El texto describe la situación de Fray Bartolomé Arrazola, un misionero español que se sintió perdido en la selva de Guatemala. Al no conocer la topografía del lugar, se resignó a esperar la muerte, aislado y pensando en su patria España. Al despertar, se encontró rodeado por indígenas que se disponían a sacrificarlo en un altar, el cual él vio como un lecho para descansar de sus temores y destino.