 
para adueñarse de ellos sin desperdicio. Para todos hay algo previsto, a fin de que 
nadie pueda escapar; las diferencias son acuñadas y difundidas artificialmente. El 
hecho de ofrecer al público una jerarquía de cualidades en serie sirve sólo para la 
cuantificación más completa. Cada uno debe comportarse, por así decirlo, 
espontáneamente, de acuerdo con su level determinado en forma anticipada por 
índices estadísticos, y dirigirse a la categoría de productos de masa que ha sido 
preparada para su tipo. Reducidos a material estadístico, los consumidores son 
distribuidos en el mapa geográfico de las oficinas administrativas (que no se 
distinguen prácticamente más de las de propaganda) en grupos según los ingresos, 
en campos rosados, verdes y azules. 
El esquematismo del procedimiento se manifiesta en que al fin los productos 
mecánicamente diferenciados se revelan como iguales. El que las diferencias entre la 
serie Chrysler y la serie General Motors son sustancialmente ilusorias es cosa que 
saben incluso los niños que se enloquecen por ellas. Los precios y las desventajas 
discutidos por los conocedores sirven sólo para mantener una apariencia de 
competencia y de posibilidad de elección. Las cosas no son distintas en lo que 
concierne a las producciones de la Warner Brothers y de la Metro Goldwin Mayer. 
Pero incluso entre los tipos más caros y menos caros de la colección de modelos de 
una misma firma, las diferencias se reproducen más: en los automóviles no pasan de 
variantes en el número de cilindros, en el volumen, en la novedad de los gadgets; en 
los films se limitan a diferencias en el número de divos, en el despliegue de medios 
técnicos, mano de obra, trajes y decorados, en el empleo de nuevas fórmulas 
psicológicas. La medida unitaria del valor consiste en la dosis de conspicuous 
production, de inversión exhibida. Las diferencias de valor preestablecidas por la 
industria cultural no tienen nada que ver con diferencias objetivas, con el significado 
de los productos. También los medios técnicos tienden a una creciente uniformidad 
87
recíproca. La televisión tiende a una síntesis de radio y cine, que está siendo 
retardada hasta que las partes interesadas se hayan puesto completamente de 
acuerdo, pero cuyas posibilidades ilimitadas pueden ser promovidas hasta tal punto 
por el empobrecimiento de los materiales estéticos que la identidad apenas velada de 
todos los productos de la industria cultural podrá mañana triunfar abiertamente, como 
sarcástica realización del sueño wagneriano de la “obra de arte total”. El acuerdo de 
palabra, música e imagen se logra con mucha mayor perfección que en Tristán, en la 
medida en que los elementos sensibles, que se limitan a registrar la superficie de la 
realidad social, son ya producidos según el mismo proceso técnico de trabajo y 
expresan su unidad como su verdadero contenido. Este proceso de trabajo integra a 
todos los elementos de la producción, desde la trama de la novela preparada ya en 
vistas al film, hasta el último efecto sonoro. Es el triunfo del capital invertido. Imprimir 
con letras de fuego su omnipotencia -la de sus manos- en el corazón de todos los 
desposeídos en busca de empleo es el significado de todos los films, 
independientemente de la acción dramática que la dirección de producciones escoge 
de vez en cuando. 
Durante el tiempo libre el trabajador debe orientarse sobre la unidad de la 
producción. La tarea que el esquematismo kantiano había asignado aun a los sujetos 
-la de referir por anticipado la multiplicidad sensible a los conceptos fundamentales- le 
es quitada al sujeto por la industria. La industria realiza el esquematismo como el 
primer servicio para el cliente. Según Kant, actuaba en el alma un mecanismo secreto 
que preparaba los datos inmediatos para que se adaptasen al sistema de la pura 
razón. Hoy, el enigma ha sido develado. Incluso si la planificación del mecanismo por 
parte de aquellos que preparan los datos, la industria cultural, es impuesta a ésta por 
el peso de una sociedad irracional -no obstante toda racionalización-, esta tendencia 
fatal se transforma, al pasar a través de las agencias de la industria, en la 
intencionalidad astuta que caracteriza a esta última. Para el consumidor no hay nada 
por clasificar que no haya sido ya anticipado en el esquematismo de la producción. El 
prosaico arte para el pueblo realiza ese idealismo fantástico que iba demasiado lejos 
para el crítico. Todo viene de la conciencia: de la de Dios en Malebranche y en 
Berkeley; en el arte de masas, de la dirección terrena de la producción. No sólo los 
tipos de bailables, divos, soap-operas retornan cíclicamente como entidades 
invariables, sino que el contenido particular del espectáculo, lo que aparentemente 
cambia, es a su vez deducido de aquéllos. Los detalles se tornan fungibles. La breve 
88
sucesión de intervalos que ha resultado eficaz en un tema, el fracaso temporario del 
héroe, que éste acepta deportivamente, los saludables golpes que la hermosa recibe 
de las robustas manos del galán, los modales rudos de éste con la heredera 
pervertida, son, como todos los detalles, clichés, para emplear a gusto aquí y allá, 
enteramente definidos cada vez por el papel que desempeñan en el esquema. 
Confirmar el esquema, mientras lo componen, constituye toda la realidad de los 
detalles. En un film se puede siempre saber en seguida cómo terminará, quién será 
recompensado, castigado u olvidado; para no hablar de la música ligera, en la que el 
oído preparado puede adivinar la continuación desde los primeros compases y 
sentirse feliz cuando llega. El número medio de palabras de la short story es 
intocable. Incluso los gags, los efectos, son calculados y planificados. Son 
administrados por expertos especiales y su escasa variedad hace que se los pueda 
distribuir administrativamente. La industria cultural se ha desarrollado con el primado 
del efecto, del exploit tangible, del detalle sobre la obra, que una vez era conductora 
de la idea y que ha sido liquidada junto con ésta. El detalle, al emanciparse, se había 
tornado rebelde y se había erigido -desde el romanticismo hasta el expresionismo- en 
expresión desencadenada, en exponente de la revolución contra la organización. El 
efecto armónico aislado había cancelado en la música la conciencia de la totalidad 
formal; en pintura el color particular se había sobrepuesto a la composición del 
cuadro; la penetración psicológica dominaba sobre la arquitectura de la novela. A ello 
pone fin con su totalidad la industria cultural. Al no reconocer más que a los detalles, 
acaba con la insubordinación de éstos y los somete a la fórmula que ha tomado el 
lugar de la obra. La industria cultural trata de la misma forma al todo y a las partes. El 
todo se opone, en forma despiadada o incoherente, a los detalles, un poco como la 
carrera de un hombre de éxito, a quien todo debe servirle de ilustración y prueba, 
mientras que la misma carrera no es más que la suma de esos acontecimientos 
idiotas. La llamada idea general es un mapa catastral y crea un orden, pero ninguna 
conexión. Privados de oposición y de conexión, el todo y los detalles poseen los 
mismos rasgos. Su armonía garantizada desde el comienzo es la caricatura de 
aquella otra -conquistada- de la obra maestra burguesa. En Alemania, en los films 
más despreocupados del período democrático, reinaba ya la paz sepulcral de la 
dictadura. 
El mundo entero es pasado por el cedazo de la industria cultural. La vieja 
esperanza del espectador cinematográfico, para quien la calle parece la continuación 
89
del espectáculo que acaba de dejar, debido a que éste quiere precisamente 
reproducir con exactitud el mundo perceptivo de todos los días, se ha convertido en el 
criterio de la producción. Cuanto más completa e integral sea la duplicación de los 
objetos empíricos por parte de las técnicas cinematográficas, tanto más fácil resulta 
hacer creer que el mundo exterior es la simple prolongación del que se presenta en el 
film. A partir de la brusca introducción del elemento sonoro el proceso de 
reproducción mecánica ha pasado enteramente al servicio de este propósito. El ideal 
consiste en que la vida no pueda distinguirse más de los films. El film superando en 
gran medida al teatro ilusionista, no deja a la fantasía ni al pensar de los 
espectadores dimensión alguna en la que puedan moverse por su propia cuenta sin 
perder el hilo, con lo que adiestra a sus propias víctimas para identificarlo 
inmediatamente con la realidad. La atrofia de la imaginación y de la espontaneidad 
del consumidor cultural contemporáneo no tiene necesidad de ser manejada según 
mecanismos psicológicos. Los productos mismos, a partir del más típico, el film 
sonoro, paralizan tales facultades mediante su misma constitución objetiva. Tales 
productos están hechos de forma tal que su percepción adecuada exige rapidez de 
intuición, dotes de observación, competencia específica, pero prohibe también la 
actividad mental del espectador, si éste no quiere perder los hechos que le pasan 
rápidamente delante. Es una tensión tan automática que casi no tiene necesidad de 
ser actualizada para excluir la imaginación. Quien está de tal forma absorto en el 
universo del film, en los gestos, imágenes y palabras, que carece de la capacidad de 
agregar a éstos aquello por lo que podrían ser tales, no por ello se encontrará en el 
momento de la exhibición sumido por completo en los efectos particulares del 
espectáculo que contempla. A través de todos los otros films y productos culturales 
que necesariamente debe conocer, han llegado a serle tan familiares las pruebas de 
atención requeridas que se le producen automáticamente. La violencia de la sociedad 
industrial obra sobre los hombres de una vez por todas. Los productos de la industria 
cultural pueden ser consumidos rápidamente incluso en estado de distracción. Pero 
cada uno de ellos es un modelo del gigantesco mecanismo económico que mantiene 
a todos bajo presión desde el comienzo, en el trabajo y en el descanso que se le 
asemeja. De cada film sonoro, de cada transmisión radial, se puede deducir aquello 
que no se podría atribuir como efecto a ninguno de ellos aisladamente, pero sí al 
conjunto de todos en la sociedad. Inevitablemente, cada manifestación aislada de la 
industria cultural reproduce a los hombres tal como aquello en que ya los ha 
90
convertido la entera industria cultural. Y todos los agentes de la industria cultural, 
desde el productor hasta las asociaciones femeninas, velan para que el proceso de la 
reproducción simple del espíritu no conduzca en modo alguno a una reproducción 
enriquecida. 
Las quejas de los historiadores del arte y de los abogados de la cultura respecto 
a la extinción de la energía estilística en Occidente son pavorosamente infundadas. 
La traducción estereotipada de todo, incluso de aquello que aún no ha sido pensado, 
dentro del esquema de la reproductibilidad mecánica, supera en rigor y validez a todo 
verdadero estilo, concepto este con el que los amigos de la cultura idealizan -como 
“orgánico”- al pasado precapitalista. Ningún Palestrina hubiera podido expeler la 
disonancia no preparada y no resuelta con el purismo con el que un arrangeur de 
música de jazz elimina hoy toda cadencia que no se adecue perfectamente a su 
jerga. Cuando adapta a Mozart no se limita a modificarlo allí donde es demasiado 
serio o demasiado difícil, sino también donde armonizaba la melodía en forma diversa 
-y acaso con más sencillez- de lo que se usa hoy. Ningún constructor de iglesias 
medieval hubiera inspeccionado los temas de los vitrales y de las esculturas con la 
desconfianza con que la dirección del estudio cinematográfico examina un tema de 
Balzac o de Víctor Hugo antes de que éste obtenga el imprimatur que le permi tirá 
continuar adelante. Ningún capítulo habría asignado a las caras diabólicas y las 
penas de los condenados su justo puesto en el orden del sumo amor con el escrúpulo 
con el que la dirección de producción se lo asigna a la tortura del héroe o a la sucinta 
pollera de la leading lady en la letanía del film de éxito. El catálogo explícito e 
implícito, exotérico y esotérico de lo prohibido y de lo tolerado, no se limita a 
circunscribir un sector libre, sino que lo domina y lo controla desde la superficie hasta 
el fondo. Incluso los detalles mínimos son modelados según sus normas. La industria 
cultural, a través de sus prohibiciones, fija positivamente -al igual que su antítesis, el 
arte de vanguardia- un lenguaje suyo, con una sintaxis y un léxico propios. La 
necesidad permanente de nuevos efectos, que quedan sin embargo ligados al viejo 
esquema, no hace más que aumentar, como regla supletoria, la autoridad de lo 
ordenado, a la que cada efecto particular querría sustraerse. Todo lo que aparece es 
sometido a un sello tan profundo que al final no aparece ya nada que no lleve por 
anticipado el signo de la jerga y que no demuestre ser, a primera vista, aprobado y 
reconocido 
91
Fragmento del discurso ¿Aprendemos de las catástrofes? 
92 
Jürgen Habermas 
Las continuidades poderosas El umbral del próximo siglo atrapa nuestra 
imaginación porque nos lleva a un nuevo milenio. Este corte del calendario se debe a 
una cronología construida por una historia providencial, cuyo punto cero es el 
nacimiento de Cristo que, desde esa perspectiva, significó una interrupción en la 
historia universal. Al final del segundo milenio los planes de vuelo de las compañías 
aéreas internacionales, las transacciones globales de las bolsas de valores, los 
congresos mundiales de los científicos, más todavía, los encuentros en el espacio 
sideral, se ordenan de acuerdo con la cronología cristiana. Pero estas cifras 
redondas, producto de la división de un calendario, no explican los nudos temporales 
que son los mismos acontecimientos históricos. Cifras como 1900 ó 2000 carecen de 
significado si las comparamos con los datos históricos de 1914, 1945 ó 1989. Pero, 
sobre todo, los cortes del calendario ocultan la continuidad de las tendencias —que 
vienen de muy atrás— de una modernidad social, que pasarán intocadas el umbral 
del siglo XXI. Antes de abordar la propia fisonomía del siglo XX quisiera recordar las 
tendencias de larga duración que han recorrido el siglo, tomando el ejemplo de (a), el 
desarrollo demográfico, (b) los cambios en el mundo del trabajo y (c) el currículum del 
progreso científico y técnico. A) Desde principios del siglo XIX comenzó en Europa un 
crecimiento vertiginoso de la población como consecuencia directa del progreso en la 
medicina. Desde mediados de nuestro siglo, este desarrollo demográfico —que 
mientras tanto se detuvo en las sociedades prósperas— ha continuado en el Tercer 
Mundo de manera explosiva. Los expertos no cuentan con un equilibrio antes del año 
2030, con una población de diez mil millones de seres humanos. Vale decir, a partir 
de 1950 la población mundial se ha quintuplicado. Detrás de esta tendencia 
estadística se oculta, en efecto, una fenomenología rica en cambios. A principios de 
nuestro siglo, el crecimiento explosivo de la población era percibido por sus 
contemporáneos como un fenómeno de masas. Pero aun entonces este fenómeno no 
era muy nuevo. Antes de que Gustave LeBon se interesara por la psicología de las 
masas, la novela del siglo XIX describió la concentración masiva de individuos en las 
ciudades y en los barrios, en las fábricas, las oficinas y los cuarteles, así como 
también la movilización masiva de trabajadores y emigrantes, de manifestantes, 
huelguistas y revolucionarios. No obstante, a principios del siglo XX por primera vez 
esas corrientes, organizaciones y acciones masivas se condensaron en fenómenos
hegemónicos que dieron lugar a la visión, por ejemplo, de José Ortega y Gasset en 
La rebelión de las masas. En las movilizaciones masivas de la Segunda Guerra 
mundial, en la miseria masiva de los campos de concentración, así como en las 
migraciones masivas de fugitivos y en el caos masivo de las displaced persons se 
despliega un colectivismo que se había anunciado en la imagen del Leviathan de 
Thomas Hobbes. En esa imagen, los innumerables individuos anónimos se han 
fundido en un macrosujeto todopoderoso y colectivo. Sin embargo, desde la mitad de 
este siglo se ha transformado la fisonomía de las grandes cifras. La presencia de 
miles de cuerpos reunidos y aprisionados en una marcha constante se ha 
transformado en la inclusión simbólica de la conciencia de muchos individuos en las 
redes de comunicación cada vez más amplias y abarcantes. Las masas concentradas 
se convierten en el público disperso de los medios masivos de comunicación. Las 
corrientes físicas de tráfico van en aumento: las redes electrónicas y sus puertos o 
conexiones individuales han transformado en un anacronismo a las masas reunidas 
en las calles y las plazas. En efecto, el cambio de la percepción social ya no se 
explica por la continuidad del crecimiento demográfico. 
B) De igual modo se han llevado a cabo los cambios en el mundo del trabajo, en 
ritmos largos que trasponen el umbral de nuestro siglo. La introducción de métodos 
de producción que ahorran trabajo, vale decir: el aumento de la productividad es el 
motor de este desarrollo. A partir de la revolución industrial en la Inglaterra del siglo 
XVIII, la modernización de la economía ha seguido la misma secuencia. La masa de 
la población trabajadora que desde hace siglos laboraba en el campo se desplaza 
primero al sector secundario, la industria productora de bienes, luego al sector 
terciario, el del comercio, el transporte y los servicios. Mientras tanto las sociedades 
postindustriales han desplegado un cuarto sector, el del conocimiento, que domina 
muchas actividades y sectores, como las industrias high-tec, los bancos o la 
administración pública, que dependen de la afluencia de nuevas informaciones y, en 
el último tiempo, de investigaciones y avances en los sistemas de la informática. Todo 
esto se debe sin duda a una "revolución en el sistema educativo" que no sólo suprime 
el analfabetismo, sino que lleva también a una drástica ampliación de los sectores 
secundarios y terciarios. Mientras la educación superior perdía su carácter elitista, las 
universidades se convirtieron a menudo en los centros de la rebelión y del 
descontento político. 
93
En el transcurso del siglo XX este modelo no ha cambiado, pero su tempo ha 
venido acelerándose. Desde principios de los años sesenta, Corea dio el salto de una 
sociedad preindustrial a una sociedad postindustrial, bajo las duras condiciones de 
una dictadura del desarrollo y en los años de una sola ronda generacional. Esta 
aceleración explica que un proceso tan conocido como la migración del campo a la 
ciudad haya adquirido, en la segunda mitad del siglo XX, una nueva y sorprendente 
cualidad. Dejando a un lado a China y al continente africano —del Sahara hacia 
abajo—, el violento salto productivo de la economía agraria mecanizada casi ha 
despoblado al sector agrario. En los países de la OCDE, la población activa en una 
economía agrícola altamente subvencionada alcanzó la histórica cifra de -10%. En la 
experiencia del mundo de la vida corriente esto significa una profunda ruptura con el 
pasado. Desde el neolítico hasta muy avanzado el siglo XIX la vida en las aldeas o 
los pueblos imprimió, sin duda, el mismo sello a todas las culturas, y se ha convertido 
ahora en una trampa dentro las sociedades industriales. La decadencia del 
campesinado ha transformado de raíz la relación tradicional del campo con la ciudad. 
Más del 40% de la población mundial vive hoy en las ciudades. Este proceso de 
metropolización destruye la ciudad misma, esa forma de vida urbana que se originó 
en la antigua Europa. Aunque la ciudad de Nueva York, el núcleo mismo de 
Manhattan, nos recuerde de modo incierto al Londres y al París del siglo XIX, las 
desbordadas regiones urbanas de la Ciudad de México y de Tokio, de Calcuta y Sao 
Paulo, de El Cairo y Seúl o Shangai han destruido para siempre las dimensiones 
comunes de "La Ciudad". Los desvanecidos perfiles de estas megalópolis que se 
multiplican desde hace dos o tres decenios nos dan la idea de una realidad que no 
entendemos y cuyos conceptos nos faltan. 
C) Por último, una tercera continuidad es la cadena que forma el progeso 
científico y técnico y sus definitivas consecuencias sociales que avanzan a través de 
los siglos. As nuevas materias primas y formas de energía, las nuevas tecnologías 
industriales, militares y médicas, los nuevos medios de transporte y comunicación que 
durante el siglo XX transformaron la economía, así como las formas de vida y del 
intercambio social, se debieron al conocimiento científico y los desarrollos técnicos 
del pasado. Los éxitos de la técnica, como el dominio de la energía atómica y los 
viajes al espacio, las innovaciones, como el descubrimiento del código genético, y la 
introducción de tecnologías genéticas en la agricultura y la medicina transforman 
nuestra conciencia del riesgo, nuestra misma conciencia moral. No obstante, esas 
94
conquistas espectaculares permanecen dentro de los mismos caminos trazados 
desde hace mucho tiempo. A partir del siglo XVII no ha cambiado nuestra actitud 
instrumental ante una naturaleza tranformada por la ciencia. Aun cuando nuestra 
intervención en la estructura misma de la materia sea más profunda que antes y 
nuestros avances en el cosmos más insólitos que nunca, no ha cambiado tampoco el 
modo del dominio técnico, la decodificación de los procesos naturales. 
La vida diaria saturada de tecnologías exige de nosotros los legos, como 
siempre, un trato trivial con aparatos y sistemas que no entendemos, una confianza 
habitual en el funcionamiento de técnicas y redes de transmisión que ignoramos. En 
sociedades altamente industrializadas, todo experto se convierte en un lego frente a 
otros expertos. Max Weber había descrito ya la "ingenuidad secundaria" que nos 
domina cuando manejamos el radio de transistores, el teléfono celular, las 
calculadoras de bolsillo, los videocasettes y sus reproductoras o las computadoras 
portátiles. Quiero decir, la manipulación de aparatos electrónicos conocidos cuya 
fabricación resume el conocimiento acumulado de varias generaciones de científicos. 
A pesar de las reacciones de pánico ante el anuncio de desperfectos y peligros de 
estas técnicas y aparatos, la inclusión de lo que no entendemos en el mundo de 
nuestra vida diaria apenas se ha visto amenazada, en algunos momentos, por la duda 
que nutren los medios masivos de comunicación acerca de la confiabilidad del 
conocimiento de los expertos y de la gran tecnología. La creciente conciencia del 
riesgo no perturba la rutina diaria. 
El perfeccionamiento de las técnicas de comunicación y tránsito tiene una 
importancia muy distinta para el cambio a largo plazo del horizonte de nuestra 
experiencia cotidiana. 
Los viajeros que emplearon, en 1830, los primeros ferrocarriles habían narrado 
ya sus nuevas percepciones del espacio y el tiempo. En el siglo XX, el automóvil y la 
aviación civil aceleraron todavía más el tráfico de personas y el transporte de bienes 
de consumo y redujeron también —de modo subjetivo— las distancias. Nuestra 
conciencia del tiempo y el espacio ha sido transformada de otro modo por las nuevas 
técnicas de transmisión, acumulación y procesamiento de datos e informaciones. En 
la Europa de fines del siglo XVIII la impresión de libros y periódicos contribuyó al 
nacimiento de una conciencia histórica global y dirigida al futuro. A fines del XIX, 
Nietzsche se lamentaba del historicismo de una élite ilustrada que todo lo convertía 
en presente. Mientras tanto, la separación entre el presente y un conjunto de 
95
pasados, que nuestra vista cosifica, se ha apoderado de las masas de turistas 
ilustrados. El periodismo masivo es también resultado del siglo XIX; pero el efecto 
"máquina del tiempo" que producen los medios impresos se ha incrementado por la 
fotografía, el cine, el radio y la televisión. La distancias espaciotemporales ya no se 
"superan": desaparecen sin dejar huella en la presencia ubicua de realidades 
virtuales. La comunicación digital supera finalmente a todos los otros medios en 
alcance y capacidad. Cada vez más individuos pueden obtener más rápido 
cantidades diversas de información, procesarlas e intercambiarlas simultáneamente a 
través de grandes distancias. Todavía no podemos apreciar las consecuencias 
intelectuales de Internet, que se opone de modo más decisivo a las costumbres de 
nuestra vida diaria que un nuevo aparato electrodoméstico. 
II. Dos rostros del siglo 
Las continuidades de la modernidad social que atraviesan el calendario del siglo 
nos enseñan de modo insuficiente lo que caracteriza al siglo XX. Por esta razón, los 
historiadores rigen la puntuación de sus narraciones más de acuerdo con los sucesos 
que con los cambios de tendencias o de estructuras. El rostro de un siglo va tomando 
forma por la irrupción de grandes acontecimientos. Entre los historiadores que todavía 
están dispuestos a pensar en grandes unidades existe hoy un consenso: al "largo" 
siglo XIX (1789-1914) le ha sucedido un "breve" siglo XX (1914-1989). El comienzo 
de la Primera Guerra mundial y el desmoronamiento de la Unión Soviética dan el 
marco a este antagonismo que atraviesa dos guerras mundiales y la guerra fría. Esta 
puntuación deja espacio, sin duda, para tres diferentes interpretaciones, de acuerdo 
con el mundo donde se sitúe al antagonismo: en el espacio de la economía de los 
sistemas sociales, en el de la política de las superpotencias o en el espacio cultural 
de las ideologías. La elección de esos puntos de vista hermenéuticos está 
determinada desde luego por la lucha de las ideas que han dominado el siglo. 
En la actualidad la guerra fría continúa con los medios del trabajo historiográfico, 
no importa si la Unión Soviética desafía al Occidente capitalista (Eric Hobsbawm) o si 
el Occidente liberal lucha contra los regímenes totalitarios (François Furet). Ambas 
interpretaciones explican de uno o de otro modo un hecho: sólo los Estados Unidos 
salieron fortalecidos de ambas guerras en el mundo de la economía, de la política y 
de la cultura, más aún: son la única superpotencia que ha sobrevivido a la guerra fría. 
Este resultado le ha dado al siglo el nombre de los Estados Unidos. La tercera lectura 
es menos clara. Mientras se use el concepto de "ideología" en un sentido neutral 
96
detrás del título "la época de las ideologías" (Hildebrand) se esconde sólo una 
variante de la teoría del totalitarismo: la lucha del régimen refleja la lucha de las 
concepciones del mundo. El mismo título señala en otros casos la perspectiva —que 
Carl Schmitt definió— de una guerra civil universal: a partir de 1917 chocaron los 
grandes proyectos utópicos de la democracia y de la revolución universales —con 
Wilson y Lenin como sus representantes mayores (Ernst Nolte)—. Según esta crítica 
de la ideología —cuya filiación de derecha salta a la vista— la historia contrae el virus 
de la filosofía de la historia y se extravía de tal forma que sólo a partir del año de 1989 
vuelve sobre las vías de las historias nacionales. 
Desde cada una de estas tres perspectivas, el siglo XX obtiene su propio rostro. 
Según la primera lectura, el más grande experimento político que se haya llevado a 
cabo con seres humanos desafía y no le da tregua al sistema capitalista internacional. 
La industrialización coercitiva bajo los más crueles sacrificios le permitió a la Unión 
Soviética el ascenso político a una superpotencia, pero no le aseguró una base 
económica ni una política social superior —o cuando menos una alternativa de 
sobrevivencia— al modelo del capitalismo occidental. Según la segunda lectura, el 
siglo XX trae los rasgos oscuros de un totalitarismo que suspende el proceso 
civilizatorio iniciado con la Ilustración, destruye la esperanza de domesticar el poder 
del Estado y el proyecto de humanizar la convivencia social entre los individuos. La 
violencia totalitaria de las naciones que hacen la guerra traspasa los límites del 
derecho internacional del mismo modo implacable en que la violencia terrorista de los 
partidos únicos dictatoriales neutraliza en el interior las garantías constitucionales. 
Mientras desde esta perspectiva luz y sombra se reparten por igual entre las fuerzas 
totalitarias y sus enemigos liberales, según la tercera lectura —una lectura 
postfascista— nuestro siglo se encuentra bajo la sombra de una cruzada ideológica 
entre partidos, si no de la misma importancia, sí de una mentalidad semejante. 
Ambas partes libran un combate —concepciones del mundo antagónicas— entre 
distintos programas de filosofía de la historia, cuya fuerza fanática se debe a sus 
proyectos religiosos originales disfrazados de fines seculares. 
En todas estas versiones aparecen los rasgos oscuros de un siglo que "inventó" 
las cámaras de gas y la guerra total, el genocidio bajo el mandato del Estado y los 
campos de exterminio, el lavado de cerebro, el sistema de la seguridad del Estado y 
la vigilancia panóptica de pueblos enteros. Este siglo "produjo" sin duda más víctimas, 
más soldados caídos, más ciudadanos asesinados, más civiles ejecutados y minorías 
97
expulsadas, más personas torturadas, violadas, hambrientas y congeladas, más 
prisioneros políticos y fugitivos de lo que nadie nunca habría imaginado. La violencia 
y la barbarie determinan el signo de la época. De Horkheimer y Adorno hasta 
Braudriard y Zygmunt Baumann, de Heidegger hasta Foucault y Derrida, los rasgos 
totalitarios del siglo se han convertido en un instrumento de los mismos diagnósticos. 
Pero a estas interpretaciones negativas — que se dejan atrapar por el horror de las 
imágenes— se les escapa el reverso de las catástrofes. 
En efecto, los pueblos que participaron y fueron afectados necesitaron decenios 
para llegar a ser conscientes de la dimensión de ese terror que se advirtió primero de 
un modo insensible y apático: el holocausto que culmina en el exterminio metódico de 
los judíos europeos. Aunque primero se le reprimió y desapareció de la conciencia, 
este shock liberó energías y, más tarde, convicciones que en la segunda mitad del 
siglo localizaron la geografía del terror. Para las naciones que llevaron al mundo, en 
1914, a una guerra de insólitos despliegues tecnológicos, y para los pueblos que 
después de 1939 reconocieron los crímenes masivos de una lucha de exterminio 
ideológica, el año de 1945 señala un gran viraje. Un viraje hacia una situación mejor, 
hacia la domesticación de las fuerzas de la barbarie que florecieron, en Alemania por 
ejemplo, en el suelo mismo de la civilización. ¿No aprendimos nada de las catástrofes 
de la primera mitad del siglo? 
La división del breve siglo XX en capítulos contrae el periodo de las dos guerras 
mundiales con el periodo de la guerra fría y sugiere la continuidad de una guerra 
incesante de los sistemas, de los regímenes y las ideologías por más de setenta y 
cinco años. Sin embargo, aquí desaparece el significado del acontecimiento que 
representa un parteaguas histórico, pues no sólo dividió al siglo XX desde la 
perspectiva cronológica, sino también económica, política y, sobre todo, normativa. 
Me refiero a la derrota del fascismo. Las fuerzas liberales, de izquierda y 
revolucionarias sociales se reunieron por primera vez en España para defender la 
República. Por las características de la guerra fría se olvidó muy pronto el significado 
ideológico de la alianza de las potencias occidentales con la Unión Soviética, una 
alianza que luego apareció como "antinatural". 
Pero el triunfo y la derrota de 1945 descalificaron por mucho tiempo esos mitos 
que,desde fines del siglo XIX, se lanzaron en amplios frentes contra la herencia de la 
revolución de 1789. La victoria de los aliados puso no sólo las condiciones necesarias 
para el desarrollo democrático de la República Federal de Alemania, de Japón y de 
98
Italia, sino también de España y Portugal. Todas las legitimaciones —por lo menos 
las que de manera verbal le rindieron tributo al espíritu de la ilustración política— 
perdieron entonces el suelo de la realidad. 
Un cambio de clima tuvo lugar, después de 1945, en el invernadero de las ideas. 
Sin él no habría tenido lugar la única, indudable, innovación cultural del siglo: la 
revolución de las artes plásticas, la arquitectura y la música. Después de 1945 el arte 
alcanzó una validez universal, se habló entonces en la forma del pasado de la 
"modernidad clásica". El arte vanguardista había creado hasta principios de los años 
treinta un repertorio de formas y técnicas nuevas e insólitas con las que el arte 
internacional, en la segunda mitad del siglo, siempre experimentó sin trascender 
nunca el horizonte de sus posibilidades creativas. Quizá Martin Heidegger y Ludwig 
Wittgenstein fueron los únicos dos filósofos que lograron escribir una obra tan original, 
y tener una influencia histórica tan decisiva, como la del arte vanguardista de los 
treinta; por cierto, ambos escribieron su obra al mismo tiempo, y ambos se apartaron 
del espíritu de la modernidad. Sea como fuere, el cambio en el clima cultural 
constituyó el fondo de tres tendencias políticas que, desde el periodo de la postguerra 
hasta los años ochenta, cambiaron también el rostro de nuestro siglo: a) la guerra fría; 
b) la descolonización; c) la construcción del Estado de bienestar social en Europa. 
A) La espiral de la carrera armamentista, tan grandiosa como exhaustiva, 
mantuvo a las naciones amenazadas en el terror; pero el cáculo enloquecido de un 
equilibrio del terror —MAD era la irónica abreviatura de "mutually assured 
destruction"— evitó como sea el comienzo de una guerra caliente. La posibilidad de 
que las superpotencias enloquecieran y rompieran el pacto —el acuerdo racional 
entre Reagan y Gorbachov en Reikiavik señaló el final de la carrera armamentista— 
nos hace ver retrospectivamente a la guerra fría como un proceso de autodominio — 
lleno de riesgos— y de alianzas entre países con armas nucleares. De igual modo 
puede describirse la pacífica implosión de un imperio mundial —la Unión Soviética—, 
cuyos gobernantes reconocieron la ineficacia de un modo de producción — 
supuestamente superior— y la derrota en la lucha económica, en lugar de desviar 
hacia el exterior los conflictos internos y transformarlos en aventuras militares B) La 
descolonización tampoco fue un solo proceso lineal. En retrospectiva, las antiguas 
potencias coloniales sólo libraron combates en la retaguardia. Los franceses se 
defendieron inútilmente en Indochina contra los movimientos de liberación nacional; 
en 1956, los británicos y los franceses fracasaron en su aventura del canal de Suez; 
99
en 1975, los Estados Unidos pusieron fin a su intervención en Vietnam, una guerra — 
con enormes pérdidas humanas— de diez años. El año de 1945 no sólo se derrumbó 
el imperio del Japón derrotado, en el mismo año surgieron Siria y Libia como países 
independientes. En 1947, los británicos se retiraron de la India; al año siguiente, 
nacieron Burma, Israel, Indonesia y Sri Lanka. Más tarde lograron su independencia 
las regiones del Islam occidental, desde Persia hasta Marruecos, poco a poco los 
países del Africa central y, por último, las colonias restantes en el sudeste asiático y 
en el Caribe. El fin del apartheid en Sudáfrica y el regreso de Hong Kong y Macao a 
China clausuraron un proceso que, por lo menos formalmente, destruyó la 
dependencia de los pueblos coloniales. Al mismo tiempo estos flamantes países, 
muchas veces divididos por guerras civiles, conflictos culturales y luchas tribales, 
fueron aceptados como miembros con los mismos derechos en la Asamblea General 
de las Naciones Unidas. 
C) La tercera tendencia revela una ventaja inequívoca. En las democracias 
prósperas y pacíficas de Europa occidental —y en menor escala en los Estados 
Unidos y en otros países— surgieron economías mixtas que permitieron la continua 
ampliación de los derechos civiles y, por primera vez, una efectiva realización de 
derechos sociales fundamentales. Entre principios de los años cincuenta y principios 
de los setenta, el explosivo crecimiento económico mundial, la cuadruplicación de la 
productividad industrial y el aumento diez veces mayor del comercio internacional 
incrementaron a su vez las desigualdades entre las regiones pobres y ricas. Los 
gobiernos de los países de la OCDE, que en esos dos decenios contribuyeron con 
tres cuartos de la producción mundial y el 80% del comercio internacional, 
aprendieron tanto de las experiencias catastróficas del periodo de entre las dos 
guerras, que se propusieron una política económica inteligente, volcada hacia la 
estabilidad interna, con tasas de crecimiento relativamente altas, construyendo y 
ampliando un impresionante sistema de seguridad social. En las democracias 
masivas con un Estado de bienestar social, la forma económica altamente productiva 
del capitalismo se controló como nunca antes por la sociedad, y se concertó más o 
menos con la idea democrática de los Estados constitucionales. 
Estas tres tendencias son, desde la perspectiva de un historiador marxista como 
Eric Hobsbawm, razón suficiente para celebrar los decenios de la postguerra como 
una "época dorada". Sin embargo, a partir de 1989 la opinión pública percibió el final 
de esta época. 
100
En los países donde el Estado de bienestar social era considerado, por lo menos 
en retrospectiva, como una conquista política y social, la resignación ejerce su 
dominio. El fin del siglo se encuentra bajo el signo de un Estado de bienestar social y 
un capitalismo controlado en peligro, así como la inminente resurrección de un 
neoliberalismo implacable. Hobsbawm narra, con el tono de un escritor de la 
decadencia del imperio romano, esa atmósfera melancólica y desconsolada donde 
sólo se escucha la estridente música tecno. 
El corto siglo XX termina con problemas para los que nadie tiene una solución, ni 
parece tenerla. Mientras los ciudadanos del fin de siglo se abrieron un camino a 
través de la niebla global rumbo al tercer milenio, sólo sabían con certeza que una 
época histórica llegaba a su fin. No sabían mucho más que esto. 
Los antiguos problemas de la paz y de la seguridad internacional, de las 
desigualdades económicas entre Norte y Sur, así como el peligro de los desequilibrios 
ecológicos eran desde entonces de naturaleza global. Todos se complican ahora por 
otro problema, hasta ahora desconocido, que cubre a los demás. Si en el proceso de 
globalización del capitalismo hay un golpe más, esta vez definitivo, se limitará 
también la capacidad de acción de ese grupo selecto de Estados que, al contrario de 
los Estados económicamente dependientes del Tercer Mundo, habían logrado 
conservar una relativa independencia. La creciente globalización económica significa 
el desafío más importante para el orden social y político de la Europa surgida de la 
postguerra. Una salida podría consistir en que la fuerza reguladora de la política 
hiciera crecer de nuevo a los mercados que escaparon al control de los Estados 
nacionales. ¿O la falta de una orientación iluminadora en el diagnóstico de la época 
nos enseña que sólo podemos aprender de las catástrofes? 
ACTIVIDADES 
1.- De cada lectura que leas identifica los conceptos claves que utiliza cada 
autor y elabora un cuadro. 
2.-A partir del cuadro que elaboraste trata de identificar que pensaban acerca 
del ser humano 
3.- Investiga las aportaciones de Talcott Parsons 
3.-Relaciona las ideas principales de los autores con la carrera de enfermería. 
101
BIBLIOGRAFÍA 
 Adorno, Teodoro; Horkheimer; M. Dialéctica del Iluminismo, E.U 1944 
 Andrade Carreño, Alfredo, “Augusto Comte” en la Sociedad a través de 
los Clásicos. UNAM. México 1988. P. 148-149 
 Pierre, Bourdieu. Capital Cultural, Escuela y Espacio Social Ed. Siglo 
102 
XXI, México 2003, p.31 
 Durkheim, Emile. La División Del Trabajo Social (Vol. 1) 2da. Ed 
Profesionales 
 Foucault, Michel. “El ojo del poder”, entrevista con Michel Foucault, en 
Bentham, Jjeremías: “El panóptico”, ed. La piqueta, Barcelona, 1980. 
Traducción de Julia Varela y Fernando Alvarez-Uría. 
 Habermas, Jürgen. ¿Aprendemos de las catástrofes? Diagnóstico y 
retrospectiva de nuestro breve siglo XX es un ensayo que Jürgen 
Habermas leyó en la Universidad de Magdeburgo. Nota y traducción de 
José María Pérez Gay 
 Giménez, Gilberto, La sociología de Pierre Bourdieu, Instituto de 
Investigaciones. Sociales de la UNAM, San Andrés Totoltepec, Junio de 
1997. 
 Jimenez-Ottalengo Regina; Lucina Moreno Valle, Sociología de la 
Educación, Ed. Trillas, México 1997 pp. 32-33 
 Althusser, Louis, la Ideología y aparatos ideológicos de Estado, Freud y 
Lacan 
 Zabludovsky, Gina, “Max Weber” en La Sociedad a través de los 
Clásicos. UNAM. México 1988. 242-243
103 
3. SOCIEDAD 
GUADALUPE MARCELA TORRES ESCUTIA 
En esta apartado se revisaran varios aspectos de la sociedad desde diversos 
teóricos, así como su estructura, las clases sociales y formas de organización: 
histórico, institucional y jurídico, en relación a este último haciendo énfasis al Estado 
Mexicano, finalmente se recomendarán una serie de actividades que permitirán que el 
estudiante refuerce lo leído en este capítulo. 
3.1.1 CONCEPTO 
La evolución del concepto sociedad la podemos encontrar a lo largo del tiempo 
considerando diferentes enfoques, por ejemplo, la teoría social y política de la época 
medieval reducían la vida social a la política. En la época del Renacimiento esa idea 
se fue modificando y para el siglo XVIII se consideró al Estado parte de una totalidad 
mayor que fue denominada la “sociedad civil”. 
El concepto sociedad es una abstracción que se utiliza para referirse a la 
totalidad de las relaciones sociales que se manifiestan entre los individuos en un 
escenario de espacio y tiempo específicos, es decir, representa el proceso 
organizado colectivo que surge de la interrelación de hombres y mujeres en su 
ambiente con la finalidad fundamental de asegurar su propia sobrevivencia. 
Las definiciones precisas de sociedad son difíciles de encontrar por la 
especificidad de la realidad social y por ello diversos teóricos que han escrito al 
respecto difieren acerca de sus características; por ejemplo Joserph Fichter en su 
libro titulado Sociología sostiene que “Una sociedad es un gran número de seres 
humanos que obran conjuntamente para satisfacer sus necesidades sociales y que 
comparten una cultura en común.” 2 
En relación a lo anterior, se puede deducir que el autor hace referencia a que la 
sociedad está constituida por grupos y estos a su vez por personas. 
2 Fichter Joserph. Sociología. Ed. Herder. Barcelona. 1974. p. 153
En ese sentido, el estudio de una sociedad en específico se enfoca a los grupos 
104 
más que a las personas. 
Las personas se involucran en diversos grupos y desempeñan diversos papeles 
sociales o roles y así mismo se interrelacionan unos con otros, por lo que una 
sociedad se puede definir más claramente como “la estructura formada por los grupos 
principales interconectados entre sí, considerados como una unidad y participando 
todos de una cultura común.” 3 
Al respecto, Augusto Comte, quien es considerado como el padre de la 
sociología, sostiene que la sociedad es, antes que nada, un organismo colectivo 
formado por una multiplicidad de individuos por una natural propensión a la 
sociabilidad y al consensus universal. Y que la base de este organismo colectivo es 
la familia, lo que equivaldría a ser la célula de un organismo biológico, las fuerzas 
sociales serían los tejidos, las ciudades serían los órganos y las naciones serían los 
sistemas biológicos. 
Según esto, la sociedad como un organismo colectivo depende de la integración 
armónica de esfuerzos, mediante la combinación de acciones y reacciones de sus 
integrantes y del medio ambiente orientado hacia un fin común. 
Augusto Comte fue quien hizo uso de analogías de la siguiente manera: 
Este autor identificaba tres planos de la sociedad: al individuo, la familia y las 
combinaciones sociales. 
Este autor sostenía que la unidad social básica es la familia porque consideraba 
que el estudio sociológico debería de estar constituido por fenómenos homogéneos. 
La propuesta sociológica de Augusto Comte se dividió en dos grandes 
propuestas, estática y dinámica, las cuales fueron extraídas de la biología, disciplina 
que en el tiempo de Comte era conocida como fisiología. 
3 Ídem.
La estática se refiere a las condiciones de la existencia de la sociedad, y en el 
caso de la dinámica se refiere al estudio continuo del movimiento o a las leyes de la 
sucesión de las etapas individuales. 
El acto principal de la estática es el orden y en el caso de la dinámica es el 
progreso, como más adelante se explicará en este trabajo. 
Dentro de la corriente estructural-funcionalista se considera a la sociedad como 
un tipo especial de sistema social “…organizado sobre bases territoriales, cuyos 
miembros son reclutados mediante reproducción sexual y que persiste más allá de la 
vida de los individuos constituyentes a través de la socialización de los nuevos 
miembros de sus instituciones.”4 
Talcott Parsons sostiene que la sociedad es el tipo más autosuficiente del 
sistema social, y que este último es uno de los subsistemas primarios del sistema 
humano de acción. 
Es decir el sistema humano de acción esta constituido por: el organismo 
conductual, la personalidad del individuo, el sistema cultural y el sistema social. 
Este autor también señala que existen una variedad de tipos de sociedades 
como son: las sociedades primitivas, las nuevas sociedades supranacionales, el 
sistema tradicional de castas de la India y el Imperio Chino. 
Además señala que pueden considerarse como subsistema de una 
sociedad: las comunidades locales, las escuelas, las empresas de negocios o las 
unidades familiares, y a su vez pueden considerarse cada uno como sistemas 
sociales. 
Parsons sostiene una perspectiva evolutiva en su estudio sobre sociedades en 
donde señala que el ser humano es parte integral del mundo orgánico, en el caso de 
los conceptos de sociedad y cultura humana señala que pueden analizarse 
apropiadamente dentro del marco del proceso vital. 
4 Dávalos, Federico; Meza Virginia; Glosario de Ciencias Histórico-Sociales. Parte 2. Ed. Edicol. 
México. 1977. p.69 
105
106 
3.1.2 DINÁMICA 
Agusto Comte toma de la física la palabra dinámica para intentar observar a la 
sociedad como un organismo vivo que está en un proceso de cambio como todo lo 
que está en el Universo y que precisamente los fenómenos sociales se deben 
estudiar dentro de la dinámica de cambio para la mejor comprensión del proceso 
histórico, ya que las instituciones, la familia y los modos de producción están 
experimentando alteraciones. 
Asimismo consideraba a la dinámica social como historia sin nombres de 
individuos ni de pueblos, la intención consiste en ir descubriendo en un orden 
abstracto los grandes cambios de la civilización humana. A partir del movimiento debe 
conservarse la solidaridad, pues de otra forma el movimiento tendría como 
consecuencia la completa descomposición del sistema social. 
Según Comte, no pueden tener importancia desarrollos aislados de 
aspectos individuales de la vida social, ni ser estudiados como tales, pues él 
considera que debe de existir la idea sobre los consensus universales. 
De acuerdo a Comte, el desarrollo progresivo no transita en línea recta, sino que 
puede tener oscilaciones e incluso la velocidad del progreso puede verse afectada 
por la intervención del ser humano. 
Para este autor, la evolución social es una continuación del progreso general 
que inicia en el reino vegetal. 
Asimismo, sugiere que el progreso es observable en todos los aspectos de la 
sociedad, es decir el progreso es intelectual, político, físico y moral. En este último 
caso, se refería al surgimiento de los sentimientos más nobles y generosos. Sostenía 
que el desarrollo intelectual producía y lograba estimular el desarrollo material. Creía 
que el desarrollo individual pasa a través de las mismas etapas del desarrollo social, 
las cuales tienen interrelación entre las etapas intelectuales básicas y las etapas del 
desenvolvimiento de la vida material del hombre, asimismo en los tipos de orden
social y los sentimientos que predominan en cada etapa y grupo, los cuales fueron 
agrupados de la siguiente manera: 
En los aspectos intelectuales se encuentran las siguientes etapas: la Teología, la 
107 
Metafísica y la Positiva. 
En los aspectos materiales se encuentran: lo militar, lo legista y la industria. 
En los tipos de unidad social se encuentran: la familia, el Estado y la especie 
humana. 
En el tipo de orden se encuentran: el doméstico, el colectivo y el Universal. En 
los sentimientos predominantes: Cariño, Veneración y Benevolencia. 
En relación a la primera etapa, Comte estudió con más detalle a la Teología que 
a las otras dos, posiblemente porque la metafísica duró mucho menos tiempo que la 
teológica y la positiva estaba empezando. 
3.1.3 ESTRUCTURA 
La palabra estructura es un concepto que surge desde la arquitectura y es en el 
siglo XVI cuando es utilizado en la anatomía y en el siglo XIX en la sociología cuando 
se emplea el uso de analogías biológicas. 
El concepto estructura es fundamental en todas las ciencias sociales, pues 
permite tener una mejor comprensión de la complejidad que es inherente a los 
procesos sociales. En términos generales se puede decir que “…es una totalidad 
coherente, cuyas partes componentes se encuentran relacionadas en un conjunto 
estructural mayor y a su vez, cada uno de sus elementos o componentes es 
reductible al análisis estructural.”5 
Cabe señalar que cada corriente teórica desarrolla sus versiones particulares, 
como es el caso del marxismo, que establece una visión estructural de la sociedad, 
en la que resalta el predominio de la estructura económica sobre las demás. 
5 Dávalos, Federico; Meza Virginia; Glosario de Ciencias Histórico-Sociales. Parte 1. Ed. Edicol. 
México. 1977. p. 52
Carlos Marx la vida social esta determinada por tres estructuras: una económica, 
108 
una jurídica-política y una ideológica. 
A la estructura económica se le ha llamado también infraestructura, porque se ha 
considerado como la base donde descansan los otros dos, que a su vez, conforman 
la superestructura. 
Estructura 
Ideológica 
Estructura 
Jurídico-política 
Superestructura 
Estructura Económica 
Base 
La estructura económica es un todo en el que los elementos se encuentran 
distribuidos según la organización de conjunto, que a su vez determina la función que 
desempeña cada elemento dentro de su totalidad 
La estructura económica dentro de la sociedad es entendida como el conjunto de 
las relaciones económicas entre los hombres, creadas en el proceso de la producción 
material y reproducción de su vida, está integrada fundamentalmente por dos 
elementos: 
Las fuerzas de producción: éstas expresan las relaciones que existen entre los 
hombres, los objetos y las fuerzas de la naturaleza empleadas para producir los 
bienes materiales. Sin embargo en el proceso productivo los individuos no sólo 
actúan sobre la naturaleza, sino que al mismo tiempo, entran en acción reciproca 
unos con otros. 
De tal manera que los medios de producción son: el conjunto de los objetos de 
trabajo como son los ríos, la tierra, el mar, la flora, etcétera y los instrumentos
utilizados para la ejecución de una actividad como son las herramientas, la 
maquinaria, el equipo, etcétera 
Las relaciones sociales de producción: son el conjunto de relaciones que se dan 
entre los individuos, las cuales sirven para producir bienes materiales y los servicios 
para satisfacer sus necesidades. 
Las características específicas que tienen es que esas relaciones se dan en el 
proceso del trabajo. Los individuos para obtener los bienes materiales y satisfacer sus 
necesidades, necesitan los medios del trabajo; estos le permitirán actuar sobre los 
objetos que han de ser elaborados. 
Lo anterior indica que los seres humanos para poder producir los satisfactores 
de sus necesidades deben establecer relaciones con los otros miembros de su 
sociedad, jamás aislados 
Como parte de la superestructura se encuentra la estructura Jurídico-política, las 
normas jurídicas son reglas de observancia obligatorias que conforman o sancionan 
las conductas de los individuos, estas pueden ser violadas pero su desobediencia 
motiva una sanción o castigo. 
También dentro de esta estructura se considera al Estado como la instancia 
represiva que esta de lado de los dueños de los medios de producción y en contra de 
la clase proletaria. 
La estructura Ideológica es un conjunto coherente y sistemático de ideas, 
creencias y conceptos que pueden poseer o carecer de validez científicas y que es 
peculiar a un grupo social, al que proporciona una explicación racional y satisfactoria 
de la realidad social y del medio ambiente que le rodea, además de que orienta el 
comportamiento de sus integrantes. 
La ideología de un grupo es producto de las circunstancias sociales e históricas, 
109 
donde se desenvuelve su vida cotidiana.
Para el marxismo, la ideología dominante en un sistema social es la de la clase 
dominante y sirve para reforzar y justificar la explotación los individuos entre sí. 
En relación al concepto de estructura Talcott Parsons sostiene que “… una 
estructura es un conjunto de vínculos uniformes relativamente estables.”6 
Este autor señala que las estructuras son redes estables de relaciones entre los 
hombres, que encausan y condicionan las diversas conductas tanto de individuos 
como de grupos para cumplir determinadas funciones necesarias. 
Las propias estructuras son quienes dan forma a la sociedad al organizarla para 
110 
que cumpla ciertas funciones. 
El conjunto de diversas estructuras constituyen un sistema social. 
En relación a esto último, sostiene Parsons que “Un sistema social –reducido a 
los términos más simples- es una pluralidad de actores individuales que interactúan 
entre sí en una situación que tienen, al menos, un aspecto físico o de un medio 
ambiente, actores motivados por una tendencia a <<obtener un óptimo de 
gratificación>> y cuyas relaciones con sus situaciones –incluyendo a los demás 
actores- están medidas y definidas por un sistema de símbolos culturalmente 
estructurados y compartidos” 7 
3.1.4. CLASES SOCIALES 
En toda teoría social, el concepto de clase social es muy importante porque 
ocupa un lugar significativo, debido a que es parte de un esfuerzo teórico de 
clasificar, de agrupar o encasillar a los diversos miembros de una sociedad de 
acuerdo a las diversas características que son consideradas relevantes. 
6 Azuara, Leandro. “Análisis estructural funcionalista y Teoría Sociológica Sistemática”, en 
Revista de Ciencias Políticas, FCPy S-UNAM. enero-marzo. 1968. p 23 
7 Parsons Talcott El Sistema Social. Ed. Alianza. 2da. reimpresión Madrid. 1988. p.17
Las corrientes teóricas no han establecido un criterio común para la definición de 
clase, pues existen divergencias por los aspectos conflictivos, armónicos, cambiantes 
o estables que se le atribuyen a la sociedad. 
Por ejemplo Vladimir Ivan Lenin en su obra Tres fuentes y tres partes 
integrantes del marxismo, define a la clase social como un grupo de personas que se 
diferencian entre sí por el lugar que ocupan en un sistema de producción social 
históricamente determinado, por las relaciones con los medios de producción, por su 
función en la organización social del trabajo, por el modo de vida y la magnitud de la 
parte de riqueza que poseen. 
Por su parte Carlos Marx, desde el materialismo histórico sostiene que: 
Las Clases Sociales se generan a partir de una matriz económica: la propiedad 
111 
sobre los medios de producción. 
Cuando se relacionan con otras clases por medio de la explotación, existen entre 
ellas relaciones antagónicas. 
Que las clases sociales, al derivarse de determinados medios de producción 
tienen una existencia histórica concreta y una forma especial de relacionarse no sólo 
con los medios de producción, sino también con las otras clases: a ciertos modos de 
producción corresponden ciertas clases. 
Como se puede observar, el enfoque marxista difiere del sociológico de la 
estratificación, porque este último maneja la división de las clases altas, medias y 
bajas. 
Carlos Marx junto con el concepto clase social, desarrolla el concepto de 
conciencia de clase que es la conciencia del papel histórico de la clase social. 
Para este teórico, el concepto de clase social es una noción clave para 
comprender los procesos sociales y se define prácticamente por la relación de 
propiedad respecto a los medios de producción (riqueza, instrumentos de trabajo, 
tecnología y materias primas)
Los individuos de una sociedad que están ordenados de esta manera forman 
una serie de cambios interrelacionados en cuyos extremos se encuentran los 
propietarios y los que no lo son. 
Los propietarios son quienes tienden a dominar los procesos políticos e 
ideológicos de la estructura social afectando a los del otro extremo. 
En el caso de Max Weber, este utiliza tres órdenes jerárquicos para agrupar y 
distinguir a los integrantes de una sociedad: 
 El orden social: basado en la distribución del honor social, prestigio o 
112 
status. 
 El orden político: basado en la distribución del poder. 
 El orden económico: es el fundamental y determina la estructura de 
clases. 
La corriente de pensamiento conocida como estructural-funcionalismo desarrolla 
una visión armónica de la sociedad y considera varios criterios de estratificación, pero 
no está de acuerdo en que el orden económico sea el más importante. 
Para esta corriente, las jerarquías existentes en la sociedad son altamente 
funcionales, pues “…permiten orientar a los individuos hacia el desempeño de roles o 
papeles sociales desiguales, por los requerimientos educativos, de capacidad, 
inteligencia, etc.”8 
Sostiene esta corriente que las jerarquías estimulan la aceptación de esos 
mismos papeles, a partir de una serie de justificaciones de tipo ideológico que 
permiten a los individuos comprender su rol social y lograr ciertas satisfacciones por 
su desempeño. 
8 Dávalos, Federico; Meza Virginia; Glosario de Ciencias Histórico-Sociales. Parte 1. Ed. Edicol. 
México. 1977. p. 25
Edward Palmer Thompson, quien elaboró un documento que lleva por nombre la 
formación histórica de la clase obrera, en relación a las clases sociales, sostiene que 
son categorías del discurso científico, que están constituidas por gente de carne y 
hueso, las cuales viven en contextos culturales y que establecen relaciones 
interpersonales reales y con el tiempo las vidas individuales van dejando 
experiencias, ideas, instituciones y patrones de relaciones, que son parte de una 
historia y una cultura 9. 
Por su parte, Nicolas Poulantzas, quien tiene un enfoque antropológico, 
desarrolla un libro que lleva por nombre Poder político y clases sociales en el Estado 
capitalista, en donde plantea que "la práctica es un trabajo de trasformación sobre un 
concepto determinado, cuyo resultado es la producción de algo nuevo".10 
Sostiene que la práctica social comprende, todas las actividades de los hombres 
con las cuales trasforman no sólo la naturaleza sino también la sociedad y el 
pensamiento. 
De tal manera que las prácticas sociales son procesos de trabajo en las que se 
distinguen los elementos constitutivos que son identificados como: los agentes, los 
objetos de trabajo, los instrumentos y los productos. 
Estas prácticas en los servicios de salud tienen la característica de que el 
producto, es decir, las acciones sanitarias, son producidas y consumidas al mismo 
tiempo. 
