El documento argumenta que las normas de convivencia y moral se han debilitado, con personas centradas solo en sus propias necesidades y no en ayudar a otros. Propone que los adultos deben enseñar normas de convivencia en sus hogares para contrarrestar tendencias frívolas y mejorar la ciudad. También sugiere que la convivencia debe ser el objetivo común, motivando a las personas a ser mejores y preocuparse por los demás, a través de un esfuerzo colectivo.