Este documento propone el uso del término "diversidad funcional" en lugar de términos previos considerados despectivos para referirse a las personas con discapacidad. Argumenta que las palabras transmiten valores culturales y que para cambiar ideas negativas es necesario cambiar las palabras. Explica que "diversidad funcional" captura mejor la realidad de que estas personas funcionan de manera diferente a la mayoría debido a barreras sociales y de entorno.