En general, pueden caracterizarse dos tipos de prácticas: 
1) Aquellas cuya actividad se desarrolla fundamentalmente a nivel de la 
conceptualización y de la teorización, tales como la religión, la filosofía y las ciencias. 
9 Ver Thompson, Edward Palmer. La formación histórica de la clase obrera. Ed. Lia Barcelona 
1977 
10 Poulantzas, Nicos. Poder político y clases sociales en el Estado capitalista. 6 ed., México: 
Siglo XXI, 1973. p. 39. 
113
2) Aquellas en las cuales predomina la acción o el hacer; por ejemplo, los ritos, 
la política y las prácticas profesionales como la medicina y la enfermería, cuya 
realización se apoya en los sistemas de pensamiento producidos por las primeras. 
Toda práctica social se desarrolla en un contexto determinado de relaciones 
sociales que tienen en común el manejo del poder; es decir, en la dinámica de 
interrelaciones se establecen formas de dominación y subordinación. 
Para analizar una práctica particular dentro del conjunto de prácticas que 
estructura la sociedad, es preciso comprender que: 
Las prácticas de todo agente social están insertadas dentro de las 
características de la sociedad en la cual se desarrolla su vida. Cuando se habla de 
práctica, se hace referencia a esas acciones con sentido que instalan al individuo en 
la estructura social. 
Las prácticas sociales son esos comportamientos estamentales, expresados 
individual o colectivamente como actividades cotidianas, que se constituyen a partir 
del tejido de relaciones sociales, en el cual se hallan inscritos los individuos. 
De ahí que para identificar una práctica determinada sea necesario distinguir los 
determinantes históricos y sociales de su contexto económico, político e ideológico. 
114 
3.1.5. ORGANIZACIÓN 
En este apartado se definirá lo que se entiende por organización y se resaltaran 
básicamente tres tipos de organización: histórico, institucional y jurídico haciendo 
énfasis en el Estado Mexicano. 
Toda asociación humana posee una organización es decir “…un conjunto 
de procedimientos sistemáticos que regulan y dirigen la vida colectiva”11 
11 Dávalos, Federico, Meza Virginia; Glosario de Ciencias Histórico-Sociales. Parte 2. Ed. 
Edicol. México. 1977. p. 36
La palabra organización se utiliza exclusivamente cuando se desarrollan 
procedimientos formales y explícitos para coordinar las actividades de un grupo con la 
intención de alcanzar algún objetivo en específico, el cual puede darse a partir de un 
acuerdo colectivo o producto de la actividad persuasiva de una minoría. 
Los individuos siempre se han reunido para formar grupos, comunidades y 
sociedades y con ello poder satisfacer sus necesidades. Las sociedades se 
transforman y se desarrollan, constituyendo la vida social y creando diversas formas 
de organización socioeconómica. Es así como surgen las instituciones, las cuales 
cumplen funciones específicas en la sociedad 
Toda la institución converge en dos aspectos: 
1.- La conformidad a patrones normativos de conducta 
2.- La sanción negativa, puede ser castigo o indignación que ocasiona el 
incumplimiento de esos patrones de acción. 
Las instituciones son estructuras sociales más o menos definidas, que exigen 
una mayor o menor vigilancia del comportamiento de los individuos involucrados en 
ella. 
Algunas instituciones son de vital importancia para la existencia de un sistema 
social que se ha construido alrededor de ciertos valores y cambia a través del tiempo. 
Toda institución social está formada por un conjunto de personas entre las que 
se da una interacción recíproca llamado grupo social, es por ello que la sociedad 
establece modelos a seguir como pautas colectivas que conforman un rol social. 
La combinación de esas pautas de comportamiento practicadas por los 
individuos dan como resultado las instituciones sociales. 
Las instituciones sociales contienen en sí mismas un conjunto de normas, 
relaciones, procesos e instrumentos materiales que forman parte de los intereses de 
una sociedad. 
INSTITUCIONES SOCIALES 
Desde la sociología se pueden considerar seis tipos de instituciones sociales: las 
familiares, las políticas, las educativas, las económicas, las religiosas y las 
profesionales, las cuales son descritas a continuación 
115
1.- Familiares: transmiten pautas de conducta, son las que dan lugar al comienzo 
de toda la dinámica de la sociedad, en ellas están contenidas las costumbres y 
tradiciones de una organización social. 
2.- Políticas: regulan la conducta del grupo, son el centro de la política es el 
gobierno o el Estado que cubre todos los campos de acción de los hombres, lo cual 
viene a ser las leyes y los reglamentos que rigen a la sociedad 
3.- Educativas: que forman y dan pautas, abarcan las actividades relativas a la 
116 
cultura, el arte y la educación 
4.- Económicas: que transforman y administran los recursos naturales, 
constituyen todo lo que involucran la industria, el comercio, la banca y los servicios 
encargados de producir, financiar, etc. 
5.- Religiosas: se crean en torno de cultos de fe, son organizaciones 
relacionadas con las creencias de los seres humanos; como el protestantismo, el 
catolicismo, etc. 
6.- Profesionales: que forman cuadros especializados. 
Desde el enfoque el enfoque sociológico estos son los tipos de instituciones 
que se consideran y desde el enfoque del materialismo histórico se sostiene que la 
formación social está integrada por una infraestructura y una superestructura que 
forma una totalidad social. 
La infraestructura constituye la base real de todo el sistema productivo, siendo 
apoyada por la superestructura; mientras que esta última es la base relativa, es decir, 
corresponde a los cambios ideológicos de la sociedad. 
La superestructura está formada por las instituciones jurídicos-políticas e 
ideológicas. 
Las instituciones jurídico – políticas son el Estado como derecho de actividad 
normativa, por ejemplo si un sistema económico se basa en la propiedad privada, el 
Estado en conjunto con el derecho deben proteger la misma implementando sistemas 
y normas que rijan la estructura. 
Las instituciones ideológicas son consideradas el derecho, la política, la moral, la 
religión, etc.; son aquellas instituciones que fundamentan las doctrinas de una forma 
de vida determinada de acuerdo a una base económica específica. 
Otra forma de organización es la histórica la cual a continuación abordaremos en 
forma detallada.
FORMA DE ORGANIZACIÓN HISTÓRICA 
Cuahtémoc Anda en su libro Introducción a las Ciencias Sociales describe las 
características del esclavismo, el feudalismo, el capitalismo y el socialismo de la 
siguiente manera: esclavismo, feudalismo, Capitalismo, Socialismo. 
117 
Esclavismo 
El esclavismo es un sistema de explotación que termina en el siglo V después de 
Cristo. Las culturas que alcanzaron un alto desarrollo fueron: la egipcia, la 
mesopotámica, la hindú, la china, la fenicia, griega, romana y hebrea. 
Las principales características del esclavismo son las siguientes: 
a) Hay predominio de la propiedad individual sobre la propiedad colectiva Se 
desarrolla la agricultura, la ganadería y el comercio. 
b) La organización política se desarrolla profundamente, de tal manera que 
existe un órgano superior que dirige y administra la sociedad. 
c) Nace el Estado, con elementos de fuerza para hacer prevalecer los 
intereses colectivos 
d) sobre los individuos 
e) Se transforma la organización familiar, predominando el hombre sobre la 
mujer y asegurando la herencia del padre e hijo. 
f) Se da una mayor importancia a la guerra como una fuente de riqueza y 
de posesión para ampliación de territorio 
g) Se encuentra una sociedad claramente estructurada en clases sociales 
Que descansan en la esclavitud como sector decisivo para la producción.
118 
Feudalismo 
El Feudalismo es el régimen de la Edad Media que se ubica en el Siglo V al XV y 
se caracteriza por lo siguiente: 
a) Se desarrollan grandes extensiones de tierras llamados feudos 
b) Los campesinos o siervos se agrupan en torno a un señor feudal que les 
brinda protección a cambio de su trabajo. 
c) Se da una producción de autoconsumo, de la cual una parte se entrega 
al señor feudal y la otra la ocupa el siervo para subsistir. 
d) Las clases sociales se estratifican en forma piramidal, que van desde el 
siervo de la gleba hasta el rey. 
e) Cada clase social le debe obediencia a la superior jerarquía. 
La base de todo sistema productivo es el trabajo del siervo, que no es 
esclavo, pero tampoco es libre. 
f) Se da un profundo dominio de la iglesia, que se convierte en la 
g) institución protectora de toda la estructura social. 
Capitalismo 
Tiene su origen en un periodo mercantil precapitalista, debido a la 
importancia que va teniendo el intercambio de mercancías y la acumulación de 
riqueza por parte de los Estados. Sus principales características son las siguientes: 
a) Es una organización mercantil; es decir, la producción de satisfactores 
está destinada al mercado y no al autoconsumo, 
b) Se facilita el intercambio de las mercancías, 
c) El trabajo es libre, los trabajadores si no tienen propiedad alguna, 
necesitan vender su fuerza de trabajo para poder subsistir, 
d) La organización social y económica gira en torno a la propiedad privada, 
e) Se propugna por la libre competencia,
f) El capital financiero adquiere gran importancia como generador del 
119 
mismo sistema, 
g) Se da un crecimiento desigual, según la clase social a la que se 
h) pertenezca. 
i) Se generan adelantos tecnológicos que simplifican el proceso de 
trabajo, 
j) Se desarrolla una dependencia económica y tecnológica de los países 
pobres en relación a los países industrializados. 
Socialismo 
El socialismo es una forma de organización que se caracteriza principalmente 
porque los medios de producción de propiedad colectiva y su economía son 
centrales, planificada y dirigida en forma importante a la seguridad social. 
En el caso específicamente de nuestro país y desde el punto de vista jurídico, 
está organizado de la siguiente manera: 
El Estado Mexicano 
Toda la organización política de México está sustentada en una idea 
fundamental, la supremacía de la Constitución. Esto quiere decir que ningún poder en 
nuestro país esta por encima de la Carta Magna; de ella emanan las disposiciones 
legales de organización, en donde se establece que: 
El Estado Mexicano se ha estructurado en la actualidad con tres elementos: la 
población, el gobierno y el territorio: 
La Población: se divide en mexicanos y extranjeros, los cuales pueden serlo por 
nacimiento o naturalización 
El Gobierno: Es Federal y Local.
El Gobierno Federal: rige a todo el país y está constituido por: 
El Poder Legislativo: la Cámara de Diputados y la Cámara de Senadores. 
El Poder Ejecutivo: Presidentes de la República, Secretarías de Estado. 
El Poder Judicial: La Suprema Corte de Justicia, los Tribunales de Circuito, 
120 
Juzgados de Distrito. 
El Gobierno Local: únicamente rige a las Entidades Federativas o Estados. 
El Poder Legislativo: está constituido por el Congreso local. 
El Poder Ejecutivo: el gobernador del Estado. 
El Poder Judicial: Tribunal Superior de Justicia y Juzgados de primera instancia 
de diversas categorías. 
El Territorio: está conformado por las partes que integran a la Federación (todos 
los Estados que conforman la República Mexicana), las islas Guadalupe, 
Revillagigedos y las adyacentes en ambos mares. 
Los Fines del Estado son de dos tipos: 
De orden general: la protección de la persona y la consecución del bien común. 
De orden particular: múltiples y variados, de acuerdo con las condiciones de 
cada país. 
El Gobierno es Republicano Democrático Federal: porque el poder radica en el 
pueblo. 
Como una parte del gobierno en acción se encuentran las actividades de la 
administración pública, funciones que están perfectamente definidas en la Ley 
Orgánica de la Administración Pública Federal, en donde se describen las funciones 
todas las secretarías de Estado entre ellas la Secretaría de Salud, la cuál también 
está regida por la Ley General de Salud. 
Es importante conocer la organización jurídica del Estado Mexicano 
porque el profesional de la salud regirá su actividad ética y funciones con la 
normatividad que por muchos años ha emanado del Poder Legislativo y que lo 
podemos observar claramente en los instrumentos legales como son: la Constitución 
Política de los Estados Unidos Mexicanos, Ley General de Salud, la Ley Federal de la 
Educación, la Ley del Trabajo y Los códigos civiles y otros.
Actividad 
1.- Elabora un cuadro señalando la aportación de cada uno de los teóricos 
121 
respecto al concepto de sociedad. 
2.- Señala qué influencia ha tenido en tu vida la intervención de cada una de las 
instituciones sociales. 
3.- Reflexiona si tienes una relación directa con la forma de organización del 
estado Mexicano. 
BIBLIOGRAFÍA 
 Anda Gutiérrez, Cuauhtémoc. Introducción a las Ciencias Sociales. 2da. 
ed. Ed. Limusa México. 1996. 
 Andrade Carreño Alfredo, “Augusto Comte” en la Sociedad a través de los 
Clásicos. UNAM. México 1988. 
 Dávalos, Federico, Meza Virginia; Glosario de Ciencias Histórico-Sociales. 
Parte 1 y 2. Ed. Edicol. México 1977. 
 Azuara, Leandro. “Análisis estructural funcionalista y Teoría Sociológica 
Sistemática” en Revista de Ciencias Políticas, FCPy S-UNAM. enero-marzo 
1968. p 23. 
 Fichter, Joserph. Sociología. Ed. Herder. Barcelona. 1974.
 Lennin, V.I. Tres fuentes y tres partes integrantes del marxismo en 
Obras 
Escogidas, Editorial Progreso. Moscu 1966. 
 Marx, Carlos. El Capital. Prólogo. Tomo I. Ed. Librerías Salvador 
122 
Allende.México 1980. 
 Moto Salazar, Efraín, Elementos de Derecho.8va ed. Ed. Porrúa, México 
1966. p.59-77. 
 Parsons Talcott. El Sistema Social. Ed. Alianza. 2da. reimpresión Madrid. 
1988. p.17. 
 Poulantzas, Nicos. Poder político y clases sociales en el Estado 
capitalista, 6ta ed., Ed. Siglo XXI, México 1973. 
 Poulantzas, Nicos. Las clases sociales en el capitalismo actual. 6 ed., 
México: Ed. Siglo XXI, México 1983. 
 Sánchez Azcona, Jorge. Familia y Sociedad. 3ra. Reimpresión. Ed. 
Planeta. México.1980. 
 Talcott Parsons, La sociedad, México. Ed. Trillas. 1974 
 Timasheff, Nicolas S. La Teoría Sociológica. Ed. FCE. 13 ed. México 
1987. 
 Thompson, Edward Palmer. La formación social de la clase obrera. Ed. 
Lia. Barcelona 1977. 
 Zorrilla, Rubén H. Principios y Leyes de la Sociología. Ed. Emecé. Buenos 
Aires 1992
123 
3.2. FAMILIA 
Guadalupe Marcela Torres Escutia 
En este apartado se presentarán algunos enfoques que abordan el tema de la familia, 
se rescatan la diversas funciones que tiene la familia según el punto de vista de 
Cuahutémoc de Anda, también se presenta un breve fragmento de Anthony Giddens 
quien nos describe a la familia y sus efectos en la globalización y finalmente 
presentamos a Levis Stauss porque queremos que las alumnas de enfermería 
conozcan las reflexiones que hace un teórico clásico de la antropología al tema del 
parentesco, finalmente se presenta un apartado de actividades a realizar para 
fortalecer la comprensión de las lecturas del capítulo y también se amplían las 
actividades encaminadas a promover el espíritu de investigación por parte de las 
alumnas al solicitar la indagación del concepto de cultura, tanto popular como 
tradicional, normas y valores, así mismo se les solicita la búsqueda de los 
antecedentes de la religión y su influencia en el campo de la salud. 
En el caso de Cuauhtémoc de Anda sostiene que la familia tiene diversas 
funciones dentro de la sociedad, las cuales son: la biológica, la religiosa, la recreativa, 
la económica y la educativa. 
1. La biológica: se propone la satisfacción sexual de los adultos y de la 
perpetuación la especie 
2. La religiosa: infunde la formación de valores y prácticas religiosas 
3. La recreativa: trata sobre el descanso y recreo de los miembros de la familia 
4. La económica: se refiere a la satisfacción de las necesidades del ser humano 
5. La educativa: tiene como objetivo la transmisión de la cultura, hábitos, 
costumbres, etcétera. 
En las primeras sociedades el parentesco fue matrilineal pues no se sabía que era 
producto de relaciones sexuales nueve meses anteriores, dificultándose definir la 
paternidad por las condiciones de promiscuidad en que vivían. Actualmente el 
parentesco puede ser de tres tipos: consaguineo, de afinidad o político y parentesco 
civil.
1. Al Consanguíneo: se le conoce entre aquellos que descienden de un mismo 
124 
progenitor 
2. El de afinidad o político: el que surge del matrimonio 
3. El de Parentesco civil: el que se establece de la adopción 
Desde de hace mucho tiempo se ha dado el parentesco consaguineo como principal 
vínculo familia y generalmente se reconoce hasta la cuarta generación. 
 El parentesco matrilineal se caracteriza cuando la línea materna establece 
el lazo de filiación y la descendencia toma en cuenta a la mujer. 
Fragmento de la obra Un mundo desbocado. Los efectos de la 
globalización en nuestras vidas. 
Anthony Giddens* 
De todos los cambios que ocurren en el mundo, ninguno supera en importancia 
a los que tienen lugar en nuestra vida privada -en la sexualidad, las relaciones, el 
matrimonio y la familia-. Hay en marcha una revolución mundial sobre cómo nos 
concebimos a nosotros mismos y cómo formamos lazos y relaciones con los demás. 
Es una revolución que avanza desigualmente en diferentes regiones y culturas, con 
muchas resistencias. 
Como en otros aspectos de este mundo desbocado, no sabemos bien cuáles 
serán los términos relativos de ventajas y desventajas. En algunos sentidos, son las 
transformaciones más complicadas e inquietantes de todas. La mayoría de nosotros 
puede aislarse de problemas mayores durante bastante tiempo -una de las razones 
por las que es difícil trabajar en común para resolverlos-. No podemos abstraernos, 
sin embargo, del torbellino de cambios que llegan hasta el corazón mismo de nuestra 
vida emocional. 
Hay pocos países en el mundo donde no haya un debate intenso sobre la 
igualdad sexual, la regulación de la sexualidad y el futuro de la familia. Y donde no
hay discusión abierta es, sobre todo, porque es reprimida activamente por gobiernos 
autoritarios o grupos fundamentalistas. En muchos casos, estas controversias son 
nacionales o locales -igual que las reacciones sociales y políticas a ellas-. Políticos y 
grupos de presión sugerirán que si la política familiar fuera modificada, con sólo que 
el divorcio fuera dificultado o facilitado en un país determinado, podrían encontrarse 
rápidamente las soluciones a nuestros problemas. 
Pero las transformaciones que afectan a la esfera personal y emocional van 
mucho más allá de las fronteras de cualquier país, incluso de uno tan grande como 
Estados Unidos. Encontramos pautas similares casi en cualquier lugar: varía sólo el 
grado y el contexto cultural en el que se desarrollan. 
En China, por ejemplo, el Estado estudia poner trabas al divorcio. Como 
consecuencia de la revolución cultural, se aprobaron leyes matrimoniales muy 
liberales. Según estas normas, el matrimonio se considera un contrato que puede 
disolverse "cuando el marido y la mujer lo deseen". Incluso si un cónyuge se opone, 
puede concederse el divorcio cuando el "afecto mutuo" haya desaparecido. Sólo se 
requiere una espera de dos semanas, después de la cual los esposos pagan cuatro 
dólares y son, en adelante, independientes. La tasa china de divorcio es todavía baja 
comparada con la de los países occidentales, pero está creciendo rápidamente -al 
igual que en las demás sociedades asiáticas en desarrollo-. En las ciudades chinas 
es cada vez más frecuente no sólo el divorcio, sino también la cohabitación. En 
cambio, en el inmenso campo chino, todo es diferente. El matrimonio y la familia son 
mucho más tradicionales -a pesar de la política oficial de limitar los nacimientos con 
una mezcla de incentivos y castigos-. El matrimonio es un acuerdo entre dos familias, 
fijado por los padres en lugar de por los individuos afectados. Un estudio reciente en 
la provincia de Gansu, de bajo nivel de desarrollo económico, descubrió que un 60 
por 100 de los matrimonios eran todavía concertados por los padres. Como dice un 
refrán chino: Te la presentan, saludas y te casas". Hay situaciones paradójicas en la 
China que se moderniza. Muchos de los que se divorcian ahora en los centros 
urbanos se habían casado a la manera tradicional en el campo. 
En China se habla mucho de proteger la familia. En muchos países 
occidentales el debate es aún más ruidoso, pues esta institución conforma un ámbito 
para los conflictos entre tradición y modernidad, pero también es una metáfora de 
ellos. Hay quizá más nostalgia del refugio perdido de la familia que de ninguna otra 
125
institución que hunda sus raíces en el pasado. Políticos y activistas diagnostican 
continuamente la crisis de la vida familiar y piden un retorno a la tradición. 
La familia tradicional se parece mucho a un cajón de sastre. Ha habido muchos 
tipos diferentes de familia y sistema de parentesco en diferentes sociedades y 
culturas. La familia china, por ejemplo, siempre fue distinta de las formas 
occidentales. El matrimonio concertado nunca fue tan común en los países europeos 
como en China o India. Pero la familia en culturas no modernas tenía, y tiene, algunos 
rasgos que se encuentran más o menos en todas partes. 
La familia tradicional era, sobre todo, una unidad económica. La producción 
agrícola involucraba normalmente a todo el grupo familiar, mientras que entre las 
clases acomodadas y la aristocracia la transmisión de la propiedad era la base 
principal del matrimonio. En la Europa medieval el matrimonio no se contraía sobre la 
base del amor sexual, ni se consideraba como un espacio donde el amor debía 
florecer. Como dice el historiador francés Georges Duby, el matrimonio en la Edad 
Media no debía incluir "frivolidad, pasión o fantasía". 
La desigualdad de hombres y mujeres era intrínseca a la familia tradicional. No 
se debe pasar por alto la importancia de este fenómeno. En Europa las mujeres eran 
propiedad de sus maridos o padres vasallos, como recogía la ley-. La desigualdad 
entre hombres y mujeres se extendía, por supuesto, a la vida sexual. El doble rasero 
sexual estaba directamente vinculado a la necesidad de asegurar la continuidad del 
linaje y la herencia. Durante gran parte de la historia los hombres se han valido 
amplia, y a veces conspicuamente, de amantes, cortesanas y prostitutas. Los más 
ricos tenían aventuras *amorosas con sus sirvientas. Pero los hombres tenían que 
asegurarse de que sus mujeres fueran las madres de sus hijos. Lo que se ensalzaba 
en las chicas respetables era la virginidad y, en las esposas, la constancia y la 
fidelidad. 
En la familia tradicional no eran sólo las mujeres las que no tenían derechos: 
tampoco los niños. La idea de consagrar los derechos infantiles en la ley es, en 
términos históricos, relativamente reciente. En periodos pre-modernos, al igual que en 
culturas tradicionales hoy día, no se criaba a los niños por su bien o para la 
satisfacción de los padres. Uno podría casi decir que no se les reconocía como 
individuos. No era que los padres no quisieran a sus hijos, pero se preocupaban más 
por la contribución que hacían a la actividad económica común que por ellos mismos. 
Además, la tasa de mortalidad infantil era aterradora. En el siglo XVII en Europa y 
126
América casi uno de cada cuatro bebés moría en su primer año de vida. Casi el 50 
por 100 no llegaba a cumplir diez. 
Excepto en ciertos grupos elegantes o de élite, la sexualidad en la familia 
tradicional estaba dominada por la reproducción. Era una cuestión de tradición y 
naturaleza combinadas. La ausencia de contracepción eficaz significaba que para la 
mayoría de las mujeres la sexualidad estaba, inevitablemente, vinculada 
estrechamente al parto. En muchas culturas tradicionales, incluida Europa occidental 
hasta el umbral del siglo XX, una mujer podía tener diez o más embarazos durante su 
vida. 
Por las razones ya expuestas, la sexualidad estaba dominada por la idea de la 
virtud femenina. El doble rasero sexual se suele considerar una creación de la 
Inglaterra victoriana. En realidad, en una u otra versión, era básica en todas las 
sociedades no modernas. Implicaba una visión dual de la sexualidad femenina -una 
división inequívoca entre la mujer virtuosa, por un lado, y la libertina, por otro-. En 
muchas culturas la aventura sexual se ha tomado como un rasgo definitorio positivo 
de la masculinidad. James Bond es, o era, admirado por su heroísmo sexual, además 
del físico. Las mujeres sexualmente aventureras, por contraste, han sido casi siempre 
rechazadas, por mucha influencia que las amantes de alguna figura prominente 
llegaran a tener. 
Las actitudes hacia la homosexualidad también estaban regidas por una 
mezcla de tradición y cultura. Estudios antropológicos muestran que la 
homosexualidad -al menos la masculina- ha sido tolerada, o abiertamente aceptada, 
en más culturas de las que ha sido proscrita. En algunas sociedades, por ejemplo, se 
animaba a los chicos jóvenes a establecer relaciones homosexuales con hombres 
mayores como forma de tutela sexual. Se esperaba que estas actividades cesaran 
cuando los jóvenes se comprometieran o casaran. Las sociedades que han sido 
hostiles a la homosexualidad la han condenado normalmente por considerarla 
intrínsecamente antinatural. Las actitudes occidentales han sido de las más extremas; 
hace menos de medio siglo la homosexualidad era considerada, en general, una 
perversión, y así venía descrita en manuales de psiquiatría. 
Por supuesto, el antagonismo hacia la homosexualidad todavía es 
generalizado, y mucha gente mantiene la visión dual de las mujeres -hombres y 
mujeres por igual-. En las últimas décadas, no obstante, los elementos esenciales de 
la vida sexual en Occidente han cambiado decisivamente de forma absoluta. La 
127
separación entre sexualidad y reproducción es, en principio, total. La sexualidad, por 
primera vez, es algo a ser descubierto, moldeado, transformado. La sexualidad, que 
solía definirse tan estrictamente en relación al matrimonio y a la legitimidad, tiene 
ahora poca conexión con ello. No debemos ver la aceptación creciente de la 
homosexualidad sólo como ofrenda a la tolerancia liberal. Es un resultado lógico de la 
ruptura entre sexualidad y reproducción. La sexualidad sin objeto ya no está, por 
definición, dominada por la heterosexualidad. 
Lo que en la mayoría de los países occidentales sus defensores llaman la 
familia tradicional fue, en realidad, una fase tardía, transicional, en el desarrollo 
familiar durante la década de los años cincuenta. Era un tiempo en el que la 
proporción de mujeres con empleo era todavía relativamente baja y en el que aún era 
difícil, especialmente para ellas, obtener el divorcio sin estigma. Sin embargo, los 
hombres y mujeres de este tiempo eran más iguales de lo que habían sido con 
anterioridad, tanto de hecho como ante la ley. La familia había dejado de ser una 
entidad económica, y la idea de amor romántico como base del matrimonio había 
reemplazado al matrimonio como contrato económico. Desde entonces la familia ha 
cambiado aún mucho más. 
Los detalles varían de sociedad a sociedad, pero las pautas son visibles casi 
en cualquier parte del mundo industrializado. Sólo una minoría de gente vive ahora en 
lo que podríamos llamar la familia estándar de los años cincuenta -ambos padres 
viviendo juntos con sus hijos matrimoniales, la madre ama de casa a tiempo completo 
y el padre ganando el pan-. En algunos países más de una tercera parte de todos los 
nacimientos tienen lugar fuera del matrimonio, mientras que la proporción de gente 
que vive sola ha crecido exorbitantemente y parece probable que lo haga aún más. 
En muchas sociedades, como Estados Unidos o Gran Bretaña, el matrimonio sigue 
siendo muy popular -se han calificado, adecuadamente, como sociedades de mucho 
divorcio y mucho matrimonio-. En Escandinavia, por el contrario, una proporción alta 
de la gente que vive junta, incluida la que tiene hijos, no está casada. Una cuarta 
parte de las mujeres entre 18 y 35 años en Estados Unidos y Europa afirma que no 
quiere tener niños, y parecen decirlo en serio. 
En todos los países se mantiene una diversidad de formas familiares. En 
EE.UU mucha gente, inmigrantes recientes especialmente, vive todavía conforme a 
los valores tradicionales. Gran parte de la vida familiar, sin embargo, se ha 
transformado por el desarrollo de la pareja. El matrimonio y la familia se han 
128
convertido en lo que denominé en el capítulo 1 instituciones concha: se llaman igual, 
pero han cambiado en sus características básicas. En la familia tradicional la pareja 
casada era sólo una parte, y con frecuencia no la principal, del sistema familiar. Los 
lazos con los niños y con otros parientes solían ser igual de importantes, o más, en el 
discurrir diario de la vida social. Hoy la pareja, casada o no, está en el núcleo de la 
familia. La pareja vino al centro de la vida familiar al menguar el papel económico de 
la familia y convertirse el amor, o el amor más la atracción sexual, en la base de los 
lazos matrimoniales. 
Una vez constituida, una pareja tiene su propia y exclusiva historia, su propia 
biografía. Es una unidad basada en la comunicación emocional o intimidad. La idea 
de intimidad, como tantas otras ideas familiares que he abordado en este libro, suena 
vieja, pero es, en realidad, muy nueva. El matrimonio nunca antes se había basado 
en la intimidad -comunicación emocional-. Por supuesto, esto era importante para un 
buen matrimonio, pero no su fundamento. Para la pareja sí lo es. La comunicación es, 
en primer lugar, la forma de establecer el vínculo, y también el motivo principal de su 
continuación. 
Hemos de reconocer la gran transición que supone esto. Emparejarse y 
desparejarse son ahora una mejor descripción de la situación de la vida personal que 
el matrimonio y la familia. Es más importante para nosotros la pregunta "¿tienes una 
relación?" que "¿estás casado?" La idea de una relación es también 
sorprendentemente reciente. En la década de los sesenta nadie hablaba de 
relaciones. No lo necesitaban, ni tampoco hablar en términos de intimidad y 
compromiso. El matrimonio en ese tiempo era el compromiso, como atestiguaba la 
existencia de matrimonios a la fuerza. 
En la familia tradicional el matrimonio era un poco como un estado de la 
naturaleza. Tanto para hombres como para mujeres estaba definido como una etapa 
de la vida que la gran mayoría tenía que vivir. A los que permanecían fuera se les 
miraba con cierto menosprecio o condescendencia, especialmente a la solterona, 
pero también al soltero si lo era durante demasiado tiempo. 
Mientras que estadísticamente el matrimonio todavía es la condición normal 
para la mayoría de la gente, su significado ha cambiado totalmente. El matrimonio 
significa que una pareja está en una relación estable y puede, en efecto, promover 
esa estabilidad, pues hace una declaración pública de compromiso. Sin embargo, el 
matrimonio ya no es el principal elemento definitorio de la pareja. 
129
La posición de los niños en todo esto es interesante y algo paradójica. 
Nuestras actitudes hacia ellos y su protección han cambiado radicalmente en las 
últimas generaciones. En parte, apreciamos tanto a los niños porque se han vuelto 
mucho más escasos, y porque la decisión de tener un hijo es muy distinta de lo que 
era para generaciones anteriores. En la familia tradicional los niños eran un beneficio 
económico. Hoy, por el contrario, en los países occidentales un niño supone una gran 
carga económica para los padres. Tener un hijo es una decisión más concreta y 
específica que antes, y está impulsada por necesidades psicológicas y emocionales. 
La preocupación sobre los efectos del divorcio en los niños y la existencia de muchas 
familias sin padre han de entenderse en el marco de nuestras expectativas, muy 
superiores, sobre cómo han de criarse y protegerse los niños. 
Hay tres áreas principales en las que la comunicación emocional, y, por tanto, 
la intimidad, están reemplazando los viejos lazos que solían unir las vidas privadas de 
la gente -las relaciones sexuales y amorosas, las relaciones padre-hijo y la amistad. 
Para analizarlas quiero utilizar la idea de la relación pura. Me refiero a una 
relación basada en la comunicación emocional, en la que las recompensas derivadas 
de la misma son la base primordial para que la misma continúe. No me refiero a una 
relación sexualmente pura. Tampoco a nada que exista en realidad. Estoy hablando 
de una idea abstracta que nos ayude a entender los cambios que se están 
produciendo en el mundo. Cada una de las tres áreas mencionadas -relaciones 
sexuales y amorosas, relaciones padre-hijo y amistad- tiende a aproximarse a este 
modelo. La comunicación emocional o intimidad se convierte en la clave de lo que 
todas ellas significan. 
La relación pura tiene dinámicas bastante diferentes de los tipos más 
tradicionales de vínculos sociales. Depende de procesos de confianza activa -abrirse 
al otro-. Mostrarse es la condición básica de la intimidad. La relación pura es 
implícitamente democrática. Cuando empecé a trabajar en el estudio de las 
relaciones íntimas leí mucha literatura terapéutica y de autoayuda sobre el tema. Me 
llamó la atención algo que creo no se ha subrayado debidamente. Si uno observa 
cómo ve un terapeuta una buena relación -en cualquiera de las tres esferas 
mencionadas-, es impresionante el paralelismo directo que hay con la democracia 
pública. 
Una buena relación, no hace falta decirlo, es un ideal -la mayoría de las 
relaciones corrientes tan siquiera se acercan a él-. No estoy sugiriendo que nuestras 
130
relaciones con cónyuges, amantes, niños o amigos no sean, muchas veces, liosas, 
conflictivas e insatisfactorias. Pero los principios de la democracia también son 
ideales que, a menudo, se encuentran bastante alejados de la realidad. 
Una buena relación es una de iguales en la que cada parte tiene los mismos 
derechos y obligaciones, en la que cada persona tiene respeto y quiere lo mejor para 
el otro. La relación pura se basa en la comunicación, de manera que entender el 
punto de vista de la otra persona es esencial. Hablar, o dialogar, es la base para que 
la relación funcione. Las relaciones funcionan mejor si la gente no se esconde 
demasiado de los otros -tiene que haber confianza mutua-. Y la confianza ha de 
construirse, no se puede dar por sentada. Finalmente, una buena relación está libre 
de poder arbitrario, coerción o violencia. 
Todas estas cualidades se amoldan a los valores de la política democrática. En 
una democracia todos son, en principio, iguales, y con la igualdad de derechos y 
responsabilidades -como principio, por lo menos- viene el respeto mutuo. El diálogo 
abierto es una propiedad esencial de la democracia. Los sistemas democráticos 
sustituyen al poder autoritario, o al poder sedimentado de la tradición, por la discusión 
abierta de problemas -un espacio público de diálogo-. Ninguna democracia puede 
funcionar sin confianza. Y la democracia se resquebraja si da paso al autoritarismo o 
a la violencia. 
Cuando aplicamos estos principios -como ideales- a las relaciones estamos 
hablando de algo muy importante: la posible emergencia de lo que llamaré una 
democracia de las emociones en la vida diaria. Una democracia de las emociones, 
estimo, es tan importante como la democracia pública para mejorar la calidad de 
nuestras vidas. 
Esto vale para las relaciones padre-hijo igual que para otros ámbitos. Éstos no 
pueden, ni deben, ser materialmente iguales. Los padres deben tener autoridad sobre 
los niños, en interés de todos. Pero deberían presumir una igualdad como principio. 
En una familia democrática la autoridad de los padres debería estar basada en un 
contrato implícito. El padre, en efecto, dice al hijo: "Si fueras un adulto y supieras lo 
que yo sé, estarías de acuerdo en que lo que te pido es bueno para ti". Los niños de 
las familias tradicionales debían -y deben- ser vistos, pero no oídos. Amuchos padres, 
quizá desesperados por la rebeldía de sus hijos, les gustaría profundamente resucitar 
esa regla. Pero no hay marcha atrás, y no debería haberla. En una democracia de las 
emociones los niños pueden, y deben ser capaces de, replicar. 
131
Una democracia de las emociones no implica falta de disciplina o ausencia de 
respeto. Busca, sencillamente, darles una nueva dimensión. Ocurrió algo muy similar 
en la esfera pública cuando la democracia empezó a sustituir el mando arbitrario y el 
poder de la fuerza. 
Una democracia de las emociones no haría distinciones, por principio, entre 
relaciones heterosexuales y homosexuales. Los gays, más que los heterosexuales, 
han sido pioneros en el descubrimiento del nuevo mundo de las relaciones y en 
explorar sus posibilidades. Han tenido que serlo, porque cuando la homosexualidad 
salió del armario los gays no podían depender de los apoyos corrientes del 
matrimonio tradicional. 
Hablar de fomentar una democracia emocional no implica debilidad respecto a 
los deberes familiares, ni sobre las políticas públicas hacia la familia. Democracia 
significa aceptación de obligaciones, además de derechos protegidos en la ley. La 
protección de los niños tiene que ser el rasgo primario de la legislación y la acción 
pública. Debería obligarse legalmente a los padres a mantener a sus hijos hasta la 
edad adulta, independientemente de cómo decidan vivir. El matrimonio ya no es una 
institución económica, pero como compromiso ritual puede ayudar a estabilizar 
relaciones por otra parte frágiles. Si esto se acepta para las relaciones 
heterosexuales debe valer también para las homosexuales. 
Hay muchas preguntas que hacer sobre todo esto -demasiadas para responder 
en un capítulo corto-. La más obvia es que me he centrado principalmente en las 
tendencias que afectan a la familia en los países occidentales. ¿Qué pasa con las 
zonas donde la familia tradicional permanece casi intacta, como en el ejemplo de 
China con el que comencé? ¿Se volverán los cambios observados en Occidente más 
y más globales? Creo que sí -de hecho, ya mismo-. No es cuestión de si las formas 
existentes de familia tradicional se modificarán, sino de cuándo y cómo. Me 
aventuraría aún más. Lo que he descrito como una incipiente democracia de las 
emociones está en primera línea del conflicto entre cosmopolitismo y 
fundamentalismo que expliqué anteriormente. La igualdad de los sexos y la libertad 
sexual de las mujeres, que son incompatibles con la familia tradicional, son un 
anatema para los grupos fundamentalistas. La oposición a ello, de hecho, es uno de 
los rasgos definitorios del fundamentalismo religioso mundial. 
Hay muchas cosas preocupantes en el estado actual de la familia, en 
Occidente y fuera de él. Es igual de erróneo decir que toda forma familiar es tan 
132
buena como cualquier otra como mantener que la decadencia de la familia tradicional 
es un desastre. Daría la vuelta completamente al argumento de la derecha política y 
fundamentalista. La subsistencia de la familia tradicional -o de aspectos de ella- en 
muchas partes del mundo es más inquietante que su declive. Pues ¿cuáles son las 
fuerzas más importantes que promueven la democracia y el desarrollo económico en 
los países pobres? Precisamente la igualdad y educación de la mujer. ¿Y qué debe 
cambiar para que esto sea posible? Sobre todo, la familia tradicional. 
Fragmento de EL ANÁLISIS ESTRUCTURAL, EN LINGÜÍSTICA Y EN 
ANTROPOLOGÍA 1 
133 
C. LEVI-STRAUSS 
lo que se llama generalmente un “sistema de parentesco” recubre dos órdenes muy 
diferentes de realidad. Tenemos ante todo términos por los que se expresan los 
diferentes tipos de relaciones familiares. Pero el parentesco no se expresa solamente 
en una nomenclatura: los individuos o las clases de individuos las utilizaban, los 
términos se sienten (o no se sienten, según los casos) obligados a una determinada 
conducta recíproca: respeto o familiaridad, derecho o deber, afección u hostilidad. 
Así, entonces, junto a lo que nosotros proponemos llamar el “sistema de 
denominaciones” (que constituye, en rigor, un sistema de vocabulario), hay otro de 
naturaleza igualmente psicológica y social, que llamaremos “sistema de las actitudes”. 
Ahora bien; si es verdad (como lo hemos mostrado más arriba) que el estudio 
de los sistemas de denominaciones nos coloca en una situación análoga a la que nos 
plantean los fonológicos, pero inversa, esta situación resulta “enderezada”, por decirlo 
así, cuando se trata de los sistemas de actitudes. Adivinamos el papel desempeñado 
por éstos, que consiste en asegurar la cohesión y el equilibrio del grupo, pero no 
comprendemos la naturaleza de las conexiones existentes entre las diversas 
actitudes ni alcanzamos a advertir su necesidad 20. En otros términos y como en el 
caso del lenguaje, conocemos la función, pero nos falta el sistema. 
20 Es preciso excluir de este juicio la obra notable de W. Lloyd Warner “Morphology and 
function of the Australian Murngin Type of Kinship”, Amer. Antrop. , n. s.
Entre “sistema de denominaciones” y “sistema de actitudes” nosotros vemos, 
pues, una diferencia profunda. En este punto nos separamos de A. R. Radcliffe- 
Brown, si es cierto que éste creía -como le ha sido reprochado a veces- que el 
segundo no era más que la expresión -o la traducción en el plano afectivo- del 
primero21. En el curso de los últimos años se han ofrecido numerosos ejemplos de 
grupos cuyo cuadro de términos de parentesco no refleja exactamente el cuadro de 
las actitudes familiares, e inversamente 22. Sería un error creer que en toda sociedad 
el sistema de parentesco constituye el principal medio de regular las relaciones 
individuales; inclusive en sociedades donde dicho sistema desempeña tal papel, no lo 
cumple siempre en igual medida. Además, es necesario distinguir entre dos tipos de 
actitudes: ante todo las actitudes difusas, no cristalizadas y desprovistas de carácter 
institucional, de las que se puede admitir que son, en el plano psicológico, reflejo o 
fruto de la terminología. Junto a las precedentes o además de ellas, están las 
actitudes cristalizadas, obligatorias, sancionadas por tabúes o privilegios que se 
expresan a través de un ceremonial fijo. En lugar de reflejar automáticamente la 
nomenclatura, estas actitudes aparecen a menudo como elaboraciones secundarias 
destinadas a resolver contradicciones y a superar insuficiencias inherentes al sistema 
de denominaciones. Este carácter sintético se manifiesta de manera particularmente 
clara entre los wilk monkan de Australia; en este grupo, los privilegios de burla 
sancionan una contradicción entre las relaciones de parentesco que unen a dos 
hombres antes de su casamiento, y la relación teórica que sería preciso suponer 
entre ellos para dar cuenta de su ulterior matrimonio con dos mujeres que no 
mantienen entre sí la relación correspondiente23. 
21 A. R. Radcliffe-Brown, “kinship Terminology in California”, Amer. Anthrop., n. s., vol. 37. 
1935; “The Study of Kinship Terms”, Jnl. Roy Antrop. Inst., vol. 71, 1941. 
22 M. E. Opler, “Apache Data Concerning the Relation of Kinship Terminology to Social 
Classification”, Amer. Anthrop., n. s., vol. 39, 1937, A. M. Harpen “Yuma Kinship Terms”, ibíd., 44. 
1942. 
23 D. F. Thompson, “The Joking-Relationship and Organized Obscenity in North Queensland”, 
134 
Amer. Anthrop., n. s., vol 37, 1935.
Existe una contradicción entre dos sistemas posibles de nomenclatura, y el 
interés que recae sobre las actitudes representa un esfuerzo por integrar o superar 
esta contradicción entre los términos. No hay dificultad en estar de acuerdo con 
Radcliffe-Brown cuando afirma la existencia de real relations of independence 
between the terminology and the rest of the system24. 
Al concluir, de la ausencia de un paralelismo riguroso entre actitudes y 
nomenclatura, que los dos órdenes son recíprocamente autónomos, algunos -al 
menos de los críticos de Radcliffe-Brown se han desorientado. Pero esta relación de 
interdependencia no es una correspondencia término a término. 
El sistema de las actitudes constituye más bien una integración dinámica del 
sistema de denominaciones. Aún cuando se sostenga la hipótesis -a la cual 
adherimos sin reserva- de una relación funcional entre los dos sistemas, tenemos 
derecho por razones de método, a tratar los problemas relativos a uno y a otro como 
problemas separados. Es lo que nos proponemos hacer aquí a propósito de un 
problema tenido a justo título por el punto de partida de teoría de las actitudes: el 
problema del tío materno. Trataremos de mostrar como una transposición formal del 
método seguido por el fonólogo permite arrojar sobre este problema una nueva luz. 
Los sociólogos le han dedicado una atención especial, y ello debido solamente a que, 
en efecto, la relación entre el tío materno y el sobrino era al parecer objeto de un 
desarrollo importante en un gran número de sociedades primitivas. Pero no basta 
comprobar esta frecuencia; es preciso descubrir la razón. Recordemos rápidamente 
las principales etapas de la evolución de este problema. 
Durante todo el siglo XIX y hasta Sydney Hartland25, la importancia del tío 
materno fue luego interpretada como supervivencia de un régimen matrilineal. Este 
era puramente hipotético, y su posibilidad resultaba particularmente dudosa en 
presencia de ejemplos europeos. Por otro lado, la tentativa de Rivers26 
24 “The Study of Kinship Terms”, op. Cit..., p. 8. Esta última fórmula de Radcliffe -Brown nos 
parece mucho más satisfactoria que su afirmación de 1935, según la cual las actitudes presentan “a 
fairly high degree of correlation whith the terminological classification”, (Amer.Anthrop., n. s., 1935, p. 
53). 
25 S. Hartland, “Matrilineal Kinship and the Question of its Priority”, Mem. Of the Amer. 
135 
Anthrop. Assoc., 4. 1917. 
26 W. H. R. Rivers. “The Marriage of Cousins in india”, Inl, of the Royal Asiatic Society, Jul. 
1907.
de explicar la importancia del tío materno en la India del Sur como un residuo del 
matrimonio entre primos cruzados llegaba a un resultado desolador: el mismo autor 
debía reconocer que esta interpretación no podía dar cuenta de todos los aspectos 
del problema, y se resignaba a la hipótesis de que “varias” costumbres heterogéneas 
y actualmente desaparecidas (una de las cuales solamente era el matrimonio entre 
primos), debían ser invocadas, para comprender la existencia de “una sola” 
institución. El atomismo y el mecanicismo triunfaban27. 
De hecho, únicamente con el artículo capital de Lowie sobre el complejo 
matrilineal28 se abre lo que nos gustaría llamar la “etapa moderna” 
Del problema del avunculado. Lowie muestra que la correlación invocada o 
postulada entre el predominio del tío materno y un régimen matrilineal no resiste el 
análisis; en realidad, el avunculado se encuentra asociado tanto a regímenes 
patrilineales cuanto a regímenes matriline-ales. El papel del tío materno no se explica 
como consecuencia o supervivencia de un régimen de derecho materno; se trata 
solamente de la aplicación particular of a very general tendency to associate definite 
social relations with definite forms of kinship regardless of maternal or paternal side29. 
Este principio, que Lowie introduce por primera vez en 1919, según el cual existe una 
tendencia general a calificar las actitudes, constituye la única base positiva de una 
teoría de los sistemas de parentesco. Pero, al mismo tiempo Lowie dejaba ciertas 
cuestiones sin respuesta: ¿qué se denomina, exactamente, avunculado? ¿No se 
confunden bajo un mismo término costumbres y actitudes diferentes? Y si es verdad 
que existe una tendencia a calificar todas las actitudes, ¿por qué solamente ciertas 
actitudes se encuentran asociadas a la relación avuncular y no, según los grupos 
considerados, cualesquiera actitudes posibles? 
Abramos aquí un paréntesis, con el fin de subrayar la sorprendente analogía 
que se manifiesta entre el itinerario de nuestro problema y ciertas etapas de la 
reflexión lingüística: la diversidad de las actitudes posibles en el ámbito de las 
relaciones interindividuales. 
27 Op. Cit. p. 624. 
28 n. 11. Lowie, “The Matrilineal Complex”, Univ. of California Publ. in Amer. Archacol and 
136 
Ethnol, 16,1919, n. 2. 
29 “De una tendencia muy general a asociar definidas relaciones sociales con formas definidas 
de parentesco, sin considerar el matrilinealismo o el patrilinealismo” (N. del R.).
Es prácticamente ilimitada; lo mismo vale para la diversidad de sonidos que 
puede articular el aparato vocal, como efectivamente se produce en los primeros 
meses de la vida humana. Cada lengua, sin embargo, sólo retiene un número muy 
reducido entre todos los sonidos posibles y a este respecto la lingüística se plantea 
dos interrogantes: ¿por qué han sido seleccionados ciertos sonidos?; ¿qué relación 
existe entre uno o varios de los elegidos y todos los demás?30 Nuestro esquema de 
la historia del problema del tío materno se halla precisamente en esta misma etapa: el 
grupo social, como la lengua, encuentra a su disposición un material psicofisiológico 
muy rico; al igual que la lengua, conserva solamente ciertos elementos —algunos de 
los cuales, al menos, permanecen idénticos a través de las más diversas culturas— y 
los combina con estructuras siempre diversificadas. Se pregunta, pues, cuál es la 
razón de la elección y cuáles son las leyes de las combinaciones. 
En cuanto al problema particular de la relación avuncular, conviene dirigirse a 
Radcliffe-Brown; su célebre artículo sobre el tío materno en Africa del Sur31 es la 
primera tentativa de captar y analizar las modalidades de lo que podría llamarse el 
'principio de la calificación de las actitudes'. Aquí bastará recordar rápidamente las 
tesis fundamentales de este estudio hoy día clásico. 
Seqún Radcliffe-Brown, el término 'avunculado' recubre dos sistemas de 
actitudes antitéticas: en un caso, el tío materno representa la autoridad familiar; es 
temido, obedecido, y posee derechos sobre su sobrino; en el otro es el sobrino quien 
ejerce sobre su tío privilegios de familiaridad y puede tratarlo más o menos como a 
una víctima. En segundo lugar, existe una correlación entre la actitud hacia el tío 
materno y la actitud con respecto al padre. En ambos casos hallamos los dos 
sistemas de actitudes, pero invertidos: en los grupos donde la relación entre padre e 
hijo es familiar, la relación entre tío materno y sobrino es rigurosa; y allá donde el 
padre aparece como el austero depositario de la autoridad familiar, el tío es tratado 
con libertad. Los dos grupos forman, pues, como diría el fonólogo, dos pares de 
oposiciones. Radcliffe-Brown proponía, para terminar, una interpretación del 
fenómeno: la filiación determina, en último análisis, el sentido de estas oposiciones. 
30 Roman Jakobson, Kindersprache, Aphasie und allgemeine Lautgesetze, 
Upsala, 1941. 
31 A. R. Radcliffe-Brown, “The Mother's Brother in South Africa”, South African 
jnl. Of Science, vol. 21, 1924. 
137
En el régimen patrilineal, donde el padre y la línea del padre representan la 
autoridad tradicional, el tío materno es considerado como una 'madre masculina', 
tratado generalmente de la misma manera que la madre, e inclusive llamado a veces 
con el mismo nombre de ésta. En el régimen matrilineal se encuentra realizada la 
situación inversa: allí el tío materno encarna la autoridad, y las relaciones de afecto y 
familiaridad se fijan sobre el padre y su línea. 
Difícilmente puede exagerarse la importancia de esta contribución de Radcliffe- 
Brown. Tras la crítica despiadada que Lowie dirigiera tan magistralmente contra la 
metafísica evolucionista, hallamos aquí el esfuerzo de síntesis retomado sobre una 
base positiva. Afirmar que este esfuerzo no ha alcanzado en seguida su término no 
es ciertamente atenuar el homenaje debido al gran sociólogo inglés. Reconozcamos 
entonces que el artículo de Radcliffe-Brown deja abiertos ciertos problemas 
inquietantes: en primer lugar, el avunculado no está presente en todos los sistemas 
matrilineales y patrilineales, y a veces aparece en sistemas que no son ni una cosa ni 
otra32. Además, la relación avuncular no es entre dos, sino entre cuatro términos: 
supone un hermano, una hermana, un cuñado y un sobrino. Una interpretación como 
la de Radcliffe-Brown aisla arbitrariamente ciertos elementos de una estructura global, 
que debe ser tratada como tal. Algunos ejemplos simples pondrán de manifiesto esta 
doble dificultad. 
La organización social de los indígenas de las islas Trobriand, en Melanesia, 
se caracteriza por la filiación matrilineal, relaciones, libres y familiares entre padre e 
hijo y un antagonismo marcado entre tío materno y sobrino33. Los circasianos del 
Cáucaso, por el contrario, que son patrilineales, colocan la hostilidad entre padre e 
hijo, mientras que el tío materno ayuda a su sobrino y le regala un caballo cuando 
éste se casa34. 
32 Así, por ejemplo, entre los mundugomor de Nueva Guinea, donde la relación entre tío 
materno y sobrino es constantemente familiar, mientras que la filiación es alternativamente patrilineal y 
matrilineal. Cf . Margaret Mead. Sex and Temperament in Three Primitives Societies, Nueval York, 
1935, pp. 176-185. 
33 B. Malinowski, The Sexual Life of Savages in Northwestern Melanesia, Londres, 1929, 2 
138 
vols. 
34 Dubois de Monpereux (1839), citado según M. Kovalevski, “La famille matriarcale au 
Caucase”, L’ antropologie, t. IV, 1893.
Hasta aquí, nos mantenemos dentro de los límites del esquema de Radcliffe- 
Brown. Consideremos, empero, las demás relaciones familiares implicadas: 
Malinowski ha mostrado que en las islas Trobriand, marido y mujer viven en una 
atmósfera de tierna intimidad y que sus relaciones tienen un carácter recíproco. 
Las relaciones entre hermano y hermana, en cambio, están dominadas por un 
tabú extremadamente riguroso. ¿Cuál es la situación en el Cáucaso? La relación 
tierna se establece aquí entre hermano y hermana, hasta tal punto que entre los 
pshav, una hija única 'adopta' un 'hermano', el cual desempeñará junto a ella el papel, 
propio del hermano, de casto compañero de leche35. La relación entre los esposos 
es, en cambio, completamente distinta: un circasiano no se atreve a mostrarse en 
público con su mujer y la visita exclusivamente en secreto. Según Malinowski, no hay 
en las islas Trobriand insulto peor que el de decirle a un hombre que se parece a su 
hermana; el Cáucaso ofrece un equivalente en la prohibición de preguntar a un 
hombre por la salud de su mujer. 
Cuando se consideran sociedades del tipo 'circasiano' o 'trobriandés', no basta, 
pues, estudiar la correlación de las actitudes padre/hijo y tío /hijo de la hermana. Esta 
correlación es solamente un aspecto de un sistema global compuesto por cuatro tipos 
de relaciones orgánicamente ligadas entre sí, a saber, hermano/hermana, 
marido/mujer, padre/hijo, tío materno/hijo de la hermana. Los dos grupos que nos han 
servido de ejemplo proporcionan aplicaciones de una ley que puede formularse de la 
siguiente manera: en ambos grupos la relación entre tío materno y sobrino es a la 
relación entre hermano y hermana, como la relación entre padre e hijo es a la relación 
entre marido y mujer, de tal manera que, conociendo un par de relaciones, sería 
siempre posible deducir el otro par. 
Veamos ahora otros casos. En Tonga, Polinesia, la filiación es patrilineal como 
entre los circasianos. Las relaciones entre los cónyuges parecen públicas y 
armoniosas: las querellas domésticas son raras, y la mujer, no obstante tener a 
menudo un status superior al del marido, “no alimenta a su respecto la más mínima 
idea de rebelión...; en lo que concierne a todas las cuestiones domésticas, se adapta 
de muy buena gana a su autoridad”. 
35 Dubois de Monpereux (1839), citado según M. Kovalevsky, “La famille matriarcale au 
139 
Caucasse”, L'Antrophologie, t. IV, 1893.
De igual modo, reina la mayor libertad entre el tío materno y el sobrino:éste es 
fahu por encima de la ley, con respecto a su tío. y con él le está permitido todo género 
de intimidad. A estas relaciones libres se oponen las existentes entre un hijo y su 
padre. Éste es tapu; al hijo le está prohibido tocarle la cabeza o los cabellos, rozarlo 
mientras come, dormir en su lecho o sobre su almohada, compartir su bebida o su 
comida, jugar con los objetos pertenecientes al padre. El tapú más fuerte de todos es, 
sin embargo, el que prevalece entre hermano y hermana, quienes no deben ni 
siquiera hallarse juntos bajo un mismo techo36. No obstante ser igualmente 
patrilineales y patricolores, las indígenas del lago Katabu, en Nueva Guinea, ilustran 
una estructura inversa a la precedente: “No he visto jamás asociación más intima 
entre padre e hijo”? escribe sobre ellos F. E. Williams. Las relaciones entre marido y 
mujer se caracterizan por el status muy bajo acordado al sexo femenino, una 
separación neta entre los centros de interés masculino y femenino”. “Las mujeres, 
dice Williams, deben trabajar duro para su amo...; a veces protestan, y reciben una 
paliza.” Contra el marido, la mujer goza siempre de la protección de su hermano, y 
busca refugio junto a él... En cuanto a las relaciones entre el sobrino y el tío materno: 
“El término que mejor las resume es el de 'respeto'... con un matiz de temor”, porque 
el tío materno tiene el poder (como entre los kipsigi de Africa) de maldecir a su 
sobrino y el de hacerle sufrir una grave enfermedad37. 
Esta última estructura, tomada de una sociedad patrilineal, es sin embargo del 
mismo tipo que la de los siaui de Bougáinville cuya filiación es matrilineal: entre 
hermano y hermana, “vínculos amistosos y generosidad recíproca”; entre padre e hijo, 
“nada indica una relación de hostilidad, de autoridad rígida o de respeto temeroso”. 
