Diciembre 13 de 2009
Diario.
Superado por los sucesos que han rodeado a la familia en estos últimos
días, en relación a la recaída de la dolorosa enfermedad con la que viene
luchando Pablito hace ya tres años, me he visto en la necesidad de
consignar mis sentimientos, en negro sobre blanco, para exorcizar a los
mezquinos hados que nos han proporcionado este sufrimiento. Recurro a
este subterfugio, para recordarme a mí mismo que hagamos lo que
hagamos siempre estaremos en deuda con la vida, pero también, porque
tenemos angustia y miedo a la soledad y al olvido. Queremos, sin
proponérnoslo, que los días, junto a nuestro transcurrir personal sean
verdaderamente vividos y sentidos de verdad, y transcritos luego,
preservados por su fecha. Quizás lo que aquí escriba por razones obvias de
interpretación, por pura deformación ideológica o por la recreación
meramente literaria se alejen un tanto de la verdad de los hechos
escuetos y reales, pero no por insinceridad, ya que siempre quedaran
consignados bajo la salvaguarda de los acontecimientos.
Ayer, preso por la incertidumbre, escribí unos versos, los consigno aquí, tal
como ellos surgieron, sin maquillajes ni arreglos para ser fiel a los
principios que me han guiado a escribir estas páginas. Debo agregar que
el día era gris como las noticias que me llegaban del otro lado del Atlántico
transmitidas por voces angustiadas y llorosas. Yo también lloraba en
silencio y se rebelaba mi espíritu contra los dioses por injustos, arteros y
crueles. La situación actual nos supera y nos rebela no tanto por el dolor
moral y sentimental que nos causa sino porque nos trae a la memoria el
recuerdo imborrable de los padecimientos y la muerte de Paolita y la no
menos dolorosa vivida hace solo tres años cuando comenzó el viacrucis de
Pablito, por todo ello, con esos mimbres, escribí:


INCERTIDUMBRE
La noche se fue y con ella sus ojos desbocados,
El miedo y su oscuridad de espanto.
El camino, antes incierto,
Se abre, de nuevo, como un lirio a la esperanza.
El alba que se iba por el tragaluz del tiempo
Vuelve a nacer y nos invita a vivir de nuevo,
A hacer cosas distintas,
A dejar sobre la tierra nuestra impronta
Mientras llega el morir, que siempre llega…
Fue larga la noche y tenebrosa,
Recorrimos, en ella, el baldío camino del silencio,
Esa llanura yerma donde los recuerdos
Sucumben al olvido y el alma va temblando
Entre las zarzas espinosas de la muerte.
Al final, agotados y sin fuerzas, vimos la luz.
¡La luz! ¡La luz! ¡La luz!
Qué hermoso ver la luz de la mañana,
El horizonte pintado en rojo y malva,
Sentir el aire, limpio, correr sobre la frente
Y dejar en el ambiente las gotas de roció.
Nacer de nuevo,
Ave fénix que remonta el vuelo,
Recorrer nuevamente los caminos de la tierra,
Conocer, como un sabio, los misterios del agua
Y descubrir los secretos que se lleva el viento,
Porque mas allá de la vida y el misterio
Nos aguarda inagotable el universo…


Más, entre el crepúsculo y la aurora
Hay un abismo de agonía, de luces y de sombras:
La luz primera avanza torpemente,
A media luz las cosas se iluminan,
Se abren poco a poco a su esplendor en el presente
Recordando vagamente el ayer, los días idos
Y vuelve, sin más, la cotidiana historia,
Y al final, las huellas que dejamos en la arena,
La ola espumosa y silenciosa, las borra de la playa.


He querido reflejar mi angustia y detrás de ella adivinaran mi rostro, los
trazos que develan mi estado de ánimo. El rostro nos permite, como al
actor de teatro, ocultarse o manifestarse de diversas formas, pero
también mostrarse tal como son en los momentos supremos de la vida,
cuando el impulso no puede vigilarse y afloran en él la angustia, la cólera,
el dolor, el odio, el amor o la rebeldía suprema tanto más si ella se expresa
contra lo que consideramos injusto. Quisiera hoy tener sosegado el
espíritu y el corazón pero no puedo. Mis manos se elevan al cielo no para
pedir clemencia sino para exigir justicia del Omnipresente.
Carlos Herrera Rozo.

