La Revolución Industrial trajo nuevos materiales como el hierro y el acero que revolucionaron la arquitectura, permitiendo la construcción de grandes edificios para mercados, estaciones de tren y la Exposición Universal de 1851 en Londres. Arquitectos como Henri Labrouste y Gustave Eiffel crearon notables estructuras de hierro, mientras que en Chicago surgió la Escuela de Chicago y el rascacielos moderno para hacer frente al rápido crecimiento urbano.