Pero las relaciones del sobrino con su tío materno se sitúan “entre la disciplina rígida 
y una interdependencia reconocida de buen grado”. Sin embargo, “los informantes 
dicen que todos los muchachos experimentan un cierto miedo ante sus tíos maternos, 
y que les obedecen mejor que a sus padres”. En lo que respecta al marido y la mujer, 
no parece reinar entre ellos un buen entendimiento: 
36 E. W. Gifford. “Tonga Society”, B. P. Bishop Museum Bulletin n 61, Honolulu, 1929, pp. 16 - 
140 
22. 
37 F. E. Williams, “Natives of Lake Kutubu, Papua”, Oceania, vol. XI, 1940-41 y 12, 1941-42, 
pp. 263-280. Del vol. 11; “Group sentiment and primitive Justice”, Amer. Antroph., vol. XLIII, 
n 4 parte 1, 1941.
“Pocas esposas jóvenes son fieles; los maridos jóvenes son siempre 
desconfiados, inclinados a la cólera celosa; el matrimonio implica toda clase de 
adaptaciones difíciles”38. 
Un cuadro idéntico pero aún más marcado aparece entre los dobu, 
matrilineales vecinos de los trobriandeses, que también lo son, pero que poseen una 
estructura muy diferente. Los hogares dobu son inestables, practican asiduamente el 
adulterio, y marido y mujer viven siempre en el temor de perecer por obra de la 
hechicería del otro. 
En verdad, la observación de Fortune según la cual “es un insulto grave hacer 
alusión a los poderes de hechicería de una mujer de modo que pueda escuchar el 
marido”, parecería una permutación de las prohibiciones trobriandesa y circasiana 
citadas más arriba. 
El hermano de la madre es considerado en Dobu el más severo de los 
parientes: “Pega a sus sobrinos mucho tiempo después que sus padres han dejado 
de hacerlo”, y está prohibido pronunciar su nombre. Sin duda la relación tierna existe 
no tanto con el padre mismo, sino más bien con el 'ombligo', el marido de la hermana 
de la madre, es decir, con un doble del padre. Con todo, se considera que el padre es 
'menos severo' que el tío y, contrariamente a la ley de transmisión hereditaria, trata 
siempre de favorecer a su hijo a expensas de su sobrino uterino. En fin, el lazo entre 
hermano y hermana es “el más fuerte de todos los lazos sociales”39. 
¿Qué se debe inducir de estos ejemplos? La correlación entre formas de 
avunculado y tipos de filiación no agota el problema. Formas diferentes de 
avunculado pueden coexistir con un mismo tipo de filiación, patrilineal o matrilineal. 
Pero hallamos siempre la misma relación fundamental entre los cuatro pares de 
oposiciones que son necesarias para la elaboración del sistema. Esto resultará más 
claro mediante los esquemas de la figura 1, que ilustran nuestros ejemplos; el signo + 
representa las relaciones libres y familiares y el signo - las relaciones marcadas por la 
hostilidad, el antagonismo o la reserva. 
38 Douglas L. Oliver, A. Salomon Islands Society, Kinship and Leadership among the Siuai 
39 Reo F. Fortune, The Sorcerers of Dobu, Nueva York, 1932, pp. 8, 10, 45, 62, 64, etc. 
141
Dicha simplificación no es enteramente legítima, pero puede ser utilizada 
provisionalmente. Más adelante haremos las distinciones indispensables. 
La ley sincrónica de correlación así sugerida puede ser verificada 
diacrónicamente. Si se resume la evolución de las relaciones familiares en la Edad 
Media, tal como se desprende de la exposición de Howard, se obtiene el siguiente 
esquema aproximativo: el poder del hermano sobre la hermana disminuye, aumenta 
el poder del marido prospectivo. Simultáneamente se debilita el lazo entre padre e 
hijo, y se refuerza el lazo entre tío materno y sobrino40. 
Los documentos reunidos por L. Gautier parecen confirmar esta evolución, 
puesto que en los textos 'conservadores' (Raoul de Cambrai, Geste des Loherains, 
etcétera) la relación positiva se establece más bien entre padre e hijo, y sólo 
progresivamente se desplaza hacia el tío materno y el sobrino 41. 
Vemos, pues, que el avunculado42 para ser comprendido, debe ser tratado 
como una relación interior a un sistema, y que es el sistema mismo el que se debe 
considerar en su conjunto para percibir su estructura. Esta estructura reposa a su vez 
en cuatro términos (hermano, hermana, padre, hijo) unidos entre sí por dos pares de 
oposiciones correlativas y tales que, en cada una de las dos generaciones implicadas, 
existe siempre una relación positiva y otra negativa. Ahora bien, ¿qué es esta 
estructura y cuál puede ser su razón? La respuesta es la siguiente: esta estructura es 
la más simple estructura de parentesco que pueda concebirse y que pueda existir. Es, 
hablando con propiedad, 'el elemento de parentesco'. 
En apoyo de esta afirmación puede aducirse un argumento de orden lógico: 
para que exista una estructura de parentesco es necesario que se hallen presentes 
los tres tipos de relaciones familiares dadas siempre en la sociedad humana, es decir, 
una relación de consanguinidad, una de alianza y una de filiación; dicho de otra 
40 G. E. Howard, A Historty of Matrimonial Institutions, 3 vol. Chicago, 1904. 
41 Léo Gautier, La Chevalerie París, 1890. Sobre el mismo tema, puede consultarse con 
provecho F. B. Gummere, “The Sister's Son” en An English Miscellany presented to Dr. Furniovall, 
Londres, 1901; W. O. Farnsworth, Uncle and Nephew in the Old French Chanson 
42 Los parágrafos que preceden han sido escritos en 1957, en reemplazo del texto inicial, en 
respuesta a la prudente observación de mi colega Luc de Heusch, de la Universidad Libre de Bruselas, 
según la cual uno de mis ejemplos era materialmente inexacto. Dejo aquí constancia de mi 
agradecimiento. 
142
manera, una relación de hermano a hermana, una relación de esposo a esposa, y 
una relación de progenitor a hijo. Es fácil darse cuenta de que la estructura aquí 
considerada es aquella que permite satisfacer esta doble exigencia según el principio 
de la mayor economía. Sin embargo, las consideraciones que preceden tienen un 
carácter abstracto y puede invocarse una prueba más directa para nuestra 
demostración. 
El carácter primitivo e irreductible del elemento de parentesco tal como lo 
hemos definido resulta, en efecto, de manera inmediata, de la existencia universal de 
la prohibición del incesto. Esto equivale a decir que, en la sociedad humana, un 
hombre únicamente puede obtener una mujer de manos de otro hombre, el cual la 
cede bajo forma de hija o de hermana. No es necesario, pues, explicar cómo el tío 
materno hace su aparición en la estructura de parentesco: no aparece, sino que está 
inmediatamente dado: es la condición de esa estructura. El error de la sociología 
tradicional, como el de la lingüística tradicional, consiste en haber considerado los 
términos y no las relaciones entre los términos. 
Antes de proseguir, eliminemos rápidamente algunas objeciones que podrían 
presentársenos. En primer lugar, si la relación de los cuñados forma el eje inevitable 
en torno del cual se construye la estructura de parentesco, ¿para qué hacer intervenir 
en la estructura elemental al niño nacido del matrimonio? Debe entenderse que el 
niño representado puede ser tanto el niño nacido como por nacer. Pero, esto sentado, 
el niño es indispensable para atestiguar el carácter dinámico y teológico de la etapa 
inicial, que funda el parentesco sobre la alianza y por medio de ella. El parentesco no 
es un fenómeno estático; sólo existe para perpetuarse. No pensamos aquí en el 
deseo de perpetuar la raza, sino en el hecho de que en la mayoría de los sistemas de 
parentesco el desequilibrio inicial que se produce, en una generación dada, cede a 
una mujer y el que la recibe, únicamente puede estabilizarse mediante las 
contraprestaciones que tienen lugar en las generaciones ulteriores. Aun la más 
elemental estructura de parentesco existe simultáneamente en el orden sincrónico y 
en el diacrónico. 
En segundo lugar, ¿no es posible concebir una estructura simétrica, de igual 
simplicidad, pero en la cual haya inversión de sexos, es decir, una estructura en la 
que intervengan una hermana, su hermano, la mujer de este último y la hija nacida de 
esa unión? Sin duda alguna; pero esta posibilidad teórica puede ser eliminada 
inmediatamente sobre una base experimental: en la sociedad humana son los 
143
hombres quienes intercambian a las mujeres y no a la inversa. Queda por investigar 
si ciertas culturas no han tendido a realizar una especie de imagen ficticia de esta 
estructura simétrica. Los casos tienen que ser raros. Llegamos ahora a una objeción 
más grave. 
En efecto, podría ocurrir que solamente hubiéramos dado vuelta el problema. 
La sociología tradicional se ha empeñado en explicar el origen del avunculado, y 
nosotros nos hemos librado de esta búsqueda tratando al hermano de la madre no 
como un elemento extrínseco, sino como un dato inmediato de la más simple 
estructura familiar. ¿Cómo se explica, entonces, que no encontremos siempre y en 
todas partes el avunculado? Porque si bien el avunculado tiene una distribución muy 
frecuente, con todo no es universal. Sería inútil haber evitado la explicación de los 
casos en los cuales se halla presente, nada más que para fracasar ante su ausencia. 
Observemos, en primer término, que el sistema de parentesco no posee igual 
importancia en todas las culturas. En algunas proporciona el principio activo que 
regula todas las relaciones sociales o la mayor parte de éstas. En otros grupos, como 
nuestra sociedad, dicha función está ausente o bien muy reducida; en otros, como las 
sociedades de los indios de la llanura, sólo se cumple parcialmente. El sistema de 
parentesco es un lenguaje; no es un lenguaje universal, y puede ser desplazado por 
otros medios de expresión y de acción. Desde el punto de vista del sociólogo, esto 
quiere decir que, en presencia de una determinada cultura, se plantea siempre un 
interrogante preliminar: el sistema, ¿es sistemático? Una pregunta semejante, a 
primera vista absurda, sólo sería realmente referida a la lengua; porque la lengua es 
el sistema de significación por excelencia; ella no puede no significar y su existencia 
se agota en la significación. El problema debe, en cambio, ser examinado con rigor 
creciente a medida que uno se aleja de la lengua para tomar en cuenta otros 
sistemas que aspiran también a la significación, pero cuyo valor de significación 
resulta parcial, fragmentario o subjetivo: organización social, arte, etcétera. 
Hemos interpretado además el avunculado como un rasgo característico de la 
estructura elemental. Esta, resultante de relaciones definidas entre cuatro términos, 
es, en nuestra opinión, el verdadero átomo de parentesco43. 
43 Sin duda es superfluo subrayar que el atomismo, tal como nosotros lo hemos criticado en 
Rivers, es el de la filosofía clásica y no la concepción estructural del átomo tal como se la encuentra en 
la física moderna. 
144
Carece de toda existencia que puede ser concebida o dada fuera de las 
exigencias fundamentales de su estructura y, por otra parte, es el único material de 
construcción de los sistemas más complejos. 
Porque hay sistemas más complejos, o para decirlo más exactamente, todo 
sistema de parentesco es elaborado a partir de esta estructura elemental, que se 
repite o se desarrolla por integración de nuevos elementos. Es necesario, pues, tomar 
en cuenta dos hipótesis: cuando el sistema de parentesco considerado procede por 
yuxtaposición simple de estructuras elementales y, en consecuencia, la relación 
avuncular permanece siempre manifiesta y cuando la unidad de construcción del 
sistema es ya de orden más complejo. En este último caso, si bien la relación 
avuncular sigue estando presente, es susceptible de diluirse en un contexto 
diferenciado. Puede concebirse, por ejemplo, un sistema que tome como punto de 
partida la estructura elemental, pero que agregue, a la derecha del tío materno, a la 
mujer de este último, y a la izquierda del padre, en primer término, a la hermana del 
padre y luego al marido de ésta. Se podría demostrar fácilmente que un desarrollo de 
este orden produce, en la generación siguiente, un desdoblamiento paralelo: el hijo 
debe entonces ser diferenciado en hijo varón e hija, unido cada uno, por una relación 
simétrica e inversa, a los términos que ocupan en la estructura las demás posiciones 
periféricas (Posición preponderante de la hermana del padre en la Polinesia, 
nhlampsa sudafricana y herencia de la mujer del hermano de la madre). En una 
estructura de este orden, la relación avuncular sigue siendo manifiesta, pero ha 
dejado ya de ser predominante. Puede borrarse o confundirse con otras, en 
estructuras de una complejidad aún mayor. Pero precisamente porque pertenece a la 
estructura elemental, la relación avuncular reaparece con nitidez y tiende a 
exasperarse cada vez que el sistema considerado presenta un aspecto critico: ya sea 
por hallarse en transformación rápida (costa noroeste del Pacifico), ya porque se 
encuentra en el punto de contacto y de conflicto entre culturas profundamente 
diferentes (Fidji, India del Sur); ya, en fin, porque se halla próximo a una crisis fatal 
(Edad Media europea). 
Cabe agregar que los símbolos, positivo y negativo, que hemos empleado en 
los esquemas precedentes, representan una simplificación excesiva, aceptable sola-mente 
como una etapa de la demostración. En realidad el sistema de las actitudes 
elementales comprende por lo menos cuatro términos: una actitud de afecto, ternura y 
145
espontaneidad; una actitud resultante del intercambio recíproco de prestaciones y 
contraprestaciones; y, además de estas relaciones bilaterales, dos relaciones 
unilaterales correspondientes, una a la actitud del acreedor, la otra a la del deudor. 
Dicho de otra manera: mutualidad (=); reciprocidad (+); derecho (+); obligación 
(—). Estas cuatro actitudes fundamentales pueden ser representadas, en sus 
relaciones recíprocas, de la siguiente manera: 
En muchos sistemas, la relación entre dos individuos se expresa a menudo no 
por una sola actitud, sino por varias, que forman, por así decirlo, un haz (en las islas 
Trobriand, hay entre marido y mujer mutualidad más reciprocidad). Esta es una razón 
suplementaria que puede hacer difícil aislar la estructura elemental. 
Hemos tratado de mostrar todo lo que el análisis precedente debe a los 
maestros contemporáneos de la sociología primitiva. Es preciso, sin embargo, 
subrayar que, en el punto fundamental, nuestro análisis se aparta de las enseñanzas 
de estos maestros. 
Citemos, por ejemplo, a Radcliffe-Brown: “La unidad de estructura a partir de la 
cual se construye un parentesco es el grupo que yo llamo una 'familia elemental', 
consistente en un hombre y su esposa y su hijo o hijos. La existencia de la familia 
elemental crea tres tipos especiales de relación social: entre padre e hijo, entre los 
hijos de los mismos padres (siblings) y entre marido y mujer en tanto padres del 
mismo niño o niños. Las tres relaciones existentes dentro de la familia elemental 
constituyen lo que denomino el primer orden. Relaciones de segundo orden son las 
que dependen de la conexión entre dos familias elementales por la mediación de un 
miembro común; tales como el padre del padre, el hermano de la madre, la hermana 
de la mujer, etcétera. Se ubican en el tercer orden relaciones tales como el hijo del 
hermano del padre y la mujer del hermano de la madre. Podemos trazar así, si 
contamos con información genealógica, relaciones de cuarto, quinto o enésimo 
orden.44“ 
La idea expresada en este pasaje, según la cual la familia biológica constituye 
el punto a partir del cual toda sociedad elabora su sistema de parentesco, no es por 
cierto original del maestro inglés; sería difícil hallar otra que recogiera en la actualidad 
una unanimidad mayor. A nuestro juicio no hay tampoco otra idea más peligrosa. Sin 
duda, la familia biológica está presente y se prolonga en la sociedad humana. 
146 
44. A.R. Radcliffe-Brown, op. Cit. P.2
Pero lo que confiere al parentesco su carácter de hecho social no es lo que 
debe conservar de la naturaleza: es el movimiento esencial por el cual el parentesco 
se separa de ésta. Un sistema de parentesco no consiste en los lazos objetivos de 
filiación o de consanguinidad dados entre los individuos; existe solamente en la 
conciencia de los hombres; es un sistema arbitrario de representaciones y no el 
desarrollo espontáneo de una situación de hecho. Esto no significa, por cierto, que 
dicha situación de hecho resulte automáticamente contradicha, ni siquiera 
simplemente ignorada. 
Radcliffe-Brown ha mostrado, en estudios que hoy son clásicos, que aún los 
sistemas de apariencia más rígida y artificial, como los sistemas australianos de 
clases matrimoniales, toman en cuenta cuidadosa-mente el parentesco biológico. 
Pero una observación indiscutible como ésta de Radcliffe-Brown deja intacto el 
hecho, a nuestro juicio decisivo, de que en la sociedad humana el parentesco sólo es 
libre de establecerse y perpetuarse por medio y a través de determinadas 
modalidades de alianza. En otros términos, las relaciones tratadas por Radcliffe- 
Brown como relaciones de primer orden son función de aquellas que él considera 
secundarias y derivadas, y dependen de éstas. 
El rasgo primordial del parentesco humano consiste en requerir, como 
condición de existencia, la relación entre lo que Radcliffe-Brown llama 'familias 
elementales'. No son entonces las familias, términos aislados, lo verdaderamente 
'elemental', sino la relación entre esos términos. Ninguna otra interpretación puede 
dar cuenta de la universalidad de la prohibición del incesto, de la cual la relación 
avuncular, bajo su forma más general, no es otra cosa que un corolario, unas veces 
manifiesto, otras implícito, debido a su carácter de sistemas de símbolos, los sistemas 
de parentesco ofrecen al antropólogo un terreno privilegiado en el cual sus esfuerzos 
pueden casi alcanzar (insistimos sobre este 'casi') los de la ciencia social más 
desarrollada, es decir, la lingüística. Pero la condición de este acercamiento, del que 
puede esperarse un mejor conocimiento del hombre, consiste en no olvidar nunca 
que, tanto en el estudio sociológico como en el estudio lingüístico, nos hallamos en 
pleno simbolismo. Ahora bien, si es legítimo, y en cierto sentido inevitable, recurrir a 
la interpretación naturalista para tratar de comprender la emergencia del pensamiento 
simbólico, una vez dado éste, la explicación debe cambiar de naturaleza tan 
radicalmente como el nuevo fenómeno aparecido difiere de aquellos que lo han 
precedido y preparado. 
147
ACTIVIDADES 
1.-Elabora un cuadro sinóptico en donde rescates lo más representativo de las 
lecturas de familias que ha realizado. 
2.-Describe que opinas de cada enfoque de familia que hacen los autores 
148 
anteriores. 
3.-Platica con tus compañeros de clase y en forma grupal elaboren una tipología 
de familia de acuerdo a la experiencia de vida que cada uno de ellos tiene 
4.- los alumnos Investigarán diversos conceptos de cultura 
5.-Señalarán las diferencia entre Cultura tradicional y popular 
6.-Establecerán las características de la Cultura y la Sociedad 
7.- Indagarán en diversos textos los conceptos de normas y valores 
8.- Investigarán y elaborarán una cronología señalando los antecedentes de 
religión y su Influencia en la normatividad social en el campo de la salud 
BIBLIOGRAFIA 
 Anda Gutiérrez, Cuauhtémoc. Introducción a las Ciencias Sociales. 2da. ed. 
Ed. Limusa. México. 1996 
 Giddens, Anthony. Un mundo desbocado. Los efectos de la globalización 
en nuestras vidas. Capítulo 4. Taurus, Madrid, 2000. pp. 65-80. 
 Levi-strauss, C. El análisis estructural, en lingüística y en antropología
149 
4.3 EDUCACIÓN 
En este apartado se abordara el concepto de educación y lo que implica la 
educación formal e informal, desde un breve fragmento de Jesús Carlos Reza Trosino 
y se pide la realización de un ensayo para vincular la lectura con las experiencias de 
vida de las alumnas 
Fragmento del libro Diagnóstico de las necesidades de capacitación en las 
organizaciones 
Jesús Carlos Reza Trosino 
Si ubicamos a la capacitación y al adiestramiento de los trabajadores al interior del 
campo de la educación, entendida ésta como un “proceso de formación social, a 
través del cual los hombres se informan sobre el medio en que viven y sobre la 
historia, a la vez que se capacitan sobre el medio en que viven y sobre la historia, a la 
vez que se capacitan para aplicar dicha información en su realidad circundante con 
objeto de influir en ella1; es interesante resaltar que la educación siempre deberá tener 
un objetivo, ya que no se educa para un mundo abstracto, sino para influir 
participando de una manera u otra dentro de una colectividad de la cual se forma 
parte. Es aquí cuando se liga el aspecto educativo con el laboral, si se considera que 
el hombre es planamente social cuando pasa a formar parte de las fuerza productiva 
de un país, para lo cual habrá de utilizar los conocimientos adquiridos durante su 
proceso educativo. 
En este sentido, habrá de considerarse que no toda información que se adquiere 
dentro del proceso educativo formal, proporciona los medios necesarios para 
adaptarse íntegramente a las formas de producción y a las condiciones de trabajo; 
esto es, no todos los conocimientos adquiridos durante la fase educativa, facilitan a 
los individuos su acceso a un puesto de trabajo, por lo que se hace necesario 
establecer un puente entre el sistema educativo regular y el aparato productivo. Esto 
exige un perfeccionamiento constante en la medida en que se desarrolla la 
tecnología y evolucionan las formas de producción, por lo que se puede concluir que 
la educación regular proporciona los conocimientos generales a las que desarrolla la 
capacidad mental básica, mientras que la capacitación y el adiestramiento, tiene 
como función primordial el desarrollo de especializaciones cambiantes y redefinidas 
de acuerdo con las necesidades del desarrollo social y económico.
El término educación entonces, abarca toda la actividad humana, ya que es un 
proceso continuo de enseñanza-aprendizaje por medio del cual un individuo o grupo 
de ellos, van adquiriendo un repertorio tal de comportamiento que les hace posible su 
supervivencia en la sociedad en la que se desenvuelven 
Por los tanto, la meta de la educación es dar herramientas (conocimientos, hábitos, 
habilidades, aptitudes y actitudes) útiles a los individuos, para poder subsistir 
socialmente de una manera digna y satisfactoria. 
Los procesos educativos varían en cuanto a su temporalidad y forma de aplicación, 
esto es, existe un tipo de educación llamada formal y ora informal. 
A.1) Educación Formal 
“Es un proceso de enseñanza-aprendizaje, estructurado y sistematizado, que se 
imparte a través de instituciones que se rigen, en el caso concreto de México, bajo los 
criterios establecidos por la Secretaría de Educación Pública y la Universidad 
Nacional Autónoma de México; la función de estas instituciones es la de proporcionar 
al individuo elementos teóricos que le permitan un adecuado desenvolvimiento en su 
vida cotidiana. Los individuos sujetos a este tipo de educación, obtiene un grado de 
calificación reconocido en todo el país con la opción de ingresar a sistemas 
educativos formales en otros países”.1 
A.2) Educación informal 
“Es un proceso de enseñanza aprendizaje, sistemático, desligado del sistema 
educativo nacional y dependiente del campo en donde se desenvuelve un individuo. A 
este punto corresponden los términos: experiencia, práctica, habilidad y todos 
aquéllos que dan idea de una aptitud o destreza adquirida por el individuo”.2 
1 Reza, Trosino, J. Carlos. “Hacia un concepto integral de Formación Profesional” En Pedagogía para 
Adiestramiento. Sevicio Nacional ARMO. Vol. X, abril/junio 1980. No. 39. Pp.13-14 
2 Idem. 
ACTIVIDADES 
1.-Escribe un ensayo en donde expliques los espacios de educación formal en los 
que has estado en tu vida y los espacios informales que más han influido en tu vida 
BIBLIOGRAFÍA 
Reza Trosino Jesús Carlos, Diagnóstico de las necesidades de capacitación en las 
organizaciones, 2da reimpresión. Ed Panorama. México. 1998 
150
151 
4. ECONOMÍA 
GUADALUPE MARCELA TORRES ESCUTIA 
En este apartado se abordará la definición de economía y sus dos 
principales campos para después vincular estos conceptos en el área de la salud; de 
tal forma que la alumna de enfermería pueda tener una idea clara de la relación que 
existe y pueda realizar las actividades didácticas con más facilidad. Empecemos con 
definir el concepto: 
La Economía es la ciencia social que estudia el comportamiento 
económico de elementos relacionados a la producción, intercambio, distribución y 
consumo de bienes y servicios, entendidos estos como medios de necesidad humana 
y resultado individual o colectivo de la sociedad. 
La literatura económica puede dividirse en dos grandes campos: la 
macroeconomía y la microeconomía. 
La macroeconómica estudia el ingreso nacional, la producción nacional, el 
nivel general de precios, el desempleo, los impuestos, la cantidad de dinero en 
circulación y el costo del dinero, grandes conglomerados de consumidores, 
productores, factores que afectan el total de consumo, etc. 
La microeconomía estudia el comportamiento individual de los agentes 
económicos, principalmente las empresas y los consumidores; explica cómo se 
determinan variables como los precios de bienes y servicios, el nivel de salarios, el 
margen de beneficios y las variaciones de las rentas. Los agentes tomarán decisiones 
intentando obtener la máxima satisfacción posible, es decir, maximizar su utilidad. 
ECONOMÍA DE LA SALUD 
La economía de la salud es la ciencia que estudia las consecuencias de la 
escasez en el sistema de salud; se entenderá por sistema de salud la forma en que
se organizan las instituciones que proveen, aseguran, regulan y supervisan los 
servicios de salud en un país. 
152 
MICROECONOMÍA DE LA SALUD 
La microeconomía estudia el comportamiento económico de los productores 
y consumidores individuales. Asimismo, estudia el comportamiento económico de 
grupos de productores y consumidores, los que se denominan “mercados”, por 
ejemplo, el “mercado de servicios de salud”. 
Por productores son: Médicos, enfermeras, psicólogos, odontólogos y otro 
personal de salud; Clínicas ambulatorias, clínicas rurales; Laboratorios, bancos de 
sangre; Centros de diagnóstico por imágenes; Hospitales con servicios de 
internamiento (ya sean de segundo, tercero o cuarto nivel). 
Por consumidores son: todas las personas que demandan servicios de 
salud, vale decir, casi toda la población de un país. Generalmente, se les llama 
“pacientes”; en los últimos años se utilizan más los términos “cliente” o “usuario”. 
A nivel del productor individual, la economía de la salud con ayuda de la 
contabilidad nos ayuda a conocer los costos de la producción; En base a ello y a las 
condiciones del mercado, el productor puede determinar sus precios o tarifas. 
En el sector salud hay varios mercados importantes, sujetos a 
características propias. Algunos de ellos son: Mercado de servicios de salud, 
Mercado de seguros, Mercado de productos farmacéuticos y otros insumos, Mercado 
de equipos y tecnología. 
Los mercados se rigen por la teoría de los precios. En una economía 
capitalista, el mecanismo libre de los precios determinados por las leyes de la oferta y 
la demanda -- guía las acciones de los agentes económicos y decide qué producir, 
cómo producir y para quién producirlo. En los mercados donde hay competencia, este 
mecanismo es muy eficiente para asignar los recursos. 
El sector salud produce una amplia gama de bienes y servicios, desde agua 
limpia hasta cirugía estética y trasplante de órganos. 
Esta producción puede clasificarse en: Bienes públicos, Bienes meritorios 
Bienes privados, Bienes públicos
Los bienes públicos son aquellos que benefician a toda la colectividad, sin 
que se pueda identificar una persona en particular. Como ejemplo de ello tenemos la 
producción de agua limpia, alcantarillado sanitario, control de vectores, limpieza del 
aire, educación masiva para la salud. 
Los bienes meritorios son aquellos cuyo consumo produce un efecto social 
mayor que el beneficio del individuo que lo consume. Por ejemplo, los servicios de 
planificación familiar, las vacunaciones, el control de las enfermedades de transmisión 
sexual, la educación para el control de los accidentes de tránsito, los servicios de 
emergencia para trauma. 
Los bienes privados Los bienes privados son los que benefician 
exclusivamente a la persona que los consume. La mayoría de los servicios curativos 
que ofrece un sistema de salud, así como los insumos, medicamentos y tecnología, 
caen dentro de la categoría de bienes privados. 
Los bienes públicos y meritorios deben ser financiados por el gobierno, 
porque el sector privado no tiene ningún interés en hacerlo y la sociedad los necesita. 
Los bienes privados pueden ser financiados por el sector privado con mayor 
eficiencia. Sin embargo, incluso este mercado tiene grandes imperfecciones y 
requiere intervención estatal. 
Los pacientes no tienen conocimiento médico como para saber si necesitan 
o no un tratamiento o un medicamento, ni tampoco pueden escoger entre alternativas 
de medios de diagnósticos o de medicamentos. Las decisiones sobre el consumo de 
estos bienes o servicios las decide el médico, no el consumidor final. 
El médico hace de “agente” del consumidor, asesorándolo sobre cuál bien o 
servicio consumir. Pero el médico también “provee” el servicio y vive de ello, por lo 
que hay un conflicto de interés. Hay una relación imperfecta en este mercado y el 
médico puede inducir un consumo innecesario. 
La macroeconomía analiza las variables agregadas, como la producción 
nacional total, la producción, el desempleo, la balanza de pagos, la tasa de inflación y 
los salarios, comprendiendo los problemas relativos al nivel de empleo y al índice de 
producción o renta de un país. 
153
154 
MACROECONOMÍA DE LA SALUD 
La macroeconomía estudia los fenómenos económicos en función de todo 
el sistema; En el caso del sector salud, le interesa conocer los flujos financieros en 
todo el sistema de salud; De aquí se obtienen conclusiones de política, tales como la 
importancia del sector en la economía y quiénes reciben los beneficios de las 
acciones públicas. 
El estudio de la macroeconomía de la salud permite sacar conclusiones 
entre la situación de salud, su financiamiento y el potencial de desarrollo económico 
de un país; la mala salud y una carga financiera excesiva para la población, 
constituye un lastre que obstaculiza el desarrollo económico. 
Mediante la macroeconomía de la salud podemos saber si ésta se 
distribuye equitativamente entre toda la población o si hay grupos menos favorecidos; 
A través del financiamiento público, el Estado tiene el potencial de mejorar la equidad 
y reducir la pobreza, de esta manera, contribuye al desarrollo de la sociedad. 
ACTIVIDADES 
Desarrolla un ensayo en donde señales qué relación existe entre la economía y la 
enfermería 
BIBLIOGRAFÍA 
 Case. Fair. PRINCIPIOS DE MACROECONOMIA. Editorial 
Prentice Hall Hispanoamericana, México, 1997. 
 Dornbusch. Fischer. MACROECONOMIA. 5ta Ed. Madrid: Mc 
Graw Hill Interamericana de España, S.A. 1993. 
 Samuelson. Nordhaus. ECONOMIA. 13a ed. España: Mc Graw 
Hill, 1993. 
 Fischer. Dornbusch. MACROECONOMIA. Editorial Mc Graw Hill, 
sétima edición, 1998. 
 Froyen. MACROECONOMÍA: TEORIAS Y POLITICAS. Quinta 
Edición. Prentice Hall Hispanoamericana, México, 1997. 
 Parkin. MACROECONOMIA. Editorial Addison Wesley, quinta 
edición, México, 1999. 
 Muñoz Onofre, Duran Luis, et. al. Economía de la Salud. 
Seminario Internacional, Ed. SS, México 2003

Antología CIENCIAS SOCIALES.

  • 1.
    MATERIAL DIDACTICO ANTOLOGÍA MODULO DE ECOLOGÍA HUMANA 2012 PROFESORES QUE PARTICIPARON EN LA SELECCIÓN DE LOS MATERIALES GUADALUPE MARCELA TORRES ESCUTIA LUIS ANTONIO REY NOELLER SANDOVAL PROFESORA ENCARGADA DE LA CORRECCIÓN DE ESTILO CRISTINA GODINEZ CONTRERAS ANTOLOGÍA APROBADA EN LA SESIÓN ORDINARIA DEL COMITÉ ACADÉMICO DE LA CARRERA DE ENFERMERÍA EL 31 DE AGOSTO DEL 2011 COMO UN MATERIAL QUE APORTA LAS HERRAMIENTAS QUE FACILITAN Y FORTALECEN EL ESTUDIO DE LAS CIENCIAS SOCIALES EN LAS Y LOS ALUMNOS DE LA LICENCIATURA DE ENFERMERÍA 1
  • 2.
    INDICE INTRODUCCIÓN………………………………………………………………………………….. CONSIDERACIONESGENERALES................................................................................... 1. LAS CIENCIAS SOCIALES………………………………………………………………... 1.2 SOCIOLOGIA……………………………………………………………………………… 1.3 ANTROPOLOGÍA…………………………………………………………………………. 1.4 ECONOMÍA…………………...…………………………………………………............... 1.5 PSICOLOGÍA SOCIAL…………………………………………………………………… 1.6 CIENCIA POLÍTICA……...…………………………………………………................... 1.7 HISTORIA…………………………………………………………………………………. ACTIVIDADES………………………………………………………………………………… BIBLOGRAFÍA………………………………………………………………………………… 2. TEORÍAS SOCIOLÓGICAS……………………………………………………………. 2.1 ANTECEDENTES HISTÓRICOS……………………………………………………… 2.1.1 AGUSTO COMTE……………………………………………………………………... 2.1. 2 EMILIO DURKHEIM…………………………………………………........................ 2.1.3 MAX WEBER………………………………………………………………………….. 2.2 SOCIOLOGÍA MODERNA……….……………………………………………………... 2.2.1 LA TEORÍA DEL INTERCAMBIO: HOMANS, MEAD, GOFFMAN…………….… 2.2.2 LA SOCIOLOGÍA CULTURAL………………..……………………………………… 2.2.3 LA SOCIOLOGÍA CRÍTICA……………….………………………………………..... ACTIVIDADES………………………………………………………………………………. BIBLOGRAFÍA………………………………………………………………………………. 3.1 SOCIEDAD………………………………………………………………………………. 3.1.1 CONCEPTO……………………………………………………………………………. 3.1.2 DINÁMICA………………………………………………………………………………. 3.1.3 ESTRUCTURA………………………………………………………………………….. 3.1.4. CLASES SOCIALES…………………………………………………………………… 3.1.5. ORGANIZACIÓN…………………………………………………………..…………… ACTIVIDADES………………………………………………………………………... ………. BIBLIOGRAFÍA………………………………………………………………………………… 3.2 FAMILIA…………………………………………………………………………………….. ACTIVIDADES………………………………………………………………………................ BIBLIOGRAFÍA…………………………………………………………………………………. 4 EDUCACIÓN…………………………………..………………………………………….. ACTIVIDADES……………………………………………………………………….. ………. BIBLIOGRAFÍA…………………………………………………………………………………. 4.1 ECONOMÍA……...…………………………………………………………………………. ACTIVIDADES………………………………………………………………………………….. BIBLIOGRAFÍA…………………………………………………………………………………. 2 3 9 9 9 11 15 15 17 18 26 27 28 28 28 31 37 38 38 41 83 101 102 103 103 106 107 110 114 121 121 123 148 148 149 150 150 151 154 154
  • 3.
    INTRODUCCIÓN Esta Antologíade Ecología Humana está dirigido a las y los estudiantes de la carrera de enfermería de la Facultad de Estudios Superiores de la Universidad Nacional Autónoma México; la cual intenta ser una herramienta que permita fortalecer el estudio de las Ciencias Sociales. El objetivo específico de la asignatura es analizar los aspectos sociales, históricos, culturales y antropológicos a través de los conceptos y teorías que caracterizan al individuo, familia y comunidad, así como su impacto en la salud; dentro de las competencias profesionales se quiere que los estudiantes logren detectar e interpretar las necesidades sociales de mujeres y hombres desde diferentes enfoques teóricos y su aplicación en el campo de la atención de enfermería, aspectos que serán abordados en esta antología de forma didáctica. El fundamento de la materia es que en ecología humana se analiza a la población adaptada por la cultura y el espacio en donde se observa la organización social y el desarrollo de la tecnología en el medio ambiente, estos aspectos generan inestabilidad y conflicto entre los seres humanos y en ese proceso se manifiesta la adaptación o la enfermedad. En relación a lo anterior, la Organización Mundial de la Salud ha definido a la salud como un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades; esta percepción es importante porque creemos que el ser humano esta involucrado en diversos ámbito, que precisamente están vinculados a un concepto integral y ecológico que se tienen que considerar para lograr un equilibrio y es donde intervienen las diversas disciplinas para comprender el proceso salud-enfermedad en el individuo, como son: espiritual (humanismo), mental (psicología), cultural (antropología), social (sociología), laboral (economía), entre otros. Hemos procurado no poner capítulos completos de libros o artículos extensos porque queremos que este documento sea los más accesible y didáctico para las y los estudiantes que cursan la carrera de enfermería en las 32 horas que dura la teoría puedan comprender las aportaciones que se hace desde las Ciencias Sociales a la Licenciatura de Enfermería. 3
  • 4.
    En este sentidoseñalamos cinco aspectos que se deben de considerar en la lectura del documento: en algunos casos se presentarán breves fragmentos de algunos estudiosos del tema; en otros son breves definiciones que creemos permitirán que las alumnas logren alcanzar una idea clara acerca de cada una de las disciplinas, en otros momentos se observaran algunas aportaciones que realiza en el documento la Maestra Guadalupe Marcela Torres Escutia quien tiene estudios de posgrado en Estudios Políticos y Sociales por la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales en la UNAM, esto con la intensión de lograr una mejor comprensión de los apartados desarrollados y finalmente se plantean una serie de actividades que son importantes que el estudiante desarrolle para reforzar lo que esta leyendo. Es relevante señalar que la Maestra desde hace tiempo ha tenido la gran inquietud de elaborar un documento con estas características pero ha sido hasta estos últimos meses cuando se ha podido concretar este proyecto. Cabe señalar que este documento, como muchos otros, es un documento inacabado y nuestra intensión es ir mejorando la presentación y contenidos año con año. Queremos que este trabajo contribuya a despertar el interés de nuestras estudiantes y los conduzca a consulta otras obras que enriquezcan sus conocimientos para beneficios de la carrera de Enfermería. El documento lo hemos organizado de la siguiente manera: en el primer apartado titulado Las Ciencias Sociales se presentan definiciones sobre diversos conceptos como son: Ciencias Sociales, Sociología Antropología, Lingüística, Economía, Psicología Social, Ciencia Política, Historia y Derecho. En este primer capítulo utilizamos un fragmento de Anthony Giddens quien es un teórico moderno, que en entre sus principales logros se encuentra haber obtenido el Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales en 2002; y de una manera muy sencilla define a la sociología y nos interesa que en un primer momento las estudiantes tengan una idea básica de lo qué es la sociología y cuál es su campo de estudio. Hemos utilizado un fragmento de Richard J. Gelles; Ann Levine, esta aportación es muy interesante porque describe el campo de acción de las principales ciencias sociales como son psicología, antropología, economía, ciencia política y parte de la historia. 4
  • 5.
    También utilizamos unfragmento de Levi-Strauss titulado El análisis estructural, en lingüística que es documento más complejo y que implica que las estudiantes presten más atención y reflexión en la disertación del autor y seleccionamos este trabajo por que nos pareció apropiado que las alumnas conocieran a uno de los teóricos básicos que se deben de leer desde la Antropología. También utilizamos un breve fragmento de libro Introducción a la psicología de Wolff Werner, quien describe las diversas vertientes en las que se divide la psicología, aspecto que creemos permitirá que nuestras estudiantes establezcan un vínculos entre los contenidos que se imparten en las asignaturas de enfermería, salud mental y ciencias sociales. En el apartado correspondiente ha la Ciencia Política rescatamos un fragmento de la obra La política como ciencia de Rosendo Bolivar Meza, este autor describe en forma muy sencilla el objeto de estudio de esta disciplina y permite al estudiante de enfermería tener claridad del lugar que ocupa como un ente organizado en los elementos que conforman al Estado. Hemos creído conveniente colocar en el apartado de historia a Martín Heidegger con un documento que se llama el Concepto del Tiempo que permitirá al estudiante de enfermería reflexionar en términos de la importancia del pasado histórico tanto en la carrera como en la vida cotidiana. Finalmente en este capítulo rescatamos una definición de Efrain Moto Salazar sobre qué es el Derecho, la cual nos parece relevante retomar porque precisamente las estudiantes de enfermería tendrán que conocer y analizar a los largo de la carrera los instrumentos legales que utilizarán en su vida profesional. En el segundo capítulo que lleva por nombre Teorías Sociológicas se inicia con una breve presentación que desarrolla la Maestra Marcela Torres y como parte de los antecedentes se presentan las aportaciones de tres teóricos de la sociología: Agusto Comte, Emilio Durkheim y Max Weber. De Agusto Comte se incluye un fragmento de la obra Sociedad a través de los Clásicos de Alfredo Careño resaltado el concepto de progreso y la Ley de los tres estados para alcanzar la satisfacción del ser humano; Más adelante se presenta una obra de Emilio Durkheim en donde se relaciona el trabajo, la felicidad y la salud; en el caso de Max Weber es analizado por Gina Zabludovsky haciendo énfasis en los tres “tipos ideales” de dominación legitima y reflexionado sobre el poder. 5
  • 6.
    No hemos incluidofragmentos de lectura de Talcott Parsons, en este capitulo porque queremos que las estudiantes investiguen sus aportaciones y realicen una actividad que les permita precisar las características de la corriente Estructural Funcionalista, con miras a resaltar que la sociedad esta en equilibrio y que todos los seres cumplen una acción social en el sistema. En este mismo capítulo la Maestra Marcela Torres desarrolla las principales aportaciones de Homans, Mead y Goffman; los dos primeros dan importantes aportaciones a la teoría del Intercambio, y Goffman sostiene que todos los seres humanos viven una gran obra teatral y que en cada momento se representa un papel. En el apartado de la Sociología Cultural se presenta una obra de Michel Foucault que lleva por nombre El Ojo del Poder, quien reflexiona sobre la arquitectura hospitalaria, las clínicas, los médicos y los espacios de poder; otro autor importante es Louis Althusser quien retoma las teorías marxistas para hacer análisis sobre su realidad en donde resalta la industrialización, el trabajo y su impacto en el proletariado aspectos que permite comprende el proceso de industrialización en el proceso salud-enfermedad de los individuos; Gilberto Gimenéz un importante investigador del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM aborda las Teorías de Pierre Bourdie, resaltando el concepto de Habitus, el campo social y los diversos tipos de capitales con los que cuenta el ser humano En el apartado la Sociología Crítica se presenta a Regina Jimenez-Ottalengo quien describe el surgimiento de esta teoría y sus principales exponentes como son Theodor Adorno, Max Horkheimer y Herbert Marcurse, quienes en la década de los treinta y cuarenta se cuestionaban el imperio de la violencia, la dureza del estalinismo y los holocaustos judíos y japonés; y un poco más tarde, Jurgens Habermas, quien ha ejercido gran influencia con los estudios sobre la comunicación y la cultura, aspectos que impactan de diferente forma a los seres humanos y permitirán que las estudiantes de enfermería desarrollen elementos críticos al realizar sus propios En el apartado tres se presenta un ensayo de la Maestra Guadalupe Marcela Torres Escutia en donde se presentan varios aspectos de la sociedad desde diversos teóricos, así como su estructura, las clases sociales y formas de organización: histórico, institucional y jurídico, en relación a este último se énfasis al Estado Mexicano, esto con la finalidad de que las estudiantes tenga un panorama general de la forma en como se ha organizado la sociedad desde el pasado hasta el día de hoy y 6
  • 7.
    finalmente se recomendaránuna serie de actividades que permitirán a la estudiante de la salud refuerce lo leído en este capítulo. En el apartado concerniente a la Familia se presentarán algunos enfoques que abordan el tema, la Maestra Torres rescata la diversas funciones que tiene la familia según el punto de vista de Cuahutémoc de Anda, también se presenta un breve fragmento de Anthony Giddens quien nos describe a la familia y sus efectos en la globalización y finalmente se presenta un fragmento de Levis Stauss porque queremos que las alumnas de enfermería conozcan las reflexiones que hace un teórico clásico de la antropología al tema del parentesco, finalmente se presenta un apartado de actividades a realizar para fortalecer la comprensión de las lecturas del capítulo y también se amplían las actividades encaminadas a promover el espíritu de investigación por parte de las alumnas al solicitar la indagación del concepto de cultura, tanto popular como tradicional, normas y valores, así mismo se les solicita la búsqueda de los antecedentes de la religión y su influencia en el campo de la salud. En este apartado relacionado a la Educación se aborda el concepto de educación y lo que implica la educación formal e informal, desde un breve fragmento de Jesús Carlos Reza Trosino y se pide la realización de un ensayo para vincular la lectura con las experiencias de vida de las alumnas Finalmente en el apartado asignado a Economía que es desarrollado por la Maestra Torres se presenta la definición del concepto y sus dos principales campos para después vincular a la economía al área de la salud; de tal forma que la alumna de enfermería puedan tener una idea clara de la relación que existe y pueda realizar las actividades didácticas con más facilidad. Como se observa este es el contenido de la antología que hoy presentamos y que esperamos que contribuya a la mejor comprensión de las Ciencias Sociales en la Carrera de Enfermería de la Facultad de Estudios Superiores Zaragoza 7 Marce y Toño
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    9 CONSIDERACIONES GENERALES En este apartado se presentarán definiciones sobre diversos conceptos como son: Ciencias Sociales, Sociología Antropología, Lingüística, Economía, Psicología Social, Ciencia Política, Historia y Derecho; en algunos casos se presentarán breves fragmentos de algunos estudiosos del tema, en otros son breves definiciones que creemos permitirán que el alumno logre alcanzar una idea clara acerca de cada una de las disciplinas y finalmente se plantean una serie de actividades que son importantes que el estudiante desarrolle para reforzar lo que está leyendo. 1. LAS CIENCIAS SOCIALES Guadalupe Marcela Torres Escutia Las Ciencias Sociales son aquellas disciplinas científicas que se encargan de estudiar el comportamiento y las actividades de los seres humanos, entre las cuales se encuentran la Sociología, la Psicología Social, la Historia, la Geografía, la Ciencia Política, la Demografía, la Economía, entre otras. Son consideradas como ciencias porque cada una tiene un objeto de estudio como se podrá observar más adelante. 1.2 SOCIOLOGIA Fragmento de ¿Qué es la sociología? Giddens Antony, “La sociología es el estudio de la vida social humana, de los grupos y sociedades. Es una empresa cautivadora y atrayente, al tener como objeto nuestro propio comportamiento como seres sociales. El ámbito de la sociología es extremadamente amplio y va desde el análisis de los encuentros efímeros entre individuos en la calle hasta la investigación de los procesos globales”1 Giddens Antony, ¿Qué es la sociología? en Sociología, 4ta ed. Ed. Alianza. Madrid 2002. p. 27
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    Fragmento de ¿Quées la sociología? 10 Richard J. Gelles; Ann Levine “La sociología es parte de la familia de las ciencias sociales, que incluye a la psicología, antropología, economía, ciencia política y parte de la historia. Todas las ciencias sociales tienen que ver con el comportamiento humano. Sin embargo, comparten los mismos temas básicos, cada ciencia social se enfoca en diferentes aspectos del comportamiento. Los psicólogos están más interesados en las fuentes internas; los sociólogos en las fuentes externas. Los psicólogos estudian las funciones del sistema nervioso y los efectos de los neurotransmisores, hormonas o la tensión de los individuos. Los sociólogos estudian los trabajos de la sociedad y los efectos que la clase social, roles de género, edad, nuevas tecnologías, cambios de actitud frente a la religión o revoluciones políticas tienen sobre la gente. Los psicólogos se enfocan en la personalidad, la conducta y actitudes que son características de una persona de acuerdo con la situación. Los psicólogos se dirigen a los roles en el comportamiento y actitudes que son características de los individuos en una posición social o situación dada en relación con la personalidad de los individuos. La psicología social, que une ambos campos, estudia el impacto de los grupos y el comportamiento individual y de los individuos en el comportamiento del grupo. Los sociólogos estudian dinámicas, no sólo de grupo, sino también a gran escala, o en organizaciones “formales” en las que individuos particulares tienen relativamente poca influencia. La antropología comparte el interés de la sociología en el impacto de la estructura social y la cultura en el comportamiento; pero los antropólogos estudian sociedades no occidentales, sociedades sin escritura, comunidades locales o grupos pequeños. Los sociólogos, también, estudian comunidades de grupos pequeños, pero también examinan sociedades industriales modernas y organizaciones en gran escala. Los economistas y científicos políticos señalan tiempos particulares de actividad social; los sociólogos estudian la naturaleza de la acción social en sí misma, la manera en que los diferentes tipos de actividades encajan para crear el gran patrón de la sociedad.” 1 1 Richard J. Gelles; Ann Levine, 1¿Qué es la sociología? en Sociología con aplicación en países de habla hispana, 6ta. ed. Ed. Mc. Graw Hill. México. 2000. P. 11-13
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    11 1.3 ANTROPOLOGÍA Guadalupe Marcela Torres Escutia La Antropología es la ciencia social que estudia al ser humano de una forma integral; la Antropología hace uso de herramientas y conocimientos producidos por las ciencias naturales y las ciencias sociales. Lo que intenta esta disciplina es producir conocimiento sobre el ser humano en diversos ámbitos, pero siempre como parte de una sociedad. De tal forma que intenta abarcar tanto la evolución biológica de nuestra especie, el desarrollo y los modos de vida de pueblos que han desaparecido, las estructuras sociales de la actualidad y la diversidad de expresiones culturales y lingüísticas que caracterizan a la humanidad; la antropología se divide en diversas vertientes como son: la Antropología Física, la Antropología Cultural, en la cual se encuentran la Etnología, Etnografía y la lingüística. La Antropología Física estudia las razas, es decir la anatomía y fisiología de los diversos pueblos y su evolución desde la época prehistórica. La Antropología Cultural investiga las diversas etapas de cada civilización; al interior de ella encontramos a la Etnografía y la Etnología; La Etnografía tiene por objeto la descripción histórica de las sociedades tomando en cuenta la alimentación, la división del trabajo, la vestimenta, las leyes, las creencias, etc. La Etnología realiza estudios comparativos y la clasificación analítica de las diversas culturas; es parte de su campo de investigación la división de la humanidad en diversas razas, el origen de los pueblos y naciones, la distribución y característica de cada sociedad, tales como el idioma, la religión, los productos materiales, las artes, los oficios, las formas de organización y las costumbres; esta disciplina intenta descifrar los factores de crecimiento y difusión de cada civilización.
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    12 LA LINGÜíSTICA Fragmento El análisis estructural, en lingüística y en antropología 1 C. LEVI-STRAUSS En el conjunto de las ciencias sociales, del cual indiscutiblemente forma parte, la lingüística ocupa sin embargo un lugar excepcional: no es una ciencia social como las otras, sino la que, con mucho, ha realizado los mayores progresos; sin duda la única que puede reivindicar el nombre de ciencia y que, al mismo tiempo, ha logrado formular un método positivo y conocer la naturaleza de los hechos sometidos a su análisis. Esta situación privilegiada entraña algunas obligaciones: el lingüista verá que, a menudo, investigadores de disciplinas vecinas pero diferentes se inspiran en su ejemplo e intentan seguir su camino. “Nobleza obliga”: una revista de lingüística como Word no puede limitarse a ilustrar tesis y puntos de vista estrictamente lingüísticos, se obliga también a recibir a psicólogos, sociólogos y etnógrafos ansiosos de aprender de la lingüística moderna la ruta que se luce al conocimiento positivo de los hechos sociales. (Como hace ya veinte años escribía Marcel Mauss: “La sociología habría avanzado mucho más por cierto, de haber procedido en todos los casos imitando a los lingüistas”.2 La estrecha analogía de método que existe entre ambas disciplinas les impone un particular deber de colaboración. Después de Schrader 3 es inútil demostrar cuál es la asistencia que la lingüística puede aportar al sociólogo en el estudio de los problemas de parentesco. Son lingüistas y filólogos (Schrader, Rose) 4 quienes han mostrado que la hipótesis de vestigios matrilineales 1 Publicado con igual título en Word, Journal of the Linguistic Circle of New York, vol.1, n°2, ag. 1945, pp. 1-21. 2 “Rapports récls et pratiques ...”, en Sociologic et Anthropologie, París, 1951. 3 O. Schrader, Prehistoric Antiquites of the Aryan Peoples, trad. De F. B. Jevons, Londres, 1890, cap. XII, 4° parte. 4 O. Schrader, loc. cit.; H. J. Rose, “On the Alleged Evidence for Mother-Right in Early Greece”, Folklore, 22, 1911. Sobre este problema, véanse también las obras más recientes de G. Thomson, partidario de la hipótesis de supervivencias matrilineales. www.philosophia.cl / Escuela de Filosofía Universidad ARCIS.
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    en la familiaantigua -hipótesis a la que se aferraban aún entonces tantos sociólogos-era improbable. El lingüista proporciona al sociólogo etimologías que permiten establecer, entre ciertos términos de parentesco, lazos no perceptibles de manera inmediata. Bonfante ilustraba este punto de vista recordando la etimología del nombre del dios en ciertas lenguas romances el griego o£;0C da en italiano, español y portugués El sociólogo inversamente, puede hacer conocer al lingüista costumbres, reglas positivas y prohibiciones que permiten comprender la persistencia de ciertos rasgos del lenguaje o la inestabilidad de términos o de grupos de términos. En el transcurso de una reciente sesión del Círculo Lingüístico de Nueva York, Julien zio y tío: Bonfante añadía que en ciertas regiones de Italia, el tío se llama barba, la “barba” el “divino” tío ¡Cuántas sugestiones aportan estos términos al sociólogo! Vienen a la memoria de inmediato las investigaciones del deplorado Hocart sobre el carácter religioso de la relación avuncular y el robo del sacrificio por los parientes maternos 5. Sea cual fuere la interpretación que convenga dar a los hechos recogidos por Hocart (la suya no es, por cierto, enteramen- te satisfactoria), es indudable que el lingüista colabora en la solución del problema al revelar, en el vocabulario contemporáneo, la persistencia tenaz de relaciones desaparecidas. Al mismo tiempo, el sociólogo explica al lingüista las razones de su etimología y confirma su validez. Hace menos tiempo encarando el problema como lingüista, Paul K.Benediet ha podido hacer una contribución importante a la sociología familiar de los sistemas de parentesco del Asia del Sur 6. Al proceder de esta manera, no obstante, lingüistas y sociólogos siguen adelante independientemente por sus respectivas vías. Sin duda hacen un alto de tanto en tanto con el fin de comunicarse ciertos resultados, pero éstos provienen de itinerarios diferentes, y no se hace ningún esfuerzo por conseguir que un grupo aproveche los progresos técnicos y metodológicos alcanzados por el otro. Esta actitud podía explicarse en una época en que la investigación lingüística se apoyaba sobre todo en el análisis histórico. Con respecto a la investigación etnológica tal como se practicaba durante ese mismo período, la diferencia no era de naturaleza sino más bien de grado. 5 A. M. Hocart, “Chieftainship and the sister's son in the Pacific”. Amer. Anthrop., n. s., vol. 17, 1915; “The Uterine Nephew”, Man, 23, 1923, n° 4; “The Cousin in Vedic Ritual”, Indian Anticuary, vol. 54, 1925, etc. 13
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    Los lingüistas teníanun método más riguroso; sus resultados estaban mejor establecidos; los sociólogos podían inspirarse en su ejemplo “renunciando a tomar como base de sus clasificaciones la consideración en el espacio de las especies actuales” 7. Pero, después de todo, la antropología y la sociología sólo esperaban lecciones de la lingüística; nada permitía adivinar una revelación 8. El nacimiento de la fonología ha trastornado violentamente esta situación. Ella no solamente ha renovado las perspectivas lingüísticas: una transformación de esta magnitud no se limita a una disciplina particular. La fonología no puede dejar de cumplir, respecto de las ciencias sociales, el mismo papel que la física nuclear, por ejemplo, ha desempeñado para el conjunto de las ciencias exactas. En qué consiste esta revolución, cuando tratamos de analizarla en sus consecuencias más generales? N. Trubetzkoy, el ilustre maestro de la fonología, nos proporcionará la respuesta a esta pregunta. En un artículo-programa9, Trubetzkoy reduce en suma el método fonológico a cuatro pasos fundamentales: en primer lugar, la fonología pasa del estudio de los fenómenos lingüísticos “conscientes” al de su estructura “inconsciente” 6 P. K. Benedict, “Tibetan and Chinese Kinship Terms”, Harvard Jnl. o Asialtic Studies,6,, 1942; “Studies in Thai Kinship Terminology”, Jnl. of th Amer. Oriental Society, 63, 1943. 7 Blunschvieg, Le progres de la conscience dans la philosophic accidentale, II, París, 1927, p. 562. 8 Entre 1900 y 1920, los fundadores de la lingüística moderna, Ferdinand de Saussure y Antoine Meillet, se colocan decididamente bajo el patrocinio de los sociólogos. Sólo después de 1920, Marcel Mauss comienza, como dicen los economistas, a invertir la tendencia. 9 Trubetzkoy, “La phonologie actuelle”, en Psychologie du la langage Paris, 1933 [trad. esp. en: Psicología del lenguaje, Buenos Aires, Ed. Paidós, 1952 cap. III, pp. 145-160 (N. de R). 14
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    15 1.4. ECONOMÍA Guadalupe Marcela Torres Escutia La Economía es la ciencia social que se encarga de estudiar la producción, distribución, consumo e intercambio de bienes y servicios; su objeto de estudio esta dirigido a estudiar la correcta distribución de los recursos escasos para satisfacer las necesidades del ser humano. Esto quiere decir que analiza la relación entre los recursos de los que se dispone, que se presentan de carácter limitado y las necesidades, que son de carácter ilimitado, aunque jerarquizadas. La economía aborda temas como son: los precios de los bienes, los factores productivos como el trabajo, el capital, la tierra, como se asignan los recursos; el comportamiento de los mercados financieros, la intervención del Estado en la sociedad y en el mercado entre otros. Algunos Economistas importantes son: Adam Smith, David Ricardo, Karl Marx, John Maynard Keynes, Ludwig von Mises, Milton Friedman, Friedrich Hayek, Léon Walras, Alfred Marshall 1.5 PSICOLOGÍA SOCIAL La Psicología Social explica la influencia del medio ambiente en la conducta humana; estudia los sentimientos las emociones, las actitudes y hábitos del ser humano en conjunto; además de las conductas colectivas en los fenómenos sociales. Fragmento Introducción a la psicología Wolff Werner Los autores más modernos no han intentado aún una definición. Existen varias razones para tal dificultad, razones que comprendemos mejor después de un estudio general de los problemas y métodos de la psicología y del distinto modo de abordarlos en psicología y en ciencias naturales. En realidad, todas las actividades humanas pueden justificar la investigación psicológica, pero hay ciertos puntos que emergen del cúmulo de fenómenos:
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    La psicología biológicatrata de las funciones del sistema nervioso, las glándulas, los órganos de los sentidos y las reacciones psicológicas. La psicología de la personalidad, de los rasgos caracterológicos y su configuración de los métodos de diagnóstico de la personalidad y de las teorías sobre la estructura y desarrollo de la misma. La psicología diferencial, de las diferencias entre las acciones y reacciones de un individuo comparado con otro, utilizando frecuentemente pruebas para medir el grado de estas diferencias. La psicología anormal, de los fenómenos psicológicos marcadamente desviados de la media. Abarca el estudio de las pequeñas inadaptaciones, neurosis, enfermedades mentales, delincuencia, hipnosis, sugestión, sueños, visiones, ideas de los pueblos primitivos, manifestaciones del inconsciente en la vida cotidiana y en el arte, percepción extrasensorial, métodos psicoterapéuticos y psicoanálisis. La psicología social, de los fenómenos psicológicos de la interacción social, de los grupos normales y neuróticos, de la conducta social, de la psicología del liderismo, de la psicología de la moral y de la propaganda, de la de las razas y naciones, de la psicología de las actividades sociales, estereotipias, prejuicios y opinión pública. La psicología del niño, de la edad preescolar, escolar y preadolescencia, con sus fenómenos de crecimiento, el desarrollo, las condiciones ambientales (hogar, escuela, comunidad), las características emocionales específicas, la imaginación, los procesos del pensamiento, el lenguaje, las relaciones sociales, el desarrollo sexual, etc. La psicología comparada, preponderantemente de la conducta de los animales comparándolas con las del ser humano. La psicología aplicada, de los problemas industriales, los vocacionales y los educativos, de la psicología del personal, del anuncio y de los problemas de la vida diaria. Todos los aspectos en cada uno de estos campos de la psicología se tratan 16 extensamente con muchas subdivisiones.
