Educación financiera para los más pequeños
                                            Gonzalo Rengifo - Experto del Observatorio Inverco


En los últimos años se han realizado numerosos esfuerzos en el campo de la educación
financiera para niños, lo cual no sólo es de agradecer sino también muy necesario. Sin
embargo, sorprende que, al contrario que en otros países, este tipo de iniciativas son muy
escasas en España.

En nuestro país, se ven muy pocas iniciativas, pero quiero aprovechar para recomendarles “Mi
primer libro de Economía, Ahorro e Inversión”, de María Jesús Soto, en el que se tratan de
forma didáctica aspectos básicos del ahorro. Una guía muy útil para comenzar la educación
financiera de los hijos en familia.

Creo que es momento de posicionar la educación financiera de nuestros menores dentro de las
enseñanzas básicas, útiles para el día de mañana, y habría que planteárselo activamente como
padres y educadores.

Los padres sienten una obligación natural de enseñar a sus hijos temas básicos como andar,
aseo personal, educación en la mesa, obediencia y comportamiento, etc.; la lista se puede
completar con muchas cosas más, pero seguro que en esa lista no aparecería la educación
financiera, primero porque es un término poco claro y segundo porque la mayoría de los padres
no lo entienden como prioritario.

Nos quedaríamos muy sorprendidos de lo mucho que ayuda una buena educación financiera y
lo fácil que lo hacen los niños, no sólo entendiendo los conceptos sino poniéndolos en práctica.

Empecemos por los conceptos básicos que debería tener un niño en su educación financiera,
como qué es el dinero, para qué sirve, de dónde viene; aprender a comprar, a gastar y a
ahorrar; y ayudar en la economía familiar. A un niño se le puede explicar que se trabaja para
ingresar dinero, que con ese dinero se pueden comprar cosas y pagar gastos. Que hay gastos
básicos (luz, casa, comida, colegio, coche, etc.) y otros gastos no básicos (regalos, ocio,
restaurantes, viajes, etc.). Una familia tiene la obligación de gestionar eficientemente sus
ingresos y gastos, organizarse para llegar a fin de mes y ahorrar cuando existan excedentes.

Sorprende lo fácil que resulta abordar estos temas cuando los hijos entienden cuál es la
situación económica de la familia y las implicaciones que tiene. Sería mucho más sencillo evitar
discusiones sobre compras caprichosas o peticiones extra cuando se sabe que no se está
ahorrando, por falta de ingresos o por situaciones excepcionales.

Además de abordar, de forma abierta y desde pequeños (a partir de 7 u 8 años los niños
comprenden estos temas) cuál es la situación financiera de la familia, se debe hacer partícipes
a los niños en tareas que impliquen una cierta responsabilidad financiera, como la compra
semanal, estudiar el coste de unas vacaciones o cómo administrar adecuadamente la paga.

Se les debe inculcar la cultura del ahorro, con planes específicos que les permitan ingresar
dinero, ya sea por la paga o por trabajos en casa, de forma que puedan cubrir sus necesidades
básicas (cromos, dulces, tebeos, etc.), y además plantearles un objetivo a medio plazo, como
comprar una bicicleta. De esta forma les obligamos a planificar cómo ahorrar para algo
específico y que sean conscientes de lo que cuestan las cosas y el esfuerzo que hay que
realizar para alcanzarlas.

Por otro lado, se debe implicar a los pequeños en las gestiones financieras fuera de casa,
como ir al cajero automático o a la sucursal bancaria, para que se vayan familiarizando con lo
que es una entidad financiera.

El mejor ejemplo es el que se da en casa, y si fuésemos capaces, además, de implementar
cursos de educación financiera en los colegios, el ahorro y la buena gestión del dinero sería
una de las fortalezas de esta generación que va a enfrentar multitud de retos en el futuro.

Educación financiera para los más pequeños

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    Educación financiera paralos más pequeños Gonzalo Rengifo - Experto del Observatorio Inverco En los últimos años se han realizado numerosos esfuerzos en el campo de la educación financiera para niños, lo cual no sólo es de agradecer sino también muy necesario. Sin embargo, sorprende que, al contrario que en otros países, este tipo de iniciativas son muy escasas en España. En nuestro país, se ven muy pocas iniciativas, pero quiero aprovechar para recomendarles “Mi primer libro de Economía, Ahorro e Inversión”, de María Jesús Soto, en el que se tratan de forma didáctica aspectos básicos del ahorro. Una guía muy útil para comenzar la educación financiera de los hijos en familia. Creo que es momento de posicionar la educación financiera de nuestros menores dentro de las enseñanzas básicas, útiles para el día de mañana, y habría que planteárselo activamente como padres y educadores. Los padres sienten una obligación natural de enseñar a sus hijos temas básicos como andar, aseo personal, educación en la mesa, obediencia y comportamiento, etc.; la lista se puede completar con muchas cosas más, pero seguro que en esa lista no aparecería la educación financiera, primero porque es un término poco claro y segundo porque la mayoría de los padres no lo entienden como prioritario. Nos quedaríamos muy sorprendidos de lo mucho que ayuda una buena educación financiera y lo fácil que lo hacen los niños, no sólo entendiendo los conceptos sino poniéndolos en práctica. Empecemos por los conceptos básicos que debería tener un niño en su educación financiera, como qué es el dinero, para qué sirve, de dónde viene; aprender a comprar, a gastar y a ahorrar; y ayudar en la economía familiar. A un niño se le puede explicar que se trabaja para ingresar dinero, que con ese dinero se pueden comprar cosas y pagar gastos. Que hay gastos básicos (luz, casa, comida, colegio, coche, etc.) y otros gastos no básicos (regalos, ocio, restaurantes, viajes, etc.). Una familia tiene la obligación de gestionar eficientemente sus ingresos y gastos, organizarse para llegar a fin de mes y ahorrar cuando existan excedentes. Sorprende lo fácil que resulta abordar estos temas cuando los hijos entienden cuál es la situación económica de la familia y las implicaciones que tiene. Sería mucho más sencillo evitar discusiones sobre compras caprichosas o peticiones extra cuando se sabe que no se está ahorrando, por falta de ingresos o por situaciones excepcionales. Además de abordar, de forma abierta y desde pequeños (a partir de 7 u 8 años los niños comprenden estos temas) cuál es la situación financiera de la familia, se debe hacer partícipes a los niños en tareas que impliquen una cierta responsabilidad financiera, como la compra semanal, estudiar el coste de unas vacaciones o cómo administrar adecuadamente la paga. Se les debe inculcar la cultura del ahorro, con planes específicos que les permitan ingresar dinero, ya sea por la paga o por trabajos en casa, de forma que puedan cubrir sus necesidades básicas (cromos, dulces, tebeos, etc.), y además plantearles un objetivo a medio plazo, como comprar una bicicleta. De esta forma les obligamos a planificar cómo ahorrar para algo específico y que sean conscientes de lo que cuestan las cosas y el esfuerzo que hay que realizar para alcanzarlas. Por otro lado, se debe implicar a los pequeños en las gestiones financieras fuera de casa, como ir al cajero automático o a la sucursal bancaria, para que se vayan familiarizando con lo que es una entidad financiera. El mejor ejemplo es el que se da en casa, y si fuésemos capaces, además, de implementar cursos de educación financiera en los colegios, el ahorro y la buena gestión del dinero sería una de las fortalezas de esta generación que va a enfrentar multitud de retos en el futuro.