Diciembre 13

  • 1.
    Diciembre 13 de2009 Diario. Superado por los sucesos que han rodeado a la familia en estos últimos días, en relación a la recaída de la dolorosa enfermedad con la que viene luchando Pablito hace ya tres años, me he visto en la necesidad de consignar mis sentimientos, en negro sobre blanco, para exorcizar a los mezquinos hados que nos han proporcionado este sufrimiento. Recurro a este subterfugio, para recordarme a mí mismo que hagamos lo que hagamos siempre estaremos en deuda con la vida, pero también, porque tenemos angustia y miedo a la soledad y al olvido. Queremos, sin proponérnoslo, que los días, junto a nuestro transcurrir personal sean verdaderamente vividos y sentidos de verdad, y transcritos luego, preservados por su fecha. Quizás lo que aquí escriba por razones obvias de interpretación, por pura deformación ideológica o por la recreación meramente literaria se alejen un tanto de la verdad de los hechos escuetos y reales, pero no por insinceridad, ya que siempre quedaran consignados bajo la salvaguarda de los acontecimientos. Ayer, preso por la incertidumbre, escribí unos versos, los consigno aquí, tal como ellos surgieron, sin maquillajes ni arreglos para ser fiel a los principios que me han guiado a escribir estas páginas. Debo agregar que el día era gris como las noticias que me llegaban del otro lado del Atlántico transmitidas por voces angustiadas y llorosas. Yo también lloraba en silencio y se rebelaba mi espíritu contra los dioses por injustos, arteros y crueles. La situación actual nos supera y nos rebela no tanto por el dolor moral y sentimental que nos causa sino porque nos trae a la memoria el recuerdo imborrable de los padecimientos y la muerte de Paolita y la no menos dolorosa vivida hace solo tres años cuando comenzó el viacrucis de Pablito, por todo ello, con esos mimbres, escribí: INCERTIDUMBRE La noche se fue y con ella sus ojos desbocados, El miedo y su oscuridad de espanto. El camino, antes incierto, Se abre, de nuevo, como un lirio a la esperanza.
  • 2.
    El alba quese iba por el tragaluz del tiempo Vuelve a nacer y nos invita a vivir de nuevo, A hacer cosas distintas, A dejar sobre la tierra nuestra impronta Mientras llega el morir, que siempre llega… Fue larga la noche y tenebrosa, Recorrimos, en ella, el baldío camino del silencio, Esa llanura yerma donde los recuerdos Sucumben al olvido y el alma va temblando Entre las zarzas espinosas de la muerte. Al final, agotados y sin fuerzas, vimos la luz. ¡La luz! ¡La luz! ¡La luz! Qué hermoso ver la luz de la mañana, El horizonte pintado en rojo y malva, Sentir el aire, limpio, correr sobre la frente Y dejar en el ambiente las gotas de roció. Nacer de nuevo, Ave fénix que remonta el vuelo, Recorrer nuevamente los caminos de la tierra, Conocer, como un sabio, los misterios del agua Y descubrir los secretos que se lleva el viento, Porque mas allá de la vida y el misterio Nos aguarda inagotable el universo… Más, entre el crepúsculo y la aurora Hay un abismo de agonía, de luces y de sombras:
  • 3.
    La luz primeraavanza torpemente, A media luz las cosas se iluminan, Se abren poco a poco a su esplendor en el presente Recordando vagamente el ayer, los días idos Y vuelve, sin más, la cotidiana historia, Y al final, las huellas que dejamos en la arena, La ola espumosa y silenciosa, las borra de la playa. He querido reflejar mi angustia y detrás de ella adivinaran mi rostro, los trazos que develan mi estado de ánimo. El rostro nos permite, como al actor de teatro, ocultarse o manifestarse de diversas formas, pero también mostrarse tal como son en los momentos supremos de la vida, cuando el impulso no puede vigilarse y afloran en él la angustia, la cólera, el dolor, el odio, el amor o la rebeldía suprema tanto más si ella se expresa contra lo que consideramos injusto. Quisiera hoy tener sosegado el espíritu y el corazón pero no puedo. Mis manos se elevan al cielo no para pedir clemencia sino para exigir justicia del Omnipresente. Carlos Herrera Rozo.