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    17 1.6 CIENCIAPOLÍTICA Fragmento La política como ciencia Rosendo Bolívar Meza Toda Ciencia tiene su propio objeto de estudio. En este caso, el objeto de estudio de la ciencia política son los hechos políticos, y como éstos son siempre un producto humano, podría hablarse con mayor propiedad de actos políticos. La política es ciencia porque tiene un método científico que conduce al conocimiento objetivo de los hechos políticos. No trata de valor o legitimar ciertas formas de organización política, sino también de describir la realidad social que las rodea. La política es una ciencia por ser una disciplina autónoma e independiente, con una estructura sistemática y teórica propia. Uno de los factores que más ha contribuido a esto es la aceptación e interacción de los métodos científicos dentro de la disciplina. La autonomía de la ciencia política se refiere a una reflexión particular sobre la política. Tiene el Status científico porque ha alcanzado un nivel especializado sobre lo político, con un objeto de conocimiento autónomo respecto de otras disciplinas sociales como la historia, la sociología, la antropología o la propia filosofía. El status científico se refiere al espacio o la investigación de los diferentes aspectos de la realidad política con una metodología propia.( 6) 6 Antonio Carro Martínez, Introducción a la ciencia política, Madrid. Instituto de Estudios Políticos, 1957, pp.257 y 263; David Easton, “Ciencia política” en Lecturas de sociología y ciencia política, México, UNAM, 1980, pp. 27; así como César Cansino Ortiz, “La ciencia política Hoy: nuevos desarrollos, problemas teóricos y desafíos”, en Estudios Políticos, núm. 9, México Facultad de Ciencias Políticas y Sociales-UNAM, cuarta época, octubre-diciembre de 1995, p.72 7 Enrique Suárez-Iñiguez, “La ciencia política academia mexicana” en Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales, núm. 147, México, Facultad de Ciencias Políticas y Sociales- UNAM, enero-marzo de 1992, p.213
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    A lo largodel tiempo han variado las definiciones sobre la ciencia política y su objeto de estudio. Algunas de las más importantes la han caracterizado como el análisis de: Las condiciones para ser más virtuosos y mejores ciudadanos; El monopolio del 18 uso de la violencia física legítima. De acuerdo con Arnaldo Córdova,(8) la expresión “ciencia política es relativamente reciente. Aparece y se difunde como tal en Alemania y Francia ya avanzada la segunda mitad del siglo XIX; después se usa en Italia e Inglaterra y posteriormente en los Estados Unidos y el resto del mundo. Durante mucho tiempo su significado fue fundamentalmente restringido, como conocimiento especial de ciertos fenómenos políticos y del Estado. Sólo después de la Segunda Guerra Mundial se utilizó el concepto de ciencia política como ciencia del Estado y de la vida política en general. 8. Arnaldo Córdova, “Consideraciones en torno al método de la ciencia política”, en Arnaldo Córdova et. Al., Ciencia política, democracia y elecciones, México. Facultad de Ciencias Políticas y Sociales-UNAM, 1989, p.23. Guadalupe Marcela Torres Escutia La Geografía es la disciplina que se encarga de la descripción de la tierra desde el punto de vista del suelo, el clima, etc. 1.7 HISTORIA Guadalupe Marcela Torres Escutia La Historia se encarga de estudiar diversos aspectos como son: el desarrollo de las sociedades a través del tiempo, la forma cómo los seres humanos han resuelto sus problemas y limitaciones, las ideas que mujeres y hombres han llevado a la práctica para organizarse en sociedad, y cómo han transformado el medio ambiente para aprovechar las experiencias y aplicarlas al presente.
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    Fragmentos de laobra EL CONCEPTO DE TIEMPO 19 Martin Heidegger “Hagamos ante todo una referencia provisional al tiempo que encontramos en la vida cotidiana, al tiempo de la naturaleza y al tiempo del mundo. El interés por la cuestión de qué es el tiempo se ha despertado nuevamente en la actualidad por el desarrollo de la investigación física, concretamente en su reflexión sobre los principios fundamentales acerca de lo que ella tiene que comprender y definir a este respecto: la medición de la naturaleza en el marco de un sistema de relaciones espacio-temporales. El estado actual de esta investigación está recogido en la teoría de la relatividad de Einstein. Veamos entonces algunas proposiciones de la misma: el espacio no es nada en sí mismo; no existe ningún espacio absoluto. Sólo existe a través de los cuerpos y de las energías contenidos en él. Coincidiendo con una antigua afirmación aristotélica, tampoco el tiempo es nada en sí. Sólo existe como consecuencia de los acontecimientos que tienen lugar en el mismo. No hay un tiempo absoluto, ni una simultaneidad absoluta. Más allá de lo destructivo de esta teoría, fácilmente pasa desapercibido el aspecto positivo que demuestra la equivalencia de aquellas ecuaciones que describen los procesos naturales en cualquier transformación”. “…El tiempo es aquello en lo que se producen acontecimientos. Esto ya lo vio Aristóteles en relación con el modo fundamental de ser de las cosas naturales: el cambio, el cambio de posición, el movimiento: epei oun ou kínesis, anágken tes kinéseos ti einai autón. Puesto que el tiempo no es un movimiento, tendrá que ser algo relacionado con el movimiento. Ante todo encontramos e tiempo en los entes mutables; el cambio se produce en el tiempo. ¿Como qué se nos presenta el tiempo en esta forma de encontrarnos con él, quizá como el “en-qué” donde las cosas cambian? ¿Se muestra aquí el tiempo como él mismo, en lo que él es? ¿Puede una explicación del tiempo como la que está en juego garantizar que él muestre los fenómenos fundamentales que lo determinan en su propio ser? ¿O bien en la búsqueda de los fundamentos de los fenómenos nos veremos remitidos a otra cosa?
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    ¿Cómo se lemuestra el tiempo al físico? La aprehensión que determina el tiempo tiene el carácter de una medición. La medición indica el “cuánto-tiempo” y el “cuando”, el “desde-cuándo-hasta-cuándo”. Un reloj indica el tiempo. Un reloj es un sistema físico en el que se repite constantemente la misma secuencia temporal, con la condición de que este sistema físico no esté sujeto a cambio por ningún influjo externo. La repetición es cíclica. Cada período tiene la misma duración temporal. El reloj ofrece una duración idéntica que se repite constantemente, una duración a la que uno siempre puede recurrir. La distribución de esta duración es arbitraria. El reloj mide el tiempo en la medida en que la extensión de la duración de un acontecimiento se compara con las secuencias idénticas del reloj y, a partir de ahí, es determinada en su cantidad numérica Incluso en el presente del ocuparse con las cosas, el ser-ahí es el tiempo completo, de tal manera que no se deshace del futuro. El futuro es ahora aquello de lo que está pendiente el cuidado, no es el futuro propio del haber sido, sino aquel que el presente mismo se configura como el suyo, pues el haber sido, en tanto que futuro propio, nunca puede hacerse presente. Si fuera presente, entonces sería la nada. El futuro del que está pendiente el cuidado es tal forma el presente. y el ser-ahí , disipándose en el ahora del mundo presente, no está dispuesto a admitir que se ha deslizado del futuro propio, y esto es así hasta el punto de que él afirma que ha aprehendido el futuro en la preocupación por el desarrollo de la humanidad y la cultura, etcétera.”. “El ser-ahí, en cuanto el presente del procurarse, se mantiene en aquello de lo que se ocupa. Cansado de llenar el día, se harta del “qué”. Pronto al ser-ahí se le hace largo el tiempo, a ese ser-ahí descrito como ser-presente, que nunca tiene tiempo. El tiempo se vuelve vacío porque de antemano el ser-ahí ha hecho largo el tiempo en la pregunta por el cuánto. En cambio, el constante volver en la anticipación al haber sido nunca provoca aburrimiento. El ser-ahí desearía que cosas constantemente nuevas le salieran al paso en su presente. A tenor de la cotidianidad el acontecer del mundo se produce en el tiempo, en el presente. El mundo cotidiano vive pendiente del reloj, es decir, el cuidado vuelve incesantemente sobre el ahora; dice: de ahora hasta entonces, hasta el siguiente ahora. 20
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    El ser-ahí, determinadocomo un ser con otros, significa a la vez: estar guiado por la interpretación dominante que el ser-ahí ofrece de sí mismo, por aquello que se opina, por la moda, por las corrientes, por lo que sucede: por lo que corrientemente no es nadie, por la moda, o sea, por nadie. En la cotidianidad el ser-ahí no es el ser que yo soy; más bien, la cotidianidad del ser-ahí es aquel ser que uno es. Y de acuerdo con ello el ser-ahí es el tiempo en el que se está con los otros: el tiempo del “uno”. El reloj que uno tiene, cualquier reloj, muestra el tiempo del ser-uno-con-otros-en- 21 el-mundo. En la investigación histórica encontramos fenómenos relevantes, aunque todavía sigan sin clarificar por completo, como el hecho de las generaciones y de la conexión entre ellas, que guarda relación con tales fenómenos. El reloj nos muestra el ahora, pero jamás reloj alguno muestra el futuro o ha mostrado el pasado. Toda medición del tiempo comporta reducir el tiempo a “cuanto”. Si determino con el reloj el momento en el que ocurrirá un evento futuro, entonces no me refiero el verdad al futuro, sino que determino el “cuanto” del esperar ahora hasta el ahora indicado. El tiempo que un reloj hace accesible es visto como presente. Si se intenta deducir qué es el tiempo a partir del tiempo de la naturaleza, entonces el ahora (nun) es la medida (métron) de pasado y futuro. De esta manera, el tiempo ya es interpretado como presente, el pasado es interpretado como ya-no-más-presente y el futuro como un indeterminado todavía-no-presente: el pasado es irreversible, el futuro indeterminado. De ahí que la cotidianidad hable de sí misma como algo en lo que la naturaleza sale constantemente al encuentro. El hecho de que los acontecimientos se produzcan en el tiempo no significa que tengan tiempo: significa más bien que ellos, produciéndose y estando ahí, nos salen al encuentro como si transcurrieran a través de un presente. Este tiempo del presente es explicitado como un decurso que constantemente pasa por el ahora; secuencia acerca de la cual se afirma que su dirección es única e irreversible. Todo lo acontecido se desliza desde un futuro sin fin hacia un pasado irreversible.
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    Dos son lascaracterísticas de esta interpretación: 1) la irreversibilidad; 2) la 22 homogeneización en puntos del ahora. La irreversibilidad comprende en sí aquello que esta explicación todavía acierta a retener del tiempo propio. Eso es lo que queda del futuro en cuanto fenómeno fundamental del tiempo como ser-ahí. Este modo de considerar las cosas aparta la vista del futuro y se concentra en el presente, y a partir de él la consideración del tiempo que fluye sigue hacia el pasado. La definición del tiempo según su irreversibilidad se fundamenta en el hecho de que el tiempo ha sido invertido previamente. La homogeneización es una asimilación del tiempo al espacio, a la presencia por antonomasia; es la tendencia a repeler de sí todo tiempo llevándolo a un presente. El tiempo queda completamente matematizado en términos de la coordenada t junto a las coordenadas espaciales x, y, z. El tiempo es irreversible. Esta irreversibilidad es el único factor por el que el tiempo se anuncia todavía, por el que se resiste a una matematización definitiva. Antes y después no son necesariamente más temprano y más tarde, no son modos de la temporalidad. En la secuencia aritmética, por ejemplo, el 3 se da antes que el 4, el 8 después del 7. Sin embargo, no por ello es el 3 temporalmente anterior al 4. Los números no se dan más temprano o más tarde, porque ni siquiera están en el tiempo. Más temprano y más tarde son un antes y un después totalmente determinados. Una vez que se define el tiempo como tiempo del reloj, desaparece toda esperanza de alcanzar jamás su sentido originario. Pero el hecho de que el tiempo se defina primera y mayormente así, radica en el propio ser-ahí. El carácter respectivo es constitutivo del mismo. El ser-ahí es el mío en su propiedad sólo en cuanto posible. Nos encontramos al ser-ahí mayormente en la cotidianidad. Ahora bien, la cotidianidad sólo puede entenderse como la temporalidad determinada que huye del futuro genuino, si se confronta con el tiempo propio del ser futuro del haber sido. Lo que el ser-ahí dice del tiempo, lo dice desde la cotidianidad. El ser-ahí, anclado en su presente, dice: el pasado es lo que fue, es irrecuperable. Éste es el pasado del presente de la vida cotidiana, que se demora en
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    el presente desus trajines. Por ello el ser-ahí, como presente así determinado, no ve lo pasado. La consideración de la historia que crece en el presente, sólo ve en ella un trajín irrecuperable: lo que pasó. La consideración de lo que pasó es inagotable. Se pierde en la materia. Porque esa historia y temporalidad del presente no logra penetrar en lo que es el pasado, éste tiene solamente otro presente. El carácter de pasado permanece cerrado a un presente mientras éste, que en el fondo es el ser-ahí, no es él mismo histórico. Pero el ser-ahí es en sí mismo histórico en tanto es su posibilidad. En su ser futuro el ser-ahí es su pasado; vuelve a él a el “cómo”. La manera de tal volver es, entre otras cosas, la conciencia. Sólo el “cómo” puede reiterarse. El pasado, experimentado como historicidad propia, es todo menos lo que se fue. Más bien, es algo a lo que puedo volver una y otra vez. La generación actual cree estar en la historia, cree incluso estar sobrecargada de historia. Y se lamenta del historicismo, que es lucus a non lucendo (bosque sin luz). Pero se da el nombre de historia a algo que no lo es en absoluto. Dado que todo se disuelve en historia, dicen los hombres del presente, hay que conquistar de nuevo lo suprahistórico. Por si fuera poco que el actual ser-ahí se ha perdido en la pseudo-historia presente, tiene que utilizar además el último resto de su temporalidad (es decir, del ser-ahí) para apartarse por completo del tiempo, del ser-ahí. Y en este camino fantástico hacia lo suprahistórico se pretende encontrar una concepción del mundo. (Ahí está lo inhóspito que constituye el tiempo presente.) La interpretación ordinaria del ser-ahí nos amenaza con el peligro del relativismo. Sin embargo, la angustia ante el relativismo es la angustia ante el ser-ahí. El pasado como historia propia se puede repetir en el “cómo”. La posibilidad de acceder a la historia se funda en la posibilidad según la cual un presente sabe en cada caso ser futuro. Este es el primer principio de toda hermenéutica. Es un principio que dice algo sobre el ser del ser-ahí, que es la historicidad misma. La filosofía nunca averiguará qué es la historia mientras la desmembre como un objeto analizado a través del método. El enigma de la historia reside en lo que significa ser histórico. 23
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    Resumiendo podríamos decir:el tiempo es equiparable al ser-ahí. El ser-ahí es lo respectivamente mío, que puede presentar la modalidad del respectivo ser futuro en la anticipación del seguro, pero indeterminado haber sido. El ser-ahí siempre se encuentra en un modo de su posible ser temporal. El ser-ahí es el tiempo, el tiempo es temporal. El ser-ahí no es el tiempo, sino la temporalidad. Por ello, la afirmación fundamental de que el tiempo es temporal es la definición más propia, sin constituir ninguna tautología, pues el ser de la temporalidad significa una realidad desigual. El ser-ahí es su haber sido, es su posibilidad en el encaminarse a este pasado. En ese encaminarse soy propiamente el tiempo, tengo tiempo. En tanto el tiempo es en cada caso mío, existen muchos tiempos. El tiempo carece de sentido; el tiempo es temporal. Si el tiempo se comprende en la forma expuesta, entonces se esclarece debidamente aquella afirmación tradicional sobre el tiempo que dice: el tiempo es el genuino principium individuationis. Esto se entiende generalmente como una sucesión irreversible, como tiempo del presente y tiempo de la naturaleza. ¿Pero hasta qué punto es el tiempo, en cuanto propio, el principio de individuación, o sea, aquello a partir de lo cual el ser-ahí está en lo respectivamente suyo? El ser-ahí, que vive en el modo del término medio, se hace él mismo en el ser futuro de la anticipación. En dicha anticipación el ser-ahí se manifiesta como la única vez en su destino único en la posibilidad de un pasado peculiarmente suyo. Esta individuación tiene la peculiaridad de que no permite alcanzar una individuación como formación fantástica de existencias excepcionales; derriba todo dárselas de algo. Individualiza de tal manera que nivela a todos. En relación con la muerte cada uno es conducido al “cómo” que cada cual puede ser en igual medida, a una posibilidad respecto de la cual nadie goza de preeminencia, al “cómo” en el que todo “qué” se pulveriza. Para terminar intentemos volver a la historicidad y la posibilidad. Aristóteles solía resaltar en sus escritos que lo más importante es la recta “paideia”, la seguridad originaria en una cosa, la que nace de la familiaridad con la cosa misma, la seguridad del manejo adecuado de la cosa. Para corresponder al carácter ontológico del tema aquí tratado, tenemos que hablar temporalmente del tiempo. Queremos repetir temporalmente la cuestión de qué es el tiempo. El tiempo es el “cómo”. Si seguimos indagando qué es el tiempo, hemos de evitar quedar prendidos prematuramente de 24
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    una respuesta (alestilo: el tiempo es esto o aquello), lo cual implicaría siempre un “qué”. No miremos la respuesta, sino repitamos la pregunta. ¿Qué sucedió con la pregunta? Se ha transformado. La cuestión de ¿Qué es el tiempo?, se ha convertido en la pregunta: ¿Quién es el tiempo? Más en concreto: ¿Somos nosotros mismos el tiempo? Y con mayor precisión todavía: ¿Soy yo mi tiempo? Esta formulación es la que más se acerca a él. Y si comprendo debidamente la pregunta, con ello todo adquiere un todo de seriedad. Por tanto, ese tipo de pregunta es la forma adecuada de acceso al tiempo y de comportamiento con él, con el tiempo como el que es en cada caso el mío. Desde un enfoque así planteado, el ser-ahí sería el blanco del preguntar.” 25 Fragmento Elementos de Derecho Efraín Moto Salazar ETIMOLOGÍA DE LA PALABRA DERECHO.-La palabra derecho viene de “directum”, vocablo latino que en su sentido figurado, significa lo que está conforme a la regla, a la ley; es decir, lo que no desvía a un lado ni otro, lo que es recto. En las diversas lenguas modernas, germánicas y latinas, se usa indistintamente la palabra derecho y la palabra recto, para significar el Derecho. Así en inglés, se dice righ, en alemán, recht; en holandés, reght; en francés droit; en italiano dirito; en rumano; dreptu, etc. SUS DOS SENTIDOS FUNDAMENTALES.-La palabra derecho se usa en dos sentidos. Significa; una facultad reconocida al individuo por la ley para llevar a cabo determinados actos, o un conjunto de leyes, o normas jurídicas, aplicables a la conducta social de los individuos. En el primer caso hemos dado a la palabra un sentido fundamental. Cuando decimos, por ejemplo, que una persona tiene un derecho de propiedad sobre un bien, estamos afirmando que el propietario tiene la facultad o poder (el derecho) de usar y disponer el dicho para su propio provecho con exclusión de los demás, y que esta facultad le está protegida y reconocida por la ley. Lo mismo ocurre cuando hablamos de la patria protestad o del derecho de
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    arrendamiento, o dehipoteca, etc.; en estos últimos casos, el titular del derecho, es decir, la persona que está en posesión del mismo, tiene la facultad de ejercer el poder sobre el menor (patria protestad), o usar el bien (arrendamiento), o hacer suyo el bien hipotecado, en caso de que la obligación garantizada con dicho bien no se cumpla (derecho hipotecario), etc. La ley reconoce y protege dichos derechos a quien es titular de ellos. El Derecho en su segunda acepción, significa el conjunto de reglas o disposiciones que rigen la conducta de los hombres en sus relaciones sociales. Por tanto, al conjunto de normas jurídicas, vigentes en un lugar y época determinada, se le llama el Derecho, según la época o lugar, se agrega a la palabra un calificativo; por ejemplo: El Derecho Mexicano, El Derecho Francés, El Derecho Romano, El Derecho de la Edad Media o Medieval. ACTIVIDADES 1.- Investigue cuál es el objeto de estudio de la enfermería 2.-Elabore un esquema resaltando el objeto de estudio de las ramas de las 26 ciencias y la sociología 3.- Desarrolle un cuadro donde señale en forma esquemática las semejanzas y las diferencias de las diversas disciplinas incluyendo a la enfermería. 4.-Elabore un ensayo a manera de conclusión en donde resalte la importancia de las Ciencias Sociales y su aplicación en las Ciencias de la Salud.
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    BIBLOGRAFÍA  BolívarMeza, Rosendo, La política como ciencia en Revista de Ciencia 27 Política  Sexta é poca, septiembre-diciembre, 2001 No.28, p. 52-53  Giddens Antony, ¿Qué es la sociología? En Sociología 4ta ed. Ed. Alianza. Madrid 2002. p. 27  Heidegger Martin El concepto de tiempo Conferencia pronunciada ante la Sociedad Teológica de Marburgo, julio de 1924 Traducción y notas de Raúl Gabás Pallás y Jesús Adrián Escudero. Editorial Trotta S.A. Madrid, 1999.  Levi-strauss, C. El análisis estructural, en lingüística y en antropología  Moto Salazar, Efraín, Elementos de Derecho. Ed. Porrúa, México 1966. P 9-10  -Richard J. Gelles; Ann Levine ¿Qué es la sociología? en Sociología con  aplicación en países de habla hispana, 6ta. ed. Ed. Mc. Graw Hill. México. 2000.  P. 11-13  Wolff, Werner, Introducción a la psicología, 26 ed. Ed. FCE, México 2005, p. 328-329
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    28 2. TEORÍASSOCIOLÓGICAS Guadalupe Marcela Torres Escutia En las Teorías Sociológicas se utilizan varias técnicas de investigación para analizar e interpretar, esto implica hacer uso de diversas perspectivas teóricas para poder documentar significados e influencias culturales que motivan la aparición de diversas tendencias de comportamiento en los seres humanos especialmente cuando se encuentra en convivencia social. Son muchos los teóricos que han aportado importantes reflexiones como son: de Henri de Saint-Simon, Auguste Comte, Karl Marx, Herbert Spencer, Émile Durkheim, George Simmel, Ferdinand Tönnies, Vilfredo Pareto, Max Weber, Talcott Parsons, Alfred Schütz, entre otros Entre los sociólogos más destacados del siglo XX han sido Robert K. Merton, Erving Goffman, Peter Blau, Herbert Marcuse, Wright Mills, Pierre Bourdieu o Niklas Luhmann; en la actualidad, los análisis y estudios más innovadores de los comportamientos sociales corren a cargo de autores como George Ritzer, Anthony Giddens, Zygmunt Bauman, Ulrich Beck, Alain Touraine, Manuel Castells, entre otros. Existen teorías como: el Interaccionismo Simbólico, la Fenomenología, el Funcionalismo, el Estructuralismo, la de Sistemas, las de Opresión y Subordinación, las de Poder, las de Conflicto, etc. 2.1 ANTECEDENTES HISTÓRICOS 2.1.1 AGUSTO COMTE Fragmento de la Obra la Sociedad a través de los Clásicos Alfredo Andrade Carreño El progreso, el objetivo último de la sociedad humana, es considerado por Comte, como una creciente especialización de funciones y una tendencia hacia la adaptación y perfeccionamiento de los órganos. El resultado en que se mide ese progreso es el perfeccionamiento de la condición y naturaleza humana, es decir,
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    “hacer prevalecer lainteligencia y la sociabilidad, facultad solidarias que distingue la naturaleza humana de la animalidad” 10 El orden es la garantía del progreso y ambos, a su vez, están garantizados, por la distribución de funciones. El Estado es la forma intermediaria de asociación entre la ciudad y el desarrollo pleno del gran ser. La organización política, el gobierno establece las relaciones sociales permanentes que requiere el progres. Sin gobierno es imposible la existencia de la sociedad, pues su ausencia consumiría a la sociedad en la anarquía. 29 La Ley de los tres estados El progreso, el objetivo de la sociedad, se rige por la ley de los tres estados según la cual tanto los individuos como todas las formas de asociación atraviesan por tres estados de evolución intelectual. El teológico, el metafísico y el positivo. El primer estado, el teológico, correspondiente a “la infancia” de la humanidad, se caracteriza por la pretensión de explicar la realidad a partir de la identificación de las causas mediante la atribución de la influencia de agentes sobrenaturales en el fetichismo, el politeísmo y el monoteísmo. Esta primera etapa se constituye en una etapa provisional y preparatoria cuyo principal significado es el de desplegar la inteligencia humana, aunque de manera, aunque de manera asistemática y dispersa, a consecuencia de la dominación que ejerce la imaginación sobre los sentidos. A este estado le sucede, el metafísico, como una etapa exclusivamente transitoria en la que la explicación de la naturaleza, el origen y destino de todas las cosas es efectuado por la atribución a “entidades o abstracciones personificadas”. Las especulaciones filosóficas aquí desarrolladas someten a una crítica radical a las construcciones del estado teológico, mediante la interacción de la imaginación y la observación, aunque esta última continúa predominando. Su importancia radica en que mediante la crítica con la que descompone el sistema teológico prepara el camino para el desarrollo del espíritu científico. Sin embargo, por su carácter critico y negativo resulta incapaz de constituir algo propio, por lo que constituye una etapa retardatoria. 10 Comte. A. Discurso sobre…op. Cit. 78
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    El tercer estado,el positivo científico, es el último de esta cadena evolutiva. Se caracteriza por que en él la inteligencia abandona la pretensión de buscar explicaciones absolutas y sobre la esencia de los fenómenos naturales. Se preocupan, en cambio, por conocimientos accesibles que derivan de las necesidades reales. En este estado. Las investigaciones descansan en la observación y se admite como única regla fundamental la subordinación de toda especulación a los hechos observados. Sólo así es posible descubrir las leyes naturales, universales e inmutables que rigen el comportamiento de los fenómenos. Gracias al descubrimiento de las leyes naturales que permiten el espíritu positivo es posible proveer los fenómenos naturales y, mediante la guía inteligente de la acción humana, contribuir al progreso de la sociedad y al bienestar colectivo. En la ley de los tres estados Comte plantea una teoría de la evolución de la sociedad en la que se considera que los cambios al nivel del intelecto los que determinan el surgimiento, desarrollo y decadencia de las instituciones sociales y, con ello, el cambio de la sociedad. Paralelo a esta evolución intelectual se produce una evolución social: el estado teológico produjo la familia o sociedad primaria, la ciudad el desarrollo de la propiedad, la concepción de patria, la supresión del sistema de castas la moral y la solidaridad humanas; por tanto las bases de la organización social. Sin embargo, la pretensión del estado teológico por fundar la iglesia antes que la vida cívica imposibilita un desarrollo más ordenado. El estado metafísico, por su parte, gracias a la crítica teológica que le caracteriza hizo posible la revolución occidental, sentó las condiciones para el desarrollo científico, la industria moderna y el arte; separó la iglesia y el estado desarrollando a este último sobre la base de la decadencia de la corporación eclesiástica; contribuyó a la participación de las mujeres, de los civilistas y las contribuciones negativas de los metafísicos. El estado positivo con las contribuciones científicas de Condocet, De Maistre, Lamarck, Bichat, Broussals, Cabants, Gall, entreo otros posibilitó los descubrimientos de las leyes formuladas en su sociología. Así el avance hacia formas de interpretación de los fenómenos naturales desde una actitud más sistemática y concentrada en los problemas reales y la 30
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    aceptación de sóloaquellos razonamientos fundados en la experiencia, con los rasgos del espíritu positivo. Para Comte el desarrollo del espíritu positivo es acompañado a su vez, por tres estados de desarrollo del sentimiento o la emoción, como base de la moralidad, para alcanzar la satisfacción de la naturaleza social del hombre. El altruismo en la sociedad antigua era doméstico para ejercerse hacia la familia; en la Edad Media colectivo dirigido al estado; en el período positivista es universal por dirigirse a la especie. Así mismo la sociedad, según su forma de gobierno pasa de sur una “teocracia” a una “sociocracia”, en la cual los poderes espiritual y temporal se encuentran separados y adecuadamente coordinados 31 2.1.2 EMILIO DURKHEIM Fragmento del libro La División Del Trabajo Social Emilio Durkheim Los Progresos de la División del Trabajo y los de la Felicidad Según los economistas, la división del trabajo tiene como causa la necesidad de aumentar nuestro bienestar. Esto supone que de hecho vamos siendo más felices. Nada menos cierto. En cada momento de la historia, la felicidad que somos capaces de disfrutar es limitada. Si la división del trabajo no tuviera otras causas, pronto se hubiera detenido, una vez alcanzado el límite de la felicidad. Este límite retrocede, es cierto, a medida que el hombre se transforma. Pero esas transformaciones, suponiendo que nos hagan más felices, no se han producido en vista de ese resultado, pues, durante mucho tiempo, son dolorosas y no tienen compensación. ¿Producen, además, ese resultado? La felicidad es el estado de salud; ahora bien, la salud no aumenta a medida que las especies se elevan. Comparación entre el salvaje y el civilizado. Satisfacción del primero. Multiplicación de los suicidios con la civilización; qué prueba esto. Consecuencias importantes desde el punto de vista del método en sociología..
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    ¿Procederá el progresodel hastío que ocasionan los placeres que se han hecho habituales? No confundir la variedad, que es un elemento esencial del placer, con la novedad, que es secundario. Carácter patológico de la necesidad de novedad, cuando es muy viva. CAPITULO II LAS CAUSAS Los progresos de la división del trabajo tienen las siguientes causas: La progresiva desaparición del tipo segmentario, es decir, el aumento de la densidad moral de la sociedad, simbolizado por el aumento de la densidad material; principales formas de esta última; el aumento de volumen de las sociedades, siempre que vaya acompañado de un aumento de densidad. La Teoría de Spencer, según la cual el aumento de volumen no actuará sino multiplicando las diferencias individuales. Refutación. El aumento de volumen y de densidad determina mecánicamente los progresos de la división del trabajo, reforzando la intensidad de la lucha por la vida. Cómo se forma la necesidad de productos más abundantes y de mejor calidad; es un resultado de la causa que necesita la especialización, no la causa de esta última. La división del trabajo no se produce, pues, más que dentro de sociedades constituidas. Error de los que hacen de la división del trabajo y de la cooperación el hecho fundamental de la vida social. Aplicación de esta proposición a la división internacional del trabajo. Casos de mutualismo. CAPITULO III LOS FACTORES SECUNDARIOS INDETERMINACION PROGRESIVA DE LA CONCIENCIA COLECTIVA La división del trabajo no puede progresar como no aumente la variabilidad individual, y ésta no aumenta como la conciencia común no retroceda. La realidad de este retroceso ha sido comprobada. ¿Cuáles son sus causas? Como el medio social se extiende, la conciencia colectiva se aleja cada vez más de las cosas concretas y, por consiguiente, se hace más abstracta. Hechos que 32
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    apoyan esto: transcendenciade la idea de Dios; carácter más racional del derecho, de la moral, de la civilización en general. Esta indeterminación deja cada vez mayor lugar a la variabilidad individual II. La desaparición progresiva del tipo segmentario, desligando al individuo de su medio natal, lo sustrae a la acción de los antepasados y disminuye así la autoridad de la tradición. I. A consecuencia de la progresiva desaparición del tipo segmentario, la sociedad, rodeando de menos cerca al individuo, no puede contener con tanta facilidad las tendencias divergentes. IV. Por qué el órgano social no puede, desde ese punto de vista, desempeñar la 33 función del segmento. CAPITULO IV LOS FACTORES SECUNDARIOS (continuación) LA HERENCIA La herencia es un obstáculo a los progresos de la división del trabajo; hechos que demuestran cómo deviene un factor menor de la distribución de las funciones. ¿De dónde procede esto? La herencia pierde su imperio porque se constituyen maneras de actividad cada vez más importantes que no son hereditariamente transmisibles. Pruebas: I.a no se forman razas nuevas; 2.a, la herencia no transmite bien más que aptitudes generales y simples; ahora bien, las actividades se hacen más complejas al hacerse más especiales. El legado hereditario se hace también un factor menor de nuestro desenvolvimiento porque es preciso añadirle algo más. El legado hereditario se hace más indeterminado. Pruebas: 1ª. El instinto retrocede de las especies animales inferiores a las especies más elevadas, del animal al nombre. Hay, pues, motivo para creer que el retroceso continúa en el reino humano. Así lo prueban los progresos ininterrumpidos de la inteligencia, la cual varía en razón inversa al instinto; 2.a, no sólo no se forman razas nuevas, sino que van desapareciendo razas antiguas; 3.a, investigaciones de Galton. Lo que se transmite de modo regular es el tipo medio. Ahora bien, el tipo medio se hace cada vez más indeterminado, a consecuencia del desenvolvimiento de las diferencias individuales.
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    CAPITULO V CONSECUENCIASDE LO QUE PRECEDE Carácter más flexible de la división del trabajo social, comparada con la división del trabajo fisiológico. La causa está en que la función se hace más independiente del órgano. En qué sentido esta independencia es una señal de superioridad. La teoría mecanicista de la división del trabajo implica que la civilización es producto de causas necesarias, y no un fin que por sí mismo atrae la actividad. Pero, aun siendo un efecto, deviene un fin, un ideal. De qué manera. No hay siquiera razón para suponer que este ideal adquiera nunca una forma inmutable, que el progreso tenga un término. Discusión de la teoría contraria de Spencer. El aumento del volumen y de la densidad, al cambiar las sociedades, cambia también a los individuos. El hombre está más libre del organismo; por consecuencia, la vida psíquica se desenvuelve. Bajo la influencia de las mismas causas, la personalidad individual se desliga de la personalidad colectiva. Puesto que esas transformaciones dependen de causas sociales, la psicofisiología no puede explicar más que las formas inferiores de nuestra vida psíquica. Es la sociedad la que en gran parte explica al individuo. Importancia de esta proposición desde el punto de vista del método. LIBRO TERCERO LAS FORMAS ANORMALES CAPITULO PRIMERO LA DIVISION DEL TRABAJO ANOMICO Formas anormales en las que la división del trabajo no produce la solidaridad. 34 Necesidad de estudiarlas. Casos anormales en la vida económica; crisis industriales más frecuentes a medida que el trabajo se divide; antagonismo del trabajo y del capital. De igual
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    manera, la unidadde la ciencia se pierde a medida que el trabajo científico se especializa. Teoría según la cual esos efectos serían inherentes a la división del trabajo. Según Comte, el remedio consiste en un gran desenvolvimiento del órgano de gobierno y en la institución de una filosofía de las ciencias. Impotencia del órgano de gobierno para regular los detalles de la vida económica; impotencia de la filosofía de las ciencias para asegurar la unidad de la ciencia. Si, en todos los casos, las funciones no concurren, es que sus relaciones no están reguladas; la división del trabajo es anómica. Necesidad de una reglamentación. Cómo, normalmente, deriva de la división del trabajo. Cómo falta en los ejemplos citados. Esta anomia procede de que los órganos solidarios no están en contacto suficiente o suficientemente prolongado. Ese contacto es el estado normal. La división del trabajo, cuando es normal, no encierra, pues, al individuo en una tarea determinada, impidiéndole ver nada fuera de ella. CAPITULO II LA DIVISIÓN COACTIVA DEL TRABAJO La guerra de clases. Procede de que el individuo no se halla en armonía con su función, porque ésta le ha sido impuesta por la fuerza. Qué es lo que constituye la coacción: toda especie de desigualdad en las condiciones exteriores de la lucha. Es verdad que no existe sociedad en la que esas desigualdades no se encuentren. Pero disminuyen cada vez más. La sustitución de la solidaridad mecánica por la solidaridad orgánica, hace esta disminución necesaria. Otra razón que hace necesario ese progreso en el camino de la igualdad. La solidaridad contractual deviene un factor cada vez más importante del consensus social. Ahora bien, el contrato no liga de una manera verdadera como los valores cambiados no sean realmente equivalentes, y, para que así ocurra, es preciso que los que cambian sean colocados en condiciones exteriores iguales. Razones que hacen esas injusticias más intolerables a medida que la solidaridad orgánica deviene 35
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    preponderante. De hecho,el derecho contractual y la moral contractual se hacen cada día más exigentes desde ese punto de vista. La verdadera libertad individual no consiste, pues, en la supresión de toda reglamentación, sino que es el producto de una reglamentación, porque esta igualdad no emana de la naturaleza. Esta obra de justicia es la tarea que se impone a las sociedades superiores; no pueden mantenerse sin esta condición. CAPITULO III OTRA FORMA ANORMAL Casos en los que la división del trabajo no produce la solidaridad porque la actividad funcional de cada trabajador es insuficiente. Cómo la solidaridad orgánica aumenta con la actividad funcional en los organismos, —en la sociedad. De hecho, la actividad funcional aumenta al mismo tiempo que la división del trabajo, si es normal. Motivo secundario que hace que ésta produzca la solidaridad. CONCLUSION Solución del problema práctico planteado al comienzo. La regla que nos manda realizar los rasgos del tipo colectivo tiene por función asegurar la cohesión social; por otra parte, es moral y no puede cumplir su función sino por tener un carácter moral. Ahora bien, la regla que nos exige especializarnos tiene la misma función; tiene igualmente, pues, un valor moral. Otra forma de demostrar esta proposición. Conjetura sobre el carácter esencial de la moralidad que se induce de las clasificaciones precedentes. La moral es el conjunto de las condiciones de la solidaridad social. La división del trabajo presenta ese criterio. La división del trabajo no disminuye la personalidad individual: ¿Por qué ha de ser conforme a la lógica de nuestra naturaleza el desenvolvernos superficialmente y no en el sentido de la profundidad? Es más, la personalidad individual no progresa sino bajo la influencia de las causas que determinan la división del trabajo. El ideal de la fraternidad humana no puede realizarse como la división del trabajo no progrese al mismo tiempo. Hállase, pues, ligada a toda nuestra vida moral 36
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    III. Pero ladivisión del trabajo no da origen a la solidaridad como no produzca, al mismo tiempo, un derecho y una moral. Error de los economistas en este punto. Carácter de esta moral: más humana, menos transcendente. Más justicia. Consideraciones sobre la crisis actual de la moral. 37 2.1.3 MAX WEBER Fragmento de la obra Sociedad a través de los Clásicos Gina Zabludovsky En sus escritos políticos, Weber insiste constantemente en la necesidad de abordar sin ilusiones las realidades del mundo moderno y nos presenta una colección “cruda” del poder que descansa fundamentalmente en la fuerza. A diferencia de Durheim que considera que el Estado es primordialmente una institución moral, Weber lo concibe como aquél que tiene la capacidad de reivindicar por medio de la fuerza, una área territorial concreta mediante el monopolio de la coerción física ejercida legítimamente (Giddens, p. 53). El poder debe entenderse como la probabilidad de que una persona o un número de personas realicen su propia voluntad en una acción comunal e incluso contra la resistencia de otros”. En este sentido, Weber diferencia entre el poder y dominación. Esta última depende de la “probabilidad de encontrar obediencia en un mandató” y, consecuentemente tiene que ver con la legitimidad de un orden social: toda dominación implica el ejercicio del poder pero no a la inversa. De acuerdo con esta definición y con base en su metodología especifica Weber distingue tres “tipos ideales” de dominación legítima que no se dan en la realidad en forma pura pero que constituyen construcciones útiles para que el sociólogo pueda estudiar la diversidad histórica. Se trata de las formas clásicas de dominio que son una de las herencias más importante de Weber al pensamiento socio-político y que a continuación describimos brevemente:
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    Dominación racional: descansaen la creencia de la legalidad de ordenaciones estatuidas. Es ejercida por una autoridad legal-burocrática Dominación tradicional: su sustento es la creencia cotidiana en la santidad de las tradiciones que rigen desde tiempo lejanos. A su vez ésta autoridad se subdivide en feudal (desarrollo de Occidente) y patrimonial (desarrollo del Oriente). 3 Autoridad carismática: se obedece en razón de una entrega extraordinaria en la santidad, heroísmo o ejemplaridad de una persona y a las ordenaciones que ella crea o revela. Weber Observa que hay un proceso imposible de frenar que tiene a concentrar el poder en unas cuantas manos y a separar el ejercicio del poder de aquellos que trabajan para él –los burócratas. Se trata de un desarrollo similar a lo que ocurre cuando el proletariado deja de ser propietario de los medios de producción y los científicos de los instrumentos de investigación. 3 Sobre dominación patrimonial en la obra de Max Weber consulte mis textos, así titulados publicados por la Facultad de Ciencias Políticas en 1983, 1986 Obras de Max Weber: Sobre la teoría de las ciencias sociales, Historia económica general, La ética protestante y el espíritu del capitalismo, la sociología de la religión, Economía y Sociedad, El político y el científico, Escritos políticos, Ensayos sobre metodología sociológica 38 2.2 SOCIOLOGÍA MODERNA 2.2.2 LA TEORÍA DEL INTERCAMBIO: HOMANS, MEAD, GOFFMAN Guadalupe Marcela Torres Escutia George Homans y Peter Blau intentan poner a los individuos en el primer plano de la sociología, en su obra tienen por objetivo: desarrollar una teoría de las formas elementales de la vida social. Para Homans, la conducta social es un intercambio de actividad, tangible o intangible, más o menos gratificante o costosa entre al menos dos personas:
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    Las Proposiciones deHomans son seis y consisten en: Proposición I: del éxito Cuanto más recompensada sea la acción de una persona, tanto más probable es que esta lleve a cabo esa acción Proposición II: del estímulo Si un estímulo/s ha ocasionado en el pasado que la acción de una persona fuera recompensada, entonces cuanto más semejantes sean los actuales estímulos a los pasados, más probable es que tal persona realice ahora esa acción u otra semejante. Implica la generalización (del estímulo) es decir, la tendencia a ampliar la 39 conducta a circunstancias similares. Y la discriminación (distinguir): actor distingue si actuar en circunstancias específicas eficaces en el pasado Proposición III: del valor Cuanto más valioso sea el resultado de una acción para una persona, más probable es que realice esa acción. El castigo es un medio ineficaz para conseguir que las personas cambien su conducta pues las personas pueden reaccionar de maneras indeseadas/inesperadas al castigo. Homans prefiere no recompensar la conducta indeseada (castigo negativo). Es preferible la recompensa, la clave: su administración inmediata Proposición IV: de la privación saciedad Cuanto más de cantidad de una recompensa recientemente, menos valiosa le resultará. Solemos saciarnos si recibimos una recompensa durante largos periodos de tiempo. Dos conceptos aclaratorios: Coste: (de toda conducta) se define como las recompensas que se pierden cuando se realizan líneas alternativas de acción. Beneficio: la proporción en la que las recompensas superan a los costes en los que se incurre. Proposición V: de la agresión – aprobación de la agresión – aprobación Versión A: Si una persona no recibe por su actividad la recompensa que esperaba o recibe un castigo que no esperaba, sentirá indignación y al sentirse indignada, los efectos de una conducta agresiva le servirán de recompensa. Versión B: Cuando la acción de una persona recibe la recompensa que espera, especialmente una recompensa mayor que la esperada, o no recibe el castigo
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    previsto, se sentirácomplacida; lo más probable es que realice la conducta aprobada, y los resultados de esa conducta se convierten en más valiosos para ella. Proposición VI: de la racionalidad Los actores maximizan la utilidad de su conducta: Al optar entre alternativas de acción, una persona elige aquella para la que sea mayor el producto del valor V, del resultado, multiplicado por la probabilidad, p, de obtenerlo. 40 A= (v*p) George H. Mead George H. Mead nace el 27 de febrero de 1863 y muere el 26 de abril de 1931, es considerado filósofo pragmático, sociólogo y psicólogo social estadounidense. Nació en South Hadley, Massachusetts. Cursó estudios en varias universidades de Estados Unidos y Europa e impartió clases en la Universidad de Chicago desde 1894 hasta su muerte. Con influencias de la teoría evolutiva y la naturaleza social de la experiencia y de la conducta, recalcó la emersión del yo y de la mente dentro del orden social y en el marco del simbolismo lingüístico que usan las personas para comunicarse (interaccionismo simbólico). A partir de realizar una crítica al conductismo de J. B. Watson denominó su propia corriente como conductismo social. Pensaba que el yo surge por un proceso social en el que el organismo se cohíbe. Esta timidez es el resultado de la interacción del organismo con su ambiente, incluyendo la comunicación con otros organismos. El gesto verbal es el mecanismo a través del cual se verifica esta evolución. Pero para él también la mente es un producto social. La mente, o la inteligencia, es un instrumento desarrollado por el individuo para "hacer posible la solución racional de los problemas". Mead hizo por ello hincapié en la aplicación del método científico en la acción y reforma social. Durante su vida sólo publicó artículos. Sus libros fueron editados póstumamente a partir de manuscritos y de los apuntes de sus alumnos. Sus principales obras son La filosofía del presente (1932), Mente, yo y sociedad desde el punto de vista de un conductista social (1934) y La filosofía del acto (1938).
