Khalil Gibran reflexiona sobre el adiós, afirmando que no se trata de una separación física, sino de un distanciamiento entre corazones y espíritus. Si realmente dos almas se han unido, el tiempo y la distancia no pueden separarlas, ya que su conexión perdura. El adiós es irrelevante entre aquellos que han compartido un amor verdadero, y el recuerdo del ser amado solo crece con la distancia.