Este cuento trata de un niño arriesgado cuyas travesuras causaban gran atención entre sus conocidos. En una ocasión se subió al techo de una casa con un paraguas para intentar volar, y en otra montó un cerdo vecino que lo hizo rodar por un charco. El momento más gracioso fue durante unas vacaciones de invierno, cuando para una competencia se tragó un gusano aunque sólo pudo aguantarlo unos minutos antes de vomitar por el asco.