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    Erving Goffman Esconsiderado el padre de la microsociología, porque estudió las unidades mínimas de interacción entre las personas, centrándose siempre en grupos reducidos, Goffman es uno de los más importantes sociólogos del siglo XX. El interés de este teórico de interaccionismo simbólico era estudiar la influencia de los significados y los símbolos sobre la acción y la interacción humana. Trató de profundizar en los procesos micro-sociales de interacción. En su obra utiliza la metáfora teatral, para denominar el comportamiento de las personas en una realidad determinada. Considera a las personas con un enfoque de actores dramaturgos, y definir así las actuaciones de los individuos en sus interacciones. Crea así una distinción básica en la interacción de los individuos, entre la escena y la trasescena en el escenario existen todas las interacciones que la gente hace delante de los demás, mientras que la parte trasera domina toda las que se mantienen ocultas o se guardan. En Estigma, Goffman trabaja a partir de las interacciones en un grupo en el que se encuentra un sujeto "estigmatizado" (social o históricamente). El peligro de ruptura de la interacción es mitigado, o incluso eliminado, mediante una serie de recursos e informaciones. 41 2.2.3 La Sociología Cultural El ojo del poder Michel Foucault “El ojo del poder”, Entrevista con Michel Foucault, en Bentham, Jeremías: “El Panóptico”,Ed. La Piqueta, Barcelona, 1980. Traducción de Julia Varela y Fernando Alvarez - Uría. Jean-Pierre Barou: El Panóptico de Jeremías Bentham es una obra editada a finales del siglo XVIII que ha permanecido desconocida. Sin embargo, tú has escrito una serie de frases sobre ella tan sorprendentes como éstas: “Un acontecimiento en la historia del espíritu humano”, “Una especie de huevo de Colón en el campo de la
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    política”. Por loque se refiere a su autor, el jurista inglés Jeremías Bentham, lo has presentado como el “Fourier de una sociedad policial”.(1) Para nosotros es un misterio. Pero, explícanos, cómo has descubierto El Panóptico. Michel Foucault: Estudiando los orígenes de la medicina clínica; había pensado hacer un estudio sobre la arquitectura hospitalaria de la segunda mitad del siglo XVIII, en la época en la que se desarrolla el gran movimiento de reforma de las instituciones médicas. Quería saber cómo se había institucionalizado la mirada médica; cómo se había inscrito realmente en el espacio social; cómo la nueva forma hospitalaria era a la vez el efecto y el soporte de un nuevo tipo de mirada. Y examinando los diferentes proyectos arquitectónicos posteriores al segundo incendio del Hotel-Dieu en 1972 me di cuenta hasta qué punto el problema de la total visibilidad de los cuerpos, de los individuos, de las cosas, bajo una mirada centralizada, había sido uno de los principios básicos más constantes. En el caso de los hospitales este problema presentaba una dificultad suplementaria: era necesario evitar los contactos, los contagios, la proximidad y los amontonamientos, asegurando al mismo tiempo la aireación y la circulación del aire; se trataba a la vez de dividir el espacio y de dejarlo abierto, de asegurar una vigilancia que fuese global e individualizante al mismo tiempo, separando cuidadosamente a los individuos que debían ser vigilados. Había pensado durante mucho tiempo que estos eran problemas propios de la medicina del siglo XVIII y de sus concepciones teóricas. Después, estudiando los problemas de la penalidad, he visto que todos los grandes proyectos de remozamiento de las prisiones (que dicho sea de paso aparecen un poco más tarde, en la primera mitad del siglo XIX), retornaban al mismo tema, pero ahora refiriéndose casi siempre a Bentham. Casi no existían textos ni proyectos acerca de las prisiones en los que no se encontrase el “invento” de Bentham, es decir, el “panóptico”. El principio era: en la periferia un edificio circular; en el centro una torre; ésta aparece atravesada por amplias ventanas que se abren sobre la cara interior del círculo. El edificio periférico está dividido en celdas, cada una de las cuales ocupa todo el espesor del edificio. Estas celdas tienen dos ventanas: una abierta hacia el 42
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    interior que secorresponde con las ventanas de la torre; y otra hacia el exterior que deja pasar la luz de un lado al otro de la celda. Basta pues situar un vigilante en la torre central y encerrar en cada celda un loco, un enfermo, un condenado, un obrero o un alumno. Mediante el efecto de contra-luz se pueden captar desde la torre las siluetas prisioneras en las celdas de la periferia proyectadas y recortadas en la luz. En suma, se invierte el principio de la mazmorra. La plena luz y la mirada de un vigilante captan mejor que la sombra que en último término cumplía una función protectora. Sorprende constatar que mucho antes que Bentham esta preocupación existía ya. Parece que uno de los primeros modelos de esta visibilidad aislante había sido puesto en práctica en la Escuela militar de París en 1755 en lo referente a los dormitorios. Cada uno de los alumnos debía disponer de una celda con cristalera a través de la cual podía ser visto toda la noche sin tener ningún contacto con sus condiscípulos, ni siquiera con los criados. Existía además un mecanismo muy complicado con el único fin de que el peluquero pudiese peinar a cada uno de los pensionistas sin tocarlo físicamente: la cabeza del alumno pasaba a través de un tragaluz, quedando el cuerpo del otro lado de un tabique de cristales que permitía ver todo lo que ocurría. Bentham ha contado que fue su hermano el que visitando la Escuela militar tuvo la idea del panóptico. El tema de todas formas estaba presente. Las realizaciones de Claude-Nicolas Ledoux, concretamente la salina que construye en Arc-et-Senans, se dirigen al mismo efecto de visibilidad, pero con un elemento suplementario: que exista un punto central que sea el lugar del ejercicio y, al mismo tiempo, el lugar de registro del saber. De todos modos si bien la idea del panóptico es anterior a Bentham, será él quien realmente la formule, y la bautice. El mismo nombre de “panóptico” parece fundamental. Designa un principio global. Bentham no ha pues simplemente imaginado una figura arquitectónica destinada a resolver un problema concreto, como el de la prisión, la escuela o el hospital. Proclama una verdadera invención que él mismo denomina “huevo de Colón”. Y, en efecto, lo que buscaban los médicos, los industriales, los educadores y los penalistas, Bentham se lo facilita: ha encontrado una tecnología de poder específica para resolver los problemas de vigilancia. Conviene destacar una cosa importante: Bentham ha pensado y dicho que su procedimiento óptico era la gran innovación para ejercer bien y fácilmente el poder. De hecho, dicha innovación ha sido ampliamente utilizada desde finales del siglo XVIII. Sin embargo los procedimientos de poder puestos en práctica en las 43
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    sociedades modernas sonmucho más numerosos, diversos y ricos. Sería falso decir que el principio de visibilidad dirige toda la tecnología de poder desde el siglo XIX. Michelle Perrot: ¡Pasando por la arquitectura! ¿Qué pensar por otra parte de la arquitectura como modo de organización política? Porque en último término todo es espacial, no solo mentalmente, sino materialmente en este pensamiento del siglo XVIII. Foucault: Desde finales del siglo XVIII la arquitectura comienza a estar ligada a los problemas de población, de salud, de urbanismo. Antes, el arte de construir respondía sobre todo a la necesidad de manifestar el poder, la divinidad, la fuerza. El palacio y la iglesia constituían las grandes formas a las que hay que añadir las plazas fuertes: se manifestaba el poderío, se manifestaba el soberano, se manifestaba Dios. La arquitectura se ha desarrollado durante mucho tiempo alrededor de estas exigencias. Pero, a finales del siglo XVIII, aparecen nuevos problemas: se trata de servirse de la organización del espacio para fines económico-políticos. Surge una arquitectura específica. Philippe Aries ha escrito cosas que me parecen importantes sobre el hecho de que la casa, hasta el siglo XVIII, es un espacio indiferenciado. En este espacio hay habitaciones en las que se duerme, se come, se recibe..., en fin poco importa. Después, poco a poco, el espacio se especifica y se hace funcional. Un ejemplo es el de la construcción de las ciudades obreras en los años 1830-1870. Se fijará a la familia obrera; se le va a prescribir un tipo de moralidad asignándole un espacio de vida con una habitación que es el lugar de la cocina y del comedor, otra habitación para los padres, que es el lugar de la procreación, y la habitación de los hijos. Algunas veces, en el mejor de los casos, habrá una habitación para las niñas y otra para los niños. Podría escribirse toda una “historia de los espacios” -que sería al mismo tiempo una “historia de los poderes”- que comprendería desde las grandes estrategias de la geopolítica hasta las pequeñas tácticas del habitat, de la arquitectura institucional, de la sala de clase o de la organización hospitalaria, pasando por las implantaciones económico-políticas. Sorprende ver cuánto tiempo ha hecho falta para que el problema de los espacios aparezca como un problema histórico-político, ya que o bien el espacio se reenviaba a la “naturaleza” -a lo dado, a las determinaciones primeras, a la “geografía física”- es decir a una especie de capa “prehistórica”, o bien se lo concebía como lugar de residencia o de expansión de un pueblo, de una cultura, de una lengua, o de un Estado. En suma, se lo analizaba o bien como suelo, o bien como aire; lo que 44
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    importaba era elsustrato o las fronteras. Han sido necesarios Marc Bloch y Fernand Braudel para que se desarrolle una historia de los espacios rurales o de los espacios marítimos. Es preciso continuarla sin decirse simplemente que el espacio predetermina una historia que a su vez lo remodela y se sedimenta en él. El anclaje espacial es una forma económico-política que hay que estudiar en detalle. Entre todas las razones que han inducido durante tanto tiempo a una cierta negligencia respecto a los espacios, citaré solamente una que concierne al discurso de los filósofos. En el momento en el que comenzaba a desarrollarse una política reflexiva de los espacios (finales del siglo XVIII), las nuevas adquisiciones de la física teórica y experimental desalojaron a la filosofía de su viejo derecho de hablar del mundo, del cosmos, del espacio finito e infinito. Esta doble ocupación del espacio por una tecnología política y por una práctica científica ha circunscrito la filosofía a una problemática del tiempo. Desde Kant, lo que el filósofo tiene que pensar es el tiempo - Hegel, Bergson, Heidegger-, con una descalificación correlativa del espacio que aparece del lado del entendimiento, de lo analítico, de lo conceptual, de lo muerto, de lo fijo, de lo inerte. Recuerdo haber hablado, hace una docena de años de estos problemas de una política de los espacios, y se me respondió que era bien reaccionario insistir tanto sobre el espacio, que el tiempo, el proyecto, era la vida y el progreso. Conviene decir que este reproche venía de un psicólogo -verdad y vergüenza de la filosofía del siglo XIX-. M. P.: De paso, me parece que la noción de sexualidad es muy importante tal como señaló Ud. a propósito de la vigilancia en el caso de los militares; de nuevo aparece este problema con la familia obrera; es sin duda fundamental. Foucault: Totalmente de acuerdo. En estos temas de vigilancia, y en particular de la vigilancia escolar, los controles de la sexualidad se inscriben en la arquitectura. En el caso de la Escuela militar las paredes hablan de la lucha contra la homosexualidad y la masturbación. M. P.: Siguiendo con la arquitectura, ¿no le parece que individuos como los médicos, cuya participación social es considerable a finales del siglo XVIII, han desempeñado de algún modo un papel de organizadores del espacio? La higiene social nace entonces; en nombre de la limpieza, la salud, se controlan los lugares que ocupan unos y otros. Y los médicos, con el renacimiento de la medicina hipocrática, se sitúan ente los más sensibilizados al problema del entorno, del lugar, de la 45
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    temperatura, datos queencontramos en la encuesta de Howard sobre las prisiones.(2) Foucault: Los médicos eran entonces en cierta medida especialistas del espacio. Planteaban cuatro problemas fundamentales: el de los emplazamientos (climas regionales, naturaleza de los suelos, humedad y sequedad: bajo el nombre de “constitución”, estudiaban la combinación de los determinantes locales y de las variaciones de estación que favorecen en un momento dado un determinado tipo de enfermedad); el de las coexistencias (ya sea de los hombres entre sí: densidad y proximidad; ya sea de los hombres y las cosas: aguas, alcantarillado, ventilación; ya sea de los hombres entre sí: densidad y proximidad; ya sea de los hombres y los animales: mataderos, establos; ya sea de los hombres y los muertos: cementerios); el de las residencias (habitat, urbanismo); el de los desplazamientos (emigración de los hombres, propagación de las enfermedades). Los médicos han sido con los militares, los primeros gestores del espacio colectivo. Pero los militares pensaban sobre todo el espacio de las “campañas” (y por lo tanto el de los “pasos”) y el de las fortalezas. Los médicos han pensado sobre todo el espacio de las residencias y el de las ciudades. No recuerdo quién ha buscado en Montesquieu y en Augusto Comte las grandes etapas del pensamiento sociológico. Es ser bien ignorante. El saber sociológico se forma más bien en prácticas tales como las de los médicos. Guepin ha escrito en los mismos comienzos del siglo XIX un maravilloso análisis de la ciudad de Nantes. De hecho, si la intervención de los médicos ha sido tan capital en esta época, se debe a que estaba exigida por todo un conjunto de problemas políticos y económicos nuevos: la importancia de los hechos de población. M. P.: Es chocante además la gran cantidad de personas que se ven concernidas por la reflexión de Bentham. En distintos sitios dice haber resuelto los problemas de disciplina planteados por un gran número de individuos a cargo de unos pocos. Foucault: Al igual que sus contemporáneos Bentham se encuentra con el problema de la acumulación de hombres. Pero mientras que los economistas planteaban el problema en términos de riqueza (población-riqueza ya que mano de obra, fuente de actividad económica, consumo; y población-pobreza ya que excedente u ociosa), Bentham plantea la cuestión en términos de poder: la población como blanco de las relaciones de dominación. Se puede decir, creo, que los mecanismos de poder, que intervenían incluso en una monarquía administrativa tan 46
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    desarrollada como lafrancesa, dejaban aparecer huecos bastante amplios: sistema lacunar, aleatorio, global, que no entra en detalles, que se ejerce sobre grupos solidarios o practica el método del ejemplo (como puede verse claramente en el sistema fiscal o en la justicia criminal); el poder tenía pues una débil capacidad de “resolución” como se diría en términos de fotografía, no era capaz de practicar un análisis individualizante y exhaustivo del cuerpo social. Ahora bien, las mutaciones económicas del siglo XVIII han hecho necesaria una circulación de los efectos de poder a través de canales cada vez más finos, hasta alcanzar a los propios individuos, su cuerpo, sus gestos, cada una de sus habilidades cotidianas. Que el poder, incluso teniendo que dirigir a una multiplicidad de hombres, sea tan eficaz como si se ejerciese sobre uno solo. M. P.: Los crecimientos demográficos del siglo XVIII han contribuido sin duda al 47 desarrollo de un poder semejante. J.-P. B.: ¿No es sorprendente entonces saber que la Revolución francesa a través de personas como La Fayette, ha acogido favorablemente el proyecto del panóptico? Se sabe que Bentham, como premio a sus desvelos, ha sido hecho “Ciudadano francés” en 1791. Foucault: Yo diría que Bentham es el complemento de Rousseau. ¿Cuál es, en efecto, el sueño rousseauniano que ha animado a tantos revolucionarios?: el de una sociedad transparente, visible y legible a la vez en cada una de sus partes; que no existan zonas oscuras, zonas ordenadas por los privilegios del poder real o por las prerrogativas de tal o tal cuerpo, o incluso por el desorden; que cada uno, desde el lugar que ocupa, pueda ver el conjunto de la sociedad; que los corazones se comuniquen unos con otros, que las miradas no encuentren ya obstáculos, que la opinión reine, la de cada uno sobre cada uno. Starobinski ha escrito páginas muy interesantes respecto a este tema en La Transparencia y el obstáculo y en La invención de la libertad. Bentham es a la vez esto y todo lo contrario. Plantea el problema de la visibilidad, pero pensando en una visibilidad totalmente organizada alrededor de una mirada dominadora y vigilante. Hace funcionar el proyecto de una visibilidad universal, que actuaría en provecho de un poder riguroso y meticuloso. Así, sobre el gran tema rousseauniano -que es en alguna medida el lirismo de la Revolución- se articula la idea técnica del ejercicio de un poder “omnicontemplativo” que es la
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    obsesión de Bentham.Los dos se unen y el todo funciona: el lirismo de Rousseau y la obsesión de Bentham. M. P.: Hay una frase en el Panóptico: “Cada camarada se convierte en un 48 vigilante”. Foucault: Rousseau habría dicho justamente lo inverso: que cada vigilante sea un camarada. Véase El Emilio: el preceptor de Emilio es un vigilante, es necesario que sea también un camarada. J.-P. B.: La Revolución francesa no sólo no hace una lectura próxima a la que hacemos ahora sino que incluso encuentra en el proyecto de Bentham miras humanitarias. Foucault: Justamente, cuando la Revolución se pregunta por una nueva justicia el resorte para ella será la opinión. Su problema, de nuevo, no ha sido hacer que las gentes fuesen castigadas; sino hacer que ni siquiera puedan actuar mal en la medida en que se sentirían sumergidas, inmersas, en un campo de visi-bilidad total en el cual la opinión de los otros, la mi-rada de los otros, el discurso de los otros, les impidan obrar mal o hacer lo que es nocivo. Esto está presente constantemente en los textos de la Revolución. M. P.: El contexto inmediato ha jugado también su papel en la adopción del panóptico por la Revolución: en este momento el problema de las cárceles está a la orden del día. A partir de 1770 tanto en Inglaterra como en Francia existe una fuerte inquietud respecto a este tema como puede constatarse a través de la encuesta de Howard sobre las prisiones traducida al francés en 1788. Hospitales y cárceles son dos grandes temas de discusión en los salones parisinos, en los círculos ilustrados. Se ha convertido en algo escandaloso el que las prisiones sean lo que son: una escuela del vicio y del crimen; y lugares tan desprovistos de higiene que en ellos se muere uno. Los médicos comienzan a decir cómo se deteriora el cuerpo, cómo se dilapida en semejantes sitios. Llegada la Revolución francesa, emprende a su vez una encuesta de alcance europeo. Un tal Duquesnoy es el encargado de hacer un informe sobre los establecimientos llamados “de humanidad”, vocablo que comprende hospitales y prisiones. Foucault: Un miedo obsesivo ha recorrido la segunda mitad del siglo XVIII: el espacio oscuro, la pantalla de oscuridad que impide la entera visibilidad de las cosas, las gentes, las verdades. Disolver los fragmentos de noche que se oponen a la luz,
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    hacer que noexistan más espacios oscuros en la sociedad, demoler esas cámaras negras en las que se fomenta la arbitrariedad política, los caprichos del monarca, las supersticiones religiosas, los complots de los tiranos y los frailes, las ilusiones de ignorancia, las epidemias. Los castillos, los hospitales, los depósitos de cadáveres, las casas de corrección, los conventos, desde antes de la Revolución han suscitado una desconfianza o un odio que no fueron subestimados; el nuevo orden político y moral no puede instaurarse sin su desaparición. Las novelas de terror en la época de la Revolución, desarrollan todo un mundo fantástico de la muralla, de la sombra, de lo oculto, de la mazmorra, de todo aquello que protege en una complicidad significativa, a los truhanes y a los aristócratas, a los monjes y a los traidores: los paisajes de Ann Radcliffe son montañas, bosques, cuevas, castillos en ruinas, conventos en los que la oscuridad y el silencio dan miedo. Ahora bien, estos espacios imaginarios son como la “contra-figura” de las transparencias y de las visibilidades que se intentan establecer entonces. Este reino de “la opinión” que se invoca con tanta frecuencia en esta época, es un modo de funcionamiento en el que el poder podría ejercerse por el solo hecho de que las cosas se sabrán y las gentes serán observadas por una especie de mirada inmediata, colectiva y anónima. Un poder cuyo recorte principal fuese la opinión no podría tolerar regiones de sombra. Si se han interesado por el proyecto de Bentham se debe a que, siendo aplicable a tantos campos diferentes, proporcionaba la fórmula de un “poder por transparencia”, de un sometimiento por “proyección de claridad”. El panóptico es un poco la utili zación de la forma “castillo: (torreón rodeado de murallas) para paradójicamente crear un espacio de legibilidad detallada. J.-P. B.: Son en definitiva los rincones ocultos del hombre lo que el Siglo de las 49 Luces quiere hacer desaparecer. Foucault: Indudablemente. M. P.: Sorprenden también las técnicas de poder que funcionan en el interior del panóptico. La mirada fundamentalmente, y también la palabra puesto que existen esos famosos tubos de acero -extraordinaria invención- que unen el inspector central con cada una de las celdas en las que se encuentran, nos dice Bentham, no un prisionero sino pequeños grupos de prisioneros. En último término, la importancia de la disuasión está muy presente en el texto de Bentham: “Ës preciso -dice- estar incesantemente bajo la mirada de un inspector; perder la facultad de hacer el mal y casi el pensamiento de quererlo”. Nos encontramos de lleno con las preocupaciones
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    de la Revolución:impedir a las gentes obrar mal, quitarles las ganas de desearlo, en resumen: no poder y no querer. Foucault: Estamos hablando de dos cosas: de la mirada y de la interiorización. Y, en el fondo, ¿no se trata del problema del precio del poder? El poder, de hecho, no se ejerce sin gastos. Existe evidentemente el coste económico, y Bentham lo dice. ¿Cuántos vigilantes hacen falta? ¿Cuánto, en definitiva, costará la máquina? Pero está además el coste propiamente político. Si se es muy violento se corre el riesgo de suscitar insurrecciones; si se interviene de forma discontinua se arriesga uno a dejar que se produzcan, en los intervalos, fenómenos de resistencia de un coste político elevado. Así funcionaba el poder monárquico. Por ejemplo, la justicia que detenía una proporción irrisoria de criminales, argumentaba diciendo: conviene que el castigo sea espectacular para que los demás tengan miedo. Poder violento por tanto que debía, mediante el ejemplo, asegurar las funciones de continuidad. A esto contestan los nuevos teóricos del siglo XVIII: es un poder demasiado costoso y con muy pocos resultados. Se hacen grandes gastos de violencia que en realidad no tienen valor de ejemplo, se ve uno incluso obligado a multiplicar las violencias, de forma tal, que se multiplican las rebeliones. M. P.: Esto es lo que sucedió con las insurrecciones contra el patíbulo. Foucault: Por el contrario, se cuenta con la mirada que va a exigir pocos gastos. No hay necesidad de armas, de violencias físicas, de coacciones materiales. Basta una mirada. Una mirada que vigile, y que cada uno, sintiéndola pesar sobre sí, termine por interiorizarla hasta el punto de vigilarse a sí mismo; cada uno ejercerá esta vigilancia sobre y contra sí mismo. ¡Fórmula maravillosa: un poder continuo y de un coste, en último término, ridículo! Cuando Bentham considera que él lo ha conseguido, cree que es el huevo de Colón en el orden de la política, una fórmula exactamente inversa a la del poder monárquico. De hecho, en las técnicas de poder desarrolladas en la época moderna, la mirada ha tenido una importancia enorme, pero como ya he dicho, está lejos de ser la única ni siquiera la principal instrumentación puesta en práctica. M. P.: Parece que, respecto a esto, Bentham se plantea el problema del poder en función sobre todo de grupos pequeños. ¿Por qué? ¿Por qué piensa que la parte es el todo, y que si se logra el éxito a nivel de grupos puede luego extenderse al todo social? ¿O bien es que el conjunto social, el poder a nivel de todo social es algo que entonces no se concebía realmente? ¿Por qué? 50
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    Foucault: El problemaconsiste en evitar los obstáculos, las interrupciones; al igual que ocurría en el Antiguo Régimen, con las barreras que presentaban a las decisiones de poder los cuerpos constituidos, los privilegios de determinadas categorías, desde el clero, hasta las corporaciones, pasando por los magistrados. Del mismo modo que las barreras que, en el Antiguo Régimen presentaban los cuerpos constituidos, los privilegios de determinadas categorías a las decisiones de poder. La burguesía comprende perfectamente que una nueva legislación o una nueva Constitución no son garantía suficiente para mantener su hegemonía. Se da cuenta de que debe inventar una tecnología nueva que asegure la irrigación de todo el cuerpo social de los efectos de poder llegando hasta sus más ínfimos resquicios. Y en esto precisamente la burguesía ha hecho no sólo una revolución política sino que también ha sabido implantar una hegemonía social que desde entonces conserva. Esta es la razón por la que todas estas invenciones han sido tan importantes y han hecho de Bentham uno de los inventores más ejemplares de la tecnología de poder. J.-P. B.: No obstante, no se sabe a quién beneficia el espacio organizado tal como Bentham preconiza, si a los que habitan la torre central o a los que vienen a visitarla. Se tiene la sensación de estar ante un mundo infernal del que no escapa nadie, ni los que son observados ni los que observan. Foucault: Esto es sin duda lo que hay de diabólico en esta idea como en todas las aplicaciones a que ha dado lugar. No existe en ella un poder que radicaría totalmente en alguien y que ese alguien ejercería él solo y de forma absoluta sobre los demás; es una máquina en la que todo el mundo está aprisionado, tanto los que ejercen el poder como aquellos sobre los que el poder se ejerce. Pienso que esto es lo característico de las sociedades que se instauran en el siglo XIX. El poder ya no se identifica sustancialmente con un individuo que lo ejercería o lo poseería en virtud de su nacimiento, se convierte en una maquinaria de la que nadie es titular. Sin duda, en esta máquina nadie ocupa el mismo puesto, sin duda ciertos puestos son preponderantes y permiten la producción de efectos de supremacía. De esta forma, estos puestos pueden asegurar una dominación de clase en la misma medida en que disocian el poder de la potestad individual. M. P.: El funcionamiento del panóptico es, desde este punto de vista, un tanto contradictorio. Está el inspector principal que desde la torre central vigila a los prisioneros. Pero, al mismo tiempo, vigila a sus subalternos, es decir, al personal; este inspector central no tiene ninguna confianza en los vigilantes, e incluso se refiere 51
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    a ellos deun modo un tanto despectivo pese a que, en principio, están destinados a serle próximos. ¡Pensamiento, pues, aristocrático! Pero, al mismo tiempo, quisiera hacer esta observación en lo que se refiere al personal subalterno: ha constituido un problema para la sociedad industrial. No ha sido cómodo para los patronos encontrar capataces, ingenieros capaces de dirigir y de vigilar las fábricas. Foucault: Es un problema considerable que se plantea en el siglo XVIII. Se puede constatar claramente en el caso del ejército, cuando fue necesario fabricar “suboficiales” que tuviesen conocimientos auténticos para organizar eficazmente las tropas en caso de maniobras tácticas, con frecuencia difíciles, tanto más difíciles cuanto que el fusil acababa de ser perfeccionado. Los movimientos, los desplazamientos, las filas, las marchas exigían este personal disciplinario. Más tarde los talleres vuelven a plantear a su modo el mismo problema; también la escuela con sus maestros, sus ayudantes, sus vigilantes. La iglesia era entonces uno de los raros cuerpos sociales en el que existían pequeños cuadros competentes. El religioso, ni muy alfabetizado ni totalmente ignorante, el cura, el vicario entraron en lid cuando se necesitó escolarizar a centenas de millares de niños. El Estado no se dotó con pequeños cuadros similares hasta mucho más tarde. Igual sucedió con los hospitales. No hace aún mucho que el personal subalterno hospitalario continuaba estando constituido en su mayoría por religiosas. M. P.: Estas mismas religiosas han desempeñado un papel considerable en la aplicación de las mujeres al trabajo: aquí se sitúan los famosos internados del siglo XIX en los que vivía y trabajaba un personal femenino bajo el control de religiosas formadas especialmente para ejercer la disciplina de las fábricas. El Panóptico está lejos de estar exento de estas preocupaciones ya que se puede constatar la existencia de esta vigilancia del inspector principal sobre el personal subalterno, y esta vigilancia sobre todos, a través de las ventanas de la torre, sucesión ininterrumpida de miradas que hace pensar en “cada camarada se convierte en un vigilante”, hasta el punto de que se tiene la impresión, un poco vertiginosa, de estar en presencia de una invención que en alguna medida se va de las manos de su creador. Bentham, en un principio, quiere confiar en un poder único: el poder central. Pero, leyéndolo uno se pregunta, ¿a quién mete Bentham en la torre? ¿Al ojo de Dios? Sin embargo Dios está poco presente en su texto; la religión 52
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    no desempeña sinoun papel de utilidad. Entonces, ¿a quién? En definitiva es preciso decir que el mismo Bentham no ve muy claro a quien confiar el poder. Foucault: Bentham no puede confiar en nadie en la medida en que nadie debe ser lo que era el rey en el antiguo sistema, es decir, la fuente del poder y de la justicia. La teoría de la monarquía lo suponía. Era preciso confiar en el rey. Por su propia existencia, querida por Dios, él era la fuente de la justicia, de la ley, del poder.El poder que radicaba en su persona no podía sino ser bueno; un mal rey equivalía a un accidente de la historia o a un castigo del soberano absolutamente perfecto, Dios. Por el contrario, no se puede confiar en nadie cuando el poder está organizado como una máquina que funciona según engranajes complejos, en la que lo que es determinante es el puesto de cada uno, no su naturaleza. Si la máquina fuese tal que alguien estuviese fuera de ella, o que tuviese él solo la responsabilidad de su gestión, el poder se identificaría a un hombre y estaríamos de nuevo en un poder de tipo monárquico. En el Panóptico, cada uno, según su puesto, está vigilado por todos lo demás, o al menos por alguno de ellos; se está en presencia de un aparato de desconfianza total y circulante porque carece de un punto absoluto. La perfección de la vigilancia es una suma de insidias. J.-P. B.: Una maquinaria diabólica, como has dicho, que no perdona a nadie. La imagen quizá del poder de hoy. Pero, ¿cómo crees que se ha llegado hasta aquí? ¿Por voluntad de quién y con qué objeto? Foucault: La cuestión del poder se simplifica cuando se plantea únicamente en términos de legislación o de Constitución; o en términos de Estado o de aparato de Estado. El poder es sin duda más complicado, o de otro modo, más espeso y difuso que un conjunto de leyes o un aparato de Estado. No se puede comprender el desarrollo de las fuerzas productivas propias del capitalismo, ni imaginar su desarrollo tecnológico, si no se conocen al mismo tiempo los aparatos de poder. En el caso, por ejemplo, de la división de trabajo en los grandes talleres del siglo XVIII, ¿cómo se habría llegado a este reparto de tareas si no hubiese existido una nueva di stribución del poder al propio nivel del remodelamiento de las fuerzas productivas? Lo mismo sucede con el ejército moderno: no basta con que exista otro tipo de armamento, ni otra forma de reclutamiento, fue necesario que se produjera a la vez esta nueva distribución de poder que se llama disciplina, con sus jerarquías, sus cuadros, sus inspecciones, sus ejercicios, sus condicionamientos y domes-ticaciones. Sin esto, el ejército tal como ha funcionado desde el siglo XVIII no hubiera sido posible. 53
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    J.-P. B.: Detodos modos, ¿existe alguien o algunos que impulsan el todo? Foucault: Se impone una distinción. Está claro que en un dispositivo como el ejército, el taller o cualquier tipo de institución, la red del poder adopta una forma piramidal. Existe pues una cúspide. Sin embargo incluso en un caso así de simple, esta “cúspide” no es la “fuente” o el “principio” de donde se derivaría todo el poder como de un centro luminoso (esta es la imagen según la cual se representa a la monarquía). La cúspide y los elementos inferiores de la jerarquía están en una relación de sostén y de condicionamiento recíprocos; se “sostienen” (el poder como “chantaje” mutuo e indefinido). Pero si lo que me preguntas es si esta nueva tecnología de poder tiene históricamente su origen en un individuo o en un grupo de individuos determinados, que habrían decidido aplicarla para servir sus propios intereses y utilizar así, en su beneficio, el cuerpo social, te responderé: no. Estas tácticas han sido inventadas, organizadas, a partir de condiciones locales y de urgencias concretas. Se han perfilado palmo a palmo antes de que una estrategia de clase las solidifique en amplios conjuntos coherentes. Hay que señalar además que estos conjuntos no consisten en una homoge-neización sino más bien en un juego complejo de apoyos que adoptan los diferentes mecanismos de poder unos sobre otros permaneciendo sin embargo en su especificidad. Así, actualmente, la interrelación entre medicina, psiquiatría, psicoanálisis, escuela, justicia, familia, en lo que se refiere a los niños, no homogeneiza estas distintas instancias sino que establece entre ellas conexiones, reenvíos, complementariedades, delimitaciones, lo que supone que cada una conserva hasta cierto punto las modalidades que le son propias. M. P.: Ud. rechaza la idea de un poder que sería una super-estructura, pero no la idea de un poder que es, en cierto modo, consustancial al desarrollo de las fuerzas productivas, que forma parte de él. Foucault: Por supuesto. Y el poder se transforma continuamente con estas fuerzas. El Panóptico era una utopía-programa. Pero ya en la época de Bentham el tema de un poder espacializante, vigilante, inmovilizante, en una palabra, disciplinario, estaba desbordado por mecanismos mucho más sutiles que permitían la regulación de los fenómenos de población, el control de sus oscilaciones, la compensación de sus irregularidades. Bentham es “arcaizante” por la importancia que da a la mirada, es muy actual por la importancia que concede a las técnicas de poder en general. 54
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    M. P.: Noexiste un Estado global, existen micro-sociedades, microcosmos que 55 se instauran. J.-P. B.: ¿Es preciso entonces, frente al despliegue del panóptico, poner en cuestión la sociedad industrial? ¿O conviene hacer responsable a la sociedad capitalista? Foucault: ¿Sociedad industrial o sociedad capitalista? No sabría responder si no es diciendo que estas formas de poder se encuentran también en las sociedades socialistas: la transferencia ha sido inmediata. Pero, sobre este punto, preferiría que intervenga la historiadora. M. P.: Es cierto que la acumulación de capital surge por una tecnología industrial y por la puesta en marcha de todo un aparato de poder. Pero no es menos cierto que un proceso semejante aparece de nuevo en la sociedad socialista soviética. El estalinismo, en cierto modo, corresponde también a un período de acumulación de capital y de instauración de un poder fuerte. J.-P. B.: De nuevo encontramos, como de pasada, la noción de beneficio; en este sentido, la máquina inhumana de Bentham se muestra como algo muy valioso, al menos para algunos. Foucault: ¡Evidentemente! Habría que tener el optimismo un poco ingenuo de los “dandys” del siglo XIX para imaginarse que la burguesía es tonta. Por el contrario, conviene tener en cuenta sus golpes de genio. Y, entre ellos justamente, está el hecho de que ha sido capaz de construir máquinas de poder que posibilitan circuitos de beneficios los cuales, a su vez, refuerzan y modifican los dispositivos de poder, y esto de forma dinámica y circular. El poder feudal, funcionando por deducciones y gasto, se minaba a sí mismo. El de la burguesía se mantiene no por la conservación sino mediante transformaciones sucesivas. De aquí se deriva que la posibilidad de su caída y de la Revolución formen parte de su historia prácticamente desde sus comienzos. M. P.: Se puede señalar que Bentham concede una enorme importancia al trabajo, al que se refiere una y otra vez. Foucault: Ello responde al hecho de que las técnicas de poder se han inventado para responder a las exigencias de la producción. Me refiero a la producción en un sentido amplio (puede tratarse de “producir” una destrucción, como en el caso del ejército).
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    J.-P. B.: Cuando,dicho sea de paso, empleas el término “trabajo” en tus libros, raramente lo haces en relación al trabajo productivo. Foucault: Porque se da el caso de que me he ocupado de gentes que estaban situadas fuera de los circuitos del trabajo productivo: los locos, los enfermos, los prisioneros, y actualmente los niños. El trabajo para ellos, tal como deben realizarlo, tiene un valor predominante disciplinario. J.-P.B.: El trabajo como forma de domesticación. ¿No se da siempre? Foucault: Por supuesto. Siempre se ha hablado de la triple función del trabajo: función productiva, función simbólica y función de domesticación o disciplinaria. La función productiva es sensiblemente igual a cero para las categorías de las que me ocupo, mientras que las funciones simbólica y disciplinaria son muy importantes. Pero, lo más frecuente, es que coexisten los tres componentes. M.P.: Bentham, en todo caso, me parece muy seguro de sí, muy confiado en el poder penetrante de la mirada. Se tiene incluso la sensación de que no calibra muy bien el grado de opacidad y de resistencia del material que ha de corregir, que ha de integrar en la sociedad -los famosos prisioneros-. Además, ¿no es el panóptico de Bentham, en cierto modo, la ilusión del poder? Foucault: Es la ilusión de casi todos los reformadores del siglo XVIII que han concedido a la opinión un poder considerable. Puesto que la opinión necesariamente era buena por ser la conciencia inmediata de cuerpo social entero, los reformadores creyeron que las gentes se harían virtuosas por el hecho de ser observadas. La opinión era para ellos como la reactualización espontánea del contrato. Desconocían las condiciones reales de la opinión, los “media”, una materialidad que está aprisionada en los mecanismos de la economía y del poder bajo la forma de la prensa, de la edición, y más tarde del cine y de la televisión. M. P.: Cuando dices que han desconocido los “media”, quieres decir que no se han dado cuenta de que les haría falta utilizarlos. Foucault: Y que esos media estarían necesariamente dirigidos por intereses económicos-políticos. No percibieron los componentes materiales y económicos de la opinión. Creyeron que la opinión sería justa por naturaleza, que se extendería por sí misma, y que sería una especie de vigilancia democrática. En el fondo, es el periodismo -innovación capital del siglo XIX- el que ha puesto de manifiesto el carácter utópico de toda esta política de la mirada. 56
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    M. P.: Engeneral los pensadores desconocen las dificultades que van a encontrar para hacer “prender” su sistema. Ignoran que siempre habrá escapatorias y que las resistencias jugarán su papel. En el terreno de las cárceles, los detenidos no han sido gente pasiva; es Bentham quien nos hace pensar lo contrario. El discurso penitenciario se despliega como si no existiese nadie frente a él, como si no existiese más que una “Tábula rasa”, gente que hay que reformar para arrojar luego al circuito de la producción. En realidad hay un material -los detenidos- que resiste de un modo formidable. Lo mismo se podría decir del taylorismo, sistema que constituye una extraordinaria invención de un ingeniero que quiere luchar contra la gandulería, contra todo lo que hace más lento el ritmo de producción. Pero en última instancia, se puede uno preguntar:¿ha funcionado realmente alguna vez el taylorismo? Foucault: En efecto, otro de los elementos que sitúa también a Bentham en lo irreal es la resistencia efectiva de las gentes. Cosas que Vd., Michelle Perrot, ha estudiado. ¿Cómo se ha opuesto la gente en los talleres, en las ciudades, al sistema de vigilancia, de pesquisas continuas? ¿Tenían conciencia del carácter coactivo, de sometimiento insoportable de esta vigilancia? ¿O lo aceptaban como algo natural? En suma, ¿han existido insurrecciones contra la mirada? M. P.: Sí, han existido insurrecciones contra la mirada. La repugnancia de los trabajadores a habitar las ciudades obreras es un hecho patente. Las ciudades obreras, durante mucho tiempo, han sido un fracaso. Lo mismo sucede con la distribución del tiempo tan presente en el Panóptico. La fábrica y sus horarios han suscitado durante largo tiempo una resistencia pasiva que se traducía en el hecho de que, simplemente, no se iba. Es la prodigiosa historia del San Lunes en el siglo XIX, día que los obreros habían inventado para “tomar aire” cada semana. Han existido múltiples formas de resistencia al sistema industrial obligando a los patrones a dar marcha atrás en el primer momento. Otro ejemplo: los sistemas de micro-poderes no se han instaurado de forma inmediata. Este tipo de vigilancia y de encuadramiento se ha desarrollado, en un primer tiempo, en los sectores mecanizados que contaban mayoritariamente con mujeres o niños, es decir, con personas habituadas a obedecer: la mujer a su marido, el niño a su familia. Pero en los sectores digamos viriles, como la metalurgia, se observa una situación muy distinta. La patronal no llega a implantar inmediatamente su sistema de vigilancia, y debe, durante la primera mitad del siglo XIX, delegar sus poderes. Establece un contrato con el equipo de obreros a través de su jefe que es generalmente el obrero más anciano o más cualificado. Se 57
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    ejerce un verdaderocontra-poder por parte de los obreros profesionales, contra-poder que comporta algunas veces dos facetas:una contra la patronal en defensa de la comunidad obrera, la otra, a veces, contra los mismos obreros ya que el jefecillo oprime a sus aprendices o a sus camaradas. En realidad, estas formas de contra-poder obrero existieron hasta el momento en que la patronal supo mecanizar las funciones que se le escapaban, pudiendo abolir así el poder del obrero profesional. Existen numerosos ejemplos: en el caso de los laminadores, el jefe de taller tuvo los medios para resistir al patrón hasta el momento en que entraron en escena máquinas casi automáticas. El golpe de ojo del laminador -de nuevo aquí la mirada- que juzgaba si la materia estaba a punto será sustituido por el control térmico; basta la lectura de un termómetro. Foucault: Sabido esto, hay que analizar el conjunto de las resistencias al panóptico en términos de táctica y de estrategia, pensando que cada ofensiva que se produce en un lado sirve de apoyo a una contra-ofensiva del otro. El análisis de los mecanismos de poder no tiene como finalidad mostrar que el poder es anónimo y a la vez victorioso siempre. Se trata, por el contrario, de señalar las posiciones y los modos de acción de cada uno, las posibilidades de resistencia y de contra-ataque de unos y otros. J.-P. B.: Batallas, acciones, reacciones, ofensivas y contraofensivas, hablas como un estratega. Las resistencias al poder, ¿tendrían características esencialmente físicas? ¿Qué pasa con el contenido de las luchas y las aspiraciones que se manifiestan en ellas? Foucault: En efecto, esa es una cuestión teórica y de método importante. Me sorprende una cosa: se utiliza mucho, en determinados discursos políticos el vocabulario de las relaciones de fuerza; el término “lucha” es uno de los que aparecen con más frecuencia. Ahora bien, me parece que se duda a la hora de sacar consecuencias, e incluso, a la de plantear el problema que subyace a este vocabulario. Quiero decir: ¿Hay que analizar estas “luchas” en tanto que peripecias de una guerra? ¿Hay que descifrarlas a partir de un código que sería el de la estrategia y de la táctica? ¿La relación de fuerzas en el orden de la política es una relación de guerra? Personalmente no me siento de momento preparado para responder sí o no de una forma definitiva. Pienso solamente que la pura y simple afirmación de una “lucha” no puede servir de explicación primera y última en los análisis de las relaciones de poder. Este tema de la lucha no es operativo más que si 58
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    se establece concretamente,y respecto a cada caso: quién está en la lucha, en qué lugar, con qué instrumentos y con qué racionalidad. En otros términos, si se toma en serio la afirmación de que la lucha está en el corazón de las relaciones de poder, hay que tener presente que la brava y vieja “lógica” de la contradicción no basta, ni con mucho, para desembrollar los procesos reales. M. P.: Dicho de otro modo, y para volver al panóptico, Bentham no proyecta sólo una sociedad utópica, describe también una sociedad existente. Foucault: Describe en la utopía un sistema general de mecanismos concretos 59 que existen realmente. M. P.: Y, para los prisioneros, ¿tiene sentido tomar la torre central? Foucault: Sí, con la condición de que éste no sea el sentido final de la operación. Los prisioneros haciendo funcionar el panóptico y asentándose en la torre, ¿cree Ud. que entonces sería mucho mejor que con los vigilantes? NOTAS (1) Michel Foucault describe así El Panóptico y a Jeremías Bentham en su obra Vigilar y castigar. Siglo XXI, México, 1976. (2) John Howard publica los resultados de su encuesta en su libro: The State of the Prisions in England and Wales, with Preliminary Observations and an Account of some Foreign Prisions and Hospitals (1777). Fragmento de La Ideología y aparatos ideológicos de Estado, Freud y Lacan Louis Althusser Acerca de la reproducción de las condiciones de producción 1 En análisis anteriores nos hemos referido circunstancialmente a la necesidad de renovar los medios de producción para que la producción sea posible. Hoy centraremos nuestra exposición en este punto. Decía Marx que aun un niño sabe que una formación social que no reproduzca las condiciones de producción al mismo tiempo que produce, no sobrevivirá siquiera
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    un año. Porlo tanto, la condición final de la producción es la reproducción de las condiciones de producción. Puede ser “simple” (y se limita entonces a reproducir las anteriores condiciones de producción) o “ampliada” (en cuyo caso las extiende). Dejaremos esta última distinción a un lado. ¿Qué es pues la reproducción de las condiciones de producción ? Nos internamos aquí en un campo muy familiar (desde el tomo II de El Capital ) pero, a la vez, singularmente ignorado. Las tenaces evidencias (evidencias ideológicas de tipo empirista) ofrecidas por el punto de vista de la mera producción e incluso de la simple práctica productiva (abstracta ella misma con respecto al proceso de producción) se incorporan de tal modo a nuestra conciencia cotidiana que es sumamente difícil, por no decir casi imposible, elevarse hasta el punto de vista de la reproducción. Sin embargo, cuando no se adopta tal punto de vista todo resulta abstracto y deformado (más que parcial), aun en el nivel de la producción y, con mayor razón todavía, en el de la simple práctica. Intentaremos examinar las cosas metódicamente. Para simplificar nuestra exposición, y considerando que toda formación social depende de un modo de producción dominante, podemos decir que el proceso de producción emplea las fuerzas productivas existentes en y bajo relaciones de producción definidas. De donde resulta que, para existir, toda formación social, al mismo tiempo que produce y para poder producir, debe reproducir las condiciones de su producción. Debe, pues, reproducir: 1) las fuerzas productivas 2) las relaciones de producción existentes. Reproducción de los medios de producción Desde que Marx lo demostró en el tomo II de El Capital, todo el mundo reconoce (incluso los economistas burgueses que trabajaban en la contabilidad 60
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    nacional, o losmodernos teóricos “macroeconomistas”) que no hay producción posible si no se asegura la reproducción de las condiciones materiales de la producción: la reproducción de los medios de producción. Cualquier economista (que en esto no se diferencia de cualquier capitalista) sabe que todos los años es necesario prever la reposición de lo que se agota o gasta en la producción: materia prima, instalaciones fijas (edificios), instrumentos de producción(máquinas), etc. Decimos: un economista cualquiera = un capitalista cualquiera, en cuanto ambos expresan el punto de vista de la empresa y se contentan con comentar lisa y llanamente los términos de la práctica contable de la empresa. Pero sabemos, gracias al genio de Quesnay —que fue el primero que planteó ese problema que “salta a la vista”— y al genio de Marx —que lo resolvió—, que la reproducción de las condiciones materiales de la producción no puede ser pensada a nivel de la empresa pues no es allí donde se da en sus condiciones reales. Lo que sucede en el nivel de la empresa es un efecto, que sólo da la idea de la necesidad de la reproducción, pero que no permite en absoluto pensar las condiciones y los mecanismos de la misma. Basta reflexionar un solo instante para convencerse: el señor X, capitalista, que produce telas de lana en su hilandería, debe “reproducir” su materia prima, sus máquinas, etc. Pero quien las produce para su producción no es él sino otros capitalistas: el señor Y, un gran criador de ovejas de Australia; el señor Z, gran industrial metalúrgico, productor de máquinas-herramienta, etc., etc., quienes, para producir esos productos que condicionan la reproducción de las condiciones de producción del señor X, deben a su vez reproducir las condiciones de su propia producción, y así hasta el infinito: todo ello en tales proporciones que en el mercado nacional (cuando no en el mercado mundial) la demanda de medios de producción (para la reproducción) pueda ser satisfecha por la oferta. Para pensar este mecanismo que desemboca en una especia de “hilo sin fin” es necesario seguir la trayectoria “global” de Marx, y estudiar especialmente en los tomos II y III de El Capital, las relaciones de circulación de capital entre el Sector I 61
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    (producción de losmedios de producción) y el Sector II (producción de los medios de consumo), y la realización de la plusvalía. No entraremos a analizar esta cuestión, pues nos basta con haber mencionado que existe la necesidad de reproducir las condiciones materiales de la producción. 62 Reproducción de la fuerza de trabajo No obstante, no habrá dejado de asombrarle al lector que nos hayamos referido a la reproducción de los medios de producción, pero no a la reproducción de las fuerzas productivas. Hemos omitido, pues,la reproducción de aquello que distingue las fuerzas productivas de los medios de producción, o sea la reproducción de la fuerza de trabajo. Si bien la observación de lo que sucede en la empresa, especialmente el examen de la práctica financiera contable de las previsiones de amortización-inversión, podía darnos una idea aproximada de la existencia del proceso material de la reproducción, entramos ahora en un terreno en el cual la observación de lo que pasa en la empresa es casi enteramente ineficaz, y esto por una sencilla razón: la reproducción de la fuerza de trabajo se opera, en lo esencial, fuera de la empresa. ¿Cómo se asegura la reproducción de la fuerza de trabajo? Dándole a la fuerza de trabajo el medio material para que se reproduzca: el salario. El salario figura en la contabilidad de la empresa, pero no como condición de la reproducción material de la fuerza de trabajo, sino como “capital mano de obra”.3 Sin embargo es así como “actúa”, ya que el salario representa solamente la parte del valor producido por el gasto de la fuerza de trabajo, indispensable para su reproducción; aclaremos, indispensable para reconstituir la fuerza de trabajo del asalariado (para vivienda vestimenta y alimentación, en suma, para que esté en condiciones de volver a presentarse a la mañana siguiente —y todas las santas mañanas— a la entrada de la empresa—; y agreguemos: indispensable para criar y
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    educar a losniños en que el proletario se reproduce (en X unidades: pudiendo ser X igual a 0, 1, 2, etc.) como fuerza de trabajo. Recordemos que el valor (el salario) necesario para la reproducción de la fuerza de trabajo no está determinado solamente por las necesidades de un S.M.I.G.* “biológico”, sino también por las necesidades de un mínimo histórico (Marx seña laba: los obreros ingleses necesitan cerveza y los proletarios franceses, vino) y, por lo tanto, históricamente variable. Señalemos también que este mínimo es doblemente histórico, en cuanto no está definido por las necesidades históricas de la clase obrera que la clase capitalista “reconoce” sino por las necesidades históricas impuestas por la lucha de clase proletaria (lucha de clase doble: contra el aumento de la jornada de trabajo y contra la disminución de los salarios). Empero, no basta con asegurar a la fuerza de trabajo las condiciones materiales de su reproducción para que se reproduzca como tal. Dijimos que la fuerza de trabajo disponible debe ser “competente”, es decir apta para ser utilizada en el complejo sistema del proceso de producción. El desarrollo de las fuerzas productivas y el tipo de unidad históricamente constitutivo de esas fuerzas productivas en un momento dado determinan que la fuerza de trabajo debe ser (diversamente) calificada y por lo tanto reproducida como tal. Diversamente, o sea según las exigencias de la división social-técnica del trabajo, en sus distintos “puestos” y “empleos”. Ahora bien, ¿cómo se asegura esta reproducción de la calificación (diversificada) de la fuerza de trabajo en el régimen capitalista? Contrariamente a lo que sucedía en las formaciones sociales esclavistas y serviles, esta reproducción de la calificación de la fuerza de trabajo tiende (se trata de una ley tendencial) a asegurarse no ya “en el lugar de trabajo” (aprendizaje en la producción misma), sino, cada vez más, fuera de la producción, por medio del sistema educativo capitalista y de otras instancias e instituciones. 63
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    ¿Qué se aprendeen la escuela? Es posible llegar hasta un punto más o menos avanzado de los estudios, pero de todas maneras se aprende a leer, escribir y contar, o sea algunas técnicas, y también otras cosas, incluso elementos (que pueden ser rudimentarios o por el contrario profundizados) de “cultura científica” o “literaria” utilizables directamente en los distintos puestos de la producción (una instrucción para los obreros, una para los técnicos, una tercera para los ingenieros, otra para los cuadros superiores, etc.). Se aprenden “habilidades” (savoir-faire). Pero al mismo tiempo, y junto con esas técnicas y conocimientos, en la escuela se aprenden las “reglas” del buen uso, es decir de las conveniencias que debe observar todo agente de la división del trabajo, según el puesto que está “destinado” a ocupar: reglas de moral y de conciencia cívica y profesional, lo que significa en realidad reglas del respeto a la división social-técnica del trabajo y, en definitiva, reglas del orden establecido por la dominación de clase. Se aprende también a “hablar bien el idioma”, a “redactar” bien, lo que de hecho significa (para los futuros capitalistas y sus servidores) saber “dar órdenes”, es decir (solución ideal), “saber dirigirse” a los obreros, etcétera. Enunciando este hecho en un lenguaje más científico, diremos que la reproducción de la fuerza de trabajo no sólo exige una reproducción de su calificación sino, al mismo tiempo, la reproducción de su sumisión a las reglas del orden establecido, es decir una reproducción de su sumisión a la ideología dominante por parte de los agentes de la explotación y la represión, a fin de que aseguren también “por la palabra” el predominio de la clase dominante. En otros términos, la escuela (y también otras instituciones del Estado, como la Iglesia, y otros aparatos como el Ejército) enseña las “habilidades” bajo formas que aseguran el sometimiento a la ideología dominante o el dominio de su “práctica”. todos los agentes de la producción, la explotación y la represión, sin hablar de los “profesionales de la ideología” (Marx) deben estar “compenetrados” en tal o cual carácter con esta ideología para cumplir “concienzudamente” con sus tareas, sea de explotados (los proletarios), de explotadores (los capitalistas), de auxiliares de la 64
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    explotación (los cuadros),de grandes sacerdotes de la ideología dominante (sus “funcionarios”), etcétera. La condición sine qua non de la reproducción de la fuerza de trabajo no sólo radica en la reproducción de su “calificación” sino también en la reproducción de su “calificación” sino también en la reproducción de su sometimiento a la ideología dominante, o de la “práctica” de esta ideología, debiéndose especificar que no basta decir: “no solamente sino también”, pues la reproducción de la calificación de la fuerza de trabajo se asegura en y bajo las formas de sometimiento ideológico, con lo que reconocemos la presencia eficaz de una nueva realidad: la ideología. Haremos aquí dos observaciones. La primera servirá para completar nuestro análisis de la reproducción. Acabamos de estudiar rápidamente las formas de la reproducción de las fuerzas productivas, es decir de los medios de producción por un lado y de la fuerza de trabajo por el otro. Pero no hemos abordado aún la cuestión de la reproducción de las relaciones de producción. Es éste un problema crucial de la teoría marxista del modo de producción. Si lo pasáramos por alto cometeríamos una omisión teórica y peor aún, una grave falta política. Hablaremos pues de tal cuestión, aunque para poder hacerlo debamos realizar nuevamente un gran desvío. Y como segunda advertencia señalaremos que para hacer ese desvío nos vemos obligados a replantear un viejo problema: ¿qué es una sociedad? 65 Infraestructura y superestructura Ya hemos tenido ocasión 4 de insistir sobre el carácter revolucionario de la concepción marxista de “totalidad social” en lo que la distingue de la “totalidad” hegeliana. Hemos dicho (y esta tesis sólo repetía célebres proposiciones del materialismo histórico) que según Marx la estructura de toda sociedad está
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    constituida por “niveles”o “instancias” articuladas por una determinación específica: la infraestructura o base económica (“unidad” de fuerzas productivas y relaciones de producción), y la superestructura, que comprende dos “niveles” o “instancias”: la jurídico-política (el derecho y el Estado) y la ideológica (las distintas ideologías, religiosa, moral, jurídica, política, etcétera). Además de su interés teórico-pedagógico (consistente en hacer notar la diferencia que separa a Marx de Hegel), esta representación ofrece una fundamental ventaja teórica: permite inscribir en el dispositivo teórico de sus conceptos esenciales lo que nosotros hemos llamado su índice de eficacia respectivo. ¿Qué quiere decir esto? Cualquiera puede convencerse fácilmente de que representar la estructura de toda sociedad como un edificio compuesto por una base (infraestructura) sobre la que se levantan los dos “pisos” de la superestructura constituye una metáfora, más exactamente una metáfora espacial: la de una tópica. 5 Como toda metáfora, ésta sugiere, hace ver alguna cosa. ¿Qué cosa? Que los pisos superiores no podrían “sostenerse” (en el aire) por sí solos si no se apoyaran precisamente sobre su base. La metáfora del edificio tiene pues por objeto representar ante todo la “determinación en última instancia” por medio de la base económica. Esta metáfora espacial tiene así por resultado afectar a la base con un índice de eficacia conocido por la célebre expresión: determinación en última instancia de lo que ocurre en los “pisos” (de la superestructura) por lo que ocurra en la base económica. A partir de este índice de eficacia “en última instancia”, los “pisos” de la superestructura se hallan evidentemente afectados por diferentes índices de eficacia. ¿Qué clase de índices? Se puede decir que los pisos de la superestructura no son determinantes en última instancia sino que son determinados por la eficacia básica; que si son determinantes a su manera (no definida aún), lo son en tanto están determinados por la base. 66
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    Su índice deeficacia (o de determinación), en tanto ésta se halla determinada por la determinación en última instancia de la base, es pensado en la tradición marxista bajo dos formas: 1) existe una “autonomía relativa” de la superestructura con respecto a la base; 2) existe una “reacción” de la superestructura sobre la base. Podemos decir entonces que la gran ventaja teórica de la tópica marxista, y por lo tanto de la metáfora espacial del edificio (base y superestructura), consiste a la vez en hacer ver que las cuestiones de determinación (o índice de eficacia) son fundamentales, y en hacer ver que es la base lo que determina en última instancia todo el edificio; por lógica consecuencia, obliga a plantear el problema teórico del tipo de eficacia “derivada” propio de la superestructura, es decir, obliga a pensar en lo que la tradición marxista designa con los términos conjuntos de autonomía relativa de la superestructura y reacción de la superestructura sobre la base. El mayor inconveniente de esta representación de la estructura de toda sociedad con la metáfora espacial del edificio radica evidentemente en ser metafórica: es decir, en permanecer en el plano de lo descriptivo. Fragmento de La Sociología de Pierre Bourdieu 67 Gilberto Giménez Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM 2. LA TEORÍA DEL HABITUS SEGÚN BOURDIEU La obra de Bourdieu constituye, como queda dicho, una variedad particular dentro de la corriente constructivista en las ciencias sociales, variedad bautizada por él mismo como “constructivismo estructuralista”. El autor nos advierte que la referencia al estructuralismo adquiere aquí un sentido muy diferente al de la tradición saussuriana o levi-straussiana: “Por estructuralismo o estructuralista entiendo la afirmación de que existen - en el mundo social mismo, y no sólo en los sistemas simbólicos como el lenguaje, el mito, etc. - estructuras objetivas independientes de la conciencia y de la voluntad de los agentes y capaces de orientar o de restringir sus prácticas y sus representaciones” (Bourdieu, 1987a: 147).
