El arte hiberno-sajón, producido en las islas británicas entre el año 500 y 1000, se caracteriza por su estilo celta preservado tras la llegada del cristianismo. Este estilo se manifiesta en manuscritos decorados, orfebrería elaborada y esculturas de cruces celtas, reflejando la influencia de su herencia cultural. Ejemplos destacados incluyen el cáliz de Ardagh y las iglesias de madera noruegas como la de Urnes, que combinan tradiciones autóctonas con elementos arquitectónicos únicos.