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    En cuanto alconstructivismo, Bourdieu lo entiende así: “Entiendo por constructivismo la afirmación de que existe una génesis social de los esquemas de percepción, de pensamiento y de acción que son constitutivos de lo que llamo habitus, por una parte; y por otra de las estructuras sociales, particularmente de lo que llamo campos o grupos, así como también de lo que ordinariamente suelen llamarse clases sociales” (ibid.). Lo que Bourdieu nos ofrece bajo el rótulo de “constructivismo estructuralista” es una economía general de las prácticas centrada en las nociones de capital, interés, inversión y estrategia, y una antropología global (en el sentido kantiano del término) que se propone aprehender la acción social en su integralidad, superando las dicotomías clásicas que minan por dentro a las ciencias sociales. 1 En este punto se retoma el conocido texto de Marx en El 18 brumario de Luis Bonaparte: “Los hombres hacen su propia historia, pero no arbitrariamente y en condiciones elegidas por ellos 4 mismos, sino en condiciones directamente dadas y heredadas del pasado”. Quizás la mejor manera de adentrarse en este complejo paradigma sea partir del concepto mismo de habitus, que además de ser un concepto mediador ocupa un “lugar geométrico” dentro del sistema conceptual bourdieusiano, y ha sido construido precisamente para escapar del “círculo mágico” en que nos encierran las antinomias clásicas: determinismo / libertad; mecanicismo / finalismo; realismo / nominalismo; condicionamiento / creatividad; conciencia / inconsciencia; individuo / sociedad. En la sociología de Bourdieu, el habitus constituye la respuesta esencial a una serie de cuestiones que tiene que plantearse toda teoría sociológica (Mary, 1992: 19 y ss.): - ¿Cuál es el principio que rige la lógica de las prácticas sociales? - ¿Qué es lo que explica la unidad, la regularidad y la homogeneidad de los 68 grupos sociales? - ¿Cómo se reproducen las formas de la existencia colectiva en las diversas formaciones sociales? Bourdieu condensa su respuesta en el siguiente texto: “El habitus como sistema de disposiciones en vista de la práctica, constituye el fundamento objetivo de conductas regulares y, por lo mismo, de la regularidad de las conductas. Y podemos prever las prácticas [...] precisamente porque el habitus es
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    aquello que haceque los agentes dotados del mismo se comporten de cierta manera en ciertas circunstancias” (Bourdieu, 1987b: 40). Por lo tanto, este concepto le permite a Bourdieu postular como principio generador de las prácticas una intencionalidad sin intención, una regularidad sin sumisión consciente a una regla, una racionalidad sin cálculo y una causalidad no mecanicista. Es decir, se trata de descartar, no sólo la explicación mecanicista por la determinación de estructuras inconscientes u objetivas, sino también el modelo consensual de la sumisión a reglas, normas y valores que se impondrían desde el exterior, o, a la inversa, el principio de agregación de decisiones individuales y racionales postulado por el individualismo metodológico. 2.1.- Filiación histórica del habitus Bourdieu no presenta su concepto de habitus como un paradigma nuevo, sino como la explicitación de una idea que siempre estuvo presente en la tradición filosófica y sociológica, y en cuanto tal “predispuesta” a superar y a la vez conservar los paradigmas precedentes, incluyendo sus versiones contemporáneas. Más precisamente, el concepto aparece asociado a una tradición de pensamiento que puede calificarse como “dialéctica” por su oposición a toda lógica excluyente del tipo “o bien esto, o bien aquello”. Se trata de la “lógica diluida” de Bachelard, quien se negaba a inscribir los conceptos científicos en un solo punto de vista, apelando más bien a una “complementariedad de perspectivas” o a una “síntesis plural”. Por lo que toca a su filiación histórica, el habitus se remonta a la hexis de Aristóteles, entendida como una disposición moral generadora de actos. La escolástica retoma esta misma noción para aplicarla, a través de Santo Tomás, a las “virtudes” en el sentido de la teología moral católica. Hegel, a su vez, la reasume bajo el término de “Sittlichkeit”, entendiendo por tal el conjunto de disposiciones permanentes constitutivas de la “moral realizada”, esto es, de la moralidad objetiva. Más cerca de nosotros, es evidente que las nociones claves de la segunda filosofía de Wittgenstein - juego, regla, hábito, aprendizaje - constituyen un aporte masivo a la comprensión del juego social, y por lo mismo pueden ser comparadas fácilmente con los significados asociados por Bourdieu precisamente al concepto de habitus: sentido práctico, sentido del juego, etc. (Taylor, 1995: 554). En cuanto al uso sociológico del término, éste comienza con Durkheim, quien insiste sobre su carácter general y duradero, por lo que le asigna un anclaje 69
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    institucional: los colegiosde los jesuitas y la universidad medioeval. En efecto, para Durkheim toda educación, en tanto que proceso de socialización, “consiste en un esfuerzo continuo por imponer al niño maneras de ver, de sentir y de actuar a las cuales no hubieran podido tener acceso espontáneamente” (Durkheim, 1969: 36-37). A partir de aquí era inevitable la asociación del habitus con el ethos weberiano, que en los análisis del “ethos protestante” y del “ethos burgués” aparece como un conjunto de creencias morales generadoras de prácticas. Así entendido, el ethos weberiano se distingue de la ética y de la doctrina moral definidas como sistema conceptual de normas, reglas y preceptos. Dentro de la escuela francesa de sociología, M.Mauss recuperará la dimensión corporal de la hexis aristotélica, introduciendo una antropología de las “técnicas corporales” que no disocia las actitudes corporales de su valor simbólico ni de su función de distinción cultural. Las “técnicas corporales” conformarían, según la expresión de Mauss, una “idiosincracia social”, es decir, un conjunto de disposiciones corporales marcadas por la educación recibida. En fin, el precedente inmediato del habitus de Bourdieu se encuentra en la obra de E. Panofsky (1967), quien recupera de la escolástica la noción de “hábito mental” como principio organizador de las formas de expresión y de las creaciones de la cultura escolástica (desde las catedrales góticas hasta las “Summas teológicas”). 2.2.- El habitus como ”disposición” y “esquema” En sus primeras definiciones (elaboradas a partir del análisis de las prácticas rituales de la sociedad kabil), Bourdieu recurre a dos términos claves para definir el habitus: el de “disposición” y el de “esquema”. El primer término es una herencia de de la filosofía moral: “El término disposición parece particularmente apropiado para expresar todo lo que recubre el concepto de habitus (definido como sistema de disposiciones): en efecto, expresa ante todo el resultado de una acción organizadora que reviste, por lo mismo, un sentido muy próximo al de términos como estructura; además designa una manera de ser, una propensión o una inclinación” (Bourdieu, 1972: 247, nota 28). El término esquema, más recientemente asociado con la noción de “competencia” de la gramática generativa de Chomsky, tiene una connotación más cognotivista y deriva directamente del “esquema” o “sistema simbólico” de Lévi - Strauss. En efecto, desde sus primeras definiciones Bourdieu caracteriza al habitus 70
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    como un “sistemade esquemas interiorizados que permiten engendrar todos los pensamientos, percepciones y acciones característicos de una cultura, y sólo a éstos” (in Panofky, 1967: 152). Así entendido, el habitus tiene un carácter multidimensional: es a la vez eidos (sistema de esquemas lógicos o estructuras cognitivas), ethos (disposiciones morales), hexis (registro de posturas y gestos) y aisthesis (gusto, disposición estética). Esto quiere decir que el concepto engloba de modo indiferenciado tanto el plano cognoscitivo, como el axiológico y el práctico, con lo cual se está cuestionando las distinciones filosóficas intelectualistas entre categorías lógicas y valores éticos, por un lado, y entre cuerpo e intelecto por otro. O lo que es lo mismo: se está superando las distinciones de la psicología tradicional entre lo intelectual, lo afectivo y lo corporal. En cuanto esquema, el habitus es sistemático (lo que explicaría la relativa concordancia entre nuestras diferentes prácticas) y transponible, es decir, puede transponerse de un ámbito de la práctica a otro, de un campo a otro (lo que nos permitiría presentir, en cierta manera, cómo va a actuar un agente en una situación determinada, después de haberlo visto actuar en situaciones previas). Este es el momento de introducir una observación importante: el habitus concebido como “esquema” existe en estado práctico; por lo tanto se lo interioriza de modo implícito, pre-reflexivo y pre-teórico. Como dice el propio Bourdieu, “el sistema de esquemas clasificatorios se opone a todo sistema de clasificación fundado en principios explícitos y explícitamente concertados, como las disposiciones constitutivas del gusto y del ethos, que son sus dimensiones, se oponen a la estética y a la ética” (Bourdieu, 1979b: 550). Por lo tanto estamos ante una teoría del “sentido práctico” que no pasa necesariamente por la conciencia y el discurso, con lo cual se cuestiona las teorías que reducen la acción al punto de vista intelectual del observador externo, en detrimento del punto de vista práctico del agente que actúa. Aunque, por otra parte, no se excluye la posibilidad de que el habitus se explicite conscientemente en forma de “esquema metódico” por efecto de la educación formal y de la inculcación sistemática. Con otras palabras: no se puede ignorar el trabajo de codificación y de formalización que opera sobre el habitus y a partir del habitus. 71
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    ¿Pero qué esun “esquema” en el sentido estructuralista del término? La respuesta es simple: “cualquiera sea el terreno al que se aplique, el esquema produce términos opuestos y jerarquizados, y al mismo tiempo la relación que los une” (Bourdieu, 1976: 39). Así concebido, el esquema se sujeta a las leyes de equivalencia, de sustitución y de inversión, como nos lo enseñara Lévi -Strauss. Hasta aquí Bourdieu permanece fiel al principio estructuralista de la oposición distintiva como generadora del sentido y del “valor” (en sentido semiológico, y no axiológico), y concibe la función simbólica como un “poder separador, distinción, diacrisis, discretio, que hace surgir unidades discretas de la continuidad insecable, y la diferencia de la indiferencia” (Bourdieu, 1979b: 558). Nuestro autor, sin embargo, generaliza, amplía y distorsiona a su manera el esquematismo estructuralista introduciendo nuevos elementos como la jerarquización de las diferencias, el principio de contextualización situacional que decide el sentido y el valor de una posición distintiva, y la definición no sólo cognitiva sino también axiológica del “valor” saussuriano. Con otras palabras, la oposición distintiva funciona también como una jerarquía de legitimidad, y toda categorización es indisociablemente valorización y estigmatización, generadora de signos de distinción o de marcas infamantes. 2.3.- El habitus como disposición estratégica Llegados a este punto podríamos preguntarnos si el concepto de habitus, inicialmente elaborado a partir de las prácticas rituales de una sociedad tradicional, puede aplicarse también a las prácticas simbólicas e ideológicas de las sociedades modernas caracterizadas por la diferenciación de campos y la división en clases sociales. Para Bourdieu la respuesta no ofrece dudas: “el análisis practicado en Sens pratique vale también allende las sociedades sin escritura” (Bourdieu,1987b: 41). Dicho de otro modo: “la «mitología social» de las sociedades modernas y las diversas visiones del mundo que ella contiene se rigen por la misma lógica simbólica de las sociedades tradicionales [...]. En efecto, todos los análisis de La distinción tienden a demostrar la existencia, en el seno de las sociedades modernas, de un mismo “organon ético”, de una misma “matriz de lugares comunes” o de una misma “gramática generadora”, conjunto de esquemas que desempeñan una función integradora capaz de garantizar un minimum de conformismo lógico y moral” (Mary, 1992: 58). 72
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    Sin embargo, esinnegable que las características propias de las sociedades modernas - que son sociedades individualistas, liberales y clasistas fundadas en la economía de mercado - han exigido sucesivas correcciones y readaptaciones del concepto de habitus, todas ellas orientadas a atenuar sus funciones reproductivas y a subrayar su apertura, su creatividad y su capacidad de improvisación: “El habitus no es el destino, como se lo interpreta a veces. Siendo producto de la historia, es un sistema abierto de disposiciones que se confronta permanentemente con experiencias nuevas y, por lo mismo, es afectado también permanentemente por ellas. Es duradera, pero no inmutable” (Bourdieu, 1992: 109). De ahora en adelante el habitus tenderá a ser cada vez más “una creatividad gobernada por reglas”, una competencia capaz de engendrar una infinidad de respuestas a partir de un número reducido de principios. Una primera rectificación consistió en superponer al paradigma estructuralista inicial el paradigma de la estrategia (ligado al modelo del mercado), por el que el habitus se concebía también como “disposición estratégica”. Según el propio Bourdieu, la noción de estrategia le permitió romper con el punto de vista objetivista y con la idea de “estructura sin agente” que suponía el estructuralismo (Bourdieu, 1987a: 79 ). Al mismo tiempo le permitió flexibilizar la noción de habitus, confiriendo al agente autonomía, un espacio de juego y una apertura con alternativas. El modelo estratégico le permitió, además, esbozar una especie de “economía del habitus” por la que la disposición adquirida podía ser pensada como un capital a ser invertido y un valor a ser colocado en un determinado “campo” que funcionara también como mercado de bienes simbólicos o materiales, todo ello en función de un interés no sólo y no siempre material y utilitario, sino también simbólico. “El capital cultural es un tener transmutado en ser, una propiedad hecha cuerpo, convertida en parte integrante de la «persona», un habitus” (Bourdieu, 1979a: 4). En esta perspectiva el habitus se presenta como operador de cálculo inconsciente, como “sentido de inversión” (“sens de placement”) que anticipa los beneficios esperados y sensibiliza a las tensiones del mercado, todo ello en función del lugar que ocupa el agente en un determinado campo, es decir, en la estructura de distribución del capital específico correspondiente a dicho campo. Así, por ejemplo, el patrimonio cultural y lingüístico transmitido por la familia es incorporado en forma de habitus por el “heredero” mediante un trabajo acumulado que comporta un costo social. El valor de este costo se mide por el tiempo, el esfuerzo y el sacrificio empeñados en la 73
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    adquisición y ampliaciónde dicho patrimonio, que generalmente coincide con el tiempo dedicado a la socialización. De este modo la familia no es sólo una empresa de acumulación de capital cultural, sino el primer mercado donde se rentabilizan las primeras “inversiones”, en el sentido de que es allí donde se fija su primer precio a través de las sanciones parentales (reconocimiento, valorización de la persona). Este nuevo paradigma del “valor de cambio” se prolonga en el seno del “mercado escolar” y del mercado de trabajo. 2.4.- El habitus como “sentido del juego” Para evitar la connotación intencional y racionalista que ha adquirido la noción de estrategia en la tradición intelectualista de la filosofía occidental 2, Bourdieu introduce un nuevo correctivo a los paradigmas precedentes, aunque sin descartarlos ni desecharlos del todo: la metáfora del juego, que permite reinterpretar la “disposición estratégica” como “sentido de juego”. En efecto, nada parece ilustrar mejor la estrategia sin cálculo y sin fines concientes del “sentido práctico” que el “sentido del juego”: “La acción que guía el sentido del juego tiene todas las apariencias de la acción racional que diseñaría un observador imparcial dotado de toda la información útil y capaz de manejar tal información racionalmente. Y sin embargo no tiene por principio la razón. Basta pensar en la decisión espontánea del jugador de tenis que se sube a la red a contratiempo para comprender que no tiene nada en común con la construcción racional que, luego de analizar dicha decisión, elabora el entrenador para explicarla y para desprender de allí lecciones comunicables. De hecho, las condiciones del cálculo racional casi nunca vienen dadas en la práctica, sea por falta de tiempo, sea porque la información es limitada, etc. Y sin embargo, los agentes hacen «la única cosa que tenían que hacer» mucho más frecuentemente que si actuaran al azar...” (Bourdieu, 1987a: 21). Con respecto a la metáfora del juego aplicada a la vida social cabe hacer las siguientes aclaraciones (Mary, 1992: 77): 10 a) En un primer sentido, el juego se refiere a una actividad sometida a reglas generalmente escritas y explícitas. Sin embargo, según Bourdieu el “juego social” no siempre comporta reglas explícitas. Las normas de legitimidad son reconocidas e interiorizadas por los agentes y pueden estar muy alejadas de las normas escritas. 74
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    b) En unsegundo sentido, el juego remite al desarrollo mismo de una partida y a la manera de jugar. Hay juego porque las reglas abren un espacio de juego como sistema de alternativas a la vez limitado y abierto, regido por la “lógica inmanente” del juego en cuestión (piénsese, por ejemplo, en un juego de ajedrez). El conocimiento de esta “lógica inmanente” fundamenta el arte de jugar. Ahora bien, si nos situamos en esta perspectiva, el “sentido del juego” es una competencia (en el sentido de Chomsky) cercana a la noción de “habilidad”: “Este sentido del juego, como lo decimos en francés, es lo que permite hacer infinidad de «jugadas» adaptadas a la infinidad de situaciones posibles que ninguna regla, por compleja que sea, podría prever” (Bourdieu, 1987a: 19). Lo que aquí se afirma, bajo la metáfora del juego, es el poder de invención y de improvisación del habitus de cara al “espacio de los posibles”. En un tercer sentido, el juego implica afrontar en cada jugada las probabilidades abiertas por la situación del juego en un momento determinado. Es decir, la “habilidad de jugar” se actualiza en las diferentes “situaciones de juego” que restringen el espacio de las alternativas posibles a las solas alternativas probables en el momento considerado. Es aquí donde, según Bourdieu, interviene la “disposición estratégica” propiamente dicha, es decir: “el arte de estimar y de aprovechar las oportunidades, de ver en la configuración del presente de la situación el futuro «apresentado» (como dice Husserl para contraponerlo al futuro imaginario del proyecto), la aptitud para anticipar el porvenir mediante una especie de inducción práctica e incluso para apostar lo posible contra lo probable mediante un riesgo calculado” (Bourdieu, 1974: 11). Por último, la condición esencial para acceder al juego social es el poder, dado que la capacidad de jugar es solidaria del juego (por ejemplo, de cartas) que se posee. Podríamos decir que existe una diferencia capital entre el habitus en sentido restringido y el “sentido del juego”: todo individuo y todo agente social están en cierto modo “condenados” al habitus; pero el “sentido del juego” está desigualmente distribuido y depende del capital que se posee. Pero el capital es poder, y por lo tanto el poder determina la esfera de lo posible. “En cada momento el estado de las relaciones de fuerza entre los jugadores define la estructura del campo: se puede imaginar que cada jugador tiene ante sí pilas de fichas de diferentes colores, correspondientes a las diferentes especies de capital 75
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    que detentan, demodo que su fuerza relativa en el juego, su posición en el espacio de juego y también sus estrategias de juego - lo que en francés se llama su «juego», las jugadas más o menos arriesgadas, más o menos prudentes, más o menos subversivas o conservadoras - dependen a la vez del volumen global de sus fichas y de la estructura de sus pilas de fichas, es decir, del volumen global y de la estructura de su capital...” (Bourdieu, 1992: 74-75). 2.5.- La génesis del habitus Hasta ahora hemos centrado nuestra exposición sobre el contenido racional del concepto del habitus, relegando a segundo plano la problemática de su génesis, es decir, sus condiciones de producción y de reproducción. En primera instancia, Bourdieu presenta la génesis del habitus como proceso de inculcación de un arbitrario cultural y como incorporación de determinadas condiciones de existencia; lo que parece sugerir dos modos distintos de generación del habitus: la inculcación y la incorporación. La inculcación, tal como es analizada en La Reproduction, supone una acción pedagógica efectuada dentro de un espacio institucional (familiar o escolar) por agentes especializados, dotados de autoridad de delegación, que imponen normas arbitrarias valiéndose de técnicas disciplinarias. La incorporación, en cambio, remite a la idea de una interiorización por los sujetos de las regularidades inscritas en sus condiciones de existencia. Por lo tanto, diríase que a la “domesticación instituida” se opone una teoría del condicionamiento por estímulos asociados a las diversas situaciones encontradas en el curso de la experiencia. Bourdieu tiende a privilegiar una u otra de estas perspectivas en sus exposiciones de este proceso genético. Pero insiste siempre sobre su reciprocidad. De hecho, toda institución ejerce su poder de inculcación a través de la mediación de condiciones de existencia específicas: “La acción pedagógica de la familia y de la escuela [...] se ejerce por lo menos en igual medida a través de condiciones económicas y sociales que son la condición de su ejercicio, que a través de los contenidos que inculca” (Bourdieu, 1979b: 57). Además, en la formación del habitus primario en el seno de la educación familiar, el efecto de inculcación actual de la educación parental integra también el de las condiciones precedentes de existencia que fueron incorporadas en el curso de la trayectoria de los padres, ya que “la pendiente de la trayectoria paternal contribuye a 76
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    modelar la experienciaoriginaria de inserción dinámica en el universo social” (Bourdieu, 1979b: 124). Y a la inversa, la experiencia se adquiere en la confrontación con condiciones de existencia ya informadas por un sistema de significaciones objetivadas e institucionalizadas. En efecto, los estímulos se presentan como sanciones positivas o negativas, porque el mundo de la experiencia ya está previamente estructurado a partir de un orden simbólico. Bourdieu coincide aquí con la noción husserliana de un mundo “pre-donado”: “El mundo práctico que se constituye en la relación con el habitus como sistema de estructuras cognitivas y motivadoras es un mundo de fines ya realizados, de recetas o de senderos que deben seguirse y de objetos dotados de «carácter teleológico permanente», como diría Husserl, trátese de herramientas o de instituciones” (Bourdieu, 1980b: 90) Lo que Bourdieu postula es, entonces, una articulación dialéctica entre inculcación e incorporación, entre lo institucional y la experiencia del mundo social. Al referirse a la génesis del habitus, Bourdieu habla frecuentemente de “incorporación de las estructuras objetivas”. ¿Pero qué son estas estructuras objetivas? En el sentido estructuralista del término, sería el sistema de variaciones diferenciales o de oposiciones distintivas aprehendidas mediante la construcción del modelo. En sentido sociológico-estadístico, en cambio, sería el sistema de regularidades y de probabilidades objetivas asociadas a una posición en el espacio social (Mary, 1992: 97). Si la “estructura objetiva” se entiende en este último sentido no podría ser incorporada subjetivamente, ya que estaría fuera del orden simbólico, es decir, sería un universo sin sentido constituido sólo por un conjunto de estímulos mecánicos. En efecto, el orden simbólico como universo de sentido implica siempre un sistema de diferencias constituidas por unidades discretas, mientras que las regularidades estadísticas obedecen a distribuciones continuas constituidas por variaciones infinitesimales. Por consiguiente, el orden objetivo de las condiciones de existencia sólo puede ser un orden simbólico “pre-donado”, producto de las objetivaciones del habitus en una fase precedente. Por eso Bourdieu considera que las estructuras so0ciales de hoy no son más que las estructuras simbólicas de ayer producidas por la lucha de clases, que es también una lucha por las clasificaciones sociales. La aparente circularidad de esta génesis del habitus (que parece producir las condiciones que lo producen) se rompe afirmando, como lo hace Bourdieu, una 77
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    relación dialéctica dedeterminación recíproca entre estructuras parcialmente homólogas. Dicho de otro modo: la génesis del habitus está dominada por una dialéctica en espiral entre “condiciones objetivas” y “disposiciones”. Debe excluirse, por lo tanto, el modelo mecanicista de engendramiento del habitus a partir de una situación definida sólo como conjunto de estímulos, porque las “estimulaciones” sólo podrían ejercer su poder de solicitación a partir de un universo ya dado que las constituyan como significantes y pertinentes. 3. EL ESPACIO SOCIAL COMO ARTICULACIÓN DE CAMPOS El concepto de campo es indisociable del de habitus (y del de capital). En efecto, según Bourdieu “el principio de la acción histórica, - la del artista, la del científico o la del gobernante, como también la del obrero o la del pequeño funcionario -, no radica en un sujeto que enfrentaría a la sociedad como a un objeto constituido en la exterioridad. Dicho principio no radica ni en la conciencia ni en las cosas, sino en la relación entre dos estados de lo social, es decir, la historia objetivada en las cosas bajo forma de instituciones, y la historia encarnada en los cuerpos bajo la forma del sistema de disposiciones duraderas que llamo habitus” (Bourdieu, 1982: 37-38). Aquí se postula claramente una relación dialéctica entre habitus y campo, en el sentido de que el uno no puede funcionar sino en relación (recíproca) con el otro. Por consiguiente, es el encuentro entre habitus y campo, entre “historia hecha cuerpo” e “historia hecha cosa”, lo que constituye el mecanismo principal de producción del mundo social. Bourdieu especifica de este modo el doble movimiento constructivista de interiorización de la exterioridad y de exteriorización de la interioridad. El habitus sería el resultado de la incorporación de las estructuras sociales mediante la “interiorización de la exterioridad”, mientras que el campo sería el producto de la “exteriorización de la interioridad”, es decir, materializaciones institucionales de un sistema de habitus efectuadas en una fase precedente del proceso histórico-social. 3.1.- El espacio social Pero ¿qué es un campo? Para entenderlo quizás convenga partir del concepto de espacio social. Para Bourdieu el espacio social es un sistema de posiciones sociales que se definen las unas en relación con las otras (v.g., autoridad / súbdito; jefe / subordinado; patrón / empleado; hombre / mujer; rico / pobre; distinguido / popular; etc.). El “valor” de una posición se mide por la distancia social que la separa de otras posiciones inferiores o superiores, lo que equivale a decir que el espacio 78
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    social es, endefinitiva, un sistema de diferencias sociales jerarquizadas (¡”la distinción”!) en función de un sistema de legitimidades socialmente establecidas y reconocidas en un momento determinado. Y lo que se llama “orden social” no sería más que el sistema global de espacios sociales constituido por conjuntos de posiciones, a la vez vinculadas y contrapuestas entre sí por las distancias que las separan. En un espacio social dado, las prácticas de los agentes tienden a ajustarse espontáneamente - en circunstancias normales - a las distancias sociales establecidas entre posiciones. Es la dosis de conformismo requerido para el funcionamiento del sistema social. Lo que no excluye, sin embargo, que en períodos de crisis, por ejemplo, se transgredan o se redefinan las distancias sociales. 3.2.- El campo social En las sociedades modernas caracterizadas por un alto grado de diferenciación y complejidad, el espacio social se torna multidimensional y se presenta como un conjunto de campos relativamente autónomos, aunque articulados entre sí: campo económico, campo político, campo religioso, campo intelectual, etc. Un campo, por lo tanto, es una esfera de la vida social que se ha ido autonomizando progresivamente a través de la historia en torno a cierto tipo de relaciones sociales, de intereses y de recursos propios, diferentes a los de otros campos. Bourdieu recurre nuevamente a la metáfora del juego para dar una primera imagen intuitiva de lo que entiende por campo: éste sería un espacio de juego relativamente autónomo, con objetivos propios a ser logrados (enjeu), con jugadores compitiendo (a veces ferozmente) entre sí y empeñados en diferentes estrategias según su dotación de cartas y su capacidad de apuesta (capital), pero al mismo tiempo interesados en jugar porque “creen” en el juego y reconocen que “vale la pena jugar” (Bourdieu, 1992: 73). En cada momento, las relaciones de fuerza entre los jugadores definen la estructura del campo. Esto no es todo: “Los jugadores pueden jugar para aumentar o conservar su capital, sus fichas, es decir, en conformidad con las reglas tácitas del juego y con las necesidades de la reproducción del juego y de los intereses en juego; pero también pueden trabajar para transformar parcial o totalmente las reglas inmanentes del juego” (Bourdieu, 1992: 75). 79
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    En sentido riguroso,el campo se define - como todo espacio social - como una red o una configuración de relaciones objetivas entre posiciones diferenciadas, socialmente definidas y en gran medida independientes de la existencia física de los agentes que las ocupan (Bourdieu, 1992, 72). Así, el agente que ocupa la posición de empleado o de patrón, de sub-oficial o de oficial superior, de padre o de hijo, de dirigente deportivo o de simple practicante, puede muy bien desaparecer físicamente sin que la posición deje de existir, quedando ésta disponible para otro agente según el principio: ha muerto el rey, ¡viva el rey! 3.3.- Las tres especies de capital La especificidad de cada campo viene dada, según Bourdieu, por el tipo de recursos (o la combinación particular de tipos de recursos) que se moviliza y tiene curso en su ámbito. A pesar de su aparente diversidad, estos recursos pueden reagruparse entre tres grandes categorías: - Recursos de naturaleza económica (entre los que el dinero ocupa un lugar preeminente por su papel de equivalente universal). - Recursos de naturaleza cultural (entre los cuales los diplomas escolares y universitarios han cobrado una importancia creciente). - Recursos sociales consistentes en la capacidad de movilizar en provecho propio redes de relaciones sociales más o menos extensas, derivadas de la pertenencia a diferentes grupos o “clientelas”. Estos tres grandes tipos de recursos no sólo constituyen los “intereses en juego” dentro de determinados campos, sino también las condiciones para “entrar en juego” y hacer jugadas rentables dentro de un campo, de modo que se acrecienten los recursos inicialmente comprometidos. Lo que implica todo un trabajo de valorización de los recursos invertidos para obtener beneficios. Por esta razón se da el nombre de capital a los recursos puestos en juego en los diferentes campos: capital económico, capital cultural y capital social (la red de relaciones movilizables). (Bourdieu, 1979a: 3- 6; 1980a: 2-3). Por la misma razón, el campo se considera también como un mercado donde tiene curso y se negocia un capital específico. Bourdieu introduce una cuarta especie de capital: el capital simbólico. Éste consiste en ciertas propiedades impalpables, inefables y cuasi-carismáticas que parecen inherentes a la naturaleza misma del agente. Tales propiedades suelen llamarse, por ejemplo, autoridad, prestigio, reputación, crédito, fama, notoriedad, 80
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    honorabilidad, talento, don,gusto, inteligencia, etc. Según Bourdieu, el capital simbólico así entendido “no es más que el capital económico o cultural en cuanto conocido y reconocido” (Bourdieu, 1987a: 160). En efecto, lejos de ser naturales o inherentes a la persona misma, tales propiedades sólo pueden existir en la medida en que sean reconocidas por los demás. Es decir, son formas de crédito otorgados a unos agentes por otros agentes. Aunque claramente distintas, las diferentes especies de capital están estrechamente vinculadas entre sí, y bajo ciertas condiciones pueden transformarse unas en otras. Bourdieu habla incluso de cierta “tasa de convertibilidad” entre las diferentes especies de capital. Así, el capital social puede transformarse en capital económico (se puede obtener un empleo bien remunerado gracias a la recomendación de un “padrino” influyente), del mismo modo que el capital cultural (v.g., los diplomas universitarios dan acceso a puestos bien remunerados de alta calificación). Por más de que resulte difícil jerarquizar las especies antes enumeradas de capital, Bourdieu afirma que una de ellas posee un peso preponderante y decisivo, como lo atestigua toda la historia: el capital económico. En efecto, es frecuentemente la posesión de este capital lo que decide el éxito de las luchas en todos los campos. Esta tesis ha sido asimilada por algunos críticos a la “determinación en última instancia por la economía” del marxismo tradicional, y le ha valido a Bourdieu ser etiquetado como “neo-marxista”. Por último, el capital acumulado de modo específico en un determinado campo se distribuye ordinariamente de modo desigual entre los agentes según la posición ocupada. En efecto, lo que se observa en la realidad es una estructura de distribución del capital específico más o menos dispersa o concentrada según la historia del campo considerado y, por lo mismo, según la evolución de las luchas por la apropiación del capital. A partir de aquí puede entenderse la relación entre capital y poder. La relación de fuerzas resultante de la desigual distribución del capital en cuestión es lo que define las posiciones dominantes y dominadas dentro de un campo y, por lo tanto, la capacidad de ejercer un poder y una influencia sobre otros. Con otras palabras: el hecho de disponer personalmente de bienes económicos y culturales es fuente de poder con respecto a los que los poseen en menor medida o simplemente carecen de ellos. 81
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    En resumen: Bourdieuhace explotar la noción vacía de sociedad para sustituirla por las de campo y espacio social. “Un campo no es simplemente una estructura muerta o un sistema de «lugares vacíos» como en el marxismo althusseriano, sino un espacio de juego que sólo existe en cuanto tal en la medida en que existan también jugadores que entren en él, que crean en las recompensas que ofrece y que las busquen activamente. De donde se sigue que una teoría adecuada del campo implica por necesidad una teoría de los agentes sociales” (Wacquant in Bourdieu, 1992: 26). Cuadro extraído del libro Capital Cultural, Escuela y Espacio Social de Pierre Bourdieu. Ed. Siglo XXI, México 2003, p.31 82
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    83 2.2.4 LASOCIOLOGÍA CRÍTICA Fragmento de la obra Sociología de la Educación Regina Jimenez-Ottalengo La Sociología Crítica Esta teoría nace en la llamada Escuela de Frankfurt, foco de pensamiento filosófico que no acepta mecánicamente las categorías marxistas, por lo que se considera como alternativa al marxismo ortodoxo (materialismo dialéctico, doctrina de Carlos Marx). Se trata de la búsqueda de nuevas formas de expresión sobre la base de la corriente marxista. Podemos decir que la teoría crítica es heterogénea y que su articulación es la búsqueda por la emancipación, la no represión, la no explota, así como la reconstrucción de una sociedad democrática y solidaria. En otras palabras, es la reflexión que pretende encontrar un agente que produzca los cambios. De ahí que los pensadores de esta escuela se inquieten por un acercamiento a movimientos populares como los ecologistas, los derechos humanos y los derechos de las minorías. De este modo, el acontecer histórico en el que se desarrolla esta corriente de pensamiento hace de la emancipación una obsesión. Hay que reconocer que en los años treinta en el mundo capitalista se estaban produciendo cambios en la clase trabajadora por lo que los socialistas pensaban que se llevaría a cabo una acción revolucionaria. En estos años el fenómeno de explosión de los medios de difusión – radio, cine, circulación masiva de periódicos, música popular- creo una nueva cultura popular. Esta industria de la cultura así como la comercialización de productos artísticos tuvieron consecuencias importantes en la conformación de la conciencia colectiva dada la acción masificadora que se generó a través de los medios. De ahí que para los seguidores de la escuela crítica sea el proceso educativo formal el único capaz de contrarrestar los efectos nocivos de la despersonalización producida por la masificación. Entre los elementos atractivos de esta teoría están la búsqueda de la emancipación entendida como el desarrollo de la personalidad individual y la búsqueda de la solidaridad frente a un mundo cada vez más burocratizado que oprime al individuo y le hace perder el verdadero sentido de la vida.Resultan sumamente complejos los análisis que hacen los seguidores de la Escuela de Frankfurt. Por la manera de abordar los temas culturales, lo mismo hacen un pronunciamiento en contra de la cultura popular que masifica, que en contra de la
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    idea estética dela despersonalización de la belleza que es residuo de una cultura no socializada. Esta escuela considera que la monotonía de la vida cotidiana busca en el entrenamiento una salida, para hacer más llevadera la vida de miles de consumidores pasivos, dando como resultado una forma conformista de utilizar el tiempo libre originado por la industria y la comercialización de la cultura. Representantes de estas corrientes son Theodor Adorno, Max Horkheimer y Herbert Marcurse, quienes en la década de los treinta y cuarenta se cuestionaban el imperio de la violencia, la dureza del estalinismo y los holocaustos judíos y japonés; y un poco más tarde, Jurgens Habermas, quien ha ejercido gran influencia con los estudios sobre la comunicación y la cultura. Fragmento de la obra Dialéctica del Iluminismo Iluminismo como mistificación de masas 84 Adorno, Teodoro y Horkheimer; M La tesis sociológica de que la pérdida de sostén en la religión objetiva, la disolución de los últimos residuos precapitalistas, la diferenciación técnica y social y el extremado especialismo han dado lugar a un caos cultural, se ve cotidianamente desmentida por los hechos. La civilización actual concede a todo un aire de semejanza. Film, radio y semanarios constituyen un sistema. Cada sector está armonizado en sí y todos entre ellos. Las manifestaciones estéticas, incluso de los opositores políticos, celebran del mismo modo el elogio del ritmo de acero. Los organismos decorativos de las administraciones y las muestras industriales son poco diversas en los países autoritarios y en los demás. Los tersos y colosales palacios que se alzan por todas partes representan la pura racionalidad privada de sentido de los grandes monopolios internacionales a los que tendía ya la libre iniciativa desencadenada, que tiene en cambio sus monumentos en los tétricos edificios de habitación o comerciales de las ciudades desoladas. Ya las casas más viejas cerca de los centros de cemento armado tienen aire de slums y los nuevos bungalows marginales a la ciudad cantan ya -como las frágiles construcciones de las ferias internacionales- las loas al progreso técnico, invitando a que se los liquide, tras un rápido uso, como cajas de conserva. Pero los proyectos urbanísticos que deberían perpetuar, en pequeñas habitaciones higiénicas, al individuo como ser independiente,
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    lo someten aunmás radicalmente a su antítesis, al poder total del capital. Como los habitantes afluyen a los centros a fin de trabajar y divertirse, en carácter de productores y consumidores, las células edilicias se cristalizan sin solución de continuidad en complejos bien organizados. La unidad visible de macrocosmo y microcosmo ilustra a los hombres sobre el esquema de su civilización: la falsa identidad de universal y particular. Cada civilización de masas en un sistema de economía concentrada es idéntica y su esqueleto -la armadura conceptual fabricada por el sistema- comienza a delinearse. Los dirigentes no están ya tan interesados en esconderla; su autoridad se refuerza en la medida en que es reconocida con mayor brutalidad. Film y radio no tienen ya más necesidad de hacerse pasar por arte. La verdad de que no son más que negocios les sirve de ideología, que debería legitimar los rechazos que practican deliberadamente. Se autodefinen como industrias y las cifras publicadas de las rentas de sus directores generales quitan toda duda respecto a la necesidad social de sus productos. Quienes tienen intereses en ella gustan explicar la industria cultural en términos tecnológicos. La participación en tal industria de millones de personas impondría métodos de reproducción que a su vez conducen inevitablemente a que, en innumerables lugares, necesidades iguales sean satisfechas por productos standard. El contraste técnico entre pocos centros de producción y una recepción difusa exigiría, por la fuerza de las cosas, una organización y una planificación por parte de los detentores. Los clichés habrían surgido en un comienzo de la necesidad de los consumidores: sólo por ello habrían sido aceptados sin oposición. Y en realidad es en este círculo de manipulación y de necesidad donde la unidad del sistema se afianza cada vez más. Pero no se dice que el ambiente en el que la técnica conquista tanto poder sobre la sociedad es el poder de los económicamente más fuertes sobre la sociedad misma. La racionalidad técnica es hoy la racionalidad del dominio mismo. Es el carácter forzado de la sociedad alienada de sí misma. Automóviles y films mantienen unido el conjunto hasta que sus elementos niveladores repercuten sobre la injusticia misma a la que servían. Por el momento la técnica de la industria cultural ha llegado sólo a la igualación y a la producción en serie, sacrificando aquello por lo cual la lógica de la obra se distinguía de la del sistema social. Pero ello no es causa de una ley de desarrollo de la técnica en cuanto tal, sino de su función en la economía actual. La necesidad que podría acaso escapar al control central es reprimida ya por el control de la conciencia individual. El paso del teléfono a la radio ha separado 85
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    claramente a laspartes. El teléfono, liberal, dejaba aun al oyente la parte de sujeto. La radio, democrática, vuelve a todos por igual escuchas, para remitirlos autoritariamente a los programas por completo iguales de las diversas estaciones. No se ha desarrollado ningún sistema de respuesta y las transmisiones privadas son mantenidas en la clandestinidad. Estas se limitan al mundo excéntrico de los “aficionados”, que por añadidura están aun organizados desde arriba. Pero todo resto de espontaneidad del público en el ámbito de la radio oficial es rodeado y absorbido, en una selección de tipo especialista, por cazadores de talento, competencias ante el micrófono y manifestaciones domesticadas de todo género. Los talentos pertenecen a la industria incluso antes de que ésta los presente: de otro modo no se adaptarían con tanta rapidez. La constitución del público, que teóricamente y de hecho favorece al sistema de la industria cultural, forma parte del sistema y no lo disculpa. Cuando una branche artística procede según la misma receta de otra, muy diversa en lo que respecta al contenido y a los medios expresivos; cuando el nudo dramático de la soap-opera en la radio se convierte en una ilustración pedagógica del mundo en el cual hay que resolver dificultades técnicas, dominadas como jam al igual que en los puntos culminantes de la vida del jazz, o cuando la “adaptación” experimental de una frase de Beethoven se hace según el mismo esquema con el que se lleva una novela de Tolstoy a un film, la apelación a los deseos espontáneos del público se convierte en un pretexto inconsistente. Más cercana a la realidad es la explicación que se basa en el peso propio, en la fuerza de inercia del aparato técnico y personal, que por lo demás debe ser considerado en cada uno de sus detalles como parte del mecanismo económico de selección. A ello debe agregarse el acuerdo o por lo menos la común determinación de los dirigentes ejecutivos de no producir o admitir nada que no se asemeje a sus propias mesas, a su concepto de consumidores y sobre todo a ellos mismos. Si la tendencia social objetiva de la época se encarna en las intenciones subjetivas de los dirigentes supremos, éstos pertenecen por su origen a los sectores más poderosos de la industria. Los monopolios culturales son, en relación con ellos, débiles y dependientes. Deben apresurarse a satisfacer a los verdaderamente poderosos, para que su esfera en la sociedad de masas -cuyo particular carácter de mercancía tiene ya demasiada relación con el liberalismo acogedor y con los intelectuales judíos- no corra peligro. La dependencia de la más poderosa sociedad de radiofonía respecto a la industria eléctrica o la del cine respecto a la de las 86
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    construcciones navales, delimitala entera esfera, cuyos sectores aislados están económicamente cointeresados y son interdependientes. Todo está tan estrechamente próximo que la concentración del espíritu alcanza un volumen que le permite traspasar los confines de las diversas empresas y de los diversos sectores técnicos. La unidad desprejuiciada de la industria cultural confirma la unidad -en formación- de la política. Las distinciones enfáticas, como aquellas entre films de tipo a y b o entre las historias de semanarios de distinto precio, no están fundadas en la realidad, sino que sirven más bien para clasificar y organizar a los consumidores, para adueñarse de ellos sin desperdicio. Para todos hay algo previsto, a fin de que nadie pueda escapar; las diferencias son acuñadas y difundidas artificialmente. El hecho de ofrecer al público una jerarquía de cualidades en serie sirve sólo para la cuantificación más completa. Cada uno debe comportarse, por así decirlo, espontáneamente, de acuerdo con su level determinado en forma anticipada por índices estadísticos, y dirigirse a la categoría de productos de masa que ha sido preparada para su tipo. Reducidos a material estadístico, los consumidores son distribuidos en el mapa geográfico de las oficinas administrativas (que no se distinguen prácticamente más de las de propaganda) en grupos según los ingresos, en campos rosados, verdes y azules. El esquematismo del procedimiento se manifiesta en que al fin los productos mecánicamente diferenciados se revelan como iguales. El que las diferencias entre la serie Chrysler y la serie General Motors son sustancialmente ilusorias es cosa que saben incluso los niños que se enloquecen por ellas. Los precios y las desventajas discutidos por los conocedores sirven sólo para mantener una apariencia de competencia y de posibilidad de elección. Las cosas no son distintas en lo que concierne a las producciones de la Warner Brothers y de la Metro Goldwin Mayer. Pero incluso entre los tipos más caros y menos caros de la colección de modelos de una misma firma, las diferencias se reproducen más: en los automóviles no pasan de variantes en el número de cilindros, en el volumen, en la novedad de los gadgets; en los films se limitan a diferencias en el número de divos, en el despliegue de medios técnicos, mano de obra, trajes y decorados, en el empleo de nuevas fórmulas psicológicas. La medida unitaria del valor consiste en la dosis de conspicuous production, de inversión exhibida. Las diferencias de valor preestablecidas por la industria cultural no tienen nada que ver con diferencias objetivas, con el significado de los productos. También los medios técnicos tienden a una creciente uniformidad 87
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    recíproca. La televisióntiende a una síntesis de radio y cine, que está siendo retardada hasta que las partes interesadas se hayan puesto completamente de acuerdo, pero cuyas posibilidades ilimitadas pueden ser promovidas hasta tal punto por el empobrecimiento de los materiales estéticos que la identidad apenas velada de todos los productos de la industria cultural podrá mañana triunfar abiertamente, como sarcástica realización del sueño wagneriano de la “obra de arte total”. El acuerdo de palabra, música e imagen se logra con mucha mayor perfección que en Tristán, en la medida en que los elementos sensibles, que se limitan a registrar la superficie de la realidad social, son ya producidos según el mismo proceso técnico de trabajo y expresan su unidad como su verdadero contenido. Este proceso de trabajo integra a todos los elementos de la producción, desde la trama de la novela preparada ya en vistas al film, hasta el último efecto sonoro. Es el triunfo del capital invertido. Imprimir con letras de fuego su omnipotencia -la de sus manos- en el corazón de todos los desposeídos en busca de empleo es el significado de todos los films, independientemente de la acción dramática que la dirección de producciones escoge de vez en cuando. Durante el tiempo libre el trabajador debe orientarse sobre la unidad de la producción. La tarea que el esquematismo kantiano había asignado aun a los sujetos -la de referir por anticipado la multiplicidad sensible a los conceptos fundamentales- le es quitada al sujeto por la industria. La industria realiza el esquematismo como el primer servicio para el cliente. Según Kant, actuaba en el alma un mecanismo secreto que preparaba los datos inmediatos para que se adaptasen al sistema de la pura razón. Hoy, el enigma ha sido develado. Incluso si la planificación del mecanismo por parte de aquellos que preparan los datos, la industria cultural, es impuesta a ésta por el peso de una sociedad irracional -no obstante toda racionalización-, esta tendencia fatal se transforma, al pasar a través de las agencias de la industria, en la intencionalidad astuta que caracteriza a esta última. Para el consumidor no hay nada por clasificar que no haya sido ya anticipado en el esquematismo de la producción. El prosaico arte para el pueblo realiza ese idealismo fantástico que iba demasiado lejos para el crítico. Todo viene de la conciencia: de la de Dios en Malebranche y en Berkeley; en el arte de masas, de la dirección terrena de la producción. No sólo los tipos de bailables, divos, soap-operas retornan cíclicamente como entidades invariables, sino que el contenido particular del espectáculo, lo que aparentemente cambia, es a su vez deducido de aquéllos. Los detalles se tornan fungibles. La breve 88
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    sucesión de intervalosque ha resultado eficaz en un tema, el fracaso temporario del héroe, que éste acepta deportivamente, los saludables golpes que la hermosa recibe de las robustas manos del galán, los modales rudos de éste con la heredera pervertida, son, como todos los detalles, clichés, para emplear a gusto aquí y allá, enteramente definidos cada vez por el papel que desempeñan en el esquema. Confirmar el esquema, mientras lo componen, constituye toda la realidad de los detalles. En un film se puede siempre saber en seguida cómo terminará, quién será recompensado, castigado u olvidado; para no hablar de la música ligera, en la que el oído preparado puede adivinar la continuación desde los primeros compases y sentirse feliz cuando llega. El número medio de palabras de la short story es intocable. Incluso los gags, los efectos, son calculados y planificados. Son administrados por expertos especiales y su escasa variedad hace que se los pueda distribuir administrativamente. La industria cultural se ha desarrollado con el primado del efecto, del exploit tangible, del detalle sobre la obra, que una vez era conductora de la idea y que ha sido liquidada junto con ésta. El detalle, al emanciparse, se había tornado rebelde y se había erigido -desde el romanticismo hasta el expresionismo- en expresión desencadenada, en exponente de la revolución contra la organización. El efecto armónico aislado había cancelado en la música la conciencia de la totalidad formal; en pintura el color particular se había sobrepuesto a la composición del cuadro; la penetración psicológica dominaba sobre la arquitectura de la novela. A ello pone fin con su totalidad la industria cultural. Al no reconocer más que a los detalles, acaba con la insubordinación de éstos y los somete a la fórmula que ha tomado el lugar de la obra. La industria cultural trata de la misma forma al todo y a las partes. El todo se opone, en forma despiadada o incoherente, a los detalles, un poco como la carrera de un hombre de éxito, a quien todo debe servirle de ilustración y prueba, mientras que la misma carrera no es más que la suma de esos acontecimientos idiotas. La llamada idea general es un mapa catastral y crea un orden, pero ninguna conexión. Privados de oposición y de conexión, el todo y los detalles poseen los mismos rasgos. Su armonía garantizada desde el comienzo es la caricatura de aquella otra -conquistada- de la obra maestra burguesa. En Alemania, en los films más despreocupados del período democrático, reinaba ya la paz sepulcral de la dictadura. El mundo entero es pasado por el cedazo de la industria cultural. La vieja esperanza del espectador cinematográfico, para quien la calle parece la continuación 89
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    del espectáculo queacaba de dejar, debido a que éste quiere precisamente reproducir con exactitud el mundo perceptivo de todos los días, se ha convertido en el criterio de la producción. Cuanto más completa e integral sea la duplicación de los objetos empíricos por parte de las técnicas cinematográficas, tanto más fácil resulta hacer creer que el mundo exterior es la simple prolongación del que se presenta en el film. A partir de la brusca introducción del elemento sonoro el proceso de reproducción mecánica ha pasado enteramente al servicio de este propósito. El ideal consiste en que la vida no pueda distinguirse más de los films. El film superando en gran medida al teatro ilusionista, no deja a la fantasía ni al pensar de los espectadores dimensión alguna en la que puedan moverse por su propia cuenta sin perder el hilo, con lo que adiestra a sus propias víctimas para identificarlo inmediatamente con la realidad. La atrofia de la imaginación y de la espontaneidad del consumidor cultural contemporáneo no tiene necesidad de ser manejada según mecanismos psicológicos. Los productos mismos, a partir del más típico, el film sonoro, paralizan tales facultades mediante su misma constitución objetiva. Tales productos están hechos de forma tal que su percepción adecuada exige rapidez de intuición, dotes de observación, competencia específica, pero prohibe también la actividad mental del espectador, si éste no quiere perder los hechos que le pasan rápidamente delante. Es una tensión tan automática que casi no tiene necesidad de ser actualizada para excluir la imaginación. Quien está de tal forma absorto en el universo del film, en los gestos, imágenes y palabras, que carece de la capacidad de agregar a éstos aquello por lo que podrían ser tales, no por ello se encontrará en el momento de la exhibición sumido por completo en los efectos particulares del espectáculo que contempla. A través de todos los otros films y productos culturales que necesariamente debe conocer, han llegado a serle tan familiares las pruebas de atención requeridas que se le producen automáticamente. La violencia de la sociedad industrial obra sobre los hombres de una vez por todas. Los productos de la industria cultural pueden ser consumidos rápidamente incluso en estado de distracción. Pero cada uno de ellos es un modelo del gigantesco mecanismo económico que mantiene a todos bajo presión desde el comienzo, en el trabajo y en el descanso que se le asemeja. De cada film sonoro, de cada transmisión radial, se puede deducir aquello que no se podría atribuir como efecto a ninguno de ellos aisladamente, pero sí al conjunto de todos en la sociedad. Inevitablemente, cada manifestación aislada de la industria cultural reproduce a los hombres tal como aquello en que ya los ha 90
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    convertido la enteraindustria cultural. Y todos los agentes de la industria cultural, desde el productor hasta las asociaciones femeninas, velan para que el proceso de la reproducción simple del espíritu no conduzca en modo alguno a una reproducción enriquecida. Las quejas de los historiadores del arte y de los abogados de la cultura respecto a la extinción de la energía estilística en Occidente son pavorosamente infundadas. La traducción estereotipada de todo, incluso de aquello que aún no ha sido pensado, dentro del esquema de la reproductibilidad mecánica, supera en rigor y validez a todo verdadero estilo, concepto este con el que los amigos de la cultura idealizan -como “orgánico”- al pasado precapitalista. Ningún Palestrina hubiera podido expeler la disonancia no preparada y no resuelta con el purismo con el que un arrangeur de música de jazz elimina hoy toda cadencia que no se adecue perfectamente a su jerga. Cuando adapta a Mozart no se limita a modificarlo allí donde es demasiado serio o demasiado difícil, sino también donde armonizaba la melodía en forma diversa -y acaso con más sencillez- de lo que se usa hoy. Ningún constructor de iglesias medieval hubiera inspeccionado los temas de los vitrales y de las esculturas con la desconfianza con que la dirección del estudio cinematográfico examina un tema de Balzac o de Víctor Hugo antes de que éste obtenga el imprimatur que le permi tirá continuar adelante. Ningún capítulo habría asignado a las caras diabólicas y las penas de los condenados su justo puesto en el orden del sumo amor con el escrúpulo con el que la dirección de producción se lo asigna a la tortura del héroe o a la sucinta pollera de la leading lady en la letanía del film de éxito. El catálogo explícito e implícito, exotérico y esotérico de lo prohibido y de lo tolerado, no se limita a circunscribir un sector libre, sino que lo domina y lo controla desde la superficie hasta el fondo. Incluso los detalles mínimos son modelados según sus normas. La industria cultural, a través de sus prohibiciones, fija positivamente -al igual que su antítesis, el arte de vanguardia- un lenguaje suyo, con una sintaxis y un léxico propios. La necesidad permanente de nuevos efectos, que quedan sin embargo ligados al viejo esquema, no hace más que aumentar, como regla supletoria, la autoridad de lo ordenado, a la que cada efecto particular querría sustraerse. Todo lo que aparece es sometido a un sello tan profundo que al final no aparece ya nada que no lleve por anticipado el signo de la jerga y que no demuestre ser, a primera vista, aprobado y reconocido 91
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    Fragmento del discurso¿Aprendemos de las catástrofes? 92 Jürgen Habermas Las continuidades poderosas El umbral del próximo siglo atrapa nuestra imaginación porque nos lleva a un nuevo milenio. Este corte del calendario se debe a una cronología construida por una historia providencial, cuyo punto cero es el nacimiento de Cristo que, desde esa perspectiva, significó una interrupción en la historia universal. Al final del segundo milenio los planes de vuelo de las compañías aéreas internacionales, las transacciones globales de las bolsas de valores, los congresos mundiales de los científicos, más todavía, los encuentros en el espacio sideral, se ordenan de acuerdo con la cronología cristiana. Pero estas cifras redondas, producto de la división de un calendario, no explican los nudos temporales que son los mismos acontecimientos históricos. Cifras como 1900 ó 2000 carecen de significado si las comparamos con los datos históricos de 1914, 1945 ó 1989. Pero, sobre todo, los cortes del calendario ocultan la continuidad de las tendencias —que vienen de muy atrás— de una modernidad social, que pasarán intocadas el umbral del siglo XXI. Antes de abordar la propia fisonomía del siglo XX quisiera recordar las tendencias de larga duración que han recorrido el siglo, tomando el ejemplo de (a), el desarrollo demográfico, (b) los cambios en el mundo del trabajo y (c) el currículum del progreso científico y técnico. A) Desde principios del siglo XIX comenzó en Europa un crecimiento vertiginoso de la población como consecuencia directa del progreso en la medicina. Desde mediados de nuestro siglo, este desarrollo demográfico —que mientras tanto se detuvo en las sociedades prósperas— ha continuado en el Tercer Mundo de manera explosiva. Los expertos no cuentan con un equilibrio antes del año 2030, con una población de diez mil millones de seres humanos. Vale decir, a partir de 1950 la población mundial se ha quintuplicado. Detrás de esta tendencia estadística se oculta, en efecto, una fenomenología rica en cambios. A principios de nuestro siglo, el crecimiento explosivo de la población era percibido por sus contemporáneos como un fenómeno de masas. Pero aun entonces este fenómeno no era muy nuevo. Antes de que Gustave LeBon se interesara por la psicología de las masas, la novela del siglo XIX describió la concentración masiva de individuos en las ciudades y en los barrios, en las fábricas, las oficinas y los cuarteles, así como también la movilización masiva de trabajadores y emigrantes, de manifestantes, huelguistas y revolucionarios. No obstante, a principios del siglo XX por primera vez esas corrientes, organizaciones y acciones masivas se condensaron en fenómenos
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    hegemónicos que dieronlugar a la visión, por ejemplo, de José Ortega y Gasset en La rebelión de las masas. En las movilizaciones masivas de la Segunda Guerra mundial, en la miseria masiva de los campos de concentración, así como en las migraciones masivas de fugitivos y en el caos masivo de las displaced persons se despliega un colectivismo que se había anunciado en la imagen del Leviathan de Thomas Hobbes. En esa imagen, los innumerables individuos anónimos se han fundido en un macrosujeto todopoderoso y colectivo. Sin embargo, desde la mitad de este siglo se ha transformado la fisonomía de las grandes cifras. La presencia de miles de cuerpos reunidos y aprisionados en una marcha constante se ha transformado en la inclusión simbólica de la conciencia de muchos individuos en las redes de comunicación cada vez más amplias y abarcantes. Las masas concentradas se convierten en el público disperso de los medios masivos de comunicación. Las corrientes físicas de tráfico van en aumento: las redes electrónicas y sus puertos o conexiones individuales han transformado en un anacronismo a las masas reunidas en las calles y las plazas. En efecto, el cambio de la percepción social ya no se explica por la continuidad del crecimiento demográfico. B) De igual modo se han llevado a cabo los cambios en el mundo del trabajo, en ritmos largos que trasponen el umbral de nuestro siglo. La introducción de métodos de producción que ahorran trabajo, vale decir: el aumento de la productividad es el motor de este desarrollo. A partir de la revolución industrial en la Inglaterra del siglo XVIII, la modernización de la economía ha seguido la misma secuencia. La masa de la población trabajadora que desde hace siglos laboraba en el campo se desplaza primero al sector secundario, la industria productora de bienes, luego al sector terciario, el del comercio, el transporte y los servicios. Mientras tanto las sociedades postindustriales han desplegado un cuarto sector, el del conocimiento, que domina muchas actividades y sectores, como las industrias high-tec, los bancos o la administración pública, que dependen de la afluencia de nuevas informaciones y, en el último tiempo, de investigaciones y avances en los sistemas de la informática. Todo esto se debe sin duda a una "revolución en el sistema educativo" que no sólo suprime el analfabetismo, sino que lleva también a una drástica ampliación de los sectores secundarios y terciarios. Mientras la educación superior perdía su carácter elitista, las universidades se convirtieron a menudo en los centros de la rebelión y del descontento político. 93
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    En el transcursodel siglo XX este modelo no ha cambiado, pero su tempo ha venido acelerándose. Desde principios de los años sesenta, Corea dio el salto de una sociedad preindustrial a una sociedad postindustrial, bajo las duras condiciones de una dictadura del desarrollo y en los años de una sola ronda generacional. Esta aceleración explica que un proceso tan conocido como la migración del campo a la ciudad haya adquirido, en la segunda mitad del siglo XX, una nueva y sorprendente cualidad. Dejando a un lado a China y al continente africano —del Sahara hacia abajo—, el violento salto productivo de la economía agraria mecanizada casi ha despoblado al sector agrario. En los países de la OCDE, la población activa en una economía agrícola altamente subvencionada alcanzó la histórica cifra de -10%. En la experiencia del mundo de la vida corriente esto significa una profunda ruptura con el pasado. Desde el neolítico hasta muy avanzado el siglo XIX la vida en las aldeas o los pueblos imprimió, sin duda, el mismo sello a todas las culturas, y se ha convertido ahora en una trampa dentro las sociedades industriales. La decadencia del campesinado ha transformado de raíz la relación tradicional del campo con la ciudad. Más del 40% de la población mundial vive hoy en las ciudades. Este proceso de metropolización destruye la ciudad misma, esa forma de vida urbana que se originó en la antigua Europa. Aunque la ciudad de Nueva York, el núcleo mismo de Manhattan, nos recuerde de modo incierto al Londres y al París del siglo XIX, las desbordadas regiones urbanas de la Ciudad de México y de Tokio, de Calcuta y Sao Paulo, de El Cairo y Seúl o Shangai han destruido para siempre las dimensiones comunes de "La Ciudad". Los desvanecidos perfiles de estas megalópolis que se multiplican desde hace dos o tres decenios nos dan la idea de una realidad que no entendemos y cuyos conceptos nos faltan. C) Por último, una tercera continuidad es la cadena que forma el progeso científico y técnico y sus definitivas consecuencias sociales que avanzan a través de los siglos. As nuevas materias primas y formas de energía, las nuevas tecnologías industriales, militares y médicas, los nuevos medios de transporte y comunicación que durante el siglo XX transformaron la economía, así como las formas de vida y del intercambio social, se debieron al conocimiento científico y los desarrollos técnicos del pasado. Los éxitos de la técnica, como el dominio de la energía atómica y los viajes al espacio, las innovaciones, como el descubrimiento del código genético, y la introducción de tecnologías genéticas en la agricultura y la medicina transforman nuestra conciencia del riesgo, nuestra misma conciencia moral. No obstante, esas 94
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    conquistas espectaculares permanecendentro de los mismos caminos trazados desde hace mucho tiempo. A partir del siglo XVII no ha cambiado nuestra actitud instrumental ante una naturaleza tranformada por la ciencia. Aun cuando nuestra intervención en la estructura misma de la materia sea más profunda que antes y nuestros avances en el cosmos más insólitos que nunca, no ha cambiado tampoco el modo del dominio técnico, la decodificación de los procesos naturales. La vida diaria saturada de tecnologías exige de nosotros los legos, como siempre, un trato trivial con aparatos y sistemas que no entendemos, una confianza habitual en el funcionamiento de técnicas y redes de transmisión que ignoramos. En sociedades altamente industrializadas, todo experto se convierte en un lego frente a otros expertos. Max Weber había descrito ya la "ingenuidad secundaria" que nos domina cuando manejamos el radio de transistores, el teléfono celular, las calculadoras de bolsillo, los videocasettes y sus reproductoras o las computadoras portátiles. Quiero decir, la manipulación de aparatos electrónicos conocidos cuya fabricación resume el conocimiento acumulado de varias generaciones de científicos. A pesar de las reacciones de pánico ante el anuncio de desperfectos y peligros de estas técnicas y aparatos, la inclusión de lo que no entendemos en el mundo de nuestra vida diaria apenas se ha visto amenazada, en algunos momentos, por la duda que nutren los medios masivos de comunicación acerca de la confiabilidad del conocimiento de los expertos y de la gran tecnología. La creciente conciencia del riesgo no perturba la rutina diaria. El perfeccionamiento de las técnicas de comunicación y tránsito tiene una importancia muy distinta para el cambio a largo plazo del horizonte de nuestra experiencia cotidiana. Los viajeros que emplearon, en 1830, los primeros ferrocarriles habían narrado ya sus nuevas percepciones del espacio y el tiempo. En el siglo XX, el automóvil y la aviación civil aceleraron todavía más el tráfico de personas y el transporte de bienes de consumo y redujeron también —de modo subjetivo— las distancias. Nuestra conciencia del tiempo y el espacio ha sido transformada de otro modo por las nuevas técnicas de transmisión, acumulación y procesamiento de datos e informaciones. En la Europa de fines del siglo XVIII la impresión de libros y periódicos contribuyó al nacimiento de una conciencia histórica global y dirigida al futuro. A fines del XIX, Nietzsche se lamentaba del historicismo de una élite ilustrada que todo lo convertía en presente. Mientras tanto, la separación entre el presente y un conjunto de 95
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    pasados, que nuestravista cosifica, se ha apoderado de las masas de turistas ilustrados. El periodismo masivo es también resultado del siglo XIX; pero el efecto "máquina del tiempo" que producen los medios impresos se ha incrementado por la fotografía, el cine, el radio y la televisión. La distancias espaciotemporales ya no se "superan": desaparecen sin dejar huella en la presencia ubicua de realidades virtuales. La comunicación digital supera finalmente a todos los otros medios en alcance y capacidad. Cada vez más individuos pueden obtener más rápido cantidades diversas de información, procesarlas e intercambiarlas simultáneamente a través de grandes distancias. Todavía no podemos apreciar las consecuencias intelectuales de Internet, que se opone de modo más decisivo a las costumbres de nuestra vida diaria que un nuevo aparato electrodoméstico. II. Dos rostros del siglo Las continuidades de la modernidad social que atraviesan el calendario del siglo nos enseñan de modo insuficiente lo que caracteriza al siglo XX. Por esta razón, los historiadores rigen la puntuación de sus narraciones más de acuerdo con los sucesos que con los cambios de tendencias o de estructuras. El rostro de un siglo va tomando forma por la irrupción de grandes acontecimientos. Entre los historiadores que todavía están dispuestos a pensar en grandes unidades existe hoy un consenso: al "largo" siglo XIX (1789-1914) le ha sucedido un "breve" siglo XX (1914-1989). El comienzo de la Primera Guerra mundial y el desmoronamiento de la Unión Soviética dan el marco a este antagonismo que atraviesa dos guerras mundiales y la guerra fría. Esta puntuación deja espacio, sin duda, para tres diferentes interpretaciones, de acuerdo con el mundo donde se sitúe al antagonismo: en el espacio de la economía de los sistemas sociales, en el de la política de las superpotencias o en el espacio cultural de las ideologías. La elección de esos puntos de vista hermenéuticos está determinada desde luego por la lucha de las ideas que han dominado el siglo. En la actualidad la guerra fría continúa con los medios del trabajo historiográfico, no importa si la Unión Soviética desafía al Occidente capitalista (Eric Hobsbawm) o si el Occidente liberal lucha contra los regímenes totalitarios (François Furet). Ambas interpretaciones explican de uno o de otro modo un hecho: sólo los Estados Unidos salieron fortalecidos de ambas guerras en el mundo de la economía, de la política y de la cultura, más aún: son la única superpotencia que ha sobrevivido a la guerra fría. Este resultado le ha dado al siglo el nombre de los Estados Unidos. La tercera lectura es menos clara. Mientras se use el concepto de "ideología" en un sentido neutral 96
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    detrás del título"la época de las ideologías" (Hildebrand) se esconde sólo una variante de la teoría del totalitarismo: la lucha del régimen refleja la lucha de las concepciones del mundo. El mismo título señala en otros casos la perspectiva —que Carl Schmitt definió— de una guerra civil universal: a partir de 1917 chocaron los grandes proyectos utópicos de la democracia y de la revolución universales —con Wilson y Lenin como sus representantes mayores (Ernst Nolte)—. Según esta crítica de la ideología —cuya filiación de derecha salta a la vista— la historia contrae el virus de la filosofía de la historia y se extravía de tal forma que sólo a partir del año de 1989 vuelve sobre las vías de las historias nacionales. Desde cada una de estas tres perspectivas, el siglo XX obtiene su propio rostro. Según la primera lectura, el más grande experimento político que se haya llevado a cabo con seres humanos desafía y no le da tregua al sistema capitalista internacional. La industrialización coercitiva bajo los más crueles sacrificios le permitió a la Unión Soviética el ascenso político a una superpotencia, pero no le aseguró una base económica ni una política social superior —o cuando menos una alternativa de sobrevivencia— al modelo del capitalismo occidental. Según la segunda lectura, el siglo XX trae los rasgos oscuros de un totalitarismo que suspende el proceso civilizatorio iniciado con la Ilustración, destruye la esperanza de domesticar el poder del Estado y el proyecto de humanizar la convivencia social entre los individuos. La violencia totalitaria de las naciones que hacen la guerra traspasa los límites del derecho internacional del mismo modo implacable en que la violencia terrorista de los partidos únicos dictatoriales neutraliza en el interior las garantías constitucionales. Mientras desde esta perspectiva luz y sombra se reparten por igual entre las fuerzas totalitarias y sus enemigos liberales, según la tercera lectura —una lectura postfascista— nuestro siglo se encuentra bajo la sombra de una cruzada ideológica entre partidos, si no de la misma importancia, sí de una mentalidad semejante. Ambas partes libran un combate —concepciones del mundo antagónicas— entre distintos programas de filosofía de la historia, cuya fuerza fanática se debe a sus proyectos religiosos originales disfrazados de fines seculares. En todas estas versiones aparecen los rasgos oscuros de un siglo que "inventó" las cámaras de gas y la guerra total, el genocidio bajo el mandato del Estado y los campos de exterminio, el lavado de cerebro, el sistema de la seguridad del Estado y la vigilancia panóptica de pueblos enteros. Este siglo "produjo" sin duda más víctimas, más soldados caídos, más ciudadanos asesinados, más civiles ejecutados y minorías 97
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    expulsadas, más personastorturadas, violadas, hambrientas y congeladas, más prisioneros políticos y fugitivos de lo que nadie nunca habría imaginado. La violencia y la barbarie determinan el signo de la época. De Horkheimer y Adorno hasta Braudriard y Zygmunt Baumann, de Heidegger hasta Foucault y Derrida, los rasgos totalitarios del siglo se han convertido en un instrumento de los mismos diagnósticos. Pero a estas interpretaciones negativas — que se dejan atrapar por el horror de las imágenes— se les escapa el reverso de las catástrofes. En efecto, los pueblos que participaron y fueron afectados necesitaron decenios para llegar a ser conscientes de la dimensión de ese terror que se advirtió primero de un modo insensible y apático: el holocausto que culmina en el exterminio metódico de los judíos europeos. Aunque primero se le reprimió y desapareció de la conciencia, este shock liberó energías y, más tarde, convicciones que en la segunda mitad del siglo localizaron la geografía del terror. Para las naciones que llevaron al mundo, en 1914, a una guerra de insólitos despliegues tecnológicos, y para los pueblos que después de 1939 reconocieron los crímenes masivos de una lucha de exterminio ideológica, el año de 1945 señala un gran viraje. Un viraje hacia una situación mejor, hacia la domesticación de las fuerzas de la barbarie que florecieron, en Alemania por ejemplo, en el suelo mismo de la civilización. ¿No aprendimos nada de las catástrofes de la primera mitad del siglo? La división del breve siglo XX en capítulos contrae el periodo de las dos guerras mundiales con el periodo de la guerra fría y sugiere la continuidad de una guerra incesante de los sistemas, de los regímenes y las ideologías por más de setenta y cinco años. Sin embargo, aquí desaparece el significado del acontecimiento que representa un parteaguas histórico, pues no sólo dividió al siglo XX desde la perspectiva cronológica, sino también económica, política y, sobre todo, normativa. Me refiero a la derrota del fascismo. Las fuerzas liberales, de izquierda y revolucionarias sociales se reunieron por primera vez en España para defender la República. Por las características de la guerra fría se olvidó muy pronto el significado ideológico de la alianza de las potencias occidentales con la Unión Soviética, una alianza que luego apareció como "antinatural". Pero el triunfo y la derrota de 1945 descalificaron por mucho tiempo esos mitos que,desde fines del siglo XIX, se lanzaron en amplios frentes contra la herencia de la revolución de 1789. La victoria de los aliados puso no sólo las condiciones necesarias para el desarrollo democrático de la República Federal de Alemania, de Japón y de 98
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    Italia, sino tambiénde España y Portugal. Todas las legitimaciones —por lo menos las que de manera verbal le rindieron tributo al espíritu de la ilustración política— perdieron entonces el suelo de la realidad. Un cambio de clima tuvo lugar, después de 1945, en el invernadero de las ideas. Sin él no habría tenido lugar la única, indudable, innovación cultural del siglo: la revolución de las artes plásticas, la arquitectura y la música. Después de 1945 el arte alcanzó una validez universal, se habló entonces en la forma del pasado de la "modernidad clásica". El arte vanguardista había creado hasta principios de los años treinta un repertorio de formas y técnicas nuevas e insólitas con las que el arte internacional, en la segunda mitad del siglo, siempre experimentó sin trascender nunca el horizonte de sus posibilidades creativas. Quizá Martin Heidegger y Ludwig Wittgenstein fueron los únicos dos filósofos que lograron escribir una obra tan original, y tener una influencia histórica tan decisiva, como la del arte vanguardista de los treinta; por cierto, ambos escribieron su obra al mismo tiempo, y ambos se apartaron del espíritu de la modernidad. Sea como fuere, el cambio en el clima cultural constituyó el fondo de tres tendencias políticas que, desde el periodo de la postguerra hasta los años ochenta, cambiaron también el rostro de nuestro siglo: a) la guerra fría; b) la descolonización; c) la construcción del Estado de bienestar social en Europa. A) La espiral de la carrera armamentista, tan grandiosa como exhaustiva, mantuvo a las naciones amenazadas en el terror; pero el cáculo enloquecido de un equilibrio del terror —MAD era la irónica abreviatura de "mutually assured destruction"— evitó como sea el comienzo de una guerra caliente. La posibilidad de que las superpotencias enloquecieran y rompieran el pacto —el acuerdo racional entre Reagan y Gorbachov en Reikiavik señaló el final de la carrera armamentista— nos hace ver retrospectivamente a la guerra fría como un proceso de autodominio — lleno de riesgos— y de alianzas entre países con armas nucleares. De igual modo puede describirse la pacífica implosión de un imperio mundial —la Unión Soviética—, cuyos gobernantes reconocieron la ineficacia de un modo de producción — supuestamente superior— y la derrota en la lucha económica, en lugar de desviar hacia el exterior los conflictos internos y transformarlos en aventuras militares B) La descolonización tampoco fue un solo proceso lineal. En retrospectiva, las antiguas potencias coloniales sólo libraron combates en la retaguardia. Los franceses se defendieron inútilmente en Indochina contra los movimientos de liberación nacional; en 1956, los británicos y los franceses fracasaron en su aventura del canal de Suez; 99
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    en 1975, losEstados Unidos pusieron fin a su intervención en Vietnam, una guerra — con enormes pérdidas humanas— de diez años. El año de 1945 no sólo se derrumbó el imperio del Japón derrotado, en el mismo año surgieron Siria y Libia como países independientes. En 1947, los británicos se retiraron de la India; al año siguiente, nacieron Burma, Israel, Indonesia y Sri Lanka. Más tarde lograron su independencia las regiones del Islam occidental, desde Persia hasta Marruecos, poco a poco los países del Africa central y, por último, las colonias restantes en el sudeste asiático y en el Caribe. El fin del apartheid en Sudáfrica y el regreso de Hong Kong y Macao a China clausuraron un proceso que, por lo menos formalmente, destruyó la dependencia de los pueblos coloniales. Al mismo tiempo estos flamantes países, muchas veces divididos por guerras civiles, conflictos culturales y luchas tribales, fueron aceptados como miembros con los mismos derechos en la Asamblea General de las Naciones Unidas. C) La tercera tendencia revela una ventaja inequívoca. En las democracias prósperas y pacíficas de Europa occidental —y en menor escala en los Estados Unidos y en otros países— surgieron economías mixtas que permitieron la continua ampliación de los derechos civiles y, por primera vez, una efectiva realización de derechos sociales fundamentales. Entre principios de los años cincuenta y principios de los setenta, el explosivo crecimiento económico mundial, la cuadruplicación de la productividad industrial y el aumento diez veces mayor del comercio internacional incrementaron a su vez las desigualdades entre las regiones pobres y ricas. Los gobiernos de los países de la OCDE, que en esos dos decenios contribuyeron con tres cuartos de la producción mundial y el 80% del comercio internacional, aprendieron tanto de las experiencias catastróficas del periodo de entre las dos guerras, que se propusieron una política económica inteligente, volcada hacia la estabilidad interna, con tasas de crecimiento relativamente altas, construyendo y ampliando un impresionante sistema de seguridad social. En las democracias masivas con un Estado de bienestar social, la forma económica altamente productiva del capitalismo se controló como nunca antes por la sociedad, y se concertó más o menos con la idea democrática de los Estados constitucionales. Estas tres tendencias son, desde la perspectiva de un historiador marxista como Eric Hobsbawm, razón suficiente para celebrar los decenios de la postguerra como una "época dorada". Sin embargo, a partir de 1989 la opinión pública percibió el final de esta época. 100
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    En los paísesdonde el Estado de bienestar social era considerado, por lo menos en retrospectiva, como una conquista política y social, la resignación ejerce su dominio. El fin del siglo se encuentra bajo el signo de un Estado de bienestar social y un capitalismo controlado en peligro, así como la inminente resurrección de un neoliberalismo implacable. Hobsbawm narra, con el tono de un escritor de la decadencia del imperio romano, esa atmósfera melancólica y desconsolada donde sólo se escucha la estridente música tecno. El corto siglo XX termina con problemas para los que nadie tiene una solución, ni parece tenerla. Mientras los ciudadanos del fin de siglo se abrieron un camino a través de la niebla global rumbo al tercer milenio, sólo sabían con certeza que una época histórica llegaba a su fin. No sabían mucho más que esto. Los antiguos problemas de la paz y de la seguridad internacional, de las desigualdades económicas entre Norte y Sur, así como el peligro de los desequilibrios ecológicos eran desde entonces de naturaleza global. Todos se complican ahora por otro problema, hasta ahora desconocido, que cubre a los demás. Si en el proceso de globalización del capitalismo hay un golpe más, esta vez definitivo, se limitará también la capacidad de acción de ese grupo selecto de Estados que, al contrario de los Estados económicamente dependientes del Tercer Mundo, habían logrado conservar una relativa independencia. La creciente globalización económica significa el desafío más importante para el orden social y político de la Europa surgida de la postguerra. Una salida podría consistir en que la fuerza reguladora de la política hiciera crecer de nuevo a los mercados que escaparon al control de los Estados nacionales. ¿O la falta de una orientación iluminadora en el diagnóstico de la época nos enseña que sólo podemos aprender de las catástrofes? ACTIVIDADES 1.- De cada lectura que leas identifica los conceptos claves que utiliza cada autor y elabora un cuadro. 2.-A partir del cuadro que elaboraste trata de identificar que pensaban acerca del ser humano 3.- Investiga las aportaciones de Talcott Parsons 3.-Relaciona las ideas principales de los autores con la carrera de enfermería. 101
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    BIBLIOGRAFÍA  Adorno,Teodoro; Horkheimer; M. Dialéctica del Iluminismo, E.U 1944  Andrade Carreño, Alfredo, “Augusto Comte” en la Sociedad a través de los Clásicos. UNAM. México 1988. P. 148-149  Pierre, Bourdieu. Capital Cultural, Escuela y Espacio Social Ed. Siglo 102 XXI, México 2003, p.31  Durkheim, Emile. La División Del Trabajo Social (Vol. 1) 2da. Ed Profesionales  Foucault, Michel. “El ojo del poder”, entrevista con Michel Foucault, en Bentham, Jjeremías: “El panóptico”, ed. La piqueta, Barcelona, 1980. Traducción de Julia Varela y Fernando Alvarez-Uría.  Habermas, Jürgen. ¿Aprendemos de las catástrofes? Diagnóstico y retrospectiva de nuestro breve siglo XX es un ensayo que Jürgen Habermas leyó en la Universidad de Magdeburgo. Nota y traducción de José María Pérez Gay  Giménez, Gilberto, La sociología de Pierre Bourdieu, Instituto de Investigaciones. Sociales de la UNAM, San Andrés Totoltepec, Junio de 1997.  Jimenez-Ottalengo Regina; Lucina Moreno Valle, Sociología de la Educación, Ed. Trillas, México 1997 pp. 32-33  Althusser, Louis, la Ideología y aparatos ideológicos de Estado, Freud y Lacan  Zabludovsky, Gina, “Max Weber” en La Sociedad a través de los Clásicos. UNAM. México 1988. 242-243
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    103 3. SOCIEDAD GUADALUPE MARCELA TORRES ESCUTIA En esta apartado se revisaran varios aspectos de la sociedad desde diversos teóricos, así como su estructura, las clases sociales y formas de organización: histórico, institucional y jurídico, en relación a este último haciendo énfasis al Estado Mexicano, finalmente se recomendarán una serie de actividades que permitirán que el estudiante refuerce lo leído en este capítulo. 3.1.1 CONCEPTO La evolución del concepto sociedad la podemos encontrar a lo largo del tiempo considerando diferentes enfoques, por ejemplo, la teoría social y política de la época medieval reducían la vida social a la política. En la época del Renacimiento esa idea se fue modificando y para el siglo XVIII se consideró al Estado parte de una totalidad mayor que fue denominada la “sociedad civil”. El concepto sociedad es una abstracción que se utiliza para referirse a la totalidad de las relaciones sociales que se manifiestan entre los individuos en un escenario de espacio y tiempo específicos, es decir, representa el proceso organizado colectivo que surge de la interrelación de hombres y mujeres en su ambiente con la finalidad fundamental de asegurar su propia sobrevivencia. Las definiciones precisas de sociedad son difíciles de encontrar por la especificidad de la realidad social y por ello diversos teóricos que han escrito al respecto difieren acerca de sus características; por ejemplo Joserph Fichter en su libro titulado Sociología sostiene que “Una sociedad es un gran número de seres humanos que obran conjuntamente para satisfacer sus necesidades sociales y que comparten una cultura en común.” 2 En relación a lo anterior, se puede deducir que el autor hace referencia a que la sociedad está constituida por grupos y estos a su vez por personas. 2 Fichter Joserph. Sociología. Ed. Herder. Barcelona. 1974. p. 153
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    En ese sentido,el estudio de una sociedad en específico se enfoca a los grupos 104 más que a las personas. Las personas se involucran en diversos grupos y desempeñan diversos papeles sociales o roles y así mismo se interrelacionan unos con otros, por lo que una sociedad se puede definir más claramente como “la estructura formada por los grupos principales interconectados entre sí, considerados como una unidad y participando todos de una cultura común.” 3 Al respecto, Augusto Comte, quien es considerado como el padre de la sociología, sostiene que la sociedad es, antes que nada, un organismo colectivo formado por una multiplicidad de individuos por una natural propensión a la sociabilidad y al consensus universal. Y que la base de este organismo colectivo es la familia, lo que equivaldría a ser la célula de un organismo biológico, las fuerzas sociales serían los tejidos, las ciudades serían los órganos y las naciones serían los sistemas biológicos. Según esto, la sociedad como un organismo colectivo depende de la integración armónica de esfuerzos, mediante la combinación de acciones y reacciones de sus integrantes y del medio ambiente orientado hacia un fin común. Augusto Comte fue quien hizo uso de analogías de la siguiente manera: Este autor identificaba tres planos de la sociedad: al individuo, la familia y las combinaciones sociales. Este autor sostenía que la unidad social básica es la familia porque consideraba que el estudio sociológico debería de estar constituido por fenómenos homogéneos. La propuesta sociológica de Augusto Comte se dividió en dos grandes propuestas, estática y dinámica, las cuales fueron extraídas de la biología, disciplina que en el tiempo de Comte era conocida como fisiología. 3 Ídem.
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    La estática serefiere a las condiciones de la existencia de la sociedad, y en el caso de la dinámica se refiere al estudio continuo del movimiento o a las leyes de la sucesión de las etapas individuales. El acto principal de la estática es el orden y en el caso de la dinámica es el progreso, como más adelante se explicará en este trabajo. Dentro de la corriente estructural-funcionalista se considera a la sociedad como un tipo especial de sistema social “…organizado sobre bases territoriales, cuyos miembros son reclutados mediante reproducción sexual y que persiste más allá de la vida de los individuos constituyentes a través de la socialización de los nuevos miembros de sus instituciones.”4 Talcott Parsons sostiene que la sociedad es el tipo más autosuficiente del sistema social, y que este último es uno de los subsistemas primarios del sistema humano de acción. Es decir el sistema humano de acción esta constituido por: el organismo conductual, la personalidad del individuo, el sistema cultural y el sistema social. Este autor también señala que existen una variedad de tipos de sociedades como son: las sociedades primitivas, las nuevas sociedades supranacionales, el sistema tradicional de castas de la India y el Imperio Chino. Además señala que pueden considerarse como subsistema de una sociedad: las comunidades locales, las escuelas, las empresas de negocios o las unidades familiares, y a su vez pueden considerarse cada uno como sistemas sociales. Parsons sostiene una perspectiva evolutiva en su estudio sobre sociedades en donde señala que el ser humano es parte integral del mundo orgánico, en el caso de los conceptos de sociedad y cultura humana señala que pueden analizarse apropiadamente dentro del marco del proceso vital. 4 Dávalos, Federico; Meza Virginia; Glosario de Ciencias Histórico-Sociales. Parte 2. Ed. Edicol. México. 1977. p.69 105
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    106 3.1.2 DINÁMICA Agusto Comte toma de la física la palabra dinámica para intentar observar a la sociedad como un organismo vivo que está en un proceso de cambio como todo lo que está en el Universo y que precisamente los fenómenos sociales se deben estudiar dentro de la dinámica de cambio para la mejor comprensión del proceso histórico, ya que las instituciones, la familia y los modos de producción están experimentando alteraciones. Asimismo consideraba a la dinámica social como historia sin nombres de individuos ni de pueblos, la intención consiste en ir descubriendo en un orden abstracto los grandes cambios de la civilización humana. A partir del movimiento debe conservarse la solidaridad, pues de otra forma el movimiento tendría como consecuencia la completa descomposición del sistema social. Según Comte, no pueden tener importancia desarrollos aislados de aspectos individuales de la vida social, ni ser estudiados como tales, pues él considera que debe de existir la idea sobre los consensus universales. De acuerdo a Comte, el desarrollo progresivo no transita en línea recta, sino que puede tener oscilaciones e incluso la velocidad del progreso puede verse afectada por la intervención del ser humano. Para este autor, la evolución social es una continuación del progreso general que inicia en el reino vegetal. Asimismo, sugiere que el progreso es observable en todos los aspectos de la sociedad, es decir el progreso es intelectual, político, físico y moral. En este último caso, se refería al surgimiento de los sentimientos más nobles y generosos. Sostenía que el desarrollo intelectual producía y lograba estimular el desarrollo material. Creía que el desarrollo individual pasa a través de las mismas etapas del desarrollo social, las cuales tienen interrelación entre las etapas intelectuales básicas y las etapas del desenvolvimiento de la vida material del hombre, asimismo en los tipos de orden
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    social y lossentimientos que predominan en cada etapa y grupo, los cuales fueron agrupados de la siguiente manera: En los aspectos intelectuales se encuentran las siguientes etapas: la Teología, la 107 Metafísica y la Positiva. En los aspectos materiales se encuentran: lo militar, lo legista y la industria. En los tipos de unidad social se encuentran: la familia, el Estado y la especie humana. En el tipo de orden se encuentran: el doméstico, el colectivo y el Universal. En los sentimientos predominantes: Cariño, Veneración y Benevolencia. En relación a la primera etapa, Comte estudió con más detalle a la Teología que a las otras dos, posiblemente porque la metafísica duró mucho menos tiempo que la teológica y la positiva estaba empezando. 3.1.3 ESTRUCTURA La palabra estructura es un concepto que surge desde la arquitectura y es en el siglo XVI cuando es utilizado en la anatomía y en el siglo XIX en la sociología cuando se emplea el uso de analogías biológicas. El concepto estructura es fundamental en todas las ciencias sociales, pues permite tener una mejor comprensión de la complejidad que es inherente a los procesos sociales. En términos generales se puede decir que “…es una totalidad coherente, cuyas partes componentes se encuentran relacionadas en un conjunto estructural mayor y a su vez, cada uno de sus elementos o componentes es reductible al análisis estructural.”5 Cabe señalar que cada corriente teórica desarrolla sus versiones particulares, como es el caso del marxismo, que establece una visión estructural de la sociedad, en la que resalta el predominio de la estructura económica sobre las demás. 5 Dávalos, Federico; Meza Virginia; Glosario de Ciencias Histórico-Sociales. Parte 1. Ed. Edicol. México. 1977. p. 52
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    Carlos Marx lavida social esta determinada por tres estructuras: una económica, 108 una jurídica-política y una ideológica. A la estructura económica se le ha llamado también infraestructura, porque se ha considerado como la base donde descansan los otros dos, que a su vez, conforman la superestructura. Estructura Ideológica Estructura Jurídico-política Superestructura Estructura Económica Base La estructura económica es un todo en el que los elementos se encuentran distribuidos según la organización de conjunto, que a su vez determina la función que desempeña cada elemento dentro de su totalidad La estructura económica dentro de la sociedad es entendida como el conjunto de las relaciones económicas entre los hombres, creadas en el proceso de la producción material y reproducción de su vida, está integrada fundamentalmente por dos elementos: Las fuerzas de producción: éstas expresan las relaciones que existen entre los hombres, los objetos y las fuerzas de la naturaleza empleadas para producir los bienes materiales. Sin embargo en el proceso productivo los individuos no sólo actúan sobre la naturaleza, sino que al mismo tiempo, entran en acción reciproca unos con otros. De tal manera que los medios de producción son: el conjunto de los objetos de trabajo como son los ríos, la tierra, el mar, la flora, etcétera y los instrumentos
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    utilizados para laejecución de una actividad como son las herramientas, la maquinaria, el equipo, etcétera Las relaciones sociales de producción: son el conjunto de relaciones que se dan entre los individuos, las cuales sirven para producir bienes materiales y los servicios para satisfacer sus necesidades. Las características específicas que tienen es que esas relaciones se dan en el proceso del trabajo. Los individuos para obtener los bienes materiales y satisfacer sus necesidades, necesitan los medios del trabajo; estos le permitirán actuar sobre los objetos que han de ser elaborados. Lo anterior indica que los seres humanos para poder producir los satisfactores de sus necesidades deben establecer relaciones con los otros miembros de su sociedad, jamás aislados Como parte de la superestructura se encuentra la estructura Jurídico-política, las normas jurídicas son reglas de observancia obligatorias que conforman o sancionan las conductas de los individuos, estas pueden ser violadas pero su desobediencia motiva una sanción o castigo. También dentro de esta estructura se considera al Estado como la instancia represiva que esta de lado de los dueños de los medios de producción y en contra de la clase proletaria. La estructura Ideológica es un conjunto coherente y sistemático de ideas, creencias y conceptos que pueden poseer o carecer de validez científicas y que es peculiar a un grupo social, al que proporciona una explicación racional y satisfactoria de la realidad social y del medio ambiente que le rodea, además de que orienta el comportamiento de sus integrantes. La ideología de un grupo es producto de las circunstancias sociales e históricas, 109 donde se desenvuelve su vida cotidiana.
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    Para el marxismo,la ideología dominante en un sistema social es la de la clase dominante y sirve para reforzar y justificar la explotación los individuos entre sí. En relación al concepto de estructura Talcott Parsons sostiene que “… una estructura es un conjunto de vínculos uniformes relativamente estables.”6 Este autor señala que las estructuras son redes estables de relaciones entre los hombres, que encausan y condicionan las diversas conductas tanto de individuos como de grupos para cumplir determinadas funciones necesarias. Las propias estructuras son quienes dan forma a la sociedad al organizarla para 110 que cumpla ciertas funciones. El conjunto de diversas estructuras constituyen un sistema social. En relación a esto último, sostiene Parsons que “Un sistema social –reducido a los términos más simples- es una pluralidad de actores individuales que interactúan entre sí en una situación que tienen, al menos, un aspecto físico o de un medio ambiente, actores motivados por una tendencia a <<obtener un óptimo de gratificación>> y cuyas relaciones con sus situaciones –incluyendo a los demás actores- están medidas y definidas por un sistema de símbolos culturalmente estructurados y compartidos” 7 3.1.4. CLASES SOCIALES En toda teoría social, el concepto de clase social es muy importante porque ocupa un lugar significativo, debido a que es parte de un esfuerzo teórico de clasificar, de agrupar o encasillar a los diversos miembros de una sociedad de acuerdo a las diversas características que son consideradas relevantes. 6 Azuara, Leandro. “Análisis estructural funcionalista y Teoría Sociológica Sistemática”, en Revista de Ciencias Políticas, FCPy S-UNAM. enero-marzo. 1968. p 23 7 Parsons Talcott El Sistema Social. Ed. Alianza. 2da. reimpresión Madrid. 1988. p.17
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    Las corrientes teóricasno han establecido un criterio común para la definición de clase, pues existen divergencias por los aspectos conflictivos, armónicos, cambiantes o estables que se le atribuyen a la sociedad. Por ejemplo Vladimir Ivan Lenin en su obra Tres fuentes y tres partes integrantes del marxismo, define a la clase social como un grupo de personas que se diferencian entre sí por el lugar que ocupan en un sistema de producción social históricamente determinado, por las relaciones con los medios de producción, por su función en la organización social del trabajo, por el modo de vida y la magnitud de la parte de riqueza que poseen. Por su parte Carlos Marx, desde el materialismo histórico sostiene que: Las Clases Sociales se generan a partir de una matriz económica: la propiedad 111 sobre los medios de producción. Cuando se relacionan con otras clases por medio de la explotación, existen entre ellas relaciones antagónicas. Que las clases sociales, al derivarse de determinados medios de producción tienen una existencia histórica concreta y una forma especial de relacionarse no sólo con los medios de producción, sino también con las otras clases: a ciertos modos de producción corresponden ciertas clases. Como se puede observar, el enfoque marxista difiere del sociológico de la estratificación, porque este último maneja la división de las clases altas, medias y bajas. Carlos Marx junto con el concepto clase social, desarrolla el concepto de conciencia de clase que es la conciencia del papel histórico de la clase social. Para este teórico, el concepto de clase social es una noción clave para comprender los procesos sociales y se define prácticamente por la relación de propiedad respecto a los medios de producción (riqueza, instrumentos de trabajo, tecnología y materias primas)
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    Los individuos deuna sociedad que están ordenados de esta manera forman una serie de cambios interrelacionados en cuyos extremos se encuentran los propietarios y los que no lo son. Los propietarios son quienes tienden a dominar los procesos políticos e ideológicos de la estructura social afectando a los del otro extremo. En el caso de Max Weber, este utiliza tres órdenes jerárquicos para agrupar y distinguir a los integrantes de una sociedad:  El orden social: basado en la distribución del honor social, prestigio o 112 status.  El orden político: basado en la distribución del poder.  El orden económico: es el fundamental y determina la estructura de clases. La corriente de pensamiento conocida como estructural-funcionalismo desarrolla una visión armónica de la sociedad y considera varios criterios de estratificación, pero no está de acuerdo en que el orden económico sea el más importante. Para esta corriente, las jerarquías existentes en la sociedad son altamente funcionales, pues “…permiten orientar a los individuos hacia el desempeño de roles o papeles sociales desiguales, por los requerimientos educativos, de capacidad, inteligencia, etc.”8 Sostiene esta corriente que las jerarquías estimulan la aceptación de esos mismos papeles, a partir de una serie de justificaciones de tipo ideológico que permiten a los individuos comprender su rol social y lograr ciertas satisfacciones por su desempeño. 8 Dávalos, Federico; Meza Virginia; Glosario de Ciencias Histórico-Sociales. Parte 1. Ed. Edicol. México. 1977. p. 25
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    Edward Palmer Thompson,quien elaboró un documento que lleva por nombre la formación histórica de la clase obrera, en relación a las clases sociales, sostiene que son categorías del discurso científico, que están constituidas por gente de carne y hueso, las cuales viven en contextos culturales y que establecen relaciones interpersonales reales y con el tiempo las vidas individuales van dejando experiencias, ideas, instituciones y patrones de relaciones, que son parte de una historia y una cultura 9. Por su parte, Nicolas Poulantzas, quien tiene un enfoque antropológico, desarrolla un libro que lleva por nombre Poder político y clases sociales en el Estado capitalista, en donde plantea que "la práctica es un trabajo de trasformación sobre un concepto determinado, cuyo resultado es la producción de algo nuevo".10 Sostiene que la práctica social comprende, todas las actividades de los hombres con las cuales trasforman no sólo la naturaleza sino también la sociedad y el pensamiento. De tal manera que las prácticas sociales son procesos de trabajo en las que se distinguen los elementos constitutivos que son identificados como: los agentes, los objetos de trabajo, los instrumentos y los productos. Estas prácticas en los servicios de salud tienen la característica de que el producto, es decir, las acciones sanitarias, son producidas y consumidas al mismo tiempo. En general, pueden caracterizarse dos tipos de prácticas: 1) Aquellas cuya actividad se desarrolla fundamentalmente a nivel de la conceptualización y de la teorización, tales como la religión, la filosofía y las ciencias. 9 Ver Thompson, Edward Palmer. La formación histórica de la clase obrera. Ed. Lia Barcelona 1977 10 Poulantzas, Nicos. Poder político y clases sociales en el Estado capitalista. 6 ed., México: Siglo XXI, 1973. p. 39. 113
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    2) Aquellas enlas cuales predomina la acción o el hacer; por ejemplo, los ritos, la política y las prácticas profesionales como la medicina y la enfermería, cuya realización se apoya en los sistemas de pensamiento producidos por las primeras. Toda práctica social se desarrolla en un contexto determinado de relaciones sociales que tienen en común el manejo del poder; es decir, en la dinámica de interrelaciones se establecen formas de dominación y subordinación. Para analizar una práctica particular dentro del conjunto de prácticas que estructura la sociedad, es preciso comprender que: Las prácticas de todo agente social están insertadas dentro de las características de la sociedad en la cual se desarrolla su vida. Cuando se habla de práctica, se hace referencia a esas acciones con sentido que instalan al individuo en la estructura social. Las prácticas sociales son esos comportamientos estamentales, expresados individual o colectivamente como actividades cotidianas, que se constituyen a partir del tejido de relaciones sociales, en el cual se hallan inscritos los individuos. De ahí que para identificar una práctica determinada sea necesario distinguir los determinantes históricos y sociales de su contexto económico, político e ideológico. 114 3.1.5. ORGANIZACIÓN En este apartado se definirá lo que se entiende por organización y se resaltaran básicamente tres tipos de organización: histórico, institucional y jurídico haciendo énfasis en el Estado Mexicano. Toda asociación humana posee una organización es decir “…un conjunto de procedimientos sistemáticos que regulan y dirigen la vida colectiva”11 11 Dávalos, Federico, Meza Virginia; Glosario de Ciencias Histórico-Sociales. Parte 2. Ed. Edicol. México. 1977. p. 36
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    La palabra organizaciónse utiliza exclusivamente cuando se desarrollan procedimientos formales y explícitos para coordinar las actividades de un grupo con la intención de alcanzar algún objetivo en específico, el cual puede darse a partir de un acuerdo colectivo o producto de la actividad persuasiva de una minoría. Los individuos siempre se han reunido para formar grupos, comunidades y sociedades y con ello poder satisfacer sus necesidades. Las sociedades se transforman y se desarrollan, constituyendo la vida social y creando diversas formas de organización socioeconómica. Es así como surgen las instituciones, las cuales cumplen funciones específicas en la sociedad Toda la institución converge en dos aspectos: 1.- La conformidad a patrones normativos de conducta 2.- La sanción negativa, puede ser castigo o indignación que ocasiona el incumplimiento de esos patrones de acción. Las instituciones son estructuras sociales más o menos definidas, que exigen una mayor o menor vigilancia del comportamiento de los individuos involucrados en ella. Algunas instituciones son de vital importancia para la existencia de un sistema social que se ha construido alrededor de ciertos valores y cambia a través del tiempo. Toda institución social está formada por un conjunto de personas entre las que se da una interacción recíproca llamado grupo social, es por ello que la sociedad establece modelos a seguir como pautas colectivas que conforman un rol social. La combinación de esas pautas de comportamiento practicadas por los individuos dan como resultado las instituciones sociales. Las instituciones sociales contienen en sí mismas un conjunto de normas, relaciones, procesos e instrumentos materiales que forman parte de los intereses de una sociedad. INSTITUCIONES SOCIALES Desde la sociología se pueden considerar seis tipos de instituciones sociales: las familiares, las políticas, las educativas, las económicas, las religiosas y las profesionales, las cuales son descritas a continuación 115
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    1.- Familiares: transmitenpautas de conducta, son las que dan lugar al comienzo de toda la dinámica de la sociedad, en ellas están contenidas las costumbres y tradiciones de una organización social. 2.- Políticas: regulan la conducta del grupo, son el centro de la política es el gobierno o el Estado que cubre todos los campos de acción de los hombres, lo cual viene a ser las leyes y los reglamentos que rigen a la sociedad 3.- Educativas: que forman y dan pautas, abarcan las actividades relativas a la 116 cultura, el arte y la educación 4.- Económicas: que transforman y administran los recursos naturales, constituyen todo lo que involucran la industria, el comercio, la banca y los servicios encargados de producir, financiar, etc. 5.- Religiosas: se crean en torno de cultos de fe, son organizaciones relacionadas con las creencias de los seres humanos; como el protestantismo, el catolicismo, etc. 6.- Profesionales: que forman cuadros especializados. Desde el enfoque el enfoque sociológico estos son los tipos de instituciones que se consideran y desde el enfoque del materialismo histórico se sostiene que la formación social está integrada por una infraestructura y una superestructura que forma una totalidad social. La infraestructura constituye la base real de todo el sistema productivo, siendo apoyada por la superestructura; mientras que esta última es la base relativa, es decir, corresponde a los cambios ideológicos de la sociedad. La superestructura está formada por las instituciones jurídicos-políticas e ideológicas. Las instituciones jurídico – políticas son el Estado como derecho de actividad normativa, por ejemplo si un sistema económico se basa en la propiedad privada, el Estado en conjunto con el derecho deben proteger la misma implementando sistemas y normas que rijan la estructura. Las instituciones ideológicas son consideradas el derecho, la política, la moral, la religión, etc.; son aquellas instituciones que fundamentan las doctrinas de una forma de vida determinada de acuerdo a una base económica específica. Otra forma de organización es la histórica la cual a continuación abordaremos en forma detallada.
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    FORMA DE ORGANIZACIÓNHISTÓRICA Cuahtémoc Anda en su libro Introducción a las Ciencias Sociales describe las características del esclavismo, el feudalismo, el capitalismo y el socialismo de la siguiente manera: esclavismo, feudalismo, Capitalismo, Socialismo. 117 Esclavismo El esclavismo es un sistema de explotación que termina en el siglo V después de Cristo. Las culturas que alcanzaron un alto desarrollo fueron: la egipcia, la mesopotámica, la hindú, la china, la fenicia, griega, romana y hebrea. Las principales características del esclavismo son las siguientes: a) Hay predominio de la propiedad individual sobre la propiedad colectiva Se desarrolla la agricultura, la ganadería y el comercio. b) La organización política se desarrolla profundamente, de tal manera que existe un órgano superior que dirige y administra la sociedad. c) Nace el Estado, con elementos de fuerza para hacer prevalecer los intereses colectivos d) sobre los individuos e) Se transforma la organización familiar, predominando el hombre sobre la mujer y asegurando la herencia del padre e hijo. f) Se da una mayor importancia a la guerra como una fuente de riqueza y de posesión para ampliación de territorio g) Se encuentra una sociedad claramente estructurada en clases sociales Que descansan en la esclavitud como sector decisivo para la producción.
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    118 Feudalismo ElFeudalismo es el régimen de la Edad Media que se ubica en el Siglo V al XV y se caracteriza por lo siguiente: a) Se desarrollan grandes extensiones de tierras llamados feudos b) Los campesinos o siervos se agrupan en torno a un señor feudal que les brinda protección a cambio de su trabajo. c) Se da una producción de autoconsumo, de la cual una parte se entrega al señor feudal y la otra la ocupa el siervo para subsistir. d) Las clases sociales se estratifican en forma piramidal, que van desde el siervo de la gleba hasta el rey. e) Cada clase social le debe obediencia a la superior jerarquía. La base de todo sistema productivo es el trabajo del siervo, que no es esclavo, pero tampoco es libre. f) Se da un profundo dominio de la iglesia, que se convierte en la g) institución protectora de toda la estructura social. Capitalismo Tiene su origen en un periodo mercantil precapitalista, debido a la importancia que va teniendo el intercambio de mercancías y la acumulación de riqueza por parte de los Estados. Sus principales características son las siguientes: a) Es una organización mercantil; es decir, la producción de satisfactores está destinada al mercado y no al autoconsumo, b) Se facilita el intercambio de las mercancías, c) El trabajo es libre, los trabajadores si no tienen propiedad alguna, necesitan vender su fuerza de trabajo para poder subsistir, d) La organización social y económica gira en torno a la propiedad privada, e) Se propugna por la libre competencia,
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    f) El capitalfinanciero adquiere gran importancia como generador del 119 mismo sistema, g) Se da un crecimiento desigual, según la clase social a la que se h) pertenezca. i) Se generan adelantos tecnológicos que simplifican el proceso de trabajo, j) Se desarrolla una dependencia económica y tecnológica de los países pobres en relación a los países industrializados. Socialismo El socialismo es una forma de organización que se caracteriza principalmente porque los medios de producción de propiedad colectiva y su economía son centrales, planificada y dirigida en forma importante a la seguridad social. En el caso específicamente de nuestro país y desde el punto de vista jurídico, está organizado de la siguiente manera: El Estado Mexicano Toda la organización política de México está sustentada en una idea fundamental, la supremacía de la Constitución. Esto quiere decir que ningún poder en nuestro país esta por encima de la Carta Magna; de ella emanan las disposiciones legales de organización, en donde se establece que: El Estado Mexicano se ha estructurado en la actualidad con tres elementos: la población, el gobierno y el territorio: La Población: se divide en mexicanos y extranjeros, los cuales pueden serlo por nacimiento o naturalización El Gobierno: Es Federal y Local.
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    El Gobierno Federal:rige a todo el país y está constituido por: El Poder Legislativo: la Cámara de Diputados y la Cámara de Senadores. El Poder Ejecutivo: Presidentes de la República, Secretarías de Estado. El Poder Judicial: La Suprema Corte de Justicia, los Tribunales de Circuito, 120 Juzgados de Distrito. El Gobierno Local: únicamente rige a las Entidades Federativas o Estados. El Poder Legislativo: está constituido por el Congreso local. El Poder Ejecutivo: el gobernador del Estado. El Poder Judicial: Tribunal Superior de Justicia y Juzgados de primera instancia de diversas categorías. El Territorio: está conformado por las partes que integran a la Federación (todos los Estados que conforman la República Mexicana), las islas Guadalupe, Revillagigedos y las adyacentes en ambos mares. Los Fines del Estado son de dos tipos: De orden general: la protección de la persona y la consecución del bien común. De orden particular: múltiples y variados, de acuerdo con las condiciones de cada país. El Gobierno es Republicano Democrático Federal: porque el poder radica en el pueblo. Como una parte del gobierno en acción se encuentran las actividades de la administración pública, funciones que están perfectamente definidas en la Ley Orgánica de la Administración Pública Federal, en donde se describen las funciones todas las secretarías de Estado entre ellas la Secretaría de Salud, la cuál también está regida por la Ley General de Salud. Es importante conocer la organización jurídica del Estado Mexicano porque el profesional de la salud regirá su actividad ética y funciones con la normatividad que por muchos años ha emanado del Poder Legislativo y que lo podemos observar claramente en los instrumentos legales como son: la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, Ley General de Salud, la Ley Federal de la Educación, la Ley del Trabajo y Los códigos civiles y otros.
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    Actividad 1.- Elaboraun cuadro señalando la aportación de cada uno de los teóricos 121 respecto al concepto de sociedad. 2.- Señala qué influencia ha tenido en tu vida la intervención de cada una de las instituciones sociales. 3.- Reflexiona si tienes una relación directa con la forma de organización del estado Mexicano. BIBLIOGRAFÍA  Anda Gutiérrez, Cuauhtémoc. Introducción a las Ciencias Sociales. 2da. ed. Ed. Limusa México. 1996.  Andrade Carreño Alfredo, “Augusto Comte” en la Sociedad a través de los Clásicos. UNAM. México 1988.  Dávalos, Federico, Meza Virginia; Glosario de Ciencias Histórico-Sociales. Parte 1 y 2. Ed. Edicol. México 1977.  Azuara, Leandro. “Análisis estructural funcionalista y Teoría Sociológica Sistemática” en Revista de Ciencias Políticas, FCPy S-UNAM. enero-marzo 1968. p 23.  Fichter, Joserph. Sociología. Ed. Herder. Barcelona. 1974.
  • 122.
     Lennin, V.I.Tres fuentes y tres partes integrantes del marxismo en Obras Escogidas, Editorial Progreso. Moscu 1966.  Marx, Carlos. El Capital. Prólogo. Tomo I. Ed. Librerías Salvador 122 Allende.México 1980.  Moto Salazar, Efraín, Elementos de Derecho.8va ed. Ed. Porrúa, México 1966. p.59-77.  Parsons Talcott. El Sistema Social. Ed. Alianza. 2da. reimpresión Madrid. 1988. p.17.  Poulantzas, Nicos. Poder político y clases sociales en el Estado capitalista, 6ta ed., Ed. Siglo XXI, México 1973.  Poulantzas, Nicos. Las clases sociales en el capitalismo actual. 6 ed., México: Ed. Siglo XXI, México 1983.  Sánchez Azcona, Jorge. Familia y Sociedad. 3ra. Reimpresión. Ed. Planeta. México.1980.  Talcott Parsons, La sociedad, México. Ed. Trillas. 1974  Timasheff, Nicolas S. La Teoría Sociológica. Ed. FCE. 13 ed. México 1987.  Thompson, Edward Palmer. La formación social de la clase obrera. Ed. Lia. Barcelona 1977.  Zorrilla, Rubén H. Principios y Leyes de la Sociología. Ed. Emecé. Buenos Aires 1992
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    123 3.2. FAMILIA Guadalupe Marcela Torres Escutia En este apartado se presentarán algunos enfoques que abordan el tema de la familia, se rescatan la diversas funciones que tiene la familia según el punto de vista de Cuahutémoc de Anda, también se presenta un breve fragmento de Anthony Giddens quien nos describe a la familia y sus efectos en la globalización y finalmente presentamos a Levis Stauss porque queremos que las alumnas de enfermería conozcan las reflexiones que hace un teórico clásico de la antropología al tema del parentesco, finalmente se presenta un apartado de actividades a realizar para fortalecer la comprensión de las lecturas del capítulo y también se amplían las actividades encaminadas a promover el espíritu de investigación por parte de las alumnas al solicitar la indagación del concepto de cultura, tanto popular como tradicional, normas y valores, así mismo se les solicita la búsqueda de los antecedentes de la religión y su influencia en el campo de la salud. En el caso de Cuauhtémoc de Anda sostiene que la familia tiene diversas funciones dentro de la sociedad, las cuales son: la biológica, la religiosa, la recreativa, la económica y la educativa. 1. La biológica: se propone la satisfacción sexual de los adultos y de la perpetuación la especie 2. La religiosa: infunde la formación de valores y prácticas religiosas 3. La recreativa: trata sobre el descanso y recreo de los miembros de la familia 4. La económica: se refiere a la satisfacción de las necesidades del ser humano 5. La educativa: tiene como objetivo la transmisión de la cultura, hábitos, costumbres, etcétera. En las primeras sociedades el parentesco fue matrilineal pues no se sabía que era producto de relaciones sexuales nueve meses anteriores, dificultándose definir la paternidad por las condiciones de promiscuidad en que vivían. Actualmente el parentesco puede ser de tres tipos: consaguineo, de afinidad o político y parentesco civil.
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    1. Al Consanguíneo:se le conoce entre aquellos que descienden de un mismo 124 progenitor 2. El de afinidad o político: el que surge del matrimonio 3. El de Parentesco civil: el que se establece de la adopción Desde de hace mucho tiempo se ha dado el parentesco consaguineo como principal vínculo familia y generalmente se reconoce hasta la cuarta generación.  El parentesco matrilineal se caracteriza cuando la línea materna establece el lazo de filiación y la descendencia toma en cuenta a la mujer. Fragmento de la obra Un mundo desbocado. Los efectos de la globalización en nuestras vidas. Anthony Giddens* De todos los cambios que ocurren en el mundo, ninguno supera en importancia a los que tienen lugar en nuestra vida privada -en la sexualidad, las relaciones, el matrimonio y la familia-. Hay en marcha una revolución mundial sobre cómo nos concebimos a nosotros mismos y cómo formamos lazos y relaciones con los demás. Es una revolución que avanza desigualmente en diferentes regiones y culturas, con muchas resistencias. Como en otros aspectos de este mundo desbocado, no sabemos bien cuáles serán los términos relativos de ventajas y desventajas. En algunos sentidos, son las transformaciones más complicadas e inquietantes de todas. La mayoría de nosotros puede aislarse de problemas mayores durante bastante tiempo -una de las razones por las que es difícil trabajar en común para resolverlos-. No podemos abstraernos, sin embargo, del torbellino de cambios que llegan hasta el corazón mismo de nuestra vida emocional. Hay pocos países en el mundo donde no haya un debate intenso sobre la igualdad sexual, la regulación de la sexualidad y el futuro de la familia. Y donde no
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    hay discusión abiertaes, sobre todo, porque es reprimida activamente por gobiernos autoritarios o grupos fundamentalistas. En muchos casos, estas controversias son nacionales o locales -igual que las reacciones sociales y políticas a ellas-. Políticos y grupos de presión sugerirán que si la política familiar fuera modificada, con sólo que el divorcio fuera dificultado o facilitado en un país determinado, podrían encontrarse rápidamente las soluciones a nuestros problemas. Pero las transformaciones que afectan a la esfera personal y emocional van mucho más allá de las fronteras de cualquier país, incluso de uno tan grande como Estados Unidos. Encontramos pautas similares casi en cualquier lugar: varía sólo el grado y el contexto cultural en el que se desarrollan. En China, por ejemplo, el Estado estudia poner trabas al divorcio. Como consecuencia de la revolución cultural, se aprobaron leyes matrimoniales muy liberales. Según estas normas, el matrimonio se considera un contrato que puede disolverse "cuando el marido y la mujer lo deseen". Incluso si un cónyuge se opone, puede concederse el divorcio cuando el "afecto mutuo" haya desaparecido. Sólo se requiere una espera de dos semanas, después de la cual los esposos pagan cuatro dólares y son, en adelante, independientes. La tasa china de divorcio es todavía baja comparada con la de los países occidentales, pero está creciendo rápidamente -al igual que en las demás sociedades asiáticas en desarrollo-. En las ciudades chinas es cada vez más frecuente no sólo el divorcio, sino también la cohabitación. En cambio, en el inmenso campo chino, todo es diferente. El matrimonio y la familia son mucho más tradicionales -a pesar de la política oficial de limitar los nacimientos con una mezcla de incentivos y castigos-. El matrimonio es un acuerdo entre dos familias, fijado por los padres en lugar de por los individuos afectados. Un estudio reciente en la provincia de Gansu, de bajo nivel de desarrollo económico, descubrió que un 60 por 100 de los matrimonios eran todavía concertados por los padres. Como dice un refrán chino: Te la presentan, saludas y te casas". Hay situaciones paradójicas en la China que se moderniza. Muchos de los que se divorcian ahora en los centros urbanos se habían casado a la manera tradicional en el campo. En China se habla mucho de proteger la familia. En muchos países occidentales el debate es aún más ruidoso, pues esta institución conforma un ámbito para los conflictos entre tradición y modernidad, pero también es una metáfora de ellos. Hay quizá más nostalgia del refugio perdido de la familia que de ninguna otra 125
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    institución que hundasus raíces en el pasado. Políticos y activistas diagnostican continuamente la crisis de la vida familiar y piden un retorno a la tradición. La familia tradicional se parece mucho a un cajón de sastre. Ha habido muchos tipos diferentes de familia y sistema de parentesco en diferentes sociedades y culturas. La familia china, por ejemplo, siempre fue distinta de las formas occidentales. El matrimonio concertado nunca fue tan común en los países europeos como en China o India. Pero la familia en culturas no modernas tenía, y tiene, algunos rasgos que se encuentran más o menos en todas partes. La familia tradicional era, sobre todo, una unidad económica. La producción agrícola involucraba normalmente a todo el grupo familiar, mientras que entre las clases acomodadas y la aristocracia la transmisión de la propiedad era la base principal del matrimonio. En la Europa medieval el matrimonio no se contraía sobre la base del amor sexual, ni se consideraba como un espacio donde el amor debía florecer. Como dice el historiador francés Georges Duby, el matrimonio en la Edad Media no debía incluir "frivolidad, pasión o fantasía". La desigualdad de hombres y mujeres era intrínseca a la familia tradicional. No se debe pasar por alto la importancia de este fenómeno. En Europa las mujeres eran propiedad de sus maridos o padres vasallos, como recogía la ley-. La desigualdad entre hombres y mujeres se extendía, por supuesto, a la vida sexual. El doble rasero sexual estaba directamente vinculado a la necesidad de asegurar la continuidad del linaje y la herencia. Durante gran parte de la historia los hombres se han valido amplia, y a veces conspicuamente, de amantes, cortesanas y prostitutas. Los más ricos tenían aventuras *amorosas con sus sirvientas. Pero los hombres tenían que asegurarse de que sus mujeres fueran las madres de sus hijos. Lo que se ensalzaba en las chicas respetables era la virginidad y, en las esposas, la constancia y la fidelidad. En la familia tradicional no eran sólo las mujeres las que no tenían derechos: tampoco los niños. La idea de consagrar los derechos infantiles en la ley es, en términos históricos, relativamente reciente. En periodos pre-modernos, al igual que en culturas tradicionales hoy día, no se criaba a los niños por su bien o para la satisfacción de los padres. Uno podría casi decir que no se les reconocía como individuos. No era que los padres no quisieran a sus hijos, pero se preocupaban más por la contribución que hacían a la actividad económica común que por ellos mismos. Además, la tasa de mortalidad infantil era aterradora. En el siglo XVII en Europa y 126
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    América casi unode cada cuatro bebés moría en su primer año de vida. Casi el 50 por 100 no llegaba a cumplir diez. Excepto en ciertos grupos elegantes o de élite, la sexualidad en la familia tradicional estaba dominada por la reproducción. Era una cuestión de tradición y naturaleza combinadas. La ausencia de contracepción eficaz significaba que para la mayoría de las mujeres la sexualidad estaba, inevitablemente, vinculada estrechamente al parto. En muchas culturas tradicionales, incluida Europa occidental hasta el umbral del siglo XX, una mujer podía tener diez o más embarazos durante su vida. Por las razones ya expuestas, la sexualidad estaba dominada por la idea de la virtud femenina. El doble rasero sexual se suele considerar una creación de la Inglaterra victoriana. En realidad, en una u otra versión, era básica en todas las sociedades no modernas. Implicaba una visión dual de la sexualidad femenina -una división inequívoca entre la mujer virtuosa, por un lado, y la libertina, por otro-. En muchas culturas la aventura sexual se ha tomado como un rasgo definitorio positivo de la masculinidad. James Bond es, o era, admirado por su heroísmo sexual, además del físico. Las mujeres sexualmente aventureras, por contraste, han sido casi siempre rechazadas, por mucha influencia que las amantes de alguna figura prominente llegaran a tener. Las actitudes hacia la homosexualidad también estaban regidas por una mezcla de tradición y cultura. Estudios antropológicos muestran que la homosexualidad -al menos la masculina- ha sido tolerada, o abiertamente aceptada, en más culturas de las que ha sido proscrita. En algunas sociedades, por ejemplo, se animaba a los chicos jóvenes a establecer relaciones homosexuales con hombres mayores como forma de tutela sexual. Se esperaba que estas actividades cesaran cuando los jóvenes se comprometieran o casaran. Las sociedades que han sido hostiles a la homosexualidad la han condenado normalmente por considerarla intrínsecamente antinatural. Las actitudes occidentales han sido de las más extremas; hace menos de medio siglo la homosexualidad era considerada, en general, una perversión, y así venía descrita en manuales de psiquiatría. Por supuesto, el antagonismo hacia la homosexualidad todavía es generalizado, y mucha gente mantiene la visión dual de las mujeres -hombres y mujeres por igual-. En las últimas décadas, no obstante, los elementos esenciales de la vida sexual en Occidente han cambiado decisivamente de forma absoluta. La 127
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    separación entre sexualidady reproducción es, en principio, total. La sexualidad, por primera vez, es algo a ser descubierto, moldeado, transformado. La sexualidad, que solía definirse tan estrictamente en relación al matrimonio y a la legitimidad, tiene ahora poca conexión con ello. No debemos ver la aceptación creciente de la homosexualidad sólo como ofrenda a la tolerancia liberal. Es un resultado lógico de la ruptura entre sexualidad y reproducción. La sexualidad sin objeto ya no está, por definición, dominada por la heterosexualidad. Lo que en la mayoría de los países occidentales sus defensores llaman la familia tradicional fue, en realidad, una fase tardía, transicional, en el desarrollo familiar durante la década de los años cincuenta. Era un tiempo en el que la proporción de mujeres con empleo era todavía relativamente baja y en el que aún era difícil, especialmente para ellas, obtener el divorcio sin estigma. Sin embargo, los hombres y mujeres de este tiempo eran más iguales de lo que habían sido con anterioridad, tanto de hecho como ante la ley. La familia había dejado de ser una entidad económica, y la idea de amor romántico como base del matrimonio había reemplazado al matrimonio como contrato económico. Desde entonces la familia ha cambiado aún mucho más. Los detalles varían de sociedad a sociedad, pero las pautas son visibles casi en cualquier parte del mundo industrializado. Sólo una minoría de gente vive ahora en lo que podríamos llamar la familia estándar de los años cincuenta -ambos padres viviendo juntos con sus hijos matrimoniales, la madre ama de casa a tiempo completo y el padre ganando el pan-. En algunos países más de una tercera parte de todos los nacimientos tienen lugar fuera del matrimonio, mientras que la proporción de gente que vive sola ha crecido exorbitantemente y parece probable que lo haga aún más. En muchas sociedades, como Estados Unidos o Gran Bretaña, el matrimonio sigue siendo muy popular -se han calificado, adecuadamente, como sociedades de mucho divorcio y mucho matrimonio-. En Escandinavia, por el contrario, una proporción alta de la gente que vive junta, incluida la que tiene hijos, no está casada. Una cuarta parte de las mujeres entre 18 y 35 años en Estados Unidos y Europa afirma que no quiere tener niños, y parecen decirlo en serio. En todos los países se mantiene una diversidad de formas familiares. En EE.UU mucha gente, inmigrantes recientes especialmente, vive todavía conforme a los valores tradicionales. Gran parte de la vida familiar, sin embargo, se ha transformado por el desarrollo de la pareja. El matrimonio y la familia se han 128
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    convertido en loque denominé en el capítulo 1 instituciones concha: se llaman igual, pero han cambiado en sus características básicas. En la familia tradicional la pareja casada era sólo una parte, y con frecuencia no la principal, del sistema familiar. Los lazos con los niños y con otros parientes solían ser igual de importantes, o más, en el discurrir diario de la vida social. Hoy la pareja, casada o no, está en el núcleo de la familia. La pareja vino al centro de la vida familiar al menguar el papel económico de la familia y convertirse el amor, o el amor más la atracción sexual, en la base de los lazos matrimoniales. Una vez constituida, una pareja tiene su propia y exclusiva historia, su propia biografía. Es una unidad basada en la comunicación emocional o intimidad. La idea de intimidad, como tantas otras ideas familiares que he abordado en este libro, suena vieja, pero es, en realidad, muy nueva. El matrimonio nunca antes se había basado en la intimidad -comunicación emocional-. Por supuesto, esto era importante para un buen matrimonio, pero no su fundamento. Para la pareja sí lo es. La comunicación es, en primer lugar, la forma de establecer el vínculo, y también el motivo principal de su continuación. Hemos de reconocer la gran transición que supone esto. Emparejarse y desparejarse son ahora una mejor descripción de la situación de la vida personal que el matrimonio y la familia. Es más importante para nosotros la pregunta "¿tienes una relación?" que "¿estás casado?" La idea de una relación es también sorprendentemente reciente. En la década de los sesenta nadie hablaba de relaciones. No lo necesitaban, ni tampoco hablar en términos de intimidad y compromiso. El matrimonio en ese tiempo era el compromiso, como atestiguaba la existencia de matrimonios a la fuerza. En la familia tradicional el matrimonio era un poco como un estado de la naturaleza. Tanto para hombres como para mujeres estaba definido como una etapa de la vida que la gran mayoría tenía que vivir. A los que permanecían fuera se les miraba con cierto menosprecio o condescendencia, especialmente a la solterona, pero también al soltero si lo era durante demasiado tiempo. Mientras que estadísticamente el matrimonio todavía es la condición normal para la mayoría de la gente, su significado ha cambiado totalmente. El matrimonio significa que una pareja está en una relación estable y puede, en efecto, promover esa estabilidad, pues hace una declaración pública de compromiso. Sin embargo, el matrimonio ya no es el principal elemento definitorio de la pareja. 129
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    La posición delos niños en todo esto es interesante y algo paradójica. Nuestras actitudes hacia ellos y su protección han cambiado radicalmente en las últimas generaciones. En parte, apreciamos tanto a los niños porque se han vuelto mucho más escasos, y porque la decisión de tener un hijo es muy distinta de lo que era para generaciones anteriores. En la familia tradicional los niños eran un beneficio económico. Hoy, por el contrario, en los países occidentales un niño supone una gran carga económica para los padres. Tener un hijo es una decisión más concreta y específica que antes, y está impulsada por necesidades psicológicas y emocionales. La preocupación sobre los efectos del divorcio en los niños y la existencia de muchas familias sin padre han de entenderse en el marco de nuestras expectativas, muy superiores, sobre cómo han de criarse y protegerse los niños. Hay tres áreas principales en las que la comunicación emocional, y, por tanto, la intimidad, están reemplazando los viejos lazos que solían unir las vidas privadas de la gente -las relaciones sexuales y amorosas, las relaciones padre-hijo y la amistad. Para analizarlas quiero utilizar la idea de la relación pura. Me refiero a una relación basada en la comunicación emocional, en la que las recompensas derivadas de la misma son la base primordial para que la misma continúe. No me refiero a una relación sexualmente pura. Tampoco a nada que exista en realidad. Estoy hablando de una idea abstracta que nos ayude a entender los cambios que se están produciendo en el mundo. Cada una de las tres áreas mencionadas -relaciones sexuales y amorosas, relaciones padre-hijo y amistad- tiende a aproximarse a este modelo. La comunicación emocional o intimidad se convierte en la clave de lo que todas ellas significan. La relación pura tiene dinámicas bastante diferentes de los tipos más tradicionales de vínculos sociales. Depende de procesos de confianza activa -abrirse al otro-. Mostrarse es la condición básica de la intimidad. La relación pura es implícitamente democrática. Cuando empecé a trabajar en el estudio de las relaciones íntimas leí mucha literatura terapéutica y de autoayuda sobre el tema. Me llamó la atención algo que creo no se ha subrayado debidamente. Si uno observa cómo ve un terapeuta una buena relación -en cualquiera de las tres esferas mencionadas-, es impresionante el paralelismo directo que hay con la democracia pública. Una buena relación, no hace falta decirlo, es un ideal -la mayoría de las relaciones corrientes tan siquiera se acercan a él-. No estoy sugiriendo que nuestras 130
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    relaciones con cónyuges,amantes, niños o amigos no sean, muchas veces, liosas, conflictivas e insatisfactorias. Pero los principios de la democracia también son ideales que, a menudo, se encuentran bastante alejados de la realidad. Una buena relación es una de iguales en la que cada parte tiene los mismos derechos y obligaciones, en la que cada persona tiene respeto y quiere lo mejor para el otro. La relación pura se basa en la comunicación, de manera que entender el punto de vista de la otra persona es esencial. Hablar, o dialogar, es la base para que la relación funcione. Las relaciones funcionan mejor si la gente no se esconde demasiado de los otros -tiene que haber confianza mutua-. Y la confianza ha de construirse, no se puede dar por sentada. Finalmente, una buena relación está libre de poder arbitrario, coerción o violencia. Todas estas cualidades se amoldan a los valores de la política democrática. En una democracia todos son, en principio, iguales, y con la igualdad de derechos y responsabilidades -como principio, por lo menos- viene el respeto mutuo. El diálogo abierto es una propiedad esencial de la democracia. Los sistemas democráticos sustituyen al poder autoritario, o al poder sedimentado de la tradición, por la discusión abierta de problemas -un espacio público de diálogo-. Ninguna democracia puede funcionar sin confianza. Y la democracia se resquebraja si da paso al autoritarismo o a la violencia. Cuando aplicamos estos principios -como ideales- a las relaciones estamos hablando de algo muy importante: la posible emergencia de lo que llamaré una democracia de las emociones en la vida diaria. Una democracia de las emociones, estimo, es tan importante como la democracia pública para mejorar la calidad de nuestras vidas. Esto vale para las relaciones padre-hijo igual que para otros ámbitos. Éstos no pueden, ni deben, ser materialmente iguales. Los padres deben tener autoridad sobre los niños, en interés de todos. Pero deberían presumir una igualdad como principio. En una familia democrática la autoridad de los padres debería estar basada en un contrato implícito. El padre, en efecto, dice al hijo: "Si fueras un adulto y supieras lo que yo sé, estarías de acuerdo en que lo que te pido es bueno para ti". Los niños de las familias tradicionales debían -y deben- ser vistos, pero no oídos. Amuchos padres, quizá desesperados por la rebeldía de sus hijos, les gustaría profundamente resucitar esa regla. Pero no hay marcha atrás, y no debería haberla. En una democracia de las emociones los niños pueden, y deben ser capaces de, replicar. 131
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    Una democracia delas emociones no implica falta de disciplina o ausencia de respeto. Busca, sencillamente, darles una nueva dimensión. Ocurrió algo muy similar en la esfera pública cuando la democracia empezó a sustituir el mando arbitrario y el poder de la fuerza. Una democracia de las emociones no haría distinciones, por principio, entre relaciones heterosexuales y homosexuales. Los gays, más que los heterosexuales, han sido pioneros en el descubrimiento del nuevo mundo de las relaciones y en explorar sus posibilidades. Han tenido que serlo, porque cuando la homosexualidad salió del armario los gays no podían depender de los apoyos corrientes del matrimonio tradicional. Hablar de fomentar una democracia emocional no implica debilidad respecto a los deberes familiares, ni sobre las políticas públicas hacia la familia. Democracia significa aceptación de obligaciones, además de derechos protegidos en la ley. La protección de los niños tiene que ser el rasgo primario de la legislación y la acción pública. Debería obligarse legalmente a los padres a mantener a sus hijos hasta la edad adulta, independientemente de cómo decidan vivir. El matrimonio ya no es una institución económica, pero como compromiso ritual puede ayudar a estabilizar relaciones por otra parte frágiles. Si esto se acepta para las relaciones heterosexuales debe valer también para las homosexuales. Hay muchas preguntas que hacer sobre todo esto -demasiadas para responder en un capítulo corto-. La más obvia es que me he centrado principalmente en las tendencias que afectan a la familia en los países occidentales. ¿Qué pasa con las zonas donde la familia tradicional permanece casi intacta, como en el ejemplo de China con el que comencé? ¿Se volverán los cambios observados en Occidente más y más globales? Creo que sí -de hecho, ya mismo-. No es cuestión de si las formas existentes de familia tradicional se modificarán, sino de cuándo y cómo. Me aventuraría aún más. Lo que he descrito como una incipiente democracia de las emociones está en primera línea del conflicto entre cosmopolitismo y fundamentalismo que expliqué anteriormente. La igualdad de los sexos y la libertad sexual de las mujeres, que son incompatibles con la familia tradicional, son un anatema para los grupos fundamentalistas. La oposición a ello, de hecho, es uno de los rasgos definitorios del fundamentalismo religioso mundial. Hay muchas cosas preocupantes en el estado actual de la familia, en Occidente y fuera de él. Es igual de erróneo decir que toda forma familiar es tan 132
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    buena como cualquierotra como mantener que la decadencia de la familia tradicional es un desastre. Daría la vuelta completamente al argumento de la derecha política y fundamentalista. La subsistencia de la familia tradicional -o de aspectos de ella- en muchas partes del mundo es más inquietante que su declive. Pues ¿cuáles son las fuerzas más importantes que promueven la democracia y el desarrollo económico en los países pobres? Precisamente la igualdad y educación de la mujer. ¿Y qué debe cambiar para que esto sea posible? Sobre todo, la familia tradicional. Fragmento de EL ANÁLISIS ESTRUCTURAL, EN LINGÜÍSTICA Y EN ANTROPOLOGÍA 1 133 C. LEVI-STRAUSS lo que se llama generalmente un “sistema de parentesco” recubre dos órdenes muy diferentes de realidad. Tenemos ante todo términos por los que se expresan los diferentes tipos de relaciones familiares. Pero el parentesco no se expresa solamente en una nomenclatura: los individuos o las clases de individuos las utilizaban, los términos se sienten (o no se sienten, según los casos) obligados a una determinada conducta recíproca: respeto o familiaridad, derecho o deber, afección u hostilidad. Así, entonces, junto a lo que nosotros proponemos llamar el “sistema de denominaciones” (que constituye, en rigor, un sistema de vocabulario), hay otro de naturaleza igualmente psicológica y social, que llamaremos “sistema de las actitudes”. Ahora bien; si es verdad (como lo hemos mostrado más arriba) que el estudio de los sistemas de denominaciones nos coloca en una situación análoga a la que nos plantean los fonológicos, pero inversa, esta situación resulta “enderezada”, por decirlo así, cuando se trata de los sistemas de actitudes. Adivinamos el papel desempeñado por éstos, que consiste en asegurar la cohesión y el equilibrio del grupo, pero no comprendemos la naturaleza de las conexiones existentes entre las diversas actitudes ni alcanzamos a advertir su necesidad 20. En otros términos y como en el caso del lenguaje, conocemos la función, pero nos falta el sistema. 20 Es preciso excluir de este juicio la obra notable de W. Lloyd Warner “Morphology and function of the Australian Murngin Type of Kinship”, Amer. Antrop. , n. s.
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    Entre “sistema dedenominaciones” y “sistema de actitudes” nosotros vemos, pues, una diferencia profunda. En este punto nos separamos de A. R. Radcliffe- Brown, si es cierto que éste creía -como le ha sido reprochado a veces- que el segundo no era más que la expresión -o la traducción en el plano afectivo- del primero21. En el curso de los últimos años se han ofrecido numerosos ejemplos de grupos cuyo cuadro de términos de parentesco no refleja exactamente el cuadro de las actitudes familiares, e inversamente 22. Sería un error creer que en toda sociedad el sistema de parentesco constituye el principal medio de regular las relaciones individuales; inclusive en sociedades donde dicho sistema desempeña tal papel, no lo cumple siempre en igual medida. Además, es necesario distinguir entre dos tipos de actitudes: ante todo las actitudes difusas, no cristalizadas y desprovistas de carácter institucional, de las que se puede admitir que son, en el plano psicológico, reflejo o fruto de la terminología. Junto a las precedentes o además de ellas, están las actitudes cristalizadas, obligatorias, sancionadas por tabúes o privilegios que se expresan a través de un ceremonial fijo. En lugar de reflejar automáticamente la nomenclatura, estas actitudes aparecen a menudo como elaboraciones secundarias destinadas a resolver contradicciones y a superar insuficiencias inherentes al sistema de denominaciones. Este carácter sintético se manifiesta de manera particularmente clara entre los wilk monkan de Australia; en este grupo, los privilegios de burla sancionan una contradicción entre las relaciones de parentesco que unen a dos hombres antes de su casamiento, y la relación teórica que sería preciso suponer entre ellos para dar cuenta de su ulterior matrimonio con dos mujeres que no mantienen entre sí la relación correspondiente23. 21 A. R. Radcliffe-Brown, “kinship Terminology in California”, Amer. Anthrop., n. s., vol. 37. 1935; “The Study of Kinship Terms”, Jnl. Roy Antrop. Inst., vol. 71, 1941. 22 M. E. Opler, “Apache Data Concerning the Relation of Kinship Terminology to Social Classification”, Amer. Anthrop., n. s., vol. 39, 1937, A. M. Harpen “Yuma Kinship Terms”, ibíd., 44. 1942. 23 D. F. Thompson, “The Joking-Relationship and Organized Obscenity in North Queensland”, 134 Amer. Anthrop., n. s., vol 37, 1935.
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    Existe una contradicciónentre dos sistemas posibles de nomenclatura, y el interés que recae sobre las actitudes representa un esfuerzo por integrar o superar esta contradicción entre los términos. No hay dificultad en estar de acuerdo con Radcliffe-Brown cuando afirma la existencia de real relations of independence between the terminology and the rest of the system24. Al concluir, de la ausencia de un paralelismo riguroso entre actitudes y nomenclatura, que los dos órdenes son recíprocamente autónomos, algunos -al menos de los críticos de Radcliffe-Brown se han desorientado. Pero esta relación de interdependencia no es una correspondencia término a término. El sistema de las actitudes constituye más bien una integración dinámica del sistema de denominaciones. Aún cuando se sostenga la hipótesis -a la cual adherimos sin reserva- de una relación funcional entre los dos sistemas, tenemos derecho por razones de método, a tratar los problemas relativos a uno y a otro como problemas separados. Es lo que nos proponemos hacer aquí a propósito de un problema tenido a justo título por el punto de partida de teoría de las actitudes: el problema del tío materno. Trataremos de mostrar como una transposición formal del método seguido por el fonólogo permite arrojar sobre este problema una nueva luz. Los sociólogos le han dedicado una atención especial, y ello debido solamente a que, en efecto, la relación entre el tío materno y el sobrino era al parecer objeto de un desarrollo importante en un gran número de sociedades primitivas. Pero no basta comprobar esta frecuencia; es preciso descubrir la razón. Recordemos rápidamente las principales etapas de la evolución de este problema. Durante todo el siglo XIX y hasta Sydney Hartland25, la importancia del tío materno fue luego interpretada como supervivencia de un régimen matrilineal. Este era puramente hipotético, y su posibilidad resultaba particularmente dudosa en presencia de ejemplos europeos. Por otro lado, la tentativa de Rivers26 24 “The Study of Kinship Terms”, op. Cit..., p. 8. Esta última fórmula de Radcliffe -Brown nos parece mucho más satisfactoria que su afirmación de 1935, según la cual las actitudes presentan “a fairly high degree of correlation whith the terminological classification”, (Amer.Anthrop., n. s., 1935, p. 53). 25 S. Hartland, “Matrilineal Kinship and the Question of its Priority”, Mem. Of the Amer. 135 Anthrop. Assoc., 4. 1917. 26 W. H. R. Rivers. “The Marriage of Cousins in india”, Inl, of the Royal Asiatic Society, Jul. 1907.
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    de explicar laimportancia del tío materno en la India del Sur como un residuo del matrimonio entre primos cruzados llegaba a un resultado desolador: el mismo autor debía reconocer que esta interpretación no podía dar cuenta de todos los aspectos del problema, y se resignaba a la hipótesis de que “varias” costumbres heterogéneas y actualmente desaparecidas (una de las cuales solamente era el matrimonio entre primos), debían ser invocadas, para comprender la existencia de “una sola” institución. El atomismo y el mecanicismo triunfaban27. De hecho, únicamente con el artículo capital de Lowie sobre el complejo matrilineal28 se abre lo que nos gustaría llamar la “etapa moderna” Del problema del avunculado. Lowie muestra que la correlación invocada o postulada entre el predominio del tío materno y un régimen matrilineal no resiste el análisis; en realidad, el avunculado se encuentra asociado tanto a regímenes patrilineales cuanto a regímenes matriline-ales. El papel del tío materno no se explica como consecuencia o supervivencia de un régimen de derecho materno; se trata solamente de la aplicación particular of a very general tendency to associate definite social relations with definite forms of kinship regardless of maternal or paternal side29. Este principio, que Lowie introduce por primera vez en 1919, según el cual existe una tendencia general a calificar las actitudes, constituye la única base positiva de una teoría de los sistemas de parentesco. Pero, al mismo tiempo Lowie dejaba ciertas cuestiones sin respuesta: ¿qué se denomina, exactamente, avunculado? ¿No se confunden bajo un mismo término costumbres y actitudes diferentes? Y si es verdad que existe una tendencia a calificar todas las actitudes, ¿por qué solamente ciertas actitudes se encuentran asociadas a la relación avuncular y no, según los grupos considerados, cualesquiera actitudes posibles? Abramos aquí un paréntesis, con el fin de subrayar la sorprendente analogía que se manifiesta entre el itinerario de nuestro problema y ciertas etapas de la reflexión lingüística: la diversidad de las actitudes posibles en el ámbito de las relaciones interindividuales. 27 Op. Cit. p. 624. 28 n. 11. Lowie, “The Matrilineal Complex”, Univ. of California Publ. in Amer. Archacol and 136 Ethnol, 16,1919, n. 2. 29 “De una tendencia muy general a asociar definidas relaciones sociales con formas definidas de parentesco, sin considerar el matrilinealismo o el patrilinealismo” (N. del R.).
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    Es prácticamente ilimitada;lo mismo vale para la diversidad de sonidos que puede articular el aparato vocal, como efectivamente se produce en los primeros meses de la vida humana. Cada lengua, sin embargo, sólo retiene un número muy reducido entre todos los sonidos posibles y a este respecto la lingüística se plantea dos interrogantes: ¿por qué han sido seleccionados ciertos sonidos?; ¿qué relación existe entre uno o varios de los elegidos y todos los demás?30 Nuestro esquema de la historia del problema del tío materno se halla precisamente en esta misma etapa: el grupo social, como la lengua, encuentra a su disposición un material psicofisiológico muy rico; al igual que la lengua, conserva solamente ciertos elementos —algunos de los cuales, al menos, permanecen idénticos a través de las más diversas culturas— y los combina con estructuras siempre diversificadas. Se pregunta, pues, cuál es la razón de la elección y cuáles son las leyes de las combinaciones. En cuanto al problema particular de la relación avuncular, conviene dirigirse a Radcliffe-Brown; su célebre artículo sobre el tío materno en Africa del Sur31 es la primera tentativa de captar y analizar las modalidades de lo que podría llamarse el 'principio de la calificación de las actitudes'. Aquí bastará recordar rápidamente las tesis fundamentales de este estudio hoy día clásico. Seqún Radcliffe-Brown, el término 'avunculado' recubre dos sistemas de actitudes antitéticas: en un caso, el tío materno representa la autoridad familiar; es temido, obedecido, y posee derechos sobre su sobrino; en el otro es el sobrino quien ejerce sobre su tío privilegios de familiaridad y puede tratarlo más o menos como a una víctima. En segundo lugar, existe una correlación entre la actitud hacia el tío materno y la actitud con respecto al padre. En ambos casos hallamos los dos sistemas de actitudes, pero invertidos: en los grupos donde la relación entre padre e hijo es familiar, la relación entre tío materno y sobrino es rigurosa; y allá donde el padre aparece como el austero depositario de la autoridad familiar, el tío es tratado con libertad. Los dos grupos forman, pues, como diría el fonólogo, dos pares de oposiciones. Radcliffe-Brown proponía, para terminar, una interpretación del fenómeno: la filiación determina, en último análisis, el sentido de estas oposiciones. 30 Roman Jakobson, Kindersprache, Aphasie und allgemeine Lautgesetze, Upsala, 1941. 31 A. R. Radcliffe-Brown, “The Mother's Brother in South Africa”, South African jnl. Of Science, vol. 21, 1924. 137
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    En el régimenpatrilineal, donde el padre y la línea del padre representan la autoridad tradicional, el tío materno es considerado como una 'madre masculina', tratado generalmente de la misma manera que la madre, e inclusive llamado a veces con el mismo nombre de ésta. En el régimen matrilineal se encuentra realizada la situación inversa: allí el tío materno encarna la autoridad, y las relaciones de afecto y familiaridad se fijan sobre el padre y su línea. Difícilmente puede exagerarse la importancia de esta contribución de Radcliffe- Brown. Tras la crítica despiadada que Lowie dirigiera tan magistralmente contra la metafísica evolucionista, hallamos aquí el esfuerzo de síntesis retomado sobre una base positiva. Afirmar que este esfuerzo no ha alcanzado en seguida su término no es ciertamente atenuar el homenaje debido al gran sociólogo inglés. Reconozcamos entonces que el artículo de Radcliffe-Brown deja abiertos ciertos problemas inquietantes: en primer lugar, el avunculado no está presente en todos los sistemas matrilineales y patrilineales, y a veces aparece en sistemas que no son ni una cosa ni otra32. Además, la relación avuncular no es entre dos, sino entre cuatro términos: supone un hermano, una hermana, un cuñado y un sobrino. Una interpretación como la de Radcliffe-Brown aisla arbitrariamente ciertos elementos de una estructura global, que debe ser tratada como tal. Algunos ejemplos simples pondrán de manifiesto esta doble dificultad. La organización social de los indígenas de las islas Trobriand, en Melanesia, se caracteriza por la filiación matrilineal, relaciones, libres y familiares entre padre e hijo y un antagonismo marcado entre tío materno y sobrino33. Los circasianos del Cáucaso, por el contrario, que son patrilineales, colocan la hostilidad entre padre e hijo, mientras que el tío materno ayuda a su sobrino y le regala un caballo cuando éste se casa34. 32 Así, por ejemplo, entre los mundugomor de Nueva Guinea, donde la relación entre tío materno y sobrino es constantemente familiar, mientras que la filiación es alternativamente patrilineal y matrilineal. Cf . Margaret Mead. Sex and Temperament in Three Primitives Societies, Nueval York, 1935, pp. 176-185. 33 B. Malinowski, The Sexual Life of Savages in Northwestern Melanesia, Londres, 1929, 2 138 vols. 34 Dubois de Monpereux (1839), citado según M. Kovalevski, “La famille matriarcale au Caucase”, L’ antropologie, t. IV, 1893.
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    Hasta aquí, nosmantenemos dentro de los límites del esquema de Radcliffe- Brown. Consideremos, empero, las demás relaciones familiares implicadas: Malinowski ha mostrado que en las islas Trobriand, marido y mujer viven en una atmósfera de tierna intimidad y que sus relaciones tienen un carácter recíproco. Las relaciones entre hermano y hermana, en cambio, están dominadas por un tabú extremadamente riguroso. ¿Cuál es la situación en el Cáucaso? La relación tierna se establece aquí entre hermano y hermana, hasta tal punto que entre los pshav, una hija única 'adopta' un 'hermano', el cual desempeñará junto a ella el papel, propio del hermano, de casto compañero de leche35. La relación entre los esposos es, en cambio, completamente distinta: un circasiano no se atreve a mostrarse en público con su mujer y la visita exclusivamente en secreto. Según Malinowski, no hay en las islas Trobriand insulto peor que el de decirle a un hombre que se parece a su hermana; el Cáucaso ofrece un equivalente en la prohibición de preguntar a un hombre por la salud de su mujer. Cuando se consideran sociedades del tipo 'circasiano' o 'trobriandés', no basta, pues, estudiar la correlación de las actitudes padre/hijo y tío /hijo de la hermana. Esta correlación es solamente un aspecto de un sistema global compuesto por cuatro tipos de relaciones orgánicamente ligadas entre sí, a saber, hermano/hermana, marido/mujer, padre/hijo, tío materno/hijo de la hermana. Los dos grupos que nos han servido de ejemplo proporcionan aplicaciones de una ley que puede formularse de la siguiente manera: en ambos grupos la relación entre tío materno y sobrino es a la relación entre hermano y hermana, como la relación entre padre e hijo es a la relación entre marido y mujer, de tal manera que, conociendo un par de relaciones, sería siempre posible deducir el otro par. Veamos ahora otros casos. En Tonga, Polinesia, la filiación es patrilineal como entre los circasianos. Las relaciones entre los cónyuges parecen públicas y armoniosas: las querellas domésticas son raras, y la mujer, no obstante tener a menudo un status superior al del marido, “no alimenta a su respecto la más mínima idea de rebelión...; en lo que concierne a todas las cuestiones domésticas, se adapta de muy buena gana a su autoridad”. 35 Dubois de Monpereux (1839), citado según M. Kovalevsky, “La famille matriarcale au 139 Caucasse”, L'Antrophologie, t. IV, 1893.
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    De igual modo,reina la mayor libertad entre el tío materno y el sobrino:éste es fahu por encima de la ley, con respecto a su tío. y con él le está permitido todo género de intimidad. A estas relaciones libres se oponen las existentes entre un hijo y su padre. Éste es tapu; al hijo le está prohibido tocarle la cabeza o los cabellos, rozarlo mientras come, dormir en su lecho o sobre su almohada, compartir su bebida o su comida, jugar con los objetos pertenecientes al padre. El tapú más fuerte de todos es, sin embargo, el que prevalece entre hermano y hermana, quienes no deben ni siquiera hallarse juntos bajo un mismo techo36. No obstante ser igualmente patrilineales y patricolores, las indígenas del lago Katabu, en Nueva Guinea, ilustran una estructura inversa a la precedente: “No he visto jamás asociación más intima entre padre e hijo”? escribe sobre ellos F. E. Williams. Las relaciones entre marido y mujer se caracterizan por el status muy bajo acordado al sexo femenino, una separación neta entre los centros de interés masculino y femenino”. “Las mujeres, dice Williams, deben trabajar duro para su amo...; a veces protestan, y reciben una paliza.” Contra el marido, la mujer goza siempre de la protección de su hermano, y busca refugio junto a él... En cuanto a las relaciones entre el sobrino y el tío materno: “El término que mejor las resume es el de 'respeto'... con un matiz de temor”, porque el tío materno tiene el poder (como entre los kipsigi de Africa) de maldecir a su sobrino y el de hacerle sufrir una grave enfermedad37. Esta última estructura, tomada de una sociedad patrilineal, es sin embargo del mismo tipo que la de los siaui de Bougáinville cuya filiación es matrilineal: entre hermano y hermana, “vínculos amistosos y generosidad recíproca”; entre padre e hijo, “nada indica una relación de hostilidad, de autoridad rígida o de respeto temeroso”. Pero las relaciones del sobrino con su tío materno se sitúan “entre la disciplina rígida y una interdependencia reconocida de buen grado”. Sin embargo, “los informantes dicen que todos los muchachos experimentan un cierto miedo ante sus tíos maternos, y que les obedecen mejor que a sus padres”. En lo que respecta al marido y la mujer, no parece reinar entre ellos un buen entendimiento: 36 E. W. Gifford. “Tonga Society”, B. P. Bishop Museum Bulletin n 61, Honolulu, 1929, pp. 16 - 140 22. 37 F. E. Williams, “Natives of Lake Kutubu, Papua”, Oceania, vol. XI, 1940-41 y 12, 1941-42, pp. 263-280. Del vol. 11; “Group sentiment and primitive Justice”, Amer. Antroph., vol. XLIII, n 4 parte 1, 1941.
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    “Pocas esposas jóvenesson fieles; los maridos jóvenes son siempre desconfiados, inclinados a la cólera celosa; el matrimonio implica toda clase de adaptaciones difíciles”38. Un cuadro idéntico pero aún más marcado aparece entre los dobu, matrilineales vecinos de los trobriandeses, que también lo son, pero que poseen una estructura muy diferente. Los hogares dobu son inestables, practican asiduamente el adulterio, y marido y mujer viven siempre en el temor de perecer por obra de la hechicería del otro. En verdad, la observación de Fortune según la cual “es un insulto grave hacer alusión a los poderes de hechicería de una mujer de modo que pueda escuchar el marido”, parecería una permutación de las prohibiciones trobriandesa y circasiana citadas más arriba. El hermano de la madre es considerado en Dobu el más severo de los parientes: “Pega a sus sobrinos mucho tiempo después que sus padres han dejado de hacerlo”, y está prohibido pronunciar su nombre. Sin duda la relación tierna existe no tanto con el padre mismo, sino más bien con el 'ombligo', el marido de la hermana de la madre, es decir, con un doble del padre. Con todo, se considera que el padre es 'menos severo' que el tío y, contrariamente a la ley de transmisión hereditaria, trata siempre de favorecer a su hijo a expensas de su sobrino uterino. En fin, el lazo entre hermano y hermana es “el más fuerte de todos los lazos sociales”39. ¿Qué se debe inducir de estos ejemplos? La correlación entre formas de avunculado y tipos de filiación no agota el problema. Formas diferentes de avunculado pueden coexistir con un mismo tipo de filiación, patrilineal o matrilineal. Pero hallamos siempre la misma relación fundamental entre los cuatro pares de oposiciones que son necesarias para la elaboración del sistema. Esto resultará más claro mediante los esquemas de la figura 1, que ilustran nuestros ejemplos; el signo + representa las relaciones libres y familiares y el signo - las relaciones marcadas por la hostilidad, el antagonismo o la reserva. 38 Douglas L. Oliver, A. Salomon Islands Society, Kinship and Leadership among the Siuai 39 Reo F. Fortune, The Sorcerers of Dobu, Nueva York, 1932, pp. 8, 10, 45, 62, 64, etc. 141
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    Dicha simplificación noes enteramente legítima, pero puede ser utilizada provisionalmente. Más adelante haremos las distinciones indispensables. La ley sincrónica de correlación así sugerida puede ser verificada diacrónicamente. Si se resume la evolución de las relaciones familiares en la Edad Media, tal como se desprende de la exposición de Howard, se obtiene el siguiente esquema aproximativo: el poder del hermano sobre la hermana disminuye, aumenta el poder del marido prospectivo. Simultáneamente se debilita el lazo entre padre e hijo, y se refuerza el lazo entre tío materno y sobrino40. Los documentos reunidos por L. Gautier parecen confirmar esta evolución, puesto que en los textos 'conservadores' (Raoul de Cambrai, Geste des Loherains, etcétera) la relación positiva se establece más bien entre padre e hijo, y sólo progresivamente se desplaza hacia el tío materno y el sobrino 41. Vemos, pues, que el avunculado42 para ser comprendido, debe ser tratado como una relación interior a un sistema, y que es el sistema mismo el que se debe considerar en su conjunto para percibir su estructura. Esta estructura reposa a su vez en cuatro términos (hermano, hermana, padre, hijo) unidos entre sí por dos pares de oposiciones correlativas y tales que, en cada una de las dos generaciones implicadas, existe siempre una relación positiva y otra negativa. Ahora bien, ¿qué es esta estructura y cuál puede ser su razón? La respuesta es la siguiente: esta estructura es la más simple estructura de parentesco que pueda concebirse y que pueda existir. Es, hablando con propiedad, 'el elemento de parentesco'. En apoyo de esta afirmación puede aducirse un argumento de orden lógico: para que exista una estructura de parentesco es necesario que se hallen presentes los tres tipos de relaciones familiares dadas siempre en la sociedad humana, es decir, una relación de consanguinidad, una de alianza y una de filiación; dicho de otra 40 G. E. Howard, A Historty of Matrimonial Institutions, 3 vol. Chicago, 1904. 41 Léo Gautier, La Chevalerie París, 1890. Sobre el mismo tema, puede consultarse con provecho F. B. Gummere, “The Sister's Son” en An English Miscellany presented to Dr. Furniovall, Londres, 1901; W. O. Farnsworth, Uncle and Nephew in the Old French Chanson 42 Los parágrafos que preceden han sido escritos en 1957, en reemplazo del texto inicial, en respuesta a la prudente observación de mi colega Luc de Heusch, de la Universidad Libre de Bruselas, según la cual uno de mis ejemplos era materialmente inexacto. Dejo aquí constancia de mi agradecimiento. 142
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    manera, una relaciónde hermano a hermana, una relación de esposo a esposa, y una relación de progenitor a hijo. Es fácil darse cuenta de que la estructura aquí considerada es aquella que permite satisfacer esta doble exigencia según el principio de la mayor economía. Sin embargo, las consideraciones que preceden tienen un carácter abstracto y puede invocarse una prueba más directa para nuestra demostración. El carácter primitivo e irreductible del elemento de parentesco tal como lo hemos definido resulta, en efecto, de manera inmediata, de la existencia universal de la prohibición del incesto. Esto equivale a decir que, en la sociedad humana, un hombre únicamente puede obtener una mujer de manos de otro hombre, el cual la cede bajo forma de hija o de hermana. No es necesario, pues, explicar cómo el tío materno hace su aparición en la estructura de parentesco: no aparece, sino que está inmediatamente dado: es la condición de esa estructura. El error de la sociología tradicional, como el de la lingüística tradicional, consiste en haber considerado los términos y no las relaciones entre los términos. Antes de proseguir, eliminemos rápidamente algunas objeciones que podrían presentársenos. En primer lugar, si la relación de los cuñados forma el eje inevitable en torno del cual se construye la estructura de parentesco, ¿para qué hacer intervenir en la estructura elemental al niño nacido del matrimonio? Debe entenderse que el niño representado puede ser tanto el niño nacido como por nacer. Pero, esto sentado, el niño es indispensable para atestiguar el carácter dinámico y teológico de la etapa inicial, que funda el parentesco sobre la alianza y por medio de ella. El parentesco no es un fenómeno estático; sólo existe para perpetuarse. No pensamos aquí en el deseo de perpetuar la raza, sino en el hecho de que en la mayoría de los sistemas de parentesco el desequilibrio inicial que se produce, en una generación dada, cede a una mujer y el que la recibe, únicamente puede estabilizarse mediante las contraprestaciones que tienen lugar en las generaciones ulteriores. Aun la más elemental estructura de parentesco existe simultáneamente en el orden sincrónico y en el diacrónico. En segundo lugar, ¿no es posible concebir una estructura simétrica, de igual simplicidad, pero en la cual haya inversión de sexos, es decir, una estructura en la que intervengan una hermana, su hermano, la mujer de este último y la hija nacida de esa unión? Sin duda alguna; pero esta posibilidad teórica puede ser eliminada inmediatamente sobre una base experimental: en la sociedad humana son los 143
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    hombres quienes intercambiana las mujeres y no a la inversa. Queda por investigar si ciertas culturas no han tendido a realizar una especie de imagen ficticia de esta estructura simétrica. Los casos tienen que ser raros. Llegamos ahora a una objeción más grave. En efecto, podría ocurrir que solamente hubiéramos dado vuelta el problema. La sociología tradicional se ha empeñado en explicar el origen del avunculado, y nosotros nos hemos librado de esta búsqueda tratando al hermano de la madre no como un elemento extrínseco, sino como un dato inmediato de la más simple estructura familiar. ¿Cómo se explica, entonces, que no encontremos siempre y en todas partes el avunculado? Porque si bien el avunculado tiene una distribución muy frecuente, con todo no es universal. Sería inútil haber evitado la explicación de los casos en los cuales se halla presente, nada más que para fracasar ante su ausencia. Observemos, en primer término, que el sistema de parentesco no posee igual importancia en todas las culturas. En algunas proporciona el principio activo que regula todas las relaciones sociales o la mayor parte de éstas. En otros grupos, como nuestra sociedad, dicha función está ausente o bien muy reducida; en otros, como las sociedades de los indios de la llanura, sólo se cumple parcialmente. El sistema de parentesco es un lenguaje; no es un lenguaje universal, y puede ser desplazado por otros medios de expresión y de acción. Desde el punto de vista del sociólogo, esto quiere decir que, en presencia de una determinada cultura, se plantea siempre un interrogante preliminar: el sistema, ¿es sistemático? Una pregunta semejante, a primera vista absurda, sólo sería realmente referida a la lengua; porque la lengua es el sistema de significación por excelencia; ella no puede no significar y su existencia se agota en la significación. El problema debe, en cambio, ser examinado con rigor creciente a medida que uno se aleja de la lengua para tomar en cuenta otros sistemas que aspiran también a la significación, pero cuyo valor de significación resulta parcial, fragmentario o subjetivo: organización social, arte, etcétera. Hemos interpretado además el avunculado como un rasgo característico de la estructura elemental. Esta, resultante de relaciones definidas entre cuatro términos, es, en nuestra opinión, el verdadero átomo de parentesco43. 43 Sin duda es superfluo subrayar que el atomismo, tal como nosotros lo hemos criticado en Rivers, es el de la filosofía clásica y no la concepción estructural del átomo tal como se la encuentra en la física moderna. 144
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    Carece de todaexistencia que puede ser concebida o dada fuera de las exigencias fundamentales de su estructura y, por otra parte, es el único material de construcción de los sistemas más complejos. Porque hay sistemas más complejos, o para decirlo más exactamente, todo sistema de parentesco es elaborado a partir de esta estructura elemental, que se repite o se desarrolla por integración de nuevos elementos. Es necesario, pues, tomar en cuenta dos hipótesis: cuando el sistema de parentesco considerado procede por yuxtaposición simple de estructuras elementales y, en consecuencia, la relación avuncular permanece siempre manifiesta y cuando la unidad de construcción del sistema es ya de orden más complejo. En este último caso, si bien la relación avuncular sigue estando presente, es susceptible de diluirse en un contexto diferenciado. Puede concebirse, por ejemplo, un sistema que tome como punto de partida la estructura elemental, pero que agregue, a la derecha del tío materno, a la mujer de este último, y a la izquierda del padre, en primer término, a la hermana del padre y luego al marido de ésta. Se podría demostrar fácilmente que un desarrollo de este orden produce, en la generación siguiente, un desdoblamiento paralelo: el hijo debe entonces ser diferenciado en hijo varón e hija, unido cada uno, por una relación simétrica e inversa, a los términos que ocupan en la estructura las demás posiciones periféricas (Posición preponderante de la hermana del padre en la Polinesia, nhlampsa sudafricana y herencia de la mujer del hermano de la madre). En una estructura de este orden, la relación avuncular sigue siendo manifiesta, pero ha dejado ya de ser predominante. Puede borrarse o confundirse con otras, en estructuras de una complejidad aún mayor. Pero precisamente porque pertenece a la estructura elemental, la relación avuncular reaparece con nitidez y tiende a exasperarse cada vez que el sistema considerado presenta un aspecto critico: ya sea por hallarse en transformación rápida (costa noroeste del Pacifico), ya porque se encuentra en el punto de contacto y de conflicto entre culturas profundamente diferentes (Fidji, India del Sur); ya, en fin, porque se halla próximo a una crisis fatal (Edad Media europea). Cabe agregar que los símbolos, positivo y negativo, que hemos empleado en los esquemas precedentes, representan una simplificación excesiva, aceptable sola-mente como una etapa de la demostración. En realidad el sistema de las actitudes elementales comprende por lo menos cuatro términos: una actitud de afecto, ternura y 145
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    espontaneidad; una actitudresultante del intercambio recíproco de prestaciones y contraprestaciones; y, además de estas relaciones bilaterales, dos relaciones unilaterales correspondientes, una a la actitud del acreedor, la otra a la del deudor. Dicho de otra manera: mutualidad (=); reciprocidad (+); derecho (+); obligación (—). Estas cuatro actitudes fundamentales pueden ser representadas, en sus relaciones recíprocas, de la siguiente manera: En muchos sistemas, la relación entre dos individuos se expresa a menudo no por una sola actitud, sino por varias, que forman, por así decirlo, un haz (en las islas Trobriand, hay entre marido y mujer mutualidad más reciprocidad). Esta es una razón suplementaria que puede hacer difícil aislar la estructura elemental. Hemos tratado de mostrar todo lo que el análisis precedente debe a los maestros contemporáneos de la sociología primitiva. Es preciso, sin embargo, subrayar que, en el punto fundamental, nuestro análisis se aparta de las enseñanzas de estos maestros. Citemos, por ejemplo, a Radcliffe-Brown: “La unidad de estructura a partir de la cual se construye un parentesco es el grupo que yo llamo una 'familia elemental', consistente en un hombre y su esposa y su hijo o hijos. La existencia de la familia elemental crea tres tipos especiales de relación social: entre padre e hijo, entre los hijos de los mismos padres (siblings) y entre marido y mujer en tanto padres del mismo niño o niños. Las tres relaciones existentes dentro de la familia elemental constituyen lo que denomino el primer orden. Relaciones de segundo orden son las que dependen de la conexión entre dos familias elementales por la mediación de un miembro común; tales como el padre del padre, el hermano de la madre, la hermana de la mujer, etcétera. Se ubican en el tercer orden relaciones tales como el hijo del hermano del padre y la mujer del hermano de la madre. Podemos trazar así, si contamos con información genealógica, relaciones de cuarto, quinto o enésimo orden.44“ La idea expresada en este pasaje, según la cual la familia biológica constituye el punto a partir del cual toda sociedad elabora su sistema de parentesco, no es por cierto original del maestro inglés; sería difícil hallar otra que recogiera en la actualidad una unanimidad mayor. A nuestro juicio no hay tampoco otra idea más peligrosa. Sin duda, la familia biológica está presente y se prolonga en la sociedad humana. 146 44. A.R. Radcliffe-Brown, op. Cit. P.2
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    Pero lo queconfiere al parentesco su carácter de hecho social no es lo que debe conservar de la naturaleza: es el movimiento esencial por el cual el parentesco se separa de ésta. Un sistema de parentesco no consiste en los lazos objetivos de filiación o de consanguinidad dados entre los individuos; existe solamente en la conciencia de los hombres; es un sistema arbitrario de representaciones y no el desarrollo espontáneo de una situación de hecho. Esto no significa, por cierto, que dicha situación de hecho resulte automáticamente contradicha, ni siquiera simplemente ignorada. Radcliffe-Brown ha mostrado, en estudios que hoy son clásicos, que aún los sistemas de apariencia más rígida y artificial, como los sistemas australianos de clases matrimoniales, toman en cuenta cuidadosa-mente el parentesco biológico. Pero una observación indiscutible como ésta de Radcliffe-Brown deja intacto el hecho, a nuestro juicio decisivo, de que en la sociedad humana el parentesco sólo es libre de establecerse y perpetuarse por medio y a través de determinadas modalidades de alianza. En otros términos, las relaciones tratadas por Radcliffe- Brown como relaciones de primer orden son función de aquellas que él considera secundarias y derivadas, y dependen de éstas. El rasgo primordial del parentesco humano consiste en requerir, como condición de existencia, la relación entre lo que Radcliffe-Brown llama 'familias elementales'. No son entonces las familias, términos aislados, lo verdaderamente 'elemental', sino la relación entre esos términos. Ninguna otra interpretación puede dar cuenta de la universalidad de la prohibición del incesto, de la cual la relación avuncular, bajo su forma más general, no es otra cosa que un corolario, unas veces manifiesto, otras implícito, debido a su carácter de sistemas de símbolos, los sistemas de parentesco ofrecen al antropólogo un terreno privilegiado en el cual sus esfuerzos pueden casi alcanzar (insistimos sobre este 'casi') los de la ciencia social más desarrollada, es decir, la lingüística. Pero la condición de este acercamiento, del que puede esperarse un mejor conocimiento del hombre, consiste en no olvidar nunca que, tanto en el estudio sociológico como en el estudio lingüístico, nos hallamos en pleno simbolismo. Ahora bien, si es legítimo, y en cierto sentido inevitable, recurrir a la interpretación naturalista para tratar de comprender la emergencia del pensamiento simbólico, una vez dado éste, la explicación debe cambiar de naturaleza tan radicalmente como el nuevo fenómeno aparecido difiere de aquellos que lo han precedido y preparado. 147
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    ACTIVIDADES 1.-Elabora uncuadro sinóptico en donde rescates lo más representativo de las lecturas de familias que ha realizado. 2.-Describe que opinas de cada enfoque de familia que hacen los autores 148 anteriores. 3.-Platica con tus compañeros de clase y en forma grupal elaboren una tipología de familia de acuerdo a la experiencia de vida que cada uno de ellos tiene 4.- los alumnos Investigarán diversos conceptos de cultura 5.-Señalarán las diferencia entre Cultura tradicional y popular 6.-Establecerán las características de la Cultura y la Sociedad 7.- Indagarán en diversos textos los conceptos de normas y valores 8.- Investigarán y elaborarán una cronología señalando los antecedentes de religión y su Influencia en la normatividad social en el campo de la salud BIBLIOGRAFIA  Anda Gutiérrez, Cuauhtémoc. Introducción a las Ciencias Sociales. 2da. ed. Ed. Limusa. México. 1996  Giddens, Anthony. Un mundo desbocado. Los efectos de la globalización en nuestras vidas. Capítulo 4. Taurus, Madrid, 2000. pp. 65-80.  Levi-strauss, C. El análisis estructural, en lingüística y en antropología
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    149 4.3 EDUCACIÓN En este apartado se abordara el concepto de educación y lo que implica la educación formal e informal, desde un breve fragmento de Jesús Carlos Reza Trosino y se pide la realización de un ensayo para vincular la lectura con las experiencias de vida de las alumnas Fragmento del libro Diagnóstico de las necesidades de capacitación en las organizaciones Jesús Carlos Reza Trosino Si ubicamos a la capacitación y al adiestramiento de los trabajadores al interior del campo de la educación, entendida ésta como un “proceso de formación social, a través del cual los hombres se informan sobre el medio en que viven y sobre la historia, a la vez que se capacitan sobre el medio en que viven y sobre la historia, a la vez que se capacitan para aplicar dicha información en su realidad circundante con objeto de influir en ella1; es interesante resaltar que la educación siempre deberá tener un objetivo, ya que no se educa para un mundo abstracto, sino para influir participando de una manera u otra dentro de una colectividad de la cual se forma parte. Es aquí cuando se liga el aspecto educativo con el laboral, si se considera que el hombre es planamente social cuando pasa a formar parte de las fuerza productiva de un país, para lo cual habrá de utilizar los conocimientos adquiridos durante su proceso educativo. En este sentido, habrá de considerarse que no toda información que se adquiere dentro del proceso educativo formal, proporciona los medios necesarios para adaptarse íntegramente a las formas de producción y a las condiciones de trabajo; esto es, no todos los conocimientos adquiridos durante la fase educativa, facilitan a los individuos su acceso a un puesto de trabajo, por lo que se hace necesario establecer un puente entre el sistema educativo regular y el aparato productivo. Esto exige un perfeccionamiento constante en la medida en que se desarrolla la tecnología y evolucionan las formas de producción, por lo que se puede concluir que la educación regular proporciona los conocimientos generales a las que desarrolla la capacidad mental básica, mientras que la capacitación y el adiestramiento, tiene como función primordial el desarrollo de especializaciones cambiantes y redefinidas de acuerdo con las necesidades del desarrollo social y económico.
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    El término educaciónentonces, abarca toda la actividad humana, ya que es un proceso continuo de enseñanza-aprendizaje por medio del cual un individuo o grupo de ellos, van adquiriendo un repertorio tal de comportamiento que les hace posible su supervivencia en la sociedad en la que se desenvuelven Por los tanto, la meta de la educación es dar herramientas (conocimientos, hábitos, habilidades, aptitudes y actitudes) útiles a los individuos, para poder subsistir socialmente de una manera digna y satisfactoria. Los procesos educativos varían en cuanto a su temporalidad y forma de aplicación, esto es, existe un tipo de educación llamada formal y ora informal. A.1) Educación Formal “Es un proceso de enseñanza-aprendizaje, estructurado y sistematizado, que se imparte a través de instituciones que se rigen, en el caso concreto de México, bajo los criterios establecidos por la Secretaría de Educación Pública y la Universidad Nacional Autónoma de México; la función de estas instituciones es la de proporcionar al individuo elementos teóricos que le permitan un adecuado desenvolvimiento en su vida cotidiana. Los individuos sujetos a este tipo de educación, obtiene un grado de calificación reconocido en todo el país con la opción de ingresar a sistemas educativos formales en otros países”.1 A.2) Educación informal “Es un proceso de enseñanza aprendizaje, sistemático, desligado del sistema educativo nacional y dependiente del campo en donde se desenvuelve un individuo. A este punto corresponden los términos: experiencia, práctica, habilidad y todos aquéllos que dan idea de una aptitud o destreza adquirida por el individuo”.2 1 Reza, Trosino, J. Carlos. “Hacia un concepto integral de Formación Profesional” En Pedagogía para Adiestramiento. Sevicio Nacional ARMO. Vol. X, abril/junio 1980. No. 39. Pp.13-14 2 Idem. ACTIVIDADES 1.-Escribe un ensayo en donde expliques los espacios de educación formal en los que has estado en tu vida y los espacios informales que más han influido en tu vida BIBLIOGRAFÍA Reza Trosino Jesús Carlos, Diagnóstico de las necesidades de capacitación en las organizaciones, 2da reimpresión. Ed Panorama. México. 1998 150
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    151 4. ECONOMÍA GUADALUPE MARCELA TORRES ESCUTIA En este apartado se abordará la definición de economía y sus dos principales campos para después vincular estos conceptos en el área de la salud; de tal forma que la alumna de enfermería pueda tener una idea clara de la relación que existe y pueda realizar las actividades didácticas con más facilidad. Empecemos con definir el concepto: La Economía es la ciencia social que estudia el comportamiento económico de elementos relacionados a la producción, intercambio, distribución y consumo de bienes y servicios, entendidos estos como medios de necesidad humana y resultado individual o colectivo de la sociedad. La literatura económica puede dividirse en dos grandes campos: la macroeconomía y la microeconomía. La macroeconómica estudia el ingreso nacional, la producción nacional, el nivel general de precios, el desempleo, los impuestos, la cantidad de dinero en circulación y el costo del dinero, grandes conglomerados de consumidores, productores, factores que afectan el total de consumo, etc. La microeconomía estudia el comportamiento individual de los agentes económicos, principalmente las empresas y los consumidores; explica cómo se determinan variables como los precios de bienes y servicios, el nivel de salarios, el margen de beneficios y las variaciones de las rentas. Los agentes tomarán decisiones intentando obtener la máxima satisfacción posible, es decir, maximizar su utilidad. ECONOMÍA DE LA SALUD La economía de la salud es la ciencia que estudia las consecuencias de la escasez en el sistema de salud; se entenderá por sistema de salud la forma en que
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    se organizan lasinstituciones que proveen, aseguran, regulan y supervisan los servicios de salud en un país. 152 MICROECONOMÍA DE LA SALUD La microeconomía estudia el comportamiento económico de los productores y consumidores individuales. Asimismo, estudia el comportamiento económico de grupos de productores y consumidores, los que se denominan “mercados”, por ejemplo, el “mercado de servicios de salud”. Por productores son: Médicos, enfermeras, psicólogos, odontólogos y otro personal de salud; Clínicas ambulatorias, clínicas rurales; Laboratorios, bancos de sangre; Centros de diagnóstico por imágenes; Hospitales con servicios de internamiento (ya sean de segundo, tercero o cuarto nivel). Por consumidores son: todas las personas que demandan servicios de salud, vale decir, casi toda la población de un país. Generalmente, se les llama “pacientes”; en los últimos años se utilizan más los términos “cliente” o “usuario”. A nivel del productor individual, la economía de la salud con ayuda de la contabilidad nos ayuda a conocer los costos de la producción; En base a ello y a las condiciones del mercado, el productor puede determinar sus precios o tarifas. En el sector salud hay varios mercados importantes, sujetos a características propias. Algunos de ellos son: Mercado de servicios de salud, Mercado de seguros, Mercado de productos farmacéuticos y otros insumos, Mercado de equipos y tecnología. Los mercados se rigen por la teoría de los precios. En una economía capitalista, el mecanismo libre de los precios determinados por las leyes de la oferta y la demanda -- guía las acciones de los agentes económicos y decide qué producir, cómo producir y para quién producirlo. En los mercados donde hay competencia, este mecanismo es muy eficiente para asignar los recursos. El sector salud produce una amplia gama de bienes y servicios, desde agua limpia hasta cirugía estética y trasplante de órganos. Esta producción puede clasificarse en: Bienes públicos, Bienes meritorios Bienes privados, Bienes públicos
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    Los bienes públicosson aquellos que benefician a toda la colectividad, sin que se pueda identificar una persona en particular. Como ejemplo de ello tenemos la producción de agua limpia, alcantarillado sanitario, control de vectores, limpieza del aire, educación masiva para la salud. Los bienes meritorios son aquellos cuyo consumo produce un efecto social mayor que el beneficio del individuo que lo consume. Por ejemplo, los servicios de planificación familiar, las vacunaciones, el control de las enfermedades de transmisión sexual, la educación para el control de los accidentes de tránsito, los servicios de emergencia para trauma. Los bienes privados Los bienes privados son los que benefician exclusivamente a la persona que los consume. La mayoría de los servicios curativos que ofrece un sistema de salud, así como los insumos, medicamentos y tecnología, caen dentro de la categoría de bienes privados. Los bienes públicos y meritorios deben ser financiados por el gobierno, porque el sector privado no tiene ningún interés en hacerlo y la sociedad los necesita. Los bienes privados pueden ser financiados por el sector privado con mayor eficiencia. Sin embargo, incluso este mercado tiene grandes imperfecciones y requiere intervención estatal. Los pacientes no tienen conocimiento médico como para saber si necesitan o no un tratamiento o un medicamento, ni tampoco pueden escoger entre alternativas de medios de diagnósticos o de medicamentos. Las decisiones sobre el consumo de estos bienes o servicios las decide el médico, no el consumidor final. El médico hace de “agente” del consumidor, asesorándolo sobre cuál bien o servicio consumir. Pero el médico también “provee” el servicio y vive de ello, por lo que hay un conflicto de interés. Hay una relación imperfecta en este mercado y el médico puede inducir un consumo innecesario. La macroeconomía analiza las variables agregadas, como la producción nacional total, la producción, el desempleo, la balanza de pagos, la tasa de inflación y los salarios, comprendiendo los problemas relativos al nivel de empleo y al índice de producción o renta de un país. 153
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    154 MACROECONOMÍA DELA SALUD La macroeconomía estudia los fenómenos económicos en función de todo el sistema; En el caso del sector salud, le interesa conocer los flujos financieros en todo el sistema de salud; De aquí se obtienen conclusiones de política, tales como la importancia del sector en la economía y quiénes reciben los beneficios de las acciones públicas. El estudio de la macroeconomía de la salud permite sacar conclusiones entre la situación de salud, su financiamiento y el potencial de desarrollo económico de un país; la mala salud y una carga financiera excesiva para la población, constituye un lastre que obstaculiza el desarrollo económico. Mediante la macroeconomía de la salud podemos saber si ésta se distribuye equitativamente entre toda la población o si hay grupos menos favorecidos; A través del financiamiento público, el Estado tiene el potencial de mejorar la equidad y reducir la pobreza, de esta manera, contribuye al desarrollo de la sociedad. ACTIVIDADES Desarrolla un ensayo en donde señales qué relación existe entre la economía y la enfermería BIBLIOGRAFÍA  Case. Fair. PRINCIPIOS DE MACROECONOMIA. Editorial Prentice Hall Hispanoamericana, México, 1997.  Dornbusch. Fischer. MACROECONOMIA. 5ta Ed. Madrid: Mc Graw Hill Interamericana de España, S.A. 1993.  Samuelson. Nordhaus. ECONOMIA. 13a ed. España: Mc Graw Hill, 1993.  Fischer. Dornbusch. MACROECONOMIA. Editorial Mc Graw Hill, sétima edición, 1998.  Froyen. MACROECONOMÍA: TEORIAS Y POLITICAS. Quinta Edición. Prentice Hall Hispanoamericana, México, 1997.  Parkin. MACROECONOMIA. Editorial Addison Wesley, quinta edición, México, 1999.  Muñoz Onofre, Duran Luis, et. al. Economía de la Salud. Seminario Internacional, Ed. SS, México 2003